Capitulo 3: Refugio
- "He tenido que recurrir a él de nuevo." – Pensaba Naruto mirando sus brazos.
La piel enrojecida y quemada disminuía con lentitud. De nuevo el poder del Kyubi demostraba su capacidad regenerativa pero, como le pasaba siempre que perdía el control, no iba tan rápido como de costumbre.
- "Utiliza tu propio poder." – Las palabras dichas por Yamato tras despertar de su lucha contra Orochimaru volvían a repetirse en su mente. – "Si hubiese confiado solamente en mi poder… no hubiésemos salido de allí."
Y es que era gracias al poder del zorro que había sobrevivido a la explosión y a la caída. Sin mencionar que fue él quien provocó el derrumbamiento de tierra para poder escapar usando el chakra del zorro. Con él rodeándole y protegiendo a Ino, recibió todo el impacto de las explosiones y de la caída. También porque era el único modo de escapar definitivamente de sus perseguidores y proteger a la chica. No podía hacer nada más sin su propio chakra pero, como ya ocurrió meses atrás, volvió a perder el control de él.
La herida que le hizo a Sakura en el brazo apareció fugazmente en su mente.
- "Esta vez no paso nada mas."
Con resignación y cansancio se dejó caer apoyando su cabeza en la fría roca del refugio. No llegaba a ser una cueva pues solo eran unas cuantas rocas que sobresalían de la tierra en una pendiente formando un pequeño recoveco entre ellas pero era lo bastante amplio para que pudiesen entrar los dos y no estaba muy alejado del rio.
Tras caminar un tiempo que a Naruto le parecieron horas, fue lo único que pudieron encontrar. Más que suficiente hasta recuperarse pero… ¿Cómo le explicaría a Ino su rápida recuperación sin hacer mención al Kyubi? Supuestamente ella aun no sabía nada de su secreto y estaba seguro de que ya se había dado cuenta de algo. La piel en sus brazos casi volvía a ser completamente normal y las zonas quemadas disminuían. Ino no era tonta y estaba convencido de que se había dado cuenta.
- "Quizás le dé más asco de lo que normalmente le doy."
Naruto abrió los ojos pensando realmente en aquella opción. Así quizás la chica volvería rauda y veloz a territorio de Konoha y estaría a salvo pero…
- "Joder… es Ino… como si me importase lo que pensara de mi… de hecho ya lo sé. Me detesta."
Pero hablarle de lo del Kyubi era demasiado delicado. Aun podía ver los ojos de Sakura al hablarle, al tratarle… y al mirarle. Lo intentaba aparentar pero se podía ver el miedo en sus ojos. Miedo y lastima hacia él y eso era lo que no quería pero… ¿Qué se podía hacer? Él, convertido en un monstruo la atacó con intención de matarla. Era lógico que le tuviese miedo.
Naruto apartó esos pensamientos negando con fuerza y cerrando sus ojos. No… no le importaba lo que pensara Ino. Tenía que llevarla de regreso a Konoha y después todo volvería a la normalidad. Promesa cumplida. Él regresaría a su departamento, completamente solo y ella con su familia y su perfecta vida sin sobresaltos… pero la rubia no le dejaría ahí para regresar ella sola. Eso sería una mancha en su perfecto, o casi, historial de misiones.
- "Solo hasta mañana." – Se dijo mirando sus brazos.
Si, mañana estaría totalmente recuperado y podrían salir de ahí los dos sin más sobresaltos.
- Que desastre… - Se dijo a si misma mientras llenaba sus manos de agua.
Con rapidez las llevó hasta su cara empapándose con el agua fría del riachuelo. Se puso de pie y notó una punzada en su pierna. Había logrado cerrar la herida casi por completo pero debería revisarla de vez en cuando. Era la única herida seria, a parte de la del hombro, y seguro que ambas dejarían una buena cicatriz en su blanca piel.
Pensó en todo lo que había ocurrido. Siempre había logrado realizar sus misiones casi con total perfección. Incluso cuando había tocado luchar estaba más que preparada para ello por lo que nunca la pillaban desprevenida. Pero con Naruto siempre era diferente. Con Naruto no se podía planificar nada. Con él las misiones se volvían impredecibles, como la personalidad del rubio, y en todas ellas fracasaba.
