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Eso no fue agradable...

Levanté la cabeza, llevaba la misma ropa ensangrentada, pero me sorprendía que esta vez la sangre no fuera mía. Me levanté de la cama y entré al baño algo tambaleante, había una nota.

Bañate ¬¬... estoy en la escuela. Lo admito, me quejé... pero eso no significa que te deje de morder =D

Enarqué una ceja.

—Ese... maldito tramposo...

Volteé a ambos lados, ¿por qué no obtuve los conocimiento de Ikuto si lo mordí? será porque somos mitad demonio, ¿o algo? ¿o acaso uno no se da cuenta de lo que obtiene?

—En que me convertí —mi reflejo en el espejo no era lo que yo esperaba.

El idiota ese me golpea tan fuerte que me hace desmayar y para rematar, no me limpia la cara. ¿Por qué tuve que comportarme así? "muérdeme, no es nada fuera de lo normal" yo te voy a enseñar lo que es fuera de lo normal, baka ¬¬

Coloqué la ropa que me acababa de quitar encima de una cesta y abrí la inmensa ducha. Giré la llave de agua caliente y me senté en el muro mientras el agua empezaba a entibiarse. El tacto del mármol frío sobre mi cuerpo me hizo estremecer, me abracé a mi misma y giré la cabeza a un lado, respirando agitadamente.

—Yo... lo mordí... lo mordí... ¡detesto haber hecho eso! —me golpeé inocentemente la cabeza con mi puño.

Es cierto... haberlo mordido fue algo totalmente contradictorio a mi moral... humana.

¿Ya no soy humana, cierto?... quizá si, soy solo la mitad de eso. ¿Por eso hice algo tan estúpido?

Admítelo Amu, eso a lo que llamas estúpido te gustó. ¿No tenías hambre? date cuenta que ya no... —comentó mi Inner interior.

Ya no, ya no tengo hambre. Pero que haya sido genial sentirme tan completa, no cambia el hecho de que lo que hice fue algo que no quería.

Pero ahora quieres —me tentó mi Inner.

¡Maldita sea! ¡Callate, sentido común distorsionado por sangre demoníaca!

Me paré y luchaba conmigo misma mientras el agua lavaba mi cuerpo. Grité de la rabia y golpeé la pared. ¡No se rompía! ¡No tengo superfuerza! Bueno, tampoco era una superhéroe para decir eso.

No soy fuerte... ¿significará que no soy mitad demonio?, a la porra, claro que lo soy, pero por suerte... solo mitad, y por todo lo que pase eso no puede cambiar, ¡no puede!

Yo no pensé llegar a la altura para morder a alguien, y menos a él, es tan odioso. ¡ODIOSO! Solo lo hace para que no muera y así él pueda sobrevivir.

Quiero ser la dueña de mis propios latidos, no de los de ambos. Y si tengo que matarlo para poder volver a ser solo yo... lo ha-

Abrí los ojos con asombro.

¿Yo... Pensando en matar? Imposible, ¡jamás! ¡Amu que mosca te picó!

A que mosca picaste... —comentó mi Inner nuevamente, con malicia.

—¡Silencio! —Me tapé los oídos e intenté concentrarme en bañarme, solo eso, enjabonarme, salir... secarme y ponerme la maldita ropa que la vendedora me dio. Si, eso.

Me terminé de bañar, me sequé robóticamente y me vestí rápidamente. La ropa interior extraña que me dieron en esa tienda, unas sandalias con un pequeño tacón, una falda negra y una camisa naranja con mangas tres cuartos.

Me veo extraña.

Yo... usando toda esta ropa humana, no era cómodo, para nada, las compras, lo que tanto les gusta a las chicas, a mi... no me gustaba eso. Aunque probablemente lo que no me hiciera disfrutarlo fueron las circunstancias.

—Prr... —Me coloqué un suéter y me apresuré a la ventana para cerrarla, el frío era insoportable. Me apresuré a peinar mi cabello con mis dedos y agarré un mechón de pelo y me lo amarré a un lado— ¿Y ahora que hago?

La verdad... ¿que voy hacer aquí? falta mucho para que Ikuto llegue... no es que quiera que llegue, pero la verdad me siento desorientada, como una bebé. No tengo idea de a donde ir o qué hacer en una casa sin nada, absolutamente nada... no hay sala, ni libros, ni una profesora que me enseñe a crear sueños, por primera vez me encuentro sola y libre en un lugar, ¿no era esa la oportunidad que quería? claro, una oportunidad que quizá aprovecharía si mi vida no dependiera de la otra mitad de Ikuto que poseía en estos momentos. Si tuviera mi otro ojo... si fuera humana por completo, me podría largar.

"No intentes huir, seguiré mi esencia y te voy a encontrar"

Rayos... me la puso difícil, demasiado difícil —pensé colocándome una mano bajo la barbilla como los detectives.

