—Es algo que yo le preguntaría, ¿que haría usted en el armario con una chica tan plana? no tiene lógica —Ikuto suspiró en una expresión dramática.

—¿Qué? ¡ESO NO ES CIERTO! Él es un pervertido ¡lo odio!

El director negó con la cabeza. Y nos miró con seriedad.

—No estoy de humor para imponer castigos, pero les dejaré una advertencia a ambos. Señorita Hinamori, si él intenta abusar de usted solo grite muy fuerte y evite callárselo, lo hace sospechoso. Y señor Tsukiyomi, si me entero de que usted vuelve a hacer esto otra vez, lo expulsaré por tres meses. Ya me está hartando que siempre lo encuentren con sus porquerías en los armarios.

—Espera... ¿siempre? —Ikuto se tensó cuando añadí eso levantando una ceja.

—Si, a diferencia que en las otras ocasiones las chicas no parecían avergonzadas de llegar en ropa interior hasta acá. Por suerte, usted está totalmente vestida y por eso le creo, Ikuto tiene mala reputación de pervertido, vago y odioso —Ikuto sonrió triunfante.

Oh... ¿enserio? me alegra oír eso, la verdad no me sorprende.

—En fin, de todos modos no quiero accidentes como estos, los estaré vigilando. Los guardianes los esperan en el salón número ocho.

Asentimos y nos fuimos de ahí, yo arrastrando mi mochila que había quedado muy pesada por los libros que había tomado prestados.

—¿Qué rayos? Ikuto ¡maldito pervertido! tú... tú de seguro tienes relaciones con todas las chicas de aquí, eres tan desagradable —gruñí, me crucé de brazos sonrojada por el malentendido de hoy... que Kuukai, el chico rubio y el director pensaran que yo y él... estábamos, haciendo… cosas

¡Arg! me hace estremecer, que asco.

—Ellas son las que insisten, no yo, son unas lanzadas —se mostraba sereno como si nada, al igual que siempre, inexpresivo, como si nada le molestara— y yo no hacía nada sucio contigo, solo tenía hambre.

Abrí la boca para gritar, pero me callaron rápidamente.

Una mano tapó mi boca y me llevó al otro pasillo, era Kuukai, me sostuvo un momento mientras Ikuto volteaba confundido y tomó otra dirección buscándome, cuando estuvo lo suficientemente lejos, Kuukai me soltó.

—Lamento haber malinterpretado eso... es que, ¡se veía muy real! y tu parecías tan... —se sonrojó por los términos— tan... que lo disfrutabas mucho —intentó hacer una figura con las manos pero no pudo, y tampoco la entendí.

—¿Pero qué…? O_O Yo estaba así porque el idiota me sujetó muy fuerte y no me podía zafar, ¡juro que no sucedió nada malo! este idiota es un abusador —apreté el puño.

—Mejor vámonos antes de que el regrese —asentí y caminamos a un salón cercano, marcado como el número ocho.

Kuukai abrió la puerta y me encontré al chico rubio y a otra chica enana de pelo largo y parecía adorable, llevaba un cintillo negro y su cabello era ondulado.

—¡Bienvenida!

Entré con pena, el rubio quizá quedó con la idea de la escena del armario.

—H-hola.

—Rima, Tadase, ella es Amu, actualmente víctima de acoso sexual por parte de Ikuto, no es raro…

—Ella debe ser la sexta en el mes —añadió la rubia, cuyo nombre supuse que era Rima, porque Tadase es nombre de hombre.

—¿Podríamos dejar de mencionar esas escenas tan desagradables? Es algo que me gustaría olvidar.

Todos me vieron con cierto análisis, me observaban muy cuidadosamente, se miraron y asintieron.

—Ikuto es un guardián también, tiene mucha influencia como nosotros, a diferencia que no cumple los deberes de un guardián como tal. Te recomendamos alejarte de él, cuentas con nosotros para protegerte.

Sonreí.

—Gracias ^^ pero será difícil quitármelo de encima... él es... mi vecino y creo que no puedo evitar encontrármelo camino a la escuela.

—Esta mañana parece que no tenían problemas al venir juntos —oh rayos, ella lo vio, Rima me dirigió una mirada cortante.

—Claro, es que yo no sabía que se le ocurriría hacerme aquello —mentirosa, mentirosa, pero debía cubrir la apariencia.

Tadase colocó una expresión muy seria.

—Es tarde, Kuukai ¿por qué no la acompañas a casa? —mencionó Tadase mientras el mencionado esbozó una sonrisa tranquila y feliz.

