DISCLAMER: Aunque está demás decirlo, nada de esto me pertenece, salvo algunos personajes y las locas cavilaciones que aquí se presenten. Todo lo demás pertenece a J.K Rowling, quién creó esta fantasía que algunos se nos hace tan real, que casi forma parte de nuestra vida.
Enjoy!
Capítulo 14
¿Querías conocer el secreto más grande de los merodeadores? Pues aquí lo tienes.
A Lily se le contrae el corazón cuando observa, detrás de una columna, que James, Sirius y Peter salen con extremo sigilo por la puerta del castillo. No lo entiende, olvidó como respirar y no sabe si debe seguir adelante. No sabe si debe salir de su escondite y regresar a la habitación o dirigirse a los jardines y ser parte de la noche más oscura que ha vivido.
Quiere detenerse y pensarlo mejor, pero antes de que pueda hacerlo, sus pies la han llevado hasta la puerta y sus manos la han abierto. Hace un frío del demonio y pareciera que el invierno hubiese llegado de golpe, calándole la espalda y nublándole los sentidos.
Afortunadamente sus ojos se acostumbran a la oscuridad y ve tres figuras corriendo varios metros delante de ella. "No les pierdas de vista", le había dicho Snape. Y ahora, no estaba dispuesta a hacerlo.
Les sigue lo más rápido que puede, entre los matorrales y arbustos, y hace más ruido del que quisiera pero, para su suerte, los tres merodeadores parecen demasiado apresurados y preocupados cómo para notar que ella les sigue los pasos.
De repente, se detienen.
Lily se para en seco, y agradece haber quedado oculta por un frondoso abeto. ¿Qué rayos está sucediendo? James, Sirius y Peter observan el sauce boxeador cómo si jamás lo hubiesen visto. Intercambian un par de palabras y entonces, ocurre lo más impensado, lo más increíble… Lo imposible.
Ante los enormes ojos de la pelirroja, Peter Pettigrew se transforma en una pequeña y gorda rata peluda.
No puede ser, no puede estar pasando… ¡No puede ser cierto! Se tapa la boca para acallar un suspiro ahogado, se tapa los ojos para no presenciar la horrible verdad. Y entonces, algo más increíble aún ocurre, el sauce boxeador queda completamente paralizado. Escucha la voz de Pettigrew.
-¡Ya está! ¡Apresúrense!
Y luego la voz firme de Sirius.
-Démonos prisa, Remus ya debe estar transformado.
¿Remus ya debe estar transformado? ¿Transformado en qué? ¿Y dónde? Y cuando Lily cree que su cerebro ha colapsado y que su corazón no puede aguantar más experiencias fuertes, la realidad le cae como un balde de agua fría. Ahí, ante sus propios ojos, Sirius Black se transforma en lo que parece ser un enorme perro negro… Y James Potter desaparece para dar lugar a un esbelto ciervo de enorme cornamenta. Ambos animales se reúnen con la rata y desaparecen tras una especie de túnel. Acto seguido, el sauce boxeador retoma su movilidad.
Lily no puede moverse, solo se queda ahí, encogida en el matorral, abrazándose las piernas y cubriéndose la cara, intentando recuperar el aliento y digerir la terrible verdad que ha presenciado. ¡Animagos! Animagos de diecisiete años, Animagos no registrados, ilegales, prófugos… Violación del código de Transformación Mágica Humana, violación de todas las reglas que conoce y que respeta. Y entonces el impacto inicial da paso a una profunda rabia. ¿Es que acaso esos imbéciles no tienen límites? Está bien burlarse de los Slytherin, está bien burlarse de los profesores, está bien llevarse por delante a todo y a todos, está bien creerse los putos amos de la escuela… ¡Pero todo tiene un límite! Los juegos lo tienen, las bromas, las tonterías… y lo que acaba de presenciar supera ese límite. No existe nada que lo justifique. ¡Nada, maldita sea!
