Discliamer: HP no es mío.
Gracias por sus reviews a Misila y Bella Valentia
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James Potter
James Sirius Potter sabía tres cosas. Uno, le gustaba ser hijo de Harry Potter pero no estaba entusiasmado con la fama q conllevaba; dos, le gustaba el quiddicth pero sentía que de un tiempo para acá (desde que empezó a jugar profesionalmente) el juego no le llenaba como antes; tres, adoraba por sobre todas las cosas a su hija. Stefania Potter se había convertido en su vida, en el aire que necesitaba para respirar, en el motor que lo impulsaba a despertarse cada día.
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El momento fue cumbre. Nada ni nadie lo había preparado para ello, nadie jamás lo haría, de todas formas. Por primera vez, James sintió que le faltaba el aire, que los brazos le pesaban, y que su cuerpo podía flotar. Dejó de creer en la fuerza de la gravedad, dejó de creer en las teorías del nacimiento del Universo, dejó de creer que todos somos independientes. Ahora lo único en lo que podía creer era en ella. Stefanía Potter, su hija.
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- James, no necesitas hacer eso.
- Pero quiero hacerlo.
- Pero…
- Ya descansa, Kate, tranquila.
Katherine Morris frunce el ceño. Le molesta la condescendencia de James, le molesta que esté tan atento de su hija, le moleste que le quite tiempo de calidad con Stefania. Cuando se embarazó de él, no creyó que James se fuera a hacer cargo del bebé, ni que se fuera a casar con ella, ni que le diera su apellido a la niña. Creyó que cuando le diera la noticia, James simplemente huiría, pero no, el moreno tenía que quedarse. Y Kate no sabía si agradecerle por su amabilidad o golpearlo por su estupidez.
- James, es mi hija.
El aludido la mira sorprendido. Otra vez se ha olvidado que Kate está ahí. Ella pone los ojos en blanco, y repite:
- Es mi hija.
- Sí, lo sé.
- Dámela.
- Déjamela un ratico más.
- No, James, ahora, dámela. James…
- También es mi hija, Kate.
- Sí, pero… No importa. James, dámela.
- Sólo quiero…
- Que no importa. James, por favor… Mira está llorando. Dámela ya.
- Está llorando porque tiene hambre, sólo eso.
- James, por última vez, dámela.
Resignado, James pone a Stefanía en los brazos de Kate. Ella se descubre un seno y la niña empieza a beber. Kate sonríe.
- Gracias.
- ¿Sabes?, no le quiero hacer daño a Stefanía.
- Ya lo sé.
- ¿Entonces?
- Yo…
- ¿Por qué cada vez que la sostengo, me la quitas? ¿Por qué, por más que te asegure que todo estará bien, sigues insistiendo en que estará mejor contigo? ¿Por qué me la dejas el tiempo suficiente para admirarla y luego la alejas de mí?
- James…
- Respóndeme.
Kate suspiró.
- No confío en ti, James.
- ¿Qué?
- No puedo. Lo siento.
- ¿Lo sientes? Me dices que no confías en mí, ¿y luego dices: lo siento? ¿Pero qué clase de persona crees que soy?
- La clase de persona que me distes a conocer. La clase de persona de la que creí estar enamorada. La clase persona a la que deje de amar en el mismo momento en que me llamo Damaris cuando estábamos teniendo sexo.
- ¿Qué yo…?
- Sí, lo hiciste. Tu hija, James, fue concebida mientras le decías a su madre Damaris.
- Yo… Yo jamás…
- Lo hiciste.
James abrió y cerró la boca varias veces. Luego dio media vuelta y se marchó del cuarto del bebé. Kate suspiró.
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Había procurado no perderse ninguno de los eventos importantes de su hija. Su primer diente de leche. El día en que fue coronada reina de su salón de clases. El primer disfraz. La primera vez que se vistió sola. La primera vez en que voló en una escoba. Las navidades. Los veranos. Las comidas.
Luego de una lesión de quiddicth (de la que se curó rápidamente), decidió abandonar el campo y tomó el puesto de profesor de vuelo en Hogwarts. La excusa que les dio a sus fans fue que necesitaba un respiro, pero el verdadero motivo era que quería estar cerca de su hija.
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Stefanía Potter siguió la tradición familiar (iniciada por su abuela y continuada por su padre) de jugar al quiddicth profesionalmente. Con sólo quince años fue la estrella de los Black Witherlade, equipo que la recibió con los brazos abiertos y le permitió ocupar la posición que más le gustaba, golpeadora.
No tuvo hermanos porque James no tuvo más hijos. Cuando le preguntaron el porqué, quiso decir:
- El hombre es el único animal que se equivoca dos veces. Yo decidí dejar de ser hombre.
Pero como se encontraba ante las cámaras, contestó:
- Quiero disfrutar enteramente de Stefania. Ella es la luz de mis ojos.
Tampoco tuvo nuevas madres. No digamos que James fue un santo, pero no se permitió relaciones duraderas. James y Kate se divorciaron cuando Stefanía tenía siete años. La relación había llegado a ser insoportable, y por el bien de los tres decidieron que lo mejor era separarse. Ahora son buenos amigos.
Stefanía se casó con William Crowle, el entrenador de los Black Witherlade. Está embarazada en estos momentos. Y James no puede creerlo... aún.
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