- La misión más importante de todas hasta la fecha... y ha sido un desastre.
Estaba abatida por el fracaso de la misión pero enseguida negó con la cabeza y cambio sus pensamientos. No podía… no debía… no esta vez. No podía culpar a Naruto. Esta vez no había sido culpa suya. Es más, de no ser por él no estaría ahí.
- Naruto. – Dijo en voz baja y después elevó su rostro hacia el cielo. - ¿Cuándo se volvió tan fuerte?
Ella siempre había tenido la imagen del inútil y perdedor Naruto en su cabeza. Alguien que no sabía sincronizarse bien ni con sus propios clones y que no podía, o no quería, seguir las ordenes. Pero durante la persecución había visto a un Naruto muy diferente. Coordinaba a la perfección a sus clones realizando técnicas conjuntas. Técnicas que la habían sorprendido, como el Rasengan, por su nivel. Su Taijutsu había mejorado considerablemente y aunque no quisiera admitirlo… la había protegido a costa de su vida.
Según supo tiempo después de su partida, Naruto se fue de la aldea junto con Jiraiya. Cómo, cuándo y por qué Jiraiya, uno de los tres grandes Sannins de Konoha se había interesado en Naruto era un misterio para ella pero… todo en Naruto estaba resultando ser un gran misterio.
Primero estaba el asunto del chakra. Ino Yamanaka jamás había visto a un ser humano con dos tipos diferentes de chakra y estaba convencida de que era eso lo que había notado en él mientras lo ayudaba a caminar. Como las anteriores veces que lo había analizado, el chakra de Naruto era de color azul pero muy en su interior podía percibir levemente otro tipo diferente de chakra. Esté era de color rojo y el azul de Naruto parecía rodearle formando una especia de prisión. Algo que no había visto nunca.
- "Sin mencionar sus heridas."
Otra de las anormalidades que había notado en Naruto. Su piel quemada parecía ir regenerándose a un ritmo muy rápido y su cuerpo desprendía una temperatura elevada, pero no se trataba de fiebre o de infección. Había aprendido lo básico en medicina ninja para saber cuando algo era normal o no y la recuperación que estaba mostrando Naruto, pese a parecer beneficiosa para él, no lo era.
Solo los mejores ninjas médicos conocían técnicas regenerativas de tal nivel pero Naruto no tenía ni los conocimientos ni la habilidad para llevarlas a cabo. Su control del chakra era nefasto para intentar siquiera realizar alguna de ellas.
- "Hay algo raro en él." – Se dijo mentalmente mientras giraba su rostro hacia el refugio con mirada decidida. – "Y voy a averiguar que es."
Pasos en el exterior y Naruto abrió sus ojos para ver como Ino regresaba y traía consigo una gran hoja verde abombada y otras dos cortadas. La abombada casi parecía un saquito verde y en su interior había agua.
- Toma. – Dijo la rubia tendiéndole aquella hoja. – Bebe un poco.
- ¿Qué es…? – Preguntó curioso al ver el recipiente donde la traía.
- Es una hoja de árbol Ginkgo. – Explicó la rubia alzando una de las grandes hojas cortadas con su mano. – Sus hojas son resistentes pero fáciles de manipular y de dar forma.
- "Es cierto… ella también trabaja con plantas." – Recordó Naruto cogiéndola y bebiendo un poco.
Cuando terminó se la devolvió a Ino. Ella la depositó en el suelo y se sentó al lado de Naruto. Se mojó ambas manos lavándoselas mientras Naruto la observaba notando algo diferente en ella. Las manchas de suciedad en la cara de la chica habían desaparecido así como en los brazos y en la pierna expuesta de la joven… dándose cuenta por fin del estado en el que se encontraba el traje de la chica.
Podía ver las vendas, algo húmedas y aflojadas, que cubrían los senos de la muchacha. La tela negra y la camisa de redecilla apenas cubrían algo de cintura para arriba y dejaba gran parte de su piel al descubierto. Piel que estaba mojada pues aun podía ver algunas gotas de agua resbalarle por el cuello, los brazos y casi por cualquier zona donde su piel estaba al descubierto.