—¡Es una buena idea! ¿Quieres que te acompañe Amu? Podemos ir a la pastelería recién inaugurada de camino.

Esto estaba difícil, no me sabía el camino a la casa de Ikuto, y seguro él me encontraría y pasaría algo malo, y moriría y... ¿dijo pastelería?

—¿P-pastelería? —casi pude sentir la chispa de brillo en mis ojos.

—¡Si! Voy allí a diario, mi amiga toca piano ahí ¿no te apetece ir por algo de "comida nutritiva" alias engordadora?

Sin saber qué hacer exactamente, asentí emocionada, la calma y alegría que emanaba Kuukai atravesaba cada poro de mi cuerpo, me hacía sentir tranquila también.

—Y descuida, si aparece ese Ikuto, yo te protegeré, cuenta conmigo —ofreció mientras pasaba su brazo por mis hombros y me apretaba amistosamente por un par de segundos.

Nos despedimos de los guardianes y nos encaminamos a salir de la escuela, fue una trayectoria muy larga debido a que la escuela era muy, muy grande. Las calles se veían más lindas que esta mañana, opacadas por la presencia detestable de Ikuto.

Kuukai llevaba su mano en los bolsillos y yo sujetando la mochila, íbamos muy relajados, pero felices.

—Me caes bien —Comenté para cortar el hielo, aunque sincera, y sin darme cuenta, estaba sonriendo.

—Si, cualquiera que odie a Ikuto es bienvenido aquí, además —sonrió energéticamente— ¡tu también eres muy agradable!

—¿Por qué lo odian tanto? Además de ser... un pervertido y odioso.

Kuukai se puso pensativo y se detuvo, colocó sus manos en su nuca y se estiró.

—Él es... malvado, puedo decir que hasta disfruta el sufrimiento de otros, no se ni como logró entrar a los guardianes. Pero aun así todas las chicas mueren por él y hacen cosas sucias en un armario, pero que yo sepa nunca pasan de besos… por eso le odiamos.

—Prefiero no saber más detalles... —Hice una mueca y comenzamos a caminar otra vez.

Oh dios... pensándolo bien, olvidé que no me sé el camino a ningún lado, y no recuerdo por donde caminamos en la mañana. No sé qué hacer... pero ir a una pastelería, comer algo decente por fin, ¡no puedo negarlo! Quiero ir, ya me las arreglaré con lo otro... o eso espero.

Llegamos a la pastelería y las puertas automáticas se abrieron, era muy hermosa, pintada por fuera de un rosa pastel y las ventanas cristalinas dejaban ver un hermoso ambiente retro rojo y blanco, olía delicioso, demasiado delicioso...

—¡Hola! —saludó Kuukai con energía.

Todos le saludaron como respuesta con la misma energía y felicidad.

—Traje a una amiga, es nueva en la ciudad, ¿qué quieres comer, Amu?... ¿Amu?

Yo estaba babeando junto a la vitrina que guardaba los pasteles. Kuukai soltó una carcajada, a lo que me separé inmediatamente y me sonrojé por semejante acto imprudente.

—Así que eres glotona —sonrió, a lo que le dirigí una mirada apenada— ¡bah! No te avergüences, yo soy peor —se señaló guiñando un ojo.

Si supieras la porquería que he comido en estos cuatro días, harías lo mismo.

Asentí con pena otra vez.

—Bien —sus ojos brillaron— ¡quiero todo el menú! —mis ojos se abrieron como platos, sorprendida aún, fui jalada delicadamente del brazo hasta una mesa a la que empezaban a servir pasteles pequeños de crema, fresas, arequipe y merengue, me pareció alucinante. Él me ofreció una cucharilla.

Intenté empezar a comer con algo de decencia para no dejar salir a la cerdita comelona interior que tenía, la amabilidad de Kuukai me hacía querer hacerlo todo bien para mostrarle mi agradecimiento, pero en cuanto empezó a comer como una bestia, me dirigió una mirada traviesa.

—Vamosh, ¡come con gudto! Edtamod endte amigod —pronunció con dificultad con su boca llena, sus mejillas estaban infladas de comida y me hizo animar. Devoramos todo el postre a nuestro paso, helados, pasteles, frutas, malteadas. Dejamos todo regado y manchado, y nos tiramos en el suelo totalmente gordos cuando hubimos terminado.

A Kuukai se le formaron remolinos en los ojos y estaba mareado de tanto comer.

Aaah! ¡Estoy lleno! —Se estiró satisfecho.

