27

Ikuto saltó sobre mí y me golpeé contra el suelo.

—Entonces Amu... que empiece la pelea —su voz sonó más seductora de lo normal, sentí como abejas dentro de mí, y mis mejillas ardían. Me alzó como si fuera una pluma y me lanzó contra la pared. Resbalé hasta caer sentada en el suelo, pero me levanté sin sentir mucho dolor, me tensé y corrí hacia él, pero era extraño, porque estaba sonriendo.

—¡Tu! ¡Desgraciado odioso! —le clavé un puñetazo en la cara, que pareció no afectarle. Me tomó del brazo y me volvió a lanzar contra la pared.

—Tu... insistes demasiado en vencer a alguien que ha peleado toda su vida.

—¡Eso no significa que yo no pueda vencerte! —Me levanté otra vez y caminé cautelosamente hasta él. Podía sentir la competitividad entre nosotros, como rayos saliendo de nuestros ojos.

Él me miró autoritariamente y me detuve por un momento, luego aproveché su estado de calma para empujarlo muy fuerte, se golpeó contra la ventana debido al impulso, haciendo que el vidrio se quebrara. Gruñó y levantó la mirada muy enojado, se abalanzó hacia mí, me sostuvo por los hombros y me empujó hacia abajo, pero no lo logró porque yo también tomé los de él en un intento de separar sus brazos de mí.

Entre los empujones terminamos cayéndonos al suelo. Él me sostuvo del pelo para limitar mi movimiento. Lo pateé y él soltó un gemino de dolor, luego me arrastré por el suelo lejos de él y me paré en posición de pelea, como los videojuegos.

—Ikuto uno, Amu uno —Susurró, se sobó el brazo y se intentó levantar.

—¡No! ¡Ikuto uno... AMU DOS! —Salté muy alto sin llegar al techo, y de bajada le clavé una patada en la cabeza que lo hizo caer al suelo otra vez. Pero se volvió a levantar como un zombie que salía de su tumba.

Nos miramos por unos segundos de manera competitiva. En eso una llama azul lo rodeó y retrocedí un poco.

—Es la hora del demonio... —Una media sonrisa se dibujó en su rostro, colocó la frente en alto y me señaló con el dedo— ¡Acabaré contigo ahora mismo!

Le devolví la mirada retadora.

—¡Inténtalo! —¡Qué acabo de decir! ¡Yo no puedo luchar contra llamas que te calcinan! Rayos, esto se me va de las manos.

Abrí la puerta del departamento y corrí por el pasillo, volteé cuando aumentaba la velocidad y vi salir las llamas azules por la puerta, seguido de un grito de guerra de parte de Ikuto.

—¡Voy por ti! —me estremecí y aumenté la velocidad.

Crucé y bajé por las escaleras a toda velocidad, cada vez que cruzaba Ikuto volvía a lanzar llamas azules hacia mí, por suerte las podía esquivar porque era más rápida. Pero en eso Ikuto saltó y se colocó dos escalones delante de mí, instintivamente retrocedí un escalón, apreté los puños y me tensé.

Genial Amu, ahora si que metiste la pata.

Las llamas hacían que me diera mucho frío, mi respiración agitada dejaba ver mi aliento helado cuando exhalaba, e Ikuto subía escalones hacia mí, mientras yo seguía retrocediendo.

—Oh... —Choqué contra la pared del pasillo de las escaleras e Ikuto apoyó su mano en la pared, obstruyéndome el paso hacia la escalera que tenía al costado para que no pudiera escapar, dejándome justo en la esquina, sin tener a donde ir.

¿Qué hago ahora? Me va a calcinar con esas llamas azules, pero son frías. ¡Pero de seguro lo hará!

—Niña mala —susurró con picardía, ardí de la furia y le grité.

—¡Silencio! —Apreté fuertemente los ojos y sentí que hubo más luz a mi alrededor, al abrir los ojos Ikuto se había alejado y yo me había prendido en fuego— ¡AAH! ¡Me quemo, que hiciste idiota!

Él sonrió.

—Cada vez te asemejas más a un demonio.

Lo miré confundida y a la vez, una preocupación me invadió el cuerpo.

—¡Qué es esto! —el fuego que me había rodeado era totalmente rojo, pero no me quemaba, pero el hecho de verlo ahí me hacía pensar que si. Subí la mirada apresuradamente hacia Ikuto.

—Tu llama demoníaca —sonrió burlonamente, satisfecho— a diferencia de mí, tu llama es de fuego y la mía de hielo.

. . .

