Aclaración: Escocia tiene 7 años, Gales 5 años, las Irlandas 2 años e Inglaterra era bebé n.n~

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Canción

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Papá siempre había tenido la obsesión de que sus hijos aprendieran tocar algún instrumento

No sabía por qué, o para qué, pero llegó el día en que tuvo que decidir lo que interpretaría

Dentro de la gama de piezas en la tienda de música, inmediatamente llamó su atención uno de tamaño medio que parecía hecho de tela oscura y donde varios tubos de caña negra sobresalían

Papá lo compró, y para el fin de semana, un maestro ya había ido a la casa para comenzar su enseñanza

No entendía el motivo de aprender algo así, pero lo aceptó de buena gana: la gaita soltaba sonidos muy extraños, y eso era espectacular porque no se comparaba con cualquier vulgar y aburrido instrumento. Él era Scott, y por ello debía tener las cosas y los conocimientos más singulares para sobresalir de la monótona masa homogénea de la sociedad, por lo que esa gaita representó un emblema que lo elevaba

De ese modo, rápidamente aprendió a ejecutar varias piezas, lo que le trajeron la admiración del profesor, de sus padres y hermanos… bueno, de los gemelos, ya que Arthur no contaba por ser un bebé llorón, y Glen…

… él…

… entendía que no se sorprendiera con facilidad, ¿pero no tenía algo que decirle? Tal vez como "Que bien tocas" o "Aprendiste rápido" o "No está mal", ¿no podía quitarse por un segundo su desesperante seriedad y alabarlo, aunque fuera una vez? Maldita sea, ¿qué había en su cabeza como para no ver que tocar a ese nivel –y en tan poco tiempo- era algo sorprendente?

… bien, admitía que no fue su idea lo de aprender música, tampoco lo hacía para impresionarlo especialmente, ¡pero por favor! ¡Alguna reacción debía tener cuando escuchaba semejante sonido!

Podían enorgullecerlo los comentario de otros, sin embargo, la de él era la que de verdad quería escuchar, así que todo los demás resultaba vago, hastiándole los nervios con desesperación

Lo hacía sentir insignificante, como si no estuviera haciendo nada fuera de lo normal, ¡y lo odiaba! ¡Más cuando no era cierto! Él era increíble en cualquier aspecto y ningún mocoso amargado le diría lo contrario

Claro, no tenía por qué mostrarle lo obvio, pero sólo para que se tragara esa puta indiferencia, le daría una lección: interpretaría una pieza tan preciosa, que para cuando terminara tendría que cerrarle la boca de un puñetazo por tanta alabanza que diría…

… ok, algo así nunca pasaría, pero obtendría al menos unas palabras de su parte

Los siguientes días buscó en internet, en libros y en revistas alguna canción que reuniera las características necesarias: tranquilidad, hermosura, escalas no muy difíciles, buena rítmica, buena conjugación de notas…

Si le preguntaban, prefería más una pieza complicada y de compases apresurados para demostrar su habilidad, sin embargo, a su hermano seguro le llamaría más la atención una donde se apreciaran mejor los sonidos

Luego de exhaustas búsquedas, encontró algo titulado "La canción de amor del dragón" o "La canción del amante del dragón" -no sabía, estaba en otro idioma -, ¡y cubría sus expectativas! Además de que narraba la historia de la criatura mágica preferida de Glen, ¡perfecto! Y aunque tuviera muchos silencios, bien podría llenarlos con la parte de la letra o la guitarra

Ya sonreía con cinismo de sólo imaginar cómo lo sorprendería

Solía practicar en el patio –que bueno que era GRANDE por capricho de su madre-, cerca de la banca más alejada, donde había muchos árboles y tenía la suficiente privacidad para que no empezaran a molestarlo conque hacía mucho ruido y despertaba a Arthur y a los gemelos, ¡por él todos se podían ir al carajo! Pero de todos modos le beneficiaba

Como su maestro iba los fines de semana, practicaba de lunes a viernes para tenerla lo más pronto posible, y aunque no era sencillo leerla, afinarla y ensayarla sin ayuda, lo prefirió así: esa canción sería sólo para su hermanito y él, por eso no debía enterarse nadie

Esos días se esforzó bastante, tenía sus errores y todas las dificultades, pero aquel vienes fue especialmente malo: los tonos se le subían o bajaban sin querer, sus dedos estaban muy torpes y no entendía las escalas finales; daba luego unas notas tan desafinadas que parecía un gato muriéndose de asfixia…

J-Ja, agradecía estar solo sin que alguien oyera el ridículo que estaba haciendo, ¡pero ya casi lo conseguía!

Se acercó a la partitura, intentando analizar esa nota extraña del solo, ¿Era un E# o D#?

-Creo que es un D#

-Que idiota, debe ser un E#

Sonaba más lógico el que le sugirieron, pero…

… mierda

Al segundo ya se había asomado en los arbustos para descubrir al infeliz fisgón

-¿Hm? –lo miraba con calma -¿Ya lo intentaste?

