En la sala, reinó el silencio. Todos miraban atentamente a Arthur y a Merlín, sin comprender porque ahora su sirviente deseaba marcharse. Claro, nadie comprendía, nadie excepto Gwaine, que lo que menos se había esperado era que quisiera abandonar Camelot.

Arthur sabía que su cara estaba pálida, sin rasgo alguno. ¿Irse? No podía, claro que no…. Era peligroso. Morgana estaba deseando que eso pase, ¿no se daba cuenta Merlín? No, claro que no, idiota. Sí ha perdido la memoria y ni siquiera recuerda quien es Morgana.

Se paró dubitativo, y mirando a todos los presentes, dijo con voz clara:

-El debate se suspende por el momento, les informaré en cuanto sea.

La habitación se llenó de murmullos, y pudo sentir la mirada asesina de su tío.

-Sire, es de máxima importancia…. – empezó, pero lo callo al instante.

-Me necesitan en otro lado. – comenzó a despedirse, y caminando para donde seguía Merlín congelado en su lugar, llamó a sus espaldas. - ¡Gaius!

El viejo se encontraba allí a petición de él, necesitaba el consejo de un viejo amigo de Camelot.

-Enseguida. – respondió.

Gaius no sabía que era lo que había pasado por la cabeza de su aprendiz. El otro día lo había dicho, sí, pero solo pensó que era por el momento que estaba pasando. No había pensado que lo estaba diciendo en serio.

Su destino era estar junto a él, bien lo sabían ambos, pero al parecer, aquello ya no le interesaba al joven mago. ¿Acaso sabía Arthur que su amigo se estaba exponiendo a un grave peligro? Sí, claro que sabía. Él mismo le había dicho esta mañana que se había encontrado con el druida la noche anterior, y que le había dicho que Morgana tenía un propósito: hacer que Merlín se uniera a ella, ya que, de esta forma, Arthur perdería a un gran amigo, y estaría con la guardia baja.

Entonces, ¿lo iba a dejar marcharse? No, él no lo creía cierto.

Mientras traspasaba el salón con las miradas en su espalda, Arthur había agarrado, sin delicadeza, a Merlín por el brazo. Y lo empujaba fuera de la habitación. El morocho no decía nada, solo caminaba, como hacía antes.

Cuando estuvieron los tres en un cuarto pequeño, Arthur comenzó a hablar:

-¿Qué te ha hecho tomar esa decisión? – preguntó, inseguro.

Merlín tomo aire nuevamente.

-Necesito tiempo, y espacio, para pensar en todo lo que me sucede, Sire.

-Lo tienes aquí. – farfullo Arthur, desesperado.

-No, no lo tengo. Y no puedo soportar los recuerdos que acuden a mi mente, ni tampoco estar aquí, sabiendo que tenía una vida, que ahora no recuerdo.

-Merlín – dijo más calmado Gaius que Arthur – Afuera te expones a un peligro inimaginable. Alguien te tendió una trampa…

-Morgana, ¿no es así? – adivino el muchacho, sabiéndolo claramente.

-Es una hechicera muy poderosa, Merlín. Y su propósito es clave, junto con lo que tú estás haciendo. Es justo lo que ella planeo qué harías.

-¿Irme? – pregunto, confuso. ¿Él estaba siendo un títere? ¿Una pieza más en el tablero?

-Sí, irte. Ella quiere encontrarte solo y desprotegido, así será más fácil convencerte.

-¿Convencerme de qué?

Arthur suspiro. ¿De verdad no se daba cuenta?

-De que te alíes a su lado, Merlín. Quiere destruirme, tomar Camelot, y ¿qué mejor oportunidad de hacerlo que teniéndote a su lado? – explicó, como si fuera lo más obvio del mundo.

Merlín pensó en aquello. Todo lo que decía tenía lógica, menos una cosa: nunca iba a aliarse al lado del Mal. Sin saber porque, él sabía que nunca iba a traicionar la confianza de su Rey. Sí la visión que había tenido de la cueva era verdad, y su amigo no había querido decirle nada….Un vínculo muy especial los unía, y él no pensaba romperlo con una estupidez semejante.

