Advertencia: Este fanfic es un ZADR = Un romance de Zim y Dib. Si el tema no es de tu agrado, no lo leas. DE VERDAD.
Todo lo relacionado con Invasor Zim no me pertenece ;w;
Clasificación: T, por escenas medio violentas pero nada del otro mundo xp
Género: Universo alternativo. Con un poco de angustia pero las cosas mejorarán… de alguna forma owo;;;;;;;;
Resumen: Zim prometió que no huiría más. Pelearía por aquello importante para él y regresaría aunque las cosas jamás pudieran ser lo mismo. Pero al regresar a la Tierra sabrá que el tiempo ha pasado demasiado rápido para poder, siquiera, decir adiós. Ahora deberá sobrevivir en un mundo irreconocible para él en un universo incierto, hasta que encuentra a una persona que le permitirá cumplir con su promesa.
Capítulo II
Fighting Bravely
"¡Rápido! ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Quítense de mi camino!". No importaba si llegaba hasta los límites de la región, para ese entonces ya podría averiguar cómo y cuándo moverse por Ciudad Capital ¡Pero tenía que alejarse!
Juna entró estrepitosamente a la línea del subterráneo al último momento y, apoyándose del pasamano, respiró agitadamente tratado de recuperar su aliento.
"Perfecto" Pensó "¡AHORA TODO MUNDO SABÍA QUE ESTABA AHÍ!" - ¡¿Y ahora que más hace falta? ¿Que me asalten? ¿Que el metro choque y me quede cuadripléjico? ¡¿Que a la salida me estén esperando? - Juna notó como, sutilmente y sin movimientos bruscos, los demás pasajeros cercanos a él se distanciaban recelosamente y alguno que otro se retiraban al siguiente vagón. Avergonzado, el muchacho se sentó en un asiento recién abandonado y guardó silencio. ¡Todo era culpa de ese maldito, desgraciado, lunático alien!
- Ojala se caiga del edificio más alto - Susurró agriamente, cruzando los brazos.
Pasaron varias horas y el subterráneo se fue llenando en las estaciones más concurridas y vaciando conforme se acercaba a las afueras de la ciudad. Mientras tanto, el muchacho se mantuvo alerta, sin moverse de su lugar con el rostro bajo, sin pensar mucho sobre su predicamento y, por un momento, estuvo solo en el vagón, tranquilamente dejando pasar lentamente al tiempo.
Antes que todo, tenía que guardar la calma, él sabía de memoria cada uno de los horarios y rutas y sabía perfectamente por donde desplazarse. Pero solo era cuestión de tiempo antes que empezaran a registrar ese servicio. En la siguiente parada tendría que bajarse y arreglárselas para regresar.
Soltó un suspiro cansado y, frustrado, se pasó las manos por su cara.
- Todo va a estar bien – Se dijo. Nada podía cambiar lo que pasó - En cualquier caso, las alarmas se iban a activar tarde o temprano - y tendría que haber huido. Claro que no se habría imaginado la circunstancia tan bizarra y peligrosa que le tocaría enfrentar. – Carajo. – No creía su suerte.
Acomodándose sobre el rígido asiento, miró sin real atención a las lámparas tintineantes del subterráneo, buscando algún indicio celestial que iluminara su vida. Solo encontró una polilla dando vueltas, estrellándose contra la luz artificial.
Y todavía tenía que llegar a trabajar esa noche.
…
Olía bien. A fin de cuentas, no podía quejarse. Desde que abandonara Irk en ese humillante estado, todos sus suministros estaban más que contados. Tal vez por eso cada bocadillo que había comido desde ese entonces hasta la fecha sabía mejor que el anterior, pero esto estaba por terminar.
Entre las manos de Zim había una barrita azulada, no más larga que una cuchara de té, envuelta en un empaque rojo, rasgado de un extremo y una sonriente carita impresa en un brillante color morado. Ese era el último bocadillo que Zim tenía de su planeta; si bien no había sido su favorito el día que abandonó el Imperio Irken, sabía que hoy disfrutaría especialmente de ese sabor.
La primera mordida la fue masticando lentamente, la capa externa se había endurecido por el tiempo pero el centro tenía una textura granulosa y suave. En términos humanos, podríamos describir el sabor como dulce, a moras y con un toque de canela y clavo. La habitación que llamaba suya estaba en silencio mientras un bajo ruido llegaba a él. Había dejado a Dib en la sala frente al televisor encendido (aunque el humano estaba más concentrado en la pantalla de su computadora) antes de escurrirse a su habitación para comer en paz ese bocadillo sentado sobre la cama, con la espalda contra la pared y las piernas recogidas contra su pecho.
Otra mordida. Dib continuaba esforzándose en buscar algún proceso para conseguir algún tipo de alimento compatible con su organismo y entre los dos parecían haber encontrado algo prometedor. Si no encontraban algún sustituto como fuente de nutrientes, por pocos que necesitara, no duraría más de un año terrestre con baja actividad física y mental. Aun siendo degradante, Zim prefería rebajarse a consumir alimentos terrícolas procesados como fueran a permanecer inerte, esperando que su cuerpo dejara de funcionar; ya era suficientemente humillante esconderse en esa bola de lodo perdida en medio de la nada como para sumarle ese despreciable final.
Siguiente mordida. Hablando de Dib, en los tres años que había vivido con él, jamás había visto al humano comportarse de esa extraña forma. Ultimadamente, cada vez que se cruzaban por los pasillos, los cuartos o en la misma entrada de la casa, sus mejillas se teñían de rojo, desviaba la vista de él y comenzaba a balbucear. Lo que fuera que sucediera, al cabo de unos segundos, el humano parecía recobrar la compostura y trataba de continuar con su camino o iniciar una plática, como si no hubiera pasado por tales lapsus brutus. ¿Estaría enfermo? Jamás lo había visto enfermo ¿o ésta era una excepción de la regla? También tenía la impresión que Dib ponía cualquier pretexto con tal de estar a su lado, pero esto último podría ser solo su imaginación.
Una nueva mordida. Aunque, ahora que lo pensaba, lejos de sentirse incómodamente acechado por el humano, había llegado a disfrutaba su compañía. Extraño. En un inicio no soportaba estar en la misma habitación con él, lo había considerado un completo imbécil, obsesionado con criaturas estrafalarias en los rincones más inmundos de ese planeta cubierto de ácido. Pero algo había cambiado en algún punto impreciso. Zim estaba convencido que estar tanto tiempo entre humanos le estaba afectando o, con su suerte, su pak podría estar averiado.
Mordida. Ya tendría tiempo para pensar en eso.
Miró la ventana y vio la densa y constante caída de la nieve en un cielo nublado. No sabía que odiaba más, si la lluvia o la nieve. Si no tenía cuidado, aun después de la lluvia podía quedar empapado si caminaba cerca de charcos en la acera. Pero la nieve se podía compactar rápidamente en proyectiles mortales que los mocosos terrícolas disfrutaban lanzar contra cualquier transeúnte despistado. ¡¿Cómo era posible que ese horrendo ácido estuviera tan presente en cada parte de ese pútrido planeta?
