28

Amu se quedó dormida en el callejón después de haber dejado medio cuerpo con los huesos de la chica al descubierto, sin duda eso parecía obra de un demonio sanguinario. Como siempre, yo tenía la razón, ella comería un humano de una manera u otra. Y me alegraba que ese día hubiese llegado.

Me apresuré a limpiar todo y deshacerme del cuerpo desmembrado. Luego alcé a Amu y corrí a una velocidad que nos haría prácticamente invisibles a los ojos del resto de los humanos que estaban en la calle fuera del obscuro callejón.

Me sorprendí que al alzar a Amu, aunque su rostro estaba totalmente lleno de sangre, de sus ojos bajan delicadas lágrimas, dejando un rastro libre de color escarlata.

Supongo que no lo disfrutó —Pensé. Si a ella no le había gustado hacer lo que había hecho, me iba a ser imposible obligarla a hacerlo otra vez.

Su problema, a mi me encanta hacerlo.

Corrí y me detuve en la puerta del departamento, había quedado abierta, la cerré con Amu en brazos y caminé por el amueblado departamento hasta la habitación.

Deposité a Amu en el suelo y cambié la ropa de cama a una nueva que ella había dejado en el armario. Tendí el edredón nuevo también, totalmente suave y blando. Se notaba que Amu lo había comprado.

En el baño, mojé una toalla y empecé a limpiarle el rostro y las lágrimas que aún estaban frescas. A momentos me provocaba morderla de manera descontrolada, pero sabía que se iba a despertar, y con la poca habilidad que ganó al ser mitad demonio, me daría una patada aérea al igual que lo había hecho unas horas atrás.

Con cuidado limpié cada rastro de sangre que tenía en rostro nada más. Por alguna razón, si intentaba limpiarle los brazos, las piernas o cambiarle la ropa, mi corazón empezaba a latir de manera extraña y me tenía que apartar para quitarme la sensación del nudo en la garganta y las abejas que invadían mi estómago. Abejas muy, muy enojadas.

Recuerda, Ikuto, estás cuidándola porque si le pasa algo, tú te vas a la porra en el infierno.

Tragué saliva, pero la deposité en la cama cuando la sangre de su cuerpo se había secado para no ensuciar las sábanas en las que yo también dormía.

Me bañé para deshacerme de las evidencias también. El agua fría que tanto me gustaba, me coloqué un jean y una camisa negra que me quedaba grande. Salí a la sala, recogí el televisor que Amu me había lanzado y lo coloqué en la mesa donde estaba al principio, lo encendí —sorprendido de que aún funcionara y no tuviese rasguños— y vagué mientras esperaba a que la enana despertara, se bañara y así poder dormir.

Miré el reloj, 6:30pm, había oscurecido temprano hoy... eso significaba que debíamos estar cerca del invierno.


Hacía frío, yo llevaba ropa abrigada y caminaba en la nieve. Una nieve tan blanca y pura, como mi inocencia, que se había perdido cuando unos dientes afilados atravesaron mi piel por primera vez.

Espera Dijo la voz de una persona que me seguía.

Me detuve y no volteé, yo iba con una expresión fría y unos ojos tristes inundados de lágrimas.

Amu... no vayas sola.

Ikuto, aléjate de mí, ya no quiero volver a verte las lágrimas vencieron a mis ojos y empezaron a recorrer mis mejillas coloreadas con un tenue carmín, con la manga del largo abrigo que llevaba, me las sequé.

Lamento haberlo hecho.

Yo no entendía la situación, era como si yo actuara de forma automática, como si me observara a mi misma desde cerca.

No se revierte ¿recuerdas?

Ikuto se colocó detrás de mí, tomó mis manos, que colgaban débilmente a mis costados, las apretó con fuerza y me susurró al oído.

Deja de intentar suicidarte.

Volteé, soltando sus manos y en eso, colocó la suya en mi mejilla, me acercó a él y acercó nuestros rostros, y cuando estaban a tan escasos centímetros, tuve la sensación de los dos corazones dentro de mí, latiendo de manera desenfrenada, aparté el rostro y lo empujé.

Ya no voy a retroceder.

