Iba vestida con su ya habitual vestido negro, y con su cabello recogido en una media cola informalmente.

Sus ojos mostraban todo lo que había padecido: ira, rencor, venganza, odio. Y hasta lástima. Los observaba a los dos con desprecio, y antes de que alguien pudiera acotar algo en esa incómoda situación, una ráfaga de viento los despeinó a los tres.

-Vaya, querido hermano – comento con una voz aguda y cargada de sarcasmo- no pensé encontrarte aquí, a decir verdad.

Arthur palpo su costado, en busca de la espada, pero Morgana se lo prohibió.

-No quiero problemas. – se limitó a excusar, utilizando un hechizo y derribando fácilmente al rubio, que cayó con peso muerto. Aunque la caída no lo había afectado, la magia sí: estaba inmovilizado, Morgana lo había prohibido de sus movimientos. Sólo podía mantener los ojos abiertos, y utilizar la boca para hablar.

-¿Qué quieres? – preguntó con voz áspera y sin un deje de amabilidad.

-Lo que me corresponde por derecho: Camelot. – murmuró, sin sacar la mirada de Merlín.

-¿Y crees que conmigo lo conseguirás? – preguntó el morocho. La sacerdotisa sonrío.

Se acercó a él con un paso seguro y firme, y cuando estuvo lo bastante cerca de sus labios, le susurró:

-Pienso intentarlo.

Aquello le hizo gracia a Merlín.

-Dime cómo.

-Ya lo estoy haciendo, ¿Verdad? Mi plan va surgiendo efecto. Tú le has dicho a mi mensajero que espere sentada tu alianza. – Merlín puso cara de sorpresa y Morgana rio. - ¿Te sorprende el no saber cómo lo supe? Merlín, Merlín, Merlín – negó con la cabeza divertidamente- estoy en muchos lados, ya te lo han dicho. Ahora, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí! Os estaba contando mi bello plan, cómo se iba cumpliendo. Estas aquí, ¿no? – sonrió de lado, malévolamente.

-Que este aquí no significa qué…

-¿Qué no te me vas a unir? ¿Qué no piensas dejar a Arthur? – termino la oración por él. – Ni tú mismo creéis eso, asique hacedme el favor de inventarte otro argumento. – empezó a dar vueltas alrededor de Merlín, observándolo de arriba abajo. – Sabes, a decir verdad, cuando consiga mi trono, necesitare a alguien a mi lado. – agregó, haciendo énfasis en cada palabra.

-Jamás estaría a tú lado, Morgana.

-Oh, vamos, apuesto a que te gustaría gobernar.

-Esto es sólo un juego, creado por una niña caprichosa. –Merlín nunca supo que algún día iría decir esas palabras, pero lo dijo. Y le sentó muy bien. Pero luego de que Morgana le diera una abofeteada, se arrepintió un poco.

-¿Me llamáis niña? – inquirió, realmente enfadada.

-¿Das por sentado que eres caprichosa? – comentó Merlín en voz divertida.

Otra bofeteada fue a parar en su mejilla. Esa dolió más que la anterior.

-¿Sabes que puedo torturar a alguien hasta que me diga sus más oscuros secretos? – amenazó Morgana.

Merlín sonrió. Ella no tenía idea de lo que él también podía hacer.

-Me gustaría que lo intentes. – Esas palabras no las habría dicho nunca, pero en una situación así, donde todo era un juego para él, se atrevió a pronunciarlas.

-¿Te crees muy listo, no es así? Pero te diré una cosa: no estoy aquí para conseguir ponerte en mi contra, Merlín. Estoy aquí para que veas por quien has estado gobernado todo este tiempo. Tú mismo lo pudiste notar. Cómo te trata, cómo te humilla, cómo nunca te ha agradecido todo lo que has hecho por él. Sé cuántas veces le has salvado, sé cuántas veces has arriesgado tú vida. ¿Y cómo te lo ha devuelto? Con nada.

Del otro lado, Arthur suspiró, resignado.

-Oh, vamos. – murmuró, pero ninguno de los dos le prestó atención, estaban concentrados viéndose a los ojos atentamente.

Tan concentrados que no notaron a los caballeros del otro lado del lago, que observaban la escena atentamente, ideando un plan para atacar.

