Hola! Por fin se me hizo actualizar, tal vez les de igual pero es que no tuve unos días muy buenos, el capítulo lo reescribí tres veces jaja, si así de mala soy. Primero lo escribí a mano (me gusta escribir a mano), después lo pase a la compu pero no me gusto como quedo, al siguiente día lo volví a escribir pero igual, no me funcionó, como me frustré no escribí nada de nada (porque escribo otras cosas aparte de este fic). Hace un rato me regañé yo sola y me dije que hasta que no escribiera el capítulo no podría ir a comer, y como soy muy tragona que ya lo he terminado ajajajaja. Espero que haya quedado más o menos decente.
Y como ya me creo mucho (es broma jeje) les quiero dedicar este capítulo a Pete Burque y Ester Damas o Ginger por darse el tiempo de leer este intento de fic y de contestarme los mensajes en FB, muchas gracias chicas!
Disclairmer: los personajes utilizados son obra de el señor Kishimoto, no busco ganar dinero (jo como si fuera posible) con sus personajes, los uso por mero capricho de no querer inventarme unos, no, más bien es flojera jeje, y bueno que adoro a Naruto.
Bueno ya fue mucho blah, blah, blah. Les dejo el capitulo
...
Cuando la muerte atraviesa el camino de una persona ya no hay marcha atrás.
Capítulo 2. Sufrimiento
Una verdadera amistad es aquella que puede atravesar un nido de espinas y terminar sin ningún rasguño. Una verdadera amistad es capaz de lograr los más grandes milagros. Una verdadera amistad es aquella que nunca podrá borrarse de tu corazón aunque pasen mil años. Porque una verdadera amistad puede sobrevivir aun después de la eternidad.
Hoy hace dos meses mi mejor amiga falleció. De una manera rápida y absurda le fueron arrebatados sus sueños, su vida y todo aquello que aún le faltaba por vivir. Si me lo preguntan nunca he pasado ningún acontecimiento peor a ese; si me lo preguntan creo que jamás me podré sobre poner; si me lo preguntan creo que este tortuoso sufrimiento jamás desaparecerá; y si me lo pregunta nunca, jamás de los jamás la podré olvidar. Ella era mi mejor amiga, aquella persona con la que lo compartía todo, con la que crecí, reí, grité, lloré, hablé y soñé, esa persona especial con la que compartes tantas cosas que ni cuando encuentres al amor de tu vida las compartirás. Esa persona que está ahí para ti en cualquier etapa de tu vida, desde aquellos momentos en los que no vives más que felicidad hasta aquellos en los que la depresión te consume, es ella esa persona con la que no había cosa que no compartía, aquella que conocía hasta el más íntimo detalle de mi vida, aquella que a pesar de mi errores, de mis defectos, me acepto y siempre cuido de mí. Mi mejor amiga.
Fue una mañana de sábado cuando la perdí, el día 23 de septiembre, justo cuando ella cumplía sus dieciséis años. Desde ese momento en que vi como era arrollada por un auto cambié por completo, algo dentro de mí se quebró, algo que jamás podría ser reparado.
Miré mi rostro en el espejo del baño. Las ojeras ahora estaban más pronunciadas, mis ojos estaban rojos e hinchados, mis labios cuarteados, resecos y pálidos, mi piel demasiado blanca, bien podría ahora ser pariente de Sai.
Me puse mi uniforme, iba a peinarme pero no tenía los ánimos para hacerlo así que, con nudos en mi cabello y sin cepillarlo, me amarré el cabello en una cebolla. Cepillé mis dientes y salí de casa sin parar en la cocina para desayunar ni para despedirme de mis padres. En lugar de tomar el camino hacia el colegio tomé el que llevaba a casa de mi mejor amiga.
— Buenos días —saludé al abrir la puerta.
— Buenos días —correspondió la señora Yamanaka al verme entrar— ¿Flores?