\

Abrí los ojos de golpe, todo me daba vueltas, pronto reconocí que estaba en la habitación, olía a ropa de cama nueva, y me sentía pegajosa, fuera de la habitación, se oía el eco del televisor, pero lo ignoré y fui al baño, totalmente decepcionada de mi misma.

Estúpido sentido común con un toque de esencia Ikuto. Estúpida yo por haberme comido a... alguien. Me sentía tan impotente, y aún me dolían las manos por haber golpeado tan duro el suelo cuando me desahogaba después de haber dicho que sabía bien.

¡Como pude hacerlo! ¡Jamás me voy a perdonar por eso! ¡Me convierto en aquello que tanto odio!

Corrí al baño en mi desesperación, mi rostro estaba mal limpiado, Ikuto.

Llevaba falda, así que mis piernas estaban cubiertas de sangre desde que me arrodillé encima de toda aquella en el callejón y... hacía eso. Mis brazos, mi ropa, todo estaba manchado de un rojo escarlata desagradable.

Me arranqué la ropa en un ataque de furia y decepción, abrí la ducha y puse el agua muy caliente, tal y como me gustaba, el suelo estaba mojado, ya alguien se había bañado aquí... por suerte le puse llave a la puerta. Dejé que el agua me recorriera por completo, mi cabello rosa, manchado, mis piernas, mis brazos, era una sensación relajante de la que no quería salir, excepto por el hecho de que el agua caliente se terminaba rápido ¬¬

Restregué el champú con lentitud, tenía un olor a chocolate, a pasteles... a pastelería...

Kuukai.

Batí la cabeza. Ya no podía pensar en esas personas, ¡no podía! se había acabado, yo no las podía volver a ver.

Su cara de inocencia, tan divertida, pero es... un exorcista, me eliminará en cuanto me vea, ¡no puedo considerarlo mi amigo!, Golpeé la pared mientras apretaba el otro puño.

Salí de la ducha, me enrollé una toalla y salí del baño, me coloqué la pijama, todo con rapidez, con rabia. Salí al pequeño balcón y me senté en una esquina, abracé mis piernas y maldije todo lo que pude.

Todo lo que tengo es... a Ikuto.

¡Y por alguna razón no lo podía culpar! Si lo pensaba bien, solo hacía lo que debía hacer... ambos éramos mitad demonio, evitaba que termináramos en el infierno, y se esforzaba por que no me muriera de hambre.

Eso era realmente diferente a lo que conocí, a esa persona que entraba a diario en la obscura habitación y me torturaba con una mirada, ese era el Ikuto que recordaba, ¿por qué ahora era tan diferente?

Desde que... tiene corazón.

Era igual de odioso, asesinaba despiadadamente, salvo el primer día que me dijo que me había... asesinado y por alguna razón el corazón que no tenía latía y lo hacía sentir mal cuando iba a hacerlo.

¬¬ estoy confundida.

Me levanté e intenté recobrar la compostura, ¡me sentía más fuerte! ahora que lo pensaba. Veía todo más claro, sentía todo más cálido, como la llama... la llama roja y la azul

Salí del cuarto golpeando la puerta como si de un atentado se tratase, y encontré a Ikuto tumbado en el sofá viento televisión.

—Se nota que no querías muebles ¬¬

—Solo aprovecho la situación —Respondió sin sorprenderle que ya hubiera despertado.

Me le acerqué y me senté en el suelo junto al sillón, para ver la televisión y olvidarme de lo que había hecho.

—Lo lamento —Dijo desinteresadamente— pero era necesario.

Cerré los ojos para aclarar mi mente. Recordé el sueño.

-Yo... tu… Crees que... ¿crees que intento suicidarme? —Me tensé, no sabía como iba a reaccionar.

Se sentó, ofreciéndome un espacio en el sofá, me senté, muy, muuy apartada de él. El asintió.

—Sé que no es tu naturaleza, pero con tus idioteces... eres una mente suicida ¬¬

—Ja... ¬¬ gracias. Debe ser que de venir de un mundo de inocencia, me acostumbre a desmembrar a alguien de la nada, claro, claro...