Lily se levanta y sale del matorral sacudiéndose la túnica, con los labios apretados y el ceño fruncido. Está preocupada, está consternada, porque ahora que sabe la verdad no sabe qué hacer con ella. Ojalá nunca lo hubiese sabido, ojalá hubiese seguido eternamente ajena a Potter y a los merodeadores.
Escucha un crujido, es casi como un chasquido, y nota que ya no escucha los movimientos del sauce boxeador. Se voltea y, efectivamente, el sauce está completamente inmóvil.
No alcanza a reaccionar, no alcanza a ocultarse, siquiera a agazaparse un poco. Ante sus ojos, cómo si no hubiese vivido suficientes emociones para un día, cuatro animales le observan.
El ciervo, el perro, la rata… y un lobo… no parece ser un lobo común, no. Es demasiado esbelto y los miembros parecen más humanos que caninos. Y entonces, Lily Evans se tapa la boca con las manos antes que se desate la tormenta, porque lo comprende.
Prongs, Padfoot, Wormtail y Moony. Los cuatro merodeadores se muestran ante ella, cómo nadie más los conoce, cómo los verdaderos, cómo los únicos…
No alcanza a soltar si quiera un grito, cuando el lobo se abalanza sobre ella derribándola, el ciervo se interpone y le entierra la cornamenta en el costado. El perro, a punta de mordiscos, gruñidos y zarpazos, logra alejarlo por un segundo. El ciervo aprovecha, y ayuda a Lily a incorporarse, y entonces… un gemido de dolor canino le llena los ojos de lágrimas. El ciervo no la deja voltearse, a punta de empujones la obliga a marcharse corriendo, y luego regresa a ayudar al perro y a controlar al lobo. Los ve internarse en el bosque y ella sigue corriendo, no se detiene hasta que llega al vestíbulo del castillo.
Una vez dentro, Lily estalla en llanto. En largos sollozos ahogados que no puede controlar ni reprimir. Siente la angustia en el pecho, le sube por la garganta y sale de su boca en amargos quejidos que ni siquiera se molesta en acallar. Unos brazos la rodean, le aprietan con más fuerza de la necesaria pero no llegan a lastimarla.
Y luego la voz más seria, más ronca, más lastimada que ha oído. James Potter.
-Sube a la sala común, ahora. Espérame ahí.
Asiente con la cabeza con los ojos abnegados de lágrimas, y lo último que alcanza a ver antes de largarse hacia la torre, es a Sirius entrando por la puerta del castillo, con un brazo sangrándole profusamente, y luego a James fundiéndose con él en un abrazo de alivio, manchándose con su sangre.
Lily pierde la noción del tiempo, del espacio. Está pálida, impactada, lívida. Siente que no puede hablar, que no puede pensar. Siente que no puede sentir.
No sabe cuánto rato pasa. Solo percibe el profundo silencio de la sala común, la tenue oscuridad y las brasas de la chimenea aun crepitando.
Y luego el retrato moviéndose.
-¡Tú sabes que hay que hacerlo, James!- le espetaba Sirius al aludido. Se había hecho una especie de vendaje en el brazo, sin embargo, éste estaba completamente teñido de rojo.- ¡Un hechizo desmemorizador y problema solucionado!
Lily ahoga un gemido. Los demás notan que está ahí. Se siente ajena, sucia, indigna.
-No te permitiré hacerlo.- Le contestó James firmemente a su amigo, sin apartar los ojos de Lily.
-Lo sé.- aceptó Sirius. Saca la varita de su bolsillo con rapidez y la empuña hacia la pelirroja.- Por eso no te daré opción.
-¡Expelliarmus!- Conjura James, y la Varita de su amigo vuela hasta su mano. Su mirada es dura, severa y firme.- Te dije que no te dejaré hacerlo.
Tres pares de ojos se fijan sobre ella. Lily sostiene la mirada con sentimientos encontrados. No solo se ha enterado de lo que no quiere si no que ahora provoca que uno de los merodeadores quiera hechizarla y que el otro llegue al punto de desarmarlo. No sabe qué decir, cómo actuar… no sabe ni siquiera que mierda pensar.