— Si, por favor, esta vez que sean unas liliums amarillas y unas rosas blancas —contesté mientras observaba uno de los arreglos en que trabajaba la madre de mi mejor amiga.
— Sakura... sé que esto es muy difícil de sobre llevar, soy su madre, claro que lo sé —sus ojos empezaron a anegarse en lágrimas las cuales no fueron derramadas—, es sólo que creo que no estas llevando bien esto, sigues igual que...
— No diga más —interrumpí con brusquedad—, no diga más... No soy la única que esta así, usted misma sabe que se siente igual o peor que yo, ya lo ha dicho, es su madre, así que por favor absténgase de decirme algo, no creo que sea la persona indicada para hacerlo.
— ¿Y quién si lo es? —Pregunto el padre de mi mejor amiga entrando de improvisto— Ya todo el mundo te lo hemos dicho, Sakura, que tienes que dejarla ir, que no es saludable que estés así, pero sigues sin hacer caso. Y antes de que digas nada déjame decirte que llevas toda la razón, nosotros estamos igual que tú, ¿cómo no estarlo? Pero hay una gran distancia entre nosotros y tú por la cual podemos decirte esto, mientras nosotros luchamos día a día por sobre ponernos de su partida e intentamos seguir adelante, tú estás haciendo absolutamente lo contrario, cada vez te ves más hundida por la tristeza, cada día te pareces menos a esa Sakura que fue la mejor amiga de nuestra hija.
Sin poder hacer nada para evitarlo sentí como múltiples lágrimas descendía por mi rostro. Un gran nudo se situó en mi garganta impidiéndome proferir palabra alguna. Mi corazón nuevamente fue estrujado y el aire en mis pulmones empezó a escasear. No pude permanecer más tiempo ahí de pie; tomé el ramo de flores que la señora Yamanaka ya había terminado de arreglar, aventé el dinero en el mostrador y salí huyendo de ahí. Corrí y corrí con todas mis fuerzas, aun sentía que el aire me faltaba, las lágrimas no paraban de caer, mi pecho no dejaba de doler pero aun así continué corriendo. Cuando por fin paré de aquella absurda huida me di cuenta que estaba más que alejada del colegio y mucho más próxima al cementerio. Limpié mis lágrimas, tomé aire y empecé a andar pero esta vez a paso lento. Me detuve en la parada de autobuses, minutos más tarde aborde el que necesitaba. Bajé a cinco cuadras del cementerio. Al llegar saque las flores marchitas de hace dos días y deposite las nuevas en aquellos floreros que le había llevado.
Suspire con amargura y me dejé caer sobre el césped.
— Mi abuela siempre me dijo que era falta de respeto pisar la tumba de un muerto —mencioné en un susurro—, pero yo no creo que a ti te moleste, ¿verdad?
Me acerqué más a su lapida y me recargue en ella. Volví a suspirar pensando en si llamarían a mis padres por haber faltado al colegio. Otro suspiro, la verdad eso no importaba. No supe en que momento sucedió pero me quede dormida. Tuve un sueño extraño en el que estaba parada en una habitación vacía que no tenía techo y dejaba ver el hermoso cielo azul con el sol brillando, vestía con un vestido negro muy de los años 60`s, di un paso y unas bancas cayeron en aquella habitación, otro más y apareció un montón de gente también cayendo del cielo, seguí caminando y esta vez cayeron los padres de Ino, llegué hasta ellos y un ataúd cerrado se materializo de la nada frente a nosotros, los señores Yamanaka se alejaron y el ataúd se abrió; Ino se sentó como impulsada por un resorte y empezó a hablarme: "Si tan solo me vieras, si supieras que estoy aquí, que nunca me fui...". El sueño se desvaneció y desperté en el cementerio. Parpadeé un par de veces y paseé mi mano por mi frente.
— Mejores amigas por siempre —solté al pasear mi mirada por la inscripción de la lápida—. Ese por siempre abarca todo Ino, aun después de la muerte.