-Es ilógico. – dijo al final. - ¿Cómo sabrá ella a donde me dirijo?

-Partes a tu casa, es muy fácil descubrirlo. – comento Arthur con mala cara.

-Sire, no puedo quedarme. Necesito mi hogar. Necesito pensar con claridad. Necesito…. – volvió a tomar aire nuevamente. ¿Por qué era tan difícil decirle aquello?

-¿Qué necesitas, Merlín? – pregunto más calmado, acercándose a él.

No, no, no. Qué no se acerque. No después de recordar lo de la cueva…

La cueva, la cueva. ¿Por qué siempre relacionaba todo con la cueva? ¿Por qué siempre se acordaba de sus últimos momentos con Arthur? ¿Por qué no podía decirle, con confianza y seguridad, que había recordado que se habían besado?

¿Aquello era lo que hacían Rey y sirviente? ¿Aquello hacían dos hombres? Bien sabía que no, pero… ¿por qué tenía una extraña sensación dentro suyo, cuando se acercaba el rubio? Eso…eso no era normal. Le molestaba mucho su forma de ser con él, pero cuando estaban solos, cuando se mostraba más calmado y dulce…cuando se mostraba más humano…algo dentro suyo se encendía. Algo dentro de su cabeza le hacía recordar momentos íntimos, le hacía recordar que, a pesar de cómo se trataban, sabía que ambos se querían. Y eso era lo extraño. Lo que no quería que pase.

Merlín dio tres pasos para atrás cuando el rubio se le acerco, y cuando se dio cuenta de aquello, el Rey paro, con la cara enormemente entristecida.

-Merlín, ¿Qué necesitas? – volvió a preguntar.

El mago negó con la cabeza, aguantando las lágrimas. No iba a volver a llorar, no cómo ayer.

-Irme. – susurro, seguro. Sabía que aquello le iba a doler a su Rey, pero era lo que en verdad necesitaba. Irse.

Arthur tomo aire, y luego de mirarse largo rato con Gaius, le informo a Merlín:

-Hare que preparen los caballos. Te escoltaré hasta Ealdor.

Merlín abrió los ojos como platos. ¿En verdad iba a acompañarlo?

-Sire…

-¿Crees que voy a dejarte solo? Allá afuera hay cosas que tú no puedes enfrentarte solo, y dudo mucho que llegues a tu hogar de una sola pieza, contando con tu estupidez incluida.

A pesar del insulto que le dijo, Merlín le sonrió, haciendo que Arthur le devolviera la sonrisa.

Gaius, en cambio, ya había soltado una carcajada.

-Como en los viejos tiempos. – murmuro, mirándolos a ambos fijamente.

Rey y sirviente intercambiaron una mirada, cargada de muchas emociones; y luego de eso, se sumaron a la risa del viejo.

A su tío no le gustó mucho la noticia de que partía por cinco días. Dos días de viaje, uno para despedirse, y otros dos de regreso.

-Es mi amigo. – volvió a insistirle Arthur.

-Es tu sirviente. – reconoció por octava vez Agravaine, mientras que ayudaba al Rey a ponerse la cota de malla. Arthur se sentía incómodo con el modo que tenía de vestirlo su tío, por lo que prefería mil veces más a Merlín; pero no dijo nada, dejo que su querido familiar siguiera criticando su decisión.

A la novena vez que se quejó, Arthur no aguanto más.

-No es mi culpa que no tengas a nadie por quien dar la vida, tío.

Y dejándolo sorpresivo en la habitación, con las palabras en la boca, se marchó para reunirse con los caballeros.

Sir Leon, Percival, Elyan y Gwaine habían decidido marcharse con él, sin saber porque Merlín abandonaba Camelot. Aunque él ya sabía, que cuando estuvieran solos en el bosque, los curiosos ya le iban a preguntar.

Al bajar al patio central para reunirse con sus compañeros, se encontró solo, con los caballos en frente suyo y a Gwaine arreglando las cosas.

-¿Dónde están los demás? – preguntó al llegar a su lado.

-Con Merlín. – respondió Gwaine, con voz aburrida, muy raro de parte de él.