- "Debe de haberse lavado en el rio." – Pensó embobado, mirándola con la boca abierta.
Sus ojos recorrían toda la anatomía de la chica como si estuviera hipnotizado. Mentiría si alguna vez pensó que Ino no era guapa. Lo era y mucho y seguía siendo a día de hoy una de las kunoichis más populares de Konoha, pero esta era la primera vez que él mismo se daba cuenta de hasta dónde. Sus ojos se pusieron en el rostro de la joven que parecía muy concentrada en hacer algo con las hojas cortadas.
No sabía si era por haberse lavado pero en aquel momento a Naruto le pareció que su rostro brillaba. Realmente debía darle la razón a todos aquellos que decían que Ino era una chica preciosa.
- "La verdad es que… cuando no pone esa cara de ogro…"
- Date la vuelta.
Naruto tardó unos segundos en entender lo que le había dicho la chica. Se había quedado como tonto mirándola.
- ¿Cómo?
- Que te muevas y te des la vuelta. – Le dijo cogiendo una de las hojas con una mano. Era grande y parecía haber una pasta amarilla cubriéndola. – Esto te calmara y ayudara a la quemazón de la espalda. De paso te lavare las heridas y te quitare la suciedad mientras te reviso de nuevo para asegurarnos de que todo está bien.
- No hace falta. – Respondió el algo nervioso y alzando un poco sus manos. – En serio, estoy bien.
- ¿Quién es la única que recibió entrenamiento medico? – Preguntó ella con seriedad y estrechando sus ojos.
- Tu… pero…
- Y por rango, ¿quién es la que manda en este equipo de dos?
- Tu… - Respondió de nuevo pero esta vez como si algo le hubiese atravesado el pecho y herido en su orgullo.
- ¡Pues a callar y a obedecer, Gennin de pacotilla!
Tras unos segundos Naruto suspiró. Ahí estaba de nuevo el ogro que él siempre tenía en mente al pensar en Ino Yamanaka, recordándole su lugar… o su rango más bien.
- Mandona… - Susurró en voz baja mientras se arrastraba para darle la espalda.
- Deberías estarme muy agradecido por esto, idiota. – Le dijo mientras le cortaba lo poco que quedaba de la camiseta de redecillas a Naruto y la dejaba caer a tierra.
Volvió a mojar de nuevo su mano con el agua de la bolsita y al sacarla el brillo verde la rodeaba de nuevo. Con sumo cuidado procedió a lavarle la espalda a Naruto, cerca de las zonas quemadas.
- Espero que no se te ocurra decirle esto a nadie cuando regresemos. – Le dijo muy seriamente la rubia a Naruto.
- Descuida… no manchare tu magnifica reputación diciéndoles que me lavaste como a un abuelo en un geriátrico.
Ino se detuvó, cogió la hoja con aquella pasta amarilla echa por ella misma y la puso encima de la zona quemada de la espalda haciendo que Naruto se arqueara y lanzara un lastimado quejido.
- ¡Esta fría!
- Esto evitara infecciones así que no te quejes. Tuve que recoger varias plantas de la zona para hacerla.
Ino miró más concienzudamente los hombros y las zonas quemadas del cuerpo de Naruto. Habían disminuido bastante. Es más… su piel volvía a ser casi normal. Alzó sus ojos para mirarle el rostro. Mantenía los dientes apretados y los ojos cerrados junto a una mueca de dolor.
- ¿Aun te duele al moverte?
- Es como si mil agujas se clavaran por todo mi cuerpo.
Ino se colocó esta vez delante de Naruto y volvió a mojarse ambas manos. Colocó la otra hoja con aquella pasta amarilla a su lado y junto a aquel brillo verde comenzó a restregársela por las zonas quemadas más pequeñas que quedaban por el resto del cuerpo. Pasado un tiempo, Naruto sintió su cuerpo relajarse y el dolor desaparecer.
Ino entonces comenzó a quitarle las manchas, el barro y la suciedad que tenía por el cuerpo a la vez que lo revisaba más concienzudamente y trataba el resto de heridas. Varios moratones pequeños, cortes superficiales ya cerrados y poco más. Naruto no tenía nada serio.
