Disclaimer: HP es de Rowling

Gracias a Mislia y a samj por sus reviews del capítulo anterior

Hugo Weasley

Frío. Siento mucho frío. Camino sobre esta nieve. Me resbalo, caigo, vuelvo a levantarme, y vuelvo a caerme. No veo nada, sólo blanco, el blanco de la nieve. Y siento tanto frío. Camino con pesadez, con lentitud, intentando no caerme, intentando no quedarme en algún sitio conocido. Aunque de todas formas no conozco nada. Y tiemblo, tiemblo de miedo, de angustia, de temor. Mi cuerpo se estremece por el frío, por no saber hacia dónde voy o en dónde rayos estoy. No es agradable, no es nada agradable lo que siento. Tiemblo de sólo pensar en dónde puedo estar, dónde pueden estar mis seres queridos: Medea, mis padres, mi hermana, mi familia…

De pronto logro atisbar algo. Es una fogata. Su visión me provoca calidez aunque también estupor. ¿Qué hace una fogata en medio del desierto nevado en el que estoy? ¿En medio de la nada? ¿Quién podría haberla puesto? Pero no le doy más vueltas a mis pensamientos. Me siento al lado de la fogata y froto mis palmas intentando darme calor. Pronto entiendo que es inútil, sigo sintiendo frío. Y me desespero. Me pregunto qué me ha sucedido, qué ha pasado para que esté aquí, donde están mis conocidos. Me pregunto miles de cosas para las cuales no tengo respuesta. Y me exaspero.

- Hugo…

Volteo. Una chica de pelo rubio y mejillas sonrosadas me sonríe. Está cubierta por un inmenso abrigo de piel de topo, muy parecido al que carga Hagrid. No parece tener frío.

- Eh… hola.

Ella ríe.

- No sabes quién soy, ¿cierto?

Por un segundo piensa en mentir, en asegurar que sí la conoce, en forzar a su memoria a recordar a la linda desconocida (aunque no tan linda como mi Medea). Pero luego dice:

- Lamentablemente no.

- Mi nombre es Heidi.

- Heidi, ah.

La verdad es que no recuerda ninguna Heidi y se siente avergonzado. Ella vuelve a reír.

- Tranquilo, todo está bien. No tienes porqué reconocerme.

- Claro que tengo, yo…

- No, no tienes por qué. Yo tampoco debería conocerte.

- ¿A qué te refieres?

No era por ser vanidoso pero todo el mundo lo conocía, o creía hacerlo, todos sabían quién era porque era un Weasley.

- No importa. ¿Recuerdas lo que pasó?

- No. No sé qué hago aquí, no sé dónde están todos, no sé…

- Tranquilo. Todos están bien. Medea está bien. Y toda tu familia está bien.

- ¿En serio?

- Sí, claro. Preocupados por ti como es lógico, pero bueno…

- ¿Preocupados por mí? ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?

- Hugo, tranquilo. No te alteres, por favor.

Ella lucía bastante preocupada. Hugo respiró varias veces intentando tranquilizarse a sí mismo y a Heidi.

- Lo siento.

- Está bien.

- ¿Qué fue lo qué pasó? ¿Por qué Medea, mi familia y mis amigos están preocupados?

- No sólo preocupados, están dolidos.

- ¿Dolidos?

- En serio no aves lo qué pasó, ¿cierto?

- No, por desgracia no.

- Moriste, Hugo.

- ¿Qué?

No podía ser cierto. Heidi debía estar mintiendo. Él no podía estar muerto. Ella asintió. ¡Era verdad! Pero no debía ser así. Él no podía estar muerto. Aún le quedaba mucho por vivir: casarse con Medea, asistir a la boda de Molly, llegar al bautizo de la segunda hija de Ted y Victoire. Le quedaba mucho por hacer. ¿Por qué moría? No podía ser real. Y sin embargo era real, lo sentía. De repente ya no sentía frío. De repente ya no sentía nada.

- ¿Hugo…?

- ¿Cómo morí? ¿Cómo morí, Heidi?

- Hugo, no sé sí…

- Dime.

- No sé si es buena idea decirte.

- Dime - repitió.

Heidi suspiró.

- Tuviste un accidente en tu lugar de trabajo.

- ¿En el Departamento de Misterios?

- ¿Tienes algún otro sitio de trabajo? - se burló Heidi.

- No.

- Bueno, pues eso. Tuviste un accidente…

- ¿Qué tipo de accidente?

- Pasaste el Velo.

Hugo jadeó. El Velo de la muerte. El velo que todos evitaban. El velo que traspasaba del mundo de los vivos al de los muertos. El velo que significaba un viaje de no retorno.