-¿Con Merlín? ¿Por qué están con Merlín?

-Al parecer, sabiendo que tú no ibas a contarles gran cosa, fueron en busca de Gaius a pedirle explicaciones.

Gwaine dejo de atar las provisiones al caballo y se volteó para verlo. Su mirada era triste, y sus labios estaban fruncidos.

Arthur no pudo descubrir que era lo que quería decirle con la mirada por lo que se atrevió a preguntar:

-¿Qué ocurre?

Gwaine se encogió de hombros.

-Lo mismo os pregunto a ti, Arthur. – esta vez, dejo de lado la formalidad, y se dirigió a él como un amigo. - ¿Qué le paso a Merlín?

¿Por qué todo el mundo tenía que hacerle recordar el mal momento que había pasado? ¿Es que acaso no podían preguntárselo más tarde?

Arthur miro a otro lado cuando murmuro:

-Fue herido gravemente por un ladrón, y cuando llegue a su lado, no había nada por hacer. Trate de parar la hemorragia y limpiarle la herida, pero solo lo empeore. – agacho la cabeza y tomo unos minutos de aire. – Cuando pensé que iba a morir, un druida apareció, y conjurando un hechizo, lo salvó. Primero pensé que lo había matado, pero no fue así; y cuando me arrodille a su lado, él….simplemente no me recordaba.

Se quedaron en silencio, Arthur mirando la puerta del palacio que acaba de abrirse y por ella había aparecido Merlín, mientras que Gwaine lo miraba a él.

-Lo lamento, Arthur. – susurro al final. Poso una mano sobre su hombro y lo apretó suavemente, en señal de apoyo.

-Ellos ya sabrán. – se limitó a responder.

-Estoy seguro que Gaius les ha dicho que no comenten nada frente a ti, para no hurgar en tu dolor.

Arthur giro la cabeza y lo miro con desprecio fingido.

-Ya me los has recordado tú. – Y ambos rompieron a reír.

Cuando llegaron los caballeros, miraron a Arthur con lastima y compasión, pero nadie abrió la boca, y nadie pregunto nada. Solo miradas, y silencios incomodos.

Merlín se acercó al Rey

-Sire, no es necesario que hagáis esto. Tienes asuntos más urgentes que atender… - Otra vez con el Sire, otra vez con la formalidad.

-Uno de los principales códigos de los caballeros es ayudarse entre todos, Merlín. – explicó Arthur.

-Yo no soy un caballero. – reconoció el muchacho.

-Se aplica entre hombres también, Merlín. – Arthur trataba de no mirarlo a los ojos, porque si lo haría, descubriría –otra vez- que su sirviente no lo miraba como siempre lo hacía.

-¿Debo tomármelo como un cumplido? – pregunto, entre media risa.

-¿Cumplido?

-Quiero decir, el hecho de que me has llamado hombre.

Arthur no pudo evitar reírse. Al menos, Merlín comenzaba a mostrarse un poco más…carismático y amable hacia él.

-Bueno, sí es así, entonces debería retractarme y decir que se aplica a otras relaciones. – dejo lo que estaba haciendo y se atrevió a mirarlo a la cara. Merlín estaba sonriendo de oreja a oreja, como en los viejos tiempos. - ¿De amigo a amigo? – pregunto, inseguro.

Pronto, al morocho se le borro la sonrisa.

-¿Y a algo más que amigos? ¿También se lo aplica? – Una indirecta bien directa, hubiese querido acotar seguramente Gwaine, si lo hubiese escuchado.

Arthur se quedó sorprendido ante aquella acusación. Con qué…Merlín había recordado seguramente aquella situación. Bien, al menos no tendría que contársela.

-Escucha Merlín, sea lo que sea que hayas recordado, me alegra que lo hayas hecho. – respondió, dado por terminado el tema y subiéndose al caballo.

Pero no, el morocho no iba a terminar ahora.

-¿Es verdad? ¿No es mi imaginación? – inquirió, intrigado.

-¿Cambia las cosas el saberlo? – quiso saber, sin mirarlo a la cara. Merlín estaba a la altura de las piernas, y el caballo ya amenazaba con partir.

