Disclaimer: HP no es mío, es de la loca cabeza de Jotaka. Yo sólo me adjudico la trama detrás de los nombres.

Gracias por sus reviews a Misila, Bella Valentia. Gracias también a los que me leen desde las sombras, aunque me gustaría que me hicieran saber que están allí.

Con ustedes el 33º capítulo de Herederos:

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Lucy Weasley

Siempre hay alguien que ama más.

Siempre ha alguien quien siente más.

Siempre hay alguien para quien el dolor es un invitado conocido.

La autora.

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- Sinceramente, Lucy, no había necesidad.

- Claro que la había. No me lo perdonaría si no lo hubiera hecho.

Joe suspiró. No había manera. Lucy Weasley era demasiado cabezota para su propio bien.

- Ilústrame, ¿por qué había necesidad?

- Porque amigo mío, es Navidad.

Lo dijo como si eso lo explicara todo, pero para Joe no era así.

- ¿Y por qué es Navidad debes arriesgarte de esa forma?

- ¿De qué forma, Joe?

Su cara era la viva imagen de la inocencia. Joe masculló entre dientes. No había manera: no podía estar enfadado con Lucy por mucho tiempo.

- Sabes de que hablo. Esos niños pueden sobrevivir sin ti. Lo han hecho siempre.

Se refería por supuesto a los huérfanos del Orfanato San Mungo, Misión Alegría. Desde que Lucy se había inmiscuido en el proyecto, no había nadie más voluntarioso, activo y dedicado que ella. Y sus esfuerzos siempre se veían recompensados.

- Sí, siempre. - Lucy negó con la cabeza -. Todos los años es lo mismo, Joe. Siempre me dices lo mismo. Me gusta ir con esos niños. No tienen nada, Joe. La gente les envía regalos, juguetes y cosas que ya no les hace falta. Yo en cambio voy con ellos. Les doy mis sonrisas, les doy lo mejor de mi tiempo…

- Y ellos te adoran. Eso ya lo sé. Te necesitan.

- Exacto.

- Estoy seguro que si les hubieses explicado…

- Tal vez. Pero eso hubiera sido tan fácil. ¿Y cuándo me ha gustado lo fácil?

Lo dijo en son de broma. Pero una sombra oscureció sus alegres facciones. Joe se apresuró a cambiar de tema.

- Sabes a lo que refiero. En tu estado no deberías… no deberías hacer ningún esfuerzo. Lo sabes. Tu prima te lo dijo. Te dijo: Es peligroso que hagas muchos esfuerzos, Lucy. Debes…

- Ya sé lo que me dijo Vic. Me gustaría saber si ella hizo caso de su recomendación cuando nacieron Polaris y Nymh - susurró para sí. - Joe, no necesito reposo absoluto. Estoy embarazada, no paralítica. El único paralítico es Hugo, y bien que se mueve el condenado.

- Qué buen vocabulario. Me pregunto qué dirían tus fans si supieran tu amplio vocabulario.

- Dirían que soy una cantante más del montón - replicó mientras se encogía de hombros. Así con fuerza el regalo que llevaba bajo el brazo y suspiró - Ese es otro tema.

- Lucy…

- Quiero saber, Joe, es importante.

- Pero…

- ¿Cuándo dejarás que vuelva al escenario, Joe? ¿O definitivamente tendré que despedirme para siempre de la música?

- Yo no he dicho eso. Y creo, cariño, que nunca podrías apartarte de la música. La amas. Ni aun cuando te retires del escenario dejarás de cantar, así sea en la soledad de la ducha o en los cumpleaños de tus hijos o sobrinos. Además, estás embarazada. Ni siquiera tus fans esperas que vuelvas a cantar tan pronto. No, Lucy no cantarás aún.

- ¿Cuándo entonces?

- ¿Qué parece luego de que des a luz? ¿O después que tu bebé cumpla el año?

- ¡Eso es mucho tiempo! - se quejó Lucy.

Joe lanzó una carcajada.

- Ya verás cómo se te pasa el tiempo volando. Antes de lo pienses, ese niño gateará y te dirá mamá. Y si vas un poco más lejos, pronto ese niño irá a Hogwarts y sólo obtendrás de él el gesto de despedida.

- ¡Pero todavía no! No quiero alejarme de mi niño tan rápido. No es justo.

- Entonces, disfrútalo, cariño. Luego, no te alcanza el tiempo.

- Lo dices por experiencia propia, ¿verdad?

- Por supuesto. Nos pasó con Terry. Luego pensarás que el día no es suficiente. Luego querrás que el tiempo no pase. Yo me conozco todos esos síntomas, cariño.