-Soy partidario del dialogo, por sobre todo.- Comenzó a decir James, mirándola intensamente. Sirius rueda los ojos y Peter está en completo silencio, retorciéndose las manos.- Y quiero creer, Evans, que tú eres una persona con la que se puede dialogar. ¿Lo eres, no?
Lily tiene la garganta congelada. Asiente con la cabeza.
-¿He tenido que dejar a Remus solo en el bosque para venir a hacer una puta mesa de diálogo?- chilló Sirius enfurecido.- ¡Déjate de mariconerías, James, y volvamos con Remus!
Y entonces, sólo por sí a Lily le hubiese quedado alguna duda, la verdad vuelve a bañarla y causarle un escalofrío. Remus es un licántropo. Se pasan las manos por la cara desesperada y se atreve a decir.
-No puedes volver, Black.- Murmura la pelirroja, Sirius la miró con los ojos encendidos de rabia.- Estás herido gravemente…
-¡Y te recuerdo que es por culpa tuya!- le espeto Sirius enojado, James lo tomó por los hombros para que se calmara.- ¿Qué hacías ahí, Evans? ¡Qué mierda hacías ahí!
-Yo…- titubeo Lily con la garganta inundada de lágrimas.- Yo no lo sé… les juro que no lo sé.
Se dejó caer en el sillón cubriéndose la cara con las manos sin poder reprimir el llanto. Pareció retomar la compostura, o al menos, un poco de ella y preguntó:
-¿Porqué? Solo díganme por qué lo hacen. ¿Saben cuantas normas están violando? ¿Saben que pueden ir a parar a Azkaban por esto? ¡Es lo más insensato que he visto en mi vida!
-¡Ah la mierda! ¿Lo ves, James?- le reprochó Sirius enojado a su amigo.- ¿Dialogar? ¿Para qué? ¿Para escuchar a una amante de la autoridad regañarnos como pendejos por haber violado la ley? No me jodas, por la puta madre.
-Cálmate, Sirius.- le dijo James, sorprendentemente tranquilo. Le temblaba la ceja izquierda y no dejaba de sobarse las sienes.- Déjame a mí, ¿Sí? Sólo sube a curarte ese brazo.
-¿Sabes que es lo que hare? ¡Haré lo que hace un jodido amigo y regresaré al bosque con Remus!- exclamó Sirius.- Porque aunque esta mujer no sea capaz de entender lo que la amistad significa, yo sí lo hago. Y volveré a cumplir con ese deber.
-¡No puedes ayudar a Remus si estás herido!- le contestó duramente James perdiendo la paciencia de una vez.- ¿Entiendes eso, Sirius? ¡No puedes ayudar a nadie si ni siquiera eres capaz de ayudarte a ti mismo! Serás un estorbo más que un aporte, así que hazme un jodido favor y sube a curarte el puto brazo de una vez antes de que causes más problemas. ¿Entendiste?
Lily se siente pequeña, impotente. Nunca había visto a James Potter hablar así, nunca se había imaginado que James Potter pudiese enojarse por algo. Nunca se lo había imaginado hablándole así a su mejor amigo. Y todo era por su culpa.
Sirius le sostiene la mirada al de lentes por un minuto. Sisea con agresividad y suelta un fuerte improperio. Le echa una última mirada amenazante a Lily y se larga escaleras arriba.
-Ve con él, Peter.- le pide James a su otro amigo.
-James, yo… la verdad, prefiero quedarme contigo porque…
-¡Ve con él, te he dicho!- le gritó James enojado. Peter se encogió, asustado, y asintió con la cabeza retirándose con rapidez.
El ambiente es tenso. Asquerosamente tenso. Lily está sentada en el sillón retorciéndose las manos y mirando a James con toda la dignidad que puede. James está cruzado de brazos frente a ella mirándola cómo jamás lo ha hecho. Por fin, habla:
-¿Estás herida?- le pregunta con frialdad.
-No. Estoy bien.- logra articular la pelirroja.
-Bien.- le contestó James con el mismo tono distante.- ¿Has entendido lo que presenciaste esta noche, no es así?
-Sí. Lo he comprendido.