-Mucho. Cambia mucho. – le susurro el morocho.

Los demás caballeros ya estaban acomodados en los caballos, observando la escena en silencio. Todos sabían, con lujo de detalles, lo que había ocurrido. Pero nadie iba a hablar; no delante de Merlín. Iban a esperar a encontrar un momento a solas, y a pedirle explicaciones a su rey. Respetaban su decisión de no contarles nada, pero querían saber porque. Al fin y al cabo, Merlín era su amigo, y no haberle contado desde la primera instancia los había enojado.

Arthur bajo la vista a los ojos celestes de su amigo, y rogando no arrepentirse de lo que iba a decir, le murmuró:

-Es verdad.

Espoleo su caballo, y se dirigió a la salida, volviendo a evitar tener contacto visual.

Durante el largo trayecto, nadie, increíblemente, había vuelto a decir palabra. Se limitaban a hacerse las señas necesarias para dirigirse todos al mismo lugar, y nunca cambiar el ritmo: rápido era la mejor definición que se les podía dar.

Arthur iba a la cabeza, seguido por Gwaine, quien no dejaba de mostrarse dispuesto a preguntarle algo, pero siempre terminaba callándose.

Habían partido entrando el mediodía, y ya era casi de noche. Toda la tarde andando bajo el penetrante sol, los había hecho cansarse. Sentían los músculos de las piernas adormilados, sin remarcar la vista, que les ardía a horrores por no dejar de fijarse por donde pisaban, y sin reducir la marcha.

Al parecer, Arthur estaba dispuesto a cansarlos así no decían nada luego.

Era un buen plan, que estaba funcionando a la perfección. Pero, como siempre sucede cuando algo marcha según lo planeado, algo malo tenía que pasar.

Estaban cruzando un desfiladero, cuando de pronto, el caballo que cargaba a Leon piso una roca floja y se resbalo, haciendo caer al caballero. Todos ayudaron a cargarlo nuevamente y evitar que cayera al vacío. Todos, incluso Merlín.

El caballero se salvó, pero el caballo… No corrió la misma suerte. A partir de ahora, Leon iba montado detrás de Gwaine.

Siguieron con paso lento durante toda la noche, y cuando Arthur descubrió que ya no podían seguir más, ordeno parar.

-Acamparemos aquí. Haremos un fuego para mantenernos calientes, pero no tan ostentoso para llamar la atención. El fuego trae espías, y los espías, la muerte.

Todos se miraron sin decir nada, y pronto comenzaron a buscar maderas. Merlín, por cuenta propia, insistió en darle de comer a los caballos y mantenerlos en su sitio. Al menos, aquella tarea le gustaba.

Arthur trataba de evitar contacto físico y no mirarlo, y cuando podía, también de hablarle lo necesario. Cosas como para "Merlín, alcánzame eso, ¿puedes?", o , "Merlín, ¿está todo bien?" Pero nada más. Mientras más rápido terminara toda esta locura, más rápido dejarían de sufrir.

Arthur sabía que dejarlo partir era mala idea, y fue por eso mismo que decidió acompañarlo él mismo. Confiaba en sus caballeros, pero quería tener al tanto toda la situación, y quien mejor que para protegerlo que él. Daria su vida por Merlín.

Cuando su olvidado amigo termino con la tarea, se paró en medio del círculo, observando a sus compañeros. El que se llamaba Gwaine – y el que era más amigo- estaba encendiendo el fuego. Percival – el fortachón – estaba sacando las cosas para preparar la comida, Leon – el más viejo caballero entre los presentes – estaba conversando con Elyan – el hermano de Guinevere -, y mientras, Arthur, estaba sacándole filo a su espada, concentrado y pensando mirando fijamente la hoguera, que pronto comenzó a florecer.

Merlín se sintió un completo inútil, y sin saber qué hacer y qué decir, prefirió echarse a dormir.

Al notar esto, todos los caballeros le preguntaron a la par:

-Merlín, ¿os sientes bien?

Merlín se excusó diciendo que solo estaba cansado mentalmente, y prefería tener la mente en blanco. Aquello los tranquilizó, hasta que Merlín pudo escuchar como todos dejaban de hacer sus cosas y, seguramente, estaban clavando la vista en Arthur.

