Importante: En mi país le decimos LA pijama, y no el pijama como en otros lugares :3
23
Abracé la pijama que acababa de sacar del closet, miré hacia el balcón y observé la obscuridad que había afuera. Supongo que aquí nadie enciende la luz a esta hora. Entré en el baño y lo cerré con llave, me quité la ropa lo más rápido que pude y me puse la pijama de cuadros naranjas muy apresurada, quizá Ikuto como el pervertido que era, pensaría en entrar cuando hubieran pasado apenas dos minutos en vez de cinco.
Terminé de ponérmela y suspiré de alivio. Observé los shorts, la camiseta negra y los converse que había arrinconado, los doblé y salí con ellos en la mano, depositándolos en un espacio libre del closet.
—Creo que acá vivió una adolescente... —escuché la voz de Ikuto. Atribuí lo que dijo debido a que la pijama me quedaba mas o menos bien.
Me sobresalté y volteé, Ikuto estaba detrás de mí de brazos cruzados. Bajé la mirada para no encontrar la de él.
—No-no han pasado los cinco minutos.
—No, pero ya estás vestida —di un paso pero Ikuto me obstruyó el paso con su brazo, apoyando la mano en el closet y luego colocó la otra mano, quedando yo entre ellos.
—¿Qué haces, idiota? —Le grité para ocultar el ligero sonrojo que había aparecido por alguna razón que desconocía, supuse que por la rabia... otra vez.
Acercó su rostro al mío y luego se dirigió hacia abajo, dejándolo pegado a mi cuello, yo volteé la cara hacia un lado para no observar nada y sentí un ardor intenso en mis mejillas.
—¿Qu-qu-qué intentas?
El suspiró, dejándome sentir su aliento en el cuello, a lo que cerré los ojos con fuerza. Él no se había pegado a mi piel, pero sí estaba tan cerca que su respiración la podía sentir, haciéndome estremecer, de... miedo.
—Hambre —susurró, en eso me tensé e intenté zafarme en un estado de pánico intenso, pero Ikuto colocó sus manos a ambos lados de mi rostro con delicadeza para apartarlo y me mordió. Solté un grito ahogado de dolor y aferré mis manos de repente a sus hombros, y mientras él hacía lo que hacía, como yo estaba apoyada en la puerta del closet, empecé a resbalarme (haciendo que él cayera conmigo) hasta quedar sentados en el suelo. Yo aferrada a sus hombros y él frente a mí tomando mi rostro y con su cabeza entre mi cuello.
Ikuto apretaba levemente sus manos, que tomaban mi rostro por los costados, ignorando mis gritos y súplicas para que se detuviera.
—¡I-Idiota! ¿p-por qué tienes que hacer esto... aquí? —Jadeé, luego recordé que si él me había robado media humanidad con una mordida, aquí también podía pasar— ¡Espera espera por favor! ¡Deja de hacer eso! —me revolví inquieta— ¡IKUTO!
El soltó mi cuello, del que ahora brotaba mucha sangre debido a las heridas —no dolía tanto como antes, agradecí que ahora era un poco más resistente que antes por ser medio demonio—, solté uno de sus hombros y me sequé una de las muchas lágrimas que había soltado. Jadeó y me miró con sus ojos bicolores.
—Qué ¬¬ —Tenía un aspecto espeluznante todo cubierto de sangre y con todos esos dientes afilados a la vista. Me estremecí.
—Yo... no quiero que me muerdas... más —dije entre jadeos y lágrimas— no quiero ser... un demonio.
—Mal por ti, y no volverá a suceder, Amu —dijo refiriéndose a lo de robarme la esencia por accidente—, eso ocurrió porque estaba muy enojado y me interrumpiste, pero ahora que quizá no puedes morir, déjame hacer lo que quiero —Volvió a acercar su rostro a mi cuello.
Me enrojecí de la rabia y le planteé una bofetada, pareció sorprendido.
—¡Deja de tratarme como un objeto, Ikuto! Que yo sea mitad demonio no te da la libertad de hacer lo que quieras conmigo ¡baka! ¡Quiero volver a ser como antes! ¡Odio esto!
Colocó su mano en la mejilla que le golpeé, se puso de pie y salió de la habitación refunfuñando, muy enojado.
