Disclaimer: Harry Potter no me pretenece, es propiedad de la magna y reverendísima Jokata.

¡Estoy de vacaciones! Estoy muy feliz por ello. Tengo muchos trabajos que hacer, pero actualizaré como siempre, cuando la inspiración me llegue.

Gracias por sus reviews a samfj, a Annie Thompson, a Karii Honey y a Lui Nott. Gracias por su apoyo chicas. Feliz fin de semana!


Scorpius Malfoy

Narcisa Malfoy adoraba a su familia. Nunca se arrepintió de casarse con Lucius Malfoy, a pesar de lo que muchos pensaran, porque este le había traído la mayor felicidad de su vida: su hijo, Draco Malfoy.

Luego Draco se casó con Astoria Greengrass. Narcisa al principio estaba recelosa: apenas conocía a la chica, los pocos comentarios que había recibido de ella - habitualmente de Daphne Greengrass, la hermana de Astoria - no eran muy favorables que digamos. Luego se demostró que sus dudas estaban infundadas y Narcisa admitió su error. Nunca admitía que se equivocaba, pero aquella vez tuvo que hacerlo, y darle la razón a su hijo: Astoria en verdad era especial. Draco había hecho la mejor elección de su vida al casarse con ella.

Tiempo después Draco y Astoria tuvieron un hijo, Scorpius, que hizo la delicia de ambos abuelos. Narcisa no había visto nunca a Lucius tan feliz, tan espontáneo, tan impulsivo. Lucius era un abuelo alcahueta, que satisfacía todos los caprichos de su nieto, y le cubría los accidentes que a veces causaba. Narcisa era un poco más comedida pero igualmente mimaba y malcriaba a su nieto. A menudo Narcisa le regalaba libros de transformaciones, de pociones y de vuelo. Narcisa era su abuela favorita, no había duda de ello, y no había mucho que Melina Greengrass pudiera hacer para anotarse un par de puntos. Scorpius se aburría en casa de sus abuelos maternos.

- Allí todos son muy encopetados - dijo un día, refiriéndose tanto a sus abuelos, como a su tío Lucas, el hermano de su madre.

Narcisa sonrió ante lo que era sin lugar a dudas un arranque caprichoso.

- Um, aquí también somos encopetados.

- No, ustedes no son así. Son educados, pero no son arrogantes, bueno no mucho. ¿Pero hay necesidad de ser arrogante con su propia familia?

Narcisa se quedó callada.

- ¿Abuela?

Estaba fría, inmóvil en su sitio. "¿Hay necesidad de ser arrogante con su propia familia?". ¿Hay necesidad realmente? ¿No es un poco demasiado infantil ser arrogante con un miembro de su misma sangre? ¿Hay necesidad verdaderamente de ser borde con una persona tan importante para ti?

- ¿Abuela?

- Oh, lo siento, Scorpius. Está bien. Sólo estaba pensando en tu abuelo. Debería llegar pronto, pero claro cuando se encuentra con antiguos amigos del colegio… Ya estoy bien. Te estoy prestando toda mi atención.

- ¿Seguro que estás bien?

- Totalmente, ahora, ¿cuéntame que más pasó en esa casa?

- Bueno, fue todo un desastre, yo…

Había pocas cosas que la gente sabía sobre Narcisa Malfoy. Por ejemplo, que su mente podía estar en dos sitios al mismo tiempo. Esto era muy útil porque podía prestarle atención a una banal conversación sobre solteros y tejidos de punto, mientras que pensaba en los nuevos acuerdos comerciales, que tanto su hijo como su esposo, llevaban a cabo con sus inversionistas. En ese momento, mientras escuchaba a Scorpius relatar su fin de semana en la Mansión Greengrass, Narcisa iba hacia sus años pasados en la Mansión Black.

Sin saberlo, Scorpius le había dado a su abuela, el último impulso que necesitaba para empezar a limpiar las telarañas de la relación que mantenía con Andrómeda Tonks.

Seis años después, Narcisa volvía desdoblar su mente. Esta vez peinaba su rubio y platinado cabello, que ya empezaba a encanecer, mientras recordaba su relación con Andrómeda. No había sido fácil, por supuesto. Andrómeda, aunque lo negara seguía siendo tan Black como ella, esto es, terca y rencorosa. No quiso aceptar sus disculpas al principio, y aún seguía un poco recelosa de Narcisa, pero poco a poco su relación se fortalecía y las asperezas se iban limando. Narcisa no se había dado cuenta cuánto echaba de menos a Andrómeda, había extrañado su risa franca y vibrante, había echado en falta ese movimiento de cejas que hacía su hermana cuando algo le molestaba o le incomodaba (gesto que hacía con frecuencia en su presencia), y había añorado el poder tener largas conversaciones, más por el simple hecho de conversar que por compartir puntos de vista.

- Cissa.

- ¿Um?

- ¿Puedes dejar de pensar en tu hermana y concentrarte en algo tan banal como la fiesta que tendremos en unas cuantas horas?

Narcisa sonrió. Lucius era uno de los pocos que sabía cuando la mente de su esposa se iba a viajar por el mundo (lo que era bastante frecuente) y cuando estaba unida a su cuerpo (lo cual ocurría en ocasiones muy especiales).

- ¿Qué sucede?

- Es Scorpius. Me preocupa.