Pasada una hora, aproximadamente, en donde Merlín fingió leves ronquidos en señal de estar dormido, escucho el filo de la espada caer.

Bien, al menos, Arthur sabía lo que le esperaba.

-¿Quién empieza? – preguntó obviamente.

Merlín quería darse la vuelta para ver sus expresiones, pero se contuvo. Se tenía que satisfacer solamente escuchando.

-¿Por qué no nos dijisteis? – Era la voz de Sir Leon, contorsionada por el enfado, y mezclada con la tristeza.

El morocho pudo imaginar a Arthur encogiéndose de hombros.

-No quería que se preocuparan.

-¿Y tenías que cargar vos con todo, verdad? Teníais que demostrar que eras… - Gwaine estaba enfadado, y no hizo ademán de ocultarlo. Pero fue interrumpido bruscamente por Arthur.

-¿Qué tenía que demostrar? Dime, Gwaine, ¿Qué crees que tenía que demostrar?

Aquellas palabras las dijo con furia, cómo si hubiese querido decirlo desde antemano. Todos se callaron, pero Gwaine se atrevió a seguir:

-Que eras fuerte y capaz de llevarlo solo. – concluyó.

¿Fuerte? ¿De verdad? Sí hubiese sabido por todo lo que había pasado en esos pocos días….no diría lo mismo.

-¿Queréis que os diga la verdad? Descubrí que no soy fuerte, y que no soy capaz de hacer esto solo. – Ya está, lo había dicho: se había confesado con ellos.

Pero a ninguno lo sorprendió, sino que Sir león dejo escapar una leve risita.

-Nos hemos dado cuenta de eso, Arthur, pero nuestra pregunta es ¿Por qué no nos has dicho? Es nuestro amigo, después de todo.

-Se los he dicho: no quería que sufrieran.

Un suspiro se escuchó.

-Eso es lo que menos importa – intervino Elyan . – Lo más importante es porque Morgana ha hecho esto.

-¿No es obvio? – pregunto Arthur. – Quiere Camelot, y piensa conseguirlo de cualquier manera.

-Pero ¿Por qué querer a Merlín? ¿Qué le puede conseguir él a ella? – pregunto Percival.

Merlín se despabilo del sueño que lo estaba arrastrando y agudizo el oído.

-¿No te das cuenta? – le respondió Gwaine.

Todos guardaron silencio, pensando. Aunque había algunos que ya sabían la respuesta. Después de algunos minutos, Gwaine dijo sombríamente:

-Porque todos saben que una traición proveniente de un gran amigo, es, a veces, la mejor arma para atacar.

Eso no le cayó tan en gracia a Merlín. ¿De verdad creían aquellos que él podía ser capaz de aliarse con un monstro como parecía ser Morgana? Merlín nunca lo traicionaría. Oh, bueno, al menos, una parte de él pensaba así.

-Estamos hablando de Merlín. – murmuro Leon, como si quisiera decirles de una forma menos chocante que él nunca haría algo así.

-El Merlín que conocíamos ya no está, Leon. Ese es el problema. – Arthur respondió sin pensar. Tenía que decir aquello de una buena vez por todas. No lo podía callar más; porque, al fin y al cabo, era verdad. Morgana estaba saliendo victoriosa.

-Podemos recuperarlo. – sugirió Percival.

-¿Sí, y cómo? – quiso saber Arthur. Sí alguien tenía la respuesta a aquello, pues, que la diera.

-No lo sé…. – suspiró y volvió a hablar. – De todas maneras, ¿no lo veis? Merlín nunca os traicionaría.

-¿Por qué no? Sí después de todo, él me odia.- susurró triste y roncamente el Rey. Confesar que su amigo lo odiaba había sido más difícil de lo que él creía. Y sobre todo, lo volvía más difícil, el hecho de que era verdad.

Nadie volvió a hablar. Merlín estaba muy concentrado en lo que acababa de decir el rubio. ¿En verdad era cierto aquello? Él sabía que…. No le caía muy en gracia, no antes de recordar algunas cosas…. Luego de lo de la cueva, todo había cambiado para él. Pero, ¿Cómo decírselo?

