POR FAVOR… RELEAN EL CAPITULO 31… LO EDITE Y LOS HECHOS CAMBIARON ALLÍ, NO TANTO PERO SI ES IMPORTANTE QUE LO LEAN, POR FAVOR.
DISCULPEN LA TARDANZA T_T
Era como ver una película…
Aruto se veía más joven e Ikuto parecía tener unos ocho años, no sabía que hacían, pero de repente su padre le dio un golpe –no muy fuerte, es como de regaño– en la cabeza.
– ¡Ah, papá! –Lloriqueó Ikuto con ojos llorosos– ¡no ha sido mi culpa, ella me dijo que la dejara vivir! ¡Tenía una hija…!
– ¿Y qué rayos nos importa eso a nosotros? Nos alimentamos de ellos, ¿recuerdas? ¿Prefieres morir de hambre y dejarla ir? –respondió su padre furioso.
–Es que…
– ¡No seas débil, idiota! Eres un demonio… debes ser fuerte, despiadado, ¿de donde rayos sacas tanta idiotez para que te importen los sentimientos de las personas? Y más aún ¡de un humano!
–De verdad lo siento… ah… ¡KEH, PAPÁ! –se quejó al recibir otro golpe, esta vez más fuerte.
¿Keh…? Así que… Ikuto lo decía cuando era pequeño… quizás adquirí la "habilidad" si así podía llamarlo, de quejarme con esa palabra.
–No lo olvides, Ikuto, eres un demonio, NO SEAS DÉBIL…
Ikuto apretó sus ojos –se veía muy lindo así de pequeño– y miró a su padre con decisión.
–De acuerdo… padre…
Abrí los ojos con fuerza, la luz se colaba por la ventana, parecía ser mediodía…
Me senté de golpe, Ikuto no estaba allí, me encontraba consternada por lo que había sucedido y sudaba mucho.
Corrí hasta el baño y me vi al espejo, solo tenía unas manchas de sangre alrededor de la boca y como si hubieran bajado de mis labios por la barbilla. Me lavé rápidamente y corrí hasta la sala.
Me detuve en seco, Ikuto se encontraba cruzado de brazos, mirando por el ventanal, como si no hubiese percatado mi presencia.
–I… –me trabé– ¿Ikuto?
Con frialdad, volteó a verme.
Quería preguntarle tantas cosas, quería saber que había pasado más temprano, por qué había hecho lo que había hecho… quería saber…
–Amu –murmuró con voz seria. Mis ojos se abrieron de par en par… su ojos… eran únicamente color zafiro… ambos– no me veas con esa cara.
–Qué… ¿pero qué…? –no podía terminar de hablar, estaba temblando.
Él sonrió con malicia.
–Tú lo sabes más que nadie…
– ¡No! –Apreté las manos– yo sigo… teniendo los dos ojos diferentes… si los tuyos ahora son así significa que… que… –mi voz temblaba, al igual que yo.
– ¿Qué soy un demonio completo otra vez? –Sonrió con malicia– sí… pero parece que aún conservas parte de mi esencia, pero no me importa, tengo toda la que necesito conmigo.
Jadeé, una de mis manos fue casi automáticamente a mi pecho, y escuché con atención, pero nada, solo oía…un solo corazón
No… si su corazón no late… ¿significa que ya… no siente nada? ¿No siente nada por mí ahora?
Busqué su mirada con desesperación, pero no cambiaba, era fría como un vidrio.
Un vidrio que me atravesaba el corazón.
– ¿Sigues siendo tú? –me atreví a preguntar, pero mis ojos se aguaron de inmediato. Luchaba por no llorar.
–No lo sé –miró sus manos con curiosidad, aunque dudaba que hubiesen cambiado e.e– me siento extraño.