—Lo hiciste bien —Colocó su mano en mi cabeza, yo entrecerré los ojos y sentí las mejillas tibias— Pero sé que no te gustó, debí decírtelo antes, no te das cuenta de lo que haces, tu cuerpo come y si quieres, participas, si no, solo ves como tus impulsos de comer te ganan.

—No es el mejor momento para decírmelo... —Bajé la cabeza algo sombría.

—Bien, enana rosada, espero que hayas aprendido, porque será la última vez que asesine a alguien por ti ¬¬.

Me preocupé, si me fue difícil comer a alguien, iba a ser peor con respecto a asesinarles...

Suspiré.

—Puedo estar dos días... quizá tres... sin humanos —Reclamé mi autocontrol.

—¿Y mientras que comerás? Créeme que no vas a aguantar un solo día sin comer.

Aparté la mirada y dije como si se tratara de algo normal.

—Yo... te haré lo mismo que me hiciste —Él se carcajeó al oírme— ahora prefiero eso que humanos.

—¿Bocadillos mutuos? no es la mejor idea que hayas tenido, te muerdo a ti si me da la gana, pero no te pases, sigues siendo mi mascota, y solo te deje morderme una vez porque... —Se quedó pensativo un rato y no terminó de decir lo que quería.

—¿Por qué?

—Supongo que pensaba que si ibas a comer por primera vez como mitad demonio, no lo tuvieras tan difícil como hacer lo de hoy ¬3¬

—La verdad... es más fácil beber sangre.

Ikuto levantó una copa imaginaria.

—Los vampiros tienen buen régimen alimenticio —Proclamó, yo levanté otra copa imaginaria y asentí, al estilo del meme True Story.

Vaya que los vampiros tienen el método fácil.

Sentí unas ganas extrañas, pero Ikuto quitó su mano de mi cabeza y se levantó del sofá, caminó hacia la habitación pero lo detuve al agarrarlo por la camisa, aún sentada en el sofá.

El volteó algo sorprendido.

—¿Qué? —Levantó una ceja. Yo estaba cabizbaja, y no lo miré a los ojos. Pero sentía que mis mejillas iban a explotar.

—Si yo no quiero volver a hacer lo de hoy en un tiempo... al menos ¿puedo estar llena para soportarlo? —Reuní valor y subí el rostro para ver su expresión. Estaba sereno.

Claro, si yo no quería volver a vivir la desagradable experiencia muchas veces, podría... beber sangre, al menos hasta que realmente necesitara carne. ¿No?

—¿Qué estás diciendo? ¬¬

Sentí que una roca me caía encima y me aplastaba.

—¡No me hagas decirlo, Ikuto! Es estúpido.

—Si es estúpido entonces me voy —Volvió a caminar pero yo no había soltado su camisa. Él volteó y yo intenté imitar ojos de cachorro.

—O-onegai Ó_Ó —Qué asco de cara puse, me quería morir.

—e.e aceptaré si prometes no volver a poner esa cara tan asquerosa.

Además de la roca, ¡me atraviesan espadas! —me imaginé cayendo a un abismo.

—Cla-claro —aparté la mirada sonrojada— no tienes que decir que soy mala en caras adorables.

Ikuto se sentó extrañado en el sofá, a mi lado, para que lo mordiera, apartó su mirada a la ventana para no verme mientras lo hacía, yo me arrodillé le tomé el rostro algo nerviosa para apartarlo, dejando su cuello a la vista.

No estaba en mis planes pedirle que me dejara morderlo. Ni loca, ni muerta pensaba hacer eso, pero por alguna razón, sentía la necesidad de hacerlo.

Cuando mis manos tocaron sus mejillas, directamente me miró, me sobresalté y me alejé un poco.

—¡N-no me mires! ¡Baka! —Ikuto sonrió y levantó una ceja, parecía que le encantaba molestarme.

—¿Por qué no?

—Esto... ¡me da... vergüenza! es raro que me observes haciendo algo tan extraño como... morder. Aunque no debe ser extraño para ti —empecé a parlotear por estar tan nerviosa, Ikuto hizo un gesto para que me callara, y sin soltar su rostro bajé el mío. Genial, yo estaba haciendo de algo tan simple, toda una escenita incómoda.