Y cuando trató de dar una mordida más, solo vio en su mano el empaque vacío y, por un instante, nada perturbó el silencio de su habitación. Ahí se había ido el último skitte pensó aun con la mirada en el empaque. Ahora todo dependía de cómo saliera la prueba más reciente que estaría lista el día siguiente.
Extrañamente, Zim no se sentía alarmado y ese era el problema que tenía entre manos de hacía días. Dib le había dicho que la prueba iba a funcionar y, por primera vez, le creía de verdad.
Un irken, antes de ser el soldado perfecto, era lealtad y obediencia ciega hacia imperio. Si confiabas en tus compañeros era solo porque todos compartían el mismo objetivo y deseo, luchabas y morías con y por ellos para traer honor y gloria al imperio. Fuera del campo de batalla las desventuras de los compañeros eran motivo de diversión. Ese tipo de confianza que estaba experimentando no formaba parte de la naturaleza irken. ¿Qué explicación había? Con mayor razón se convenció que su pak estaba fallando.
Y confianza… ¿Para qué? ¿Qué había hecho el cerdo Dib para merecer su confianza? No podía ser solo porque lo había dejado con vida, ¿cierto? ¿Qué más había hecho? Muchas cosas que en todo ese tiempo le habían agradado, pero ¿cuál era la definitiva?
Todos esos pensamientos lo hicieron sentir incomodo, cerró los ojos y trató de empujar esa maraña mental en lo más profundo de su mente.
Unos minutos de silencio después escuchó la estridente voz de su SIR entrar a la casa como un torbellino. Hacía un par de horas que el pequeño robot defectuoso había desaparecido, lo cual no era raro y por los gritos de Dib, parecía que había traído nuevamente una zarigüeya rabiosa a la casa; el humano podía encargarse del problema. Por su parte, Zim prefería quedarse ahí un rato más en compañía de la envoltura vacía.
Luego sintió algo picando su frente repetidas veces, la voz de GIR se escuchó muy cercana, demasiado tal vez y Zim abrió los ojos. Sentado en el suelo, miró a su alrededor, reconociendo su alrededor, recordando donde y cuando estaba. Se había refugiado todos esos días en un oscuro edificio abandonado en los linderos de la ciudad, muy cerca de las vías del metro interestatal. Para sorpresa del irken, el transito resultaba ser más silencioso de lo que esperaba de la arcaica tecnología humana.
Frente a él estaba parado el pequeño SIR, disfrazado de la misma manera que hacía treinta años… no, hacía ciento cincuenta años: Un absurdo disfraz de perro verde con un cierre desproporcionadamente grande subiendo a todo lo largo del pecho. Había rehecho el viejo disfraz de perro verde, el cual había quedado reducido a una lastimera triza de tela amarillenta.
Los humanos ya no eran engañados por el extraño disfraz, ya había desarrollado robots comerciales en una amplia gama de diseños, así que GIR ya no tenía problema para desplazarse en la ciudad con o sin disfraz. Mientras GIR se mantuviera callado y apegado al papel de robot primitivo terrícola, a nadie llamaría la atención.
- ¿Amo? – Preguntó el SIR cantarinamente picando de nuevo la frente del irken con su pequeño índice metálico – ¿Amo? El bebé ardilla ya se acurrucó – Dijo melodiosamente y extendió sus pequeños brazos orgullosamente, enseñándole una botella transparente de agua purificada. Zim la tomó inmediatamente y se paró pesadamente soltando un gruñido.
No podía creerlo, después de todo lo que había pasado se había quedado dormido en el suelo sin ninguna precaución por delante, ni siquiera estaba dentro de su cuarto.
Se estiró y miró hacía el portafolio-capsula que lo trajera a la Tierra, apoyado sobre unas cuantas cajas oscuras de tamaño mediano, con diversos logotipos estampados y unas piezas de metal sueltas cerca de él. Aún faltaba mucho que hacer pero no tenía especial prisa. Ya no.
A través de una sucia ventana rota vio que el cielo comenzaba a iluminarse con una particular gama de tonalidades rosas y naranjas. Estaba amaneciendo, entonces debía seguir adelante.
- Vamos, Gir. Tenemos otra pieza que conseguir. – Dijo Zim cojeando ligeramente hacia la salida al mismo tiempo que su disfraz holográfico lo cubrió, abrió la botella y tomó un gran trago. El SIR lanzó un gritito de júbilo y siguió de cerca a su amo dando saltitos.
…
Se asomó cuidadosamente buscando señales de vida en el pasillo pero estaba completamente desierto, salvo una bolita de papel tirada en el suelo y lo que parecía una cucaracha muerta. Avanzó a tiendas hasta llegar a un acceso y miró precavidamente hacia el interior y divisó su objetivo. Sentado a un par de metros de ella, había un perfecto espécimen de homo sapiens descansando, con la mirada perdida hacia abajo, posiblemente examinando las extrañas manchas de origen dudoso en el suelo.
Mirando un poco más abajo, su mirada se concentró en el premio. Sobre el regazo del joven homínido había una bolsa naranja de papas esperando a ser abierta. Como una señal de salida, su estomago soltó un gruñido y, sigilosamente, avanzó hacia su presa, con una sonrisa traviesa y pícara en el rostro.
Con extraordinaria agilidad se posicionó al lado del objetivo sin hacer el menor de los ruidos y estiró la mano sutilmente. Justo cuando sus dedos rozaron la superficie metálica del empaque y sintiéndose segura de su victoria, una esbelta pero fuerte mano apresó la suya. Fue entonces cuando el rostro de Juna se giró para verla con mala cara.
- Hola Juna. – Dijo el depredador sin el menor rastro de vergüenza, estirando la punta de sus dedos lo más humanamente posible. Está bien, la había atrapado, pero eso no significaba que se iba a rendir.
- Hoy no, Freed. – Dijo Juna. Al soltar su mano, tomó su bolsa de papas posesivamente y prosiguió a abrirla.
- Aaaa… Juna, tengo hambre. – Rogó la joven – Sabes que siempre te las repongo el día siguiente y, además, sabes que te habría regresado la bolsa si la quería de verdad.
- Ni hablar. Si quieres comida, consíguela por tu cuenta. – Y con esto se llenó la boca con un puñado de papas mirándola cautelosamente.
Ambos se encontraban en la sala de empleados de la compañía de mensajería. Se trataba de un reducido cuarto con unas cuantas sillas con los respaldos contra a la pared. Había una pequeña mesa, encima una cafetera medio llena y media fría junto a un dispensador casi vacío de bocadillos. También había una vieja televisión empotrada en la pared.
- Vamos, no te pongas así. – Respondió Freed, cruzó los brazos y lo examinó brevemente - Has estado muy serio desde hace días ¿pasa algo? – Una delgada ceja de Freed se arqueó en su dirección en espera de una respuesta.