No sabía si gritarle, golpearlo, o enrojecer por la ira de ser espiado por aquel quien deseaba sorprender

Estaba frente a sí el de ojos oliva, acostado boca abajo en el pasto mientras leía un libro, viéndolo con extrema tranquilidad, como si no le extrañara haber sido encontrado

-¿Qué CARAJO estás haciendo? –soltó despacio, con un tono cargado de furia y desesperación. Cualquiera se hubiera intimidado, claro, menos el menor. MIERDA

-Leo

-¡Eso ya lo vi, no soy imbécil! – caminó hasta él, amenazante -¡¿Qué demonios estás haciendo AQUÍ?

-Te escucho –se sentó – ¿Por qué estás tan molesto? Creí que ya lo sabías

-¡¿Cómo lo iba a saber si estás atrás de unos putos arbustos? ¡Te escondes como una asquerosa rata!

-No es cierto –suspiró –Hasta tu maestro me vio aquí desde el primer día

Jodido anciano, ¡¿desde cuando le estaba viendo la cara de idiota? Le patearía las bolas mañana si falta

-LÁRGATE- le espetó con ira poco disimulada

-No

-¡HAZLO DE UNA MALDITA VEZ! – tiró la gaita y lo levantó por el cuello de su chamarra -¡No dejaré que te burles de mí!

-No lo estoy haciendo – no hubo cambio en su actitud – Sólo quería escuchar cómo tocabas, ¿por qué te enoja tanto eso?

-¡¿Y por qué habrías de hacerlo? ¡Ni siquiera te gusta! –lo soltó de golpe –Cuando lo hago en casa eres el último que se aparece, no dices nada y tu cara dice lo mismo –afiló la mirada –No me salgas ahora con tus tonterías de que era lo contrario

-Pues sí, era lo contrario –dijo relajado –No es que no me guste el resultado final, pero siempre es más interesante escuchar el proceso–sonrió de lado con un poco de burla, provocándole un escalofrío –Y no necesito decirte que eres bueno, eso es obvio

-¿Qué era? ¿Un D# o E#?

-U-Un D# -le dio la espalda, tratando de que no viera su cara color carmín. Definitivamente era idiota, pero no tenía por qué admitirlo frente a él. Recogió la gaita y volvió a su lugar –Ahora cállate y deja que me concentre

-Si tú lo dices

Y continuó practicando aún más animado, aunque con un montón de hormigas jodiéndole el estómago. De vez en cuando lo miraba de reojo, viendo que continuaba leyendo y escuchando con parsimonia

Poco tiempo después logró completar con éxito la canción

Inmediatamente después sentó al de ojos oliva en la banca para que le pusiera toda su atención… claro, dijo un pretexto estúpido y así no delatarse, empero, sabía que no podía engañar al otro…

En fin, todo estaba bien si no hacía un comentario que lo hiciera sentir más avergonzado de lo que ya

Inició despacio, manteniendo el tiempo, relajando los dedos para que se movieran bien y respirando profundo para alcanzar las notas requeridas. Procuraba ver únicamente la partitura, sintiendo los nervios de que su hermanito no le quitara la mirada de encima… pero trató de aparentar cinismo y ego, buscando disimular lo importante que era aquel momento para él

Al terminar, recibió varios aplausos y una imperceptible sonrisa falta de palabras

No podía negarlo: era cierto que no necesitaba oraciones que ensalzaran su ego, y si las quería de él era por mero capricho, sí, pero…

De todos modos hizo que pagara todo lo que le hizo pasar con aquella pieza, con la batalla de conquistar los compases y perfeccionarla sólo para él, ¿cómo?

Lo besó

Justo cuando bajó las manos luego del aplauso, se acercó al instante y plantó su boca en la contraria con fuerza necesaria para evitar una inmediata separación, con delicadez, cierta dulzura, con emoción, intensidad y necesidad, grabando en su infantil mente la sensación cálida, suave y que le provocaba un latir acelerado

Nunca había sentido algo similar, pues a pesar de que ya había probado algunos labios de sus compañeras, nada se comparaba a ese momento

Al separarse, sonrió mostrando los dientes, complacido del gesto sorprendido de Glen y ese casi nulo rosa difuminado en su rostro

-Vamos, agarra el atril y llévalo adentro – ordenó con renovada seguridad

-Es tuyo –también recuperó la calma y su gesto apático, poniendo en duda si en verdad había pasado algo segundos antes –Cárgalo

-Yo traigo la gaita y no dejaré que se maltrate al rozar con ese metal

-Pero si hace rato la tiraste

-Deja de quejarte y haz lo que te digo

-No – y dando vuelta con una elegancia que le quitó el aliento, caminó a paso normal a casa, aparentemente seguro de que no iría tras él…

Y sí, no lo hizo, todavía se quedó ahí un poco más, procesando lo que acababa de acontecer…

Ahora ambos ya compartían una canción. Era sólo suya y nadie cambiaría eso

Nadie haría que ese lazo desapareciera

Soltando una carcajada, fue tras él mientras cargaba el instrumento y el estorboso atril. No desapareció la sonrisa de burla y victoria que surgió de momentos atrás, más cuando tenia una idea plantada en la mente: haría pagar a Glen una vez más cuando lo alcanzara, ¿o ya estaban a mano? Después de todo, le sacó las palabras que quería y le gustó la tonada

Bah, no importaba, se la cobraría a final de cuentas~, era el costo justo por aquella canción que le dedicó