Cuando Merlín desvió la vista, pudo notar como un arbusto se movía. Y sonrió para sus adentros. Quizás….Sólo quizás…

-No te equivocas en lo que dices, Morgana.

La morocha no pudo evitar sonreír, triunfante. Su plan se estaba cumpliendo.

-Pero eso no significa que me alié contigo. –acabó Merlín.

Arthur sonreía. Sabía que Merlín no lo traicionaría. ¿Por qué? Ni siquiera él mismo sabía la respuesta, pero algo dentro suyo le aseguraba que así era.

La sonrisa de Morgana se fue desvaneciendo lentamente.

-¿Piensas vivir toda tu vida con alguien que te trata como si fueras su mascota?

-No, porque no pienso volver. – mintió. Después de aquello, sí salía con vida, lo primero que haría sería regresar a Camelot.

-Entonces, ¿Por qué no unirte?

-Porque conozco mi lealtad, y lamento deciros que no está contigo, mi Lady. – susurró, irónicamente.

Morgana se mordió la lengua, aguantando no echarle una maldición. No, todavía no…había tiempo para convencerlo. Presentía que la fortaleza de Merlín se podía derrumbar fácilmente.

-Merlín…. – puso una mano en su mejilla y se la acaricio con ternura, tentándolo. Sí no podía usar su magia…tal vez su belleza serviría. En tal caso, Merlín no recordaba nada. – Tú bien sabes que tu decisión es indecisa. Tú bien sabes que mereces a alguien que te trate mejor, a alguien que de verdad te comprenda.

-Y tú no eres esa. – Merlín dio un paso atrás, rompiendo el contacto con ella.

Morgana bajo el brazo, resignada.

-No me hagas matarte. Sabes que puedo hacerlo, pero de verdad, no quiero. No sin que recuerdes todo lo que vivimos. - Siguió con su juego, pero a Merlín no le ocasiono nada.

Sólo estaba pensando cómo hacer que la flecha que cargaba la ballesta que sostenía Gwaine del otro lado diera con Morgana, sin que se enterase ni que la detuviese.

-Entonces, haz que recuerde. – propuso, con deseo.

Morgana rio con ganas.

-¿Eso es lo que en verdad quieres? ¿Recordar lo infeliz que eras?

-¿Cómo sabes que era infeliz? Tú no has estado allí.

-Sí que lo he estado, Merlín. Mucho antes de revelarme, he hablado largas noches contigo, y lo que me contabas no era bueno, ¿sabes? – volvió a mentir, y volvió a su juego. Quizás con las palabras Merlín pudiera caer.

-Es mentira. – dijo inseguro Merlín, pero sin darlo a conocer.

-¿Tú crees? – pregunto Morgana, notando la desconfianza de Merlín. Bien, lo estaba consiguiendo. – Eres tú el que no recuerda, y Arthur no lo sabía. Me pediste que nunca lo cuente. Vamos, sabemos que odias como te maltrata.

-Eso no es verdad.

-¿Ah sí? ¿Me equivoco al decir que siempre te dice que eres un inútil? ¿Qué no sirves para nada? – Comenzó a hablar rápidamente- ¿Me equivoco al decir que a veces él prefiere tenerte lejos, porque cerca ocasionar problemas? ¿Me equivoco al decir que te humilla constantemente?

-¡Basta! – gritó Merlín, molesto y afectado por todo aquello.

Era verdad, era verdad. Ambos lo sabían. Morgana sabía aquello, y Merlín no podía ocultar que lo odiaba.

-¿Qué os pasa, Merlín? ¿Tienes miedo ahora hacia donde se dirige tu lealtad?

El morocho observo a Arthur, que seguía tirado en el suelo, apoyado contra una roca. Sus miradas se encontraron, y Merlín no pudo decir sí su amigo le estaba pidiendo perdón silenciosamente por todo lo que le había hecho vivir.

-No te tengo miedo, Morgana. – comento, en voz baja.

-Pues deberías.

Merlín volvió a mirar por encima de su hombro, y notó que Gwaine, junto con los demás, lo miraban atentamente. ¿Acaso estaban preparándose para dispararle a él, por sí se llegaba a unir?