Corría hacia él de golpe y coloqué una mano sobre su pecho, intentando sentir algo, pero nada, solo había vacío, nada palpitaba. Una de sus manos tomó la mía que estaba encima de su pecho, sentí que la apretaría y así mi preocupación disminuiría, pero solo la apartó y miró como si fuera un objeto raro, para luego volver a enfocar en mis ojos.
– ¿Yo…? –no sabía que preguntarle– ¿Por qué eres un demonio así otra vez? –mi voz temblaba, no quería escucharlo, no quería entender que si ya no tenía corazón ya no me querría más.
El agachó el cabeza algo sombrío.
–Porque… –agregó secamente– cuando la persona que más amas te muerde, y se siente bien… te conviertes en un demonio por completo. Y todo rastro de tu humanidad desaparece.
Exhalé con fuerza y mi respiración era descontrolada, sin entender bien la razón, un par de lágrimas se me escaparon mientras mis labios temblaban.
–Entonces… –murmuré– yo soy… ¿la persona que más amas? –lo miré fijamente.
No sabía que realmente podría convertirlo en eso siendo solo mitad demonio.
El asintió lentamente.
Pero me agarré de su camiseta con fuerza y lo atraje cerca de mí.
– ¿Y ahora? ¿Lo sigues haciendo? –pregunté en un sollozo que no quería que saliera.
El apartó la mirada con los ojos entrecerrados cansadamente.
–Sí.
– ¿Y por qué parece que no? –le seguí presionando– ¿por qué de repente tu mismo me hiciste beber tu sangre de esa manera? ¿Por qué pude ver uno de tus recuerdos? Si ya te había mordido ¿de todos modos no la había consumido ya?
–Es diferente si yo hago eso…
– ¡Respóndeme lo primero! –grité desconsoladamente.
Me apartó de golpe.
– ¡Nada ha cambiado por ti, Amu! ¡Si te tengo tan cerca… –su mirada fue a mi cuello y parecía contenerse. Y todo ocurrió demasiado rápido.
Me colocó contra la ventana y colocó sus labios justo en mi cuello, como a punto de morderme, respiraba agitadamente y yo había soltado un grito ahogado por la sorpresa de su acto tan rudo de repente y porque me había golpeado con el vidrio de la ventana.
–Me dan ganas… de morderte… –añadió con voz ronca.
Me tensé y apreté los ojos con fuerza.
– ¡No lo hagas! –Grité intentando apartarlo– ¡no quiero perder mi humanidad! ¡No! –seguía gritando.
–Es por eso que… no lo haré –se apartó de mi zona mordible con dificultad– no quiero ver como destrozas a media ciudad con una sonrisa de maldad. No quiero que seas un monstruo desalmado que no se puede controlar porque no le importa nada más que el hambre.
–Lo haces sonar como si fuera un vampiro recién nacido como en crepúsculo o algo así –añadí nerviosa.
–No… no sería igual que esa ficción. No beberías sangre como lo haces ahora, eso es solo una manera de no morir de hambre. Realmente los comerías… como los osos, los leones o los tiburones a las personas.
Tragué con fuerza.
–No me muerdas entonces… –volví a mencionar en voz baja– por favor…
Sabía que no lo haría de todos modos, pero necesitaba pedírselo otra vez.
–Bien.
Se produjo un silencio incómodo, Ikuto se rascó la cabeza nerviosamente y se levantó para dirigirse a la puerta.
–Espera… ¿A dónde vas?
–A tocar el violín –dijo mientras lo agarraba el mueble junto a la puerta– necesito hacerlo para despejar la mente –abrió la puerta.
Me quedé allí parada algo nerviosa y solo me limité a decir:
–No le causes mucho daño a la gente… –hice un gesto de despedida lento con la mano.
–No lo puedo evitar –no volteó a verme y azotó la puerta.
Me tumbé sobre el sofá algo confundida. No mucho había cambiado con Ikuto, era más frío… pero… ¿me habría mentido? ¿Realmente no sentía nada y decía que sí para no lastimarme?