Juna negó con la cabeza y bajó la mirada hacia la bolsa de papas.
- No he podido dormir bien, es todo. Últimamente ha habido una construcción subterránea muy cerca de mi lugar durante toda la noche. – En realidad, Juna se había refugiado en una de las zonas más ruidosas de la ciudad y, con su situación actual en que sentía la vigilancia de su familia más cerca de él, instintivamente su cuerpo estaba en constante alerta, cualquier ruido extraño lo sobresaltaba en medio de la madrugada, despertándolo un promedio de cinco veces por noche. Maldito alien.
- Que mal – Contestó Freed sinceramente rascándose la cabeza – Tal vez deberías buscar otro lugar de momento. Se van a llevar semanas haciendo lo que sea que estén construyendo.
- Está bien. Además, no tengo precisamente a donde más… – Pero antes que Juna concluyera, un anuncio en la televisión desvió su atención hacia la pantalla.
"Noticia de último momento" Comenzaba la nota "La Corporación Comercial Cootas ha reportado un robo en sus instalaciones hace menos de una hora atrás." Freed y Juna observaron a una reportera de cabello falsamente rubio y traje rojo estridente en el noticiero. Al lado se desplegó una ventana donde trasmitían un video de seguridad "Las imágenes capturadas por el sistema de seguridad muestran a dos formas borrosas ingresar a las bodegas centrales y llevarse un mini-generador de energía hadrónica prototipo.
Las autoridades han iniciado las investigaciones pero hasta el momento no han logrado determinar el forma que estos sujetos han ingresado a la Corporación Cootas sin ser detectados a tiempo. Tampoco han logrado precisar el método con que los ladrones han logrado distorsionar la imagen de las cámaras de seguridad por lo que su identificación ha resultado imposible. Se sospecha que alguien desde el interior ha podido brindarles acceso al lugar.
Tras darse a conocer este suceso, la Empresa Smacks, CE, Satelly y Pucks han hecho públicas otros robos en sus instalaciones. Aparentemente los mismos sujetos han sido responsables de las sustracciones…"
- Pensé que no te importaban las noticias, niño rayos – Comentó Freed, al darse cuenta del extraño interés que Juna tenía hacia la pantalla.
Saliendo del transe, Juna alzó la mirada hasta que su cerebro hizo click en las palabras de su amiga y su boca dibujó una sonrisa apenada.
- No, es solo que se me hace extraño que alguien – 'que no sea yo' agregó mentalmente - pueda irrumpir esos sistemas y entrar a las instalaciones de esas compañías así, sin más. – Dijo, mirando más de cerca el video y a pesar de que las figuras estuvieran borrosas, observó los rápidos y fluidos movimientos del ladrón más alto. Los había visto antes, estaba seguro. Sin mucho esfuerzo, un pensamiento se conectó con otro, ¿podría ser ese alienígena el culpable?
- Si, muy extraño. – Agregó la joven, interrumpiendo su tren de ideas - Te hace pensar que tan seguras son nuestras casas si ese tipo de gente puede entrar en esos lugares – Y por un segundo ambos quedaron en silencio – Ya me voy – Agregó Freed de repente, sobresaltándolo y caminó hacia atrás en dirección a la entrada – Tengo un par de cosas que hacer antes de regresar a casa y no quiero perderme la cena con mi novio. – Agitando la mano se alejó caminando.- Ya terminaste tu trabajo por hoy, mejor vete a casa o a donde sea, tienes una ojeras de mapache. Adiós. – Y desapareció de vista.
Juna miró el espacio que hacía un instante lo ocupó su amiga y soltó un suspiro.
El muchacho se recargó mejor en la dura y vieja silla y dejó que su mente divagara brevemente hacia el pasado.
Un mini-generador hadronico. Hacía mucho que no escuchaba de ese trasto. Hasta donde sabía, un generador de tamaño normal era capaz de producir energía eléctrica suficiente para un edificio de departamentos por un mes a partir de un puñado de carbono super-comprimido. En aquel entonces, la versión miniatura solo era uno de los tantos proyectos que se realizaban en colaboración con la Empresa Membrana, bajo la atenta supervisión de su padre. Apenas un año antes, esos generadores habían sido instalados en los puntos más densamente poblados de varias ciudades cuando los generadores por campo magnético no eran capaces de suministrar suficiente energía a la ciudad. No podía imaginarse que uso le darían a ese generador de bolsillo, sobre todo porque las aplicaciones para eso eran ilimitadas.
Recordando los nombres de las demás compañías, se preguntó qué otras cosas podrían tener en común pero al cabo de un rato de meditación infructuosa prefirió ingresar directamente a las bases de datos policiales y averiguar exactamente que se habían llevado.
…
Con un sonido metálico y chillante, la puerta corrediza de una pequeña habitación se abrió automáticamente hacia los lados dejando pasar a Juna hacia el interior. El lugar no tenía más de siete metros cuadrados de extensión donde estaban abarrotadas algunas cajas de cartón, circuitos desensamblados y cables de energía aquí y allá. Al fondo, en una pequeña área más ordenada, había una estrecha superficie suave empotrada en la pared (que resultaba ser la cama), un delgado cilindro azul oscuro sobre una pequeña mesita plegable y sobre la cama, estaba un entrepaño donde estaba acomodada su ropa y algunos otros enceres personales.
En una mano, Juna llevaba un par de bolsas de víveres mientras la otra se encargaba de cerrar, con un botón, la entrada una vez estando él adentro.
Ese tipo de lugares eran conocidos como los "cajones", pequeñas áreas habitación que se habían popularizado últimamente, pequeño, barato y, aunque no precisamente cómodo, era justo lo que necesitaba un joven solitario como él. Aunque le dolía gastar parte de sus ahorros, había acordado consigo mismo hacer esos sacrificios solo y únicamente en momentos de urgencia como la ocurrida el mes anterior, cuando el extraterrestre se estrellara sobre la débil casa donde se escondía. Desde ese entonces no había escuchado nada fuera de lo normal, nada que alborotara especialmente a la sociedad.
Sentado sobre la cama, tomó el cilindro y presionó un botón a un costado. Una mitad se desplegó y estiró formando una delgada pantalla y en la otra mitad se despegó un teclado. Colocó sobre la mesa a su lado algunos sándwiches, un par de manzanas y botellas de agua que extrajo de la bolsa de compras y comenzó a investigar.
La reportera había dicho Smacks, CE, Satelly y Pucks, ¿cierto?
No era la primera vez que había ingresado al sistema policiaco, para ese entonces conocía la estructura de la base de datos y, en cuestión de minutos, encontró los reportes de robos y todos los detalles. Buscando más a fondo encontró que también había otras empresas que habían sido víctimas de los ladrones y muchas de ellas no solo una vez, sino varias. Descargó los reportes y, sin dejar evidencia de su presencia, salió del sistema.
