Disclaimer: Les juro que busqué el disfraz de JK pero no lo conseguí, así que desistí de ser ella.

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Lily Potter

Casarse siempre estuvo en los planes de Lily Luna Potter. Desde pequeñita. Desde que tuvo consciencia de que los papis y mamis se casan para darles una familia a sus futuros hijos.

Cuando tenía cinco, la abuela Molly le había tejido un hermoso vestido de lana. El vestido era blanco, cuando Lily se lo ponía, se imaginaba que era una novia y que aquel era el día más feliz de su vida. Todo era especial. No había cabida para la tristeza.

Pero su boda real distaba de ser la boda de sus sueños. Sí, su vestido era la envidia de todos. Sí, su padre la llevaba al altar. Sí, sus primas estaban formando filas detrás del altar. Sí, todos parecían emocionados. Sí, habría pastel hecho con todo el cuidado del mundo por la abuela Molly. Sí, tenía un ramo en su mano. Sin embargo, cada vez que veía hacia donde estaba Richard, su novio y en pocos minutos su esposo, no podía evitar un sentimiento de malestar. Porque no era él quien debía estar esperándola. Porque no era él con quien debía casarse. Porque no él el que su corazón deseaba.

Entonces se detuvo.

Entonces, sin dar explicaciones, dio media vuelta y salió corriendo.

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Taurus Zabini se encontraba en su mansión en Italia. En la mano derecha, tenía un vaso de whisky a medio llenar. En su mano izquierda, portaba la varita. Levantó la cabeza y miró el reloj.

- En pocos minutos será su boda.

- ¿Qué?

Giró la cabeza. Pansy Zabini, su madre, estaba apoyada en el dintel de la puerta.

- La boda de la chica Potter. Es hoy, ¿no?

- Sí…

Ella se alejó de la puerta y se vino a sentar en sillón.

- ¿Y por qué no estás con ella?

- ¿Qué? Bromeas, ¿verdad? Dime que bromeas.

- No, no bromeo.

- No puedes estar hablando en serio.

- Taurus…

- No.

Pansy suspiró. Taurus la miraba fijamente.

- No estoy bromeando.

- Yo tampoco.

- Lo sé.

- ¿Lo sabes?

- Sé cuánto te importa. Y me molesta.

- ¿Te molesta?

- Es una Potter.

- Es una chica.

- Sí, tal vez. Sigue sin gustarme.

- No… no tengo la culpa de ello.

- Lo sé. Um…

- ¿Qué?

- Deberías ir con ella.

- No.

- Taurus…

- Que no, ¡maldición! No puedo, ¿ok? No puedo ir. Yo…

- Puedes y debes hacerlo.

- ¿Por qué?

Pansy no respondió de inmediato. Se limitó a mirarlo. Por fin llegó a decir:

- Porque es necesario. Porque tienes que impedir esa boca. Porque tienes que ser tú y no otro el que la espere en el altar. Porque no puedes quedarte aquí. Porque debes estar con ella. Porque sólo así serás feliz…

- ¿Feliz?

- Sí. Ahora vete.

- ¿Irme? ¿A dónde?

- ¿Cómo qué a dónde? A Inglaterra, claro. Vamos, largo. Vete ya. Sólo te quedan cinco minutos. Vete.

Taurus Zabini sonrió. Y pensó: Quizás no era la menor madre del mundo, pero era la mía. Un segundo después se había desaparecido de la Mansión.

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La aparición siempre ha sido efectiva. Pero no todos pueden aparecerse: algunos no tienen carnet, a las mujeres embarazadas se les prohíbe aparecerse, y para los ya ancianos la aparición les resta demasiadas energías. Hasta hace poco los magos debían tomar diversos puntos del mundo para trasladar a una gran cantidad de personas al mismo lugar. Pero luego se tomó una fábrica abandonada por los muggles. Tras un par de hechizos que remodelaron por completo el lugar, se le dio el nombre de Centro de Tranportaciones, o CT para abreviar. Allí se encontraban los surtidores de la Red Flu, las chimeneas autorizadas para viajar de un país a otro, las chimeneas preparadas para personas sin domicilio registrado. También estaban los numerosos objetos que se usaban y se reusaban como trasladores. Los exámenes de aparición se hacían en CT. El carnet te lo entregaban de inmediato. Para registrar una chimenea en la Red Flu sólo debías llevar tus papeles a la CT. Pronto todas las naciones tenían una CT entre sus dominios.

Pero la CT no era un sitio de reencuentros, no aún al menos.

Lily Potter estaba a punto de utilizar un traslador internacional que la llevaría a Italia. Al ser hija de Harry Potter el trámite era rápido y fácil. Lily odiaba tener que usar las influencias de su padre, pero en ese momento no le importaba. Sólo quería llegar. Puso un dedo en la sucia botella que le habían dado. Cerró los ojos y desapareció.

