Capitulo 4: No fue un rasguño

- Hoy haremos prácticas de lanzamientos de shurikens y de kunais, alumnos de tercero.

La clase entera se había reunido en el patio trasero de la academia shinobi de Konoha. Era amplio, con algunos troncos y muñecos de prácticas a cinco metros de distancia de dos mesas largas donde descansaban, colocadas en sus cajas, las armas arrojadizas antes mencionadas. La profesora miró a todos sus alumnos de uno a uno asintiendo con la mirada.

A parte de la profesora Anri había otros dos maestros al lado de las mesas. Era obligatorio que hubiesen más de dos profesores cuando los alumnos fuesen a realizar técnicas algo más sofisticadas o empezar en el uso de las armas shinobis.

- Poneos en dos filas. Una fila delante de esta mesa y otra fila delante de esta otra. En esta de aquí… - Señalo la profesora la mesa de la izquierda. –…están los shuriken o estrellas ninjas de cuatro y ocho puntas. En esta otra están los kunais. ¿Alguien sabe decirme la diferencia de ambas armas arrojadizas?

Varias manos se alzaron entre sus alumnos. Una de ellas era Ino Yamanaka, de ocho años de edad. Iba vestida con una camiseta naranja con rayas negras en sus mangas y su pelo era más largo llevándolo atado en una pequeña coleta. Anri sonrió y la señalo a ella.

- Adelante, Ino.

- Los shurikens son armas arrojadizas, no tienen más funciones. – Respondió Ino bajando su mano. - Los kunais, más pesados que los shurikens, también pueden ser usados como armas cuerpo a cuerpo además de ser armas arrojadizas.

- ¡Exacto! Muy bien Ino. Se nota que provienes de uno de los mejores clanes de Konoha.

Ino se rascó la nuca y sacó la lengua algo avergonzada. En su tercer año de academia Ino era de las más aplicadas llegando a ser la segunda mejor de clase únicamente superada por Sasuke Uchiha, el chico prodigio del clan más fuerte de Konoha pero dejándole a él a parte, Ino era la mejor aprendiz de kunoichi hasta el momento y sus notas eran de las mejores.

- Cada uno de vosotros tendréis tres intentos. No os preocupéis si lo hacéis mal. Hoy es el primer día de prácticas y no se pondrá nota.

- ¿Hacerlo mal? Pero si lo llevo practicando con mi padre desde este verano.

- Yo también. Mi hermano y yo practicábamos todas las mañanas en el jardín de casa.

- ¿Qué hay de ti, Ino? – Preguntó Sakura sonriendo a su amiga. - ¿También has practicado antes?

La rubia asintió.

- Mi padre me enseñó el año pasado y muchas veces me ayuda a practicar.

Un ligero movimiento en la fila de al lado captó la atención de Ino. Se trataba de Naruto. El joven iba vestido con una camiseta blanca de manga corta y un chándal de color amarillo chillón. La chaqueta la tenía atada en su cintura y sus manos se aferraban con fuerza a ella. Tenía unas gafas de aviador puestas que ocultaban sus ojos.

- ¿Pasa algo? – Preguntó Sakura al verla mirar hacia Naruto.

- No, nada. – Respondió Ino dando un paso hacia adelante y colocándose en la fila.

Poco a poco los alumnos fueron realizando los lanzamientos que, en general, fueron bastante aceptables. La gran mayoría acertaba dos de tres intentos al muñeco de paja. Tres no fallaron ninguna vez. Sasuke acertó en las tres dianas del muñeco al igual que Ino y Shino Aburame.

Era el turno de Naruto Uzumaki en la mesa de los shurikens. La cara de los profesores cambió al mirarle como se ponía delante de la mesa. La profesora, como era su costumbre con el niño, puso una mirada de molestia. Los dos profesores simplemente cambiaron a unas expresiones más serias sin dejar de mirarlo. Cosa que no paso desapercibida para algunos de los alumnos.

- Seguro que la pifia.