Narcisa mostró alarma en su bello rostro.

- ¿Por qué ¿Qué ha pasado?

- Algo tiene. Desde que volvió del colegio está bastante raro, apenas sonríe, siempre está en su cuarto, y nunca quiere decir qué rayos le sucede. Es imposible que no lo hayas notado.

- Creí que tú no lo notaste.

- Por supuesto que sí. Es mi nieto.

Narcisa supo que lo había molestado, aunque claro Lucius tuvo cuidado de no mostrar sus sentimientos. Sin embargo, él se olvidaba que ella era su esposa, que ella lo conocía, y que sabía cuándo mentía (lo cual era casi siempre) y cuando decía la verdad (lo cual sucedía en ocasiones muy sorpresivas).

- Tranquilo, siento lo que dije. Volviendo al tema. ¿Tienes idea de lo que pueda hacer?

- No, y Draco tampoco sabe nada. Él dice que Scorpius hablará cuando quiero hacerlo. ¿A ver cuándo él nos dijo lo que sucedía?

- Siempre. Y cuando se hizo mayor hubiera seguido haciéndolo, pero otros tiempos Lucius, tiempos de guerra…

- No me recuerdes la guerra, Cissa. Habla con él. Me consta que Astoria lo ha intentado pero está tan atareada con las numerosas fiestas que hay en nuestra cosa.

Lucius hizo una mueca. Narcisa rió entre dientes.

- Las fiestas son para limpiar el nombre de los Malfoy, lo sabes.

- Siento que cada vez que abrimos esas puertas, estamos dando la bienvenida al mundo para que nos siga analizando, para que los carroñeros estudien nuestra caída, y para que los periodistas nos oferten al mejor precio.

- Hablas como si fuéramos productos.

- ¿Y no lo somos?

Narcisa prefirió no contestar.

- Hablaré con él pero no en la fiesta. Esperaré hasta mañana.

- Está bien, me quedo más tranquilo.

- Quién lo hubiera imaginado, Lucius Malfoy, un abuelo preocupado.

- Oh, cállate.

Narcisa rió a carcajadas.

- ¿Y bien? ¿Te divertiste?

- Sí, por supuesto - respondió Scorpius rápidamente.

Tal vez demasiado rápidamente. Narcisa sonrió. Conocía a su nieto. Iba a averiguar qué era lo que sucedía. Scorpius se lo agradecería después, ya vería. Pero ahora no podía permitir que siguiera en el mismo estado, Scorpius lucía enfermo. Narcisa sospechaba que no era un malestar que San Mungo pudiera curar. Creía que había algo más profundo, algo más oscuro.

- ¿Quieres contarme, Scorpius?

- ¿Qué?

- Vamos, vamos. Dale más crédito a esta vieja. He notado que algo te sucede. Y quiero saber qué es.

- Nada, no es nada - se apresuró a decir.

- ¿Nada eh? ¿Y por qué evades mi mirada?

- Yo…

- ¿Es una chica?

Scorpius se sonrojó profusamente. Jadeó, abrió y cerró la boca repetidas veces. Narcisa no necesitaba saber nada más.

- ¿Pero qué…?

- Oh, Scorpius, ¿por qué no nos había dicho? Tan preocupados que estábamos… ¿Quién es la chica? ¿Es alguien que conozco? ¿Ella te corresponde?

- ¡Abuela, por favor!

Narcisa se puso seria.

- Contéstame, Scor.

- Sí, la conoces. Y no, no sé si realmente me corresponde.

- Bueno, tendrás que averiguarlo, ¿no?

- ¿Cómo?

- Diciendo las palabras que el primer hombre le dijo a la primera mujer la primera vez que lo vio - se inclinó hacia el reticente nieto - "Me gustas".

Scorpius no pudo evitarlo: rió. Y Narcisa le acompañó en sus risas.

- ¿Me lo aconsejas? ¿Me aconsejas que vaya y le diga… le diga a ella que…?

- Sí.

- ¿Y si yo no le gusto?

- Ella se lo pierde.

- ¡Abuela!

- Bueno, ya veremos qué hacer si nos encontramos en esa situación. Pero en serio, Scorpius, tienes que decirle lo que sientes por ella, o si no nunca lo sabrá y tú nunca sabrás que hubiese contestado.

- Cierto…

- ¿Entonces? ¿Quién es la chica?

- Es Nicole, Nicole Wilson.

A Narcisa le bastan esas dos palabras para saber quién la chica en cuestión. Y sonríe. Nicole es una chica rubia, de ojos azules, alta y de cuerpo esbelto y estilizado, además tenía una prestancia y una elegancia que parecía emanar de los poros de su piel. En una palabra: ella era hermosa. Nicole había pisado en varias oportunidades la Mansión de los Malfoy, Scorpius y ella eran buenos amigos, y Narcisa siempre albergó en su pecho la esperanza que Scorpius eligiera como esposa a la joven chica. Narcisa estaba segura que sería una buena señora Malfoy.

- Tienes buen gusto, Scorpius. - Nervioso Scorpius sonrió - Bueno, eso es lo creo que te dirán tu padre y tu abuelo, te lo aseguro. Y tu madre también aprobará a la chica.

- ¿De verdad?

- Por supuesto. Todos la aceptaremos.

Scorpius sonrió.


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