18

Amu aflojó las manos y su vista quedó ausente. Pensé que resistiría más, volteé y me encontré con la enana rubia, Rima.

—¿Qué le hiciste maldito? —gritó desesperadamente Rima en cuanto vio el estado de Amu, que seguramente ya había muerto. Metió las manos de sus bolsillos y sacó un botellón de agua. Yo salté muy alto y me trepé en el árbol observándola amenazadoramente.

—¡Zatche! —gritó y batió el botellón de manera violenta y fuerte, haciendo que el agua llegara hasta mí, sentí como el montón de agua que me cayó encima me quemaba y caí al suelo desde muy alto. El impacto fue tan doloroso como las quemaduras. Rima corrió y sacó una daga, me pisó el pecho y la apuntó en mi dirección.

—¡Qué le has echo a Amu! —su vista siguió hasta donde estaba Amu y soltó un grito ahogado y la devolvió directo hacia mí, se me arrodillo encima y colocó la daga en mi cuello, apoyándola tan fuerte que me causó una cortada ligera. Sus ojos reflejaban una rabia que superaba cualquier otra que le hubiese visto.

Amu no se movía, sus ojos miraban la nada y estaba cubierta de sangre, y la que brotaba de las heridas que le dejé se esparcía rápidamente por las hojas. Rima apretó más fuerte.

—¿La asesinaste? ¡RESPONDE! ¿QUÉ RAYOS PENSABAS?

—Tsk —maldije, aunque Rima fuera pequeña, era la más fuerte de los guardianes, sacó otra vez su botellón y lo apuntó a mi cabeza. Estúpida exorcista, santa, lo que sea. Pensé.

—Si ella no despierta —murmuró con la mano temblorosa, quizá de tristeza por Amu—... vaciaré esta agua bendita sobre tu cabeza y me libraré de ti de una vez por todas.

¡Pues claro que le hice algo! La mordí, y ahora, me siento más fuerte.

Rima, en su intento de hacerme hablar aflojó la mano y aproveché la situación para empujarla lejos de mí, parte el agua se regó en mi pierna y grité:

—¡Idiota!

—¿Por qué le hiciste esto? ¡Qué te ha hecho! —empezó a regar más agua sobre mí y en mayor cantidad, los azotes con su botellón eran violentos y fuertes, dejándome débil por un momento, pero debido a que me había alimentado recientemente las heridas sanaban muy rápido, Rima apretó la mandíbula y corrió gritando en mi dirección con la daga en alto. Intenté apartarme.

—¡Arg! —grité cuando la daga me dio en el hombro— ¿Qué rayos? —empecé a quemarme en esa parte— ¿Qué tiene esto?

—¡Es una daga bendita! La guardé durante mucho tiempo para destruirte, pero fallé —me la arranqué y la lancé lejos, la herida era dolorosa y no se curaría tan rápido. Cuando estuvimos a punto de iniciar una pelea más seria, el sonido de las hojas nos hizo voltear en dirección a Amu.

Ella movió un poco su pierna, haciendo crujir las hojas, y luego apretó levemente su mano, cerró sus ojos y una lágrima recorrió su mejilla, su cabeza, que miraba hacia arriba, se volteó poco a poco hacia un lado, pronto dejó de verse el movimiento de su respiración y Rima soltó un chillido.

Estiró su brazo a un lado y una cuchilla inmensa similar a una oz (n/a: como el arma llamada Artemis que tiene Yuuki en Vampire Knight) apareció de la nada en ella.

—¡La... mataste! —dijo corriendo hacia mí con su "oz" en mi dirección, sus ojos estaban vidriosos y parecía esforzarse más que antes, cuando volteé hacia ella para esquivarla era demasiado tarde. Rima siempre había más rápida que yo.

.

.

Cuando recobré la vista y dejé de estar aturdido, Rima jadeaba y apretaba con fuerza la oz, miré hacia abajo con la expresión asombrada y vi que me había atravesado, me sentía apoyado en algo.