No. Estaban esperando a que le diera la señal para atacar.

Merlín le sonrió a Morgana, y se acercó cuidadosamente.

-A decir verdad, os tengo mucho miedo.

Aquello sorprendió a la sacerdotisa, que ahora lo miraba con desconfianza.

-¿A qué juegas?

-A lo mismo que juegas tú. – respondió en voz baja.

La morocha seguía sin entender. Acaso…. ¿Merlín se le iba a unir o algo estaba saliendo mal?

-¿Piensas unirte? – inquirió.

Merlín sintió la mirada de Arthur clavada en su espalda, al igual que notó cómo había deseado que le pregunten aquello.

Sí hubiese sido en los primeros días que había perdido la memoria, le habría respondido que sí. Pero ahora….

Merlín dio otro paso, y cuando notó la desconfianza de Morgana, se apresuró a actuar. Le sujetó un brazo delicadamente, y acercando su boca a su oído, le susurró fríamente:

-Nunca.

Antes de que pudiera reaccionar, Merlín la agarró por los codos y la obligo a voltearse por la fuerza, dejándola indefensa.

-¡Ahora, Gwaine! – grito con todas sus fuerzas.

Sintió una descarga eléctrica en sus manos, y mientras Morgana forcejeaba y trataba de librarse, casi deja fluir libremente su magia. Casi.

Y si lo hubiera hecho, seguramente su plan hubiese funcionado. Morgana estaría muerta y el recobraría su memoria.

Pero no, todo salió mal.

Morgana utilizo todas sus fuerzas, y cuando la flecha se disparó, pudo conseguir detenerla en el aire.

Merlín la miro estupefacto, sin comprender. ¡Tendría que haberle atravesado el pecho!

Morgana se debatió frenéticamente, y cuando pudo librarse, agarro a Merlín, quien estaba realmente indefenso, y poso su daga mortífera en el cuello de piel blanca.

Esto se había acabado. Sí no podía hacer que se uniera a él, si no podía hacer que así Arthur sufra un poco, lo mataría.

Eso sería peor. Matarlo justo después de que le haga recordar. Oh sí, eso estaba mejor.

-¿Y ahora qué? ¡Salgan, cobardes! – chilló.

Los caballeros aparecieron a los pocos segundos, sin armas ni flechas. Al parecer, se las habían robado los bandidos. Habían aparecido Gwaine, Percival y Elyan, pero no Sir Leon.

¿Dónde estaba?

-¿Qué paso con el rubio? – pregunto Morgana, desconfiada.

Arthur los miraba perplejo y enfadado. ¡Habían desperdiciado la única oportunidad! Rayos, ahora Merlín se encontraba en una situación más peligrosa que la anterior.

-Lo perdimos por el camino. – respondió en voz baja Elyan.

-¿Murió?

-Sólo desapareció.

Morgana puso los ojos en blancos y suspiró. Eso era una trampa. ¿Es que no podían pensar mejor las cosas? A veces le frustraba lo inútiles que podían llegar a ser.

-Vamos, sé que ahora mismo Sir Leon me está apuntando detrás con la única espada que han podido rescatar. – comentó, divertida. – Baja la espada, Leon. No conseguirás hacerme daño. – agregó, así esto se terminaba de una vez.

Pero lo que Morgana no había observado es que Leon no estaba apuntándola a ella, sino a Aithusa, su mascota preferida.

-Soltad a Merlín. – ordenó Leon, en voz baja.

Morgana sonrió y apretó más el cuchillo contra el cuello del enclenque.

-Acabaré con esto de una vez. Sí Merlín no piensa unírseme, que la muerte caiga sobre él. Al fin y al cabo, conseguirá el mismo efecto: afectar al querido Rey. –utilizo una voz de burla, que todos ya bien conocían.

-Vamos, Morgana. No quieres hacerlo. – Arthur sonrió. No se había equivocado al elegir la guardia. Ni a sus amigos.

La bruja entrecerró los ojos y se dio la vuelta lentamente, sin sacarle la mirada a Arthur, pero cuando se atrevió a mirar a Leon, sintió que su corazón paraba de latir.