- No. Debe haber un error, yo…

- No hay errores, Hugo.

- Pero…

- Pasaste el Velo. No sé cómo lo hiciste, tal vez tropezaste y caíste, tal vez alguien te lanzó, no lo sé.

- Muy graciosa - masculló -. Todos evitan el Velo, ¿por qué yo no?

- No lo sé, Hugo.

Hugo se quedó en silencio asimilando la información. Había pasado el velo de la Muerte. Para su familia él ya no existía. Él ya no existía para nadie.

- No lo entiendo. Si yo… si yo ya no existo, ¿por qué…? ¿Por qué…?

- ¿Por qué estás aquí?

- Exacto.

Heidi volvió a suspirar.

- Todos vienen aquí luego de la muerte, Hugo. Es por llamarlo, de alguna forma, las puertas del Atrio. El interludio antes de estar verdaderamente muerto.

- O sea que no estoy muerto.

- Técnicamente, sí, estás muerto, Hugo.

- ¡Pero no puedo estar muerto!

- Lo estás, quieras o no - apuntó Heidi con una sonrisa.

Se quedaron en un tenso silencio. Hugo no podía entender por qué estaba muerto. Él no quería estar muerto. Él quería estar vivo. Él…

- ¿Quién eres tú?

Heidi sonrió ampliamente.

- Ya te lo dicho. Mi nombre es Heidi.

- Vale, reformulo la pregunta. ¿Qué haces aquí?

- Me asignaron para buscarte. A algunos los buscan sus familiares o sus amigos, a otros sus conocidos.

- ¿Conocidos?

- Ajá. Yo te conozco a ti pero tú no me conoces a mí.

- Creo que eso ya lo sabíamos.

- Bueno, te lo confirmo.

Hugo pensó que esa era la situación más surrealista que había tenido.

- ¿Sabes? Esto no tiene sentido.

- Ya lo sé.

- ¿Y aún así insistes en esto?

- Sí.

- ¿Por qué?

- Tengo mis razones.

Silencio. Hugo tenía ganas de romperlo pero no sabía cómo. Por fin, Heidi habló:

- ¿Quién es Medea?

Hugo parpadeó sorprendido por esa pregunta.

- Creí que lo sabías.

- No soy tu ángel guardián si eso es lo que piensas.

- Ah, bueno. Tenía que probar, ¿no?

- Claro. Descartada esa teoría, ¿me respondes?

- Medea es mi novia. O era. Ya no estoy seguro.

- Háblame de ella.

- ¿Para qué?

- Sólo hazlo - insistió Heidi.

- Ella es la mujer más especial en mi vida. Nos conocimos cuando estábamos en Hogwarts. Éramos buenos amigos, los mejores. Luego nos dimos cuenta que no sólo éramos amigos, que no sólo nos unía la amistad. Nos gustábamos, nos queríamos, algunos hasta decían que peleábamos igual que un viejo matrimonio. De todas formas, ella era, mejor dicho, es muy dulce, comprensiva e inteligente. Trata a todo el mundo por igual, al lado de ella me siento bien, y cuando ella sonríe…

- ¿Es linda?

- Muy linda. Muy guapa. Era la envidia de las chicas, y el premio inalcanzable de los chicos - masculló la última oración.

- ¿Celoso?

- Siempre. Por los celos es que nos dimos cuenta que nos gustábamos.

- ¿La amabas?

- Mucho. La amo aún. Aunque no sé si eso es válido.

- Lo es. Nunca abandonas a las personas a las que amaste.

- Um.

- Háblame más de ella.

- ¿Qué quieres que te cuente?

- Lo que sea.

- Íbamos a casarnos. Hicimos planes. Incluso vimos las casas que queríamos comprar. Hasta hablamos con el oficiante que debe enlazar nuestros destinos, o los enlazaría, ya no sé.

Le dolía pensar en Medea. Le dolía pensar en lo que perdió con ella. Le dolía pensar en lo que ella debía sentir con su ausencia.

- ¿Y tus padres?

- ¿Qué hay con ellos?

- ¿Ellos aceptan a Medea?

- Por supuesto - Heidi enarcó una ceja - Tienen que hacerlo. Medea es a quien yo quiero. Además, ellos no pueden reprochar nuestra relación, ellos tienen una bastante parecida.

- ¿Pelean mucho?

- Siempre. Luego se besan y se reconcilian - dijo Hugo muy sugestivamente.

- Ah.

- ¿Estás bien?

- Sí. ¿Los extrañas, Hugo?