—M-me clavaste a un árbol —respiré con dificultad, pero mantuve mi mirada neutral, monótona e inexpresiva. Bajé la cabeza y tomé el tubo por el que Rima sostenía su arma gigante. Y poco a poco, lo empujé hacia afuera.

Ella lo soltó de golpe y dio un salto hacia atrás. Totalmente nerviosa.

—Si crees —lo saqué un poco más— que con esto vas a terminar conmigo —subí la cabeza y terminé de sacar la cuchilla, dejando un agujero de sangre intenso en mi torso— estás muy equivocada —lo lancé a un lado y solté una risa burlona— ¿Acaso olvidas que me alimenté de un ser mágico? su sangre me cae de maravilla —me lamí la mano aún llena de sangre de Amu.

Me sentía feliz, finalmente había acabado con esa idiota fastidiosa, la gota que derramó el vaso fue cuando leyó esa historia. Una que yo oía por primera vez. Pero mis ideas quedaron claras. Mi padre, cuando yo era apenas un pequeño demonio, me mostró una fotografía en el dije de un collar. Decía grabado muy pequeño a un lado por detrás, Hayley.

Flashback

—¿Qué es eso? —Le pregunté admirando lo brillante del oro del collar.

—Esto, hijo mío —me lo arrancó de las manos— es aquello a lo que nunca debes aferrarte —su mano se prendió en fuego, destruyendo el dije y la fotografía, luego, lanzó las cenizas al mar— y espero que nunca cometas el mismo error que yo.

—¿Qué error? —mi expresión de incredulidad pareció hacerle abrir más los ojos.

—El de amar a un humano.

Fin del Flashback

Finalmente comprendía aquel hecho que a veces pasaba dudoso por mi cabeza.

Y ahora ganaría. Había estropeado mi misión asesinando a mi víctima, pero no me arrepentía, ¿o si?

—Y ahora, rubiecita, acabaré contigo —Avancé hasta ella con una expresión de satisfacción, mientras ella contemplaba la situación consternada, dirigiendo miradas rápidas a Amu con los ojos vidriosos.

—¡Tadase! —Gritó.

—¡Holy crown! —se oyó, mi vista se llenó de color dorado y sentí un golpe muy fuerte.

—¿Qué ocurrió? —Tadase corrió al lado de Rima y la sostuvo mientras ella temblaba y sus ojos se aguaban.

—¡Es Amu... ella... está... él la...! —los ojos de Rima se inundaron de lágrimas y yo me levanté del suelo algo aturdido. Tadase miró a Amu, o más bien, lo que quedaba de ella y maldijo en voz baja, muy enojado, podía ver la ira en sus ojos, su respiración se tornó pesada y volteó a verme con esa misma expresión.

—¡Maldito infeliz! ¡No debimos haber respetado el tratado, te debimos haber destruido cuando pudimos! Pero ese error ya no lo volveremos a cometer, ¡tu llegas hasta aquí! —una lágrima de rabia le salpicó.

Yo sonreí.

—Uno... dos, oh, dos exorcistas —caminé hacia el cuerpo de Amu y lo recogí, goteaba sangre, tomé su cabeza e hice como si fuera un títere— ¿no te parece que estamos en problemas, Amu? —los volví a mirar con malas intenciones— Oh es cierto, están tristes porque acabé contigo, ¿no es triste? lloremos —Hice la mueca de tristeza, mientras sostenía su cabeza y la hacía asentir. Era maravillosamente espectacular verla tan sucia y ensangrentada, sin vida.

—¡Déjala en paz! —Gritó Rima, Tadase y ella corrieron hacia mí.

—Es mía —la abracé como un niño a su peluche, sonriendo maliciosamente— y siempre será mi mascota. Volteé ignorando que iban a lanzarse encima de mí y desaparecí en un humo negro. Dejándolos atrás, y probablemente, infinitamente irritados.

Idiotas. Pensé, sin borrar mi sonrisa, mi fuerza era mayor que antes gracias a la chiquilla que llevaba en mis brazos.