Advertencia: Este fanfic es un ZADR = Un romance de Zim y Dib. Si el tema no es de tu agrado, no lo leas. DE VERDAD.

Todo lo relacionado con Invasor Zim no me pertenece ;w;

Clasificación: T, por escenas medio violentas pero nada del otro mundo xp

Género: Universo alternativo. Con un poco de angustia pero las cosas mejorarán… de alguna forma xp

Resumen: Zim prometió que no huiría más. Pelearía por aquello importante para él y regresaría aunque las cosas jamás pudieran ser lo mismo. Pero al regresar a la Tierra sabrá que el tiempo ha pasado demasiado rápido para poder, siquiera, decir adiós. Ahora deberá sobrevivir en un mundo irreconocible para él en un universo incierto, hasta que encuentra a una persona que le permitirá cumplir con su promesa.

Comentario inicial de la autora:

Me vi especialmente maldita con Zim en este capítulo, no me vayan a pegar al final, ¿va? XD

Por cierto, no es por que yo sea la autora pero me encantó como quedó Gaz *-*

Capítulo V

Charm

- ¡Llamen a un equipo médico!

Los gritos y el escándalo de las alarmas le llegaron desde muy lejos, como un eco desde lo profundo de un oscuro precipicio. El joven Membrana no estaba enteramente consiente de cómo su cuerpo era extraído cuidadosamente del robot guardia que lo había resguardado para su protección durante la violencia desencadenada por los irken, ni de las atenciones medicas que se le estaban aplicando con urgencia. Sus sentidos estaban sumergidos en una espesa y pesada bruma, evitando que se formara cualquier pensamiento medianamente conciente. Estaba tan entumido y abstraído del exterior que no sentía dolor alguno y difícilmente podía entender la confusión propagada a su alrededor.

Una fuerte voz, segura y autoritaria, se hizo escuchar por sobre el caos y la desesperación.

- Evacuen las áreas S1, 4 y 7. Despejen los accesos. Lleven al muchacho a… ¡¿qué? - Alguien lo distrajo, quien sea que fuera debía conocerla, incluso odiarla pero el jefe de seguridad reconocía la autoridad del individuo o, por lo menos, a quién representaba. - ¡¿Pero qué está diciendo? Él necesita atención médica.

- Y el mejor lugar para atenderlo es aquí, en las instalaciones de la empresa. La señorita Gaz ha sido muy explicita con sus órdenes. – Respondió una voz femenina, en un tono venenoso de obviedad.

Zedec se sorprendió de la velocidad con que Gaz se había dado cuenta de la presencia del joven Membrana, evidentemente más rápido que él. Apenas unos minutos atrás, el robot guardia había notificado la naturaleza de su carga y pronto él fue personalmente a supervisar los cuidados que Dib V necesitara. La asistente de la señorita Membrana, Morgan, debió tomarse al menos quince minutos en llegar desde el pasillo bloqueado más próximo hasta ese lugar, pensando que ella hubiese recibido las instrucciones de Gaz en ese punto. ¿Cómo se las apañaba esa adolescente para enterarse de todo tan rápido?

Aun así él tenía una responsabilidad, no estaba de humor para lidiar con las órdenes caprichosas de una quinceañera mimada, aun cuando se tratara de una Membrana.

La discusión continuó aireadamente, ¿a qué se debía tanto alboroto? se pregunto el muchacho. No sintió los pinchazos de las agujas ni la máscara de oxígeno sobre su rostro. Había luces y ruidos extraños a su alrededor pero no podía distinguir su significado. Todo resultaba confuso e irreal.

- Si se demora en acatarlas, usted tomará la responsabilidad de la salud del señor Membrana si a los médicos no les alcanza el tiempo para salvarlo. – Respondió la suave y severa voz. - Aquí se desarrollaron los mejores tratamientos médicos de todo el mundo. No hay mejor lugar que éste para que lo atiendan.

La mujer estaba en lo cierto en muchos aspectos, pero eso no garantizaba que la unidad médica de la empresa estuviera preparada para esa situación de urgencia.

- Entonces, ella se hará responsable si el muchacho muere aquí. – Contestó Zedec, cediendo impotente.

Una tercera voz intervino en la discusión con cierta agitación.

- Señor Zedec, encontramos a otro muchacho dentro de otro robot guardia. Estará recibiendo las atenciones medicas de los paramédicos una vez lo extraigan del robot.

- El no debe recibir ningún cuidado médico, solo llévenlo a un cuarto de contención en el ala G23. Y ni se les ocurra tocar la mochila de metal en su espalda. - Le respondió la mujer rápidamente, pasando por encima de la autoridad del jefe de seguridad de la empresa. - Más tarde recibirán instrucciones detalladas.

- ¡¿Cómo se atreve a tomar esas decisiones? Se lo advierto, no obstaculice más mi trabajo…

- Si tiene algún inconveniente sobre esto, señor Zedec – Interrumpió cortantemente. - le recomiendo que lo hable directamente con la señorita Membrana. Tú. – Dijo, dirigiéndose la otra persona. - Ve y has lo que dije. - Por un momento, la atención de las dos figuras se enfoco sobre el desafortunado joven quien se vio enfrascado en una tremenda lucha de poderes pero, dado que la mujer era el brazo derecho de la temible y despiadada Gaz Membrana, con pena se retiro a obedecer sus indicaciones

- De momento, tendrá que cumplir las disposiciones de la señorita. Sabe que ella no se toma nada a la ligera. – Agregó, dirigiéndose a Zedec.

Esto olía mal, pensó Zedec. Gaz estaba muy informada de los acontecimientos e incluso parecía preparada para eso. Por procedimientos internos, en un caso de emergencia él debía recibir ese tipo de información antes que nadie.

El muchacho Membrana sintió como era levantado y colocado cuidadosamente sobre una superficie suave y móvil. Aun en su confusión, logro escuchar el final de la conversación.

- ¿Qué está pasando aquí realmente? ¿Qué sabe Gaz de todo esto, Morgan?

- Si quiere saberlo, señor Zedec. – La mujer respondió, cansada de sus protestas. - pregúnteselo a ella.

Y el mundo se volvió a sumergir en la oscuridad.

...

*bip* *bip* *bip*

Sabía que estaba despierto y, poco a poco, sus sentidos se fueron poniendo alerta de su alrededor. Pero sentía el cuerpo tan cansado y pesado que sus parpados se reusaban a levantarse.

*bip* *bip* *bip*

Sintió la calidez y comodidad de la cama donde se encontraba postrado, sin poder moverse y acomodarse mejor. Hacía mucho que no dormía en un lugar tan suave y agradable. Sobre su rostro sintió una mascara que cubría su boca y nariz, amoldándose perfectamente a su rostro para recibir un flujo constante de aire rico en oxígeno.

*bip* *bip* *bip*

Gradualmente se hizo conciente de pequeños destellos de dolor por todo el cuerpo, sobretodo en el dorso, su hombro derecho y la cabeza y la garganta la sentía irritada y seca. No estaba seguro de querer pararse o al menos de abrir los ojos, temía marearse por el esfuerzo y vomitar una agria mancha de bilis. Además, no había prisa y esa cama era demasiado cómoda como para salir de ella.

*bip* *bip* *bip*

¿De dónde venía ese sonido?

Con esfuerzo, logró abrir sus ojos desenfocados y, por costumbre, estiró lentamente el brazo hacia la superficie de la mesa de noche próxima. Tanteó la superficie torpemente, sentía que los huesos del brazo y los músculos estuvieran hechos de plomo y sus articulaciones como juntas de metal oxidado. Tiró una botella de agua, un paquete de medicamentos, gasas, jeringas sin usar hasta dar con un estuche que, sin razonarlo mucho, lo tomó.

Dándose unos minutos para descansar del esfuerzo, abrió el estuche y en su interior encontró unos lentes. Retiró la mascarilla de su rostro, se colocó los lentes sobre el puente de la nariz y el mundo recobró su nitidez y claridad.

Primero observó un techo que se le hacía extrañamente conocido. Al girar el rostro, encontró varios aparatos médicos que monitoreaban su salud como el nivel de oxígeno en su sangre y su ritmo cardiaco. Fue entonces cuando notó la aguja del suero en su brazo izquierdo, los electrodos sobre su pecho y el olor característico de antiséptico y medicinas.

- ¿Dónde estoy? – El muchacho susurró débilmente. Las palabras rasparon su garganta e hizo una mueca de dolor.

¿Qué había pasado? Recordaba… recordaba haber estado en las instalaciones Membrana. Estaba seguro que había completado su parte del plan después de escapar de esas criaturas bizarras en la prolongación subterránea de la empresa, pero algo había salido terriblemente mal.

Poco a poco, fragmentos de recuerdos emergieron de la oscuridad. Su huída, el ataque de los soldados irken en las instalaciones, Zim defendiéndose como animal salvaje enjaulado y la desesperación ante su propia inutilidad. Recordando de golpe cada detalle no podía creer que todo eso hubiera pasado, debía ser una alucinación. ¿En verdad había ocurrido esa devastación en la empresa? ¿Cómo se había atrevido a comandar a los robots guardias? y, encima de todo, ¿habían víctimas mortales que lamentar?

Fue entonces cuando todas las piezas del rompecabezas cayeron en sus lugares como pesados ladrillos sobre su cabeza.

"Esto no está pasando. No puede ser." Ese cuarto, ya había estado en él muchos años atrás cuando era niño. El bip del electrocardiograma se incrementó repentinamente.

- No. No. - ¿No qué? ¿Que no era posible que todos sus esfuerzos hubieran sido en vanos? ¿Que no tenía el coraje suficiente para enfrentarse a su familia y aceptar su responsabilidad en todo el fiasco que él había ayudado a desencadenar? ¿Que no tenía la vergüenza suficiente para mirar a su padre a la cara una vez fuera llevado con él?

Débilmente se arrancó todos los tubos y cables de su cuerpo. Las alarmas de las máquinas médicas resonaron insistentemente mientras el muchacho se levantaba jadeante de la cama con una punzada de dolor en el hombro y el estomago. Encontró una muda de ropa nueva a su medida en el cajón de un ropero cercano y un par de zapatos a un lado. Tan rápido como le era posible se vistió sin reparar en el extenso moretón en su abdomen, producto del golpe que el robot guardia le había propinado durante el asalto irken ni en las vendas alrededor de su cintura. En cualquier momento alguien llegaría alertado por las alarmas, por cada instante que pasaba más angustiado se sentía.

Con paso tambaleante, Dib V salió del cuarto esperando encontrar a alguien en la puerta que le forzara a regresar a la habitación y él sabía que en ese momento no tenía las fuerzas suficientes para escapar corriendo, mucho menor para enfrentarse a nadie.

Pero los pasillos estaban desolados, incluso el sonido de las alarmas se perdía en un sombrío eco lejano. No se escuchaban pasos apresurados o cualquier indicio que le mostrara qué camino no tomar.

Los medicamentos en su sistema no le permitían pensar con claridad. Haciendo un gran esfuerzo logró recuperar fragmento de recuerdos sobre ese lugar solitario y, poco a poco, se fue ubicando aunque tenía la sensación de ser observado aun cuando los pasillos estaban desiertos y estériles.

Minutos después, lo único que se escuchaba eran las alarmas que se oían lejanas y apagadas. Extrañamente seguía sin escuchar pisadas apresuradas. Parecía que el lugar, exceptuando por él, estuviera vacío.

– Solo debo doblar la siguiente esquina. – Susurró, recargándose en la pared. Sabía que no estaba muy lejos de la entrada principal.

Al final del pasillo se abrió una amplia recepción y a sus pies estaba una gran escalinata que bajaba directamente hacia la gran puerta principal hecha de madera oscura. Con una mano se apoyó firmemente del barandal mientras la otra se sujetaba el estómago por el dolor que empezaba a hacerse insoportable.

Bajó lentamente cada escalón sin titubear aferrándose del barandal, con su atención centrada en su vía de escape. Una vez abajo, cruzó la sala y, al llegar a la puerta, buscó una manija con la cual poder salir. Aunque la puerta estaba exquisitamente labrada, no había forma evidente de abrirla. Palpó la superficie decorada de flores y florituras. Presionó cualquier punto sospechosamente desigual pero la puerta se mantuvo cerrada y firme en su lugar.

- Ábrete, carajo. – Exclamó débilmente, golpeó la superficie apenas con fuerza pero la puerta no se inmutó. – ¡Soy Dib Membrana V, ábrete! – Exclamó, esperando que esta vez su voz tuviera nuevamente algún efecto. Pero la puerta no reaccionó a su comando. – Debo escapar por otro lado. – Murmuró, tratando de recordar algún otro pasaje que le permitiera salir de ahí.

- Esta es mi mansión, tío. Solo yo puedo dar órdenes aquí. – El muchacho se dio la vuelta, sobresaltado y su mirada se encontró con la de una joven de cabello púrpura de facciones delicadas y mirada impasible, sentada en una silla levitadora arriba de las escaleras, acompañada por su asistente personal.