La lista era más larga de lo que esperaba. Quien fuera que estuviera detrás, había estado sorprendentemente activo. Ni siquiera él, con todos los conocimientos que tenía, podría hacer todo aquello en un plazo tan corto de tiempo. Necesitaría al menos medio año solo para prepararse. Y todo había empezado hacía tres semanas, casi el mismo tiempo que él tenía escondiéndose ahí. Por lo que había notado, el alien ni siquiera sabía en qué año estaban. Si es que era el culpable, tendría que haber iniciado casi desde cero. Era, francamente, sorprendente.
Estabilizador central automático, soldadura de oxido de titanio, sensores múltiples, un puñado de nanocontroladores, un par de guías de seis planos, súper disipadores compuestos, placas de polinfraneo, un comunicador de red multiprotocolo, un rack industrial, láminas de diversos plásticos y metales compuestos y la lista se alargaba hasta terminar con el mini-generador de hadronico.
- ¿Para qué necesita todo eso? - Recordando, ese tipo de generador se estaba diseñando para su implementación en vehículos ¿estaba construyendo una nave? ¿qué había pasado con esa cápsula que lo trajera? - ¿Cómo diablos dijo que se llamaba? ¿Zam, Dim, Mik? – Era difícil recordar los detalles cuando te lanzaban contra la pared. – No importa. – Lo sabría más tarde.
Al leer con detenimiento los reportes policiacos, algo llamó su atención. Era cierto que la persona detrás de estos robos había hecho un buen trabajo al ingresar, robar y escapar, pero no excelente. En muchas oportunidades estuvieron a punto de atraparlo, incluso llegaron a herirlo en la última ocasión pero siempre ocurría algo que curiosamente involucraba un tino de suerte improbable.
- Aparte de neurótico, suertudo - Concluyó el muchacho - No solo es eso. Casi siempre tiene problemas con los sistemas internos de los edificios. ¡Ja! Si es de lo más sencillo, yo lo hago desde los ocho años. – Agregó vanidosamente - Por otra parte… – Había algo raro. La forma más fácil y práctica de ingresar a esas fortalezas tecnológicas era irrumpiendo en el Registro Principal, con eso tendría infinitas identidades válidas para cada acceso. Eso Juna no lo podía hacer, era justo por eso que tenía que esconderse. Al irrumpir en el Registro Principal podía crear una nueva identidad como y las veces que deseara, sería imposible que lo encontraran y, oficialmente, dejaría de ser un Membrana, no tendría que vivir más a la sombra de ese apellido.
Si de verdad el alienígena estaba detrás de todos esos robos, entonces aun había una forma de solucionar su problema. Lo difícil sería convencerlo y sintió un escalofrió subir por su espalda. Cuando se conocieron el extraterrestre casi lo destripa ahí mismo, preguntando por su más famoso ancestro que llevaba casi un siglo muerto. Y el beso… ¡¿Qué carajo fue eso? No, de verdad no tenía por qué pensar en eso.
No necesito más traumas en mi vida. – Susurró, distrayéndose con el brillo del teclado.
En la ciudad había otras cuatro empresas de tecnología importantes que aun no habían sido asaltadas e, intencionalmente, dejó la Membrana fuera de la lista. Juna no tenía el valor o la audacia para acercarse demasiado ahí y tampoco sabía si tendría el coraje de ingresar ahí con ese tipo de intenciones.
Ahora, solo era cuestión de tiempo antes que esos lugares fueran visitados por el extraño alienígena.
Satisfecho, sonrió. Aun tenía una oportunidad y no iba a echarla por la borda, no otra vez y ahora tenía algo que al alien podría interesarle. Pero antes, necesitaba hacer algo para encontrarlo. Se levantó y cogió del piso una pequeña placa de circuitería rota. Podía probar con eso, tendría que hacer unos ajustes pero por lo demás sería pan comido.
…
En medio del canal principal del ancho rio que cruzaba Ciudad Capital de norte a sur, había un sólido edificio comunicado hacia las orillas con grandes puentes de acero. Una persona perdida entre la multitud que caminaba en la orilla este del rio se inclinó, tomando una piedra del suelo. La lanzó hacia el rio pero su mirada se alzó sin seguir la trayectoria descendente de la piedra.
Más tarde, él visitó otros dos lugares, lanzó un avión de papel hacia una bodega y una pelota que revotó contra el muro de otro edificio. Varias calles después, se quitó la gorra que había ocultado su rostro. Juna ahora solo tenía que esperar. Esperaba que, por esta vez, tuviera algo de suerte.
De cuclillas sacó su computadora, colocándola sobre su regazo y rápidamente comenzó a trabajar.
…
Una noche, varios días después, una señal se activó en la pantalla de la computadora cilíndrica que se había mantenido prendida permanentemente, esperando justamente ese momento. Juna se despertó rápidamente con una oleada de adrenalina irrumpiendo velozmente sus venas. Al mirar la pantalla, pudo ver claramente el rostro del alien disfrazado de humano, visto desde un ángulo bajo junto al pequeño extraño robot en la cima de un alto edificio gris, el primer lugar donde había colocado uno de sus rastreadores. La toma cambió rápidamente de posición, avanzando a nivel del suelo hasta el pie del irken y, con un movimiento rápido, la lente apuntó hacia el suelo que se movía vertiginosamente con cada paso que el irken daba.
Rápidamente Juna tomó una pequeña mochila con todo aquello que podría necesitar, incluida su computadora y salió corriendo.
Deteniéndose por momentos, Juna verificaba en la pantalla de la computadora el plano de la ciudad, un punto amarillo avanzaba rápida e ininterrumpidamente entre las calles y, algunas veces, sobre los edificios.
Corriendo entre las calles, pasando de línea en línea del subterráneo, el humano lograba acercarse rápidamente al punto, el cual se había detenido dentro de una calle que Juna recordaba haber visitado anteriormente en una de sus entregar. Unos minutos después estaba ahí, frente a un edificio.
Hacía años que el lugar estaba abandonado, las ventanas estaban rotas, las puertas de acceso estaban precariamente en su lugar, el interior estaba completamente oscuro y alrededor había una vieja cinta amarilla con grandes letras negras advirtiendo "CUIDADO – EDIFICIO EN MAL ESTADO". Era un buen lugar para esconder todo lo que se había robado.
Juna se dio un minuto para tomar aire y descansar, apoyado sobre una sucia pared cubierta por una espesa capa de anuncios publicitarios. Usando la manga de su playera, se secó el sudor de su frente y cara y esperó. Por primera vez agradeció que su trabajo como mensajero lo tuviera en tan buenas condiciones físicas o se habría desmayado en la carrera.
- Algo me dice que esto no es buena idea – Susurró para sí mismo.
A lo lejos podía escuchar los ocasionales ruidos de la ciudad, la plática de los vecinos, el ladrido de un perro solitario y el murmullo de las vías del metro cerca de ahí. Pero nada parecía indicar que algo o alguien estaba en el edificio. Respirando profundamente, guardó su computadora en la bolsa y miró tímidamente hacia el interior a través de una ventana cercana, pero la oscuridad era impenetrable.