Ideas Amu… ideas... quedarme sola... ¿no es así?, si me tengo que quedar sola hasta que pase algo, quiero hacerlo en un lugar donde tenga algo que hacer.

Cocinar... ¡quería cocinar! pero... no podía, ¬¬ ¿de qué me servía si todo me sabía a nada?

Los demonios si que eran aburridos, ¡no variaban la comida!

¿Podré amueblar aquí? ¡Claro! no es que le vaya a molestar si tomo un poco de dinero y salgo a comprar muebles... ¿cierto? así dormiré en un sofá, lejos, muy lejos de él.

Sonreí... la venganza era dulce...

Me dirigí al cajón donde Ikuto guardaba el dinero, tomé el que necesitaba y guiada por algunos instintos y dejando rastros de marcas de tiza para no perder el camino, salí a comprar muebles.


La escuela de aquí era peor que la de antes ¬¬ por lo menos no habían exorcistas molestos.

Miré al cielo, ¿qué rayos estará haciendo esa idiota? Seguramente tendría hambre otra vez e intentará morderse a si misma.

Solté una gran carcajada.

Claro, no es tan idiota. Lo de ayer no ha sido nada de lo que pensé... ¿desde cuando ella tiene derecho a alimentarse de sangre de una manera tan salvaje?... en algún momento tendría que hacerlo... mitad demonio al fin y al cabo.

Pero... no va a poder alimentarse de sangre por siempre ¿cierto?.

Me dirigía a casa, pero antes, me encargaría de comer algo completo esta vez. Entré a un callejón lleno de chicos jóvenes conversando animadamente, sentí algo extraño en mi pecho al verlos tan felices, pero lo ignoré, con todas mis fuerzas, deseándome un "buen apetito".

—Hola chicos —saludé con la mano y se me salió una sonrisa malvada.

.

. Escenas censuradas debido al exceso de violencia y desmembramiento

.

Los chicos habían dado su buena pelea, pero no hubo nada fuera de lo normal. Me sentía satisfecho por haber comido finalmente un alimento potencial, o más bien, varios.

Me dirigí al departamento con rapidez después de haberme librado de toda evidencia de cuerpos descuartizados, sangre en mi ropa y rostro. Me sentía tan energético que no podía creer que fuera yo el que sonreía de manera placentera. Quizá un festín como esos no me cayó nada mal después de tanto... ¿ayuno? podría decirse.

Me desvié y me detuve en la cima de una colina alejada de las casas. Saqué el violín y pude aspirar el aroma a madera maldita con mucha atención.

—Mi viejo amigo... he extrañado mucho hacer esto... —lo coloqué en posición y empecé a tocar, una melodía triste pero relajante. A lo lejos oí gritos y un choque de auto, sonreí— Te has vuelto más potente y rápido —Añadí.

Seguí tocando por una hora, hasta que me cansé y guardé el violín. Aún extrañaba oír las voces de los exorcistas diciendo "es el violinista, ¡hay que detenerlo!", y luego poder huir y dejarlos confundidos. De cierto modo, tocar el violín me complementaba, el instrumento era parte de mí, y de él iba colgado una llave, una que no sabía bien de qué era o de donde la había sacado, pero de cierto modo, ella me recordaba a Amu, puesto que un día la sorprendí de reojo mientras la admiraba.

Observé la lejanía del cielo y luego los edificios cerca. Un pueblo nuevo donde no me conocían, y donde nunca conocerían a Amu. Una escuela llena de víctimas que no podrían detenerme... o detenernos.

Amu… Amu... ¿un demonio? sería interesante verla así, pero solo tenía que ser precavido, la historia de mi padre aún seguía en mi mente, fresca, revoloteando.

La mordió, se sintió bien para los dos y ella... dejó de ser humana.

Me estremecí, batí la cabeza, pero recobré la razón.

¿Amu? Claro que no, ¡si nos odiábamos! Y de ninguna manera sería algo así para ella. Ni ahora, ni en el fin de los tiempos. Y cuando su razón caiga y se convierta en un demonio, y yo también, podré utilizarla para cumplir mis planes. ¡Es todo!, nada complicado.

¿Complicado? no lo había sido realmente... poco a poco ella fue cayendo, y su plan era no hacerlo. Tan tonta, tan inocente.

Me reí mientras empezaba a caminar hacia el edificio.

Y lo más divertido era... "cosas de humanos", lo llamaba así, ¡cosas de humanos!, cosas que no tienen nada que ver con su mundo y su naturaleza.

Ahora que lo notaba, pensar en que Amu sería monumentalmente genial como demonio, admirar su maldad... su...

Doki

Maldición, otra vez el estúpido corazón que late. ¿Qué hice para merecer esto?