¡Leon tenía acorralada a Aithusa, con una soga amarrada a su boca y la punta de la espada dispuesta en el cuello!

Trato de no mostrarse paranoica ni asustada, pero no funciono. ¡Un estúpido caballero estaba amenazando al ser que más quería!

-Soltad. A. Merlín. – murmuraron a coro los caballeros.

Merlín sonrió. No todo estaba saliendo tan mal.

-Soltad a Aithusa. – contraataco ella.

Leon ejerció más fuerza sobre la espada.

-Primero entrega a Merlín.

Morgana no dudo: soltó a Merlín rápidamente y tiro la daga al suelo, extendiendo la mano para que Leon cumpla con su parte.

Sí ellos pensaban que no iba a utilizar la magia después de esto, estaban muy equivocados.

Lentamente, Merlín se dirigió con los caballeros, que pronto lo empezaron a palpar y preguntarle si no tenía ninguna herida.

Mientras, Leon se debatía sí tendría que soltar a Aithusa. Podría ser una gran oportunidad para ellos: también afectarían a Morgana, como ella había querido hacer con Arthur utilizando a Merlín.

-Leon, cumple con tu parte. – susurro Morgana apretando los dientes.

El caballero observo a su Rey que, pese a todo, asentía con la cabeza.

Pero antes de actuar, Leon pidió:

-Devolvedle la movilidad a mi Rey.

Morgana hizo una mueca de fastidio, y en dos segundos, Arthur se encontraba parado.

-He cumplido, dejad libre a Aithusa. – su voz era mortífera, y Merlín sabía que algo malo iba a pasar.

-También devolvedle la memoria a….

-¡Ya he hecho dos favores! ¡Ahora, Leon! – imploró Morgana, cansada de ese juego.

El caballero suspiró, y bajando la espada lentamente, dejo libre al pequeño dragón, quien rápidamente se fue volando.

Todos lo observaron, y cuando se perdió de vista, Morgana sonrió.

-Sois de lo más idiota. – susurró, para que sólo ella pueda escucharse.

Se dio la vuelta y se dirigió al lago, para que pareciera que se iba a marchar sin hacer nada, cosa que los caballeros creyeron rápidamente, sin comprender.

-¿A dónde vais?

-Ha salido mal. Todo mal. Este encuentro ha finalizado. – respondió.

Merlín se adelantó.

-¿Y yo, qué? – preguntó.

Morgana se dio la vuelta y lo fulmino con la mirada.

-¿Acaso piensas unírteme?

El morocho negó con la cabeza.

-Entonces, sigue sin tus preciados recuerdos. – añadió. Y antes de volver a darse vuelta, agregó: - Ya que estoy aquí, por que no.

Sus ojos rápidamente se pusieron de color dorado, y antes de que el hechizo tenga efecto, Merlín comprendió.

En tiempo record se dio la vuelta y corrió hacia su Rey, empujándolo y haciéndolo caer al suelo, recibiendo todo el efecto del conjuro él mismo.

-¡MERLÍN! – Gritaron a coro todos los presentes.

Morgana observo a Arthur, quien estaba tirado en el suelo, al lado del hombre que le acababa de salvar la vida.

-Tened la consideración de darle un entierro digno. – Sonrió, y se esfumo de la nada.

Arthur no le hizo caso y se arrodillo al lado de Merlín, que se encontraba boca abajo, inmóvil.

No, no, no. Otra vez no.

Leon llego al lado de ellos, y se arrodillo, apenado.

-Merlín. – zarandeo, sin atreverse a darle la vuelta.

Los caballeros estaban en silencio, todos con las lágrimas agrupadas en los ojos. Incluso Arthur. Lo que había dicho Morgana… ¿era verdad? Nadie quería atreverse a comprobarlo.

-Merlín. –llamo nuevamente Gwaine, con la voz contorsionada.

No hubo respuestas.

-Maldición, Merlín. – maldijo Percival, más apartado de todos.

-Vamos, Merlín. – volvió a decir Arthur, que impaciente ya, se atrevió a darle la vuelta, llevándose la sorpresa de que el morocho tenía una sonrisa grabada en su rostro, y que respiraba.

Y que estaba vivo.

