"¡NO!" gritó Dean antes de despertarse de golpe. Miró su reloj, marcaban las cinco y media de la madrugada. Había tenido otra de aquellas terribles pesadillas. Sentía un nudo en su estómago y se sentía débil, necesitaba al que podía quitarle estos males, al menos, por un tiempo, necesitaba a su pequeño Sammy.
Quisó levantarse para dirigirse a la cama de su hermano pequeño pero un fuerte dolor de cabeza le detuvo. "No vuelvo a beber alcohol." se dijo a si mismo. A duras penas, consiguió levantarse, maldiciendo aquellos chupitos que había tomado antes de dormir. Llamó a su hermano entre susurros hasta que este gimió levemente, lo que le hizó saber que lo había despertado.
-Sammy...déjame dormir contigo. - el pequeño de los dos oía que su hermano le hablaba pero el hecho de estar tan adormilado como estaba, le hizo abrir un ojo y mirar a Dean.
-¿Qué quieres? -dijo haciendo un mohín mientras cerraba de nuevo sus ojos.
-¿Puedo meterme en tu cama? -preguntó un nervioso Dean que no sabía cual sería su respuesta, aunque si le había dejado la noche anterior, ¿por qué no le iba a dejar esta? Su pequeño Sammy lo miró un tanto raro, pero parecía realmente angustiado así que le hizo un hueco en la pequeña cama como pudo.
Dean dió gracias a Dios o a lo que hubiera allá arriba por hacer que su hermano le permitiera dormir con él porque era como una salvación. Cerca de Sam, el rubio olvidaba por completo todos sus problemas, además de que le encantaba estar cerca del calor que desprendía su Sammy. Casi inconscientemente, se pegó a su hermano y lo abrazó, realmente estaba helado, además de que quería sentirle cerca.
Ya por la mañana, Sam se despertó a causa el sol que entraba por la ventana y que le molestaba. Al querer levantarse, notó que un peso se lo impedía. "¿Pero qué demon...?" pensó para sí el moreno hasta que vió el cuerpo de su hermano abrazado al suyo. Tuvó que pensar por un momento el por qué de que Dean estuviera en su cama y abrazado a él.
Una vez despierto, decidió darse una ducha para despejarse y airear sus ideas. Eso realmente le confortó. Al salir de la ducha, su hermano seguía durmiendo así que cogió su portátil y decidió buscar algo relacionado con lo poco que tenían. Realmente esas tardes en la biblioteca no habían servido para nada. Necesitaban ayuda y él sabía perfectamente a quien podía pedirle esa clase de ayuda.
-¿Bobby? -preguntó el moreno a través de su móvil. Sonrío al ver la respuesta de su viejo amigo.
Tras explicarle todos los datos que habían conseguido hasta ahora, que no eran muchos, escuchó un gemido que provenía de la cama.
-Bueno, te dejo, la marmota ha dado señales de vida. -dijó entre risas Sam, refiriéndose a su hermano. Nada más dejar el móvil sobre la mesa en la que también se encontraba su preciado pórtatil, un cojín impactó en su cara, seguido por un "Imbécil." El más alto no pudo evitar reír.
-Tenemos el día libre.- dijo su hermano, al cual le estaba costando incorporarse, debido a la resaca, supuso el moreno.
-¿Y eso? -la voz de Dean sonó realmente ronca.
-Nos llamará en cuanto encuentre algo sobre el caso. -dijo Sam mientras cerraba su portátil.-Así que tienes todo el día para hacer lo que quieras.
-Sé una cosa que no voy a volver a hacer. -empezó a decir el rubio mientras conseguía levantarse de la cama. -Beber.- al oírle, el pequeño de los dos no pudo evitar reír.
-No te lo crees ni tú, aunque hay algo que si podrías hacer, ducharte. - le dedicó una sonrisa burlona la cual fue respondida con un empujón por parte del de ojos verdes.
Mientras tanto, Sam decidió ir a comprar algo de comer. Dean suspiró de gusto en cuanto sintió como el agua caliente mojaba su cuerpo. "Como la necesitaba." pensó para sí. Estuvo como diez o quince minutos en la ducha cuando de normal no tardaba ni cinco. No le importó. Necesitaba esa ducha, necesitaba aclarar sus sentimientos respecto a su hermano, y lo necesitaba ya, si no se volvería loco. Cerró sus ojos. Realmente se sentía de fábula. Ya fuera de la ducha se encontraba mucho mejor y ya había tomado una decisión respecto a lo que ocupaba cada uno de sus pensamientos, respecto a su Sammy.
Tras comer algo, Sam solo podía pensar en dormir ya que aquello que le había dicho su hermano sobre que no le quería lo tenía algo descolocado y no pudo dormir tanto como él quería. Ya lo hablaría con Dean. Y con ese pensamiento, el pequeño se echó en su cama y en pocos minutos dormía plácidamente. Dean, por otra parte, decidió trastear con el portátil de su hermano, pues no quería poner la televisión por si lo despertaba.
Tras horas de aburrimiento, el joven rubio decidió ir al bar, eso sí, se prometió así mismo no tomar nada de alcohol. Ya allí, una joven muchacha, de buen ver, se acercó al mayor de los Winchester, el cual no la rechazó como podría haber hecho los días anteriores. Quería olvidarse de su hermano, quería a su Sammy, como nunca querría a nadie, pero sabía que era lo mejor para él.
-Hola preciosa. -saludo Dean a la muchacha con una sonrisa muy burlona. Aquella chica le correspondió la sonrisa.
-Madre mía, no se como no estás en la cárcel...tener ese cuerpazo tiene que ser ilegal. -piropeó el de ojos verdes a aquella chica. -Soy Dean, ¿y tú? -quisó saber el mayor de los Winchester.
Mientras tanto, en el hostal, Sam despertaba de su larga siesta y notó como su estómago reclamaba su atención. Tras cambiarse la ropa y dejar la habitación algo recogida, salió de allí en busca de algo de comer. Pensó en llamar a su hermano, pero desechó la idea, quizá necesitaba estar solo, esas pesadillas no le estaban haciendo nada bien.
A los minutos de marcharse el de ojos oscuros de allí, entró en aquella habitación Dean con aquella apuesta joven que había conocido en el bar. Se sorprendió al no ver a su hermano, pero se olvidó de él en cuanto aquella chica comenzaba a desvestirse.
La noche se pintaba interesante, y Dean estaba seguro de que así sería, o al menos, así quería que fuese.
