—¡Amu, Amu despierta por favor! —sentía que me batían como un trapo.
—Ya cállate, ella siempre se desmaya —distinguí la voz de Ikuto muy enojada.
—¡Claro que se iba a desmayar! Si le das un dolor de muerte, ¿cómo no quieres que pase?
—¿Quién dice que yo no quería que pasara? Baka.
—Estúpido demonio —gruñó Kuukai.
De cierto modo, no entendía como ambos no estaban luchando.
Abrí un poco mis ojos y Kuukai dio un grito ahogado, me abrazó como si fuera un oso de peluche y me miró preocupado.
—Lamento eso... no pensé que pasaría —Hizo una mueca y observé a Ikuto detrás, como siempre, inexpresivo.
—¿P-Por qué hiciste eso...? —dije débilmente, para insultar a Ikuto ahorré todas mis fuerzas y me levanté con violencia— ¡IDIOTA! ¡ERES UN BAKA! ¡TE ODIO! —mi voz sonó dos octavas más alta. Mis ojos estaban llorosos, y me solté de Kuukai.
Él se cruzó de brazos y volteó, Kuukai parecía confundido, se separó de mí y observé que no estábamos en ningún lugar que yo conociera.
—¿Donde estamos? —me sobé la cabeza.
—En mi habitación —dijo Kuukai.
—Claro, te trajo porque quería hacer cosas pervertidas contigo, y yo vine para observar la diversión —añadió Ikuto, Kuukai le dio un golpe muy genial haciéndolo golpearse muy fuerte contra la pared. Y Kuukai apretó el puño frente a su cara y soltó un gran insulto a Ikuto.
—Estúpido pervertido, ¿por qué tienes que decir perversiones cada vez que abres la bocota? Y lo más importante, ¿cómo sabe Amu sobre ti?
Yo tenía preguntas mas interesantes, como por ejemplo el por qué Kuukai había dejado entrar a Ikuto a su habitación, cómo lograron sacarme de aquel lugar.
Ikuto suspiró y se levantó.
—Supongo que no tengo de otra que decirte la verdad.
—¿La… verdad? ¿Qué verdad? —Kuukai se preocupó y se tensó, me levanté de la cama tambaleando.
—Amu es mi mascota, la secuestramos porque llegó de un mundo extraño y planeo usar sus poderes para hacerte la vida miserable —parecía orgulloso— siempre quise vengarme de ti, imbécil, y claro, ella es mi bocadillo nocturno —pronunció la última palabra con picardía, yo no capté el mensaje y lo miré extrañada— ya lleva cuatro días conmigo, es astuta pero no puede escaparse. Y supongo que te lo dijo todo porque es una estúpida bocona.
Kuukai negó con la cabeza y volteó a verme con una cara de horror. Yo lo miré asustada.
—¿Él... te mordió? —dirigió su mirada a mi cuello entristecido. Asentí triste también y a él se le salió el alma por la boca— Eso es imposible... si tu la mordiste quiere decir que ella... pero... ¡no! ninguno de nosotros sintió la presencia de un demonio cuando estaba con nosotros. ¿Cómo es posible que...?
—Ella es inmune a mis mordidas. Y sobre lo de hoy... bueno, para quitarte esa imagen sucia, lo que quería era morderla, pero fue muy persistente, ¿feliz?
El alma de Kuukai cayó por un abismo y hubo una explosión detrás. Luego se volvió a levantar.
—¡Eres un idiota! Ahora no voy a dejar que te la lleves —Kuukai colocó un brazo frente a mí como signo de bloqueo— no dejaré que ella esté incluida en tus planes malvados, los chicos y yo trabajamos muy duro para evitar algo así.
Ikuto sacó su violín y se puso en posición, antes de que Kuukai pudiera alcanzarlo, empezó a tocar, Kuukai volteó desesperado hacia mí y vi como sus ojos se tornaban totalmente negros y caía inmóvil al suelo. Empecé a temblar y una lágrima resbaló por mi mejilla mientras sabía que no podía hacer nada por él.
—¡KUUKAI! —apreté los ojos fuertemente mientras el grito desgarrador salió de mi garganta, ¿lo había matado? ¿Qué le hizo? ¿Qué es esto?, Miré a Ikuto— ¿Qué le hiciste? ¡BAKA!
—No lo asesiné, despertará del trance en unas horas, ahora... —me tomó del brazo con fuerza hasta el punto de lastimarme, haciendo salir un gemido de dolor— tu y yo tenemos que charlar sobre esto —su expresión me infundía terror y me intimidaba también—, no creo que pueda dejarte volver a mi escuela así.
Suspiré ante el hecho de que mi amigo no estaba muerto, pero fulminé a Ikuto con la mirada, pareció indignado.
—No me amenaces, Amu, porque hagas lo que hagas, yo siempre te voy a ganar.
Apreté los puños y bajé la cabeza.
Ikuto, te atreviste a hacerle esto al único amigo que he hecho hoy, a la persona que quiso protegerme, tu no tienes perdón, eres sólo un demonio, tu corazón esta obscuro y solo quieres maldad. ¡Te odio!
Corrí hacia él y le planté un puñetazo en la cara que él no se esperaba. No calló al suelo, solo había girado la cabeza por el golpe, volteó a mirarme enojado y sus ojos se tornaron rojos.