—Hagamos algo mejor —dijo saboreándose los labios, yo me temí lo peor y recordé otra parte específica del sueño, lo solté y me tapé los ojos.

—¡No no espera, no es eso lo que...

—Vamos a mordernos los dos.

—¿Qu-qu-qu-que? —levanté una ceja. Le golpeé la cabeza y calló tendido en el sofá con cara de 'w'— ¡No haría eso! ¡Suena horrible!

—Tienes que admitirlo, si estás distraída mordiéndome, no te darás cuenta de que yo te muerdo ^^ así los dos salimos ganando.

—No veo que gane nada. Solo sería más incómodo —Él se volvió a sentar y me miró divertido.

—¡Estas roja! —Carcajeó.

—¡C-claro! ¡Si dices ideas tan tontas! ¡Me sonrojo de la vergüenza... ajena!

—Si, claro —enarcó una ceja con su sonrisa burlona.

—N-no ¡no te hagas ideas equivocadas!

—Entonces ¡hagámoslo! —Me arrepiento de haberle pedido que me dejara morderlo... Colocó mi cabeza en su cuello, dejando la de él también a escasos centímetros del mío. Entrecerré los ojos y sentí las mejillas tibias otra vez debido a la cercanía, le empujé el pecho con mis manos para apartarlo pero el no cedió.

—I-ikuto, mejor no hagamos nada y ya, olvida lo que dije y…

—¡Ya me diste la idea! —me interrumpió— No voy a desperdiciar una oportunidad para morderte así.

—¡Yo no te di esa idea! ¡Solo quería morderte! —Me sentí rara al decir eso último— Para... llenarme y no comer humanos en un tiempo.

Ikuto se acomodó y pasó sus piernas estiradas por mis costados, como yo era tan pequeña no ocupaba mucho espacio en este sofá, quedando arrodillada entre sus piernas.

Apoyé la barbilla en su hombro, sin saber qué hacer, pero en esa posición sentí muchas abejas dentro de mí, y también un incendio en mi rostro.

—Vamos Amu, no te darás cuenta siquiera —Apoyó su barbilla en mi hombro también, imitándome a propósito.

La verdad me valía madre como tuviese que morderlo, sentía un vacío y una debilidad por dentro que me hacían querer beber algo rápidamente, pero siempre nos tocaban las peores posiciones, voluntaria o involuntariamente.

—E-está bien —sentí abejas volando en mi estómago cuando me abrazó suavemente, pero yo no lo abracé porque mi mente estaba en blanco, y la verdad, me sentía cómoda de esa manera.

—¡Bien, entonces empecemos! —Dijo con emoción. Quitó su barbilla de mi hombro y me soltó, desabotonó un par de botones de la camisa, me aparté y lo golpeé.

—¡MALDITA SEA! ¡QUÉ HACES, PERVERTIDO!

—Aparto la camisa para que no se ensucie ._.

—¡Cuando te ha importado si se ensucia o no! —le pregunté enrojecida. Ahora si, me había puesto roja de la vergüenza— ¡Déjame ir! —Yo seguía arrodillada en frente de él y cruzó sus piernas dejándome atrapada ahí.

De repente él se desabotonó un par de botones también y se empezó a bajar la camisa, yo grité y me tapé los ojos, temblando.

Él tomó mis manos y las apartó, observé que solo se había bajado el hombro de la camisa a un lado para dejar toda esa área donde sabía que quería morderlo al descubierto. Luego lo señaló con un dedo.

—Así no se ensucia la camisa, eso quería hacer contigo —Cambió la expresión a una muy pícara— Pervertida, Amu, ¿qué pensabas que haría?

Me sonrojé bestialmente y sentí que toda la cara me ardía, ¡me había vuelto una mente sucia!

—¿Yo? ¡Es que siempre haces porquerías! ¡Imaginé que harías lo mismo! —Me excusé desesperadamente mientras me tapaba la cara para que no me viera, debido a la extrema cercanía que teníamos.

—Te dije que nos morderíamos, y mil veces te he repetido que no te haré nada ¬¬ o ¿es que acaso si quieres que haga algo? —Se me acercó y lo abofeteé, se sobó y dijo como si nada— entiendo, no quieres eso ._.

