Victoire Lupin

Estás sentada en el porche. Tienes los ojos cerrados. Disfrutas de la brisa marina, de la paz que sientes a tu alrededor, del rumor del agua de la playa. Estás es tu oasis personal.

- ¡Mami! ¡Mami!

Abres los ojos de inmediato y te topas con una niñita de poco más de dos años. Su cabello es de un furioso verde. Su rostro está fruncido en una mueca de rabia, y tú aprietas los dientes para no lanzar una pequeña risita.

- ¿Qué sucede, Nymphadora?

- No me llames Nymphadora. Lo detesto. ¿Por qué me pusiste ese nombre? ¡Es horrible!

- Era el nombre de tu abuela.

- Sí, ya lo sé - suspiró - Pol me está molestando.

- Ah, sí.

- Se está metiendo con mi cabello. Por su culpa tengo el cabello verde.

- ¿Otra vez se estaban retando?

- ¡Sí! ¡Él me obligó a pintarme el cabello de verde!

- ¿Y él?

- ¿Él qué?

- ¿De qué color es su cabello?

- ¡Así! - gritó alguien más.

Vic volteó. Allí estaba un niño de dos años y medio con el cabello de un brillante rubio. Polaris Lupin tenía una mueca de frustración, frustración que dirigí a su hermana gemela.

- ¡Es tu culpa!

- ¡No lo es!

- ¡Que si!

- ¡Que no!

- ¡Sí!

- ¡No! No es mi culpa, y punto.

- ¡Mamá!

- Ya basta los dos. Vuelvan a los colores que más les guste.

En el acto el cabello verde de Nymph adquirió el color del sol. Al mismo tiempo el cabello amarillo de Pol obtuvo el color verde oscuro.

- ¡Él empezó!

- ¡Mentira! ¡Fue él!

- No me importa quien haya empezado. Yo voy a terminarlo. Vayan a jugar. Vamos. Por hoy dejen de retarse. Ya mañana es otro día.

- Está bien, mamá.

- Esta bien, mami.

Los dos se alejaron. Vic sonrió. Sabía que dentro de poco volverían a ordenar al otro que adquiriera el color de su preferencia.

Vic cerró los ojos con satisfacción. Tenía todo lo que quería en su vida.


Feliz comienzo de año! Que el nuevo les traiga salud y prosperidad!

Un capítulo corto y tierno para empezar bien el año.