Taurus Zabini no era ningún hijo de famoso ni nada por el estilo, pero sabía cuando debía cobrar los favores que hacía su padre. Tomó un viejo y desvencijado caucho. Contó mentalmente:

Cinco…

Tal vez Lily estuviera emocionada al verle.

Cuatro…

Aunque era posible que se molestara por haber tardado tanto.

Tres…

Pero de todas formas, sería culpa de ella. Nadie le obligó a casarse con el idiota de Richard.

Dos…

Tenía que interrumpir esa boda a como diera lugar.

Uno…

Cabello rojo. El mismo tono que Lily. Cabellos rojos.

Cero.

Y desapareció.

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Lily jamás había estado en Italia. Taurus la había invitado muchas veces pero siempre surgía un compromiso: una fiesta con su familia, una reunión con sus amigas, un problema en su trabajo… Pero sí sabía que tenía que hacer.

- Necesito un traslador para la Mansión Zabini - dijo mientras rogaba a que su interlocutora supiera inglés.

- Nombre.

- Lily Potter.

- Por aquí - le respondió con acento italiano.

Lily sonrió con alivio.

Minutos después estaba en frente de la Mansión Zabini. Era una Mansión antigua, aunque no tanto como la de los Malfoy, decía Scorpius Malfoy con orgullo. Es mi casa, así de sencillo, decía siempre Taurus.

Lily sonrió y tocó la aldaba. Al instante apareció una vieja elfina. Recordó las palabras de Zabini: La vieja Quila tiene tantos años como la casa en la que vivo. Esa debía ser Quila.

- Hola, Quila. ¿Dónde está el amo Taurus?

- Quila no la conoce. Quila no sabe porque la señorita si sabe mi nombre. Quila no sabe por qué la señorita busca al amo Taurus.

- Soy Lily, Lily Potter. Soy amiga de Taurus. ¿Dónde está, Quila?

- Ah, el amo Taurus habla mucho de ti. Quila lo sabe, Quila lo escucha.

- ¿Dónde está Taurus, Quila?

- Ay, señorita, él salió.

- ¿Qué? ¿A dónde? Quila…

- Se fue a Inglaterra, Potter.

- ¿Qué? - Lily alzó la cabeza y pudo ver a Pansy Zabini en frente de ella. - Hola, señora Zabini. ¿Taurus se fue? ¿A dónde?

- Déjanos solas, Quila. Pasa Potter. ¿Quieres té? Quila trae una jarra humeante de té.

La señora Zabini caminaba rápidamente. Lily se levantó la falda de su vestido de novia y la siguió.

- Espere, quiero saber… ¿A dónde se fue Taurus?

- Ya te lo dije. Se fue a Inglaterra.

- ¿A Inglaterra?

- Sí.

Lily se dejó caer en el mismo sillón en que pocos minutos antes estaba Taurus. Lily lo sabía. Podía olerlo.

- ¿Cuándo se fue?

- Hace poco. ¿Con azúcar y leche?

- Escuche, aprecio su hospitalidad pero…

- Entonces no rechaces mi té.

- ¡No entiende! - exclamó Lily al tiempo que se levantaba - No quiero té en este momento. No quiero nada, sólo…

- ¡Siéntate! No me vas a gritar en mi propia casa. No lo harás, ¿está claro?

- Lo siento…

- Siéntate.

Lily así lo hizo. Se sentía tonta y estúpida. ¿Cómo se ocurría gritar en la casa de los Zabini?

- Con azúcar. - Pansy asintió y le ofreció la taza. - Gracias.

Tomaron ambas un sorbo de té. Lily dejó su taza en una mesita.

- Lo siento, me gustaría quedarme pero…

- Por favor, no empieces con mentiras. Si hay algo que detestan las suegras de las nueras, es que intenten por todos medios, caer bien. No me vas a caer bien por mucho que quieras. Lo siento, pero es así. No soporto ni a tus padres, ni a tus tíos. Y ellos tampoco me soportan a mí, así que por favor, no intentes caerme bien. Es molesto.

"Oh, sí, lo que más quiere una a tu edad es que su suegra no sea una víbora. Algunas hasta llegan al extremo de desear ser amigas de su suegra. Otras simplemente quieren que su suegra las tolere. ¿Te digo algo? Todos esos deseos son estúpidos. Basta con que sepas que tienes una suegra. Ya. Respeta mi espacio, yo respetaré el tuyo. O al revés, no importa. Simplemente no nos toquemos. Créeme, agradecerás lo que te digo. Lo único que hacen las suegras es molestar.

