29
Una semana... dos semanas...
Tres semanas desde que llegué al mundo de los humanos, conté con los dedos.
La primera semana, fue un horror, en el patético intento para que Ikuto me integrara a la sociedad como una monja callada. Y claro, la única semana en la que nos dirigimos la palabra mutuamente como personas normales... o casi, no, ni siquiera normales.
Todo había sido igual y había decidido mantener silencio, hasta esperar una solución que sabía que no estaba en mis manos. Ikuto me había ayudado en una cosa cuando dijo que no asesinaría a nadie más por mi causa, así que con su violín, me había controlado todo este tiempo para que me alimentara de humanos sin que yo me diera cuenta siquiera. Y claro, no nos volvimos a morder.
¿Por qué?... es algo que yo también me pregunto. Ya de por sí mi vida en este mundo era muy solitaria, y no me sentía para nada capaz de irme de aquí y sobrevivir allá afuera a los exorcistas y al hambre.
Aquella noche, desde que me volvió a morder la oreja y lo golpeé, no me había vuelto a hablar tan profundamente como antes, pero claro, después de dos semanas de monotonía y silencio, por alguna razón, no dejamos de dormir juntos, supongo que porque ninguno se quería rendir sobre lo de conservar la cama para uno solo, pero... hoy, ¡justo hoy! decidí hablar para aclarar qué ocurre.
Pero por supuesto, el "patrón" aún no llegaba de la escuela ¬¬ así que disfrutaba de la compañía de mi leal compañera, una buena persona en el mundo humano. La... televisión.
En estos días, es lo único que había compartido con él, además del violín, era esta televisión. Así... llegaba... no saludaba, se sentaba, me miraba "¬¬" y luego volteaba y veía TV hasta que yo la apagaba y leía un libro, usaba la laptop o cualquier otra cosa para no sentir su aura de enojo.
Oí el sonido de la puerta cuando se abrió y me estremecí.
Claro, ahí iba otra vez.
Ikuto empezó a caminar y ¡ah! qué sorpresa, se sentó en el sofá, muy alejado de mí, lanzó su mochila a una esquina y se colocó en posición oriental. Veía la TV y hoy, por muy extraño que fuera, no me miraba. Era una buena oportunidad para hablar.
Respiré hondo y le dirigí la mirada discretamente, él pareció no notarlo y abrí mi boca, intentando formular palabra.
—Ik... —Me desinflé y esperé a que volteara ante mi fallido intento— Ik.. Ikut-
—El calor se comporta como la electricidad, en los intercambios de calor entre cuerpos en contacto, el calor pasa de un cuerpo a otro hasta que ambos tienen la misma temperatura.
Quedé boquiabierta y confundida, de alguna forma había algo en ese concepto que me incomodaba.
—¿Qué rayos dices?
Autora: Yo creo que uds si entendieron bien ese concepto, ¿no? ewe
—Lo que vi hoy en física, equilibrio térmico —Parpadeé muchas veces, pero él no me miró ni una sola vez, ¿por qué tenía la necesidad de cortar el silencio? supuse que me sentía muy incómoda con eso de vivir con alguien que me ignoraba monumentalmente.
—¿Y por qué me lo dices?
—Porque me recuerda a cuando dormimos —Dijo inexpresivo con la vista fija en el programa violento de televisión que por alguna razón había puesto.
Dudé un poco, solté un "ahh" de entendimiento y lo miré curiosa.
Es cierto... cuando peleamos por la noche sobre que hacía calor o frío, nuestras llamas aparecieron por el enojo, y llegan a un punto en que ninguna apaga a la otra, hasta que todo queda fresco, ni frío ni caliente.
—Ahora que me diriges la palabra... —cambié de tema— ¿por qué no me has hablado en dos semanas? quiero decir... algo así. No las peleas sobre la temperatura en la noche o sobre que toques el violín para hacerme comer ¬3¬
—No lo sé.
—¡No lo sabes! —grité indignada—, me miras feo a diario y los fines de semana sales por ahí y desapareces hasta el domingo en la noche. Me dejas sola y no intentas nada... ¿qué rayos te pasa? ¡Si me tienes aquí encerrada, por lo menos no me abandones como cachorrito que no quieres!, no me dejas morir de hambre, pero tampoco me tratas —Hablar de eso con él era algo extraño. Pero me había cansado de estar tanto tiempo en las sombras y que me trataran como basura.