Tampoco es que Ikuto cambiase mucho mientras era mitad demonio como yo, estaba tan acostumbrado a ser él que no había cambiado mucho, solo tenía…
Más ganas de comer.
– ¿Habrá salido a comer? –me pregunté frotándome el brazo por el frío.
Pasaban las horas, yo estaba nerviosa, triste y confundida, ocultaba mi cabeza entre mis rodillas y me preguntaba si todo lo que pasaba era real o mentira.
¿Realmente me quería? ¿Había cambiado algo?
Salí al pasillo en busca de más aire, y encontré a una mujer que venía bajando las escaleras, la reconocí de pronto como la posible vecina que hacía cosas de humanos por la noche. Ella volteó a verme algo sorprendida y se acercó a mi repentinamente.
Podía sentir como su corazón latía, como estaba compuesta de carne y sangre tibia...
–Así que acá abajo realmente vive alguien, pensaba que el departamento estaba desocupado desde hacía mucho… pero he oído ruidos últimamente y pensé que eran fantasmas.
– ¿Fantasmas…? Ah… no… no hace mucho que vivo allí con… – ¿qué debía decir? ¿Cómo vería alguien que yo viviese con un hombre teniendo apenas quince años y pareciendo de doce? – un… compañero –bajé la mirada algo nerviosa.
Ella se inclinó un poco y colocó sus manos en mis hombros.
–He oído gritos… jovencita… gritos de dolor, de una chica, claramente ¿ese compañero te hace daño? He estado preocupada y…
Negué con la cabeza rotundamente intentando inventar qué decir.
– ¡No…! Quiero decir, no, es que renta muchas películas de terror y siempre me atrevo a verlas con él, nunca me haría daño –reí algo nerviosa.
– ¿Segura? – Asentí lentamente y su rostro se relajó– me alegra, pensé que te violaba o golpeaba –desvié la mirada disimuladamente– venía preocupada hace días pero tenía miedo de que me abriera la puerta alguien raro o que realmente fueran almas en pena que gritaban torturadas por quedar atrapadas en un departamento.
–Bueno… ya sabe que no ocurre nada malo, y que vivimos allí.
El ambiente era obscuro, había anochecido ya, e Ikuto no volvía.
–Uf… me he quitado un peso de encima, voy deprisa a una cena, jovencita, nos vemos pronto, ¿no es algo tarde para que estés en el pasillo?
– ¿Tarde? No… no se ¿qué hora es?
–Casi las once –dijo con expresión preocupada.
Sentía que me faltaba el aire… hacía ya casi 9 o 10 horas que Ikuto no aparecía, el día se me había ido volando como los anteriores acá y yo… estaba preocupada.
–Es que oí ruidos acá, y resultó ser usted, me asusté de tantas películas, los traumas, sabe –sonreí juguetona.
–Oh bueno, puedes volver adentro, lamento preocuparte, ¡buenas noches! –la mujer bajó más deprisa las escaleras hasta desaparecer.
Como zombi, me acerqué a las escaleras, pensando si debía bajarlas.
–Tengo que… buscar a Ikuto –susurré para mi misma.
No sabía que hacía, desde que llegamos a ese condenado departamento creo que nunca había salido por mi misma, me la pasaba encerrada, sobretodo porque me era difícil estar entre humanos con tantas ganas de comerlos…
Di un paso fuera del edificio, hacía mucho frío. Caminé entre calles sin saber exactamente a donde iba, intentaba hallar el sonido de un violín pero nada, nad-
Como si algo me atravesara, sentí algo muy fuerte. Caí de rodillas al suelo y sostuve mi cabeza soltando quejidos, era como si algo de afuera estuviera palpitando y llegando directamente a mi cabeza, llamándome.
Ikuto, pensé de inmediato, debe estar cerca…
Pensé que a eso se debía ese horrible sentimiento, no entendía por qué, ¿me estaba llamando? ¿Alguna vez había hecho eso? ¿Eran solo paranoias mías? Pero esta sensación me hacía sentir tanto a Ikuto…
Como un aroma, seguí ese extraño rastro de sensaciones extrañas, hasta llegar a un muro muy alto.