Caí en cuenta que el dolor que sentía no era normal y otras lágrimas salieron, me paré algo mareada y entré al baño, grité al ver que todo estaba lleno de sangre, incluida la pijama, me lavé con desesperación en el lavamanos ignorando el dolor que sentía al tocar la herida abierta y me enrollé el cuello con una toalla que estaba ahí, en eso la puerta se abrió e Ikuto apareció con una venda, y aún con su cara llena de sangre. Ignoró mis quejas y me arrancó la toalla, enrollando la venda en mi cuello hasta terminar.
Mientras lo hacía sentí algo diferente en él, estaba siendo... ¿amable al vendarme? No... Él ya me había vendado antes...
—Es una lástima que te hayas lavado antes de que llegara ¬¬ pensé que podría lamer el resto mientras estabas traumada en el suelo.
Lo miré iracunda y asqueada. La sensación de diferencia se había ido. Lo aparté del camino y al volver a estar en la habitación me quedé sin saber que hacer.
—No sabes si acostarte en esa cama porque yo también lo haré, ¿cierto?
Volteé a verlo enrojecida y asentí con fuerza, él se rio y se tumbó de un lado de la cama, arropándose con el edredón.
—No voy a hacerte nada —Me invitó, palmeando el espacio libre de la cama junto a él— es esto o el suelo, tu eliges, por mi no hay problema, más espacio para mi —sentí ganas de golpear su orgulloso rostro.
Apreté los puños, no lo dejaría ganar así.
Me recosté a regañadientes mirando hacia arriba, el imbécil había tomado el lado que no estaba pegado a la pared, me pegué lo más que pude a ésta y miré el concreto, intentando ignorar que él estaba al lado.
Se acomodó y miró hacia el otro lado del cuarto, quedando de espaldas a mí y yo de él. Solo que mí vista no era nada agradable, la pared, con una pintura de mal gusto.
—Si pretendes que estemos aquí, compra otra cama —murmuré temblorosa.
—Ya te acostumbrarás, ya te lo dije, no haría nada con una niña como tú.
Niña... que bien que me considera una niña (bueno, es que tengo 15, la verdad si lo soy). Estoy salvada TwT.
—Si te crees tan viejo, ¿qué edad tienes? ¿Treinta? de seguro por eso eres tan pervertido —¡maldita sea! ¡Que acabo de decir!
Él se volteó, pero yo no lo podía ver porque le daba la espalda, en eso me volteó con su brazo y yo solté un quejido de indignación.
—Dieciocho, pequeña quinceañera —intenté no verle los ojos y mantener la vista fija en algún lado lejos de él, entonces suspiró— ¿por qué me evitas? ¿Necesitas que te diga muchas veces que no te haré nada? está bien, no te haré nada, no te haré nada... —empezó a repetir.
—Ya entendí ¬¬ —Le dije en voz baja.
Él se tendió, pero esta vez no me dio la espalda. Después de unos minutos de silencio le miré el rostro, tenía los ojos cerrados y ya no tenía sangre en todas partes. Suspiré y me volteé lentamente hacia la pared otra vez, luego, cerré los ojos.
/
Ikuto tiene corazón ahora, no será tan malo.
¿De qué hablas? ¿No viste cómo me mordió?, le respondí a mi Inner.
No te despedazó la carne como haría con un humano normal, ¿cierto?
Yo... no comprendo a que vas con esto ¬¬
Volvamos a casa, Amu —escuché una voz que no era familiar, pero sonaba dulce.
A casa... ¡si, a casa!
Me vi en mi sueño, allí parada en la mitad de la nada, volteando a todas partes, asustada.
¡Espera! ¿A donde vas? ¡Espérame, quiero volver a casa! —me vi gritar.
/
Vaya que está cálido aquí —pensé removiéndome un poco— ¿desde cuando la pared se volvió tan acolchada? ¿O abracé la almohada dormida?
Mis ojos observaron la escena, perplejos.
Dios mio, ¿por qué me haces esto?
Cuando abrí los ojos, había tela negra en frente de mí, algo sujetaba mi espalda... yo ¿en qué parte de la noche me acurruqué en el pecho de Ikuto? inconsciencia mía, ¿a que punto has llegado? ¡hasta que punto!
Empecé a temblar y el cuerpo al que estaba pegada se movió. En eso se apartó de mí bruscamente, dándose cuenta también de la posición, dejándome totalmente sorprendida (y enojada, asqueada…)
—¿Qué demonios hacías ahí? —Me gritó, pareciendo un niño pequeño y malcriado.
—Me pregunto lo mismo... ¡maldito pervertido! ¡No me uses de peluche acompañante para abrazar mientras duermes! —me senté y me cubrí del edredón hasta la cabeza.