—Te alimento ¿qué más quieres?
—¡Salir! Y que cuando ponga un pie fuera de ésta puerta no me sostengas y me empujes hacia atrás otra vez.
Ikuto levantó una ceja y miró molesto hacia un lado.
—Ya te lo he dicho, con tu apetito, nunca podrás estar afuera sin masacrar a alguien.
—¡Me puedo controlar! Lo sé, tenemos vecinos a metros de distancia sobre la cabeza, solo unos pocos. ¡Y nunca he querido hacerles nada! oigo sus corazones, y para nada siento ganas de herirlos o... comérmelos —Tragué saliva y aparté la vista para evitar su mirada amenazante.
Él se movió bruscamente y me atrapó del brazo.
—Escúchame —me murmuró al oído con su cálido aliento, que me hizo estremecer—, cuando era niño pensaba lo mismo, pero todo cambia cuando ves a las personas, pensando así llegué a asesinar a medio pueblo hace mucho tiempo, así que, no digas que sabes controlarte, yo mismo he visto que no lo haces.
Apreté la mandíbula y lo empujé con un pie hasta que volvió a su lugar en el sofá.
—¡Entonces hagamos algo!
—¿Como qué?
—Al menos, háblame, para no sentirme... sola —No es que hablar con él fuese algo tan bueno— Eres la única persona que conozco... casi. Y aun así no contestas mi pregunta.
—¿Cual es?
—¿Por qué me dejaste de hablar? ¡Por qué me has mirado feo todos estos días! ¡Qué hice!
—No es algo que vallas a entender —Volteó la cabeza levemente totalmente desinteresado.
—¡Si puedo!
—No insistas Amu ¬¬
—¡Tsk! ¡esta vida es miserable! —Empecé a gritar y a patear todo en la sala. Ikuto siguió viendo la televisión y luego me coloqué en frente para bloquearle la vista con los puños apretados. Subió la vista para verme a mí enojada, lo golpeé en la cabeza y se volteó en sillón con Ikuto ahí— ¡Baka!
Él se asomó desde el sillón volteado, muy enojado.
—¡Está bien! ¿Quieres saberlo? entonces te lo diré... ¡por qué crees que eras tan mala creando sueños! ¡Por que crees que solo podías lograrlo con ayuda de una Mint vieja y experimentada!
Me tensé.
—¿A qué quieres llegar con esto?
—Amu, eres estúpida. ¡Tú no naciste para vivir en el mundo de los sueños!
—¡Claro que sí! ¡Todo iba bien hasta que llegué aquí!
Él se levantó se dirigió hacia mí.
—¡Eres lenta! ¿Sabías? —Me tomó de los hombros y me apoyó contra la pared con su mirada enojada.
—¡No se lo que dices! ¿Qué me quieres decir con todo esto?
—Tú solo eres la mezcla errada entre un humano torpe, una Piffle y ahora, de la mitad de mi parte demoníaca.
—¿Y qué tiene que ver eso con que no me hables? ¿No querías que fuera un demonio? ¡No haces nada para lograrlo!
—No te hablo porque vivir contigo es imposible, me quito un peso de encima con tan solo no tener que soportar cada queja sobre lo que hago, ¿pero sabes qué? ¡Soy un demonio! y aunque me haya reducido a la mitad de lo que soy, no significa que deje de querer desearles mal a todos. Y tú, no eres buena para nada, miedosa, llorona, ¡no entiendo como su mundo puede ser tan inocente! aunque tengan demonios que los amenazan también, por lo que sé, tu mente solo está llena de tonterías rosadas y mágicas. No de la realidad.
—Esa... esta no era mi realidad. ¡Así que no me culpes por no saber vivir en aquello en lo que nunca estuve!
—¡Ahora lo estás! ¡Y si no te haces fuerte ahora, nunca lo vas a hacer! Adáptate, ¡es todo!
—¡No me puedo adaptar en un mundo al que no salgo!
—No pretenderás que sea tu maestro para enseñarte a vivir —se echó hacia atrás levantando una ceja, preocupado.
—¡Pues deberías! ¿No? ¬¬...
—¬¬ ¿quieres salir? ¿Eso es todo?
Asentí, enojada.
—¡Quiero ver a las personas! ¡Odio estar aquí encerrada!
—¡Bien! Si eso hace que cierres la boca, saldremos.
—¡Yo no mencioné plural!