Salí del cementerio y empecé a caminar sin prestar atención de a dónde iba. Mi celular empezó a sonar. Era Shiho preguntándome si iría a mi turno, no lo había notado pero ya estaba media hora tarde. Me disculpé con ella y me ofrecí a cubrirla el domingo, ella insistió en que no era necesario pero al final accedió.
Giré para ver donde me encontraba, no reconocí muy bien el lugar hasta que avance un poco y vi a lo lejos un pequeño parque. Era aquel donde solíamos ir con nuestras madres al salir del Kinder. Ahora tenía más juegos, más árboles y más bancas. Había bastantes niños jugando en los que ahora eran los juegos principales. Seguí mi camino y llegué hasta el otro lado donde todavía estaban aquellos columpios en lo que siempre subíamos Ino y yo. Además de los columpios el resto de los juegos en los que pasaba mis tardes con mi mejor amiga seguían ahí. Lo que no había eran niños. Ni uno solo jugaba en esa parte del parque.
Me acerqué hasta los columpios y me subí de pie en uno de ellos, apreté las cadenas con fuerzas y me sumergí en uno de esos tantos recuerdos que me hacían alegrarme aunque sea un poco mientras estaba dentro de ellos. Sin embargo el recuerdo que se colocó en mi mente no fue exactamente uno que me gustara, y aunque era feliz de verla en esos recuerdos entristecí.
— Ino, quiero hablar contigo —llamé a la espalda de mi mejor amiga con voz fuerte y decidida.
— ¿Qué sucede, Saku? Te ves extraña —comentó la ojiazul.
Nunca pude olvidar ese día, no olvidé el suave viento soplar a nuestro alrededor, moviendo nuestros cabellos. Ino vestía esa hermoso top al ombligo de cuello de chimenea que le quedaba también, siempre pensé que el morada hacia resaltar sus ojos, también llevaba su short negro y sandalias, siempre se ha visto fenomenal con cualquier cosa que se ponga. Yo con mi blusa roja abierta y mi cabello suelto, unos pescadores no muy pegados y mis sandalias.
Siempre quise ser tan bonita como ella. Quería tener muchos amigos como ella. La admiraba, siempre fue así. Pero ese día me dejé llevar. Ese día olvidé que ella había sido la primera en brindarme su amistad. Olvidé que si no hubiera sido por ella nunca hubiera adquirido la confianza que tenía en esos momentos. Ella me ayudó a dejar de llorar, me brindó su mano y dejó que me apoyara en ella, hizo salir lo mejor de mí. Así era ella, una gran persona. Pero yo no supe valorar. Fui tonta, demasiado. Muy estúpida por alejarla de mí.
— He oído que a ti también te gusta Sasuke —lancé sin rodeos.
Ino abrió mucho los ojos y después sonrió. "¿Porque justamente el?" pensé con tristeza. Él era el chico que me gustaba desde siempre, del cual yo estaba enamorada. Si era mi mejor amiga no debería de fijarse en él, ¿no es así? Si se decía mi mejor amiga lo que debía contestar era que no, que me apoyaba a mí, pero no fue así.
— Si, siempre me ha gustado.
En esos momentos sentí un fuerte dolor en el pecho. Si esa era su respuesta ya no podríamos ser amigas, mucho menos mejores amigas. Estiré de mi cabello aquel listón rojo que me regaló cuando más niñas y se lo ofrecí.
— Entonces tú y yo ya no podremos ser amigas. De hoy en adelante seremos rivales.
Ino abrió más los ojos ante lo que dije, no contestó y simplemente tomó el listón clavando su mirada en mí.
Eso paso cuando teníamos once años. Dos años pasaron en los cuales de lo que fue nuestra gran amistad no quedo nada. Con tan sólo cruzar miradas empezábamos una guerra sosteniendo la mirada de la otra, después eso se transformaba en una guerra verbal. Al principio siempre era yo la que iniciaba pero después Ino hizo lo mismo.
