Agradezco a por dejar reviews tan 'genialosos' en cada capi que subo x3
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El letrero de la tienda decía claramente "Ropa de damas"
Ikuto levantó una ceja y reviso la billetera, me ofreció un puñal de billetes y yo abrí los ojos con asombro, ¿se consideraba pobre con todo ese dinero?
—Escúchame bien, Amu —se acercó a mi con una mirada que amenazaba— ropa, solo ropa, no intentes huir en un taxi ¬¬, seguiré tu olor a mi esencia y será fácil encontrarte.
Asentí con nervios, odiándolo con todo mi ser.
—Volveré aquí a medio día. Si no tienes nada que hacer quédate en ese café de allá —me señaló con un dedo un lugar llamado 'Cacao'.
Ikuto se fue caminando fríamente y yo miré la entrada de la tienda como un santuario.
Las chicas sueñan con esto, ¿cierto? debe ser divertido.
Entré a la tienda y vi muchas cosas. Caminé tímidamente entre los percheros y observé toda variedad de colores y formas.
—¿Puedo ayudarla? —me sobresalté y volteé. Una chica joven, de cabello liso y negro me miró con ternura, muy servicial.
-Yo… eh... buscaba ropa para mí... —tragué saliva, ¿por qué me sentía tan extraña?
—¡Claro! ¿Puedo ofrecerle conjuntos que considero apropiados para usted? —pareció adivinar mi poca experiencia con el tema de las compras.
Asentí con timidez. La joven me llevó a través de la tienda y agarró muchas perchas con ropa linda. Una chaqueta de cuero color azul rey, una camiseta roja, una falda de jean negra, unas botas de tela negra por debajo de la rodilla, faldas, jeans, shorts, calcetas a cuadros, bufandas, suéteres y pantalones de colores, al igual que licras (mayas, leggins, esos pantaloncillos pegados y suaves).
Llegamos cargadas de ropa al probador y me colgó todo en un orden increíble de categoría. Jamás me había probado ropa, ¿qué tenía que hacer exactamente?
Me quité la ropa, no estaba acostumbrada a hacerlo tan calmadamente, pues siempre había estado asustada de que Ikuto entrara a verme, pero hoy... la costumbre, supuse.
Una semana, solo una semana ha pasado desde que llegué aquí, y han pasado muchas cosas.
¿Por qué se comporta tan odioso y a la vez tan amable? Amable en el sentido de que... no me golpea cada dos minutos, o no me maltrata con su mirada que hace sentir dolor. O quizá porque no me ha hecho comer esa porquería llamada Tofu.
Tofu... manzana... pasteles... Kuukai.
Kuukai, ¿donde estás? mi único amigo. Se veía tan preocupado por mí... ¿qué pensarás ahora... Kuukai? Quiero volver a verte, a Rima, a Tadase, aunque mi tiempo con ellos haya sido muy corto. Sentir que en este mundo hay personas que se preocupen por mí, es algo difícil de asimilar para mí. Pero ya no puedo volver... ¡soy... mitad demonio! no querrán volver a verme. Exorcistas... dijo Ikuto. Me odiarán en cuanto sientan mi esencia... y la de él. ¡Ikuto, baka! Dañaste la poca felicidad que sentí desde que llegué.
Pero... Ikuto me ha ayudado mucho.
Doki —escuché ese sonido repetidas veces.
Esos latidos tan extraños que ahora tengo, los de él y los míos en un mismo corazón... ¿por qué sucedió?
Él... ¿por qué me soporta? ¿Será porque tiene que cuidarme o si no él también muere?... esto de compartir esencias no es nada bonito. ¡Para nada! —pensé golpeando levemente la pared del probador.
Me siento odiosa como él. Pero aun así no dejo de ser torpe.
Volteé y me vi en el espejo, mi ojo ámbar y el otro zafiro, la vendedora no me lo había mencionado, agradecí que no lo hubiese notado, o al menos evitó hablarme al respecto.
Coloqué una mano en mi cuello y vi que no había marca alguna de ese montón de dientes afilados que me masticaban como goma de oso.
Terminé de colocarme la ropa, la camisa roja con la chaqueta de cuero azul, la falda de jean negra y las botas.
—¡Kawaii...! —Me veía... a la moda ¡me veía linda! Llevaba tanto sin sentirme linda...
—¿Le ha gustado? ¡Se ve muy linda! —me dijo la vendedora, asomándose por la puerta.
—¡G-gracias!
Ella estuvo halagándome todo el proceso de probador, terminé por comprar, mucha, pero que muchaaa ropa, y tomando en cuenta que era una tienda cara, el dinero sobró.
-¡Gracias por venir! Venga cuando quiera.
Sandalias... tacones, botas, faldas ¡Camisetas limpias que no eran de Ikuto!, pantalones, accesorios... todo un guardarropa para un año, en una tienda, bueno, la verdad visité varias.
Volteé a ambos lados, todavía llevaba puesta la camisa negra de Ikuto, los shorts y los converse, en aquel closet —del departamento— solo había pijamas que me quedaban, lo demás no era de mi talla.
—S-señorita —La vendedora volvió a llamarme en cuanto me dirigí a la puerta.
—¿Que ocurre? —Volteé a verla curiosamente.
—Yo le recomiendo ir a otra tienda a... -tragó saliva y me susurró la categoría de tienda al oído.