—¡Quee! —grité atemorizada. Mi llama se avivó y la pared y la escalera se prendieron con ellas.

—¡Contrólate Amu! —estiró el brazo hasta tomarme del mío, y me envolvió en ellos. Sus llamas apagaron las mías debido a la cercanía y mezcla de éstas— No quemes el edificio.

Miré asombrada como sus llamas heladas borraban el rastro de las mías.

Llama demoníaca...

Me tomé la cabeza y cerré los ojos. Estaba asustada. ¿Eso significaba que yo era... un demonio completo?

Ikuto se arrodilló, ambos rodeados de las escasas llamas que me quedaban y las de él totalmente vivas, me levantó el rostro con el dedo y el suyo quedo a pocos centímetros del mío.

—Me alegra que progreses con esto de ser un demonio. Es una lástima que seamos mitad demonio, porque si no, este lugar ya hubiera estallado o se hubiese congelado cuando dejamos salir las llamas.

Supongo que seguimos siendo mitad demonio, eso era un alivio inmenso para mí, pero mi rostro estaba ardiendo por tenerlo tan cerca.

Miré sus ojos bicolores y entrecerré los míos, luego los apreté con fuerza y alejé a Ikuto de mí. Él colocó su mano encima de mí y todas sus llamas desaparecieron. En eso recordé que estábamos en el descanso de la escalera y apoyándome en la pared lo pateé con todas mis fuerzas.

—¡Maldición..!

Ikuto rodó por las escaleras y se golpeó contra la pared de abajo. Yo bajé corriendo y apoyé mi pie en su cabeza, como lo hubiese hecho un conquistador en la roca de un nuevo continente después de plantar su bandera. Triunfante.

—Te gané.

—Aún no —me agarró el tobillo y me jaló la pierna, haciéndome caer, por suerte, encima de él. Me senté rápidamente antes de que pudiese levantarme y le golpeé un coquito (lepe, zape, como le digan en su país) en la cabeza.

—Dañaste mi momento de gloria —comenté con un puchero. Adopté un estilo oriental para sentarme y crucé los brazos.

—No lo merecías —Se levantó y me ofreció la mano para levantarme, aflojé la postura y lo miré con duda.

—No, me vas a dejar caer.

—Que necia ¬¬ —se agachó y me alzó, me colocó sobre su hombro como llevando un saco de patatas y empecé a golpearle la espalda y a patalear para que me soltara. Pero solo suspiró.

—Antes de que hagas otra idiotez, vamos a que comas algo.

Dejé de patalear y golpearlo para soltar un grito ahogado. Cazar... asesinar a alguien... comer carne de... humano. La idea me aterrorizó y volví a patalear y a golpear para evitarlo a toda costa.

—¡No quiero! ¡Bájame! —no entendía como decía esto luego de haber aceptado estando arriba.

—Es esto o el infierno ¬¬ —me regañó. Apreté los ojos y me aferré fuertemente a la camisa de la espalda de Ikuto (porque el la alzó de modo que el torso y la cabeza de amu quedaron colgando en la espalda de Ikuto). Al abrirlos un poco, todo estaba mojado, me había llenado de lágrimas de resignación, y algunas empezaron a caer al suelo.

Resistencia. Tenía que resistir. Solo de ésta manera íbamos a sobrevivir. Pero de no ser porque lo que venía después de ésta vida era mucho peor que lo que tenía que hacer, ya la hubiera acabado.

Entre mis lloriqueos Ikuto me colocó en el suelo frente a él, estábamos en el parque frente al edificio. Hacía mucho frío. Pero me sentía inundada de la calidez de las llamas de hacía rato.

Ikuto me pasó sus brazos alrededor de mí, hundiéndonos en un abrazo muy extraño.

—¿Qué intentas? —pregunté entrecortadamente.

—Tu madre... hacía esto, ¿no? y tu te tranquilizabas —abrí los ojos como platos. Él sabía eso ahora, él sabía todo sobre mí— entonces, quizá si yo lo hago... te podrás tranquilizar y podremos ir a cazar humanos sin problemas.

—Haces que suene muy fácil —Entrecerré los ojos.

—Si no te enseño a cazar, me vas a molestar todo el santo día y te vas a morir de hambre —rompió el abrazo y me miró con decisión mientras me sostenía por los hombros.

—No hay otra opción —Me repetí— Ya no... —cerré los ojos, y el aroma de Ikuto me inundó, era delicioso, varonil, sexy.

Ikuto asintió con la cabeza y yo agité la mía para alejar esos pensamientos.