- Solo quiero salir completo de esto – Rogó, esperando que alguien en las alturas escuchara su suplica.
Observando a su alrededor, encontró una grieta en un punto alto del muro, suficientemente grande por donde su esbelto cuerpo podía pasar. Sacó del costado de su mochila una pequeña lámpara de luz y sin mucho esfuerzo entró al edificio, aterrizando cautelosamente en el interior.
El sitio estaba en mejores condiciones que la fachada. El edificio era amplio por dentro y cualquier ruido provocaría un indeseado eco. Había basura en el suelo y podía ver en las paredes capas ilegibles de grafiti urbano. Algunas zonas de la pared se habían derrumbado con el tiempo dejando entrar delgados haces de luz artificial del exterior. Juna observó detenidamente el polvo del suelo, había varias pisadas visiblemente recientes.
Juna avanzó a hurtadillas, guiándose con la débil luz de la lámpara. Se deslizó hacia las escaleras, pasando cerca de un montón de basura con el corazón en la garganta, esperando a que algo lo atacara desde arriba. Al poner un pie sobre el primer escalón, algo jaló su tobillo bruscamente dándole solo el tiempo suficiente para decir "Mierda".
Su cuerpo impactó los duros escalones y su mochila salió despedida a un lado, luego fue aventado contra la pared contraria donde varias cintas metálicas lo envolvieron, inmovilizándolo por completo.
Juna se sentía aturdido y mareado, por no mencionar adolorido y para empeorar su situación, las lentillas se habían caído de sus ojos y el mundo se sumió en una neblina espesa.
Algo brillante, de color cian, bajó las escaleras rápidamente y cuando estuvo frente a él, escuchó una estridente voz que reconoció inmediatamente.
- ¡Hola, momia! – Y sus oídos retumbaron – ¿Lista para surfear en las dunas?
Perfecto, el pequeño maniaco a escena.
- ¡GIR! ¡Aléjate del cerdo terrícola! ¡Odio cuando los enfermizos vagabundos se meten! – Gritó una ensordecedora e intimidantemente familiar voz al momento que pasos enérgicos bajaban desde la escalera.
Mierda. Mierda. Mierda.
- Veamos que sucia cucaracha entró. - La figura borrosa se acercó a él hasta una distancia prudente y chasqueando los dedos, una luz lo cegó. - Oye, ¡eres tú, gusano terrestre! ¡¿Cómo diablos llegaste aquí? – Vociferó Zim un instante después, parándose frente a él, soltando un gruñido. Claramente Juna pudo sentir su mirada asesina sobre él y, si él tuviera cola, seguramente la tendría entre las piernas.
"Calma, calmado, si lo echas a perder de seguro te va a matar" Y el humano tragó saliva.
- Yo… Mira, no vine a dar problemas. Solo quiero que me escuches, ¿está bien?
- ¡No hay nada que me puedas decir, larva apestosa!
- O puedes cantar, me gusta cantar – Interrumpió el SIR, felizmente y comenzó a cantar – Sol del mar de chocolate, las nubes de alcachofas chillan y el perro de revuelca….
Ignorándolo, Juna vio algo alzarse detrás del irken y un instinto antiguo le dijo que con eso iba a morir lenta y dolorosamente ¡y el jodido irken no le estaba dando la oportunidad!
- ¡La red de seguridad! - Soltó Juna desesperado. – Puedo quitarte cualquier obstáculo que forme parte de él de cualquiera de las compañías donde necesites entrar ¡No me mates! – Y se detuvo, hecho un ovillo en el suelo, tanto como las cintas se lo permitieron.
Zim no lo reconocería abiertamente pero se estaba preocupando, cada incursión era más difícil que la anterior. Los humanos no eran del todo tontos, estaban activando y mejorando sus defensas de seguridad contra él. No estaba en condiciones para permitir errores e inconscientemente colocó con cuidado su mano sobre su muslo derecho. La herida en su pierna estaba casi curada pero lo había dejado estancado por unos días. No debía subestimar la tecnología de inteligencias artificiales terrestre.
Juna guardó silencio, esperando que la temible figura descendiera sobre él para destrozarlo. Para su sorpresa y alivio, lo que fuera que estaba sobre el irken, volvió a su lugar, fuera de su vista.
- De verdad eres imbécil. Le mientes a este irken, lo persigues ¿y vienes a su territorio solo para mentirle de nuevo?
- No, de verdad. Te lo puedo demostrar. Toma mi computadora, está dentro de mi mochila. Hay varios archivos abiertos que puedes ver. Son los diagramas de control de algunas empresas que has visitado antes. Puedo manipularlas y hacer de ellas lo que quiera.
Desconfiado, el irken miró fijamente los ojos del humano luego giró y su mirada se posó en un bulto a unos metros de él.
- GIR, vigílalo al cerdo-mono. Si se mueve, puedes jugar con sus globos oculares. – El SIR lanzó un grititó de jubiló haciendo que Juna se quedara lo más quieto posible.
Zim alcanzó la mochila y extrajo la computadora. Unos segundos después estaba analizando la información desplegada en la pantalla. Sensores, cámaras, cerraduras, combinaciones, todo estaba ahí.
'Este humano…' Era lo que Zim necesitaba. Pero era muy raro. Ningún humano ordinario debería tener esa información.
- ¡Se movió! – Gritó GIR.
- ¡No es cierto, pedazo de basura! – Gritó Juna, retorciéndose en su lugar, tratando de quitarse de encima al maniaco robot.
- GIR, jugarás con él más tarde. Lo necesitamos entero. – Dijo Zim, quitando al robot del humano. – Bien, gusano terrestre. Pero ¿qué ganas tú con todo esto? - Soltó a GIR a un lado y éste se fue corriendo hacia el piso superior, gritando de emoción.
- Quiero que me enseñes como entrar y modificar datos del Registro Principal. – Contestó rápidamente. Y un silencio expectativo se mantuvo por un instante.
- ¿Solo eso? – Juna asintió decididamente - Patético, pensé que querrías algo más importante que eso.
- ¿Te parece poca cosa?
- ¿Qué planeas sacar del Registro? ¿Dinero, extorsionar gente, vender información?
- ¿Por qué llegaste buscando a Dib? - Y la situación de volvió tensa entre ambos.
Definitivamente, no era la pregunta que el irken estaba preparado para escuchar, ahora ni nunca. Si bien las palabras tocaron un tema muy sensible, debía tener el control de sí mismo y no podía empezar si se dejaba abatir por el hecho que Dib ya no estaba, había pagado un precio al irse y no podía hacer nada al respecto. Había sido un error regresar. Punto. Pero eso no lo hacía más fácil.
Pensándolo mejor, no habría problema si Zim liberaba un poco de su frustración con el humano frente a él. Pero al mirar el rostro determinado del Juna, Zim entendió lo que el humano quería realmente decir; esto de leer rostros humanos se había vuelto mucho más fácil con el tiempo. Ni él ni Juna tenían por qué darse explicaciones mutuamente. Zim solo lo necesitaba para armar una nave espacial rustica, lo que hiciera el humano con el registro no era asunto suyo, además que no le afectaba en lo más mínimo lo que pudiera pasar con eso. Sin aviso, Zim pateó un costado del humano para enseñarme un poco de respeto.