—Yo no mencioné que dejaría que revelaras nuestra ubicación masacrando a media ciudad.
—Tsk... Salir... contigo —Puse cara de asco.
—Es mejor que salir sola.
Rodé los ojos y los mantuve ausentes.
—Está... —tragué saliva— está bien... salgamos.
Él sonrió maliciosamente y yo levanté una ceja.
Me coloqué unos jeans, una camisa de cuadros naranjas y unas botas. Ikuto, poco original, se puso una camiseta de rayas azules, una chaqueta gris y unos jeans desgastados. Salimos del departamento sin saber qué hacer y decidimos caminar.
Íbamos en la calle lo más separados el uno del otro, mirando en distintas direcciones.
—¿Se supone que me estoy divirtiendo? —Refunfuñé cruzando los brazos.
—Querías salir, salimos, querías ver gente, vemos gente.
—No me refería a eso.
—Y qué se supone que quieres, ¿cazar? —Le dirigí una mirada cortante.
—¡Claro que no!
—¿Entonces?
—Hagamos algo divertido ¬3¬ baka.
—Uhmmm ¿armario? —Me volví piedra.
—¡Claro que no! ¡Pervertido! —Me enrojecí y volví a refunfuñar.
—¿Eso? —Volteé curiosa y seguí la dirección de su brazo extendido cuando se detuvo.
Un parque de diversiones, mis ojos brillaron.
—¡Si, si!
—¬¬ que ridiculez.
—¡Claro que no! es más divertido que verte haciendo tareas en casa.
Ikuto gruñó, pero fuimos al parque, donde se mantuvo inexpresivo, yo me enojé, pero no me quitaría la diversión por ese dolor de cabeza. Me monté en la montaña rusa, en las sillas voladoras y en la rueda de la fortuna.
—Solo queda un billete de juego —Le reclamé a Ikuto.
—Compré solo cuatro, no compraré más.
—¬3¬ claro...
Caminamos un rato y encontré una atracción a la que nunca había subido.
—¿Tazas giratorias? ¡Suena lindo! —Corrí cerca y ofrecí el billete al vendedor, pero me negó la entrada y me dijo que era un juego para más de una persona. Miré a Ikuto que de una vez negó con la cabeza.
—¡Por favor! —hice un puchero algo mal actuado.
—Solo si me das algo a cambio ¬¬ no me expondré a esa ridiculez gratis —Claro, sus condiciones irracionales.
—¿Qué quieres? —Pregunté temblorosa.
—Odias cazar, y que yo te haga cazar inconscientemente, ¿cierto? —Yo asentí— Entonces... reconsideraré la opción de... mordernos.
Exploté en humo y le dirigí una mirada de reprobación. Poder morderlo y evitar hacer cosas horribles de las que por suerte no había sido consciente últimamente, era una idea muy considerable, pero volver a vivir lo de ese día... no era algo que yo quisiera.
—Supongo que no subiré a la atracción —Dije, decepcionada.
—Yo te di una opción —Me miró divertido, maldije en silencio, realmente quería subir a ese juego.
—¿Solo... una vez? —El negó— ¿y entonces qué? —Me rodeó con los brazos desde atrás y dijo:
—Las veces que yo quiera.
—¡Ah! ¡Eso no! —Me sonrojé, ¡eso no sonaba nada bien!
—Es una lástima, esas tazas de café gigantes se veían divertidas —Sacó la lengua y me soltó.
De verdad me quiero montar a esas tazas... pero el precio es muy alto... ¡pero quiero montarme en las tazas! ¡No dejare que Ikuto dañe mi diversión!
—¡Está bien! —Le grité, él volteó complacido y le entregó el billete al vendedor, nos dejó pasar sin problemas.
—Elijan cualquiera —Nos recomendó. Yo corrí a un color azul con dibujos de póker "picas", pero yo les decía "arbolitos que parecen espadas", y me senté ahí. Observé la cosa redonda y plateada con duda y le pregunté a Ikuto qué era.
—¿Eres idiota? ¿Te montaste aquí y no sabes jugarlo? ¬¬ —Negué inocentemente. Él suspiro, estresado— Te enseño solo porque aceptaste el trato —El trato...cierto, pensé tragando saliva pesadamente.
El colocó sus manos en la cosa redonda y se impulsó, la taza comenzó a girar y yo quedé sorprendida.