Ninguno habló, ninguno festejo. ¿Se acordaría Merlín de todo? ¿O nuevamente había perdido la memoria? Pero… ¿cómo había salido con vida? El propósito de Morgana era matar a Arthur, eso estaba claro.

Merlín se tocó el pecho, donde tenía el collar que Kilgharrah le había regalado. Entonces….por eso estaba vivo. El collar había hecho que el hechizo se alterara, dejándolo con vida, anulando todo mal que había querido causar Morgana.

Al igual que había pasado con Uther. Exactamente igual, salvo que esta vez, Merlín se encontraba con vida. Y con recuerdos.

Merlín se incorporó con dificultad, rodeado por los caballeros.

-¿Merlín? – el primero en hablar fue Arthur, con el corazón en la boca.

El morocho lo miro, y luego de examinar cada parte de su rostro, le sonrió cómo solía hacer él.

-¿Merlín? – Gwaine lo zarandeo, para que responda.

-No me digas que además de haber perdido la memoria, también se ha quedado sordo. – murmuro León, nervioso.

Merlín giro la cabeza, para demostrarle que no estaba sordo, y cuando susurró lentamente las palabras que quisieron escuchar desde hacía tiempo, sintió un gran cosquilleo interno.

-Os recuerdo. Recuerdo todo.

Sus amigos lo miraron con desconfianza, pero luego de hacerle miles de preguntas, zarandearlo, pegarle en la nuca por haberse ido aquella vez, de empujarlo, de caerse para atrás y reírse como nenes infantiles y de abrazarlo, comprendieron que su Merlín había vuelto.

Cómo no era seguro quedarse allí por demasiado tiempo, lo ayudaron a pararse y se dirigieron a los caballos, mientras que Arthur lo seguía observando, impasible.

Al final, Merlín fue el que habló primero:

-¿Por qué no me paraste? ¿Pídeme cualquier cosa menos esa? ¿Hay más en ti de lo que me imagino? – imitó las cosas que le había dicho con voz aguda.

Arthur lo fulmino con la mirada y le pego amigablemente en el brazo.

-Ya, Merlín.

-En serio Arthur, nunca había visto esa faceta tuya.

-Y nunca la volverás a ver.

-Oh, que aburrido. – murmuró, alegremente.

Nada podría ahora arruinar esa situación, nada podría arruinar su amistad. Ellos eran inseparables.

Siguieron caminando hasta alcanzarlos, pero antes de unirse a ellos con los caballos, Merlín se rio con ganas, mientras que Arthur lo miraba sin comprender.

-Me alegra que hayas vuelto, pero sí sigues haciendo estupideces, volveré a pedirle a Morgana que te borre la memoria.

Merlín paro, y cuando se calmó, lo observó atentamente. Arthur se acercó despacio a él, como si temiera que reaccionara de alguna forma negativa.

Para demostrarle lo contrario, Merlín también dio un paso, y murmurando quedamente, preguntó:

-¿Cómo era lo que me habías dicho aquella noche, antes de marcharme?

El rubio no se inmuto, sólo se limitó a formar una sonrisa maliciosa con sus labios.

-Ya lo sabes.

-Sí, pero quiero que refresques mi memoria. – pidió.

Arthur fijo los ojos en la boca de Merlín, que se había convertido en una leve sonrisa.

Y fijándose que los caballeros no los estuviesen observando, se acercó hasta su oído, donde le susurró tentadoramente:

-Mío. Sólo y eternamente…..mío.

BUENO, BUENO. A VER, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. QUIERO AGRADECERLES A TODOS LOS QUE LA HAN SEGUIDO DESDE EL PRINCIPIO HASTA EL FINAL, QUE NO DEJARON DE MANDARME SUS REVIEWS ALENTADORES Y QUE ME IMPULSARON A TERMINARLA. A TODOS LOS QUE SE HAYAN ENGANCHADO DE AQUI, TAMBIEN GRACIAS.

NO SE OLVIDEN DE SUS REVIEWS, DICIENDO SI LES GUSTO O NO. CUALQUIER COSA QUE QUIERAN PREGUNTAR O ACLARAR, SIN VERGÜENZA. YO SIEMPRE LEO.

¡HASTA EL PRÓXIMO FIC! : )