- De ahora en adelante serás mi esclavo trabajador. – El irken miró al humano adolorido. - Pero estarás de acuerdo que no puedo dejarte ir así sin más.
Juna observó la figura borrosa del irken acercarse a él y sintió un fuerte, punzante pero breve dolor en la nuca. Luego, el irken se alejó de él nuevamente.
- Si tratas de hace alguna jugarreta, tu cabeza explotará como un pato en una lavandería.
Las cintas de metal liberaron al humano, permitiéndole respirar normalmente.
- ¿Qué me pusiste en la nuca? - Dijo el muchacho nervioso, frotarse el área.
- Nada más que la forma más práctica y conocida de correa. Un pequeño dispositivo que hará que tu cerebro se vuelva papilla en cuanto de la orden. Te lo quitaré cuando terminemos. – El irken rió, mirando al humano en el suelo. - Quiero que estés aquí, mañana en la noche.
"Si será cabrón" pensó Juna amargamente al incorporarse dolorosamente.
- Ahora, responde ¿Cómo me encontraste? – Zim no podía entender como Juna lo había localizado cuando decenas de soldados irken lo estaban buscando con la mejor tecnología de universo a su disposición.
- En tu tobillo está un pequeño robot rastreador. Solo tuvo que esperar a que aparecieras y se enganchó a ti.
Bajando la vista, Zim encontró una pequeña lagartija robot aferrada a su bota. La arrancó de su lugar y la miró con odio. ¿Éso? ¡Qué vergüenza!
Lanzó el robot a la cara de Juna.
- Ahora, largo. – Ordenó Zim, había tenido suficiente del humano y sus tonterías por ese día.
Juna asintió enérgicamente. A tientas, tomó sus cosas del suelo y caminó hacia la salida lo más rápido que su visión borrosa se lo permitía. Sin las lentillas, tendría que arreglárselas, otra vez, para regresar a casa a salvo pero no podía evitar sentirse dichoso de seguir con vida, golpeado pero vivo.
Antes de irse, una duda lo detuvo.
- Oye, solo… ¿cuál es tu nombre? – Dijo, frotándose la cara. Normalmente, una persona medianamente astuta habría abandonado el lugar con la oportunidad en las manos pero Juna sintió que la pregunta era muy válida.
- ¿Nombre? - Zim sonrió y colocó los puños sobre sus caderas, irguiéndose orgullosamente. - ¡Yo soy Zim!
…
Aun a las tres de la mañana, la ciudad vivía en un continuo pulso de actividad, luz y ruido y tanto Zim como Juna sabían perfectamente no había mejor momento como éste para actuar.
- Recuérdame por qué no estoy allá contigo – Preguntó Zim, indignado. Ese humano y sus estúpidos planes. Las patas metálicas de su pak lo sostenían a diez metros del suelo, escondido entre las sombras enfrente de la, pronto a ser, escena del crimen. "Porque aquí arriba está la raíz de la red del edificio y tú tienes que ir hacia las bodegas, en el nivel subterráneo. Recuerda que tendrás que subir unos pisos para alcanzar el acceso a las bodegas. No tienes nada que hacer aquí. " Escuchó desde el trasmisor.
¿Por qué diablos los humanos habían construido el acceso en el decimo piso? Zim imaginó que era por razones de seguridad y aun así, él estaba por entrar. - Bien. Listo, ¿puerco terrestre?
- Listo. – Respondió Juna desde la cima de la torre sur donde atracarían. GIR lo había llevado hasta ahí en una trayectoria zigzagueante y enfermiza y esperaba no sentirse peor cuando regresara al suelo. - Ahora – Dijo, al tiempo que ingresaba largas filas de código de programación, irrumpiendo con el sistema de seguridad de las instalaciones.
Zim no necesitó más, sus patas lo impulsaron rápida y ágil hacia un par de altos edificios gris de forma ligeramente irregular, uno más pequeño que el otro. Una sección de la alta barda perimetral se abrió dejándolo pasar. Sin demora, encontró el acceso que Juna le indicó.
El humano, por su lado, observaba el avance del irken en el diagrama laberintico de pasillos y salas en la pantalla de su computadora, sin perder su concentración en su trabajo. Clara y precisa comenzó a darle a Zim indicaciones de dirección y peligros próximos.
- El próximo acceso es para el transporte de materiales, necesitarás la identificación del guardia número 45. – Zim, quien horas antes había obtenido toda la información del personal de ese lugar a través del Registro Principal, dejó que la memoria de su pak le diera la información necesaria. Un instante después, estaba adentro.
A partir de entonces, Zim no pasó por alto su avance prácticamente ininterrumpido en cada piso. Tenía una extraña sensación de estar rodeado por una burbuja, haciéndolo invisible a todos los sensores, sistemas y cámaras de vigilancia, como un fantasma escurridizo. Colaborar con el humano no estaba resultando tan mal, después de todo. Pero mientras no tuviera la pieza en sus manos, aun no lo consideraría una victoria.
- Zim – Llamó Juna desde el comunicador del irken – Hay tres guardias al final del siguiente pasillo. Da vuelta a la derecha y entra al primer cuarto que encuentres.- El irken siguió las instrucciones sin vacilar, encontrando a unos pasos más adelante una puerta a su derecha donde ingresó.
- Ahora ve hacia la ventana y asómate. – A unos metros de él, se escuchó un click y la ventana se abrió por sí sola. Al asomarse, Zim miró el vacío que existía el espacio más estrecho entre los dos edificios y un ventarrón agitó su cabello holográfico.
- ¿Y qué planeas que haga, humano? ¿Que salte? – Preguntó el irken, cínicamente.
- Casi – Contestó Juna, imprimiendo un tono de obviedad a su respuesta - A unos metros de ahí hay una cornisa. Ahí hay una entrada a un pasadizo estrecho, encontrarás un acceso que baja directamente al nivel 1 del sótano. ¿Crees poder hacerlo?
'¿Crees poder hacerlo?' Zim soltó un gruñido ¿Con quién creía el humano que estaba hablando? Para un irken, eso no era nada. Juró que ese idiota lo sabría cuando acabara con ese día. Zim extendió nuevamente las patas de su pak, saltó, llegó hasta la cornisa e ingresó al pasadizo. Unos minutos después se encontró en la entrada que lo conduciría al sótano.
- Usa la información del guardia A10. - Zim ingresó el dato y la puerta se abrió. Caminó por un breve pasillo, en el extremo opuesto estaba un elevador que se abrió para él. Zim entró y esperó. La puerta se abrió nuevamente en un pasillo largo que se extendía de un lado a otro. – Ve hacia la derecha, hasta que te encuentres con el acceso TR – Zim caminó hasta dar con él – Ingresa el código del guardia 021 – Y la puerta se abrió. – El generador anti gravitacional está en la posición TR1009.B2. Solo sigue el camino que te voy a poner. No pises fuera de la línea blanca.