Esta cosa rara trabaja en ¿clave morse?, porque cada vez que hago algo, late rápido, cuando asesino, late más rápido, cuando toco el violín... más rápido aún. ¿Qué quiere decir?... lento significa... aburrido, de seguro, rápido... ehm... ¿síguelo haciendo?, sí, probablemente es eso.

Cuando muerdo por primera vez a alguien... su corazón late rápido, ¿significa que le gusta?, que asco, ¡qué asco!, quiere decir que disfrutan cuando los asesino... ¡imposible!, no puedo llevar felicidad a nadie. Jamás entendí a un humano hasta este momento, y vaya que eran sádicos, para disfrutar algo así.

Hice una mueca y empecé a subir los escalones, en eso se oyó una música clásica de orquesta y noté que provenía del departamento.

—¿Qué...rayos hizo Amu?

Abrí la puerta de golpe.

—¡Bienvenido imbécil! —Me gritó con odio, luego se me lanzó encima y me golpeó. Volteé a ambos lados, sin sentir sus débiles golpes y note algo importante, me levanté del suelo, haciéndola caer molesta, y me quedé estupefacto.

—Tonta... ¿amueblaste esto? —Levanté una ceja.

—¡Claro!... si pretendías que me quedara aquí como una autista te equivocas ^^... Compre una radio... y un sofá-cama para poder dormir. ¡Compre tantas cosas!... bueno en realidad los vendedores lo escogieron todo, pero el punto es que ya no estaré aburrida aquí.

—Tu estas... mal de la cabeza —Coloqué mi mano sobre su cabeza como un amo a su perro. Ella echó humo y gruñó.

—Tu no pretendías que yo te siguiera y te obedeciera en todo... ¿cierto? Tu padre lo dijo, yo no soy tan tonta como una humana normal.

Doki

Y quizás... eso la hace interesante.

—Es cierto, pero... devuelve todo esto, baka, es mi casa, no la tuya, además... ¡no tenías por qué salir! ¿Estás loca? armarías un holocausto allá afuera si te llegase a dar hambre. De ser yo un humano, me hubieses asesinado ayer.

Ella giró los ojos y me ignoró.

—Es tu problema, a mi por lo menos me gusta este cuadrado raro que pone imágenes y sonidos interesantes ¬¬ —se apoyó encima del televisor pantalla plana que había comprado. Y lo había colocado encima de una mesa moderna. Quedando todo a su altura.

—Televisor...

—Tele...visor —Sus ojos brillaron— Esta cosa es más divertida que aguantarte, así que puedes irte a hacer lo que quieras y yo me quedo aquí con... televisor ^^.

—Serás idiota, tengo que llevarte a cazar hoy.

Se detuvo en seco.

—¿C-cazar? —Se estremeció y su expresión de molesta pasó a una muy intensa y asustada— ¿bromeas? yo no le quitaré la vida a nadie, no soy una... despiadada como tú.

—Amu, te volviste un animal de selva cuando intentaste volverme pedazos, y te vas a debilitar hasta morir si solo bebes sangre, tú necesitas... más nutrientes de las que te da un simple líquido rojo.

Ella se cruzó de brazos y me dio la espalda.

—Hazlo tú. Moriré entonces.

—Infierno —Le recordé. Me crucé de brazos y bajé el rostro esperando su reacción.

Volteó encogiéndose de hombros y los ojos aguados, se paró al lado de mí y suspiró.

—¿De verdad no hay otra opción? —su voz se quebró.

Negué con la cabeza, ojalá hubiese otra, no iba a poder soportarla lloriqueando en la calle frente a una víctima. Será lo peor de enseñarle.

Comencé a caminar hacia la puerta, más le valía que aprendiera hoy por ella misma antes de tener que hacer esto otro día. Pero Amu no se movió. Volteé y estaba más cerca de la puerta, pero ella apretó los puños y corrió hacia mí, saltó y me calló encima, haciéndonos caer.

—Arg, te gusta el piso ¿cierto? —Me senté y ella quedó entre mis piernas, arrodillada. Temblaba mientras lloraba, subió sus brazos y con sus manos se aferró a mi camiseta, luego hundió la cabeza en mi pecho, y yo, la verdad no tenía la más mínima idea de lo que tendría que hacer.

—¡Yo no quiero ser esto, Ikuto! —Soltó mi camisa y pasó los brazos por mi espalda hasta apretarme fuertemente— Por favor —siguió lloriqueando— ¡Por favor, vuélveme a la normalidad! ¡Yo no quiero esto! ¡No quiero tener que compartir esencias contigo! —me apretó más fuerte y aferró las manos a mí camiseta otra vez en su abrazo de desesperación— ¡No quiero asesinar a nadie! no quiero tener que morderte otra vez, ¡no es nada agradable convertirme en algo tan horrible! Así que por favor... ¡haré lo que sea! ¡Iré hasta el fin del mundo con tal de encontrar una manera de volver a la normalidad! De tener mis ojos otra vez, de... de ser yo. Aunque no pueda volver a mi mundo... —mi camiseta se empezó a mojar de las lágrimas de la niña llorona.