Mil rocas gigantes me caen encima, me muero... ¡me muero! (lean más adelante y sabrán a que se refiere con esto)
Pero no había notado que un sonido proveniente de ella me hacía doler la cabeza y sentirme seca. "Doki, Doki, Doki…"
¿Latidos? ¿De la vendedora?
La observé con atención y cuando vi su pecho —mil veces más grandes que los míos— todo subía y bajaba, mi vista temblaba al dirigir la vista allí. Yo… ¡Sentía su corazón!. La vista se me nubló un poco. Asentí a su consejo con rapidez para alejarme de esa sensación escalofriante y llevé el montón de bolsas hasta la tienda que ella me había sugerido.
—¡Bienvenida! ¿Puedo ayudarla? —dijo otra chica, que al observarla, mi vista volvió a temblar y nublarse.
Doki... Doki... —sentía que esos latidos me llamaban.
—¡Ya basta! —Grité estresada por el intenso sonido de los latidos del corazón de aquellos que me rodeaban.
Todos me miraron, yo me quedé allí, estupefacta y avergonzada.
—Lo... Lo lamento... Me hablaba a mí misma… yo necesito... eh... —tragué saliva— bra..bra-bragas y… lo otro —señale mis pechos.
Definitivamente, yo nunca pensé en llegar a una tienda y decir eso. Ir de compras era algo duro. Pero la vendedora no pareció molestarle para nada mi comentario, me llevó a muchas esquinas de la tienda y cargó a la cuenta un montón de bragas y brasiers.
—Cuarenta mil yenes, por favor —dijo el cajero.
—¿Tanto dinero? —Observé el montón de ropa interior… Quizá si me pasé un poco.
—Bueno, compró tanto como para llenar una gaveta entera, ¿no tenía nada de esto?
Negué avergonzada.
—Felicidades, ya tiene. —Le entregué el dinero y el cajero me entregó unas dos bolsas gigantes. Agradecí internamente que la vendedora de la otra tienda me hubiese recordado que no llevaba ropa interior.
Me despedí alegremente y salí de la tienda con el montón de bolsas. Volteé a muchos lados y encontré un reloj público. Las 12, mediodía. Corrí al café llamado 'Cacao' que se encontraba en la misma calle y me senté en una de las mesas, librándome del peso de las bolsas.
Muchos latidos... Me tapé los oídos y bajé la cabeza.
¿Por qué oigo tantos latidos? ¿Por qué me siento tan rara con la gente? ¿Por qué siento ganas de... de comer... gente?
Subí la mirada bruscamente y me di una bofetada.
¡Reacciona Amu! Esto de mitad demonio es solo psicológico, no... No tengo por qué matar gente, ni comer gente... ni morderla... ni... ni... ¡no pienses en esoo!
Levanté la mano y un mesero llegó a atenderme.
—Deme... un...
El takoyaki no funciona —dijo la voz de Ikuto en mi mente.
A la porra, va a funcionar.
—Takoyaki.
—Enseguida —contestó el mesero.
Me estiré en la silla e intenté aclarar mis pensamientos.
Amu, respira, es solo paranoia, es eso nada más. Con comer algo normal se te va a quitar esta hambre tan horrenda.
—Doki —dijo una voz grave y masculina en mi oreja. Golpeé a Ikuto como acto reflejo, él cayó sentado al suelo y todos voltearon a vernos. Yo respiraba agitadamente debido al desorden mental que tenía en ese momento— Auch... —se sobó la cabeza— qué obediente, me esperaste donde te dije —Miró las bolsas— Y veo que compraste mucho... uhm... Victoria Secret. ¿Ropa interior?... ¡genial! tendré una stripper en cas-
Le lancé una roca de quién sabe donde y él cayó otra vez.
—¡Si me vuelves a decir una idiotez como esa te juro que te lanzo muchas rocas!
—Le quitas la diversión a todo.
—Aquí tiene su takoyaki, señorita —el mesero colocó el plato en mi mesa y yo me senté, hizo una reverencia y se fue. Recordando lo que Ikuto me dijo, y tomando en cuenta que acababa de ver lo que pedí, esperé su reacción valientemente.
Entonces él carcajeó.
—¡TAKOYAKI! Eres tan ingenua, ¡eso no va a servir de nada!
—Si lo hará —agarré uno y olfateé su sabroso aroma, luego lo mordí y lo mastiqué con placer— Yummy... —exageré la expresión con la boca llena.
—Pierdes el tiempo y el dinero.
—¿No ves que está delicioso? con esto no tendré mas hambre.
-Doki -Ikuto se sentó y apoyó la cabeza en la rodilla que subió a la silla.
Lo miré nerviosa. ¿Por qué el takoyaki perdió el sabor?, lo volví a morder y no conseguí respuesta.
—Doki —Volvió a repetir. ¡No lo aguanto más!, tomé el plato de takoyaki y me los comí todos de golpe. Los mastiqué con dedicación, pero ¡nada!, solo tuvo sabor los primeros dos segundos.
Miré a Ikuto totalmente paralizada. Él sonrió.
—¿Sabes por qué no paras de escuchar latidos... verdad? —levantó las cejas con aire de satisfacción, mientras cruzaba los brazos y me miraba burlonamente.
Tragué saliva y aparté la mirada rápidamente, apretando el puño de mi mano libre y maldiciendo a mis adentros.
