Capitulo 6
Esto no podía estar pasando, me sentía totalmente perdida y sin saber qué podía hacer. Me sentía como en esas películas en la cual el protagonista no tenía salida, o en este caso solución.
Edward me abrazó y me sentó en su regazo mientras colocaba su nariz en mi cuello, inspirando u causando algunas cosquillas en mí.
—Amor, te eché tanto de menos. —Susurró en mi cuello.
Cerré los ojos e intenté no llorar ante la rabia que sentía, sabiendo perfectamente que no podría volver a abrazar a Carlisle o que ni siquiera podría volver a mirarle como solía mirarle, otra vez sería. Edward se separó y me besó en los labios, causando que me tensase y me quedase completamente quieta. Cuando quiso profundizar el beso, le dejé sabiendo perfectamente que todos los Cullen nos estaban mirando, incluso Carlisle.
Carlisle. Suspiré en mi mente.
—Vamos Edward. —Dijo Alice apareciendo a mi lado y levantándome. —Los demás también queremos saludarla. —Y me abrazó.
Fuimos hacia los demás, donde se encontraban Esme, Emmett, Jasper, Rose y Carlisle. Todos sonreían, menos Rose y Carlisle. Los saludé a todos, uno a uno excepto a Carlisle y cuando me tocó a Rose, me quedé donde estaba.
Edward gruñó.
—Hola Rosalie. —Dije lentamente.
—Bella. —Se dio la vuelta y se fue hacia la casa con Emmett.
Todos nos quedamos en silencio, totalmente incómodos. Esme me volvió a abrazar, haciendo que me sintiese peor de lo que ya me sentía. Miré a Carlisle por el hombre de Esme y me sonrió tenuemente, yo desvié la mirada y suspiré.
—No sabes cuánto te hemos echado de menos Bella. —Dijo Esme. —Sobre todo Edward, no paraba de hacer las cosas rápidas por verte.
Sonreí.
—Vamos a casa, estoy segura de que Bella está cansada. —Dijo Edward subiéndome a su espalda.
—Podemos ir andando. —Susurré.
—Iremos más rápido así. —Asentí y me apreté más a él.
Edward corrió muy rápido, aunque demasiado lento para mi gusto, cada rincón del bosque me recordaba a los momentos que había vivido con Carlisle, y eso hice que suspirase y apoyase mi cabeza en la espalda de Edward sin poder evitarlo.
Edward paró demasiado rápido en la mitad del bosque, dándome cuenta de que estábamos en nuestro prado. Cerré los ojos e intenté controlar las lágrimas.
Edward me colocó los dedos debajo de mi barbilla y me subió la cara. Abrí los ojos y me encontré su rostro a apenas diez centímetros del mío.
—Bella, ¿qué sucede? —Susurró.
Negué con la cabeza.
—Te… —Suspiró. — ¿Te-e alegras de verme? —Dijo lentamente.
Le miré fijamente.
A pesar de que estuviese totalmente enamorada de Carlisle, Edward seguía siendo alguien importante para mí. Me había cuidado, defendido y había pasado momentos muy importantes junto a él. Coloqué mis manos en su rostro y sonreí.
—Por supuesto, ¿cómo te atreves a preguntarlo? —Dije con una sonrisa temblorosa.
Edward volvió a abrazarme contra su duro y pétreo pecho.
—Dios Bella, no sabes cuánto te he echado de menos. —Dijo en mis cabellos. —Te recordaba cada día, tenía miedo de que nos distanciáramos.
Suspiré.
—Yo-o… —Tragué saliva. —También te eché de menos.
—Necesitaba oírte decir esas palabras. —Dijo separándose un poco de mí.
Sus dedos perfilaron mis labios y suspiré, consciente de que me besaría y yo no podría rechazarlo. Sus labios se juntaron con los míos, suaves. Al principio pensé que se separaría, peor después me humedeció los labios con su lengua y los entreabrí, sabiendo perfectamente que querría profundizar el beso.
Cuando Edward me besó, hundiendo su boca con la mía, sus manos fueron rápidamente a mi cintura, acercándome a su cuerpo. En ese momento pensé…
¿Y si ahora quería que profundizásemos nuestra relación?
Ya no era virgen, y no tenía ninguna excusa para poder decirle lo contrario. Edward se separó de mis labios, besándome como última vez en la frente mientras sus ojos negros me miraban fijamente.
—Bella, deberíamos salir y celebrarlo. —Dijo sonriendo.
Parpadeé
— ¿Celebrar-r qué?
—Tonta Bella. —Dijo dándome otro beso en los labios. —Que volvemos a estar juntos, no distanciados.
Sonreí, o al menos lo intenté.
—Me parece estupendo. —Dije asintiendo. — ¿Ahora?
Volvió a reírse mientras me acariciaba la cara con sus frías manos y volvía a sonreír de manera torcida. Bajé la mirada y me sonrojé cuando sentí sus manos en mi cintura y subían lentamente, causando que me estremeciese a sentir el frío de sus dedos, ¿a dónde quería llegar? Edward volvió a besarme en los labios.
—Dios, creo que perderé el control.
