25
Llegamos al departamento. Dejé las bolsas en la entrada y me senté en el suelo.
—Seré razonable, Ikuto... yo no... ¡Yo no he comido como en dos días! claramente el Takoyaki no me llenará tanto vacío.
—Yo si se de algo que lo hará.
¡Bum!
Yo terminé recostada en el suelo, e Ikuto encima de mí apoyado en manos y rodillas. Apreté fuertemente los ojos y giré la cabeza para al abrirlos, no encontrarlo a él.
—Vamos, Amu, no seas tonta —oí su voz más seductora de lo normal— muérdeme, yo soy más fuerte que tú, obviamente no me va a pasar nada.
(Otra vez la posición del anime que todo recordamos... cuando ella se cae en la cocina y él encima de ella... xD que daría yo por estar ahí *sonrisa malévola*)
—Por qué... ¿Por qué te ofreces a esto? —Le dirigí una mirada triste.
—No puedo dejar que mueras de hambre, y será inútil obligarte a matar a alguien, así que... al menos déjame salvarnos.
—Pero sabes que yo no te voy a morder.
—¿Quién dice que no? —Pareció enojado.
—Yo lo digo -Le respondí.
Él me tomó de los hombros y nos dio la vuelta, ahora yo estaba encima de él, pero no me podía quitar porque él me sostenía de los hombros. Me jaló por éstos hasta que mi cara quedó a pocos centímetros de la suya.
—¿Qué rayos?
Se desabotonó un botón de la camisa y apartó todo aquello que cubriera su cuello y sus hombros. Me sonrojé repentinamente. ¿Por qué tuve que quedarme viendo esos sueños tan raros de adolescentes?
—Maldita sea Amu, no seas tan pervertida y deja de morir de hambre.
—¡P-Pervertida! —Me levanté molesta, sentí arder mi rostro, él me volvió a hacer caer encima de él jalándome de los hombros nuevamente. Mi cabeza calló en su pecho, muy cerca de sus hombros y su cuello.
—Si, pervertida, cuando te mordí vi que observaste sueños censurados, pero eras tan inocente que nunca lo pudiste asociar con esta realidad. Bueno, yo no te haré nada de eso, así que muérdeme y deja de ser tan malpensada como yo.
Apreté los puños y coloqué mis manos a los costados de Ikuto para poderme levantar un poco y llegar a donde él quería. Me acerqué a uno de sus hombros para intentar morderlo pero no sabía como y aparté el rostro con los ojos entrecerrados y apretando la mandíbula.
—Amu, esta posición es incómoda, termina con esto de una maldita vez.
Una lágrima bajó por mi mejilla y él se dio cuenta.
—Y-yo no puedo... ¡no quiero y no puedo! No tengo todos los dientes afilados, ni tampoco siento ganas de morderte, quiero comer... pizza... pasteles, no carne de un demonio, ni su sangre —dije entre lloriqueos.
Ikuto suspiró y se sentó, pero yo aún estaba encima de él.
—No es algo de lo que sientas ganas, es algo que... haces porque sí. Ni la pizza ni los pasteles te van a saciar, ni siquiera sentirás su sabor. Y dudo que tengas los dientes afilados como yo, no eres un demonio nato como yo. Ahora Amu, muérdeme como pienses que sea correcto y verás que va a funcionar —él empezaba a aburrirse de intentar que yo lo mordiera.
—Yo... ¡ya te dije que no puedo!
—¡Amu! —Me gritó molesto. Tomó mi rostro entre sus manos y lo acercó a su cuello— Muerde ahí y ya, ¡deja de ser tan estúpida! te vas a morir de hambre, y yo también por tu culpa. ¡Hazlo! aprovecha que en el cuello es el lugar más... —se quedó mudo un momento— bueno... si no es para comerme la carne de alguien... con respecto a la sangre, creo que el cuello es donde consigues más... y de la manera más... cómoda.
Me estremecí y entrecerré los ojos.
No puedo hacerlo. ¡Yo no puedo morderlo! ¿Comodidad? ¡Es lo menos me importaba ahora! ¡Por qué no le puedo morder un brazo y ya! ¡Esto es...! ¡Esto es demasiado...
—¡Incómodo..! —Me aparté bruscamente de él y me miró sorprendido.
—No te comprendo en realidad. Eres tan idiota... ¡no sirves para nada!
—¡Deja de decir eso! Prefiero morir de hambre a hacer algo así.
—No me interesa que mueras, ¡pero el punto es que si tu mueres, yo también! ¿Quieres saber por qué? ¡Porque tu tienes la mitad de mi maldita esencia! es por eso.
—¡No me importa! ¡No quiero ser esto!