—Pero evitaré a toda costa convertirme en un demonio completo —lo empujé levemente, dirigiéndole una mirada decidida— yo no quiero ser como tú —Mi mirada cambió de preocupación a odio.

—Cuando pruebes carne humana, no pensarás lo mismo.

—No puedes cambiar mi forma de pensar.

—Yo no, tu nuevo sentido común, si.

Mi corazón latió muy fuerte, y los otros latidos también.

—No te preocupes, esta vez los asesinaré yo. Y tu solo comerás —Volteó con la mirada ausente, como si no fuera la gran cosa.

Junté mis manos en mi pecho y miré el suelo lleno de hojas secas, consternada.

—No tengo todo el día Amu —empezó a caminar y yo me quedé paralizada por unos minutos.

Lo que va a pasar ahora no me va a gustar.

Pero tengo hambre...

"La sangre no va a nutrirte como lo hará la carne humana", le escuchaba decir, pero cuando recién nos conocíamos había dicho que la sangre era casi tan nutritiva como la carne. Casi, ¿por qué no me dejaba conformarme con eso?

A quién... ¿a quién tengo que destruirle la vida para lograr esa meta tan estúpida? A qué madre o padre terminaré devorando. Pero era cierto, una vez empezaba, aunque solo lo haya hecho con sangre, no quería detenerte hasta terminar.

Empecé a caminar a paso lento, pero no perdía el camino porque Ikuto seguía en mi vista. En eso se detuvo y observé que había tropezado con una chica, era alta, rubia y estaba excesivamente maquillada, su ropa era demasiado sexy para tratarse de una adolescente normal.

—Bingo —Susurró Ikuto.

-¡Qué guapo eres! ¡Sal conmigo!

Sentí una piedra de diez toneladas caerme encima, valla que era lanzada... ¿quién querría salir con una persona tan desagradable como Ikuto? Bueno, con su físico entendía por qué todas lo adoraban a primera vista como un dios griego.

—Claro, ¿mi hermanita puede acompañarnos? —Igual de lanzado, cae muy rápido.

—No creo que le gusten los momentos censurados que quiero tener contigo —La chica se cruzo de brazos.

—Nyan... gatita traviesa —Le rodeó los hombros con un brazo, le besó la cabeza y mientras ella irradiaba miles de corazones y se derretía, Ikuto me miró con seriedad.

"¿Ella...?" Expresó mi mirada. Ikuto asintió, tragué saliva y el empezó a caminar con ella, mantuve la distancia para que no se diera cuenta que los seguí después de que me dejaron atrás en su acaramelada caminata, el sol se empezaba a ocultar y una tenue obscuridad cubrió el desolado camino.

—Hermosa, ¿te gustaría ir a un lugar más obscuro para... hacer travesuras?

Mil espadas me atravesaron, quería gritar con todas mis fuerzas ¡gato pervertido! ¡Desgraciado! ¡Asqueroso!, me sorprendí cuando la imbécil asintió con brillo en los ojos. Que bitch.

—¡Entonces vamos! ^^

—Que ojos tan extraños tienes, ¡pero me gustan! ¿Son lentes de contacto? ¡Ámbar y zafiro! nunca vi algo así —Empezó a parlotear.

Grr...—mordí la manga de mi camisa y me enfurecí.

Ikuto y la otra pervertida se apoyaron en la pared de la profundidad de un callejón y ella se quitó el top, dejando ver todo el relieve que yo no tenía. Ikuto la miró con picardía y yo me tapé los ojos totalmente roja. Vergüenza ajena y el detestar que Ikuto estuviera teniendo un espectáculo stripper que alimentaría su ego pervertido.

Entre la obscuridad se oyeron gritos desgarradores, luego se silenciaron y pensé. ¿Qué hizo? Me asomé otra vez al callejón pero todo había obscurecido más, por lo que me armé de valor y caminé, hasta quedar a obscuras, buscando el final de esa calle.

Me detuve en seco cuando pisé algo mojado. Me quedé parada un momento totalmente sorprendida, tragué saliva y esperé a que mis ojos se acostumbraran a la obscuridad y visualizaran el líquido espeso que empezó a llenar mi sandalia.

Bajé la mirada y solté un grito ahogado. Sangre, sangre fresca y escarlata. Volví a mirar hacia adelante intentando apartar esa imagen de mi vista y me encontré a Ikuto con la cabeza de la chica en una mano y el resto de su cuerpo tirado cerca, y la sangre del cuerpo se había esparcido rápidamente hasta donde estaba yo. La imagen de Ikuto era monumental, parecía un cuadro, que yo llamaría "El demonio que devora cabezas" sus ojos de repente, brillaron de color rojo.

