Capitulo 2: Despertando
- Señor Yamanaka. Es un placer volver a verle. – Dijo una de las profesoras de la academia ninja apretando la mano del actual líder del clan.
- Gracias. Está es mi hija. Se llama Ino. – Inoichi levantó un brazo. Una pequeña Ino de cinco años de edad se mantenía escondida y agarrada al pantalón de su padre. Tenía el pelo corto y vestía un vestido de una sola pieza de color naranja, sin mangas y con el cuello blanco. – Ino, ella será tu profesora a partir de ahora. Debes hacer todo lo que ella te diga. ¿Entendido?
La pequeña inclino la cabeza con nerviosismo. La profesora, una mujer de veintinueve años con el traje de Chunnin, pelo corto, negro y unas grandes gafas redondas que agrandaban sus ojos se inclinó hacia la niña sonriéndola de manera cariñosa.
- Me llamo Anri. Te pareces mucho a tu padre. Seguro que tienes tanto talento como él.
- Los hijos de mis compañeros de equipo también empiezan este curso. – Inoichi echó un rápido vistazo por el aula encontrándolos.
Choza Akimichi con su pequeño hijo sentado en una mesa y Shikaku Nara que parecía hablarle a su hijo para que se mantuviera despierto en la mesa de al lado del joven Akimichi. Inoichi sonrió al verlos desde la entrada del aula pero también le sorprendió ver al hijo menor de Fugaku, Sasuke Uchiha, en compañía de su hermano mayor Itachi, llamando la atención de varios padres y niños curiosos. Los dos parecían ignorar aquellas miradas y hablaban animadamente. Parecía que el mayor estaba dándole consejos al pequeño.
Sus ojos continuaron mirando a los allí presentes y también vio a otra sorpresa. La hija del líder del clan Hyuga, Hinata, también estaba allí. Le acompañaba una joven vestida con un kimono blanco que también tenía los ojos blancos y una cinta alrededor de la cabeza.
- "¿Una Hyuga de la rama secundaria? Posiblemente."
La pequeña parecía encogerse sentada en su silla y más cuando otros niños de la clase se acercaban a ella para hablarle o mirarle a aquellos ojos tan curiosos que tanto llamaba la atención del clan Hyuga.
Tsume Inuzuka, la líder del clan Inuzuka, también estaba allí con su hijo pequeño. Hablaba animadamente con un hombre de aspecto muy serio y con gafas de sol: Shibi Aburame. A su lado y con un aspecto similar a su padre, su hijo Shino escuchaba algo que Kiba Inuzuka le estaba contando.
Inoichi sonrió una vez más volviendo a mirar a la profesora. Ese año parecía que iba a comenzar una generación muy prometedora de shinobis. Ino miró con sorpresa aquel lugar. Los niños que había, como corrían por el lugar y reían divertidos mientras se conocían y jugaban. Para su sorpresa, una chica de cabellera rosada muy parecida a la de la mujer que le acompañaba, la saludó con un gesto de mano y una sonrisa e Ino no pudo más que devolver el saludo sonriendo. Aquel lugar parecía divertido y sin darse cuenta ya había soltado los pantalones de su padre. El miedo ya había desaparecido.
- Este año estará lleno de talentos por lo que veo. – Dijo Inoichi.
- Si… más o menos. – Anri hecho una desagradable mirada hacia uno de los pupitres de la clase.
- ¡Ese es…! - Inoichi habló con sorpresa al ver también a aquel niño.
Ino miró a su padre y siguió su vista hasta ver a un niño bastante raquítico, delgado y con una camiseta blanca manchada. Era rubio y con el pelo de punta pero lo que más captó su atención era que estaba completamente solo. Como si se hubiese formado un vacio a su alrededor cuyas mesas no estaban ocupadas. No había otros niños con él ni tampoco ningún adulto o alguien que le hiciese compañía. Era como si estuviese aparte en medio de aquel ajetreo y su cara… reflejaba tristeza. No supo porque pero le fue imposible apartar la mirada de aquel niño.
- El Hokage en persona lo ha inscrito y la escuela no ha podido negarse a una petición así. Supongo… que era inevitable. – Esto último lo dijo soltando un gran suspiro y metiéndose en el aula rumbo a su mesa, delante del gran pizarrón.