—Tú misma lo leíste... —Amu se tensó— Una vez hecho, no se revierte.

Hundió su cabeza y me apretó con todas sus fuerzas, haciendo que la tela y mi cuerpo sofocaran sus gritos agudos. Por alguna extraña razón, sentí ganas de cruzar mis brazos en su espalda. Y así lo hice. ¿Por qué?

—Si... si yo estoy triste... —Respondió a mi abrazo involuntario— mi corazón también... y si el mío lo está... entonces el tuyo...

Maldecí para mis adentros.

—El mío también —Entrecerré los ojos molesto y confundido— ¿y sabes qué? esto apesta.

—Eso te pasa por hacer lo que hiciste, baka —Amu seguía con su cabeza escondida, sorbiendo por la nariz— tú no tienes sentimientos.

—Es cierto... —me sentí orgulloso de que lo reconociera— pero por culpa de esta cosa que late... ahora sí ¬¬.

—Y te lo vas a aguantar.

—No lo tendría que aguantar tanto si fueras tan exagerada.

—¡Exagerada! —Me imitó— ¡Me alejaron de mi mundo, me raptaron, me maltrataron y me hicieron mitad demonio! ¡Y ahora quieres que asesine! ¡Exagerada, dices!

—Exagerada —repetí para molestarla.

—¡ARG! —Se separó de mí bruscamente pero la volví a atraer, esto se hacía divertido...

Amu refunfuñó y se dejó resbalar, peor no cayo al suelo porque aún me abrazaba y yo a ella por ser un idiota que debió haberla dejado caer, sentí pena por ella, pero eso es algo que no le podía demostrar, era cierto, le había hecho todo eso, ¡pero era culpa de ella por no saber defenderse de un demonio de los sueños que la envió aquí!

—Debiste correr —le susurré debido a la cercanía.

—¿De qué?

—De esa cosa marrón gigante y sucia que te envió aquí —Ella subió la cabeza en mi dirección e intentó arrodillarse otra vez.

—¿De qué hablas?

—Está entre tus recuerdos... tú ibas silbando... luego te dio sueño, el demonio convocó un hechizo y te envió aquí.

Se tensó y me soltó para abrazarse a ella misma, totalmente confundida.

—Yo... no recuerdo eso.

—Ah, pues yo si, y en vez de correr, te quedaste justo encima del portal negro que abrió.

—Esto... ¿es enserio? —Me miró traumatizada. Yo asentí, palideció y subió su mirada, perdida y sombría.

—Así que eso pasó... —Tenía sus ojos ausentes hacia el techo.

—Quítate de encima ¬¬

—No lo haré... ¬¬ eres esponjoso.

Levanté una ceja y la empujé lejos de mi.

—¿Esponjoso? —levanté una ceja— estás loca.

—Baka... Pero... gracias.

—¿Por qué? —pregunté curiosamente.

—Ya se como llegué aquí... y eso resuelve una de mis dudas mas grandes ¬3¬ —Disimuló muy mal su agradecimiento.

—Claro...

—Y yo... lo haré —me miró decidida— ¿Está bien?... yo... no quiero volver a morderte, y si tengo que hacer lo que dices que debo... entonces, está bien —pareció decepcionada de ella misma, por el hecho de que ya no podía hacer nada para evitarlo. No era ella o yo, si ambos no hacíamos algo, íbamos a caer igual.

—Debe haber alguna manera de separar las esencias humanas de las demoníacas. —Me quedé pensativo.

—Si la hay... entonces ya la encontraremos —se secó las lágrimas— aunque me tarde toda la eternidad.

—¿Eso significa que te pondrás esa ropa interior Victoria Secret y serás mi stripper en cas…-

Me lanzó el televisor encima y me golpeé contra la pared.

—¿Qué dijiste? —Gritó muy enojada. Amu desprendió fuego de sus ojos y preparó sus puños— Vas a morir... ¡Gato pervertido! —sus mejillas mostraban un color rosado muy… lindo.

¿Qué mierda estás pensando, Ikuto? ¡Deja eso!

Sonreí.

—Entonces... ¡es una pelea! Estamos a la par, mitad demonio contra la otra mitad —un aire de competitividad surgió entre los dos.

—¡Que empiece la pelea! —gritó con una energía poco habitual en ella, y se lanzó contra mí.

Era una pena que ella no supiera luchar... aun así, lo intentaba.

Mi sonrisa se amplió y me lancé encima de ella también para darle la pelea que tanto buscaba, y sin darme cuenta, ambos reíamos.

Y mi corazón latía velozmente.