Ikuto me tumbó en el suelo y apretó la mandíbula, se colocó encima de mí y me sostuvo las muñecas fuertemente a ambos lados de la cabeza contra el suelo. Yo cerré los ojos fuertemente.
—¿Quieres saber la verdad? ¡Si ambos morimos, nos vamos al infierno! No podrás volver a saber nada de tu mundo, ni de nadie más, solo sufrirás algo peor de lo que sufres en este momento, y te harán cosas... cosas... ¡cosas contra tu voluntad! así que si tu quieres eso, ¡está bien! deja que te violen y maltraten en el infierno y pierde todas las esperanzas.
Empecé a derramar lágrimas otra vez.
—Eso si... suena mal... —Tosí por la desesperación.
—Entonces muérdeme, Amu, no es nada fuera de lo normal —nadie nos va a mirar, ni a decirte que lo hiciste bien o mal.
—Es que… Si lo hago... tendré que hacerlo siempre que tenga hambre, por no matar a alguien más, tal y como tu haces conmigo.
—¡Amu! ¡Por amor a Kami muérdeme y ya! ¡Eres tan necia que te quiero lanzar por la ventana! —Apretó mis muñecas a tal punto que sentí que no tendría manos, mi expresión llena de ira me mataba de miedo.
—¡E-está bien! —Cerré fuertemente los ojos— ¡Lo haré! ¡Lo haré! ¡Pero ya basta! —grité con voz aguda.
Doki...
Doki...
Oí otra vez esos latidos que me hacían desesperar.
No era la mejor manera de hacerlo, pero tumbé a Ikuto al suelo volviendo a quedar encima de él, con lágrimas en los ojos y mucho miedo, me acerqué desesperadamente a su cuello, comodidad o no, ¡daba lo mismo! tenía... ¡hambre!
—Ah... —murmuré temblorosa mientras abría la boca. Ikuto movió su cabeza hacia un lado y cerró los ojos para que yo tuviera más espacio.
Doki Doki Doki...
Los latidos son tan fuertes... el de él late con velocidad y el mío también... pero por dos.
Mi piel debe arder de vergüenza... yo... me juré no hacer esto, no colaborar, pero es... exactamente lo que estoy haciendo.
Mordí con fuerza, queriendo apartar todo a mi paso y comer... ¡Comer, comer!
Ya sé que es lo que siente Ikuto cuando está un día sin comer... sin... beber sangre.
Ikuto soltó un gemido de dolor, y me percaté de que el tiempo se pasaba volando.
—¡Maldita sea! ¡Amu! —Me rodeó con los brazos y me abrazó con fuerza, no entendí nada, quizá me usaba como apoyo moral, no se, mi mente estaba en blanco, solo tenía como objetivo... seguir así.
Venganza... ahora sí... le voy a hacer sentir todo lo que me hizo sentir a mí.
Lo mordí más fuerte que antes, llenándome poco a poco, tomándome todo el tiempo del mundo.
—¡Amu ya es suficiente!
—¡No...! ¡Claro que no lo es!
—¡Olvide decirte cuando parar! ¡Ese momento es ahora! ¡Ya llevas cinco minutos así! ¡Cuando yo te muerdo no tardo ni un minuto! ¡Basta!
—¡Tu no te detuviste cuando yo te lo rogaba!
—¡Esto es diferente!
Yo no le presté atención, seguí haciéndolo, como si nada.
De repente Ikuto me separó bruscamente de él, evadiendo mis ataques y golpes para volver a donde estaba.
—¡Tu...! ¡Ya basta! Me haces usar la fuerza.
—¡Siempre la usas! —Gruñí.
—¡Yo no te muerdo por casi seis minutos! ¡Baka! —¿cuenta el tiempo?
—¡No quiero parar! —Lloriqueé— ¡No quiero! ¡No puedo! —estiré mis manos hacia él para intentar acercarme otra vez.
—Eres imposible —Me sostuvo con fuerza y me apartó lo suficiente de la herida— es por eso que matar es más fácil, terminas con la persona y no te piden que pares.
—Yo no mataré a nadie.
—Eso dijiste con respecto a morderme.
Pataleé en busca del hipnotizante sabor del néctar rojo que tenía tan cerca e hice que Ikuto se cayera conmigo en brazos. Aproveché para intentar volver a morderlo, pero el me dio una bofetada, quedé aturdida un momento y lo vi con la vista borrosa.
—Cuando digo ya basta...
—Ah... me duele... —dije apretando los ojos mientras llevaba mi mano al lugar donde me había golpeado.
—¡Significa ya basta! —no lo veía a él, mi mirada estaba perdida.
¿Por qué todo se pone negro?
Y con un gran estruendo, caí al suelo.
