"Mierda." se repetía un millón de veces el rubio de los dos mientras estaba encerrado en el pequeño baño de la habitación del hostal. Tenía a aquella chica caliente, quería que le dieran lo que le habían prometido pero el de ojos verdes no podía dejar de pensar en su pequeño Sammy, de imaginar que aquella hermosa mujer era su musculoso hermano, debajo de él. Podía sentir como se le erizaba la piel, pero al volver a la realidad se dió cuenta de que aquello no estaba pasando, y supuso una decepción, incluso para su pequeño amigo. Lo que pintaba como un noche interesante, se había convertido en un absoluto fracasó para Dean.

Mientras tanto, en una gasolinera no muy lejos de allí, estaba Sam comprando algo para comer ya que no tenían nada. Además de comprar algo vegetariano para él y una deliciosa hamburguesa para su hermano, quiso complacer a Dean con un trozo de tarta, quizá eso le animaba. La verdad es que le dolía ver a su hermano mayor así de deprimido.

Ya en la habitación, no se percató de la presencia de aquella mujer casi en cueros sobre la cama, la cual se extrañó al verle y se tapó con las sábanas.

-Dean, te he traí...-se calló al ver a aquella joven muchacha sobre la cama. Sintió una inexplicable rabia. Dean lo escuchó y salió tan rápidamente pudo. Sam miraba a aquella mujer con un leve odio que no entendía.

-Sam..-su voz se cortó al ver el odio que reflejaban sus pardos ojos.

-Tranquilo, ya me voy. -se adelantó a decir el pequeño de los dos y con un mal gesto y un portazó salió de allí, hacia el bar, supuso. La verdad es que sentía rabia y odio hacia esa joven, no lo entendía y tampoco quería admitir que fueran celos ya que era un ligue de su hermano y bueno, siempre había sido así pero hoy era diferente, hoy se sentía dolido.

Pasaron horas, hasta que Sam volvió a aquella habitación, con miedo de lo que se podría encontrar. Se alivió levemente al ver que aquella mujer no estaba allí, pero a la vez se decepcionó un poco al ver a su hermano cabizbajo sentado sobre el borde de la cama. Antes de que comenzará a hablar le cortó su hermano.

-Sam...¿por qué te fuiste así? -le preguntó un cabizbajo Dean. Sabía que se había ido cabreado, pero ¿por qué?. La cabeza del menor era un cúmulo de diferentes pensamientos. Realmente no sabía porque su reacción había sido tan brusca. El de ojos verdes buscaba los pardos ojos de su pequeño hermano sin mucho éxito.

-Si te digo la verdad no lo sé -respondió Sam. Esta respuesta molesto al mayor de los dos. ¿Como qué no sabía? Una razón habría y quería la verdad. Torció el gesto y miró a su hermano.

-¿Como qué no sabes? Entras aquí, haces que se vaya aquel pivón, te vas de mala hostia, y aún tienes la decencia de decirme que no tienes ni idea. -dijo un malhumorado Dean.

-Venga Dean, no me jodas. -El moreno de los dos ya venía cabreado así que esto era la gota que colmaba el vaso. "Esto ya es discutir por discutir" pensó para sí el más alto.

-No te creo Sam. -El de ojos verdes se levantó de la cama y se acercó a su hermano. Su pequeño Sammy cerró los ojos por un momento y suspiró.

-No te estoy mintiendo Dean, cree lo que te dé la gana. -dijo de malas maneras el pequeño.

-A mí no me hables así enano. -el ambiente se estaba caldeando y el mayor pensó que esto no acabaría muy bien.

-Yo te hablo como me da la gana, no eres mi padre. -aquel comentario hizo que Dean estallará en cólera. Empujó a su hermano con fuerza contra la pared y se acercó a él.

-Ni se te ocurra hablarme así. - dijo un cabreado hermano mayor mientras miraba a su hermano a los ojos. Estaba realmente furioso y Sam lo notó. Sabía que su hermano no era así. Él solo lo miraba, intentando descifrar el por qué de aquel tan repentino enfado.

Al momento el de ojos verdes se dió cuenta de lo cerca que estaba de su hermano. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Miró los labios de su pequeño Sammy. Le parecían tan suaves y carnosos que no se dió cuenta de que levemente se estaba acercando hacia ellos. Sam no sabía que hacer ya que no podía salir del agarre de su hermano, pero una parte de su cuerpo quería ese suave roce con los labios de su hermano. Fue un suave beso, apenas un roce, pero lo justo para que el mayor de los dos huyera realmente avergonzado de allí.

Sam simplemente se quedó allí, sobre la pared, ensimismado, imaginando más de una continuación a aquello que acababa de pasar, no sabía por qué, pero le había gustado ese primer contacto, pero sería su pequeño secreto, al menos por ahora.