Disclaimer: ¿Alguien cree que HP es mío? ¿No? Bien.
Gracias por sus reviews a Misila y LuiNott.
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Lorcan Scamander
Si alguien le hubiera dicho a Lorcan, que un día estaría sentado en el porche de una casa con Rose Weasley como esposa, se hubiera reído. Pero ahí estaba, esa era su realidad, su presente. La casa era de paredes blancas (el color favorito de Rose), pero la fachada era amarilla (el color favorito de Lorcan). Se encontraban mirando unas viejas fotografías. Recordando, aprendiendo, aceptándose…
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- Dime algo que te guste, Lorcan.
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A Lorcan Rolf Scamander le gustaban muchas cosas. Leer un buen libro. Mirar la televisión. Cocinar.
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- No puedo creer que sepas cocinar.
- Créelo, Rose.
- Um, tendrás que mostrarme tal cosa.
- Por supuesto.
Rose sonrió.
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No le gustaba dormir a la intemperie. Comer de la tierra. Prescindir de las comodidades.
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- La vida al aire libre no es para mí.
- Aunque parezca mentira, eso ya lo sabía.
- Ah, ¿en serio?
- Somos mejores amigos, ¿lo recuerdas?
- Por supuesto. Siempre lo hemos sido, ¿no?
- Exacto.
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Mejores amigos siempre. No podía ser de otra forma. Sus madres ya se conocían. No podían haber dos mujeres más diferentes que Luna Scamander y Hermione Weasley, pero ellas seguían considerándose buenas amigas. Y sus hijos conectaron de inmediato. Los mejores amigos.
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- Cómo nos costó, ¿cierto? - preguntó ella.
- ¿Qué cosa?
- Admitir nuestros sentimientos.
- Sí, es verdad. Nos costó.
- Casi diez años.
- Casi diez, cierto… Diez largos años.
- Creo que valió la pena. Si hubiéramos aceptado que…
- Tal vez no estaríamos aquí.
- Exacto.
- Valió la pena.
- Ajá.
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- Cuéntame un secreto.
- Cuéntame tú uno.
- Yo empecé. Cuéntame tú.
- No sé…
- Vamos, Rose.
- Me gusta un chico.
A Lorcan se le cayó el alma a los pies. Alguien se le había adelantado. Alguien había llamado la atención de su pelirroja favorita.
- ¿Quién?
Rose se sonrojó.
- No, no te lo diré.
- Pero…
- ¡Rose! - llamó Albus - Ah, hola Lorcan.
- Hola, Albus.
- Tengo que irme, Lorcan.
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- Era yo, ¿cierto?
- ¿Y ahora lo preguntas?
- Sólo dime, Rose - insistió con voz cansina.
- Eras tú. Siempre fuiste tú.
- Oh…
- ¿Lo dudas ahora?
- Creí que te gustaba Malfoy. Saliste con Malfoy.
- Scorpius era lindo, sí. Pero no era tú.
- Qué bien, ¿no? Eso es un alivio. Saber que él no soy yo.
- Lorcan.
- Lo siento. Pero es que cuando hablamos de él…
- Lo sé.
Rose sonrió.
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- Cuéntame ahora un secreto.
- Um…
- ¡Lorcan!
- Probablemente este es el mejor día de mi vida - le contestó sonriente. Y Rose lo recompensó con un beso.ç
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