La bodega estaba completamente oscura. En la penumbra, Zim distinguió un sinnúmero de estantes formados, uno al lado del otro. En el techo, una en una, una serie de lámparas se fueron prendiendo, iluminando una línea blanca en el suelo que se extendía hacia la izquierda y daba la vuelta en un estante lejano.
Zim siguió la línea blanca hasta donde la última lámpara estaba prendida. Alzando la vista vio lo que estaba buscando.
- Ya llegué – Informó Zim, activando el generador anti gravitacional de su propio pak para alcanzarlo.
- Perfecto, Zim. – Juna no podría contener su euforia, lo habían logrado sin problemas.
GIR saltó de sorpresa sobre los hombros del humano con una bolsa de palomitas en las manos ¡¿De dónde las había sacado?
- ¡Guau! ¡Espaguetis de colores! – Dijo el SIR, vaciando las palomitas sobre la computadora de Juna.
- ¡Espera, GIR! ¡Quítate!
- Estúpido SIR – Zim ignoró los gritos del SIR y el humano y tomó la pieza.
- ¡Zim, espera! – Demasiado tarde. Varias alarmas se dispararon. – ¡Zim! ¡¿Qué carajo hiciste? ¡Aun no debías tomarlo!
- ¡¿Y por qué no me lo dijiste antes? – El grito casi rompe el timpano de Juna.
- ¡Estaba por decírtelo! ¡Tu robot me distrajo! – El mapa comenzó a ponerse rojo, desde el punto donde estaba Zim hacia el resto del edificio, como una marea. El sistema se salió de control.
- ¡Zim no dispone de tu tiempo!
- ¡Ya no! ¡Sal de ahí, grandísimo idiota! – Desesperado, trató de confundir la programación de la red, dándoles tiempo para escapar.
- ¡Cállate mono de circo! ¡No le des órdenes a Zim!
- ¡Cállate tú, polilla desorientada! Mierda… - Lo había logrado pero no a tiempo. Ahora los guardias estaban alertados y eso solo significaba una cosa. Y a su espalda escuchó algo que le crispó el cabello.
Zim estuvo a punto de responderle cuando un grito llegó desde el trasmisor. No pasó mucho para saber había sucedido. Tres robots entraron al pasillo donde estaba y se abalanzaron sobre él. El humano tendría que arreglárselas mientras él estaba ocupado.
Sujetando por debajo del brazo el contenedor, Zim dio un salto rápido saliendo del camino del robot más cercano. Tras colocarse en posición, se impulsó centrando una patada en los lentes de visión del robot, quebrándolos con el impacto. En ese instante los otros dos robots se acercaron a él y estando a solo dos metros de distancia fueron atravesados por las filosas puntas de sus patas mecánicas del pak. Irguiéndose orgulloso, Zim marchó tranquilamente hacia la salida con una mueca pedante en el rostro. No podía evitar disfrutar el destruir cosas.
- Me insulta el nivel de seguridad de este lugar – Dijo hacia nadie en específico. Pero cuando salió de la bodega, su petulancia se desinfló de la misma forma que sus antenas cayeron dócilmente sobre su cráneo cuando se vio rodeado por una docena de robots apuntándole directamente.
Arriba, Juna apenas había tenido tiempo de tomar su mochila sin tirar su computadora para emprender la huida y esconderse entre las salidas de aireación, pero con la puerta de servicio cerrada y tres robots deambulando a su alrededor apenas había tenido tiempo para recobrar el aliento. Al no escuchar a los robots cerca de él, aprovechó para abrir la computadora.
- Mierda. Mierda. Mierda. –Con la adrenalina al máximo sus dedos teclearon desesperadamente, irrumpiendo en el sistema de control de los robots. Pero antes que pudiera tomar el control de ellos, de la nada apareció uno de ellos apuntándole con una pistola de choques eléctricos lista para disparar. Torpe pero con suficiente rapidez esquivó el disparo y corrió tan rápido como pudo pero no había salida. Ahora dos robots lo seguían y al girar por una esquina, se detuvo abruptamente, dando su corazón un vuelco.
Estaba atrapado, frente a él estaba el borde de la torre y atrás y a la derecha estaban los dos robots. Como un milagro, una idea surgió de repente.
-¡GIR! ¡Los robots quieren jugar! – Solo esperaba que el SIR lo hubiera escuchado y su ausencia le hacía pensar lo contrario. Justo cuando se preparaba para sentir 500 volts pasar por su cuerpo, de la nada saltó GIR hacia el rostro del robot más cercano.
- ¡¿Quién soy yo? – Gritó el pequeño Robot, tapando firmemente las cámaras de visión del robot guardián. El robot disparó y las puntas electrificadas dieron de lleno al otro robot que se había acercado. Juna estaba varios metros lejos cuando escuchó una explosión y no se voltearía solo a ver.
De la nada, apareció el robot restante frente a él. Derrapando, Juna dio media vuelta. Escuchó algo golpear la pared atrás de su cabeza pero no se detuvo. El robot había fallado pero solo era cuestión de segundos antes que tuviera el siguiente disparo listo.
Unos metros adelante, encontró un espacio oscuro donde se metió. Abrió de nuevo su computadora, sin demora tomó el control de los robots restantes y solo dio una orden. Quédense quietos.
Silencio.
Con precaución, salió de su escondite y, cerca de su último escondite estaba el robot, quieto en su posición, como una estatua de metal.
Al otro lado, Juna encontró al SIR jugando con los pedazos de los dos primeros robots. GIR podía comportarse como un pequeño niño hiperactivo pero, empleado correctamente, podía ser realmente útil. Y peligroso.
- ¡GIR, vámonos! – Ordenó Juna.
- ¿Se acabó el juego? Betty dijo que puede esperar a los ratones – Dijo inocentemente el SIR.
- Si GIR, se acabó. Ahora hay que jugar a encontrar a Zim. - El SIR dio un grito de alegría y su mente torcida aceptó felizmente la nueva propuesta.
La desventaja de número no podía hacer frente a la experiencia en batalla de Zim. Estos robots serían un peligro para un humano normal: Eran fuertes, pesados y rápidos para su tamaño, pero un irken élite como él no tenía problemas en destruir uno a uno. Incluso sin pak, el trabajo solo sería más tardado. El problema era que, no bien terminaba con un grupo de robots, aparecía otro para remplazarle.
Esquivar. Saltar. Derribar. Romper. La concentración del irken estaba enfocada solo en la pelea y a no soltar el paquete que tenía bajo su brazo. Bastaron unos segundos para darse cuenta que los robots había dejado de atacar y ahora se mantenían estáticos en sus lugares.
Dándose un segundo para recuperar el aliento, gruñó.
- ¡Inmundo humano desgraciado! – Activó el transmisor. - ¡Maldito imbécil despreciable cerdo humano! ¡¿Dónde carajo estás? ¡Cuando te ponga las manos encima…!