-No te odia. – volvió a hablar Gwaine.

-¿Cómo lo sabes?

-¡Vamos Arthur, hay que ser idiota para no darse cuenta! Merlín os ha informado de su partida, Merlín tranquilamente podía haberse marchado en cuanto se le diera la gana, Merlín tranquilamente podría haber contactado con Morgana. Pero no, prefirió contártelo y estar a tu lado. Y eso, de donde yo vengo, significa que te tiene confianza.

Bueno, Merlín no podía haberlo explicado mejor. A ver si ahora el Rey se daba cuenta de donde estaba su lealtad….

-Eso no cambia el hecho de que me odie. – volvió a decir, testarudo.

Y Merlín podría jurar que ninguno de los caballeros le arrojo algo porque era su Rey, sino, ya estaría hecho trizas.

-Entonces, haz que no te odie. – Gwaine seguía hablando y empeorando las cosas.

-Lo intenté, y fracasé.

-No pusiste lo mejor de ti. Inténtalo nuevamente. Haz que no se marche.

-¿Me tomas por idiota? – pregunto Arthur, cansándose de Gwaine. - ¿Crees que no lo he intentado? ¿Crees que no dije e hice lo que pude para convencerlo? Y de todas maneras, ¿Quién soy para decirle lo que tiene que hacer? No puedo privarlo de su libertad, Gwaine.

-Pero tiene que entender que corre peligro yéndose….

-¡Lo sé! Pero no puedo hacer más que acompañarlo, y estando ahí, dar mi último esfuerzo para convencerlo. Pero dudo que funcione – dijo antes de que Gwaine pueda acotar alguna estupidez más.

-Arthur, escucha. Sí tú realmente deseas que se quede….- empezó Sir Leon.

-¿Qué quieres que haga? ¿Qué lo amarre a mi cama y lo obligue a hacer lo que detesta? – interrumpido exasperado Arthur.

-Primero que nada, quiero que me dejes terminar las oraciones. – Sir Leon apretó la mandíbula. En otra situación, habría causado risa que Leon se enojara y contradiga al Rey.

-Esto es inútil. – protestó Arthur, levantándose del suelo. Pero alguien rápidamente lo volvió a sentar. Los brazos de Percival lo tenían bien sujeto.

-Háblale; no le infundas miedo con esa cara tuya que tienes. – aconsejo Gwaine, en un modo divertido.

-¿Miedo? ¿Cara mía? ¿Qué cara? Es la única que poseo.

-Por desgracia…

-Oí eso. – amenazó Arthur.

-Ese era el propósito. – Las bromas que se gastaban no tenían un deje de diversión, por lo que todo estaba serio. – Vamos Arthur, habla con Merlín seriamente. Haz que entienda.

-No puedo hacer más nada. – volvió a decir.

-¿Y dejarás que se marche? – inquirió Gwaine. Todos lo miraron atentamente.

Arthur fijo la mirada en la espalda de su amigo, recordando cada momento vivido con él. Cada momento que pensó que iba a ser el último, cada momento que pensó que no iba a verlo jamás, cada momento que pensó que nadie era tan feliz como él. Cada momento que lo quiso más que a su propia vida.

Y luego de recordar todo eso, murmuró lentamente:

-Dejaré que haga lo que desee.

Nadie hablo, nadie se miró. Dedicaron su tiempo a pensar en ello. Incluso Merlín, que había dejado de respirar cuando Arthur hizo aquel silencio desgarrador.

-Dejaras que muera. – acotó sin más Elyan. – Eso es lo que harás: lo mandaras a su muerte. ¿Qué pasará cuando Morgana ya no lo necesite? ¿Cuándo Camelot caiga? ¿Cuándo llegue el momento en que alguno de nosotros este frente a Merlín, sí es que nos traiciona? ¿Lo matarías, Arthur? – hubo otro gran silencio.

-¿En verdad crees que Merlín llegue a traicionarnos? – preguntó Gwaine incrédulo.

