Disclaimer: HP es de Rowling.
Gracias por sus reviews a Mislia y samj
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Fred Weasley II
La vida te pone pruebas. Una y otra vez. Y uno no sabe si puede superarlas. La vida te pone en serios predicamentos.
- No está respondiendo a los hechizos, Fred.
Las palabras de Vic le caen como una losa en la cabeza. No puede creerlo. No quiere creerlo. No quiere creer que todo lo que ama puede en algún momento acabar. No quiere…
- Debe haber una forma, Vic. Debe…
- Lo hemos intentado todo, Fred. Todo. Y no hemos podido hacer nada. No responde y… y cada vez está peor.
- No…
- Lo siento, Fred. De veras que lo siento.
- Eso no me sirve, y lo sabes.
- Sí…
Fred se deja caer, derrotado. Ensimismado en sus pensamientos, no se da cuenta que Vic se va y que sólo queda con Lucian. Lucian Nott no sabe qué hacer o qué decir para ayudar a su mejor amigo. Es vagamente consciente de que nada de lo intenté hará sentir mejor a Fred. Lucian suspira.
- Lo siento, amigo.
A Fred le da un espasmo de sorpresa.
- ¿Qué…? ¿Qué haces aquí?
- He estado aquí todo el tiempo, desde que Vic…desde que ella te dio la noticia.
- Puta noticia. Prefiero que me digan que los Halcones quedaron de últimos en la Liga Nacional de Quiddicth, a esto. Esto es una mierda.
- Estoy de acuerdo contigo. Aún no puedo creerlo. Leah se veía tan dura, tan entera…
- Se enfermó de repente, eso es lo que dicen los médicos.
- ¿Y tú les crees?
Fred se encogió de hombros.
- No importa lo que yo crea.
- Claro, importa lo que ellos hagan, ¿no?
Fred sólo asintió.
- Se pondrá bien, Fred - murmuró Lucian luego de unos minutos de silencio -. Ya verás que sí. Leah se levantará y… Y todo volverá a la normalidad. Ustedes volverán a su casa en el centro de Londres, tú trabajarás en Sortilegios Weasley y ella en el Caldero Chorreante…
- Leah está embarazada - lo interrumpió Fred.
- Bueno, ustedes volverán a su casa a criar a ese bebé, le darán amor, cariño, y esas cosas que el dinero no puede pagar, le darán una familia… Todo estará bien, Fred. Ya lo verás.
- Fred…
Vic había vuelto. Fred se levantó como impulsado por un resorte.
- Dime - dijo un optimista Fred.
Pero la rubia no parecía traer buenas noticias. Tenía el rostro desencajado, profundas ojeras debajo de sus ojos azules, y los labios temblando.
- ¿Qué pasa, Vic? ¿Qué le sucede a Leah? ¿Ella…?
- Ella está bien. - Vic respiró profundamente - Fred, hay una forma de salvarla.
- ¿Y cuál es?
- Debes… Debes elegir entre ella, Leah, y… Debes elegir entre Leah y el bebé.
- ¿Qué?
- Si eliges a Leah, el bebé muere. Si eliges al bebé…
- ¡No! ¡No! ¡Por supuesto que no! ¡No! ¿Cómo se te ocurre decirme eso? Vic, yo…
- No soy yo, Fred. Mi jefe me ordenó decirte eso. Es una posibilidad como cualquier otra.
- Es una mierda de posibilidad. No voy a aceptarlo. No voy a hacerlo. No puedo.
- Fred…
- Si elijo a Leah, ella jamás me lo perdonará. La conozco, preguntará por nuestro bebé, y al saber que… al saber que su padre, que Yo, lo dejé morir… me odiará, me odiará para siempre. Lo sé. Y si elijo al bebé… si lo elijo, Leah morirá, no volverá a estar en este mundo. Y yo… no puedo criarlo solo, no puedo… no me siento capaz. Yo…
- Lo entiendo. Es tu decisión, Fred.
- Quiero verla. Quiero ver a Leah.
- No puedo dejarte. Lo siento.
- Vic.
- No puedo. Son órdenes del hospital. Fred, me gustaría, de verdad que me gustaría dejarte pasar, pero Wikils (mi jefe) no lo permitirá. Lo siento.
Fred vuelve a dejarse caer. Las palabras de Vic se repiten en su cabeza: Es tu decisión, Fred… Es tu decisión… Fred se levanta.
- ¿Adónde vas? - preguntó Lucian.
- A ver a mis suegros.
- No les gustará la noticia.
- Y a mí tampoco me gustará decirla, pero tengo que hacerlo.
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Una hora después, Fred vuelve a estar en San Mungo. Es tu decisión… Otra vez esas malditas palabras. Fred no quiere escucharlas. No quiere pensar en ellas. No quiere…
- Fred…
El aludido levanta la cabeza. Louis y James están en frente de él.