- Este nunca hace nada a derechas.

- Los profesores están así porque están cansados de él y sus meteduras de pata.

En la mesa de los kunais, Kiba con un pequeño cachorro que asomaba la cabeza por encima de la cremallera de su chaqueta, cogía el kunai con total confianza mientras sonreía y miraba a Naruto. Lanzó el kunai hacia el muñeco y este impactó en la diana del pecho. No en el centro pero le dio.

Naruto trago saliva y miro su propio objetivo. Sin llegar a quitarse las gafas, lanzó la estrella hacia el muñeco con todas las fuerzas que podía reunir. Está impactó contra el muñeco pero rebotó y cayó al suelo. Las risas no tardaron en sonar junto a algunos suspiros de cansancio por parte del profesorado.

- ¡Ni siquiera sabe lanzar un shuriken! – Gritó uno de los alumnos aumentando la carcajada general.

Naruto cogió otro con rapidez y lo volvió a lanzar contra el muñeco… pero este pasó de largo y acabó cayendo al suelo. Las risas aumentaron y también los murmullos y palabras que le criticaban.

- ¿Es que no tienes puntería? ¡Esto se hace así! – Gritó el muchacho lanzando otro kunai al muñeco y este impactó en la diana de la cabeza del muñeco rozando el centro.

Naruto cogió otra estrella, se subió las gafas y con una mirada seria y fija en el muñeco, lanzó el shuriken. Impactó justo en la zona donde solo había paja, entre la diana de la cabeza y del pecho. Naruto sonrió al ver que al menos le había dado y el shuriken se le había clavado… pero la sonrisa duro poco cuando, tras unos segundos, el shuriken acabó cayendo al suelo, en la base del muñeco.

- Y van tres. – Dijo uno de los profesores cerrando los ojos y levantando una mano para señalar el final de la cola mientras el otro apuntaba algo en un cuaderno. – Puedes volver.

El otro chico lanzó su tercer kunai y de nuevo impactó en la diana que representaba los pies del muñeco. A pesar de estar riéndose de Naruto, él había acertado los tres lanzamientos. Él era el único que no había logrado hacer ni uno. Apretó los dientes con rabia y volvió a colocarse las gafas de aviador ante las risas y burlas de sus compañeros.

Ino era junto a Hinata, Shino, Shikamaru y Chouji, de los que no se reían ni hacían nada al respecto.

- Uzumaki. – Llamó la profesora Anri seriamente. – Ayudaras a los profesores Yuta y Kuno y recogerás las armas lanzadas por todos. Aprende al menos a cómo tratar las herramientas de un ninja y guárdalas en sus respectivos lugares.

El muchacho asintió sin decir nada, como era su costumbre.

- Todos los demás, muy buen trabajo. Regresemos al aula para la siguiente clase.

- ¿Solo un alumno, profesora? – Preguntó uno de los profesores. – Por norma siempre son dos los que ayudan en las tareas.

La profesora miró al rubio con fastidio y se giró de nuevo hacia sus alumnos.

- Muy bien. ¿Algún voluntario para ayudar a guardar el equipo con Uzumaki?

Los alumnos se miraron entre si y casi parecían encogerse para evitar que les eligieran. Hasta que una mano se levantó entre ellos.

- Yo, maestra. – Dijo Ino sorprendiendo a todos.

- Muy bien. – Dijo la profesora mirándola con sorpresa. – La esperaremos en el aula. El resto, regresemos.

Ino fue directamente hacia la zona de los muñecos y comenzó a quitar las armas arrojadizas clavadas en uno de ellos. Los profesores se apartaron lo suficiente para hablar entre ellos sin apartar la mirada de Naruto. Uno de ellos parecía estar anotando algo en el cuaderno mientras respondía a su compañero.