- ¿Tú qué crees?

- No puedo leer tu mente, Hugo, así que tienes que decírmelo.

- Sí, los extraño. Los extraño mucho.

- Los volverás a ver.

- Sí, cuando mueran. Yo no quiero esperar tanto, ¿sabes?

Entonces de improviso, Heidi pasó su mano en frente de los ojos de Hugo. Cuando los abrió de nuevo, se encontraba mirando un techo de color azul. Trato de moverse, pero no pudo.

- Hugo, oh Hugo…

Sintió unos brazos femeninos rodeándole.

- Rose…

- ¡Mamá, papá, es Hugo! ¡Está bien! ¡Está despierto!

- Rose…

- Shh, no hables. No hables ahora. No te esfuerces.

- Hugo, oh Hugo…

Los brazos de Hermione Weasley lo rodearon y él correspondió dándole torpes palmaditas en la espalda.

- Mamá, mamá estoy bien.

- Oh, Hugo, estábamos tan preocupados.

- Nos distes un susto, hijo - intervino Ron Weasley. Él también le abrazó.

¿Preocupados? Esa palabra removió recuerdos en la mente de Hugo.

- ¿Estaban preocupados?

- Por supuesto.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? ¿Ahora eres idiota?

- ¡Rose! - advirtió Hermione. - Por supuesto que estábamos preocupados, eres nuestro hijo, Hugo.

- Pero yo… yo estoy muerto.

Rose, Hermione y Ron se miraron.

- No estás muerto, Hugo - dijo Ron.

- Pero… Claro que estoy muerto. Yo lo vi y…

- Te aseguro que no estás muerto, Hugo - dijo Hermione.

- Aunque pudiste estarlo…

- ¡Rose!

- Es mejor que se lo digas, mamá. Tarde o temprano se enterará.

- Oh, bueno, está bien - aceptó -. Hugo, sufriste un accidente en el Departamento de Misterios. Tus compañeros creyeron que habías traspasado el Velo… el Velo de la Muerte… pero sólo lo rodeaste.

- Te encontraron inconsciente en el piso - continuó Ron - Murmurabas palabras, las repetías una y otra vez. No las entendimos.

- Decías que estabas muerto, que no querías estar muerto, que no podías estar muerto, y más cosas por el estilo.

- ¿Eso es lo único que decía? ¿Rose?

- También mencionaste a una tal Heidi, le preguntabas quién era, le decías que no la conocías. Llamaste a Medea.

- ¿Dónde está ella?

- Mamá la mandó a descansar a su casa.

- Pero estuvo aquí siempre. No quería separarse de ti. Creo que ella era la más preocupada de todos - admitió Hermione. - Le dije que le avisaríamos cualquier cosa.

- Yo lo haré - dijo Ron - Me da gusto que estés con nosotros, Hugo.

- Toda la familia se ha pasado por aquí - dijo Rose - Vic fue la que consiguió que te quedaras en tu habitación. San Mungo está lleno de pacientes con cáncer de mandrágora y nadie quería que te contagiaras.

- Tu Departamento también tuvo que enfrentar una revisión dijo Hermione. - Algunos hasta hablan de quitar el velo.

- Pero no pueden hacerlo. Es muy valioso. Es…

- Hugo, cálmate, por favor. No debes alterarte.

- Lo siento. ¿Cuánto… cuánto tiempo he estado así?

- Un mes.

- ¿Un mes?

Tanto Rose como Hermione asintieron. Hugo se intentó levantar, ellas acudieron para ayudarlo. Pero ni siquiera pudo mover las piernas. Lo intentó otra vez con los mismos resultados. Lo intentó varias veces pero simplemente no podía. Sus piernas no le respondían. Hugo miró asustado esa parte de la autonomía. Alzó la vista y vio las miradas sorprendidas y conmocionadas de su madre y su hermana.

- No puedo - susurró.

- Llamaré a Vic, seguro que ella tiene la solución - dijo Hermione y salió de la habitación.

Hugo y Rose intercambiaron una larga mirada. Luego vio la sabana que se enredaba a entre sus piernas. Algo le decía que no podría volver a mover sus piernas. Ojalá que se equivocara. Pero casi nunca lo hacía.


Muy bien hemos llegado al capítulo 26º de Herederos. Gracias a todos los que me leen y me envían reviews, como también a los que no lo hacen.

Esta es la primera vez, creo, que escribo un relato algo surrealista. Espero que les haya gustado. Hagánmelo saber en un review, tanto si les gustó como si no. Eso ayuda a mejorar siempre.

Saludos!