II.- El talón de Aquiles

Mientras tanto en una cafetería en Londres, se encontraban reunidos dos rubios tratando de temas culinarios. Uno de ellos se llamaba Alfred Jones, el representante de Estados Unidos, el país Nº1 –según él- en todo el mundo, 1.77 cm, rubio, de ojos azul cielo, con una personalidad algo tonta, alegre e inmadura. Mientras que la personalidad de su acompañante era todo lo contrario, un hombre serio, centrado e inteligente, su nombre era Arthur Kirkland, un inglés de 23 años, ojos verde esmeralda y dos centímetros más bajo que el americano.

"I'm telling you dude! La mejor dieta que puedes tener es comer hamburguesas, patatas fritas y una coca cola helada para beber" le decía a Arthur mientras miraba con cara rara a los scones que tenía en el plato, no sabiendo si comerlos o dejarlos.

"Are you mad my dear brother? Francamente no sé cómo no engordas si siempre te veo consumir comida chatarra como esa".

"Don't worry, además creo que esta comida chatarra como tú la llamas, me ha hecho ser más alto que tu, y al menos mi comida es más rica que la tuya" dijo entre dientes el americano con una sonrisa maléfica, haciendo enojar al inglés. "You wanker! Solo te soporto porque eres mi hermano menor".

"Dejando este tema de lado Arthur, vine para hacerte una invitación. As you well know, mi novio canadiense Matthew, tiene familiares en Francia, y sus padres le pidieron que cuide la mansión que tienen en Paris". "Ok, and?"- replicó el inglés-."Pues que, su primo Francis a organizado una fiesta allí y estamos invitados a ir la próxima semana".

"Alfred, sabes perfectamente que no soy mucho de fiestas, además no conozco a nadie".

"Pero me conoces a mí y a Matthew. Come on! no te comportes como un viejo aburrido, antisocial y anticuado"- el americano sabía que Arthur odiaba que lo llamara viejo anticuado, por lo cual el inglés aceptó a regañadientes solo para demostrarle lo contrario a su hermano. Aunque Arthur no tenía nada en contra de la homosexualidad, se preguntaba cómo un hombre con el semblante de Alfred no pudo conseguir liarse con una mujer, pero el respetaba los gustos de su hermano, y al novio fantasma como el inglés llamaba a Matthew, era un buen chico, también guapo, pero muy tímido.

En un dos por tres pasaron los días, Arthur no quería admitirlo, pero estaba algo emocionado por la fiesta, puesto que hace mucho no salía, y quería impresionar a cualquier damisela que fuese a estar presente , así que fue a la mejor tienda londinense y se compró un traje muy elegante.

El día ansiado llegó y Alfred acompañado por Matthew, estaban esperando por él en el aeropuerto de Heathrow para tomar el vuelo a Paris.

En Barcelona otra discusión se llevaba a cabo, esta vez entre Francis y Antonio: "¿Pero tú estás tonto o de que vas tío?"- el español alzó la voz mientras miraba con cólera al avergonzado francés, ya que estaban visitando la Galería Mayoral de arte contemporáneo.

"Mon ami baisse la voix, no me avergüences- dijo Francis mientras suspiraba por el susto-déjame explicarte, los padres de mi primo Matthew nos dejaron a cargo de la mansión en París, y como buen anfitrión y buen amigo, decidí realizar una fiesta invitando a amigos de él y varios amigos míos".

"Si joder, eso lo entiendo perfectamente, lo que no entiendo es por qué cojones decidiste invitar a Lovino y a Feliciano? Es que se te fue la olla? acaso no eres mi colega, o es que no quieres que vaya a esa fiesta" dijo un poco indignado por la noticia.

"No es eso Antonio, todo lo contrario, piensa un poco -mientras invadía el espacio personal del español, acercándose sutilmente a su oído y susurrando de una manera muy tentativa- Se supone que tu ya superaste a Lovino, no crees que una buena manera de demostrarlo sería enfrentarlo y restregarle en la cara que ya lo olvidaste? Tengo amigos y amigas que podrían estar interesados en ti, y podrías enrollarte con alguien allí".

La idea no era para nada mala, además Antonio tenía que saber de una vez por todas que ya había renunciado al italiano para siempre, además el tono en que lo dijo el francés lo animó, sobre todo cuando dijo que tenía amigos que estaban interesados en él-"Vale Francis, acepto ir a tu fiesta, pero cabroncete por mas cariñoso que seas aléjate de mi" –lo empujó con el codo, haciendo retroceder al francés, ya que sintió escalofríos teniéndolo allí atrás.