Disclaimer: La que escribe esto es una humilde fickera que se está recuperando de una gripe
Gracias por sus reviews a Misila, samj,
Rose Weasley
- Tú, Scorpius Malfoy, no tienes idea de lo qué es un automóvil.
Scorpius frunció el ceño.
- Sí, que sé. Los he visto en fotografías.
- En fotografías - repitió Rose. - No es lo mismo que verlos en tamaño real.
- ¿Y eso qué? Ni que fuera tan importante.
Rose alzó una ceja.
- ¿No es importante?
- Es decir, los muggles asombran. Pueden hacer muchas cosas sin necesidad de magia, sin embargo…
- Sin embargo no te interesan.
- Me interesan. Claro que me interesan. Cogí Estudios Muggles, ¿no?
Rose lo miró de reojo.
- Cogiste Estudios Muggles porque querías molestar a tu abuelo. Damaris me lo dijo.
- Bueno, de todas formas. Sí me interesan las cosas muggles. Son… interesantes.
Rose rió.
- Eres incorregible.
Scorpius se permitió una sonrisa.
- ¿Por qué es tan importante un automóvil?
- Bueno, aún no he conocido al primer hombre que no le guste estar al frente del volante. No sé por qué. Tal vez experimentan un gran poder, sienten que el mundo está en sus manos… Yo que sé… Aún no he conocido al primero, si los hay, si hay hombres que no se fascinan por un coche, yo no los conozco.
Parecía pensativa. A Scorpius le dio curiosidad por saber qué era un automóvil.
- ¿Y dónde está uno de estos famosos artefactos?
- ¿Quieres ver uno real?
- Quiero ver un coche en tamaño real.
- Um…
Rose sacó un pitillo.
- ¿Tus padres saben que fumas?
- No. No saben muchas cosas de mí.
Se alejó de él. Scorpius la siguió. Se quedaron al borde de la azotea del edificio en el que estaban. Desde allí parecían dominar todo Hogsmeade.
- ¿Por qué fumas?
- Porque puedo.
Se giró a mirarla. Tenía el cabello rojo ondeando al viento, los ojos azules brillantes, y las pecas iluminadas por la luz de la luna. Dejó la mirada vagar por la azotea. Se encontraban solos.
- Hace rato que nos dejaron.
- ¿Quiénes?
- Albus y Damaris.
- Um.
- Relájate, mi primo no le hará daño.
- Ajá… ¿Por qué nos dejaron?
- Ni idea.
- Rose…
- Creí escuchar que querían ver qué pasaba. Un experimento, tal vez. O tal vez piensen que nos convertiremos en pareja.
- O tal vez quieren que nos matemos.
Rose frunció el ceño.
- No nos vamos a matar.
- Si tú lo dices…
Rose exhaló el humo.
- ¿Acaso quieres matarme, Scorpius? - susurró.
- No.
- Yo tampoco.
- Antes sí.
- ¡Tenía once años! - protestó. - Mi padre me dijo que no me acercara a ti, yo había crecido escuchando feas historias sobre los Malfoy, y había escuchado por boca de mi madre que los rumores apuntaban que eras tan inteligente como yo. ¿No esperabas que fuéramos amigos al inicio, cierto?
- No, tal vez no - cedió Scorpius - Yo también escuché sobre ti.
- Me imagino.
- No, no te imaginas. Mis padres me criaron sin prejuicios. Me decían esto no nos gusta pero si a ti te gusta, lo aceptaremos. Me dijeron sigue tu propio camino, tus propias creencias, y no cometas los mismos errores que nosotros.
- Vaya.
- ¿No te imaginabas eso, verdad?
- No, por supuesto que no. Imaginé que te habían criado como un príncipe, como un niño mimado, como alguien que se sentía superior a todos simplemente porque podía.
- Y te encontraste con algo diferente.
- Sí, no eres como te imaginaba. - Rose rió - Sinceramente no te imaginaba de ninguna forma.
- Yo tampoco. Asumía que eras una Weasley y que serías iguales a ellos, pero ni siquiera sabía qué rayos era una Weasley.
Rieron de nuevo. Y luego quedaron en un cómodo silencio.
- ¿Quieres? - susurró Rose ofreciéndole un pitillo.
- No, gracias.
- No fumas, bien. ¿Bebes, al menos?
Scorpius miró a todos lados, cerciorándose que seguían solos. Sacó una botella de cerveza de mantequilla. Rose sonrió. La descorchó y tomó un trago.
- ¿Sabes? Realmente fumo por mis padres.
- Pero ellos no saben que fumas.
- No. Es una especie de rebeldía. De pensar: fumo y mis padres no lo saben. No soy tan niña buena como ellos creen.
- ¿Te preocupa ser una niña buena?
