Cap 3

-¿Tienes algo? - quiso saber Sam, mientras miraba a su hermano, que se encontraba leyendo uno de los tantos libros que había cogido de las diferentes estanterías.

Dean lo miró, y cuando el pequeño pensaba que ya era inútil que le conestara, su hermano le respondió con un firme "no". Esto alivió a Sam ya que sabía que realmente no estaba enfadado con él, sabía que algo le carcomía por dentro y quería saber que era el causante de la frialdad de su hermano ,y, sobre todo, el causante de aquellas pesadillas que atormentaban a su hermano mayor.

-¿Ya soy digno de tu palabra? - ironizó Sam, queriendo eliminar la tensión que había entre ellos. Una sonrisa torcida apareció en el rostro de Dean.

-Digno no sé, pero el único que está conmigo eres tú, así que, con alguien tendré que hablar.- miro a su hermano mientras hablaba.

-Oh, me alagas- río el moreno, haciendo reír al mayor de los dos. -Deberías de alabarme, soy el único que te aguanta en tus días de regla.

Dean le fulminó con la mirada y cuando iba a contestarle oyó a alguien chistar. Se giró y vió a una mujer morena, no muy agraciada para su gusto y con pintas de sabionda. Pasó literalmente de su llamada de atención y prosiguió a la contestación a su hermano.

-¿Regla, yo? Te equivocas, yo no soy el que,- y la aquella mujer volvió a llamarle la atención, algo más alto. -Venga señora, que no tengo diez años. -se quejó este, queriendo contestar a Sam como es debido, aunque en estos instantes se estaba partiendo de risa en su cara.

-Discúlpeme jovencito,- empezó a decir aquella señora- pero esto es una biblioteca, y deben guardar silencio.

-Mire señora, no estoy de humor para aguantar sus tonterías. -replicó el mayor, poniéndose de frente a aquella mujer. "Joder, si que es bajita." pensó para sí Dean, que no pudo evitar formar una maliciosa sonrisa en su rostro.

-¿Qué clase de educación te han dado? -se defendió aquella señora. Sam miraba la escena y no podía evitar reírse de la situación; por una parte, su hermano estaba enrabietado ya que aquella señora no le dejaba contestarle como quería y por otro lado, se encontraba la señora, que...bueno, era una señora. Dean ignoró a la señora, la cual al ver la pasividad del mayor de los hermanos, le dió una colleja antes de irse malhumorada de allí.

-¡Pero señora! ¿Quién se cree que es? -dijo al segundo un enfadado Dean, que no podía creerse lo que acababa de pasar, aquella señora, le había arreado una colleja. Por otro lado, Sam no pudo controlarse y estalló en una estridente carcajada que eliminó en cuanto vió acercarse de nuevo a la señora, acompañada de un guarda de seguridad.

Los dos hermanos corrieron como perros del infierno y se dirigieron al coche, perseguidos por el guarda. Una vez en el coche, arrancaron hacia algún lado lejos de allí. Ya lejos de la biblioteca, Dean aparcó el coche en parking del hostal y suspiró con una leve sonrisa. Realmente esa tarde en la biblioteca había estado interesante, y se había reído, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo. Desde que había vuelto del infierno todo había cambiado; había conocido a un ángel del cielo, Castiel, seguían la pista de Lilith y su relación con Sam tendía de una cuerda floja, primeramente por aquel demonio que perseguía a su hermano, Ruby, y por todo lo que sentía por su hermano. Así que, mientras estos pensamientos recorrían la mente enturbiada de Dean Winchester, su estómago comenzaba a rugir reclamando atención, lo que hizo que los dos hermanos se dirigieran al bar del hostal a comer algo.

Tras la cena, siguieron unas cuantas copas, que acabaron con un Dean Winchester muy borracho y un Sam Winchester de papel de madre.

-Vamos Dean ¡muévete joder! -dijo Sam a su hermano mayor, el cual andaba tambaleándose por el pasillo hacia su habitación.

-Sammy...mira, una araña...¡HIP! ¿Tú crees, que si me pica me convertiré en Spiderman? ¡HIP! -el pequeño no podía creer que su hermano acabara de preguntarle semejante tontería, sabía que estaba borracho, pero no para tanto.-A no, que yo era Batman, ¡HIP!.

Una vez enfrente de la puerta, la abrió mientras su hermano no dejaba de cantar aquella famosa canción que decía: "Un elefante, se balanceaba..." y todo a raíz de aquella pequeña araña que había visto metros atrás.

-Anda tira. -el más alto de los dos, cogió a su hermano casi en brazos y lo hizo entrar en la habitación. Ya dentro, consiguió que su hermano se echara en su cama y se quedara allí .Así, consiguió meterse él en su cama y apagar la luz. Supiró. Nunca pensó que podría ser tan difícil hacer dormir a un borracho. Encendió como por cuarta vez la luz en los pocos minutos que habían pasado ya que su hermano no le dejaba dormir. Primero las mantas, segundo las sombras...y ahora sollozaba.

-Dean, por favor, duérmete. -pidió Sam a su hermano.

-Sammy, es que yo te quiero.- "Los borrachos y sus sentimentalismos" pensó el pequeño.

-Ya lo sé, pero ahora es hora de dormir. -puso casi sin quererlo una voz demasiado infantil que incluso le sorprendió a él mismo.

-Tú no lo entiendes, yo te quiero Sammy, te quiero...pero tú a mi no. -y tras esto, Dean le dió la espalda a su hermano y terminó por dormirse. Parecía que finalmente al alcohol había conseguido que se durmiera. Pero estas palabras habían calado en el pequeño de los dos.

"¿Qué ha querido decir con qué no le quiero?" pensaba una y otra vez Sam. Sí, había conseguido dormir a su hermano, que estaba en la cama de al lado tan tranquilo, pero sabía que el que no iba a dormir aquella noche sería él, aunque, eso sí, por la mañana ya pediría explicaciones.