- Gaz – Susurró paralizado en su lugar al reconocer a la adolescente.

Gaz Membrana VI.

Al igual que él, ella pertenecía a la otra línea familiar de los Membranas con la cual se había mantenido un relativo control equitativo sobre la empresa, dicha relación se mantenía más por comodidad y mutuo beneficio que por alguna solidez inexistente a nivel personal entre las familias, incluso el mantener los títulos familiares entre ambos eran parte de un trato jamás mencionado. Prácticamente una línea era una desconocida para la otra, lo cual le hacía preguntarse porqué estaba él ahí.

Cuando él tenía cinco años, poco antes que Gaz VI naciera, él había ido a esa mansión con su padre para que él y su prima, Gaz V, hablaran de asuntos de negocios. La conversación entre los dos líderes de la empresa se había extendido a altas horas de la noche, demasiado tarde para el horario del pequeño Dib, a quien habían dejado descansar en la habitación donde él se acababa de despertar.

Ese había sido la primera y última vez que había visto a su prima, una mujer cercana a los cuarenta años y cuya hija era, literalmente, su viva imagen. Dos años después, el nacimiento de Gaz VI marcó la muerte para su madre, repitiéndose así la misma tragedia que cada generación de esa familia había vivido desde la primera Gaz Membrana.

En los cuatro años que estuviera escondido como un paria, le habían llegado noticias de su pariente aunque ya nadie se asombraba de sus logros, la nueva Gaz tenía la agudeza mental, el conocimientos y un carácter endemoniado para tomar el lugar de su madre en la empresa, fenómeno que su madre había logrado a su vez, y la suya antes que ella.

Mientras su propia familia mantenía bajo su cargo los estudios e investigaciones aeroespaciales, criptozoológica y tecnología en general, la línea de su sobrina se encargaba de la extensa área biológica, inteligencias artificiales, la ocultista y el desarrollo de videojuegos e interfaces humanas.

El muchacho observó detalladamente a la joven Membrana, especialmente en los cambios físicos por los que había pasado en años recientes, aunque su mirada fría y penetrante, su presencia cohibente y postura severa y segura no habían cambiado en nada. Cuando él había huido de su familia, Gaz tenía cerca de once años y ya en ese entonces emanaba una presencia inquietante que lo acongojaba tanto como su madre hiciera años atrás.

Dib V tragó sin saber qué hacer ni decir ¿"Gaz, sobrina ¿Cómo te ha ido? Oye, disculpa por haber desaparecido por cuatro años sin mandar una postal ni visitarlos en navidad."? ¿"Espero es mi padre no esté furioso por el incidente en la empresa."?

- Me alegra que estés despierto. – Comentó la joven sin mostrar alguna genuina alegría por el regreso de su pariente ni su rápida recuperación. Si se podía, se rostro se ensombreció y agregó. - Tienes mucho que explicar. – La silla bajó flotando silenciosamente los escalones directo hacia él, con su asistente unos pasos detrás de ella. - Vamos a un lugar más cómodo.

..

- ¿He estado inconsciente dos días? Pensé que despertaría en casa de mi padre. – Murmuró Dib, sin poder mirar de frente a su sobrina. Dib V, mejor conocido como Juna, había tenido muchos grados de autoestima que normalmente no eran muy altos. Pero nunca se había sentido tan derrotado, avergonzado, decepcionado, enojado ni mísero consigo mismo.

- Tu padre y yo consideramos que este lugar es el más indicado para tu estadía hasta que regrese de la región oriental. – Contestó la joven, recostada en su asiento levitador.

Dib, Gaz y su asistente se encontraban en una amplia sala de estar. El mobiliario era indudablemente de gran calidad pero el diseño minimalista intensificaba la fría y estéril atmósfera del lugar.

- Entonces estoy atrapado aquí, como un preso. – Refunfuñó el muchacho con la mirada baja, observando pequeñas costras en sus brazos, seguramente producto de la caída que había sufrido en los laboratorios.

- No nos gusta tener que tomar estas medidas. - La joven contestó desvergonzadamente. - Pero dada la gravedad de las circunstancias no podemos permitir que más gente se entere de tu regreso de primera mano. Es más fácil manipular los chismes que contradecir la verdad.

- ¿Chismes? ¿Qué chismes?

- Habladurías estúpidas que la gente ha inventado a raíz de su ignorancia. La gente te vio en la empresa y te identificó cuando le diste órdenes a los robots para proteger a quien, aparentemente, era el causante del desastre. – Y agregó – Corre por los pasillos que te volviste loco y provocaste intencionalmente el incidente.

- Yo… yo nunca…

- También se dice que fuiste secuestrado y forzado a introducir a un grupo extremista en las instalaciones y que la empresa mantuvo en silencio la grave situación.

El muchacho soltó un suspiro con la cabeza gacha.

- Realmente estropeé todo, ¿no es así?

- Puedo suponer que conoces mi posición y responsabilidades en la empresa de nuestras familias. – Ante su silencio, ella prosiguió. - Estoy en una situación que apremia medidas y acciones inmediatas. - Reclinándose hacia adelante, con la mirada concentrada en él, apoyó su barbilla sobre sus manos. – Yo odio andar a ciegas, tío. Yo no puedo tomar decisiones sin conocer al menos lo básico. Han pasado dos días desde el incidente ¿sabes lo que he hecho para contener a los medios y apaciguar a los inversionistas? Necesito saber qué ocurrió en los laboratorios y qué papel tuviste en todo eso, ahora.

Dib se quedó petrificado ante la despiadada franqueza de la joven, aunque no le sorprendía el trato.

Aun queriendo ayudar a su pariente lejana, el muchacho no supo por dónde empezar. Podía narrarle toda su infancia, lo mucho que odiaba recordarla y en qué medida había influenciado sus pasadas decisiones, pero seguramente su sobrina no estaba interesada en eso. Lo que ella quería eran hechos puntuales.

- Gaz, es que… todo eso es muy difícil de explicar.

- Entonces remitámonos a lo básico, para empezar. – Interrumpió la joven como una guillotina. - ¿Por qué te fuiste de casa? En menos de una hora debo estar frente a los directivos, inversionistas y medios de todo el mundo para darles una explicación sin perjudicar, en la medida de lo posible, a los Membrana y la empresa.

El muchacho permaneció en silencio, tratando de ubicar un punto de referencia con el cual empezar. Había muchos momentos críticos en su pasado pero ¿cuál había sido la gota derramada?

Gaz ejerció más presión agregando.

- Veintisiete mil cuatrocientos millones de dólares repartidos en daños irreparables en la infraestructura de los laboratorios espaciales, tres centrales de energía averiadas que suministraban a un tercio del total de las instalaciones, cientos de experimentos y proyectos de toda una vida de decenas de investigadores, ruinados. Treinta y cuatro heridos, veinte de ellos aun en estado de gravedad. Cerca de un ocho por ciento de depreciación de las acciones Membrana y una avalancha de demandas en nuestra contra. ¿Debo proseguir?

Cada acusación se sintió como una cuchilla helada clavándose y retorciéndose en el corazón de Dib. De todo eso, él pudo extraer el significado real: "Has lo que quieras de tu vida, pero no arrastres al resto de la familia en eso."

El muchacho asintió rendido, además ya no tenía nada más que perder.

- Muy bien, Gaz. Sé que no tengo mucho tiempo para darte detalles así que te diré lo más importante. Me fui por que odiaba la forma en que todos me trataban y me miraban. Hace años entendí que mientras cargara con el apellido todos serían unos hipócritas conmigo. Me desaparecí por que papá jamás quitaría un ojo de mí, de alguna forma movería sus influencias para mantenerme seguro pero siempre dependiente de él. Tú lo conoces. ¿Cómo podría hacer mi vida con la gente señalándome constantemente? En casa, siempre tuve la impresión que la gente le asustaba interactuar conmigo. Creo que temían equivocarse en algo y que papá tomara replesarias. – Y desde que se iniciara la conversación, el muchacho miró a su sobrina esperando encontrar algún gesto de sorpresa de su parte. Pero el serio rostro de la joven no mostró reacción alguna, al contrario, ella simplemente contestó:

- Como bichos raros, mejor dicho. Eso no tiene nada que ver con el apellido. Lo llevamos en la sangre. – La joven se acomodó en su lugar y agregó. –Ellos lo perciben, inconscientemente saben que no somos iguales a ellos, incluso tú mismo lo has de intuir. Confió que tus lecciones de historia te expliquen qué pasa con aquellos que son diferentes. Nos admiran, celebran nuestros logros, pero innegablemente nos temen y rechazan en muchas maneras ¿Crees que un niño común y corriente es capaz de llevar clases de física moderna a los once años? – Con una mirada acusatoria, se reclinó en su sillón. - Lo han hecho con nuestros padres, contigo y conmigo. – Dijo en un tono de obviedad.

Si alguien se sentía sorprendido, era él. No por escuchar exactamente lo que él sentía y pensaba de todas esas personas que en su trato lo habían aislado de un verdadero contacto humano, sino porque lo había dicho sin desánimo o el menor rastro de ira. Acaso, ¿a ella no le había dolido?

A pesar de todo, Dib no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa al recordar a todas las personas que había conocido bajo el nombre de Juna. Pero pocos le habían demostrado un legítimo trato de simpatía, incluso de amistad que lo hacían sentir cálido por dentro pero para él era suficiente. Debía haber una forma de romper con ese maldito ciclo.

- Continúa. – La adolescente ordenó y con eso el muchacho regresó a su realidad inmediata.

- Bien… - Dib tampoco no pudo evitar sentirse defraudado, por un instante llegó a pensar que su sobrina simpatizaría con él si ella entendía tan bien lo que él sentía. Pero estaba en lo cierto, ella había asumido la responsabilidad que él se había negado a tomar. – Lógicamente me oculté bajo un nombre falso. Con los recursos disponibles, no fue difícil hacerme de identificaciones falsas. Huí de Ciudad Capital y estuve por tres años en la región poniente haciendo de todo un poco para sobrevivir. Solamente quería que me conocieran por quien soy, quitarme la etiqueta que nuestro apellido nos da.

- Menuda estupidez. – Comentó su sobrina y agregó. – Pero comprensible. ¿Luego?

Gaz escuchó la historia desde su regreso a Ciudad Capital, donde consiguió un trabajo mientras intentaba penetrar en el incorruptible Registro Principal, crearse una identidad nueva que nadie podría cuestionar y olvidarse por completo de los Membrana y todo lo que eso significaba para él.

Entonces, Dib cayó en cuenta que tendría que platicarle a Gaz sobre cierto irken funesto que se había involucrado en su vida.

Zim.

¿Gaz le creería? Claro que no. Pensaría que estaba inventando la más estúpida de las excusas para justificar sus acciones recientes. Por cierto ¿Dónde estaba esa polilla sobre-desarrollada? Rápidamente formuló tres posibilidades. Si la Tierra aun no estaba destruida era porque: Zim se había librado de la batalla y estaba oculto en su escondite, o ya lo habían capturado y los soldados irken estaban preparando los últimos detalles para la destrucción de la Tierra o simplemente pensaban que el planeta era tan poca cosa que no se distraerían ni gastarían recursos en convertirla en un puñado de polvo.

- Prosigue. – Gaz indicó impaciente. Dib se había mantenido callado mientras el tren de ideas pasaba por su mente.

El muchacho miró desconfiado hacia la asistente de Gaz. ¿Estaba bien que ella escuchara también? Aparentemente Gaz entendió su postura y con un gesto, comentó.

- No tengas reparos por ella.

Dib observó mejor a la mujer y no le gustó como lo observaba, como si lo estuviera estudiando o juzgando. No le agradó en lo más mínimo.

-Lo siento, es que… Mira, estoy siendo completamente sincero aquí. Pero, lo que te voy a decir va a sonar como un disparate. Mientras estaba en esa vieja casa de la familia, una nave espacial cayó sobre ella.

Nuevamente, el muchacho estudió las facciones de su sobrina pero nuevamente la encontró serena y atenta a sus palabras.

- ¿Qué había en esa nave?

- Eh… esto… había… un… sstrterrste… - Murmuró avergonzado, desviando la mirada. ¡Lo iba a creer un loco!

- No te escuché, repítemelo. – Esa voz. Autoritaria y demandante. Justo lo que él no era ni deseaba ser.

- Que, en la nave había… un extraterrestre.

- Y ese extraterrestre, ¿dónde está ahora?

El muchacho se sintió profundamente extrañado, la joven estaba demasiado calmada pero, tal vez Gaz estaba evaluando la revelación en término de números y beneficios. Ya debía saber que su sobrina no era una simple adolescente que se dejaba impresionar por cualquier cosa. Aunque, pensándolo mejor él también había actuado relativamente tranquilo cuando conoció a Zim dos meses atrás.