Ino miró de reojo a Naruto. ¿Por qué siempre era tan malo en todo? En los tres años que llevaban en la misma clase, Naruto tardaba mucho en hacer los ejercicios. Las tareas más simples que otros hacían sin siquiera pestañear a él le costaban varios intentos, pero también se había dado cuenta de que a él no le enseñaban del mismo modo que al resto de la clase. ¿Por qué?

No le gustaba y no encontraba divertido aquellas situaciones que se repetían en el aula y en las que Naruto era el centro de burlas o criticas. No era la única pero había algo en ese chico. Algo que incluso su padre le había advertido de él y no sabía cómo actuar en muchas ocasiones pero no podía reírse de él. Sencillamente no lo veía correcto.

Metió cinco kunais en su correspondiente caja y miró hacia la mesa de al lado. Naruto dejaba los shurikens en sus cajas muy bien guardados.

- "Al menos sí que sabe guardar las herramientas." – Pensó la rubia al ver como lo hacía Naruto. Estaba claro que Naruto era una gran incógnita. – ¿Sabes guardarlas pero no lanzarlas?

Naruto se tensionó. Sorprendido por aquella pregunta, simplemente agachó la cabeza y negó.

- Tienes que cogerlas de una de las puntas y no lanzarlas a lo bestia. No todo es fuerza bruta. – Ino se acercó a la caja y cogió una estrella. Naruto se subió las gafas y la miró con interés. – Se coge así y se debe lanzar con suavidad, como si se te escapara de los dedos.

Ino echó un rápido vistazo a los profesores y estos seguían hablando entre ellos. Con un movimiento rápido, lanzó la estrella impactando en la diana de pecho de uno de los muñecos. Naruto siguió la trayectoria con sus ojos hasta ver la estrella clavada en la diana.

- Es cuestión de practicar. Al final le coges el truco.

- ¿Se coge así? – Preguntó Naruto cogiendo una estrella con su mano e imitando a Ino.

La chica asintió y después ambos se aseguraron de que no les veían. Naruto lanzó el shuriken que, a pesar de no clavarse en la diana, se clavo en el palo de madera que representaba uno de los brazos del muñeco. Naruto sonrió y agrando sus ojos.

- Le di. – Dijo en voz baja mirando a la chica.

Está le devolvió la sonrisa y vio como Naruto cogía otro shuriken emocionado, queriéndolo repetir. Esta vez la estrella se clavó en la zona blanca de la diana, cerca del borde. La sonrisa del rubio se amplió.

- No es tan difícil, ¿no? – Le preguntó Ino sonriendo.

- Supongo que no. Es cuestión de practicar.

Ambos rieron. Ino vio como repetía de nuevo el proceso cogiendo otro shuriken y una pregunta surgió en la mente de la niña. ¿Acaso era esta la primera vez que ese chico cogía un arma shinobi? ¿Sus padres no eran shinobis?

- ¿Es que tus padres no te enseñaron a lanzarlos? – Preguntó Ino de manera inocente y aquella tranquilidad que había surgido entre ambos se rompió. Naruto se tensionó y apretó con tanta fuerza su mano que las puntas del shuriken se le clavaron en la palma de la mano.

Gritó y cayó de rodillas sujetándose la mano. Ino dio un paso atrás asustada. Vio mucha sangre en la mano del muchacho. Tenía la mano abierta y podía ver como la estrella se le había clavado una de las puntas por completo.

- ¡Que daño! – Gritó entre lágrimas.

La rubia se quedó quieta mirándolo y ni sintió la mano del profesor en su hombro hasta que esté le obligó a darse la vuelta.

- Yuta, encárgate de Uzumaki. Vamos, regresemos al aula, Yamanaka.

Mientras caminaban, Ino se giró para verle por última vez. Vio al profesor llamado Yuta sujetar la mano de Naruto y sacarle el shuriken en un rápido movimiento.

- No te preocupes. Ira a la enfermería y se pondrá bien.

Ino asintió sin poder apartar de su mente la imagen de la mano de Naruto y el shuriken clavado en ella. Y sobre todo la sangre.