Poco a poco, Ino dejaba al descubierto el torso de Naruto y pasados unos minutos, tragó saliva sonoramente. Sus ojos se agrandaron a la vez que sus movimientos se volvían más y más lentos. Ino ya no estaba examinándole las heridas o analizando el extraño chakra que sintió en él. Ahora examinaba otra cosa.
- "Joder… ¡Menudo cuerpazo que se gasta el idiota!" – Se dijo a si misma mentalmente algo sonrojada mirándole de arriba a abajo.
Era un cuerpo muy bien trabajado, todo había que decirlo. No aparentaba tener ese físico con las ropas con las que se solía vestir pero, la verdad es que no estaba para nada mal. Sus músculos estaban muy bien marcados pero sin excederse. Ya no parecía ese fideo con patas que era años atrás.
Desvió sus ojos por piernas, brazos hasta volver al torso, cediendo a un leve impulso de analizarle mejor visualmente.
- "Para nada mal." – Se dijo mentalmente subiendo su vista desde los abdominales hacia la cara del rubio.
Naruto había cerrado los ojos y un leve rubor cubría sus mejillas. Parecía incomodo. Se quedó unos segundos mirándole el rostro, también con alguna mancha negra en él. Le miró durante unos segundos dándose cuenta de que realmente había cambiado. Ya no tenía aquella cara redondeada. Sus rasgos estaban más marcados. Más maduro por así decirlo… y esta era la primera vez que se daba cuenta. Que se fijaba realmente en él. Siguió las finas marcas de bigotes de gato que siempre le habían caracterizado. Por algún extraño motivo nació una necesidad en su interior de querer tocarlas.
- "Ha cambiado mucho…" – Se dijo ella misma comparando al Naruto de niño con el que tenía enfrente.
- ¿Pasa algo? – Preguntó Naruto nervioso y sin abrir los ojos.
- ¡Nada! – Respondió ella inmediatamente dando un ligero saltito al escucharlo.
Sus manos habían continuado moviéndose más lentamente pero el chakra verde había desaparecido. Había estado acariciándole el pecho porque sí.
- "¡Concéntrate!" – Se dijo mentalmente recriminándose y volviendo a su tarea con la cara totalmente roja. – "Es el memo de Naruto al que has estado sobando y mirando como una tonta."
- *El memo te ha salvado la vida y aun no se lo has agradecido. De no ser por él, ni siquiera hubieras llegado hasta el puente tu sola.*
Ino se sorprendió al escuchar esas palabras en su mente. ¿Lo había pensado ella? Miró con más seriedad el pecho de Naruto y sus manos comenzaron a sanar pequeños moretones.
- Naruto… - El nombrado se tensiono al escucharla pues el tono de voz que había usado no era propio de ella. Al menos con él. – Gracias.
Abrió los ojos y los puso en los de ella, que continuaron observando los pequeños moretones que tenia Naruto.
- De no ser por ti… estaría muerta o algo peor ahí arriba. No sé qué pasó exactamente pero… estoy convencida de eso…
Naruto abrió la boca pero no dijo nada. Cerró los ojos y su mente volvió al día en que le informaron sobre la misión.
Flashback
- Bienvenido, Uzumaki. – Dijo Inoichi Yamanaka levantándose de la mesa de la sala de reuniones.
- ¿No está la abue…? – Naruto tuvo que carraspear un poco al recordar con quien estaba hablando. - ¿No está la Maestra Hokage?
- Le he pedido unos minutos para poder hablar a solas contigo. Tenemos poco tiempo pero… tengo un favor que pedirte.
- ¿Un favor?
- Se trata de la misión que se te asignara hoy. La harás con mi hija.
Inoichi espero pacientemente a ver la expresión de Naruto. Este apartó la vista de Inoichi, suspiró y puso gesto de molestia y resignación al mismo tiempo.
- Por eso quería verme.
- Sí y no. – Le dijo Inoichi cerrando sus ojos. – Se de las dificultades que tenéis ambos en trabajar en equipo. Lo sé muy bien. - Inoichi hizo un extraño gesto con su cara pero Naruto no le dio importancia. - Ella misma me explicó algunas de las misiones que habéis realizado juntos.