- Ven Ino. Vamos a buscarte un asiento. – Dijo su padre adentrándose en las filas de mesas y sillas que componían el aula.
Fue en dirección a donde estaban sus compañeros de equipo, esperanzado de poder sentar a su hija con los hijos de Shikaku y Choza.
- ¿Quién es ese niño? – Preguntó Ino sin poder apartar la mirada de él. Había algo que le llamaba tremendamente la atención y no sabía por qué.
Inoichi se detuvo y la miró con cierta lastima. Dio media vuelta y se inclinó hacia su hija colocando sus manos delicadamente en sus brazos.
- Escúchame atentamente, Ino. No debes acercarte a ese niño. Debes mantenerte alejada de él en todo momento. – Le dijo muy seriamente. - ¿Entendido?
Ino tragó saliva y asintió. Si su padre lo decía de ese modo es que ese niño era alguien que debía de dar mucho miedo.
Su padre la sentó en una mesa, al lado de Shikamaru y dos mesas por delante de donde estaba aquel niño. Pasados unos minutos, los tres padres comenzaron a hablar entre ellos animadamente. Los hijos se saludaron pero Shikamaru se había acabado durmiendo y Chouji miraba en todas direcciones nervioso sin saber cómo debía actuar o comportarse. Ino volvió a girarse para ver a aquel niño solitario. De nuevo no podía apartar la mirada de él. A diferencia del resto de los niños, lo que su cara representaba era miedo. Si, aquel niño rubio estaba asustado y aterrado. ¿Por qué?
Cuando se percató de que le estaban mirando el niño giró su rostro hacia Ino. Lejos de asustarse o apartar la mirada, ella siguió observándolo con curiosidad. Allí vio por primera vez los ojos azules del niño que le devolvía la mirada. ¿Quién era ese niño? Su curiosidad empezaba a florecer.
Podía escuchar el sonido del agua… si, parecía el sonido de un pequeño riachuelo. El sonido de las hojas mecidas por el viento. El sonido de su respiración. Abrió los ojos lentamente y con pesadez llevándose una mano hacia la cabeza.
- "¿Un sueño?" – Pensó apretándose la mano contra su cabeza. Parecía que acabaran de sacarle un clavo de ella.
Pasado un tiempo en que el dolor de cabeza era más llevadero, comenzó a moverse con lentitud apoyando sus manos en la tierra húmeda. Soltó un pequeño gemido de dolor al notar de nuevo el corte de su hombro. Intentó mover los pies para poder sentarse y esta vez no pudo ahogar un grito de dolor. Se miró la pierna derecha. La herida que le produjo el kunai en su huida. Era profunda y sangraba.
- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?
Poco a poco su mente fue recordando lo ocurrido. Se echó un rápido vistazo por encima. Sus ropas estaban completamente destrozadas. La camisa solo era un trozo de tela negra sin mangas y la camisa de redecillas estaba casi en el mismo estado. Las vendas que cubrían sus pechos se mantenían pero estaban ennegrecidas y deshilachadas. El pantalón también había visto tiempos mejores. Una de las piernas, la derecha estaba expuesta de rodilla para abajo. Las sandalias que iban con aquel uniforme habían desaparecido.
De sus heridas la más importante parecía ser la de la pierna seguida de la del hombro. Por lo demás solo eran raspones, arañazos y algún que otro golpe que le dejaría algún moretón que le duraría mucho tiempo. Eso mas el molesto dolor de cabeza y una ligera molestia en los oídos.
Cogió aire y realizó un sello con su mano derecha. Esta comenzó a brillar con un tono verdoso. Podría darse los primeros auxilios con la técnica de curación básica. Tanto ese corte como la herida del hombro parecían no haber tocado nada serio. ¿Había sobrevivido a aquella huida y a aquella explosión sin más daños? Menudo milagro.
- ¿Explosión? – Se preguntó recordando los kunais a su alrededor y miró hacia arriba de nuevo, esta vez sí prestándole mayor atención al lugar donde se encontraba. - ¿Hemos… caído?