Otra vez el vacío dentro de mí me hacía querer morderlo. Y sin poder evitarlo, seguía exactamente las órdenes que el instinto demonio de Ikuto que yo tenía me ordenaba.

—¡S-si vamos a hacer esto, que sea rápido entonces!

—Entonces déjame apartarte la camisa, un poco. Por si no te diste cuenta, no compraste lavadora, y a menos de que quieras lavar todo esto a mano, porque yo no lo pienso hacer, déjame mantener la ropa limpia de sangre. En una lavandería sería sospechoso llevarla u.u

Tragué saliva.

—E-está bien ¬_¬

Colocó la mano en mi hombro y la bajó por mi brazo, llevándose la tela de la camisa con ella. Me molesté porque se veía un borde de mi brasier, pero él no lo estaba mirando e imaginé que no lo había notado, por suerte.

Pasó sus brazos por debajo de los míos y los cruzó.

—No tienes por qué hacer eso —Le dije indignada.

—Es más cómodo para morderte.

Yo bajé la mirada, pero se le veía el pecho bien formado e intenté mirarle nada más el cuello.

Si él puede estar cómodo, ¿por qué yo no?

Pasé mis brazos también por debajo de los suyos y los entrelacé en su espalda.


(Veamos la imagen de lejos *como soy una pervertida interrumpo el mejor momento con esto muajaja* cada uno tiene una parte de su camisa abajo, Ikuto rodea a Amu con sus piernas... están abrazados *trollface* y con los rostros muy cerca, si yo entrara a ese departamento, daría por seguro que harán "travesuras" xddd okya, demasiada perversión, eso no va a pasar e.e)


—Entonces... —Me puse nerviosa y me acerqué a su cuello.

—Cuando quieras, lo haré después de ti.

Tragué saliva, asentí, sin mirarle en ningún momento los ojos. Estar tan cerca hacía alborotar a las abejas que sentía en el estómago.

Me acerqué lentamente a su cuello debido a la incomodidad, y lo mordí de lo más nerviosa, cuándo Ikuto sintió que lo había mordido, clavo sus dientes filosos en mi cuello, por el dolor, lo mordí más fuerte. Y él se quejó sin dejar de morderme.

Él tenía razón, mientras probaba su sangre, estaba tan concentrada y distraída con otras sensaciones que no me daba mucha cuenta de lo que él hacía.

Me abrazó muy fuerte, y sin querer dejar de morderlo lo empujé para avisarle que me apretaba mucho, en eso, su espalda que aguantaba todo mi peso se echó hacia atrás y terminamos...


(*mente pervertida de la autora* recostados en el sofá... OJOJOJOOOOOO *sangrar por la nariz y caer al suelo*)


Yo tenía las piernas juntas porque estaba arrodillada antes, y a ninguno de los dos nos importo que yo terminara encima de él, más bien, así era más cómodo. Acomodé las piernas para no estar incómoda e Ikuto estiró las de él, dejando de rodearme. Finalmente, recordé lo que me dijo la última vez.

"Te muerdo por un minuto y tu me muerdes por seis"

¿Cuánto había pasado? treinta... segundos ¿no?

Ambos estuvimos ocupados y cuándo calculé un minuto inconscientemente el me soltó y yo, sin dejar de tomar en cuenta aquel comentario, lo solté también.

Dejé de abrazarlo y coloqué mis manos en sus costados para levantarme, porque ya no era nada cómodo estar recostada sobre él. Sin darme cuenta, al levantarme le miré a los ojos. Pero no eran zafiro y ámbar.

—Tienes los ojos rojos —Nos dijimos al unísono y jadeando, cosa que me pareció raro.

Amu, no jadees, sé que no habías respirado mientras hacías eso, pero no jadees, ¡Se ve raro!

Me sobresalté e Ikuto también, y en su acto reflejo se sentó, pero yo estaba encima de él y terminé cayéndome del sofá.

—¡ARG! —me senté en el suelo y me sobé la cabeza. Lo miré para volver a ver ese rojo brillante en sus ojos, pero volvieron a ser ámbar y zafiro.