El tiempo transcurrió entre ver quien era la que conseguía llamar la atención de Sasuke, siempre estábamos revoloteando a su alrededor, siempre elogiándolo, buscando su aceptación. No me di cuenta pero poco a poco Ino fue dejando de hacerlo y mientras ella más se alejaba de Sasuke yo más intentaba acercarme. Siempre le decía lo bueno que era en todo lo que hacía, el gran genio para cualquier materia, el mejor en los deportes, el más guapo de Konoha. Él nunca me prestó atención.
Fue cerca de mi cumpleaños catorce cuando Ino y yo volvimos a ser amigas. Todo sucedió un día mientras regresaba de la escuela, tenía que pasar a comprar un par de cosas para la cena así que me desvié del camino normal. Al salir del supermercado me dirigí por otro camino que según era un atajo. Para mi mala suerte en el me encontré con Kin, Dozu y Zaku. Con la primera había tenido un par de altercados gracias a sus ganas de molestar y mi gran bocota. Caminé normalmente y los pasé de largo sin que me dijeran nada, sólo di unos pasos más cuando sentí que alguien me tomaba por el cabello y me jalaba hacia atrás haciéndome caer.
— ¿Creíste que no te haría nada? —no terminó de decir cuando sentí que empezaba a golpearme. Por supuesto yo me defendí pero los otros entraron en acción.
Estaba recibiendo una verdadera paliza cuando sentí que uno de ellos dejaba de hacerlo.
— ¡Déjenla, malditos montoneros! —oí gritar a alguien. Esa voz... esa voz era la de Ino.
Giré para ver que ocurría y vi a Ino enfrentándose contra Kin. Como siempre Ino era muy buena. Zaku quiso atacarla por la espalda pero Shikamaru se lo impidió abalanzándose sobre él con su natural desgana. Dozu pensó en correr a ayudarlos pero yo haciendo mi mayor esfuerzo lo pude retener. En eso momentos Dozu sacó una navaja y quiso encajarla en Shikamaru pero se detuvo al instante. Las sirenas de las patrullas se oían curiosamente lejos pero cerca.
— Bien, Choji si llamó a la policía —vocifero el Nara.
— Malditos mocosos —gruño Dozu.
— Vámonos de aquí —ordeno Zaku.
— Ya me las pagaras pelo de chicle y tú también rubia sin neuronas — grito Kin mientras corría con los otros.
— ¡Ja pues esta rubia sin neuronas te ha hecho correr!
No pasaron ni dos segundos cuando Choji llegó con celular en mano. Las sirenas provenían de él.
— ¿Estás bien, Sakura? Tienes un montón de heridas —dijo Shikamaru acercándose a mí.
— Si, si lo estoy —contesté poniéndome completamente en pie.
— Será mejor que te llevemos al hospital.
— No, de veras yo...
— ¿Ino, tu tía Tsunade está todavía allá?
— Si, tiene turno hasta las 10.
No me dejaron decir nada más y me llevaron hasta el hospital. Shikamaru y Choji tenían cosas que hacer así que me dejaron en el consultorio con Ino. Estuvimos un rato calladas hasta que por fin me decidí hablar.
— Gracias —murmuré.
— ¿Qué dices?
Inner: maldita Ino puerca me la quieres poner difícil ¡eh! Pues ya verás que puedo ser muy amable.
— Dije gracias —contesté lo más cortes posible.
— No tienes nada que agradecer, es algo que cualquiera hubiera hecho.
— Si, lo sé, también cualquiera daría las gracias a quien le ayudó.
Volvimos a quedar en silencio y minutos después Tsunade-sama entró. Ino se fue y para cuando salí del consultorio de Tsunade mis padres ya me esperaban afuera.