No podía ver nada salvo un montón de arboles y una especie de niebla a nivel de las ramas y las hojas. Como una espesa capa de nubes que se mantenía a aquella altura. Bajó su vista y vio lo que parecía ser un pequeño riachuelo cerca de sus pies. Estaba en la orilla de dicho rio y el suelo estaba cubierto de hojas secas y caídas… pero también había tres árboles cortados, tumbados no muy lejos de donde se encontraba.
- "Un segundo… ¿hemos?"
Aquella palabra la hizo reaccionar. Recordó a Naruto, haciéndole de escudo frente a aquella lluvia de armas arrojadizas. Naruto. ¿Dónde estaba Naruto?
- ¿Naruto? – Llamó deteniendo la técnica de curación, levantándose del suelo y dando un paso hacia el riachuelo. - ¡Naruto!
Intentó dar otro paso y el dolor de la pierna la hizo caer de rodillas al agua.
- "Trata la herida primero." – Se gritaba a si misma mentalmente y era lo lógico pero no podía hacerlo. - ¡Naruto!
Volvió a levantarse haciendo caso omiso del dolor y camino torpe y lentamente hasta apoyarse en uno de los árboles caídos.
El silencio por respuesta no hacía más que ponerla nerviosa. La misión había sido un desastre desde el comienzo. Todo había salido mal. Estaba pérdida y sola y no sabía dónde. Para rematar… si Naruto había muerto… por protegerla a ella…
- "No pienses en eso… ¡Búscalo!"
Se contradecía ella misma. Sabía que la herida en la pierna le impedía moverse con libertad pero ahora su prioridad era otra. Cuando iba a prepararse para separarse del tronco caído sus ojos vieron algo que no hizo más que aumentar su miedo. Tres cortes en la corteza del árbol, como de garras. Habían dejado un surco profundo en la madera casi desde el lugar donde había sido arrancado.
Aquello no la tranquilizo. Estaba en un bosque, sola con Naruto desaparecido y al parecer había alguna bestia enorme lo suficientemente fuerte como para arrancar un árbol de un zarpazo. Tragó saliva y siguió caminando hasta llegar a unas rocas que había más adelante, siguiendo el curso del riachuelo. Sobresalían de la tierra y eran el saliente de una pequeña pendiente inclinada donde el agua descendía a un nivel inferior.
- ¡Naruto! – Volvió a gritar cada vez más nerviosa y asustada.
Se obligó a si misma a calmarse durante los siguientes minutos. Tras eso, cogió una bocanada de aire, cerró los ojos y juntó sus manos. Intentó notar la presencia de Naruto. No lograba centrarse bien y tampoco conseguía notar nada a su alrededor. Apretó los dientes y cerró con más fuerza sus ojos obligándose a sí misma a calmarse.
- ¡Vamos! ¿Dónde está? – Se preguntó en voz baja y relajando su rostro. Cogió aire y lo soltó lentamente.
Ser sensor no era realmente su especialidad pero había trabajado duramente para entrenar esa habilidad hereditaria. Podía sentir y ver las presencias de las personas relacionándolas con tonalidades de colores estando cerca de ellas. Pero tenía un alcance y si Naruto estaba más allá de su alcance... o muerto…
Se sorprendió al sentir por un segundo algo más allá del rio. Algo débil, siguiendo el curso del rio a unos metros de distancia. Fue lo único que sus nervios le permitieron sentir en ese momento pero fue más que suficiente para indicarle una posición.
- ¡Bajando la pendiente! – Se dijo ella misma abriendo los ojos y acercándose hasta el borde de aquellas rocas.
- ¡Naruto Uzumaki! ¡¿Es que no puedes hacer nada como es debido?!
Un Naruto de seis años de edad agachó la mirada con claros signos de echarse a llorar en cualquier momento. Los demás niños de la clase lo miraban y algunos incluso se reían de él. La profesora estaba delante de su mesa, con una mano apoyada en ella y con cara de pocos amigos.
- ¡Es uno de los ejercicios principales de este curso! ¡Llevamos dándolo desde el primer trimestre y aun eres incapaz de hacerlo correctamente! ¡Nos haces perder el tiempo!