Dib alzó la vista y se preguntó qué haría Gaz con la información que estaba por revelarle.

- Se llama Zim, viene de un planeta llamado Irk y no sé donde está. Solo escucha, hay muchas cosas de aquí en adelante.

La adolescente guardó silencio, en señal de prestar atención al relato del joven Membrana. Empezó a narrarle el aterrizaje, el trato acordado y los planes que habían llevado a cabo. Mientras tanto, las palabras se deslizaban con mayor facilidad de su boca, como una liberación de toda tensión acumulada en su interior. Incluso no llegó a percatarse que había estado caminando en círculos y, de alguna forma, se sentía más ligero y tranquilo. Aunque, deliberadamente omitió sus especulaciones estrafalarias respecto a la relación del irken con su ancestro.

"Gaz está muy tranquila" pensó el muchacho. Mirando de soslayo a la asistente, también ella parecía impávida.

- ¿Qué tanto sabes de Zim? – Preguntó la joven, con la mirada penetrante centrada en él.

¿Qué sabía exactamente sobre Zim? Mucho y nada a la vez. Zim se había mostrado muy hermético respecto a su pasado y fácilmente se podía caer en la especulación.

- Em… Por lo que se y me he podido dar cuenta, Zim es un prófugo de su mundo. No se exactamente cual haya sido su delito pero no parece ni medianamente arrepentido y, de alguna forma, está involucrado en una guerra en su planeta de origen, llamado Irk. Es un psicópata paranoico narcisista que no sabe que hacer con tanto orgullo. – Pero también debía mostrarse de acuerdo sobre algunas cosas positivas. – Aunque, ciertamente, Zim tiene una gran capacidad de adaptación, fortaleza, ingenio y perseverancia. Y, por último, él ha mencionado en algunas ocasiones que estuvo en la Tierra antes y que… - El muchacho titubeó, intentando encontrar las palabras adecuadas para expresar sus sospechas. - … bueno, aparentemente conoció al primer Dib. Creo que eran muy cercanos. – Fue lo mejor que pudo hacer. El borde de la boca de Gaz se curveó hacia arriba imperceptiblemente y esperó a que su pariente continuara. – No sé que habrá pasado pero, de alguna forma, su viaje de ida y regreso tomó mucho más tiempo del planeado. Él esperaba encontrar todavía a Dib I vivo.

Gaz se relajó y acomodó en su lugar, tomando una profunda inhalación. Parecía que su tío había entendido en términos generales la compleja situación en la que había caído, incluso su titubeo al referirse a Dib I y el irken mostraba que tenía una vaga pero escandalosa idea sobre la relación entre el irken y el primer Dib. Con una sensación ya familiar para ella, semejante al deja vú, el muchacha percibió cómo todas las piezas al fin tomaban sus posiciones, ahora solo necesitaban un pequeño empujón para que los acontecimientos desembocaran por sí solos.

- Que eran cercanos, ¿dices? – Preguntó, observando atentamente la reacción del muchacho. Dib V la miró y una ligera sombra carmesí tiño sus mejillas. Rápidamente, el joven asintió pero no agregó más. Las reacciones de su tío o eran muy transparentes o su habilidad para leer a las personas mejoraba día tras día. Cada detalle era trascendente cuando se estaba en una posición tan importante y vital para el incalculable legado de los Membrana.

Veamos qué tal le sabe esto.

– Zim pertenecía a la extensa clase militar del planeta Irk. Escapó de su mundo, llevando consigo un objeto vital para su sociedad con el cual se podría acabar con la guerra que, por lo visto, sigue librándose en su planeta.

- ¡¿Cómo sabes eso? – El joven no pude reprimir su sorpresa, ¿por qué Gaz sabía eso? ¿Qué otras cosas sabía sobre el irken? De alguna forma, eso explicaba la apatía con que lo había escuchado o simplemente su sobrina le estaba tomando el pelo.

- Zim llegó a la Tierra y conoció a Dib I cuando él tenía apenas dieciocho años y se fue ocho años después. Durante ese periodo, Dib I realizó muchos descubrimientos y proezas que le serían útiles tiempo después, cuando tomó las riendas de lo que era entonces los Laboratorios Membrana.

- Entonces, es verdad. – El muchacho expresó, asombrado e incrédulo. Todo eso concordaba con los detalles que había recogido en esas semanas. Eso aun no respondía su pregunta pero una avalancha de dudas saturaron su mente y eligió una al azar, tratando de darle orden a sus ideas y dudas. - Gaz, esto es una locura. ¿Cómo es posible que esto esté pasado ahora? Esto no puede ser real.

Gaz VI sonrió, disfrutando perversamente de la conversación y la confusión de Dib V. Seguramente la revelación que estaba por soltar caería sobre el muchacho como un baño de agua helada.

- Tenemos la desgracia que a Zim se le haya ocurrido regresar ahora. Aunque, seguramente, él no tenía intensión de tardarse tanto. A fin de cuentas, solo regresó por Dib I.

- Zim no parece el tipo de persona que le interese nadie más que a él mismo. – Respondió mecánicamente. - No entiendo por qué Zim iba a regresar solo para reencontrarse con su… camarada. – Pensó en voz alta.

- ¿Camarada? ¿Ahora los llaman así en las calles, tío? Creo que ya no presto atención a las conversaciones de los empleados para enterarme de esos modismos. Normalmente se le llama novio, enamorado o amante.

- Vamos, Gaz. – Rió nervioso, cada vez más ruborizado. - Esto está pasado de lo ridículo. ¿Cómo va a ser que…? – Pero la seria expresión de Gaz lo forzó a aceptar la realidad. – Esto es demasiado para mí. No estoy entendiendo nada.

- Pasando a otro tema, tío. – La joven interrumpió, ignorando la confusión de su pariente y descartando el tema para enfocarse en su principal prioridad. - He hablado con tu padre sobre la situación hasta ahora y lo pondré al tanto más tarde sobre todo esto. Regresará tan pronto como firme un convenio por el que hemos trabajado por años, eso ocurrirá en cuatro días.

- No me sorprende. – Respondió en desagrado. Típico, su padre nuevamente estaba priorizando su trabajo sobre su propio hijo.

De repente, recordó algo de suma importancia que debía decirle a su sobrina.

- Gaz, los irken que persiguen a Zim destruirán la Tierra si lo capturan.

En cambio, la joven le lanzó una mirada aburrida. Incluso la asistente menospreció la advertencia.

- A pesar de todo lo que Zim te haya podido mostrar de la tecnología de su planeta, los irken son unos idiotas. Aun capturando a Zim, no podrán destruir a nuestro planeta así que deja de preocuparte por nimiedades. – Y cómo si hubiese leído su mente, Gaz dijo. - Ven, quiero enseñarte algo.

..

La mansión era fría, desolada y estéril, como los pasillos de un hospital. Si Dib no tuviera su mente tan ocupada, tratando de desentrañar los misterios detrás de Zim, Dib I y su sobrina, habría reparado todas las puertas cerradas y las ventanas cubiertas por gruesas cortinas. Toda la iluminación de la mansión era artificial.

Unos minutos más tarde, Dib, Gaz y su acompañante llegaron a un acceso de doble puerta. Gaz rechazó cortantemente la ayuda del joven para pararse de su silla levitadora y se paró frente a la entrada, apoyada sobre su bastón. Dib esperó expectativamente a que la muchacha colocara la palma de su mano sobre un panel de acceso al lado de la puerta y, al registrar su huella, se escucho al otro lado pesados sonidos metálicos conforme los seguros se iban abriendo. Las puertas se abrieron de par en par, dándoles paso a una amplia biblioteca.

Ella y Dib entraron, mientras la asistente de Gaz se quedó afuera, en silencio.

Dib pocas veces había visto tal cantidad de libros hechos de papel real en su vida. Sintió una enorme curiosidad por cada lomo cuidadosamente ordenado en los altos estantes de madera oscura. Encima de una mesa de estudio postrada en el centro de la sala había más hojas en blanco, plumas y una de las mejores computadoras personales disponibles en el mercado.

- Por aquí. – Dijo la joven Membrana, caminando con seguridad hacia unos estantes llenos. Mirando con mayor atención, había más estantes cargados de libretas de anotaciones de diferentes calidades y estilos que de libros en sí.

- Este lugar es el depósito de documentos personales de los Membranas que se han ido acumulando por generaciones, empezando por el Profesor Membrana hasta tu abuelo. Cuando llegue el momento tu padre también colaborará en agrandar esta colección. Y todos estos estantes… – Agregó, haciendo un ademán para señalar a un grupo sustancialmente extenso. - …pertenecen a Dib I.

- Gaz, ¿y qué hay de ti y tu familia? ¿Dónde están los cuadernos de tu línea familiar? – Preguntó, mirando con interés el tesoro cultural frente a él.

- Mi linaje no tiene necesidad de eso, tío. – El muchacho no le pidió explicaciones. Su mente estaba enfocada a un solo pensamiento. Quería tomar una de esas libretas y conocer lo que había entre las páginas. - Todo lo que sé sobre nuestra familia, sobre Dib I y Zim se encuentra aquí.

"Increíble." El muchacho no pudo sentir menos que admiración por la inteligencia y madurez de su sobrina para asimilar toda esa información. Con razón estaba tan enterada de todo.

- Debo ir a la empresa. No creo regresar esta noche. – Explicó la muchacha, dirigiéndose hacia la salida de la biblioteca. – Puedes leer todo lo que quieran en la biblioteca. Pero, por tu propia seguridad, no intentes escapar ni tratar de ingresar a zonas restringidas. Este lugar no fue hecho para dejar a visitantes sueltos a su libre albedrío.

El muchacho asintió, nervioso. Realmente le estaba asustando la mansión y, de momento, no le apetecía husmear por ahí. Gaz se giró y añadió:

- Recuerda, Dib. En cuatro días tendrás que darle una explicación a tu padre. Créeme, él está muy interesado en hablar contigo.

..

Los rincones de la amplia biblioteca se iban oscureciendo conforme la tarde se convertía en noche mientras Dib V miraba distraídamente las largas filas de libros cuidadosamente resguardados a su alrededor.

Enfrente tenía una gran pila de hojas amarillentas y libretas de anotaciones que él había logrado encontrar en la zona especialmente destinada para los antiguos diarios de Dib I. Muchas de ellos estaban escritas con letra apenas legible sobre hojas manchadas, por lo cual el muchacho debía poner mucho empeño en descifrar los garabatos de su ancestro que tenían más parecido a pequeños bichos aplastados entre las páginas. Pero tras un par de horas de tener la mirada fija sobre las líneas, el joven Dib había terminado con una fuerte jaqueca y un creciente deseo de tomar los papeles y arrojarlos en el primer triturador que tuviera a la mano.

¿Cuál habría sido su suerte si simplemente se hubiese olvidado de la existencia de Zim desde un inicio? Le gustaría poder mandar al diablo al irken y todo lo relacionado con él, pero mientras la presencia de los soldados pusiera en peligro a la Tierra no podía dejarlo de lado. Tenía la fuerte sospecha que hallaría algo que pudiera ayudarlo entre las páginas.

De momento, con lo que había encontrado podía satisfacer su curiosidad.

Zim se encontraba mencionado al inicio de la joven adultez de Dib I. Ahora más que nunca le costaba trabajo creer todo lo que le habían dicho hasta ese momento sobre la relación entre el irken y su ancestro. De inicio era evidente que ambos se odiaban a muerte pero por una serie de circunstancias que aun no le eran del todo claras, Dib I había aceptado forzadamente al irken bajo su propio techo, situación que había desembocado a una serie de riñas y, por primera vez, conocía ese lado explosivo y temperamental del primer Dib.

Claramente ambas personalidades chocaba violentamente, a ninguna le gustaba ceder y mientras uno presionara más, el otro respondería de la misma manera.

¿Cómo no se habían matado desde un inicio?

"¡Ese maldito alienígena! Es un imbécil. Francamente no se qué más hacer… Debería darme un tiro."

"¡Casi me rompe la nariz, el muy infeliz!"

"¡¿Cómo pude ser tan estúpido para aceptarlo en MI CASA? ¿Por qué a mí?"

"Es como tener un loco salvaje en casa ¡Y no existe cadena que lo mantenga quieto!"

"¿Cuál será la mejor forma de realizarle una autopsia?"

Y podía seguir así página tras página de maldiciones, lamentaciones y deseos mortales. No se podía imaginaba la atmósfera tan tensa entre ambos dentro de esa casa.

Ahora que pensaba en eso, tal vez esa era el carácter que se necesitaba para mantener a raya la locura del irken. Dib I mostraba una gran confianza en sí mismo para oponerse al férreo narcisismo del irken.