—Tus ojos ya no son... —Me los señaló con el dedo.

—Los tuyos tampoco —respondí.

—¿Qué habrá pasado? —Apoyé la cabeza en la orilla del sofá sin dejar de estar sentada en el suelo mientras él preguntaba.

—No lo sé —Entrecerré los ojos de manera sospechosa.

—Amu —Lo miré sin querer— Eres una sádica —sonrió seductoramente, a lo que me sentí estremecer.

Puse una cara de infinito desprecio. (buscar en google esa cara y se reirán mucho)

—¿Cómo se sintió? —preguntó levantando ambas cejas con una sonrisa curiosa.

Me sonrojé y pregunté sin querer:

—¿Qué cosa? —Él me volvió a ver con su picardía seductora al oír mi pregunta.

—Habernos mordido —otra vez su voz seductora ¡ALGUIEN LE PUDE PONER CINTA EN LA BOCA! ¡NO LO DEJEN HABLAR MÁS!

—No lo sé, no me di cuenta de nada —respondí rápidamente.

—¡Te lo dije!

—¡Pero ha sido incómodo y vergonzoso! ¡No lo volveré a hacer!

—Qué lástima, me sentía mejor cuando no llorabas como una bebé y me abrazabas como a un peluche —Levantó una ceja.

Tiene razón... así es menos doloroso... pero se ve más como...

RAYA

(*mente pervertida de la autora* apasionado *¬* ¡apasionado! ¿verdad? ¡venga! ¿a que si? *baba*)

RAYAA

—¿No que no te diste cuenta de nada?

Golpe bajo.

—P-pues no mientras te mordía... ¡pero no fue agradable haber terminado encima de ti!

—Estabas inspirada —Sus ojos brillaron y soltó una risa que ocultó enseguida— No se tú, a mi me pareció agradable, y no sentí mucho tus mordidas de bebé.

—Mordidas de bebé ¬¬... No quiero discutir eso.

Ikuto se estiró y se levantó, como si nada hubiese pasado.

—Iré a lavarme.

Sin darme cuenta, nuestras camisas estaban igual de destapadas y por suerte, la sangre no tocó la tela. Y mi camisa no se me había caído ni nada. Suspiré, con un pervertido no me podía arriesgar a que me pasara algo así... de vergonzoso.

/

Ikuto se lavó y luego yo también.

No se como haré para dormir esta noche después de eso. Malinterpretaré esas mordidas por culpa de la mente que Ikuto contaminó con sus perversiones.

Ambos estábamos en la cama, por suerte, dándonos la espalda. Apreté los ojos y me sentía molesta, demasiado molesta. Lancé la cobija que nos arropaba a ambos y grité.

—¡Hace calor! ¬3¬

Ikuto se molestó, la recogió y nos volvió a arropar.

—¿Estás loca? ¡Hace frío! estamos casi en invierno.

Sin darme cuenta, la llama roja apareció alrededor de mí, sin quemar nada.

Ikuto reaccionó a mis llamas y aparecieron las suyas, azules y brillantes.

—¡Hace calor! —Mis llamas se avivaron, creando más calor en la habitación.

—¡F-frío! —Las mías se opacaron cuando sus llamas dejaron el cuarto helado, menos a mí.

—¡No puedo dormir así! —Hundí la cabeza en la almohada, no sabía si las llamas rojas seguían ahí o no.

—¡Cómo puedes tener calor!

—Me gusta el calor ¿algún problema?, y como me gusta lo percibo mucho, ¡pero ahora me está molestando!

Mi cabeza seguía hundida en la almohada, el me levantó hasta dejarme sentada como él, acercó su rostro al mío y yo ardí como una estufa.

—¿Q-qué? —Desvié la mirada a un lado, él tenía la expresión seria, pero volteó mi cara y mordió mi oreja.

—'w'

—¡KYAA! ¡SUELTAME PERVERTIDO! ¡BAKA! —grité sonrojada mientras pataleaba.


Les gusto este capi? comenten en todos los que quieran! xd

en lo personal, envidio a Amu en este capi x3

No olviden buscar el meme "infinito desprecio" en google!