Horas después, ese mismo día y debido al incidente de Naruto, la profesora encargada de su clase tuvo que darles a sus alumnos, en especial a Ino, una breve explicación sobre lo que ocurre cuando no se respeta las armas afiladas que les acompañarían durante su entrenamiento y vida como shinobis. De nuevo puso como ejemplo negativo a Naruto.

Acabando de dar su explicación la puerta del aula se abrió y Naruto entró en ella aun con el miedo reflejado en la cara. Pero más que miedo también parecía haber duda.

Enseguida, la gran mayoría de los compañeros de clase se lanzaron a verle la mano a Naruto. Esté sintió pánico al verse rodeado por todos, pidiéndole poder ver su mano herida, preguntándole si le había dolido y como había sido. Ino se levantó también y se acercó lo máximo que pudo para verlo.

Lo vio sonreír, rascándose la nuca con nerviosismo al recibir aquella atención tan diferente de la habitual por parte de sus compañeros mientras alzaba su mano herida… pero ya no había ninguna herida ni ningún rastro de sangre en ella.

- Solo fue un rasguño… nada más.

Ino parpadeo varias veces. La imagen vivida horas atrás aun era clara en su mente pero no vio ningún corte en su mano derecha. Estaba completamente limpia salvo por una ligera marca alargada, algo mas blanca que su piel. Una cicatriz.

Naruto sonrió nervioso mientras miraba a todos sus compañeros. Hasta que sus ojos se detuvieron en Ino. La sonrisa cambió a una triste durante unos segundos pero después puso una sonrisa burlona, cerró los ojos y colocó ambas manos detrás de su cuello.

- Perdona… por haberte asustado… Monte un buen escándalo por un rasguño de nada. Lo siento.

Ella lo miró confusa. ¿Un rasguño?


- No fue un rasguño…

Los temblorosos ojos de Ino miraban una casi imperceptible cicatriz en la palma de la mano del joven. Apenas se podía ver pero estaba ahí. Una marca un poco más clara que la propia piel de Naruto pero ahí estaba… justo como en su recuerdo. Un recuerdo olvidado hacía mucho tiempo y que ahora estaba ahí, tan fresco como si acabara de vivirlo.

Alzó su mirada hacia la cara de Naruto. Estaba convencida de que no era una invención. Aquello ocurrió de verdad pero el niño que ella vio en su recuerdo distaba mucho del que ella conocía y tenía delante. El niño era retraído, no respondía a las burlas de sus compañeros ni se defendía de ninguna manera. Ese no era el Naruto pesado y molesto que ella recordaba de la academia.

Intentando pensar en ello, Ino solo pudo recordar vivencias en la academia con Naruto en las que él se dedicaba a gastar bromas y el tutor de la academia, Iruka, le perseguía para castigarlo. Molestando a sus compañeros de clase, sobre todo a Sasuke, e iba por la aldea arriba y abajo gritando con ser el mejor ninja de Konoha y que iba a convertirse en Hokage. Pero esos recuerdos eran de los dos últimos años en la academia antes de graduarse como Gennins. Cuando tenían doce años, más o menos. ¿Y qué pasó los años anteriores?

Podía recordar algunos momentos vividos con Sakura, Shikamaru, Chouji y también con las chicas de la clase. Recordaba los ejercicios y algunos entrenamientos o actividades donde sus padres estaban presentes. Incluso recordaba vagamente a la profesora Anri pero… con Naruto se producía un extraño borrón en sus recuerdos… no, no era solo con Naruto. Había algo más.

- Ino… creo que… deberías alejarte un poco… - Le decía nervioso mientras sus ojos bajaban hacia abajo y un leve rubor aparecía en sus mejillas. – Estas demasiado cerca y…

El rubio cerró sus ojos y giro su cara pero el rubor en su cara se hacía más evidente.