- Yo creo que…

- Lo sé de primera mano, ¿sabes? Yo también fui nuera. Estuve a punto de convertirme en la nuera de Narcisa Malfoy, pero ya ves, ese puesto le correspondió a otra. A mí me tocó ser la nuera de Barbara Zabini, Barbie para los amigos, pero yo no soy su amiga, así que no tengo derecho a llamarla Barbie. Lo hago a sus espaldas, ¿sabes? Tú también me llamarás de una forma. Espero no ser una suegra tan perra, claro. Pero supongo que eso también lo pensó Barbie Zabini, y fíjate. Siempre decimos: quiero ser de esta forma y de esta otra, pero no de esta u otra manera. Al final, nosotros no tenemos decisión en ello. Llámalo destino, si quieres.

Silencio. Un silencio incómodo que aturdía los oídos. Por hacer algo, Lily tomó de su té.

- Taurus debería llegar en cualquier momento…

Eso hizo que Lily voviera a pensar, no ya en el monólogo de Pansy Zabini, sino en lo que tenía que hacer:

- Debería ir a buscarlo.

- ¿Eso de qué serviría? Se pueden volver a cruzar en el camino, no verse y volver a perder la oportunidad de encontrarse. Mejor quédate aquí.

- Tengo que irme. Lo siento. Gracias por el té.

Ambas se levantaron. Lily temió por un momento que la señora Zabini le volviera a ordenar quedarse. Sin embargo, no hizo eso.

- Vete por la chimenea.

- Está bien.

- ¿Te casaste?

- No. No… Claro que no.

- Bien. Vete.

Minutos después, Lily estaba en la CT de Italia. Otra vez.

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Taurus Zabini supo que había cometido un error cuando llegó a la Casa Potter. Estaba sola, sin vida. Se asomó al patio y pudo ver los restos de una fiesta reciente. Sintió ganas de halarse el cabello por su estupidez. No debía ir ahí. No debía regresar a Inglaterra. No debía…

- ¿Taurus?

- Scor, eres tú. Hola.

- Hola. ¿Todo bien?

- Sí… Bueno, no.

- ¿Qué haces aquí? ¿No estabas en Italia?

- Vine… Vine a buscar a Lily. Yo…

- Ella no está aquí.

- Sí, ya lo sé.

- Me refiero a que se acaba de ir.

- ¿Cuál es la diferencia? Se fue para siempre.

- No. Quiero decir… Ella… ella se fue de la boda. Abandonó a McDougal en el altar. Tenías que hacerlo visto. Fue apoteósico. Ella dando media vuelta y yéndose. McDougal parado como un idiota mirándola irse… Fue la madre de divertido.

- Sí, claro.

- Y luego Fred empezó a cantar: ¡Lily no se casa! ¡Lily no se casa! ¡Lily no se casa! Hasta hizo un baile y todo. Y también se le unió James, luego Louis y Dominique… ¡Fue cojonudo!

- Sí, lo fue…

- Oye, hombre, anímate. Ella no se casó.

- ¿Dónde está?

- Eh…

- Bromeas, ¿verdad? - los interrumpió una voz. - Fue a Italia a buscarte, Taurus - dijo Rose.

- ¿Qué?

- ¿En serio eres idiota de nacimiento o tu madre te dejó caer de la cuna? - intervino Roxie - Que fue a Italia, tonto, a B-U-S-C-A-R-T-E. ¿Entendiste?

Pero ya Taurus no la escuchaba. Estaba en la CT de Inglaterra.

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Taurus corría. Necesitaba un traslador internacional y rápido. Pero el encargado le dijo que había una cola inmensa de personas que tenían su mismo destino. Que debía esperar treinta minutos.

- Escuche, no puedo, ¿ok? Mi novia está en Italia, buscándome y yo… yo necesito ir con ella. Es urgente.

- También los motivos de ellos son urgentes, señor. Mire… no me importa si es el mismo Merlín, tiene que esperar como todo el mundo.

Taurus no podía creer su suerte. Se pasó las manos por el cabello. Tenía que haber una forma. Ya se imaginaba maldiciendo al encargado, cuando la escuchó:

- ¿Taurus?

El aludido volteó. Lily Potter estaba en frente de él. Vestida de novia, un diseño hecho por hecho por ella misma. Sus mejillas estaban sonrosadas, el elegante moño en que se había recogido el cabello se había deshecho, y la falda del vestido estaba sucia. Corrieron uno junto al otro.

Esta es la parte en que el protagonista de la película esa a la chica de sus sueños, se dijo Taurus.

Esta es la parte del final feliz, se dijo Lily.

- Feliz San Valentín, Lily - susurró Taurus.

- Feliz San Valentín, Taurus.


¡Feliz San Valentín para ustedes tambien! Tanto para los que tienen alguien con quien celebrarlo como las que no (como yo).

Los Reviews en estas fechas son como tus dulces favoritos. ¿Me regalan uno?