Naruto bajó su cabeza y se rascó la nuca, nervioso. Un tic que tenía desde niño y que siempre hacia cuando se sentía nervioso y alguien le mencionaba algo que había hecho mal.
- Además estoy en el consejo y he visto los informes de esas misiones, mirando ambos lados de la historia y comparándolas pero… no estoy aquí para discutir vuestro trabajo en equipo.
Naruto le volvió a mirar con una ceja levantada. La cara de Inoichi ahora mostraba preocupación.
- Se que… no entenderás esto que te explicare y que posiblemente sea la persona menos indicada para hablarte de ello, Naruto… no, se que no lo soy pero… Ino es mi hija y la quiero. Daría mi vida por ella sin pensarlo dos veces con tal de garantizar su seguridad.
Naruto ladeo su cabeza sin comprender que quería decirle.
- Vais a partir a una misión hacia las tierras del Sonido. Sus ninjas han robado varios pergaminos que pertenecen a los clanes que conviven en Konoha y, debido a ello, la aldea está en estado de alerta. Los altos cargos no podremos abandonarla hasta que se normalice la situación. Los secretos de nuestras habilidades están en peligro. – Inoichi apretó sus puños con fuerza y su cara, marcada por el dolor, miraba hacia el suelo, a los pies de Naruto. – Es una misión casi suicida. Siempre me alegre de que Ino fuese una excelente kunoichi pero…
- Espero que no le sepa mal mi franqueza pero, ¿qué quiere de mí? – Preguntó Naruto nervioso por haber visto a aquel hombre perder la compostura que solía reflejar como uno de los líderes más importantes de Konoha.
- Han seleccionado a mi hija para ser el cebo.
- ¿El cebo?
- Ino será enviada para infiltrarse en la guarida del sonido y recuperar los pergaminos pero será una treta para obligar a los ninjas del sonido a centrarse en vosotros dos mientras otro equipo es el que recuperara los pergaminos y destruye la base enemiga.
- ¡¿Qué?! – Preguntó Naruto sorprendido. - ¡¿Por qué nosotros dos?!
- Ino es la mejor espía, sin contarme a mí, que actualmente posee el clan Yamanaka y es además la heredera del clan… un clan muy conocido en los demás países. – Inoichi guardo silencio unos segundos antes de continuar. - Para que la misión funcione, los del sonido deben saber quién es ella y ya se han encargado de que se sepa. No dudaran en usar todo su poder para apresarla y usar los conocimientos que posee de las técnicas del clan Yamanaka para abrir los sellos de nuestro clan. Ella misma y los pergaminos sellados serán el cebo.
Naruto comenzó a sudar pero lo entendía. Era justo el cebo que necesitaban. Los pergaminos contenían sellos restringidos para evitar casos como este y solo personas de un mismo clan al que pertenecen los pergaminos, o alguien que conozca los sellos de liberación pueden abrirlos y leer su contenido. Al saberse que sería Ino la que enviarían a recuperar los rollos, los ninjas del sonido verían más un premio en ella que una amenaza pues era como entregarles las llaves de los conocimientos del clan Yamanaka.
- ¿Por qué no dejamos los pergaminos en paz? Tienen sellos y no haría falta ponernos en peligro.
- No podemos correr el riesgo. – Explicó Inoichi apretando los dientes y manteniendo su cara agachada en todo momento. – Los sellos son una medida de precaución pero no son perfectos. El Sonido era el lugar donde Orochimaru gobernaba y él mismo era un maestro en técnicas de sellado.
- Por lo que es posible que alguien más haya aprendido técnicas de sellado y con el tiempo logren abrir los rollos. – Terminó diciendo Naruto e Inoichi asintió.
- El momento de actuar es ahora que aun están los pergaminos juntos en un mismo lugar. Si esperamos más tiempo es posible que acaben dispersos y ya sea imposible recuperarlos. Imagínate la terrible situación que viviría Konoha si los secretos y las habilidades de sus principales clanes quedan expuestos a sus enemigos… a todo el mundo.
Naruto tragó saliva. Claro que lo entendía. Eso pondría a Konoha en una muy mala situación frente a las demás aldeas y sus enemigos.