—¡Kya! Nunca he comido algo tan delicioso... ¡gracias! —Dije feliz. Nos volvimos a sentar sintiéndonos pesados y charlamos un poco. Kuukai me habló sobre los guardianes, la escuela, y me dio mi horario para que no dependiera de preguntarle a Ikuto, también me conto que pertenece al equipo de fútbol de la escuela y que si yo quería, podía unirme también, oferta que rechacé, ¿quién me llevaría a las prácticas? ni siquiera era buena en deportes. Era difícil ser adolescente en este mundo si prácticamente estás secuestrada. ¿Debería pedirle ayuda a Kuukai? ¡NO!, eso no, me creerá loca.

Hola soy del mundo de los sueños y llegue a este mundo, dos demonios me secuestraron y me tienen cautiva en su casa, por cierto, no hay dato alguno de mi mundo, mi magia no funciona así que no puedo mostrarte y necesito que me ayudes.

Claro, claro, si hasta cuando lo pensaba me parecía ridículo, más le iba a parecer a él. La verdad... no sabía que hacer.

—Amu —Se me erizó la piel y volteé asustada, la voz de Ikuto era inconfundible— ¿Se puede saber que haces aquí? —unos ojos iracundos me fulminaron, a lo que me puse de pie de golpe.

—¿Y tú que eres? ¿Su hermano? Deja de acosarla o la vas a pagar —Gruñó Kuukai levantándose violentamente. Ambos se miraron con odio. Claramente sabía que me tenía que ir con Ikuto, pero no quería, ¡claro que no!, pero ¿qué le decía a Kuukai? no podía decirle la verdad, no aquí ni ahora, ¡ni nunca!.

—Eso a ti no te interesa, vámonos Amu —me jaló del brazo, a lo que solté un gesto de dolor, pero no físico, sentía mi pecho apretarse hasta lo más profundo. Pero Kuukai me abrazó fuertemente para que Ikuto no pudiese jalarme más.

—Yo la llevo a su casa, acosador, no es necesario que te le acerques, con lo de hoy seguro que ella no desea verte más. ¿Cierto Amu?

Me aferré a los brazos de Kuukai confundida, mientras miraba desconsolada hacia otro lado.

—¡Deja de entrometerte! Yo decido que hacer con ella.

—¡No vallas Amu! ¡Él es peligroso! —Kuukai me apretó con más fuerza.

Ikuto lo empujó y sacó su violín. Kuukai pareció reaccionar y se le lanzó encima antes de que pudiese empezar a tocar.

—¡Bastardo! ¡Ni se te ocurra hacer eso aquí! —Los empleados estaban asustados y los clientes se habían ido huyendo. El violín... el padre de Ikuto lo tocó cuando me encontró y algo malo sucedió...

Cuando Aruto tocaba su violín ocurrían desgracias.

¿Eso significaba que si Ikuto era su hijo... y él lo tocaba... ocurrirá lo mismo? Y esperen, ¿Kuukai lo intentó detener? ¿Cómo pensaría que un violín era peligroso si él no sabía que Ikuto es... un demonio?

—N-no entiendo —me apoyé contra la pared asustada en busca de apoyo moral.

—¡Amu corre! ¡Ikuto es peligroso!

Junté mis manos en mi pecho.

—Yo... no puedo... —el pensamiento de volver a mi mundo me envolvía la cabeza.

La situación se puso difícil, salí corriendo de la pastelería y una mano ruda atrapó mi cabello, era Ikuto, que de estar peleando dentro del local pasó a quedar rápidamente en la calle detrás de mí.

—Tú no vas a ninguna parte —Volteé, grave error, cuando me miró con sus ojos de odio sentí el dolor intenso en mi cuerpo, el me soltó y yo caí al suelo gritando y sosteniendo mi cabeza intentando que parara.

—¡Ikuto déjala ya! ¡Maldito bastardo! ¿Qué haces? ¡Tú no debes hacerle eso a una humana imbécil, sabrá que eres...!

—Un demonio —Añadió Ikuto con una expresión fulminante— con ella no lo tengo que ocultar, ya lo sabe —Kuukai había empezado a correr hacia él, y cuando dijo lo último, se detuvo en seco.

—¿Ella... lo sabe? —lo observé preguntar eso totalmente consternado.

Ikuto asintió y el dolor se detuvo, cesando mis gritos y lloriqueos. Subí la cabeza con la vista borrosa mientras gimoteaba.

—Ikuto... ¡Qué hiciste!

De repente todo se puso negro y oí el eco de unas voces... ¿Qué estaba sucediendo?

—¡Amu! -Gritó Kuukai desesperado.

Yo solo pensaba adolorida: ¿Por qué me sucede esto?

¿Por qué tengo que estar con Ikuto? ¿Por qué me hace esto?