- Ya lo sé. Eso es tan inmaduro.
- Yo no he dicho…
- No importa. Sé que es inmaduro e infantil. Es sólo que… Mis padres nunca hicieron algo malo. Sí, se metieron en líos, en muchos líos, pero lo que buscaban era salvar el mundo. Son héroes. Y yo… yo como hija de ellos… No lo sé pero parece que todos quisieran que sea igual a ellos, que sea igual a mi madre. Amo a mi madre, de verdad que no hago. Pero… a veces sólo quisiera decir: No soy igual a ti, madre. No puedo serlo. No soy tan perfecta como tú, no soy tan inteligente como tú, rayos, no soy tan genial como tú.
Rose se quedó en silencio. Scorpius sospechó que hace mucho que quería decir eso. Rose encendió otro pitillo. Scorpius dio cuenta de un gran trago de su cerveza.
- No tienes que ser igual que tu madre, Rose. Sólo tienes que… ¿15 años? ¿Cuántos tienes tu madre? No puedes adelantar el tiempo a esa edad, ¿sabes? - Rose rió - A lo que me refiero es que nadie te exige que seas Hermione Weasley. Y si hay alguien que te lo exija… bueno mándalo con el Calamar Gigante. Tú eres tú. Eres Rose Weasley, y nadie puede cambiar eso.
- Rosebaud Anne Weasley, ese es mi nombre.
- Rayos. ¿Qué clase de padres le ponen Rosebaud a su hija?
- No sé. ¿Qué clase de padres le ponen Scorpius a su hijo?
- Touché. Mi nombre completo es Scorpius Hyperion Malfoy.
- Gárgolas galopantes. Pobrecito.
- Algún día me lo cambio, ya verás. Me llamaré Sebastiani Alberti Malfúa.
Ambos lanzaron una carcajada.
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- ¿Qué hacías con Scorpius Malfoy?
- Sólo hablábamos.
- Hablaban. ¿Hablaban solamente?
- Sí…
- Claro, hablar…
Rose frunció el ceño. No entendía nada. Intentó abrazar a Lorcan, pero este se alejó.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué me preguntas eso? Lorcan…
- Déjame, anda, déjame. Vete con Scorpius.
- ¿Pero qué…?
- Qué te vayas.
- ¿Qué demonios te pasa? ¿Te has vuelto loco? ¿Se te juntaron los cables?
- Oh, yo estoy muy cuerdo.
- Pero entonces…
- Entonces tú te vas y a mí me dejes en paz. Vete. Vete con Scorpius.
- ¿Acaso estás celoso, Lorcan?
- ¿Qué? No, por supuesto que no.
Rose sonrió.
- Sí, estás celoso. Oh, Lorcan.
- ¡No estoy celoso!
- Sí, lo estás. Eres muy lindo cuando estás celoso.
- ¿Qué?
- Eres lindo. Me gustas.
Lorcan parpadeó tres veces antes de creer en lo que sus oídos habían escuchado.
- Tú también me gustas - susurró.
Rose sonrió. Se levantó en punta de pies (Lorcan era más alto que ella, y eso que Rose era una de las chicas más altas) y lo besó.
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- ¿Fumas? ¿Tú Rose Weasley fumas?
- James…
- ¿Desde cuándo mi prima favorita fuma?
- ¿Desde cuándo soy tu prima favorita?
- Desde ahora. No sabía que fumabas.
- Bueno, tal vez hay muchas cosas de mí que no sabes.
- Los tíos lo saben.
- No, y por tu bien, espero que sigan sin saberlo.
- ¿Qué me darás a cambio de que guarde tu secreto?
- ¿Qué necesitas?
- Un beso.
- ¿Un beso?
- Sí.
Rose se acercó. James cerró los ojos. Esperando, aguardando, anhelando… Sintió algo que erizaba al tacto. Algo que él estaba seguro (aunque nunca los había sentido) que no eran los labios de su prima. Abrió los ojos. Rose reía. Tenía una flor entre sus dedos. James frunció el ceño.
- No voy a besarte, James.
- Ya me di cuenta - masculló.
- ¿Qué otra cosa necesitas?
- Nada. Adiós.
- James.
- ¿Qué?
- Somos primos.
- Lo sé…
- Bien.
James se fue. Rose encendió otro cigarrillo mientras miraba hacia la luna.
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- ¿Por qué? - preguntó Albus.
- Porque lo necesito. Necesito su seguridad, necesito que me descoloque los sentidos, necesito no ser la Dominante.
- Claro. ¿Y qué más?
- Lo amo. Amo a Lorcan Scamander.
- Roseabud Anne Scamander, no suena mal, futura señora Scamander.
- Yo también te quiero, Al.
Albus la abrazó y ella le correspondió.
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