-¿Qué te hace pensar que no? Sí Morgana pudo borrarle la memoria, ¿Qué impide que no lo haga poner en su favor?

-Estaría bajo un hechizo, y ya no sería Merlín. – excuso Gwaine.

-¿Y ahora lo es? ¿Ahora no está, acaso, mediante los efectos de uno?

-Elyan, te equivocas…. – esta vez, Arthur quería hablar. Pero lo interrumpieron.

-Quieres creer que me equivoco, cuando sabes que tengo toda la razón. Merlín perdió la memoria por un hechizo, y eso quiere decir que está bajo los efectos. ¿O por qué, no esté controlado e influenciado ahora por Morgana, lo hace ser él?

-¿A qué te refieres, Elyan? – Percival ya se había perdido.

-Me refiero a que ustedes piensan que sí, Morgana lo hace poner de su favor mediante otro hechizo, ya no sería Merlín, y podrían herirlo. Pero, ahora, sí él va por su propia cuenta, como está ahora, ¿no lo podrán herir?

Volvieron a hacer silencio, pero ahora Elyan quería su respuesta.

-Responde, Arthur, ¿lo matarías, si lo tuvieras en frente? ¿Lo matarías si se convertiría en traidor sin estar bajo ningún otro encantamiento?

Arthur bajo la vista, sin poder siquiera pensar en ello. ¿Lo haría? Como Rey, sus sentimientos no tendrían que influenciarlo a no aferrarse a la ley. Cómo Rey, no tenía que tener ningún sentimiento hacia su sirviente.

Cómo Rey. Pero él…a veces no se sentía Rey.

Esa pregunta….era difícil.

-Te lo pregunto cómo humano. Deja de lado el reino, los problemas y las leyes. Como humano, ¿matarías a tu amigo?

-No Elyan. – contesto rápidamente.

-Lo dejarías huir.

-¿Acaso no harías tú lo mismo? – Arthur frunció el ceño. ¿Elyan sería capaz de matarlo?

-Yo lo convencería de que no se marche.

Esa respuesta tomo por sorpresa a Arthur. Bien, ya había entendido, tenía que hablar con Merlín. Pero, ¿Cómo se le hablaba a alguien que no te recordaba? ¿Cómo se le hablaba a alguien que no le caía bien? ¿Cómo se le hablaba a alguien a quien besaste pero que no era correspondido? Dioses, esto iba a ser más difícil de lo que él creía.

Cuando la charla pareció finalizada, Sir Leon le informo a Arthur que iría a explorar la zona, ya que no tenía muchas ganas de dormir. Gwaine volvió a las suyas, y agarrando todas las espadas que estaban esparcidas por el suelo, las apilo, para matar la aburrición. Percival se acostó boca arriba mirando las estrellas, y rogando poder dormir. Pero ni bien cerraba los ojos, algún ruido lo despertaba. Elyan se quedó apartado, pensativo. Y Arthur….Arthur también trataba de dormir, pero le era imposible.

Cuando Merlín sintió que había escuchado suficiente, trato de no seguir oyendo, pero la tentación pudo más. Se quedó paralizado cuando nombraron lo de matarlo, pero él sabía – por una extraña razón – que Arthur no haría tal cosa. Ni siquiera sí él verdaderamente se cambiaba de bando.

Arthur sentía que el sueño ya lo vencía, si no era porque Leon bajaba corriendo para unirse a su lado, mientras gritaba:

-¡El enemigo se acerca! ¡Bandidos!

Todos se incorporaron en seguida, y rodearon a Leon.

-¿Por dónde?

-Por todas partes. Nos rodearan. – informo Leon, tomando todo el aire que sus pulmones permitía.

Arthur maldijo por lo bajo y obligo a los caballeros a moverse, agarrando sus espadas. Cuando ya las tuvieron en mano, volvieron a mirar al Rey, a la espera.

El rubio se acercó a Merlín, y lo zarandeo fuertemente, con la intención de despertarlo. Pero, obviamente, Merlín ya estaba despierto, por lo que se incorporó rápidamente.

Arthur lo miro sorprendido, y luego de entender lo que acababa de pasar, lo fulmino con la mirada:

-¿Has estado despierto todo este tiempo? – murmuró para que solo lo pudiese escuchar él.