- Hola…
Fred piensa en sus dos primos. El primero no tiene hijos, no tiene novia, no tiene vida sentimental, y está desengañado de la vida. El segundo tiene una niña preciosa, Stefanía Potter, hija de una mujer que no soporta a James. Luego piensa en sí mismo: en su esposa, en su bebé nonato y en su decisión. Y Fred no sabe quién de los tres tiene más mierda en su vida. Lanza un hondo suspiro.
- ¿Qué ha pasado?
- Leah está muy enferma. La única forma de salvarla es elegirla a ella sobre el bebé. Y la única forma de salvar al bebé es elegirlo a él sobre su madre. Llámenme egoísta pero no puedo decidir. No puedo…
- Lo sentimos, Fred, de verdad.
- Lo sé. Necesito un milagro.
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Fred despierta. Sus ojos se abren. Mira a su alrededor. Y se da cuenta de tres cosas: la primera, no está en su casa; la segunda, se encuentra en el tercer piso de Hogwarts, y la tercera, no recuerda cómo llegó allí. Se levanta. Mira hacia el exterior, hacia las montañas, hacia el Bosque Prohibido. Deben estar en mayo. Pero eso no es posible. Porque Leah yace en una cama de San Mungo en el mes de abril. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Ha retrocedido en el tiempo?
- Hola, Fred.
Fred voltea. Un espasmo recorre su cuerpo al reconocer a la persona que le habla.
- Tío Fred…
- Así es.
- Pero eso no es posible. Tú… Tú estás muerto.
- Así es.
- Yo… ¿Yo también estoy muerto?
El tío Fred lanza una carcajada.
- No, por supuesto que no. Tú no estás muerto.
- Pero entonces… Entonces me he vuelto loco.
- Las mejores personas están locas, así que ese no es un problema.
- Yo no estoy loco - protestó Fred.
- Te será difícil convencerme de ello. Sólo un loco trabajaría en Sortilegios Weasley,
- Porque es el negocio familiar.
- Sólo un loco se casaría con Leah Longbottom,
- Porque la amo, porque la…
- Y sólo un loco esperaría un milagro de una situación tan complicada como la que vives ahora.
- ¡Yo no…! ¿Cómo sabes eso?
- Los muertos sabemos muchas cosas.
- ¡Pero no es posible!
- No eres sobrino mío si piensas realmente así. Lo que algunos llaman imposible es sólo otra forma de lo posible.
- Muy agudo.
- ¿Verdad que sí? He estado practicando ese discurso por años.
- ¿Ah sí?
- Sí. Me estás tomando el pelo. Eso es bueno, demuestras ser tanto sobrino mío como hijo de Feorge.
- ¿Feorge? Oh, ya es mi padre.
- Exacto. Yo soy Gred.
- Claro. ¿Y entonces…?
- Eres impaciente. Está bien. ¿Sabes que tienes muchas preocupaciones para sólo tener veinticuatro años? Debes relajarte, hombre.
- Oye, genio, si tú tuvieras a tu esposa muriéndose en una cama de hospital, no me dirías: relájate, hombre.
Gred se encogió de hombros.
- Tal vez.
- ¿Leah sobrevivirá?
- ¿Por qué piensas que yo te responderé eso?
- ¡Porque es tu trabajo!
- No es mi trabajo. Yo no tengo trabajo, te lo garantizo.
- Pero… ¿Pero entonces por qué estás aquí?
- ¿Por qué quiero grageas de todos los sabores? No. Porque quiero saludar a mi sobrino, eso es todo. ¡Hola! Ya lo hice. Ahora me puedo ir.
- ¡Espera!
- Así, ya recordé. También para recordarte que debes relajarte.
- Ya te dije que…
- Todo pasa por una razón - dijo Gred con voz de ultratumba.
- ¿Todo? Oye, un momento…
- Y para decirte que estés preparado para cualquier cosa.
- Pero si…
- Esas son las órdenes de allá arriba. Ahora estos son mis… llámemelos consejos. El primero: no te enojes con tus primos.
- Yo…
- Te enojaste con Vic, y prácticamente la insultaste. Eso no es justo. Ella ha hecho todo lo que ha podido.
Justo en ese momento, en la pared, aparecieron unas imágenes. Vic agitando su varita encima de Leah, Vic murmurando hechizos encima de Leah, Vic pasándose las manos por el pelo encima de Leah. Y Fred inmediatamente se sintió mal.
- Lo siento.
- Díselo a ella. Mi segundo consejo: Sí, es tu decisión. Elegir entre Leah y el bebé es tu decisión, de nadie más. Si no quieres elegir entre los dos sigues tomando una decisión: la de no hacer nada.
- Pero yo… yo no sé qué hacer.
- Esa también es otra decisión. Debes asumir lo que decidas.
- Mi tercer consejo: relájate. Es importante. Ahora, sí me voy.
- Estás completamente loco.
- Eso para mí es un cumplido, Fred.
- Sí, ya lo sé, Gred.
- Hasta luego, Fred.
Fred trastabilló, cayó… Y siguió cayendo cada vez más rápido. Cayó sobre la silla de San Mungo.
- Nos vemos, Gred.
Y sonrió.
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