- Es un inútil. – Dijo uno de los niños en voz baja pero lo suficientemente alta para que Naruto le oyera.
- En cualquier momento se echara a llorar. ¿Qué te apuestas? – Dijo otro que se sentaba delante del primero.
- ¿El almuerzo?
- ¡Vale!
Naruto apartó la mirada de la mesa y de la hoja de ejercicios que la profesora le había dado a primera hora. Con la mirada agachada echó un vistazo al resto de la clase. Todos lo miraban como un bicho raro y otros tantos se reían de él. Sus ojos fueron a parar a una chica rubia, con el pelo corto y de ojos verdes.
Cuando la vio alzó un poco su cara y abrió su boca. La niña le miraba pero no lo hacía como el resto. Ella mostraba otra expresión que Naruto no pudo descifrar en ese momento. La chica rápidamente apartó la mirada de él y se giró hacia el otro extremo de la clase.
- ¡¿Me estas escuchando, inútil?! – Bramó la profesora Anri golpeando de nuevo la mesa de Naruto. – Hoy no saldrás hasta que consigas realizar los sellos de al menos uno de los ejercicios de esta hoja.
Y así llegó la hora del patio o comúnmente conocida como la hora del almuerzo. Todos se apresuraron a salir al exterior pero Naruto, obligado por la profesora, se quedó en el aula realizando los ejercicios de la hoja que tenia encima de su mesa.
- Volveré cuando finalice la hora de descanso. Hasta entonces no tienes permiso para salir ni para almorzar hasta que hayas conseguido hacer, al menos, uno de ellos en condiciones. ¿Está claro?
Naruto asintió ocultando sus ojos por su flequillo. Cuando escuchó la puerta cerrarse, se puso de pie y comenzó a hacer los ejercicios siguiendo las indicaciones de la hoja. Los ejercicios trataban sobre la primera fase de las técnicas básicas comunes: los sellos.
La hoja explicaba cómo se realizaban los sellos y las secuencias junto a la velocidad a la que se debían realizar. La colocación de los dedos no era el problema pero la secuencia al realizarlos era otra cosa. Siempre se liaba y acababa tardando mucho en hacerlos o los nervios le jugaban una mala pasada haciéndole fallar. Una vez, dos, tres y siempre fallaba haciendo que se rompiera la secuencia.
Varias lágrimas comenzaron a caer en la hoja. Ya había pasado un año y nada cambiaba nunca. ¿Por qué siempre era él quien no tenía compañero para practicar? ¿Por qué siempre estaba solo? ¿Por qué solo le humillaban a él? No era justo.
Volvió a escuchar la puerta de la clase abriéndose y se asustó al pensar que era de nuevo la maestra Anri. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano con rapidez. Al alzar sus ojos temerosos vio que se trataba de aquella misma niña que le miraba con… ¿Lastima? ¿Preocupación? ¿Miedo? No supo descifrarlo muy bien pero más se sorprendió al verla caminar hacia él lentamente.
- Tienes que hacer el sello del pájaro antes que el del jabalí. – Le dijo la niña en voz baja.
Naruto no dijo nada. Solamente dio un paso hacia atrás sin saber que decir o como actuar. La chica miró hacia la puerta del aula, que terminaba de cerrarse, y volvió a mirar a Naruto con una mirada decidida. Juntó sus manos y las levantó hacia Naruto para enseñárselas. Este las miró sin saber que se proponía y acto seguido, aquella niña comenzó a hacer la secuencia de sellos lentamente.
- ¿Ves? No es tan difícil. Prueba tú.
Naruto pestañeo y lentamente imitó los movimientos de las manos de aquella chica. Ella volvió a hacerlo despacio, asegurándose de que Naruto la veía hacerlo. Él fue imitando sus movimientos poco a poco hasta que sus manos consiguieron realizar los sellos de la hoja. Sonrió al ver que por fin uno de los ejercicios le salía a la perfección, sin tener que repetir nada y lo volvió a hacer una y otra vez hasta que consiguió hacerlo con rapidez y sin ver las manos de la chica.
La niña sonrió y agachó sus manos mientras veía a Naruto realizar los sellos, ahora sí, a la perfección.