—¡Eres tú la que me usó de almohada para abrazar por la noche!
¿Noche...? pero si aún esta obscuro.
—¿Q-qué hora es? —Me quité el edredón de encima, sacudiendo la cabeza.
—Las cinco de la mañana —Vio el reloj de la mesa de noche.
—Yo aún tengo sueño ¬¬
—Yo también —Se acercó a la cama, pues había saltado fuera de ella.
—¡E-Espera! Al menos déjame la cama a mí por el resto del día —le sugerí apresuradamente, obstruyéndole el paso con mi mano.
—¿De qué hablas? Yo pagué por este lugar, hago lo que se me antoje —Se lanzó a mi lado en la cama y yo no me recosté, seguí sentada apoyada en la pared.
—Por favor... ya de por sí es muy incómodo para mí dormir contigo ¡déjame por lo menos hoy!
—No ¬¬
—¡Arg! ¿Por qué eres tan odioso?, me tengo que dejar morder pero tu... ¡a ti no te puedo pedir nada!
—Nadie dijo que podías pedirme algo.
—¡Vivo contigo! ¡Si puedo pedirte algo! Baka.
—Ahora que lo mencionas, te mordí anoche, ¿genial no? no me arriesgo a matarte ahora.
—¡Como si eso fuera bueno! A mi me duele, a ti no —respondí enojada.
Se sentó con interés en mi dirección y me miró con una chispa en sus ojos.
—Seguramente si tú me mordieras a mí yo no me quejaría como un bebé como tú lo haces. Eres una exagerada, eres mitad demonio ahora, ¿por qué deberías quejarte?
—¡Me duele! Y por eso no te dejaré morderme otra vez.
—Muérdeme, si yo me quejo no te morderé más —Sonrió maléficamente.
—¡Loco! ¡Yo no pienso morder a nadie! ¡No soy un monstruo como tú!
—En algún momento sentirás hambre, y un taiyaki no te va a saciar.
Apreté la mandíbula. Mitad demonio... yo... ¿tenía que asesinar?.. ¡NO! ¡NO PODÍA HACER ESO!
—Taiyaki... —mi estómago gruñó e Ikuto carcajeó. Me bajé de la cama y salí a la cocina, abrí el refrigerador con brutalidad pero...
—Vacío —murmuré desanimada.
—Di "aaah" —Cuando volteé Ikuto puso su hombro cerca de mi cara, lo aparté con molestia.
—¿Qué pretendes? ¬¬
—Que te alimentes ¬¬ te ofrezco por las buenas no asesinar a alguien por beber al menos sangre, porque sé que serías incapaz de despellejar a alguien como yo lo hago —me miró con superioridad.
—Lo dice el que no pudo asesinar la última vez y terminó bebiendo solo sangre. La mía ¬¬
—Eso es culpa del maldito corazón, pero podré la próxima vez. Por ahora, confórmate con sangre —volvió a colocar su hombro en frente de mí. Yo aparté la vista porque vi que era inútil apartarlo a él.
—Yo nunca haré algo así —lo miré muy decidida y con el ceño fruncido. Él se apartó.
—Ya veo... te daré tu tiempo, en algún momento lo vas a necesitar —se subió la manga de la camisa para cubrirse el hombro. Me quitó la venda del cuello, pensé que me mordería y me aparte asustada.
—Ni una sola marca, ni en el cuello ni en el hombro.
Es cierto... un demonio se cura rápido. Supongo que es una ventaja haberme deshecho de ese montón de mordeduras horribles.
—Yo...
—En fin, vámonos.
—¿I-irnos? —pregunté dos octavas más alto— ¿a donde?
—¿No es obvio? a la ciudad que queda cerca de aquí, no vamos a sobrevivir quitándole el dinero a las personas que asesino, ¿sabes? primero debo graduarme para encontrar empleo. Pero con lo de la última vez, tú no vas a volver a una escuela ¬¬.
—¿Qué? —grité con voz aguda— yo no quiero quedarme como autista en este departamento.
—Será solo hasta las tres de la tarde —me arrastró del brazo hasta la puerta del departamento.
—¡A-al menos déjame hacer algo allá afuera! —me puse firme.
—Tus peticiones son ridículas, ¿qué quieres esta vez?
—Lle-llévame... ¡llévame de compras!
—¿Pero qué…? —enarcó una ceja, parecía enojado y sorprendido a la vez— ¿De compras?