Sonreí algo tensa.
—Vayamos a mi casa, hablaremos sobre Victoria y todo lo demás.
Asentí.
Esta vez fuimos caminando hacia su casa, y no hablamos durante el camino, o al menos yo. Solamente hablaba cuando me hacía preguntas o tenía alguna duda, pero sinceramente no hablamos. Estaba segura de que Edward podría estar oyendo mi corazón, que parecía latir cada segundo más rápido. Estaba nerviosa, pronto volvería a encontrarme con Carlisle.
¿Escucharía Edward los pensamientos de Carlisle? ¿Se notaría que me gustaba? Nos acercábamos a su casa, cada vez estaba más cerca y mi corazón latía cada vez más rápido.
—Tranquilízate Bella. —Dijo Edward. —Ya sabes cómo es Rose.
Al principio fruncí el ceño, confundida por sus palabras. Después sonreí ante mi idea, y proseguí.
— ¿Qué le pasa?
Edward suspiró.
—Cree que nos vas a traicionar. —Tragué saliva y desvié la mirada. —Piensa que has pasado durante estos días con alguien, con un chucho o algo, le molesta no poder saber qué estás haciendo.
—Eso se llama obsesión. —Dije molesta, odiando en esos momentos a Rosalie.
—Eso es lo que yo siento por ti. —Admitió. —Odiaba estar tantos días sin que Alice viese nada, sentía inseguridades, sobre todo… Bueno, confío en Carlisle, pero no confiaba en el chucho.
—Edward, no he visto a Jake todos los días que has faltado. —Dije molesta. —He estado con Carlisle, solos y sin nadie a mí alrededor, así que no tienes por qué preocuparte. —dije susurrando lo último.
Edward suspiró y se apretó el puente de la nariz.
—Algo ha cambiado Bella. —Me tensé. —Pero pienso arreglarlo, sé que lo nuestro no es lo mismo desde que te dejé. —Me encogí en mi sitio, recordando todo. Recordaba perfectamente la perforación en mi pecho cada vez que recordaba cuando Edward me había dejado sola. Incluso la relación con mi familia cambió, nada volvió a ser lo mismo con nadie ni con nada.
—Edward…
—Bella, no pasa nada. —Me apretó por los hombros. —Nunca me perdonaré haberte dejado sola.
Intenté apartarme de él, sintiendo que había un momento demasiado tenso entre nosotros y eso no nos beneficiaba en nada. Sus ojos estaban de color topacios, pero más oscuros que cuando los vi, y eso me asustó.
—Edward, ya hablamos de eso y no quiero que volvamos a hablar de ello. —Dije consiguiendo separarme un poco de él. —Sabes que... Me duele hablar de ello.
Asintió.
Se pasó la mano por el cabello cobrizo, cerrando los ojos mientras yo me quedaba donde estaba, totalmente segura de que en ese momento, sabía lo que quería.
—Bella, lo siento. —Susurró.
—Edward, por favor…
—Necesito que hablemos de ello… —Me interrumpió cuando quise hablar. —Otra vez.
—Edward, yo no quiero hablar de ello, todo está claro. —dijo apoyando la espalda en un tronco.
Edward apareció delante de mí y pegó su cuerpo al mío hasta que sentí el tronco raspando mi chaleco. Parpadeé, sorprendida de que Edward fuese el que hiciese tanto contacto físico entre nuestros cuerpos, aunque desgraciadamente ya era demasiado tarde para volver a lo que teníamos antes. Me sonrojé totalmente, preguntándome si la sangre de mi cuerpo estaba concentrada en mi rostro y en mis mejillas.
—Bella, estoy dispuesto a… A hacer lo que me pediste. —Susurró. Luego sonrió.
Fruncí el ceño mientras colocaba mis manos en su pecho para alejarlo de mí, aunque fue todo lo contrario, se acercó más a mi cuerpo.
—No t-te entiendo. —Jadeé.
—Bella, estoy dispuesto a… No perder el control, a que... Te deseo, y quiero hacerlo.
Mierda, mierda, mierda… ¡esto no me puede estar pasando a mí! -Pensé.
Me sonrojé violentamente.
—Hm-m te lo agradezco. —Edward alzó una ceja. —Pero creo que tienes razón… Esperaremos.
—No, Bella, no. —Me encogí. —Siempre hemos hecho lo que yo he querido o lo que yo creía mejor para ti. —Asentí. —ahora haremos lo que tú quieres.
Parpadeé.
—Tengo-o el periodo. —Dije buscando excusas, él sólo se rió.
Edward colocó sus manos en mi cintura y me apretó contra su cuerpo mientras sus ojos se volvían negros y laxos. Me asusté al sentir su duro y pétreo cuerpo contra el mío. Y sobre todo al sentir su miembro en mi estómago, intenté alejarme.
—Amor, no tienes que sentirte avergonzada. —Dijo besando mi cuello. —Será como siempre has querido, en nuestro prado. No sabes cuánto te he echado de menos Bella, me he replanteado todo, nuestro futuro, nunca volveremos a separarnos.
Perfecto, absolutamente perfecto.
¿Ahora qué hacía?