Juna, desde su posición dudó en contestarle pero no sería lo más inteligente ni conveniente, relativamente.
- ¿Si, Zim?
- ¡Dame la ruta de salida, AHORA! ¡Y no más sorpresas!
Juna tragó saliva y obedeció la orden rápidamente. Por primera vez, deseó con todo su corazón ver de nuevo el amanecer.
…
Zim y Juna entraron estrepitosamente a un oscuro y húmedo callejón y guardaron silencio. Varias sirenas se acercaron y alejaron de ahí, perdiéndose en el caos citadino. A lo lejos podía verse aun algunas llamas vivas en la cima del edificio. Unos instantes después llegó GIR disfrazado, dando saltitos felices desde la entrada del callejón, con una paleta en la mano.
Girando el rostro hacia su derecha, Juna vio al irken sosteniendo la recompensa de ese loco día. El simple y pequeño tamaño de esa caja no parecía justificar el desastre que habían dejado atrás pero contenía una de las piezas más importantes para la nave del irken.
Juna soltó un suspiro amargo. Todo se había acabado, lo había echado a perder. El irken lo iba a arrojar como basura si no lo mataba primero.
En silencio, Zim abrió la caja y extrajo una pieza semi-esférica, tirando despreocupadamente la caja. De su pak salió un cable, el cual depositó en su mano libre un cuadrito oscuro que colocó en un orificio de la pieza. Un holograma se desplegó de la pieza, mostrando una serie de datos en binario que el irken entendió fácilmente. La información parecía haberlo satisfecho, retiró el cuadrito y su pak se encargó nuevamente de él.
- GIR, abre tu cabeza. – Ordenó el irken.
El SIR, quien husmeaba algo en un rincón del callejón se incorporó atentamente a la llamada de su dueño.
- ¡Si, amo! – Respondió el pequeño robot, con la misma alegría descontrolada de siempre. El disfraz se retrajo dejando su cabeza descubierta y ésta se abrió.
- ¡Por Irk, GIR! ¡¿Qué carajo es esto? – Zim exclamó observando asqueado el misterioso contenido, sosteniendo protectoramente la pieza entre sus brazos. Desde su posición, Juna no podía ver que era pero estaba convencido de poder vivir sin saberlo – Olvídalo, mejor lo llevo yo. – Concluyó el irken.
Juna se levantó lentamente, sin adrenalina su cuerpo comenzó a entregarle factura de los golpes que había recibido. Le dolían las piernas, especialmente el muslo derecho, la espalda y una fuerte migraña estaba en camino.
Zim miró hacia el incendio y después hacia Juna. Era la primera vez que se enfrentaba a guardias robots terrestres, estaban lejos de los que se usaban en la milicia irken pero tampoco eran fáciles. Mucho menos en manadas. De no ser por el humano, no habría salido sin un rasguño. De una forma supo que, cuando ingresara a la empresa Membrana, los datos del Registro Principal por si solos no le serían suficientes. De momento, debía conservar al humano.
- Nos vemos en cuatro días, cerdo humano. Zim te quiere en su lugar antes del medio día.
- ¿Cómo? – Juna preguntó, sonriendo como un tonto. ¿Zim había dicho lo que había dicho? No, simplemente no podía creerlo.
Zim giró los ojos exasperado pero repitió.
- Que en cuatro días, antes del medio día. Ahora, lárgate, idiota. Zim no te quiere ver más. – Sin dar más explicaciones, Zim caminó hacia la salida del callejón.
¡Aun había esperanzas! Todo iba perfectamente. Pero…
- Emm… ¿Zim? - ¿Qué diablos estaba haciendo? Éste era el momento para salir corriendo de ahí, refugiarse en su cajón y agradecer poder estar ahí, sano y salvo. – Creo que deberíamos apurarnos, no pasará mucho tiempo antes que relacionen las partes has robado y empiecen a resguardar lo que nos falta.
- ¡Ja! No digas tonterías – Contestó el irken divertido con la absurda idea – Si ustedes son expertos en algo es en negar lo obvio.
- Estoy seguro que mi… – Estuvo a punto de decir 'padre' pero logró cambiar la palabra a tiempo –intuición está en lo correcto. Alguien lo suficientemente inteligente se dará cuenta.
- Nadie lo hará – Dijo, mirando desdeñosamente al humano.
- Oye, yo si me di cuenta – Apuntó Juna.
- Te das mucho crédito. Y fue porque caí encima de tu primitiva excusa de madriguera. – Replicó Zim, cruzando los brazos sobre la pieza. – Antes del medio día. Zim no acepta tardanzas.
Juna sonrió para sus adentros, tal vez lo que le esperaba adelante era caos y desastre pero lo había logrado. Aún con todo el desastre anterior, estaba más cerca de cumplir su meta. El trato seguía adelante.
- ¡Ah! Una última cosa, babosa humana.
Sorpresivamente, Juna sintió un dolor como nunca antes en el estomago que le quitó el aliento, obligándole a doblarse y caer al suelo.
- Zim te va a explicar la situación, cerdo humano. – Dijo el irken, mirándolo despectivamente desde arriba, frotando su puño izquierdo. – Ustedes, los humanos, son una especie inferior y boba, pero conozco bien sus patéticas capacidades y sus grandes limitaciones. El trato es que Zim te ayudará a cambio que tú le des información de cómo y dónde conseguirlo lo que quiere y obedecer cada una de sus órdenes y hoy fueron que le comunicaras todo lo que se iba a enfrentar allá de inicio a fin. La próxima vez que suceda algo así Zim será tu mayor problema. Así que aprende tu lugar, en la tierra. ¡GIR! Vámonos – Ordenó al SIR y éste se despidió de Juna alegremente.
Dándose la vuelta, Zim y GIR se retiraron, perdiéndose en la perpetua oscuridad creada por los altos edificios y la pobre iluminación.
'Encantador. Jodido, desgraciado.' Pensó Juna agriamente, aun con los brazos alrededor de su estomago, hecho un ovillo en el suelo.
Pero seguía vivo. Dolorosamente vivo.
….
Comentario de la autora:
Ok, antes que nada: PERDÓN LA TARDANZA! ;w;
Quería subir este capítulo hasta diciembre junto con el tercero pero mejor de una vez, me estoy haciendo tonta yo sola y la pena me está matando.
Las buenas noticias... si, solo buenas xp es que en Diciembre estará ya listo el capitulo III y sin demora. Ahora si no tendrán que esperar meses para leer la continuación.
Pronto habrá algunos cambios significativos en mi vida que, para bien o para mal, me darán más tiempo para avanzarle a la historia, ¡yay! =D
Sobre este capítulo:
Bueno, si bien Zim no tiene nada para sonreir, por lo menos ya hay un pequeño rayo de esperanza al final del tunel. También para Juna. Hay buenas posibilidades que juntos logren sus objetivos.
Esperemos que esa luz no resulte ser un lanzallamas, pero eso lo sabrán más adelante.
Raga