- Pero… a decir verdad eso poco me importa ahora. Konoha e incluso mi propio clan… me importan poco o nada… ¡No cuando la vida de mi hija ha sido puesta como prescindible!
Inoichi entonces hizo algo que sorprendió aun mas a Naruto haciendo que por primera vez en mucho tiempo, el rubio se quedase sin aliento. Se arrodilló delante de él, e inclino su cabeza hacia Naruto.
- ¡Te lo pido por favor! ¡Solo tú puedes ser el compañero de mi hija para esto!
- O… oiga…
- Se que no soy nadie para pedírtelo… que incluso yo estuve en contra tuya durante mucho tiempo… pero Ino es… mi única hija… lo único que me queda… por favor… haz lo que tengas que hacer pero devuélvemela con vida. Haz que vuelva sana y salva a casa… Si alguien puede hacerlo… se que eres tú, Naruto… por favor. Protege a mi hija.
Naruto no sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Inoichi Yamanaka, uno de los líderes de los clanes más respetados de Konoha estaba arrodillado delante de él, llorando y suplicándole por su hija. ¿Qué decirle? ¿Por qué él? No supo porque pero algo le hizo sentir muy mal a Naruto al ver a aquel hombre en aquel estado delante de él.
Cerró los ojos e hizo la única cosa que podía hacer en esa situación. Lo que le pedía su corazón. Se lo prometió.
Fin del Flashback
Naruto recordó a aquel hombre. ¿Así actuaban todos los padres respecto a sus hijos? ¿Actuaria así él en caso de tenerlos? Probablemente sí. Lo siguiente fue engañar a Ino, actuar como si no supiese nada de la misión delante de ella cuando se les informara y velar en todo momento por su seguridad.
De nuevo le asaltó la duda. ¿Por qué él? No lo sabía pero había hecho todo lo humanamente posible para protegerla. Incluso de él mismo. Cerró los ojos y decidió actuar como siempre.
- Ya, bueno… solo hice mi trabajo. Tenía que protegerte. Esa era mi misión, ¿no?
- Si… es verdad… - Contestó ella algo desanimada por aquella respuesta de él.
¿Qué le pasaba? Como si alguna vez le hubiese importado a Naruto. El tenía razón. Le habían asignado esa misión para protegerla y eso era lo que había hecho. ¿Acaso esperaba algo más?
- "Que tontería."
Durante unos minutos ninguno dijo nada. No fue hasta que la mano de Ino se detuvo en una zona en concreto del pecho del rubio que sus pensamientos cambiaron. La mano con el tono verdoso se mantenía en aquel lugar y un fugaz recuerdo le vino a la mente.
La imagen del ninja del sonido, Naruto sujetando su katana y la punta de esta clavada en su pecho aparecieron de repente pero lo que Ino estaba mirando… eran una leve marca en la piel curada ya hacía mucho tiempo.
- No es posible… - Dijo en voz baja.
Un corte como aquel y sin ser tratado no podría estar así por muy rápido que uno pudiera curarse. Ino miró los dos cortes que ella misma tenia, comparándolos y a pesar de que ella los había tratado con la técnica de curación… no estaban ni de lejos tan bien cerrados y curados como el que Naruto tenía el pecho. Casi parecía una cicatriz echa tiempo atrás en vez de una herida echa hacia apenas unas horas.
- ¿Ocurre algo?
- Tu corte… es decir… la herida que te hizo ese tipo con la espada…
Naruto abrió de golpe los ojos y bajó su vista hacia su pecho mirando el lugar. Se había olvidado por completo de aquello… y ella se había dado cuenta.
- Eso… veras… no fue más que un rasguño… nada importante.
- ¿Un rasguño? – Preguntó ella, como si no se lo creyese y alzando sus ojos hacia los de Naruto.
Naruto tragó saliva y no se atrevió a decir nada más. Por su parte, Ino puso una extraña mirada. Nada de un rasguño. Estaba convencida de que la punta de la espada se había clavado. Lo había visto muy bien y era imposible que en tan poco tiempo…
De golpe su expresión cambio, como si acabara de recordar algo. Con rapidez se inclino hacia Naruto, asustándolo y le cogió la mano derecha.
- ¡¿Ino?! ¡¿Qué haces?!
- No fue un rasguño…