Entre líneas, el muchacho notó una diferencia significativa entre el Zim de los diarios y el que él conocía. Sabía que Zim era agresivo, dominante, egoísta y traicionero pero el que había aterrizado recientemente parecía más controlado y menos impulsivo.

De acuerdo a lo que le había comentado Gaz, él solo había leído lo correspondiente al primer año, aun le faltaban siete más. ¿Le daría el tiempo suficiente para leer todo el material?

Recargándose sobre el escritorio, dejó escapar un suspiro y, tras ladear su cabeza, miró una tetera bellamente decorada con un plato de bocadillos sobre una mesita de madera suficientemente cercana a él para estirar el brazo fácilmente y alcanzarla. Una de las sirvientas robots de la casa había llegado unos minutos antes con una charola de cristal oscuro entre las manos. El robot dejó el contenido de su charola en la mesa y, silenciosamente, se retiró.

Se paró pesadamente y se estiró soltando un bostezo. Tomó la tetera y se sirvió en la taza. Solo bastó percibir el delicado y refrescante aroma del té para sentirse revitalizado y con gran gusto sorbió el contenido, olvidándose por completo de los bocadillos. No había notado la sed que tenía.

Cerca de su lugar había un amplio ventanal desde donde se podía ver el bosque/jardín de la mansión y si agudizaba el oído lo suficiente, podría escuchar múltiples el gorgoreo de las bandadas de aves acomodándose entre las ramas para descansar. A lo lejos el sol ya comenzaba a ocultarse detrás de los altos edificios blancos de la ciudad. Justo entonces las calidas luces de la biblioteca se encendieron automáticamente.

Aunque la arquitectura de la mansión era antigua, muchas de las funciones estaban automatizadas, Dib pensó correctamente que era la razón por la cual no había muchos sirvientes. Ahora que pensaba en ello, solo había visto cuatro sirvientes hasta el momento y todos eran robots.

¿Gaz no llegaba a sentirse sola?

Ella había crecido literalmente aislada del mundo, encerrada en esa gran mansión, con un reducido contacto humano aunque eso también no distaba mucho de su propio caso. Él había sido acosado por los sirvientes y sus profesores en la mansión de su familia día y noche, pero jamás nadie se había acercado a él más que para cumplir un compromiso con su familia.

De cierto modo, ambos tenían un tipo de soledad particular, ella por quedarse huérfana, encerrada en ese lugar como única heredera de una de las familias más importantes del mundo. Igualmente él había sido tratado como la mejor inversión de los Membrana en vez del niño que fue y afrontar la responsabilidad que eso significaba. Él le había dado la espalda, prefirió huir. En la Mansión Membrana se sentía vacío y aunque como Juna había conocido a muchas personas verdaderamente amables con él, sabía que algo vital estaba faltándole.

Sin realmente invocarlo, la imagen de Zim saltó al primer plano de su mente. Si, Zim era la única persona que podría ayudarlo y después... después seguiría buscando un lugar donde lo aceptaran tal como él era, por el tiempo que fuera necesario pero la imagen de Zim volvió a perseguirlo sin dejarlo ir. Dib agitó su cabeza tratando de espantar la imagen que se aferraba al primer plano de su mente. Hojas tras hojas buscando el nombre del irken le estaba fundiendo algunas neuronas.

Miró la superficie rojiza del té, observando su reflejo. ¿Qué pensaba Zim de él ahora que sabía quien era?

Seguramente lo odiaba. Irracionalmente lo haría a pesar de no ser culpable que todo y, en cualquier caso, nunca hubo razón para decirle su verdadera identidad. Aunque, en el fondo, una pequeña vocecita comentó sutilmente que estaba preocupado por el irken más de lo que llegó a pensar.

- ¿Dónde está Zim? – Preguntó al vacío. No lo había notado antes, pero el mundo era demasiado callado sin el irken y su robot armando alboroto.

Hecho positivo: Aun estaba vivo y con el cerebro intacto. Si Zim lo quisiera, ya lo habría matado lenta y dolorosamente a distancia. ¿Cierto?

Dejando la taza en su lugar y volviéndose a sentar frente al escritorio, miró de nuevo el cúmulo de notas y cuadernos que aun no había logrado leer. Le esperaba una larga noche en la biblioteca. Debía apurarse, la fecha límite estaba cerca y no planeaba perder esa oportunidad de conocer mejor a Dib I y, sobre todo, a Zim.

Con decisión, tomó el siguiente cuaderno y leyó dificultosamente página tras página.

Por lo menos el té le había quitado la jaqueca.

...

El elevador de abrió frente a ella y Gaz VI entró, con cierta emoción contenida. Había esperado ese momento tanto tiempo como un niño la víspera de navidad. Justo ese tipo de ocasiones la reanimaba del tedio de sus responsabilidades y de la tranquila vida cotidiana.

En silencio, Gaz fue descendiendo ininterrumpidamente, el elevador era de su uso particular en la empresa que conectaba directamente su despacho con el área de estudios genéticos, en uno de los últimos niveles subterráneos. El ascensor circular pasó por zonas iluminadas y oscuras al atravesar los pisos que constituían el edificio central de la empresa. La joven bien podía hacer instalar una iluminación fija dentro de compartimiento pero como una forma algo peculiar de distracción observaba los puntos por los que pasaba a través de una franja de vidrio de doble vista, sin que nadie se diera cuenta. Podía ver a los investigadores ir y venir llevando con ellos una amplia gana de emociones, desde el brillante triunfo hasta la grisácea frustración, las expresiones de los visitantes asombrados por las maravillas engendradas en los laboratorios e incluso a alguna que otra pareja amorosa en sus actividades privadas, confiados de estar completamente escondidos de ojos indiscretos.

Si bien la joven entendía las complejas motivaciones psicológicas detrás de las acciones del ser humano común, se sabía incapaz pero no deseosa de experimentarlas de primera mano. Simplemente no había nacido para eso.

A pesar de todo, mantenía su menta abierta. Nunca olvidaba una vieja máxima que dudaba se volviera obsoleta algún día: Siempre se aprende algo nuevo.

Gaz Membrana VI se consideraba a si misma una persona práctica y previsora, en el amplio sentido de la palabra. Le gustaba que todo se moviera con eficacia y gran rendimiento; que tuviera harto tiempo disponible no era pretexto para la holgazanería y el descuido. Por lo tanto le era en extremo desesperante el impredecible factor humano al cual se debía enfrentar cada día. Aunque, paradójica e innegablemente, los sucesos desencadenados de accidentes, despistes, locuras temporales y demás solían distraerla de sus monótonas ocupaciones. Incluso, a pesar de poder "presagiar" ciertos sucesos próximos, se asombraba de la relevancia de algunos detalles extraordinariamente ocultos, eran como la sazón del tiempo.

Por ejemplo, ¿cómo podía entrever la terrible jaqueca que la había estado agobiando desde que los directivos se habían lanzado sobre ella para darle solución al desastre de su tío prófugo y el imbécil del irken, afectando en lo menos posible la imagen de la empresa?

"Aunque podría estar peor. Siempre puede estarlo." Pensó.

Y, aun así, siempre había un momento para un poco de diversión.

De un bolsillo extrajo un delgado y estilizado videojuego portátil y reanudó su partida anterior. Las viejas costumbres eran difíciles de eliminar.

El elevador se iluminó con la luz natural de un espacio abierto, luego se sumergió nuevamente en la oscuridad al pasar de un piso a otro. Al volverse a iluminar, esta vez con luz artificial, Mortos, en su forma original apareció junto a ella. Su cuerpo voluminoso empequeñecía aun más al de su ama temporal. Cruzado de brazos, dejaba a la vista sus grandes garras. Su oscuro cabello lacio caía recto, enmarcando su rostro grisáceo de facciones torcas mientras sus orejas puntiagudas sobresalían a los lados.

- Sigo diciendo que este descenso es una pérdida de tiempo. Podría instalar un elevador más rápido que éste. – Comentó, observando las escenas entrecortadas frente a ellos. Un par de investigadores caminando apresuradamente por un pasillo. Un empleado de limpieza trapeando el piso. El comedor del área 01-VID.

Gaz lo ignoró, concentrada en la pantalla del videojuego.

El demonio soltó un suspiro satisfecho y agregó:

- Le informo, señorita, que acabo de regresar del distrito este. – Sin esperar algún comentario, continuó. – El lugar estaba hecho un desastre, destruyeron todo indicio de tecnología: las computadoras, la nave espacial y herramientas especializadas. También estaba plagado de trampas. Desactivé todas en caso que a Zim o al Quinto se les ocurra darse una vuelta más adelante. Y, como lo pidió, recogí cada parte del robot y lo dejé en su oficina.

- Reserva los laboratorios alrededor del PX-10. No quiero interferencias mientras trabajo. Estoy cansada de andar silenciando curiosos y entrometidos. – Ordenó la joven, presionando agitadamente una secuencia especialmente complicada en el teclado del video juego. – Te encargarás de mis pendientes mientras tanto. Me tardaré alrededor de dieciséis horas reparándolo. – Del aparato electrónico se escuchó una serie de explosiones seguida de una cancioncita de triunfo.

El elevador continuó su lento descenso, aparentemente interminable, pasando por zonas brillantes y oscuras.

- La espera no ha sido tan mala. Pensaba que los humanos eran todos sosos y aburridos. – Comentó, observando la pequeña figura de la adolescente. – No esperé que existieran especimenes como ustedes. - Y Gaz volvió a ignorarlo.

Si no conociera su verdadero rostro, incluso él la tomaría como una humana común y corriente, pequeña, enfermiza y frágil. Justo el error que había cometido ciento veinte años atrás con terribles consecuencias que aun estaba pagando. Pero el último pagaré estaba por llegar y lejos de sentirse ansioso, estaba convencido que esa lenta espera culminaría en un espectacular desenlace. O eso daba a entender Gaz.

Recargándose sobre la pared, Mortos preguntó:

- ¿Va a ir a jugar un rato con Zim, cierto?

- Alguien tiene que darle una lección. – Respondió fríamente. – Odio que un imbécil como él se quiera pasar de listo con los Membranas.

"Zim está jodido." Pensó Mortos, distraído con el panorama cambiante.

- Me lo imaginé. Abrí un espacio de una hora en su itinerario, supongo será tiempo suficiente para terminar con él. – Comentó el demonio, previendo las acciones de la joven Membrana. Décadas de trabajo a su lado lo habían preparado para las decisiones repentinas e impredecibles de su ama.

- Te ocuparás de la reunión de la las seis. Necesito que organices a Relaciones Públicas para el regreso del Cuarto. En cuanto regrese, los medios se abalanzarán sobre él como perros rabiosos.

- ¿No me va a dar nunca un descanso? - Preguntó Mortos, con cierta aspereza.

- No es algo que te hayas ganado. – Respondió, evidentemente divertida al recordar todos los enredos en los que había metido al demonio a propósito, para satisfacer todos sus caprichos.

- Si pretendía hacer un verdadero infierno de mi existencia, lo ha logrado hace mucho. – Refunfuñó, consiente que a la humana le importaba un bledo su opinión.

- Al contrario, creo que has disfrutado de tus últimos trabajos. ¿Qué mejor pretexto para escaparte de mí un rato? – La joven miró de soslayo a la figura grandulona del demonio.

Mortos sonrió para sí mismo, reconociendo lo entretenido que resultaba la actuación.

Una franja de sombras los engulló brevemente y, al iluminarse el levador nuevamente, estaba una joven bonachona junto a Gaz en lugar del corpulento demonio.

- Juna es un muchacho muy mono, lástima que no es mi tipo. – Comentó Freed, recargada inocentemente en la pared. – ¿Sabías, Gaz, que el empleo de mensajero es potencialmente letal y mentalmente degradante? – Preguntó con la misma jovialidad e informalidad que caracterizaba la personalidad de Freed. - No sabe la cantidad de vagos lunáticos que hay en las calles ¡y los clientes! Ellos son los peores. Siempre quejándose y repelando ¡Salí ilesa solo por mis formidables poderes infernales! Y todo para tener un ojo sobre el Quinto. Tendrías que ser un poco más considerada conmigo. – Agregó al borde de devastadas lágrimas falsas. – ¡Quiero un aumento!

Sombras.

- Y llegar su itinerario, señorita. – En lugar de Freed, la figura de la asistente personal de Gaz comentó sin emoción, mirando atentamente una tableta electrónica. - Si lo hiciera con herramientas de antaño, tendría que arrastras con una docena de agendas, un directorio y una computadora portátil robusta, entre otras herramientas para seguir su paso. Sin mencionar el trabajo extra de espía, cocinera y, cuando no está disponible, de representante legal y nana.

Sombras.

- Sin mencionar mi papel de perro guardián y embajador de las profundidades. – Concluyó Mortos, ya impaciente por llegar.

- Y sigues sin limpiar la madriguera de los Pope Lick, no me tientes.

