Adelanté los capítulos que haría esta semana porque estoy en período de examenes por dos semanas, el fin de semana subiré otros... dejen Reviews ¬¬ o HAY TABLA *cara enojada* xd

20

Todo está demasiado negro, podía... sentir mi mano.

¡Arg! Pero qué sueño tan extraño, ¿me metí en uno otra vez por accidente? Qué persona tan sádica la que haya soñado est...

Abrí los ojos y me los restregué, ¿desde cuándo usaba manga larga?

—Eh —pronuncié de manera seca y abrí los ojos de par en par.

. . .

Me senté y observé bien todo, desorden, un espejo, una cama y éste olor que solo puede pertenecer a una persona... ¡estaba en el cuarto de Ikuto!

Espera... eso significaba que... ¿nada de esto había sido un sueño? ¿Si sucedió? él... en realidad me volvió a morder y dijo que quería matarme...

Suspiré desganada, y vaya que mi hombro se sentía cálido.

Volteé al espejo y quedé traumada, soltando un gemido. Me bajé de la cama y me coloqué frente a mi reflejo casi cayéndome por la rapidez.

Sangre y más sangre, mi vestido, mi cuello, mis hombros, ¿qué había sucedido ¿me había vuelto a desmayar? Sentía como si hubiera despertado de un sueño muy revuelto, como si hubiese estado en otro lugar mientras algo extraño pasó, como si no fuera yo.

Me sorprendió mucho ver mi reflejo, parecía un zombi de una película de muertos, pálida, ensangrentada. Me paré tambaleando y salí de la habitación, Ikuto me las iba a pagar por esto. Hoy había sido el día mas violento e incómodo de mi vida… ¿O ayer?, quizá el día en el que más me había desmayado hasta entonces.

Dirigí la mirada a mi pecho, mi corazón palpitaba de una manera extraña, haciéndome estremecer y sentir grima. Me quejé internamente y asocié el sentimiento como "compartir latidos" lo cual era ridículo, y lo atribuí a lo agitada que estaba, pensando que simplemente latía más rápido de lo normal debido a eso.

Doki Doki

Doki Doki

Podía sentirlos y escucharlos el doble, no había notado el palpitar así, ¿o quizá siempre lo había tenido así y no me daba cuenta? ¿por qué parecía el doble de acelerada?

Me quité el vestido ignorando todo aquello a mi alrededor, me metí a bañar, pero no en el baño del pasillo, sino en el del cuarto de Ikuto, como si fuera costumbre, su baño era igual al otro, y algo dentro de mí asoció ese lugar como uno de costumbre, aunque solo hubiese estado allí un par de veces. Mi cuerpo actuaba por si solo, desvergonzado.

Me metí en la ducha y abrí la llave, el agua salió fría y también lo ignoré ya que prefería el agua tibia, me lavé el cabello con un champú negro que había y cuando terminé me enjaboné, estaba acostumbrada a una tina en mi mundo, pero aquí habían duchas.

Me sentí renovada, tomé la toalla de Ikuto y me enrollé en ella, envolviéndome en un olor extrañamente varonil que me hacía sentir extraña. Luego salí del baño y me tiré en la cama enrollada en la toalla, temblando de frío.

Me preguntaba, ¿por qué me sentía así? No podía dejar de ignorar mi corazón aun bañándome. Intenté con todas mis fuerzas recordar algo fuera de lo común, pero solo veía una imagen borrosa de un cabello… amarillo, ¿era amarillo, no? ¿Por qué recordaba un cabello amarillo?

Me senté en la cama y la empapé más, volteé en busca de ropa pero por lo que noté, yo no tenía ropa allí.

Tiré la toalla a una esquina y caminé desnuda por la habitación, nerviosa. Agarré una camisa de Ikuto y me la puse, me quedaba grande, pero funcionaba. Salí del cuarto usando sólo esa camisa, como si fuera un robot que sabía a donde ir pero sin saber para qué, caminé a una habitación llena de cajas, abrí una que mi sentido común me dijo que abriera y encontré un short. ¡Genial! Me lo puse y luego hallé unos converse, ¿por qué tendrían ropa con tallas pequeñas aquí? bueno, me valía madres en este momento, quizás eran de victimas anteriores.

Salí del cuarto y eché a andar hacia lo que había visto la otra mañana, la sala donde se encontraba la entrada. No creí que hubiera alguien en esta casa en estos momentos, así que... me di el permiso de explorar.

Me sentía como fantasma. Una camisa demasiado grande, unos shorts desteñidos y converse, caminando sin rumbo en la casa maldita de la ciudad, qué profunda me sentía. Pero llegué a un pasillo que tenía un espejo al final, me acerqué a éste y miré sin expresión... pero había algo que no había notado.

—Oh Dios... —Susurré colocándome las manos en la cara, como si me estirara arrugas que no tenía.

Uno de mis ojos era color ámbar, el color que siempre he tenido... pero el otro tenía otro color, uno que sólo vi en los ojos de un demonio. Azul zafiro.

Parpadeé, perpleja, ¿desde cuando mi ojo cambió de color?, seguí parpadeando pero no dejaba de ser azul.

—¿Qué está sucediéndome? —pregunté con la voz temblorosa, dos octavas más alta de lo normal— por qué siento que me perdí de algo, parezco un zombi y no siento ganas de nada, y mi corazón late de forma distinta. Cómo si trabajara por dos.

¿Acaso me convertí en demonio? no, creo que descartaré eso. Tiene que haber otra razón, una más lógica. ¿Me habrán drogado? ¡Si! de seguro estoy alucinando ^^

Oí la puerta cerrándose. ¿Por qué podía percatar ese sonido de manera tan intensa?

Caminé hacia la sala otra vez y encontré a Ikuto llegando, sentí ganas de correr hacia él y golpearlo, pero mi estado de inexpresión monótona no me dejaba.

El volteó a verme y se sobresaltó notablemente, casi soltando un grito, no paraba de mirarme como si fuera un fantasma, y por supuesto que yo también, también me sorprendía verle.

—Amu —soltó secamente.

—Ikuto... —él se acercó y le miré el rostro— ¿por qué tu ojo derecho es color ámbar? —no, ¿por qué mi voz preguntaba eso con normalidad? Me conocía bien, y sabía que debía estar gritando desesperada y corriendo en círculos mientras agitaba los brazos.

—Me gustaría preguntarte por qué tienes mi ojo.

—¿Tu ojo? ¡Éste es mi ojo! —le señalé el suyo color ámbar, con el dedo tembloroso— pero cambió de color ¡y el tuyo también!

—Creo que hice algo mal ayer —murmuró bajando la mirada, ignorándome.

—¿Qué?

Se detuvo en seco y dejó caer lo que tenía en la mano.

—¿Amu? ¿En realidad eres tú? —preguntó tocando mi cabeza, como para comprobar que estaba allí

—¿Qué? ¡Claro que si! baka —le miré cortante.

El levantó una ceja.

—Eso es imposible.

—¿Qué? —me perdí, no entiendo— ¿por qué?

—Yo… te asesiné ayer. Tú estabas... muerta...

¿M-muerta?, jadeé y me alejé de golpe, observando mis manos por alguna razón, y respirando agitadamente.