Lucy sonrió. Adoraba a Joe. Él era como su segundo padre. En ocasiones era chocante porque ella ya tenía un padre al que amaba con todo su ser. Pero otras… Se sentía tan bien estar siempre tan protegida, tan amada. Joe la había apoyado siempre. Se había echado encima a todos los encargados de su carrera (colegas, dueños de espacios, productores de discos, fans…) y aún a su familia, con tal que la dejarán en paz con s embarazo inesperado. Lucy era consciente que no era ninguna chiquilla, pero había tenido fuerzas para salir ella sola. Había necesitado todo el apoyo de los que la rodeaban.

- ¿Cómo está Terry? ¿Y Mary?

- Bien, todos están bien. Mary me ha pedido que te dijera que no faltes al almuerzo de Navidad.

- ¿Cuándo lo he hecho? Desde que los conozco, los almuerzos navideños son parte de mi rutina diaria.

- Ya lo sé. Pero ella insiste.

- ¿Y Terry?

- Bien, sí bien.

- Joe…

- Oh, tú ganas. No sé qué se supone que tiene en el cerebro. ¿Qué jamás va a sentar cabeza? ¿Qué no piensa en formar una familia? Todo el tiempo al garete, visitando asiduamente los pubs, jugando partidas de poker interminables con sus amigos, saliendo con una chica esta semana y con otra nueva la siguiente… ¡Qué jamás nos va a dar nietos a su madre y a mí!

Lucy rió.

- Te preocupas demasiado.

- Y tú eres una insolente.

- Algún día se casará y tendrá hijos…

- Algún día - repitió Joe. - ¿Qué pasa si yo quiero nietos para ya?

- Que no los vas a tener. Tiempo al tiempo, Joe.

- El tiempo pasa, Lucy.

- Sí…

- Y hay cosas que no cambian.

- No, hay cosas que no...

- Como tus sentimientos por ese chico.

- Sí, como mis sentimientos...

Lucy miraba hacia la nada. Joe la miró y luego suspiró.

- ¿No crees que deberías olvidarlo?

- No puedo, Joe. Quisiera, pero no puedo. Lo sigo amando.

- Y lo seguirás haciendo. Bah, en el fondo sigues siendo una romántica.

- Lo sé - dijo Lucy riendo. Sin embargo su alegría no llegó a sus ojos.

- ¿Qué?

- Lo que más me pesa es saber que no sé porque simplemente dijo adiós. Adiós y ya. Sin explicaciones, sin avisos, sin nada. Adiós y sola. Adiós y esto se ha terminado. Me duele no saber sus razones. Porque debió tener una razón, ¿no? Vamos, estábamos bien, estábamos muy bien. ¿Entonces qué pasó? ¿Qué cambió? Me merecía eso al menos, ¿no? Saber por qué era dejada.

- Lance es un imbécil, pequeña.

- Pero siempre supe que era un imbécil, Joe. Siempre, desde el primer momento. Lo amaba, pero sabía sus defectos. Sabía lo que él era, y aún así… aún así sentí que era importante para él. No, esto va más allá de la simple imbecilidad, Joe.

- Deja de devanarte los sesos con ello, por favor. Y tomemos en cambio alguna cerveza de mantequilla.

- Está bien - aceptó Lucy.

Justo cuando iban a entrar en las Tres Escobas, Lucy lo vio. Era él. Era Lance. Igual que ayer, igual que siempre. Era él saliendo de las Tres Escobas. A su lado derecho, colgada de su brazo estaba su nueva novia.

Lucy quiso alejarse de allí. Quiso no verlo. Y que él no alcanzara a verla. Pero ya era tarde. Él levantó la vista. Por un segundo, un corto segundo, Lucy creyó ver al antiguo Lance. A su Lance. Al que la despertaba en las mañanas con un vaso de zumo de calabaza, al que se sentaba con ella en su sofá para ver una comedia en aquel aparato que los muggles llaman televisión, al que después de cada representación la recibía con un ramo de rosas blancas, sus favoritas. Por un segundo, eran ellos otra vez, Lucy y Lance.

Luego, él bajó la mirada y se encontró con su vientre. Pareció sorprendido. Lucy se preguntó el por qué. ¿No leía las revistas? Debería haber sabido que ella estaba embarazada. Pero al parecer no sabía Lucy pudo ver la pregunta muda en sus ojos. Y quiso golpearlo. Y quiso acercarse a él, zarandearlo por los hombros y gritarle que el bebé que esperaba era suyo. Pero no podía. Nadie sabía que el bebé era de Lance Mckensie. Ellos nunca hicieron pública su relación (no querían periodistas chismosos), por lo que nadie podía sacar cuentas. Ni siquiera su familia. El único que probablemente sabía era Joe. Pero el resto…

Segundos después, Lance se había ido. Segundos después, Lucy entraba en las Tres Escobas con el corazón saliéndole por la boca. Lo había visto de nuevo.

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Y hablan de amor sin saber lo que es.

Sin saber que está ligado al dolor.

Sin saber, que alguna vez todos hemos sufrido por amor.


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