El demonio no pudo evitar sentir un escalofrío con solo pensar en ello. Los monstruos Pope Lick que resguardaban fieramente los niveles subterráneos de la empresa tenían hábitos asquerosos y desagradables en la naturaleza y eso no había cambiado cuando se les confinó en los laboratorios. Y desechos de demonio era un asunto cojonudamente serio.

- Además, en unos días tendrás argumentos para quejarte. Lo que ocurrió en los laboratorios no se compara a lo que se viene.

"Mmm… más calamidad a la vuelta de cada esquina. Bien, veamos lo que la humana tiene planeado."

- Iré a los laboratorios genéticos a recoger los últimos resultados del proyecto en cuando termine con Zim. – Agregó la joven, poniendo mitad de su atención en un clip de diálogo en la pantalla del videojuego.

Molesto, Mortos soltó un bufido. Había cosas en lo que incluso los demonios no se metían y esa humana tenía el descaro de jugar con fibras tan sensibles de la existencia por mera autosuficiencia.

- Deje eso por la paz. Acepte que tarde o temprano tendrá que seguir el mismo camino que los demás. - Mortos no podía creer lo terca que era la joven.

- Nunca. – Cortó terminantemente.

- ¿Por qué no quiere entenderlo? Usted lo está sintiendo, sin duda. Su cuerpo no podrá soportar otro regreso. Incluso su hermano entendía las limitantes.

- ¡El proyecto seguirá adelante hasta perfeccionarlo! Son décadas de MI trabajo, MI existencia está por medio. Y a diferencia de él, yo sí estoy completamente aquí, no trato de cumplir un absurdo sentimentalismo perdido.

- Aberrante. – Murmuró él sin importarle que Gaz escuchara o no.

- Los demonios como tú debería quedarse en ese agujero nauseabundo que llaman Inframundo, al menos así te habrías ahorrado muchos problemas. – Comentó la joven.

- ¡Nah! ¿Y perderme de toda esta diversión? Además, en estos años he mejorado mi léxico ¿no lo cree? – Sonrió Mortos, mostrándo la hilera de sus afilados dientes.

Entonces, haciendo una parodia de sí mismo, cuando recién había salido de los confines del Jardín y extorsionó a Dib en su beneficio décadas antes de quedar domesticado por contrato, dijo:

- ¿O pequeña niña mortal prefiere que Mortos la acompañe al lugar debajo del mundo superior? –Las palabras se resbalaron descuidadamente y el demonio entendió su error demasiado tarde. Había dicho la palabra prohibida.

El cólera de Gaz se desató, lo vio en sus ojos asesinos en el instante que el elevador se oscureció y en la penumbra se escuchó un lamento que incluso las personas entre los pisos intermedios escucharon paralizadas del miedo, sin entender su origen. Cuando el elevador volvió a iluminarse, Mortos se encontraba tirado en el piso, retorciéndose del dolor, con sus miembros doblados en extraños ángulos.

- Est… está bien, señorita. Usted gana. – Gimoteó el demonio desde el suelo.

Tensa, Gaz miró el juego en su mano y lo encontró destrozado. Algunas esquirlas de la pantalla de cristal se habían clavado es su piel, derramando pequeñas gotas de sangre en su palma. Tiró el videojuego al suelo, cerca de la cabeza de Mortos, con cuidado de quitó los fragmentos más grandes, se limpió la sangre con un pañuelo y se acomodó un mechón de cabello cuando las puertas del elevador se abrieron.

- Cuando termine con Zim, quiero otro juego en el mismo punto de salvación dónde lo tenía. – Ordenó y salió del elevador.

- Como ordene, señorita. – Un sonido seco y quebradizo se escuchó desde el fondo del elevador. - Disculpe que no pueda seguirla... – Agregó el demonio y las relucientes puertas metálicas se fueron cerraron. - …pero debo reacomodar mis vértebras.

..

Con cuidado y resignación, Zim rozó con la punta de sus dedos la lastimada piel de su antebrazo envuelto en vendas, sobre el punto donde debería estar la última opción de cualquier soldado irken que se diera a respetar optaría en el peor y más amenazante de los escenarios. No para su vida, sino para la integridad y seguridad del Imperio. El botón de autodestrucción.

Alguien había extraído el interruptor mientras estaba inconsciente y, sin lugar a dudas, el burdo resultado era producto de un procedimiento médico terrícola.

Pero hacía tres días, presa de la desesperación, Zim había estado a punto de poner fin a todo, a su vida, a su misión y tirar al drenaje cada pequeño y gran sacrificio hecho hasta entonces. Si bien ya no tenía razones para permanecer en la Tierra, tenía solo una ilusión que lo hacía levantarse y seguir peleando. Ver una vez más a su hogar, Irk, con sus propios ojos. Estaba consciente que eso jamás ocurriría, ni siquiera se le permitiría entrar al bien resguardado sistema solar de su mundo pero era el único espejismo al cual aferrarse. Si se rendía, ¿habría significado en algo todo su esfuerzo?

En vez de sentirse afortunado que las drogas hubieran surtido efecto en el momento justo antes de presionar el botón, Zim se sentía furioso y estaba completamente seguro que las cosas iban a empeorar.

Observó sus adoloridas manos desnudas, las garras estaban destrozadas después de rasguñar iracundamente las paredes de la prisión en la que había despertado hacia dos días. Sus captores le habían retirado sus guantes especiales de combate, sin ellas no podía amplificar la energía de sus golpes. De lo contrario, habría despedazado las placas de metal de los muros, el piso y el techo sin el mayor esfuerzo. Y lo más vergonzoso y alarmante, habían colocado un sello a su pak que inmovilizaba sus extremidades metálicas y deshabilitaban cualquier herramienta que podría ayudarlo.

Por eso, Zim deseó con vehemencia tener su botón de autodestrucción. Si bien no sabía donde se hallaba, seguramente los soldados Morados sí. En cualquier momento llegarían por él y estaría expuesto e indefenso contra ellos. Al darse cuenta de eso, Zim había descargado su desesperación e ira contra las paredes de metal, ignorando los intensos destellos de dolor en su brazo y costado mientras buscaba cualquier fisura por la cual escapar, pero al acabársele las fuerzas, la superficie apenas mostraba algunos leves rasguños. Y para su mayor frustración ¡Tenía que ser una celda construida en ese planeta primitivo por patéticos humanos!

Sentado en una esquina, con las rodillas recogidas contra su pecho, Zim escuchaba atentamente al silencio. Se pondría en guardia al primer indicio de peligro pero la única novedad que ocurría cada ocho horas era la aparición de un pequeño acceso por donde se le suministraba comida que él se negaba a tocar por orgullo, desagrado y extrema sospecha. Quien fuera quien le hubiese retirado el botón y sellado el pak, indudablemente debía saber que él venía del espacio exterior, pero lo más importante y extraño de todo era que sus captores habían reparado en esos detalles primordiales que le habrían permitido huir, ¿quién sabe qué tipo de narcóticos podría tener esos batidillos que le proveían? Seguramente sabían sobre él más de lo que podía suponer, eso lo ponía en una grave desventaja. Y lo más raro aun, ¿por qué no estaba en un laboratorio rodeado de científicos mientras éstos hurgaban en sus entrañas para revelar los misterios de su cuerpo?

"Tal vez solo se están preparando. En cualquier momento vendrán por mí." pensó agriamente.

Aun así, por costumbre y precaución, reactivó su disfraz holográfico, a pesar que éste titilaba intermitentemente. Zim esperaba que ese fuera el único problema que tuviera su pak.

No había forma de escapar.

Con el pak sellado, no podía comunicarse con GIR en el caso que su trasmisor no hubiese sido destrozado en el enfrentamiento pasado y el humano... Al recordar al humano, Zim soltó un gruñido y apretó la mandíbula y los puños. El recuerdo se reprodujo frente a sus ojos nuevamente, vio y escucho cada detalle de la batalla gracias a su fiel memoria electrónica. La primera vez no había reparado en las vagas voces de fondo, la batalla fue su única realidad en el momento y había muchos sacos de grasa humana gritando en el caos de explosiones y alarmas. En su detallado recuerdo podía percibir "por el rabillo del ojo" al humano siendo atacado por uno de los monigotes mecanizados que los terrestres llamaban robots guardias de última generación. Al ajustar algunos patrones de audio, la voz del humano y del robot se hicieron claras y cada palabra que habían pronunciado fue como una patada en el squeedle spooch.

"Registro de voz identificada. Registro D1B-5. Dib Membrana hijo. Bienvenido, señor Membrana."

¿Como no lo había notado desde un inicio? ¿Cómo había podido ignorar cada detalle evidente? Ese desgraciado gusano humano tenia claros cientos de rasgos Membrana: La vista defectuosa, el cabello zigzagueante, la capacidad de sobrevivir con poco en comparación a un cerdo-humano ordinario ¡sus capacidades mentales! ¡Todo! Con razón el imbécil se había infiltrado a las defensas de la Empresa Membrana con tanta facilidad aun con el chip de interface que le había colocado. ¡El estúpido ya conocía las defensas de la empresa de antemano!

Y si había forma de sentirse peor, su mente reprodujo nuevamente el resto de sus memorias.

"Ordeno que todas las unidades protejan a Zim." ¿Protegerlo? ¡¿A ÉL? ¡Zim no necesitaba ayuda de nadie, DE NADIE! ¡No quería SU ayuda! Su orgullo estaba completamente destrozado por la vergüenza de saberse salvado por ese gusano estúpido e inepto. Y peor de eso era haber necesitado genuinamente ese auxilio.

Di… No, ¡Juna! ¡Ese miserable no mecería ese nombre! ¡Jamás lo llamaría Dib!

¡Si tuviera a Juna enfrente lo destrozaría! Y sin el transmisor, ni siquiera podía enviar la orden al chip neuronal para freírle el cerebro.

- Lo odio, maldito. – Susurró, destilando ira por cada poro de su piel.

Un repentino estremecimiento lo distrajo de sus malhumorados pensamientos y lo puso en alerta. Algo había cambiado, el ambiente de pronto se volvió inquietante, estaba completamente seguro. Mirando críticamente a su alrededor, todo se veía igual, su celda estaba en completo silencio, el acceso para la comida estaba cerrado, pero una sensación aprehensiva en su pecho no lo dejaba tranquilo y a cada instante esa sensación casi palpable lo inmovilizaba aun más en su lugar.

Con pesadez, el irken se levantó sujetando su adolorido costado, ahogando un quejido. El corte en su dorso y brazo también habían sido atendidos minuciosamente, ambas heridas estaban suturadas y selladas con una flexible capa de gel que mitigaba en cierta medida su dolor, pero no lo suficiente.

Apoyado en la pared, afinó sus antenas en busca de cualquier señal de amenaza sin hallar ninguna.

Al otro lado del muro contrario, Gaz lo observaba con distraído interés a través de la pared de doble vista. Se tomó un momento para estudiar el holograma que ocultaba la verdadera apariencia del irken. El disfraz había mejorado en sus años de ausencia pero la intermitencia que presentaba lo exponía al mundo humano peligrosamente.

Desde que fuera extraído del robot, el irken se había mantenido aislado de curiosos y, especialmente, del entrometido Zedec. Si Zedec se llegaba a enterar de Zim y su origen lo pondría sobre una mesa de disección sin esperar las ordenes del actual líder de la empresa Membrana. Afortunadamente, durante el traslado, su disfraz se había mantenido continuamente activo por lo que no se habían despertado sospechas de su naturaleza.

Aparentemente el irken aun se estaba recuperando de la intervención quirúrgica que ella había realizado personalmente días atrás, ¿quién más podría hacerlo? Pero, por su aspecto, Zim había perdido en gran medida su capacidad natural para recuperarse. La última vez que supo de él, Zim podría haberse levantado con mucha mayor fluidez y fortaleza que ahora. Eso hablaba mucho del deterioro acelerado de su salud en los últimos años. Si para Zim habían pasado solo treinta y cinco años y ya mostraba ese grado de deterioro entonces, ¿cuánto tiempo más le quedaba de vida al irken?

Viéndolo tenso y en guardia, la joven concluyó que, al menos, su capacidad de respuesta era la misma de antes. Pero eso no era suficiente para lo que le esperaba.

Una cosa era segura, Zim podía sentirla. Aprovecharía eso para jugar más con él.

Dando dos suaves palmadas, el muro que separaba a Gaz del irken se transparentó en ambos lados y, sin perder tiempo, Zim se abalanzó inútilmente contra el nuevo objetivo que ella representaba. El muro podría haberse transparentado pero conservaba la misma resistencia impenetrable de antes, los golpes y rasguños del irken surtieron el mismo apático efecto sobre la superficie cristalina.