Merlín asintió lentamente con la cabeza, mientras que Arthur no sabía sí matarlo o abrazarlo así ya no tenía que hablar tanto para convencerlo.

Sin lugar a reproches y retos, paseo la vista por los alrededores y luego le preguntó:

-¿Sabes que los caballos están a rápida disposición, verdad?

Merlín asintió con la cabeza.

-Nos van a atacar, y dudo que salgamos victoriosos. ¿Puedes prometerme que correrás?

Volvió a asentir, sin saber, pero asintió fielmente.

-Merlín, quiero que agarres un caballo, y te marches de aquí. ¿Entendido?

Asintió nuevamente, pero cuando proceso la información y se dio cuenta de lo que Arthur le estaba pidiendo, se negó rotundamente.

-¿Qué? ¡Espera! No….

-Merlín. – Arthur pronuncio su nombre como nunca lo había hecho. Posó una mano en su hombro y lo acerco a él. – Quiero que corras.

-Arthur, yo…

El rubio sonrió tristemente, mientras seguía zarandeando el hombro de su amigo lentamente.

-Merlín… - tomo aire y lo miro a los ojos, los cuales comenzaron a volverse más cristalinos, por culpa de las lágrimas. Entonces, ya había entendido: tenía que dejarlos. – Quiero que tomes un caballo, montes en él, y desaparezcas, sin mirar atrás.

-No… - dijo en un susurro.

Los caballeros miraban la escena conmocionados sabiendo que tenía que marcharse.

-Hazlo, rápido: no hay tiempo.

Arthur amago con soltarlo, pero antes, lo abrazó. No había sido el tipo de abrazo amistoso y reconfortante, sino que era un abrazo de despedida. Cómo aquella vez. Cómo aquella maldita vez.

-Gracias. – susurró el rubio en el oído de su amigo. – Gracias por todo.

Cuando se separó, sabía que tenía que volver rápido con sus compañeros, o si no se iba a arrepentir.

Arthur seguía sonriéndole a Merlín, mientras que los bandidos se acercaban.

Dio media vuelta y se dirigió a reunirse con los caballeros, que lo miraban con respeto y orgullo. Cada paso que daba, sentía que se alejaba más de su casa. Cada paso más que daba, sentía que no iba a volver.

Cada paso que daba, lo hacía separarse más de Merlín.

Tomo aire varias veces, y cuando llego a destino, miro a los ojos a cada compañero. Cada uno sostuvo firmemente la espada, y sin decir palabra alguna, movieron los labios, formando la palabra "Siempre."

Arthur giro la cabeza para ver a Merlín otra vez, pero este ya había desaparecido. Al parecer, era rápido.

Lo bueno de todo esto era que él iba a vivir, y que por primera vez, le había hecho caso. Pero, sí era lo que él pensaba, estaba muy equivocado. Merlín solamente había desaparecido para buscar algo en su mochila que estaba con el caballo, y cuando la encontró, se la guardo en el bolsillo y volvió de vuelta con su Rey.

Los caballeros ya se marchaban hacia adelante, cuando Merlín los alcanzo corriendo.

Sí no hubiera sido por el tropiezo y caída que sufrió el mago , Arthur no se iba a dar cuenta.

-¡Merlín! - exclamó, ayudándolo a levantarse.

-¿Piensas que voy a marcharme? Estas equivocado. Este es mi destino: contigo.

-Merlín, os he perdido una vez. No voy a dejar que eso suceda dos veces.

-Da igual. Si mueres, me perderás, ¿verdad? – bromeó Merlín. Todos los presentes rieron. Bueno, al menos decían que era bueno reír antes de morir.

-Merlín…- empezó nuevamente, pero sabiendo que era inútil decirle que se vaya, optó por cambiar la oración. – Que bueno que te hayas quedado.

Merlín sonrió, y mirando hacia adelante, descubrió la forma de un cuerpo correr hacia ellos.

-Ya vienen. – anuncio Sir Leon.

¡No olviden sus reviews! Aclaración: quedan dos capítulos para el final FINAL.