Al día siguiente, y después de no poder dormir en toda la noche, decidí hacer las cosas bien. Ino me había ayudado a pesar de que ya tenía tiempo de que yo le había dicho que seriamos rivales. Pensándolo bien siempre estaba ahí ayudándome. Siempre.
A la hora del almuerzo fui a buscarla y la encontré con Choji y Shikamaru como ya era costumbre.
— Ino, quiero hablar contigo —dije al llegar — Oh, gracias Shikamaru, Choji, si no hubieran estado ahí quien sabe cómo estaría ahora.
— Tssk todo fue tan problemático, pero no es como si fuéramos a dejarte ahí, además Ino...
La ojiazul calló al chico con un golpe en las costillas y se levantó de su lugar postrándose frente a mí.
— ¿De qué quieres hablar?
Yo le hice un movimiento de cabeza y fuimos hasta otro árbol.
— Yo... creo que no me expresé bien ayer —comencé a decir—. En serio te agradezco que me hayas ayudado, sé que tal vez no fue una decisión fácil de tomar pero aun así lo hiciste así que... Muchísimas gracias.
— Wow, no pensé que te llegaría a oír decir eso. De nada y... toma.
De la bolsa de su falda sacó un pequeño polvo compacto. Estiré la mano y lo tomé. Era de una marca muy buena y cara, por supuesto, si no Ino lo tenía no era para menos.
— Te ayudara a disimular esos horribles moretones que tienes en la cara, de hecho parecerá que no te hubieran golpeado, je hasta te verás por fin bonita.
Inner: ¡Maldita Ino puerca lo tenías que arruinar!
— Gracias —sonreí fingidamente— ¿Es lo que usas tu para verte medio decente? ¿Qué usas para tus lonjitas? ¡INO PUERCA!
— ¡¿Cuáles lonjitas FRENTE DE MARQUESINA?! Y claro que yo no uso maquillaje, eso lo usan sólo aquellas que no son bellas jajajaja.
— Si por eso te lo estoy diciendo...
Comenzamos una de nuestras comunes discusiones pero esa vez se sintió diferente. De ahí en adelante comenzamos a interactuar más hasta que llegamos al punto en que volvimos a ser mejores amigas. Nunca me disculpé por haber deshecho nuestra amistad por un chico. Ella tampoco nunca lo mencionó, nunca me lo reprochó, ni una sola vez. Ella en verdad siempre se comportó como una gran amiga, no como yo.
Ahora, cinco años después de aquel día en que había roto nuestra amistad, pienso en todo por lo que tuve que disculparme y que no lo hice. Pienso en que si ese día Kin no me hubiera atacado nunca hubiera vuelto a ser amiga de Ino, y si eso hubiera pasado me hubiera dolido mucho más su muerte. Ahora mismo estoy sufriendo tanto, nunca hubiera pensado que este dolor de verdad fuera real. Tampoco hubiera imaginado que en lugar de calmarse poco a poco este dolor fuera creciendo día a día, llegando al punto de ser insoportable. Porque así como con cada recuerdo me siento más viva, así mismo una punzada viene a mí al saber que no podré forjar más de ellos, que por más que lo desee nunca podre reír junto a ella, llorar con ella, hablar con ella. Y al pensar en eso siento que me marchito lentamente y me pregunto si tardare mucho en terminar de marchitarme. También me pregunto si podría usar un método que me llevara hasta ella y después me arrepiento por pensar así. Ella se enojaría si se enterara de las locuras que pasan por mi mente, y al recordar eso otra vez las cosas que vivimos juntas vuelven a aparecer y después se van y todo comienza de nuevo. Todo es un círculo interminable de dolor, sufrimiento y depresión. Y ese círculo hace que me sienta consumida por la oscuridad, no una oscuridad de maldad, no, más bien una de infinita soledad de la cual no hallo ni quiero salir.
— Ino... si tan solo no te hubieras ido...
— ¿Y quién dice que lo ha hecho?
Giré mi rostro ante esa pregunta-respuesta y no pude sorprenderme más.
...