- ¡Lo he conseguido! ¡Me salen! – Gritó emocionado y después miró a la chica. Ella también sonreía y por alguna razón, Naruto volvió a sentirse incomodo pero… a la vez, se sentía agradecido y contento. – Gra… gracias…
- De nada. – Contestó la chica sonriendo y dándose la vuelta para volver a salir del aula con rapidez, pero se detuvo unos segundos antes de salir del aula para girarse nuevamente hacia Naruto. – Buena suerte.
Naruto miró la puerta del aula cerrarse pero no apartó la vista de ella. Aquella chica… si no recordaba mal… se llamaba…
- ¿Ino? - Murmuró Naruto abriendo un poco sus ojos.
Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza al sentir de nuevo su propio cuerpo. Le dolía horrores.
- "¿Qué ha pasado? ¿Era un sueño?" – Pensó intentaba que una de sus manos fuese hacia su cabeza. Le dolía como si le hubiesen clavado un tornillo o algo en ella.
Noto como su mano era tomada por otra y otra ejercía una leve presión en su pecho. Pasado un tiempo en que el dolor de cabeza bajo de intensidad abrió lentamente sus ojos. Lo primero que vio fue a Ino sonriendo y suspirando aliviada mientras separaba su mano del pecho de Naruto.
- ¿Ino? – Preguntó intentando incorporarse pero un fuerte dolor le hizo apretar los dientes con más fuerza que la vez anterior y detenerse a mitad de camino.
- No te muevas, espera.
Ino colocó un brazo en la cintura de Naruto y lo levantó poco a poco hasta dejarlo sentado en la tierra.
- Dios… por un momento me asustaste…
- ¿Qué… que ha pasado? – Preguntó con los ojos cerrados.
- La explosión, ¿recuerdas? – Le dijo Ino y Naruto abrió un poco sus ojos, recordándolo. Finalmente asintió con lentitud. – Creo que hemos caído por el acantilado.
Naruto asintió sin decir ni abrir los ojos. Sentía pinchazos por todo el cuerpo con el más leve movimiento que hacía. Notó los movimientos de Ino a su alrededor y abrió los ojos para mirarla pero estos se pusieron en el destrozado paraje que había a unos metros de distancia. Árboles cortados o arrancados y un ligero flashback le provocó un pinchazo en la cabeza obligándole a alzar una mano torpemente hacia su frente.
- "Otra vez…"
Ino comenzó a examinarlo quedándose sorprendida. Tenía los brazos en piel viva, completamente roja y con trozos negros de piel desprendidos y quemados.
- "¿Fue por la explosión?" – Se preguntó bajando la mirada por el resto del cuerpo de Naruto.
El traje negro había visto tiempos mejores. No quedaba nada de la parte de arriba del traje salvo una destrozada camiseta de redecillas. Sus pantalones estaban en peor estado. No eran más que tiras negras desgarradas. Sus heridas… Ino tragó saliva al examinarlo. Numerosos golpes y la gran cantidad de piel quemada que parecía tener por todo el cuerpo. Pero no fue hasta que le reviso la espalda que sus ojos se abrieron de par en par al igual que su boca.
Estaba completamente quemada, ennegrecida y manchada de sangre. Algunas hojas de los arboles que había en el suelo se le habían pegado. Ino abrió la boca sin decir nada mientras las quitaba con sumo cuidado. Ella apenas había salido lastimada de aquella explosión y de la caída pero… Naruto… ¿había recibido la explosión por protegerla? ¿Por eso estaba así? Pero de ser así… Naruto debería de estar mucho peor... por no decir muerto, ¿no?
- Tienes la espalda completamente quemada. Puedo calmarte un poco el dolor y limpiarla pero necesitaras tratamiento o podrías empeorar si se te infecta.
- ¿Quemada? – Preguntó el girándose un poco para verla.
Ino asintió mientras ambas manos suyas se colocaban en la espalda de Naruto sin llegar a tocarla. Ambas con aquel brillo verde en ellas. Para Naruto fue como colocar una toalla fría en su espalda. Arqueo la espalda por completo al sentir el frio chakra curativo y apretó los dientes aguantándose el dolor que le producía el más leve movimiento.