- Tus vendajes… están…

Ino parpadeó unos segundos sin comprenderlo hasta que bajó la vista y se miró a sí misma. Las vendas habían perdido fuerza y sus pechos ya no estaban tan cubiertos y apretados como antes haciéndose notar mas su autentico volumen. Para colmo las vendas estaban humedecidas, por haberse lavado anteriormente, y el efecto del agua en ellas hizo que sus pezones se marcaran bastante a medida que estas perdían su fuerza.

Su cara se volvió completamente roja y se separó de Naruto con rapidez, dándose la vuelta y cubriéndose los pechos con los brazos.

- ¡Idiota, pervertido, salido!

- ¡¿Qué quieres que haga?! – Preguntó en respuesta. - ¡Soy un chico! ¡Perdón por mirar pero no lo pude evitar! ¡Además, eres tú la que se me ha tirado encima y se ha quedado pasmada mirándome la mano!

- ¡Al menos ten algo de decencia, idiota!

Naruto se giró hacia ella de nuevo listo para contestar pero rápidamente Ino se lanzó hacia él tapándole los ojos con su mano.

- ¡Mira más de la cuenta y te arranco los ojos, maldito pervertido! – Le gritó ella roja de vergüenza. - ¡Date la vuelta y espera a que me arregle!

- ¡Vale, vale pero no me metas los ojos en el cráneo, por favor!

- ¡Ciérralos!

- ¡Que si, joder!

Naruto cerró los ojos con fuerza. Sintió como la mano de Ino se separaba de su rostro lentamente y escuchó cómo se movía hasta colocarse detrás de él.

Ino continuaba roja de vergüenza. ¿Cuánto rato abría estado Naruto observándola mientras a ella le aparecían todas aquellas dudas? ¿Cómo no se había dado cuenta antes del estado de sus ropas?

- Nuestras ropas se quedaron en el lugar donde nos cambiamos con aquellos dos. No tenemos nada con lo que cambiarnos. – Murmuro Naruto mirando también el estado de sus ropas.

- ¡Ya lo sé! – Respondió ella malhumorada mirando el camal de su pantalón que aun quedaba entero. – "No queda otra."

Naruto escuchó el sonido de la tela desgarrándose. Su curiosidad casi le hizo girarse y ver que hacía, pero no deseaba aumentar más las ganas de matar de la chica.

- Ya está. – Dijo ella pasados unos minutos.

Naruto abrió sus ojos y giró su rostro para verla. Las vendas yacían ahora en el suelo. En su lugar la muchacha tenía ambas piernas al descubierto y un trozo de tela negra del traje rodeando la zona de sus pechos. Aun así estos abultaban bastante más que antes.

Naruto no pudo evitar recorrer con la mirada las largas piernas de Ino hasta que sus ojos volvieron a quedarse fijos en el busto de la chica.

- "Creo que ahora entiendo eso de la fuente de inspiración, Ero-sennin."

- ¡Aquí arriba, pervertido! – Le dijo la chica molesta haciendo que esté levantara su cara para verla con un gesto de su mano. - Mira más de la cuenta y cuando regresemos a Konoha desearas no haber nacido.

La seriedad con la que le amenazó la rubia le hizo estremecerse y enfocó sus ojos hacia el exterior del refugio ante la mirada furiosa de la chica.

- "He pasado demasiado tiempo con él."

Ninguno volvió a dirigirse la palabra en los siguientes minutos pero Naruto podía sentir la penetrante mirada de Ino en su nuca. Estaba convencido de que la chica se estaba conteniendo para no molerlo a golpes por su estado pero temblaba al pensar en lo que le haría cuando estuviese completamente recuperado. Ino era de las rencorosas.

Y así era. Ino no apartaba su mirada, con una mezcla de enfado y vergüenza, de él. No obstante, gracias a aquel extraño recuerdo sabia una cosa. Aquella curación milagrosa de Naruto venía desde antes. Desde mucho antes.

- Oye. – Llamo la rubia en tono de orden sobresaltando a Naruto. - ¿No crees qué ya va siendo hora de que me digas que ocurre contigo?