Al concluir su ataque, Zim se mantenía apenas de pie. El dolor y el cansancio frenaron cualquier intento por escapar, su falta de aliento y el agonizante dolor consumieron sus energías. Solo en ese momento se dio la oportunidad de observar detenidamente a la figura al otro lado del muro. Zim no perdió detalle de las facciones de la joven, sus ojos café claros de mirada sagas, pretenciosa y cruel, su largo cabello púrpura formaba mechones en forma de cuernos a cada lado de su cara, ahora no del todo evidentes por su misma suave caída ondulada. Necesitó de unos segundos para reconocer en esa larva humana los rasgos particulares del rostro y la mordaz actitud de la hermana de Dib. Sin duda se trataba de la descendiente de esa atroz mujer.

- ¿Qué quieres, apestosa cría humana? Te lo advierto, solo intenta pasarte de lista con Zim, mocosa estúpida, y te arrepentirás ¡De Zim no obtendrás nada!

Inesperadamente, Gaz comenzó a reír desaforadamente hasta acabársele el aliento. Zim confuso e indignado, mantuvo la guardia.

- ¡Deja de reírte! – Bramó Zim furioso. – ¡No te atrevas a burlarte de Zim!

- ¿Piensas que estoy tan desesperada para querer algo de TÍ? – Exclamó la joven una vez hubo recuperado el aliento. – Mírate, Zim. Atrapado en una prisión terrestre, mi prisión, con el ejército Morado justo encima de ti, confinado nuevamente en la Tierra sin posibilidad de regresar al espacio ¿Te recuerda algo eso? No estás mejor de cómo llegarte a la Tierra la primera vez. – Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro, saboreando el veneno de sus palabras. - Dime, irken ¿qué se sintió saber que Dib estaba muerto?

En un arranque de furia, Zim volvió a abalanzarse contra el muro cristalino como un torbellino y la maldijo con las expresiones terrestres más insultantes que pudo recordar. Al finalizar, Gaz se mostró poco sorprendida, incluso algo entretenida con la explosiva reacción del irken.

– Me dejaste mucho que limpiar después de tu pelea con los tarados de tu planeta. – Comentó, ignorando la rabieta del irken y dio unos pasos al frente, acercando su rostro a unos centímetros de la superficie cristalina. – Y todavía me di a la tarea de asegurarme que no intentaras nada estúpido mientras estuvieras aquí. – De un bolsillo extrajo un pequeño dispositivo del que colgaba inerte un delgado cable. – Realmente no vas a necesitar esto, aquí.

Con alarma, Zim reconoció el objeto al instante. ¡El botón de autodestrucción!

- ¡¿Cómo te atreviste, larva inmunda? – Gritó, golpeando débilmente el muro.

- ¡Silencio! No iba a permitir que tus caprichos irracionales me provocaran más problemas de los que ya tengo. - Interrumpió tajantemente.

Sin poder evitarlo, Zim calló ante la firme autoridad de su voz y, al notar conscientemente su propia acción, se sintió confundido. El irken exiliado le lanzó una mirada funesta siendo solo capaz de emitir un gruñido.

- Ten, de recuerdo. – La joven lanzó el chip, éste traspasó sin problema la superficie y cayó a los pies del irken. – Ya he perdido mucho tiempo contigo, Zim. Así que iré al grano.

Zim miró el pequeño interruptor caer a sus pies y debió esforzarse para no inclinarse desesperadamente a recogerlo. El botón estaba destrozado, incluso si tuviera las herramientas necesarias, ya no había forma de implantarla nuevamente en su piel.

La cólera bulló en su interior como lava, lo estaban humillando y no podía hacer nada al respecto.

Por mucho que le encantara atormentarlo, desafortunadamente Gaz no tenía suficiente tiempo para aguijonearle tanto como quisiera.

- Me estoy cansando de tu sola presencia en la Tierra. No sabes hacer nada más que dejar tras de ti un rastro de destrucción.

- No es precisamente que Zim quiera estar en este maloliente e insignificante planeta. – Contestó dando a entender la obviedad de su situación.

- Lo cual, supongo yo, hará las cosas más fáciles. Una forma de escapar de la Tierra. – Gaz sonrió. – Te ofrezco un trato.

- ¿Un trato? ¿Contigo? No hay nada que puedas ofrecerme, no necesito tu ayuda para escapar de esta bola de estiércol. En cuanto termine de construir mi nave…

- ¿Te refieres a esa navecilla improvisada que ocultabas en el distrito este? – Interrumpió Gaz, con una sonrisa sádica. - Lamentablemente para ti y para mí, idiota, los del ejército Morado encontraron tu escondite y destruyeron todo en el lugar. Ya no tienes nada, Zim. Lo has perdido todo. Tu SIR, tu única vía de escape, tu libertad, tu Apoyo. ¿Realmente eres tan iluso para rechazar mi oferta?

- No es cierto, ¡MIENTES! – De no estar tan fúrico, Zim habría reparado en el término que ella ni ningún otro humano debería conocer, pero dejó llevarse por la provocación ciegamente. - ¡No pudieron haber encontrado la nave! ¡No pudieron haber derrotado a GIR!

- Zim, estás a un paso de fallar en tu misión. Si aun te queda algo de dignidad y honor como soldado irken, entonces se que si hiciera falta te sacarías los ojos con tus propias garras si con eso consigues escapar.

Zim susurraba por lo bajo "Imposible" "Mentiras", ignorando a la joven Membrana y a la sombría realidad que debía enfrentar.

- Lo que te doy es una oferta única, muy generosa a mi parecer. – Esperó un instante hasta que Zim volvió su atención a ella. En esos momentos, Zim estaba demasiado abrumado para levantar nuevamente cualquier defensa contra ella. - Yo no pierdo nada si te capturan, en cambio tú lo pierdes todo por lo que te has sacrificado tanto.

- ¿Por qué habría de creerte, perversa alimaña humana? ¿Qué pretendes?

- ¿Realmente quieres saberlo, Zim? Sencillamente te quiero lejos de la Tierra, donde no causes más problemas. Tengo en mi poder una pequeña nave espacial, nada espectacular pero lo suficiente para perderte en el espacio.

- ¿Nada más? ¿Cuál es el truco aquí? – Zim era normalmente desconfiado pero jamás había pisado un terreno tan cenagoso como aquel.

- ¿Debería decírtelo? ¿O cómo debería empezar? Mmm… créeme, Zim, cuando te digo que solo deseo saber qué harás a partir de ahora.

"Ahora, que se mueva esta última pieza y que todo caiga por su propio peso." Pensó Gaz, para sí misma.

- Hay solo una persona en el universo que real y genuinamente te interesa, ¿cierto? – Gaz percibió la tensión en el irken pero éste no hizo comentarios. - Quiero recordarte unas cosas, antes que me des tu respuesta, Zim.- Mirándolo intensamente, Gaz continuó. - Conoces a grandes rasgos el proyecto genético iniciado hace casi doscientos años que le permitió al Profesor Membrana hacerse de dos niños genéticamente superiores, cada uno con características particulares modificadas "en nombre de la ciencia"; un mórbido juego de genes que él no tuvo reparos en iniciar. Incluso tuvo la arrogancia de querer controlar la vida de sus hijos, sus clones.

Zim estaba al corriente de esa parte turbia en la vida de Dib y su hermana y las secuelas en sus vidas. ¿Por qué la mocosa atrevida sacaba ese tema a la luz?

- Seguramente Dib te dijo también que el objetivo principal del proyecto era crear una plataforma genética para mejorar a la raza humana, obtener a partir de ella una guía con la cual planear el futuro. – Continuó la joven. - El profesor Membrana sabía perfectamente que no vería la conclusión del proyecto; no es tan fácil identificar las características genéticas más deseadas de una generación, modificarlas o mejorarlas cuando el objeto de estudio necesita décadas para reproducirse. Aunque tuvo la esperanza que sus hijos y sus descendientes tomaran las riendas del proyecto y cumplieran con su más grande sueño. Viviste ocho años con Dib, sin duda debiste reconocer esas características tan particulares que lo hacían diferente a todos los demás.

- ¡Él no era un fenómeno! – Zim exclamó involuntariamente, reaccionando al profundo rechazo que Dib había tenido respecto al proyecto que le diera vida.

Gaz sonrió divertida, Zim era tan fácil de arrinconar.

- Pero… ciertamente tenía ciertos gustos extravagantes. – Dijo, observando críticamente la apariencia real del irken en el instante que su disfraz se apagó brevemente. - Tú mejor que nadie en este planeta debería entender el increíble potencial de este arte. ¿No ustedes, los irken, son los maestros indiscutibles de la genética en el universo? Tu mismo cuerpo es prueba de ello; por poseer un refinado conocimiento de los genes lograste sobrevivir a las húmedas condiciones de la Tierra, por eso Dib logró tocarte sin lastimarte.

- ¡Dib no influenció con mi cambio! ¡No sabes nada! ¡No confundas los motivos de Zim! – Zim trató de defenderse pero la humana tenía un argumento con que contraatacar cada objeción que él expusiera. ¡¿Cómo podía saber tanto sobre ellos?

Tras un instante de silencio que la joven tomó para meditar, pregunto:

- Por años me he preguntado, Zim, si tu cicatriz aun te llega a quemar.

- En cuanto Zim salga de aquí, te vas arrepentir de cada palabra. – Gruñó Zim, encogiéndose de rabia contenida. – Voy a hacer que te atragantes con ellas y regurgites tus entrañas.

- Apuesto que no tanto como recordar a Dib. – Concluyó Gaz, perdiendo ya su buen humor.

Gaz lo observó acusadoramente preguntándose por qué se había metido en ese embrollo en primer lugar.

Esa sensación inquietante que no había desaparecido comenzó a incrementarse lentamente sobre Zim, haciéndolo sentir cada vez más indefenso y ansioso. ¿De dónde venía esa pesadez?

- ¿Quieres escuchar un pequeño secretito, Zim? – Acercó su rostro un poco más y, haciendo un gesto con su mano, preguntó Gaz en un susurro confidente. - Estoy totalmente segura que es algo por el que te haz muerto por saber desde que te fuiste.

Zim tragó saliva, sintiéndose completamente a merced de la joven. ¿Cómo era posible que un enfrentamiento verbal fuera peor que una batalla mortal cuerpo a cuerpo? Ya no sabía que esperar de ella.

- Después de irte, Dib quedó destrozado y le tomó dos agonizantes años levantarse. Por tu culpa, casi olvida también su pasión por lo paranormal. Se empeñó tanto en dejarte atrás y todo lo que representabas que terminó regresando con su padre para estudiar "la verdadera ciencia". Sabes que años después se casó y tuvo un hijo, pero apuesto que no estabas al tanto hasta qué punto tú estuviste involucrado en sus decisiones. ¿No era justamente ese el mayor temor de su vida, procrear un hijo que continuara con los torcidos genes Membrana? Hiciste que se traicionara a sí mismo ¡Y mira, Zim, el programa genético continúa, mira en lo que él y su hermana convirtieron los Laboratorios Membrana! – Exclamó, estirando los brazos triunfalmente.

- ¡Cállate, maldita zorra! ¡Cállate! ¡Zim no quiere escuchar nada más de ti, sanguijuela asquerosa! ¡Silencio! - Explotó Zim, ya no podría soportar la presencia de la humana, el irken estaba en su límite.

- La verdad duele para quien no la quiera escuchar, Zim. – La expresión de Gaz se volvió fría y grave. - Y yo tengo todo el derecho para recriminarte todo el dolor que le provocaste.

- ¿De qué hablas, larva insolente? Tú no tienes nada que ver en esto, no eres nada más que una desgraciada infeliz, ¡una inmundicia bola fétida de tripas humanas! - A pesar de su cólera, un frío estremecimiento recorrió el cuerpo de Zim y notó esa extraña sensación en el ambiente cada vez más opresiva y palpable.

- Sigues sin reconocer el peligro frente a tí, Zim. - Dijo la joven adoptando una pose rígida, las sombras lentamente comenzaron a invadir el terreno de la luz y, poco a poco, la temperatura comenzó a caer. - Sigues sin aceptar lo patético y triste que ha sido tu existencia hasta ahora. - Una aguda sensación fría comenzó a deslizarse desagradablemente sobre la piel del irken, como pequeñas garras de hielo, paralizándolo de angustia. – No has comprendido lo que realmente encontraste en este planeta. – Todos sus sentidos se hundieron en la oscuridad, dejando la conciencia de Zim pendido de un hilo. – Eres incapaz de imaginarte lo que hemos llegado a hacer.

Como un golpe, Zim reconoció esa demoníaca sensación. Jamás la olvidaría en su vida. La hermana de Dib lo había enfrentado de esa misma manera despiadada cuando se conocieron, pero aquella ocasión no se comparaba al sofocante e intenso aturdimiento que mantenía su cuerpo crispado y vacío.

- No voy a dejar… - Balbuceó, haciendo acopio del poco control que tenía sobre su cuerpo. Sentía cada músculo dolorosamente engarrotado y tenso. - … que otra humana inmunda me haga esto.