- Que daño… - Murmuro en voz baja.
- Aquella explosión podría haberte matado… bueno, nos podría haber matado a los dos. No parece que tengas nada roto ni ninguna herida interna. Tienes mucha suerte. – Dijo Ino concentrándose en su tarea pero su entrecejo se arrugó un poco al sentir un extraño calor emanar del cuerpo de Naruto.
Sorprendida podía notar también el chakra de Naruto. En la escala de colores que los de su clan utilizaban, Ino descubrió hacía años que Naruto era de color azul pero… notaba algo raro en él ahora. Como si hubiese un color dentro del propio azul que parecía crecer. No... mas bien parecía... ¿que intentaba salir? Intentó concentrarse más para poder identificarlo pero Naruto se revolvió incomodo separándose del contacto con Ino.
- Suerte… quizás… - Dijo mientras intentaba levantarse ignorando sus dolores.
Cuando Ino le vio ya era tarde. Naruto había logrado ponerse de pie pero sus rodillas le fallaron y casi volvió a caer al suelo.
- ¡Idiota! ¿No ves que estás muy mal? – Le dijo la rubia atrapándolo antes de que cayera y haciéndole de soporte.
- ¿Tu estas bien? – Preguntó mirándola de reojo, casi con nerviosismo. - ¿No te sientes mal ni tienes ninguna herida grave? ¿Algo… extraño?
- ¿Qué? – Preguntó Ino sorprendida.
Los ojos de Naruto la miraron con preocupación y casi podía jurar que con pánico. Ino negó finalmente con la cabeza.
- Estoy bien... un par de cortes que necesitare tratar de vez en cuando pero… nada serio pero tú estás…
- Menos mal… no volvió a pasar. - Murmuró Naruto aliviado e Ino le miró sin saber a qué se refería. - Debemos buscar un lugar seguro, donde poder descansar… Es posible que manden a algún equipo de búsqueda para cerciorarse de que estemos muertos.
Ino se sorprendió por aquello. No se le había ocurrido.
- Quizás… deberías regresar a Konoha tu sola si puedes moverte.
- ¿Qué quieres decir?
Esté mantenía la vista fijada en el suelo, sin ver nada realmente.
- Ahora mismo no puedo moverme bien… estoy herido y solo seré una carga… si tu estas bien y puedes moverte deberías regresar cuanto antes y buscar…
- ¡¿Tu eres idiota o que te pasa?!
Naruto fijo sus ojos en los verdes de Ino. Está le fulminaba con la mirada, enfadada.
- ¡No pienso dejarte solo y menos en tu estado! ¡¿Por quién me has tomado?! ¡Aparte de la líder de este equipo soy médica así que a callar y obedecer! ¡¿Entendido?!
Ino obligó a Naruto a pasarle un brazo por detrás de su cuello. Lo apretó con fuerza con su mano izquierda, haciendo caso omiso al dolor de su hombro. Su mano derecha se agarró a la cintura de Naruto y lo levantó con fuerza ignorando el dolor de su pierna derecha al ejercer fuerza convirtiéndose en su soporte.
Naruto se dejo hacer sin decir ni una sola palabra y sin poder apartar la mirada de Ino. Durante unos segundos, Naruto había tenido la extraña sensación de haber vivido ya una escena como esa con Ino pero, ¿cuándo…?
Una imagen de una Ino Yamanaka más joven pasó fugazmente por su mente pero tan pronto pareció recordarlo lo volvió a olvidar. ¿Qué había sido eso?
Apartó la mirada y acabó suspirando, dejando de lado esos pensamientos. Ya tenía bastantes cosas en la cabeza.
- ¿Es que nunca me vas a hacer caso en nada?
- Cállate y pon un poco de tu parte por una vez. – Dijo la rubia con los dientes apretados.
Naruto emitió un sonido de molestia en los labios y apoyó como pudo los pies para ayudar a Ino.
- Ni ganas tengo de discutir ya contigo… Haz lo que quieras… - Dijo Naruto dando un paso hacia adelante. Se sentía mareado pero ahora tenía el apoyo de Ino.
- Mejor… yo tampoco tengo ganas de discutir ahora mismo...