—¡Kawaii! —Coloqué mis manos también y empezamos a girarla, pero accidentalmente en una de esas, tocamos nuestras manos y sentí una chispa que causaba que las abejas dentro de mí se alborotaran. Hacía mucho que no sentía eso... Ikuto alejó sus manos y me dejó girando sola.
—Ya casi termina el juego ¬¬
Lo miré con duda, pero seguí girando hasta marearme, y el juego se detuvo.
—Es una lástima que dure tan poco —Recordé el trato y de repente lo volteé a ver temblorosa y con el aura negra encima, él sonreía divertido.
—Qué bueno que no te lo mencioné, si no, no habrías aceptado.
—¡AH! ¡No es justo, tramposo, me engañaste!
—Aceptaste bajo tus propios riesgos.
—¡Tsk! ¡el trato queda anulado! —El negó con la cabeza y me sacó del juego.
—No se anula, es como convertirse en demonio —Me arrastró por el brazo, y yo bajé la cabeza, caí vilmente en una trampa pervertida, ¡caí! ¿cómo pude caer tan tontamente?
Subí la vista intentando volver al parque, en eso leí la enorme pancarta que estaba sobre él, se leía "Quinto festival de Jóvenes en Japón", me había enterado que eso existía. Había mucha gente joven alrededor y llegaban con todos sus amigos, en eso, unos cabellos se me hicieron familiares.
—¡Los guardianes! —Grité asombrada— ¡Son ellos!
Kuukai, Tadase y Rima voltearon al oír mis incesantes gritos, pero Ikuto volteó enojado y me jaló del brazo otra vez.
—¡Idiota! ¡No hagas eso! —Pero en eso todos ellos se dieron cuenta de que éramos nosotros y se dijeron algo que no pude escuchar, asintieron y corrieron hacia nuestra posición. Ikuto me alzó violentamente y empezó a correr, yo le golpeaba la espalda para que me bajara pero el subía la velocidad hasta que desaparecimos entre la multitud.
—¡Baka, bájame! ¡Quiero ir con ellos!
—¡Nos van a exterminar, señorita inteligente!
En eso caí en cuenta que había hecho algo muy imprudente, ambos éramos mitad demonio y seguramente ellos lo notarían al ver nuestros ojos.
Dejé de patalear y me sentí muy mal, ¡quería verlos! pero ellos no iban a querer volver a verme después de saber en lo que me había convertido.
Pero de repente, una cabellera rubia apareció al lado de nosotros, corriendo a la mista velocidad, ¡Era Rima!
—¡Suelta a Amu! —Saltó encima de nosotros y yo salí volando mientras ella sostenía a Ikuto. Apreté fuertemente los ojos y me sobé el golpe contra el suelo. La voz de Kuukai se sintió detrás de mí.
—¡Amu! ¿Estás bien?
Ese "estás bien", tan cálido y tan lleno de una sensación que no había podido presenciar desde hacía más de dos semanas. Una sensación que me decía que alguien se preocupaba por mí.
Negué con la cabeza y me tapé la cara con los puños, ¡no podía ver mis ojos!
—¡Yo...!
—¡Amu déjame verte! Necesito ver si estás herida —Yo batí rotundamente mi cabeza. ¡No podía dejarle verlos!
Unas manos suaves apartaron de golpe los puños que cubrían mi cara y mis ojos se abrieron por accidente. Tadase retrocedió y me vio con asombro.
—¡NO! ¡LOS VISTE! —Me volví a cubrir el rostro. ¡Esto no podía estar pasando!
—Amu... tú eres... —Pronunció Tadase con dificultad.
Volví a negar rotundamente. Los brazos de Kuukai me rodearon y sus manos apartaron los puños que cubrían otra vez mi rostro.
—Mírame —Me pidió.
—¡No lo voy a hacer!
—Por favor —Esa voz suplicante era imposible de negar, los entre abrí y el abrió los suyos como platos.
—¿Cómo...?
—¡Ella había muerto! —Gritó Rima, terminé de abrir los ojos y vi que ella sostenía a Ikuto, que gruñía mientras ella se sentaba encima de él para atarlo, le vio el rostro y cambió la cara, luego vio mis ojos y soltó un grito de horror, levantándose— ¡Sus ojos...!
—Son iguales —Respondió Kuukai con preocupación.
—¿Eso significa que... ellos dos? ¿Cómo? ¡Amu estaba muerta! ¡Qué le hiciste rata asquerosa! —Tadase se dirigió a Ikuto con una furia que nunca le había visto.