—Tú... Amu... eres una niña muy mala.
Saltó hacia mí y me tomó como un saco de papas, empecé a gritar, estaba asustada, no debí haber echo eso, ¿por qué fui tan imprudente? pataleé pero cuando saltó por la ventana terminé aferrándome a él por el miedo de caerme. Corrió por los techos con una velocidad impresionante y yo no paraba de gritar.
—¡Idiota no! ¡Bájame! ¡Te odio! —pero él saltó a un punto que estábamos muy alto y aflojó la mano para dejarme caer, pero estaba agarrada a él y me aferré mucho más. Me iba a matar esa caída.
—¡Ahh! ¡No me sueltes no me sueltes! —Entre sus brincos de los techos saltó a un parque, y de ahí llegamos a una velocidad tremenda a una parte llena de árboles donde nadie podría vernos o escuchar mis gritos, muy, muy lejos.
La rapidez superó no más de cinco segundos para apartarnos de esa manera. Mi corazón latía frenéticamente y sentía el terror por todo el cuerpo.
Me arrancó de él y me lanzó contra un árbol, solté un gemido de dolor y él se acercó gruñendo.
—¡Niña idiota! ¡Te dejo salir y tú lo estropeas! ¡Eres tan estúpida!
Resbalé por el árbol hasta quedar en el suelo.
—Mi espalda... —lloriqueé por el golpe que me di cuando él me lanzó.
—Haces idioteces y te pones a llorar por las consecuencias ¡Eres tan imprudente! —se agachó con velocidad inhumana otra vez, y sus boca quedó llena de colmillos.
—Si odias que haga esto lo haré más hasta que hagas lo que te diga —se oyó una voz muy demoníaca, seguía sonando como él, pero parecía que lo decía en un gruñido, me asusté mucho y grité cuando pasó sus brazos hasta abrazar mi espalda y me apretó con fuerza, me atrajo a él y me clavó los dientes en el hombro.
—¡Para, para! ¡Por favor! —Me retorcía, un dolor punzante recorrió todo mi cuerpo y yo intentaba alejar su cabeza con todas mis fuerzas, pero era inútil, otra vez.
Subió arrancando el vestido del hombro y el cuello también, hasta morder la parte sana de mi éste, dejando un camino de sangre desde mi hombro hasta ahí.
—Idiota —volvió a gruñir molesto, intensificando las mordidas a medida que su rabia lo hacía—Conviértete en demonio de una vez, ¡Terminemos con esto!
—¡Nooooo! —grité desgarradoramente mientras me mordía con fuerza, intentando convertirme en un demonio, en vano. Él mordía otra vez todas esas partes por las que había empezado, ahora sí estaba segura de que quizá me quedaría sin hombros.
—¡Estoy cansado de ti! ¿Sabes que haré? ¡Te mataré ahora mismo! —profundizó la mordida haciéndome soltar un grito más agudo y fuerte.
—¡Ikuto…! ¡No…! —grité con todas mis fuerzas. El me apretó más fuerte.
Crack, sentí que algo se había roto, mis ojos estaban abiertos de par en par, y mis pupilas debían estar diminutas.
Intenté subir una mano para apretar fuertemente la camisa de Ikuto como apoyo moral, pero el seguía haciendo lo que hacía y poco a poco la pérdida excesiva de sangre empezaba a cobrar sus efectos en mí, mi mano cayó colgando y mi otro brazo quedó atrapado entre nosotros dos. Bajé la mirada y empecé a entrecerrar los ojos.
—Baka —dije suavemente, lo miré con esfuerzo y dejó de morderme sobresaltado, había interrumpido la mordida. Subió violentamente la cabeza hacia mi dirección y me miró con las pupilas diminutas y temblando, estaba impresionado, se levantó conmigo en brazos y me dejó caer al suelo, por suerte, el montón de hojas secas amortiguaron el golpe. Yo no me podía mover, pero veía con los ojos entrecerrados y escuchaba.
—T-tú... de dónde sacaste ese libro —Mis ojos se abrieron más y recordé una de las cosas que leí.
Si un demonio te muerde, adquiere algunas de tus habilidades y conocimientos recientes.
La biblioteca, la historia de Hayley, ¿él lo había visto todo?
—¡Te he hecho una pregunta! —Apreté los ojos, me sentía asfixiada, pronto empecé a tener dificultad para respirar. Solté un gemido y sentí como se lanzó encima de mí — ¡Dímelo! Te atreviste a buscar en libros una manera de destruirme y encontraste una historia que menciona a mi padre, ¿por qué? —gritó. Tenía mis ojos cerrados, pero sentía cómo se aguaban así, haciendo que me ardieran.
Yo no abrí los ojos, su mirada iba a matarme de seguro.
—Yo solo... —murmuré con la baja voz que apenas salía de mí y tragué saliva— quiero volver a casa.
—¡Amu! —una voz conocida se oyó de entre los árboles.
Volteé apenas un poco, sintiendo el dolor en el cuello, pude distinguir una mancha amarilla y borrosa acercándose.
—Rima —formularon mis labios, pero ya mi voz no sonaba.
Poco a poco, sentía más frío que antes, veía todo negro, pero podía escuchar mis pensamientos. Debía odiar a Ikuto, pero en ese momento no sentía nada. Era… tranquilidad.
Y era grande esa tranquilidad.
