Disclaimer: Hp es de Jotaka.

Feliz año nuevo y feliz nuevo capítulo de Herederos.

Gracias por sus reviews del capítulo anterior a Misila, Annie Thompson, Lui Nott y Natt Wiward.

Nota: Para los que quieran leer más viñetas (aunque no de la tercera generación) está mi fic La Marca Tenebrosa, link aquí: www .fan fiction s /87 426 65/1 /La-Marca -Tenebrosa.

Dominique Weasley

- Vamos que no es justo, Dominique.

- Ya lo sé, John.

- ¿Y entonces por qué demonios lo haces?

Silencio. John se pasó las manos por el cabello negro, desesperado. Temblaba. No entendía nada. ¿Por qué ahora? ¿Por hoy? ¿Por qué una decisión tan repentina, tan fuera de lugar, tan poco parecida a Dom?

- Dom…

- Porque… Porque es lo correcto.

John no pudo evitarlo. El pecho se le abrió. Un líquido nauseabundo se esparció en sus entrañas. Una vena en su rostro se volvió morada. Sengudos después rugió:

- ¿Para quién? ¿Para quién putas es correcto, carajo?

- John, cálmate.

- ¿Qué me calme? ¿Qué me calme? ¡Ándate mucho al cuerno, Dominique Alexander Weasley!

Aquella explosión lo golpeó directo al corazón. Dominique empezó a inhalar y exhalar rápidamente. El corazón le latía fuertemente. El nudo en su garganta le atenazó la posibilidad de hablar. A duras penas, con una voz ronca que no sabía de dónde provenía, pudo decir:

- Entiéndeme. Esto… Nuestra relación… Lo que hay entre nosotros… Está mal, John…

- ¿Está mal para quién? ¿Para ti, maldito cretino, que vienes a mi casa, duermes en mi cama, te comes lo que hay en la alacena, y luego me follas a tu gusto? ¿O para el otro maldito puto que te espera al otro lado del globo?

Dom sabía que era inútil defenderse, defender a Jacques y consolar a John, todo al mismo tiempo. Estaba consciente de que John hablaba así, motivado por la bilis amarga del enojo. Pero no podía hacer más nada, más que irse. Miró sus maletas con gesto de frustración.

- Debo irme.

Aquella fue la gota que derramó el vaso. Dom tan tranquilo, tan sereno, tan putamente en sus trece, mientras él, John, sentía que tenía una avalancha en su interior. Era demasiada cachaza de parte de su novio.

- Si pasas por esa puerta espero que jamás esperes regresar.

Lo dijo todo lo firme que pudo. Intentando que la voz no le temblara a causa de la rabia.

Dom lo miró por última vez.

- John…

- Cálate. Has dicho que te vas. Así que vete. ¡Vete!

- No pienso irme hasta que haya dicho lo que tenga que decir.

John levantó la mirada. Dom se veía tan firme, tan seguro de sí mismo, que John no pudo menos que admirarlo. Esa fue una de las causas por las que empezaron a salir juntos. Aunque "salir" era sólo un eufemismo. Tal vez lo correcto sería decir que un día se encontraron, se dieron el lote, y que desde allí no han podido parar. Pero queda tan crudo decirlo así.

- Cállate.

- Sabes tan bien como yo que nuestra relación algún día tenía que acabar. Un comienzo tan accidentado como el nuestro…

- Accidentado - repitió John.

- Sí…, admitámoslo, John, lo nuestro fue lindo, verdaderamente lindo pero…

- Pero ya acabó, ¿eso es lo que quieres decir, verdad?

- John.

- Vete, Dom.

El aludido suspiró. Asintió y tomó sus maletas. Segundos después, había desaparecido del cuarto. John se quedó allí mirando a la nada.

En cierta forma, pensó, ambos somos esclavos tuyos, Dom. Y esbozó una sonrisa amarga.

- Volverás - aseguró al viento.

Al otro lado del globo, específicamente en Francia, Jacques Combe suspiraba y pensaba lo mismo.


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