- ¿"Otra"? No, Zim. Yo soy Gaz, lo fui antes tanto como lo soy ahora. Lo he sido en todas y cada generación, he vivido a través del tiempo en cuerpos que yo misma he mejorado con la ingeniería genética. – Viendo la incredulidad en el rostro del irken, prosiguió con el ataque. - El profesor Membrana nunca logró comprender lo que realmente había creado.

Como si hubiera accionado un interruptor, la oscuridad liberó el cuerpo de Zim y, drenado de energía y vitalidad, cayó de rodillas.

- Maldita perra mentirosa. Gaz murió a los cuarenta años. – Musitó Zim sin aliento. - Eso es imposible. Te voy a matar.

La joven tuvo que agudizar el oído para escuchar la débil voz del irken. No le preocupaba mucho lo que dijera, Gaz sabía que Zim entendía en lo más profundo que era verdad.

El irken, recuperándose lentamente, levantó el rostro lanzándole una mirada llena de odio y sed de venganza. Pero Gaz aun no había terminado.

- Los dos sujetos experimentales originales, Dib y yo, partíamos básicamente de las mismas células modificadas. Los dos compartíamos, en un menor o mayor grado, las mismas características y habilidades, aunque cada quién tenía su propia mentalidad y prioridades. Si yo he sido capaz de regresar tantas veces, ¿no crees que él también podría hacerlo al menos una vez?

Las antenas de Zim se levantaron en atención, sin querer entender lo que escuchaba.

- Dib pasó por muchas cosas en su vida, no me sorprendería que deseara tener una vida tranquila y simplemente olvidarse de todo. Pero tenías que regresar para arruinar todo. - Al no dar muestras de entendimiento, Gaz prosiguió. - Por experiencia, te puedo decir que un cuerpo por el que corre tu sangre es como un faro al cual dirigirte. - Explicó la joven, embelesada con sus propias palabras. - He estado al tanto de cada miembro de los Membrana desde el inicio, a mis ojos nada se oculta. Y hasta hace veinte años al fin lo encontré, Zim. Él ha regresado.

Sin darle la oportunidad de responder ni actuar, Gaz terminó con la conversación diciendo:

- Regresaré en tres días, Zim. Para ese entonces espero tener una respuesta. Quedarte aquí y esperar a que los soldados lleguen por tí o aceptar la nave que te ofrezco y huir con la cola entre las patas.

El muro volvió a ocultar la visibilidad desde adentro, dejando al irken nuevamente aislado del mundo exterior. Tomándose unos minutos, Gaz observó a Zim levantarse con fatiga del suelo y, en silencio, el irken se mantuvo parado en el centro de la celda pero su pose tensa evidenciaba su ira bullendo en su interior.

Sorpresivamente, un grito ensordecedor salió desde la celda.

- ¡Zorra repugnante! ¡Zim no quiere nada de tí! ¡Zim no se va a tragar toda esa mierda! ¡Te voy a matar con mis propias manos! ¡Espera a que salga de aquí!

A unos pasos de distancia, Gaz tomó su bastón, aliviada de descansar su adolorida pierna. Ignorando la rabieta del irken, la joven se marchó en dirección a los laboratorios de genética, para revisar las copias de su propio cuerpo y buscar el doloroso y potencialmente mortal error.

..

El sol de medio día brillaba chocantemente, Gaz odiaba las luces fuertes e hizo un gesto de desagrado. Convenientemente, un vehículo se aparcó rápidamente frente a su salida personal. El chofer no dilató en abrirle la puerta y ofrecerle servicialmente su ayuda para entrar al vehículo, gesto que ella ignoró.

Le puerta se cerró y, en el siguiente instante, el chofer ya estaba en el asiento de piloto, encendiendo el silencioso motor.

Gaz encontró en el asiento contiguo un nuevo videojuego, idéntico al que había destrozado hacía una hora atrás.

- ¿Cómo estuvo la visita, señorita? - Preguntó el chofer, atentamente.

- Zim sigue siendo el mismo irken necio e idiota que conocí antes. – Dijo, aun molesta por la negativa del irken. A pesar que ella había propiciado la situación le era difícil aceptar un NO como respuesta. - El desgraciado rechazó mi oferta sin dudarlo, su orgullo va a matarlo algún día. – Prendió el juego y lo encontró justo donde había dejado el anterior. Aun así, no le dedicó un pensamiento de reconocimiento para el demonio. Era su trabajo y ella estaba en pleno derecho de exigir su servidumbre.

Donde antes había un hombre vestido de uniforme, estaba Mortos manejando gustoso el veloz vehículo.

- ¿A dónde quiere que la lleve? – Preguntó el demonio educadamente, todavía fiel en su papel de chofer.

- Lo que esté en la agenda. – Se limitó a indicar, sin darle mucha importancia a la reunión que tenía por delante. – Alienígena idiota. – Susurró, deseando haber destrozado al irken miembro a miembro en el sótano. Por lo menos, a partir de ese momento, no tenía que hacer nada más que hacer. El Quinto y Zim tendrían que arreglárselas solos a partir de ese momento.

- ¿Se lo dijo, señorita Gaz? - Preguntó Mortos, genuinamente curioso al respecto.

- Solo lo suficiente para encender su ánimo. Al menos querrá perseguir al Quinto y sacarle algunas respuestas a golpes. Lástima que el muchacho sepa aun menos de todo ésto. - Respondió Gaz y sonrió divertida con su propio comentario. – Zim se llevará una gran decepción cuando se de cuenta de la verdad.

...

El segundero completó su eterno ciclo para formar las 3:56 de la mañana. El periódico tic tac del mecanismo interno del reloj se escuchaba claramente hasta el otro lado de la biblioteca. Y el movimiento tenía absorta la mirada del muchacho.

La atención prácticamente dispersa de Dib V se tambaleaba precariamente bajo el peso del agotamiento. Sentía los ojos tan pesados y granulosos que le era imposible seguir leyendo la engorrosa letra de su ancestro, mucho menos de buscar y estudiar la vasta cantidad datos dispersos en las viejas y delicadas hojas de papel.

A pesar del dolor punzante en su vientre, Dib se negaba a seguir los consejos del médico. Supuestamente debería estar descansando para recuperarse de sus heridas y seguir constante su estricto horario de medicamentos, pero no quería desviarse de su objetivo aun cuando ya no tenía las fuerzas físicas ni mentales para hacerlo. Su tiempo se estaba acabando, su padre llegaría en dos días y, si iba a enfrentarse a él, por lo menos quería hacer algo para, al menos, mirarlo a los ojos.

Pero los últimos días habían sido demasiado largos para él.

¿Qué le diría a su padre cuando se encontraran? No quería ni imaginarse lo iracundo que estaba justamente en ese momento. ¿Acaso le perdonaría algún día? Pero no se arrepentía por abandonar la casa Membrana y tenía claras cuáles fueron sus razones para tomar esa decisión.

Dib pensó brevemente en su sobrina. Hacía unas horas habían conversado en el jardín/bosque, rodeados por altos árboles de jacaranda. La plática había sido corta pero sorprendentemente amena. No sabía que Gaz pudiera tener una conversación informal y relajada. Pero, por mucho que lo intentara, no encontraba en sus comentarios algún indicio de desagrado u odio hacia él. Tampoco de simpatía. ¿Qué pensaría sobre él?

¿Y cuál habría sido su suerte si simplemente se hubiese olvidado de la existencia de Zim desde un inicio? Le gustaría poder mandar al diablo al irken y todo lo relacionado con él pero mientras la presencia de los soldados aliens pusiera en peligro a la Tierra no podía dejarlo de lado.

Estaba con las manos atadas y atrapado en ese lugar tan escalofriante, donde no podía quitarse de la nuca la sensación de ser observado todo el tiempo. ¿Qué se supone que podía hacer en su situación?

Las dudas lo acosaron y, en un intento de despejarse, refunfuñó airadamente sin coherencia. Miró acusadoramente hacia el material desperdigado sobre el escritorio. Hasta el momento no había hallado nada útil para su situación.

- ¡Ya! ¡Suficiente por hoy! ¡No pienses más! – Y, aun así, su mente siguió trabajando a toda velocidad, desentrañando infructíferamente el pasado y sus repercusiones en ese momento, en ese lugar.

Por fin, su mente abrumada cedió a la demanda del cuerpo y todo pensamiento se estancó en el limbo, como el movimiento atascado de un entramado de engranes. Inconscientemente, el muchacho se recostó en el sillón y, sin notarlo, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.

En la negrura del inconsciente cayó inesperada pero suavemente un recuerdo tan ínfimo como un copo de nieve. Era el cálido y dulce-amargo sabor de un café recién hecho en un vaso grande de poliuretano. Otro recuerdo igual de diminuto cayó en el estanque de su mente agitándolo imperceptiblemente, esta vez la deslumbrante luz de fuegos artificiales explotando en un caluroso atardecer de verano. Más y más pequeños recuerdos se hicieron presentes frente a él, arrastrando con ellos breves esbozos de sentimientos y sensaciones que de alguna forma sabía no eran suyos, nada de eso lo era, pero lo embelesaron por su intensidad y genuinidad, tanto los placenteros como los dolorosos.

Entre la abrumadora y rápida secuencia, captó de soslayo rostros que le resultaron familiares, especialmente uno en particular, Zim aparecía ahí atrayendo especialmente su atención.

Lentamente todo regresó a una tranquilidad inerte, como si la avalancha de recuerdos al fin se hubiera asentado en su mente.

Abrió los ojos y se vio dentro de una casa que, vagamente recordaba con cierta claridad. Los muebles que veía a su alrededor se venían anticuados pero nuevos. Al observar a través de las ventanas encontró una gran incongruencia. Al otro lado de la calle se alzaba la malla de contención para la ruta de vehículos levitadores, los anuncios luminosos a lo lejos y la aurora boreal artificial cruzando el cielo se desvanecía lentamente tras la última liberación de energía excedente del día.

- ¿Esta… esta es la vieja casa de los Membrana? – Se preguntó observando el aspecto de las puertas, los muros, las ventanas tal como habían sido en su época dorada. No había puertas apolilladas, muros agrietados, pintura carcomida ni el boquete que había dejado el aterrizaje de Zim.

Con una sensación de ligereza, caminó hacia la sala y extrañamente la luz del sol entraba deslumbrante por las ventanas. En el presente, los edificios contiguos siempre mantenían la casa oculta de la luz natural.

Al otro lado de cuarto había alguien junto a la ventana. La luz intensa le impedía ver su rostro pero, de alguna forma, se sentía tranquilo y en calma.

- Disculpa que Zim te haya causado tantos problemas. – Dijo el extraño repentinamente. – También por tantas cosas que dejé pendientes. – Paseó su mano sobre la cabecera del sofá cercano, como si el gesto evocara algún pensamiento agradable. - Sé por lo que has pasado y entiendo perfectamente lo que sientes, pero te pido que me soportes un poco más.

El muchacho quiso preguntar quién era pero las palabras le salieron mudas. Un sueño, definitivamente era un sueño bastante extraño. Debía haber partículas tóxicas entre las páginas de los diarios que lo estaba haciendo alucinar.

Con una débil risa el extraño agregó, como leyendo su mente:

– Lamentablemente esto no es precisamente un sueño. Te involucré en un asunto serio y peligroso, no creí que esto fuera a salirse tanto de control. – Soltando un suspiro, continuó. - Créeme, tenle confianza a mi hermana. Ella no te dejará solo y, en cuanto cumpla mi promesa, no te volveré a molestar.

Extrañado y confundido, el muchacho quiso conocer la identidad del extraño. Tal vez así algunas cosas serían más claras. Avanzó unos pasos hacia la figura y éste hizo lo mismo, cruzando el potente rayo de luz exterior para llegar a él.

La luz solar era demasiado intensa y la visión se desvaneció, dejando al muchacho flotando en una deriva nublosa que desembocó en un precipicio oscuro.

Una repentina sensación de vértigo despertó a Dib V con un sobresalto. Con el corazón golpeando su pecho, se levantó asustado tan abruptamente que estuvo a punto de caerse del sillón.

- ¿Uh? ¿Qué? – Observó desconcertado a su alrededor, en busca de cualquier anomalía. La biblioteca estaba en silencio, las luces aun estaban prendidas, el té se había enfriado y agriado horas atrás y las luces de la ciudad a través del ventanal se veían claras e intensas.

El muchacho soltó un gruñido exasperado y se frotó el rostro enérgicamente, tratando de ahuyentar el cansancio mental acumulado desde hacía semanas. Soltó un gran bostezo, estiró sus miembros entumidos y sosegadamente se dirigió hacia el ventanal mientras se ajustaba los lentes. Quería un poco de aire fresco pero sabía que al igual que los accesos, las ventanas estaban firmemente cerradas por el comando de voz de su sobrina. Desconsoladamente tuvo que contentarse con la vista.