–Él debe estar detrás de eso –me dije a mi misma cada vez sintiendo todo con más intensidad. Como una mordida que podía soportar.
¿Cómo rayos iba a saltar eso? ¿Podría usar mi nueva fuerza demoníaca para eso? Solo había un modo de averiguarlo.
Corrí hacia atrás y desde una distancia considerable y fijándome que no hubiese nadie cerca, corrí con fuerza y brinqué.
No pensé que iría tan alto, pero casi choco contra el muro, más por suerte, con una mano, sujeté el borde y logré subirme sobre él con dificultad para luego bajar de él tan ligera como una pluma.
Contemplé una vista poco agradable, era una iglesia, pero no hermosa como las otras que tenía en mente, era obscura y abandonada.
¿Allí se encuentra?, pensé atónita, pero podía sentirlo, como ver un aura alrededor de la edificación con "IKUTO ESTÁ AQUÍ" escrito en ella.
–Corrí con todas mis fuerzas hasta la puerta del poco agradable lugar y tras empujar la puerta con decisión…
– ¡Ikuto! –grité al verlo sentado en la mitad del pasillo rodeado de bancas tumbadas.
Me dirigió una mirada angustiada y respondió rápidamente:
–Vete de aquí.
Sentí esas palabras como cuchillas.
– ¿Por qué? –Mi voz temblaba de repente– no habías vuelto… estaba preocupada… no sé que hacer.
– ¡Vete de aquí, Amu! –volvió a decir. Me enojé mucho y más rápido caminé hacia él.
– ¡No! Quiero saber qué suced…
–Hinamori Amu, del reino de los sueños –escuché la voz de Tadase a lo lejos– finalmente has venido, tardaste más de lo que esperábamos.
Tensa, volteé en busca de la procedencia de su voz. Y me encontré con los tres guardianes bloqueando la puerta con expresión seria.
–Has caído en nuestra trampa, chica demonio –Rima pareció satisfecha.
– ¡No soy un demonio! Solo… mitad… –sentía el corazón en la boca. Busqué la mirada de Kuukai con desesperación pero éste miraba hacia un lado con expresión triste.
–Por tu expresión veo que estás asustada, pero no deberías estarlo, solo Ikuto, quizás, un conjuro con agua bendita no le permite levantarse de allí –añadió Tadase.
Volteé a ver a Ikuto con desesperación, el solo me devolvió la mirada.
– ¿Qué quieren? –pregunté con fuerza.
–No no, Amu, no nos respondas con fuerza, solo pretendemos ayudarte –Tadase parecía querer calmarme.
– ¿En qué? –no cambié mi tono de voz ¿desde cuando era tan valiente?
–Podemos devolverte a tu estado normal… y a tu mundo –Rima parecía más tranquila.
Me paralicé allí, mi respiración se entrecortó y los miré a los tres con perplejidad.
–Mi… mundo… –repetí– ¿y qué pasará con Ikuto? –añadí nerviosa.
–Amu… es nuestro deber destruirlo… –empezó a hablar Kuukai.
Abrí mis brazos frente a Ikuto y negué con la cabeza con fuerza.
– ¡No lo pueden lastimar! –grité.
El próximo capítulo… bueno, con él ya casi no me tardaré como antes xd quedan como 2 o 3 capis OwO ¿no es genial? Gracias por sus reviews… :3 y por releer el capi 31 ewe (lo hicieron… no? e.e)
Por cierto... si quieren visiten mi cuenta en FictionPress... DesireeValliere porque además del violinista estoy escribiendo una historia llamada Lyce Green Dragon, y ps... si quieren la leen y me dejan un review Dx me dicen que es buena... y queria saber la opinion de mis lectores frecuentes Dx
—Chaito o/ hasta otro día de la semana...
