Chapter 7

El portazo que dió el pequeño de los dos fue tan fuerte que hizo que el mayor de los dos se despertara completamente sobresaltado.

-¿Qué pasa Sammy? -preguntó un Dean recién levantado, con un ojo cerrado aún y la voz ronca.

-Qué estoy hasta las narices Dean, o me dices qué mierda te pasa o la vamos a tener.-respondió el moreno. Se notaba que estaba bastante harto de los cambios de humor de su hermano mayor. Dean tragó saliva. No había visto a su hermano tan alterado como lo estaba en aquellos instantes.

-Habla Dean, estoy esperándote.- miro Sam a su hermano, esperando una respuesta.

-Sammy, yo...-comenzó a decir un nervioso Dean. "Como para decirle la verdad" pensó para sí el mayor de los dos. El moreno arqueó una ceja apremiando a que respondiera, pero eso solo consiguió poner más nervioso al mayor de los dos que no sabía que decir, por lo que decidió no decir nada. El pequeño mostro una sonrisa burlona. "Esto no va bien" pensó Dean suspirando.

-Con que nada eh...-dijo Sam mientras se acercaba a su hermano. Dean volvió a tragar saliva a medida que su hermano se acercaba a él, pero en un rápido movimiento se encontró con las grandes manos de su Sammy alrededor de su cuello, sujetándole contra la pared, y el cuerpo de su hermano pequeño muy cerca del suyo, tanto, que podía notar su respiración sobre sus labios. Al darse cuenta de su cercanía miró sus oscuros ojos, que tan bonitos le parecían a él, sus labios, los que quería volver a probar, sus brazos, bien definidos y fuertes, en definitiva a él, a su pequeño Sammy. La temperatura corporal de Dean comenzó a subir muy lentamente debido a la cercanía de su hermano, que lo miraba con los ojos encedidos, llenos de rabia, rabia por no poder hacer nada para que su hermano volviera a ser lo que era, el muchacho borde, prepotente y ligón que era.

-¿Vas a hablar? -quisó saber Sam, mientras seguía sujetando a su hermano. Dean negó con su cabeza, lo que hizó que el pequeño diera un fuerte puñetazo a la pared, al lado de la cara de Dean, lo que sobresaltó a este. Suspiró, aflojando el agarre de su hermano, pero sin separarse de él.

-Estoy preocupado por ti Dean, este no es mi hermano, el que yo conozco. ¿Qué te pasa? -volvió a preguntar el pequeño de los dos en un tono más conciliador y mirándolo con una mirada de cachorro apaleado. Y eso fue la gota que colmó el vaso. Dean se lanzó a los labios de su hermano, había conseguido reunir el valor suficiente para hacerlo, y dejó su parte racional de lado. Volvió a notar los labios de su hermano sobre los suyos, tan suaves y carnosos. Fue un beso rápido pero intenso. El pequeño de los dos se quedó a cuadros, pero le había gustado, aunque no sabía si eso era bueno o malo. El rubio de los dos miraba a su hermano acelerado, esperando alguna reacción de su Sammy, algo que le pudiera indicar lo que había significado para él lo que acababa de ocurrir, pero lo que nunca se habría imaginado es que su hermano le correspondía. Sam sujetó con firmeza el rostro de su hermano mayor y volvió a besarle, aunque esta vez más suave, dejándole ver que le quería y que le importaba. Dean estaba que saltaba de la alegría, tanto, que casi ni atina a devolver el beso que su pequeño Sammy le daba. Poco a poco el beso se volvió más caliente y húmedo, lo que excitaba a los dos hermanos de una manera que no concían. Dean, que seguía contra la pared, consiguió sentirse en la cama, sin separarse de los labios de su hermano, tironeó de la camiseta de su Sammy, lo que hizo que se pegara más a él y que sus manos comenzaran a recorrer el cuello del rubio, muy suave y despacio, haciendo que su piel se pusiera de gallina. Las manos de su hermano seguían bajando hacia su torso, mientras que las del mayor jugaban con el pelo de su pequeño Sammy. Dean creía estar en el cielo, hasta que un sonido le hizo caer de bruces al suelo. Era su móvil. Quiso dejarlo sonar y centrarse en su hermano, pero este se separó de él, aunque sin mucha gana. Eso significaba que tenía que cogerlo. Alcanzó el móvil de la mesilla y contestó.

-¿Diga? -dijo con un tono cortante, tanto que se sorprendió el mismo y lo que hizó reír levemente a su hermano, que lo miraba desde la otra cama, con las mejillas sonrosadas debido a su temperatura corporal. Dean sonrió al ver a su hermano así, estaba realmente adorable. La voz de Bobby al otro lado del aparato le hizo que omitiera que su hermano lo miraba de aquella manera, por lo menos unos minutos. Tras colgar, volvió a dejar el móvil en la mesilla y se sentó sobre las piernas de su hermano, rodeándole la cintura con las piernas. Estaba nervioso, aunque si ya le había besado y su Sammy le había respondido, ¿que podría pasar? La sonrisa de Sam le hizo saber que no le molestaba en absoluto. Suspiro y lo miro mientras colocaba sus brazos alrededor del cuello de su hermano pequeño. Notó la mirada de su hermano sobre él y sonrió.

-Al fin te veo sonreír.-dijo entre risas el pequeño de los dos. Ese comentario hizo reír al que tenía enfrente. Sí, definitivamente su hermano era adorable.

-Será que estoy feliz.-contestó el mayor sin borrar su sonrisa de su rostro.

-Hm ya, y por lo que veo tu pequeño amigo también. -dijo su Sammy mientras dibujaba una sonrisa un tanto juguetona en su rostro. A la vez que hacía todo esto, su mano bajaba ahora desde su pecho pasando por su vientre y su bajovientre llegando a su entrepierna. Madre mía, si antes habíamos visto al adorable Sammy, ahora estamos viendo al más sexy y follable Sam, faceta que el mayor de los dos no había tenido el placer de conocer aún. El rubio se mordió el labio y robo un beso de los suaves labios de su pequeño Sammy.

-Y, ¿por dónde íbamos? -pregunto el pequeño de los dos volviendo a besar a su hermano.

-Recuérdamelo tú, tengo lagunas. -río Dean mientras su hermano volvía a la carga atacando sus labios.

La noche pintaba muy interesante, tanto, que Dean se pensaba que estaba soñando, pero no quería despertar de ese maravilloso sueño, por lo que se dejo llevar y se dispuso a descubrir a su hermano a fondo, ya pensaría las cosas a la mañana siguiente. Sam, por su parte, no sabía que le pasaba ya que estaba disfrutando haciendo esto con su hermano, le estaba gustando, mucho, aunque una voz en su cabeza le decía que estaba mal y que debía parar, pero decidió no hacerle caso y disfrutar de las caricias y besos de su hermano mayor. Esa noche los dos iban disfrutar uno del otro, esa noche iba a cambiar sus vidas para siempre, aunque ellos aún, no lo sabían.