– Tengo demasiadas cosas en la cabeza. No sé cómo no me he vuelto loco con todo lo que ha pasado. – Concluyó soltando un suspiro cansado.

El estrés, la ansiedad sobre su futuro y el próximo encuentro con su padre, más la revelación que aun no lograba digerir sobre Zim, Dib, los Membranas y el cocktail de medicamentos en su sistema se debía estar mezclando en un volátil revoltijo en su sistema.

Arrastrando los pies, regresó a su tarea. Se dejó caer sobre el amplio sillón frente al escritorio atiborrado de viejos documentos amarillentos, con la mirada perdida en el techo.

- No debí haber regresado a Ciudad Capital. – Se lamentó inútilmente. En ese momento deseó que Freed estuviera con él para levantarle el ánimo como siempre hacía pero, tal como estaban las cosas, dudaba poder siquiera salir de la vigilancia de los Membrana, otra vez.

Entonces, una imagen nítida pero tan fugaz como un destello brotó frente a sus ojos. La sensación de un sueño olvidado se hizo presente y unas palabras inteligibles hicieron eco en su mente.

- Suficiente. Te vas a volver loco. – Exclamó para romper el agobiante silencio de la biblioteca. El hogar de Gaz era demasiado inhóspito para su propio bien, lo estaba poniendo muy nervioso.

Aun así, no podía olvidar la amenaza que representaban los irken para su planeta. Zim estaba convencido que uno solo podría destruir a la Tierra sin mucho esfuerzo. Aunque por su lado, Gaz estaba convencida que, si los irken representaran una verdadera amenaza, habrían capturado a Zim tiempo atrás, pero tal vez menospreciaba el hecho que los soldados estaban detrás de la información contenida en el pak de Zim. Debían contenerse en la medida de lo posible para obtener su meta y, si confiaba en los comentarios del irken prófugo, los soldados darían la vida por cumplir con su misión sin vacilar. Si Zim no estaba muerto por alguna violenta explosión o desmembramiento particularmente desagradable, seguramente era para evitar que su pak sufriera daños colaterales.

El joven Membrana apoyó su cabeza en el escritorio, sin deseo de despejar la superficie de papeles y cuadernos de notas, por lo menos éstas lo hacían menos incómodo y frío.

Pasaron unos minutos de silencio en lo que muchacho dejó su mente más relajada y absorta en las tonterías más cotidianas y vulgares que llegaban a ella. Desde su posición, miró las líneas de escritura a escasos centímetros de sus ojos. "Hay una página con manchas en una esquina ¿serán de soda?" Pensó al azar.

Sin quererlo sus ojos captaron una serie de palabras en una de las tantas hojas sobre el escritorio que hasta ese momento no había reparado. Volvió a leer distraídamente el párrafo pero encontró en ellas algo que lo obligó a levantarse y releer el contenido con gran atención.

- Pero, ¿qué…? - Preguntó incrédulo a la vacuidad de la biblioteca. Sujetó la hoja para leerla desde un inicio y rebuscó entre las cercanas para tener el texto completo. Encontró las hojas faltantes y, con impaciencia leyó el documento completo, sin dar crédito a sus ojos.

Al finalizar el párrafo, su corazón dio un vuelco de alegría que apenas pudo contener. - ¡Lo sabía! – Susurró, conteniendo su emoción. – Sabía que había algo aquí. - Sonriendo ampliamente sostuvo una hoja frente a su rostro releyendo su contenido una vez más.

Aun no podía darse por vencido. Zim y, por ende, la Tierra podían salvarse. El muchacho tomó una resolución y nada del mundo le haría cambiaría de parecer. Solo esperaba que no volviera a desencadenar un caos como la vez pasada.

...

- ¿Qué están esperando? – Preguntó Skoodge acusador, observando a uno de los dos irken defectuosos recluido en una de las habitaciones más profundas de la base. Drainden estaba sentado sobre una de las enormes cajas de provisiones, oculto entre las sombras con la cabeza gacha: La viva imagen de la derrota.

- ¿Qué esperas que hagamos, comandante? – Preguntó a su vez Drainden, dándole un tono mordaz a la última palabra y le lanzó una mirada resentida a Skoodge. Entonces, Drainden notó la armadura especial de invasor élite que el comandante estaba usando. Jamás había visto uno integro de cerca, normalmente llegaba a encontrar los despojos que las explosiones enemigas dejaban. Aunque aparentemente parecían frágiles y entorpecedores, sabía lo letal y destructivo que realmente era. A decir verdad, Drainden no esperaba ver a Skoodge con ella, el invasor tenía órdenes de no usarlo hasta que fuera absoluta y desesperadamente necesario. Aparentemente las cosas iban en serio.

- Tenemos una responsabilidad aquí y bajo ningún motivo debemos ignorarla.

- ¡¿Responsabilidad? – Exclamó Drainden, levantándose de su lugar. - En Alto personalmente nos retiró de la misión ¡La completa humillación! En cuanto llegue el escuadrón Morado seremos entregados como escoria frente a él. Tal vez te den alguna condescendencia, invasor élite Skoodge, pero sabes perfectamente lo que nos ocurrirá a Mrot y a mí.

- No nos quedemos aquí, cruzados de brazos, hasta que el batallón se presente para quitarnos esta victoria. No esperaba verlos rendirse tan fácilmente. – Dijo, haciendo un gesto a Russ para acercarse. El irken ojiazul se paró silenciosamente detrás del líder del grupo en espera de sus órdenes.

- Entonces, ¿vas a desafiar las órdenes del Alto? – Preguntó Drainden, con un dejo de curiosidad mórbida.

- Quien desee desafiar al Alto Purple, con gusto lo enfrentaré en su nombre. – Agregó Skoodge firme en su postura, pero aclaró. - Las órdenes del Alto fueron explicitas, Drainden. Tras nuestros continuos fracasos por capturar a Zim, se nos retira de la misión y un equipo militar vendrá en breve para ocuparse el traidor. Pero en ningún momento se nos prohibió actuar por nuestra cuenta.

Drainden dio un salto y cayó ligeramente sobre el suelo, a unos metros de Skoodge.

- Lo único que vas a provocar es que nos maten a todos.

- Si no actuamos, ustedes tres están igual de muertos. - Respondió, refiriéndose a Russ, Mrot y Drainden. Como soldados 9-B eran tratados y considerados como la escoria más baja del ejercito irken. La más pequeña infracción significaba la ejecución.

De un estrecho y oscuro pasillo apareció Montroot vestido completamente con su armadura de batalla, llevando en brazos otro juego idéntico. Las tres miradas cayeron sobre él, Drainden soltó un suspiro resignado pero no pudo evitar sonreír, Russ parecía levemente intrigado y Skoodge irritado.

- Hipócrita. – Dijo el comandante sin ánimos de entrar en un conflicto con el irken. Ya tenía suficientes problemas con el juicio marcial que seguramente le estaba esperando en casa para sumarle una pelea sin sentido con los dos irken defectuosos.

- Que inoportuno, Mrot. Acabas de tirar el teatro. – Dijo Drainden, sonriendo burlonamente. Los dos esperaban actuar por sí solos aprovechando justamente ese agujero en las órdenes del Alto. Evidentemente no fueron los únicos en ver la oportunidad de redimirse frente al líder indiscutible del Imperio Irken.

- No importa, ¿cierto? – Dijo Mrot desvergonzadamente al mismo tiempo que le lanzaba la armadura. - Vamos, Drainden. Zim no se va a capturar solo. – Haciendo alarde de su fuerza, Drainden atrapó la pesada armadura con un brazo sin dificultad.

- ¿Realmente pensaste que nos quedaríamos lamentando nuestra derrota como nenazas, Skoodge? – Drainden colocó el uniforme frente a él, las uniones se abrieron y envolvieron el cuerpo del soldado irken, acoplándose a su vez al pak del soldado.

- Al menos creí que planearían alguna estrategia antes de lanzarse a la caza. - Indicó el lider del grupo, impaciente por terminar esa discusión. - Las tropas imperiales estarán aquí en cuestión de días, ¿tienes al menos una jodida idea de dónde empezar?

Drainden se tomó un momento para ajustarse la pechera, sin dejarse intimidar por la acusación del comandante.

- Buscar es mejor que quedarnos aquí, esperando a que Zim haga explotar algo. - Dijo, una vez estuvo satisfecho con su atuendo. -Si no tuvieramos que priorizar la integridad del pak, habríamos devastado este planeta hace semanas.

- Lo hemos buscado en cada rincón de ésta asquerosa cuidad sin encontrar nada más que ese penoso escondrijo. Seguramente debe estar en algún refugio de emergencia. – Completó Mrot.

- ¿Tú que piensas, Russ? - El comandante ignoró las especulaciones de Mrot. El dúo confiaba demasiado en sus capacidades, lamentablemente para la misión era perjucicial que subestimaran sus propios recursos.

- Las trampas que dejamos en el escondite de Zim aun no se han activado. Destruimos su nave y el SIR, por lo que no tiene escapatoria del planeta. Antes del asalto a las instalaciones Membrana, instalé un circuito de monitoreo en los alrededores. He revisado cada toma y Zim jamás sale de ahí. – Escuchando a su fiel subordinado, Skoodge se ajustó el visor a un lado del rostro con orgullo y una lectura inicial de sus alrededores se mostró frente a sus ojos en la superficie transparente.

Dirigiéndose a Drainden y a Mrot, con una ligera sonrisa autosuficiente, Skoodge cruzó los brazos.

- ¿Qué tal si Zim nunca salió de la Torre Membrana en primer lugar? – Preguntó Skoodge, seguro que sus palabras harían reaccionar a los desmoralizados soldados y que, sin duda alguna, se aferrarían a esa última esperanza de sobrevivir.

Ahora había una lucha a contra reloj que no podían perder.

...

...

Comentarios de la autora:

Antes que nada, les agradezco que hayan esperado pacientemente por este capítulo (no es que hayan tenido mucha elección, ¿cierto? owo; ). Y me alegra anunciarles que de ésta forma concluimos con la primera parte de Against the Odds. Como sabrán perfectamente, hay todavía muchas preguntas que resolver y créanme, lo que sigue está para responderlas.

Lo siguiente en la agenda es lo que llamo "Remembranzas", lo cual incluyen los ocho años en los que Zim estuvo en la Tierra la primera vez y planeo hacer más o menos un capítulo por año, más tres extras que explicarán lo que pasó con Dib después que Zim se fuera, lo que el irken pasó en su ida y regreso y una breve historia sobre Mrot y Drainden.

No creo extenderme más allá de eso, los cuatro primeros años van a estar un poco más desarrollados que los últimos ya que es donde, principalmente, se desarrollará la relación de los muchachos en todos sentidos.

Aun así, si algo no les pareció claro en éste capítulo, pregunten. Trataré de responderles en la medida de lo posible sin que arruine las futuras sorpresas.

Ahora, un regaño para mí misma.

A ver, ¿cómo te explico, mí misma? Se supone que éste iba a ser el capítulo más corto, ¡¿de dónde #?$%*ç salieron tantas páginas?

De verdad, en serio ¡se supone que iba a ser el capítulo más corto! Solamente era hacer que Dib V se despertara, que Gaz VI le enseñara la biblioteca y él encontrara eso que encontró al final. Sin mencionar que hay, al menos, dos escenas y tres páginas de material extra que corté completamente por pereza y por cuestiones prácticas, ya no quería que se extendiera más, ¡no! ;w;

Tal vez, más adelante, pondré una de esas escenas cuando volvamos a este punto de la historia. En cualquier caso, no son trascendentales así que no hay nada que lamentar.

Antes de concluir, me gustaría hacerles atentamente una pregunta que me he estado tragando casi desde el principio de este proyecto:

"¿Me podrían decir cuáles son las teorías que tienen sobre lo que está pasando hasta ahora? ¿Cuál es el papel de los personajes en toda esta maraña disparatada? ¿Qué clase de psicotrópico la autora se fumó?"

Lo que sea, por muy rara que suene me encantaría leer lo que cada uno de ustedes tiene en mente con las migajas que he dejado en todos estos capítulos. Realmente tengo muchísima curiosidad, ¿me ayudan? Sobre la marcha ya veremos quién estuvo más cerca de la verdad xp

Muchas gracias a todos y espero que el próximo primer capítulo de Remembranzas salga más pronto, calculo yo a principios de Marzo (y esta vez si cumpliré). Me gustaría poder apurarme, pero en este momento estoy enfocada en unos asuntos personales que quisiera resolver para poder poner la atención que este fanfic requiere.

Se cuidan y espero que hayan tenido un buen inicio de año.

Raga

P. D. Alguien debe haber notado mi casi nula actividad en Internet (aquí y en dA). Tristemente no habrá muchos cambios en el futuro cercano pero estaré al pendiente de sus comentarios que son siempre bienvenidos :3