Disclaimer: HP es de Rowling.
Gracias por sus reviews a Bella Valentia, Misila, samj, maryn95.
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Hugo Weasley
Estaba tan cansado. Mi cuerpo pesaba. Mis piernas no me respondían. No podía caminar. Me senté en la cuneta de la abandonada calle. Escuché un ruido. Un ruido que se hacía cada vez más fuerte. Levanté la vista y vi dos faros que se acercaban rápidamente hacia mí. Cerré los ojos y dejé que el coche me aplastara con la voracidad de su fuerza.
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- Hugo, despierta.
Desperté empapado en un sudor frío. Temblaba. Mi respiración era dificultosa.
- Tranquilo, todo está bien. Sólo fue una pesadilla. Tranquilo…
Abrí los ojos. Medea estaba sobre mí, colocando un paño mojado sobre mi rostro. Intenté levantarme, pero ella me lo impidió.
- Tranquilo… - repitió.
Me dejé caer sobre el colchón. Mi respiración se calmó lo suficiente para poder decir:
- Fue otra pesadilla.
- Lo sé…
Nos quedamos en silencio. Ella volvió a remojar el paño y volvió a colocarlo en mi cabeza. Yo suspiré hondamente.
- ¿Quieres hablar de ello?
- ¿De mis pesadillas? No, no lo creo.
- ¿Por qué no?
- No quiero hablar de mis pesadillas. Ya tengo suficiente con Ted. ¿Por qué todo el mundo se interesa en mis estúpidas pesadillas? Mi familia también está preocupada por ellas. Rose, mi madre, hasta mi padre que intenta darme mi espacio. Todos quieren saber con qué sueño. Por favor, no lo hagas tú.
- Vamos. Tal vez te haga sentir mejor.
- No lo sé…
- Vamos…
- Siempre es la misma pesadilla. Me siento en una cuneta y un auto pasa sobre mí.
Pude notar que Medea se estremeció.
- Eso suena espeluznante.
- Eso realmente no es nada. Hay noches que sueño con el Velo de la Muerte. Sueño que me traga como un gran hoyo negro. Sueño que me quedo en la oscuridad más absoluta y que no puedo salir. Pero hay veces en que parezco salir del velo y sólo es para que… Sueño que me señalan con manos y dedos largos, sueño que se ríen de mí…
- ¿Quiénes?
- La gente. Son personas sin rostro, personas que no distingo en la multitud. Pero también siento que me lo merezco, que me merezco su trato. Siento que…
- No mereces ese sufrimiento, Hugo. No lo…
- ¡Ya lo sé! ¿Ok? ¡Ya lo sé! Ya sé que no me merezco nada. Ya sé que es mi puta culpa. Ya sé que todo lo que ha pasado de tres meses para acá es mi estúpida culpa.
Medea me mira. Está dolida, lo sé. Pero intenta no demostrarlo. Me quita el paño mojado y se dirige a la cocina de nuestro departamento. Luego tendré que disculparme con ella.
Pero es que estoy harto. Estoy harto de esta situación. De no poder moverme. De ser un inútil. De que los demás me cuiden. De que todos intenten hacerme sentir mejor. ¡No quiero que nadie me haga sentir mejor! No quiero ayuda. No quiero compasión. No quiero que la gente se tome la tarea de alegrarme. ¿Por qué no simplemente me dejan en paz? ¿Por qué no simplemente me olvidan? ¿Por qué no simplemente me dejan a la buena de Merlín con mis pensamientos?
Cierro los ojos.
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Oigo a Medea cantar. En realidad tararea. Le gusta tararear mientras cocina, o trabaja, o se baña. Le gusta escuchar música. No cierro los ojos. La escucho. Parece que es lo único que me calma, que me saca de hoyo negro que el Velo de la muerte.
- Es una linda música.
- Oh, estás despierto.
Medea es seca. Nada que ver con su chispa, con la emoción con la que siempre habla. Suspiro. Esta es toda mi culpa.
- Lo siento. De verdad, lo siento. No debí decir esas cosas.
- No, no debiste.
- Es que… entiéndeme… Toda esta situación me sobrepasa. No sé qué hacer. No sé cómo… cómo superar esto. Todo es nuevo y terrible y yo… exploté. No debía hacerlo, lo sé. Yo…
- Te entiendo, Hugo. O al menos trato de hacerlo. Pero también debes entender que sólo queremos ayudarte. Que ninguno de nosotros es tu enemigo. Y que tu dolor es también nuestro dolor. Hugo, todos estamos preocupados: tu familia, tus amigos, yo… Y sólo… sólo queremos que te sientas bien.
- Lo sé. Es sólo que… siento que… a veces siento que sería mejor que me dejaran en paz, que nadie me ayudara.
- ¿En serio eso sientes?
- A veces.
Medea se pasó las manos por su cabello. Dos lágrimas corrieron por sus mejillas.
- Luego me doy cuenta que no quiero estar solo. Que no quiero estar solo con mis angustias, mis dolores, mis demonios. Me gusta… me gusta que estés aquí conmigo, Medea.
- ¿Sabes por qué lo hago, verdad? Porque te amo, Hugo. Realmente te amo y quiero que te sientas bien, quiero que…
- Lo sé.
- Cuando me alejas de ti, cuando no quieres estar conmigo… siento ganas de hacer algo para merecerme tu rechazo.
- Pero no mereces mi rechazo, Medea. No lo mereces. Eres tan buena, tan buena conmigo. No mereces mi rechazo o mis angustias.
- Pero las acepto. Te amo. Acepto lo que me das.
- Desearía darte más.
- Oye, tú me has dado tanto, pero tanto… Me has enseñado sobre el amor, sobre la vida, sobre la familia. Me has dado mucho, Hugo.
La abrazó. Acarició sus cabellos. Beso sus parpados. Tomó su boca entre mis labios y recojo sus gemidos. Ella se acuesta sobre mi pecho. Y permanecemos ahí, juntos, solos, unidos.
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