—Lo mismo me pregunto —Refunfuñó Ikuto, que parecía no caer en cuenta en el peligro que habíamos caído.
Kuukai tenía sus manos enrolladas en mi pecho, por lo que quizá con sus manos notó mi palpitar extraño.
—Amu... —Me miró, yo cerré los ojos— ¿Que ocurrió?
Observé a Ikuto, atrapado.
—¡Lo voy a eliminar ahora mismo! —Habíamos llegado a una calle vacía cuando Rima nos había derribado, por lo que sacó una cuchilla gigante empapada de algo que me hacía estremecer, un agua que me daba la sensación de querer correr.
Me zafé de los brazos de Kuukai y corrí hacia ella.
—¡No! ¡No lo hagas! —Abrí los brazos cuando me coloqué frente a Ikuto tumbado en el suelo, Rima había ya levantado su cuchilla gigante (la hoz) y estaba a punto de atravesarlo, pero se detuvo cuando yo aparecí tan rápido.
Todos me miraron asombrados, ahora yo les había mostrado que era muy rápida. Entrecerré los ojos y Rima dijo totalmente aterrada.
—Tú.. Amu... ¿eres...?
Asentí temblorosa, con ojos suplicantes.
—Soy mitad demonio —Subí la mirada hacia ella y la miré fijamente. Ella bajó el arma muy desconcertada. Kuukai y Tadase soltaron unas palabras algo inadecuadas.
—¿Por qué eres mitad demonio! —Preguntaron a gritos los tres al unísono.
—Porque... no se, desperté siéndolo, y ahora supongo que Ikuto no mentía cuando me dijo que me había asesinado —Bajé la cabeza— Pero no le hagan daño.
—¡QUÉ! —Gritó Rima totalmente enojada, me tomó de los hombros y me batió— ¡Ésa maldita alimaña te hizo esto! ¡Hay que destruirlo! ¡Debí haberlo hecho cuando pude!
Negué con la cabeza, angustiada.
—Rima... no entiendes, si ustedes lo matan yo... también moriré.
Se sobresaltaron.
—¿Por qué? ¡No entiendo nada! —Kuukai gritó muy confundido.
—Accidentalmente nuestras esencias se mezclaron, y quedamos mitad demonio, si algo le pasa a uno, al otro también le va a suceder —Ikuto hablaba seriamente desde el suelo, atado.
—¡Por qué huyeron! —Reclamó Tadase.
—Si otros demonios nos encuentran y ven éste error, estamos muertos, y lo que nos espera es peor de lo que nos sucede ahora.
Rima apretó la mandíbula y Kuukai corrió a abrazarme.
—¡No debimos dejar que esto pasara!
Le devolví el abrazo a Kuukai y luego lo solté fríamente, me agaché junto a Ikuto y lo desaté. Él se levantó de golpe y me rodeó con un brazo, yo miré a los otros tres de manera triste, pero no podía arriesgarme de que lo lastimaran y que yo corriera con la misma suerte. Todos se sobresaltaron y tomaron posición de batalla.
-—hora la guerra es contra los dos —Susurró Ikuto hacia los otros tres.
Yo me sobresalté y negué rotundamente con la cabeza.
—¡Esto no puede ser una guerra!
Tadase volteó hacia un lado, triste.
—Como exorcistas... no tenemos otra opción —Me desmoroné internamente.
—¡Pero no podemos luchar contra Amu! —Gritó Kuukai muy angustiado.
—Kuukai —Rima lo miró con preocupación— Es cierto, no tenemos otra opción.
Ikuto me apretó fuerte y me alzó de repente, corrió de una manera rápida y nos hizo desaparecer de repente.
—Amu... ahora sí que estamos en problemas, esperemos que a esta velocidad no puedan seguirnos.
—¿Por qué tienen que hacerlo? —Pregunté tapándome la cara con las manos, respirando agitadamente.
—Porque si no lo hacen... ellos van a sufrir lo mismo que nosotros si otro demonio o mi padre nos encuentra —Abrí los ojos con asombro y mi cabello me golpeó fuertemente, el viento era helado e íbamos a mucha velocidad.
—¿Es por eso que casi nadie es exorcista...? —Pregunté mientras el dio un salto de un edificio a otro.
—Supongo —Me agarró con las fuerza y desaparecimos entre un humo negro.