Mis ojos se abrieron como platos, me tapé los ojos y grité como nunca en mi vida, jamás vi algo tan sanguinario como eso. De repente una mano llena de sangre cubrió mi boca, el aroma del líquido rojizo me hizo querer lamerla, pero corté los deseos apretando los ojos y apretando los labios.

—Si gritas, van a venir personas y nos van a encontrar In Fraganti asesinando a una chica. ¿No quieres eso verdad?

Mis ojos se inundaron de lágrimas, corrieron rápidamente mojando la mano de Ikuto, la retiró en cuanto sintió las lágrimas. Cerré los ojos con dolor, apreté la mandíbula y rompí en un llanto silencioso que solo Ikuto podía escuchar. En eso caí arrodillada al piso en mitad de llanto.

Está muerta... está muerta... él la asesinó, lo hizo...

Ikuto se cruzó de brazos y me intentó levantar por la cintura, como una bebé, pero le aparté la mano y observé que cuando apoyé la mía en el suelo se había llenado de sangre también.

Él se apartó de mi vista y volvió con el cuerpo sin top y lo lanzó frente a mí, esparciendo sangre por las paredes.

—Sabe mejor cuando acaba de morir, no lo desperdicies ¬¬ —aparté la vista del cuerpo y me tapé la cara con las manos, aunque se hubieran llenado de sangre— ¡No seas tonta!

—¡No puedo, Ikuto! ¡No puedo ver un cuerpo decapitado! ¡No podría morderla nunca! —me estremecí mientras respiraba agitadamente.

—¡Eso ya no es ella, es solo un cuerpo. Y su cabeza es mía. Te dejo lo más grande porque desde ayer, conozco tu apetito.

Dentro de mí había un impulso que quería lanzarse encima del cuerpo semi desnudo y arrancarle los pedazos de manera demasiado sádica, intentaba apartar esas imágenes de mi mente, pero volvían a aparecer cada vez más.

—No puedo... es horrible —Seguía llorando, todo lo que decía lo hacía entrecortadamente, ahogada.

Ikuto suspiró y se arrodilló a mi lado, vi como arrancaba un brazo como si se tratase de un muslo de pollo frito y me lo ofreció, tomándolo por la mano.

Volteé totalmente asqueada y tapándome la boca con ambas manos, pero él me empujó hasta quedar recostada en el suelo, se colocó encima de mí con el brazo de la chica, le arrancó la piel y lo puso justo frente mi boca, haciendo que toda la sangre se regara de a poco en mi rostro. Yo mantenía los ojos fuertemente apretados, no podía verlo, simplemente ¡no podía y ya! era algo demasiado cruel.

—Amu, no niegues la naturaleza que tienes ahora.

—La voy a negar.

—Di "ah…"

—¡No puedo!

—¡Tengo que repetirte que nos vamos a pudrir en el infierno si no haces esto!

Di un respiro largo, no abrí los ojos, pero poco a poco abrí mi boca y dije 'ah...' a mala gana, y temblando, tenía la vista borrosa, por las lágrimas, pero yo la prefería así, prefería no ver nada. No quiera ver a Ikuto cubierto de sangre, con sus ojos rojos brillando ante impulsos malvados, ni un brazo sin piel.

Una gota de sangre me calló en la boca y abrí los ojos totalmente extasiada.

—Ah... ¡mio! —Le arranqué el brazo de las manos, Ikuto sonrió, se paró y se salió del callejón, dándome toda la privacidad para devorar lo que quisiera sin la vergüenza de que él me observara. En ese momento, no era yo, mi cerebro se había desconectado y todo lo que podía hacer era observar las cosas horribles que hacía con el brazo y el resto del cuerpo de manera involuntaria.

No soy un... animal... yo no soy un... demonio —repetía en mi mente, intentando nublarme la vista para no observarlo. Pero...

Subí el rostro y miré el obscuro cielo, mis ojos lloraban pero mi boca sonreía.

—Sabe... tan bien —admití con la voz quebradiza y adolorida, sintiéndome culpable… tan culpable.


Quiero recalcar que en unas partes Amu obviamente siente el corazón acelerado y está tan concentrada en las cosas que tiene alrededor (claro, si nos fijamos las TREMENDAS cosas que le pasan D: ) que olvida sentir el de Ikuto (que se acelera por razones que todas sabemos ewe)