-Bien.- Repitió James.- Entonces, si verdaderamente lo has entendido, supongo que sabrás que debes guardar silencio y jamás hablar de esto con nadie. ¿Cierto?
Lily le mira escandalizada. Comienza a retomar el habla y sus neuronas comienzan a hacer sinapsis otra vez. Las palabras de James le hierven la sangre que le corre por las venas, ¿cómo es posible que llegue hasta ese punto? ¿Cómo es posible que todo sea un jodido juego y que no haya un puto límite que respetar? Qué pasaría si ella fuera una chivata y decidiera contarles a todos lo que vio… ¿Era James consciente de que no podía pretender mantener su secreto a salvo para siempre? Le jodía que no tuviese un mínimo de cuidado.
-¿No contárselo a nadie?- repitió Lily con sorna.- ¿Tú has pensado que pasaría si decido no guardar silencio? ¿Estás consciente mínimamente de lo que sucedería, Potter? Pues déjame decírtelo, solo en caso de que no lo sepas. ¡Irás a parar a Azkaban! ¡A pudrirte en Azkaban! Y tus queridos amigos Black y Pettigrew te harán compañía en las celdas aledañas. ¿Y qué pasaría con Remus? Tú dímelo, Potter, ¿qué pasaría con Remus si yo hablo?
James se queda en silencio. Su mirada está encendida y sus labios fruncidos por la rabia. Tiene el ceño fruncido y pareciera que en cualquier momento sacará la varita y atacará.
Lily reacciona con lo único que puede, con lo que el impacto, el miedo y la preocupación le permiten. Reacciona con más rabia de la que verdaderamente siente.
-Déjame ayudarte, ¿De acuerdo?- continua la pelirroja, siseando las palabras con rabia.- Remus irá a parar al Departamento de Regulación de Creaturas Mágicas y será sometido a juicio por el riesgo que pudo haber implicado. Perderá su matrícula en Hogwarts y jamás podrá graduarse. Olvida que pueda seguir estudiando en el futuro… ¿Te das cuenta, Potter? ¡No puedes pretender que nadie nunca te descubra! ¿Te das cuenta con lo que estás jugando?
-¡No es juego, Evans!- le interrumpió James enfurecido.- ¿Crees que esto un juego para mi, crees que es gracioso? ¡No lo es! ¿Crees que no sé que podría pudrirme en una puta celda por esto? ¡Pues lo sé! ¿Crees que no sé que Remus puede perder lo poco que le queda? ¡Pues también lo sé!
Lily abre los brazos y tuerce el gesto cómo invitándole a decir que mierda pretende entonces. La pelirroja mira detrás de James, Peter y Sirius han vuelto a bajar, el último con una nueva camisa y el brazo envuelto en un enorme vendaje improvisado con lo que parece ser una vieja túnica.
-¿Pero sabes que sé también, Evans?- continúo James con el mismo tono peligroso y distante.- Sé que mi amigo experimenta el dolor más profundo que puedas imaginar, y lo hace todos los putos meses. Sé que mi amigo se atormenta todos los demás días del mes porque se siente una bestia asquerosa e indigna del cariño de quienes lo rodean. Sé que mi amigo podría largarse una noche de luna llena y no sobrevivir a la transformación o lastimarse tan gravemente que quizás no vuelva a verlo con vida a la mañana siguiente. Dime, ¿Pensaste tú en alguna de esas cosas mientras me dabas tu brillante discurso acerca de las normas que he roto y las autoridades a las que he desafiado?
Lily le mira con los ojos muy abiertos y aprieta los labios con fuerza. No sabe qué decir.
-El silencio otorga, Evans.- Continuo James.- Esto es lo que soy, pelirroja. Este soy yo, sin misterios ante ti. He roto más reglas de las que puedas contar ¡He desafiado todos los putos códigos! … Pero hay uno que conservo. Hay uno que no romperé jamás.
No tiene que decir cuál es. Lily sabe a lo que se refiere. Lo tiene tan claro que siente que los ojos le escuecen. Sirius dio un paso adelante y se puso junto a James. Estaba más calmado.
-No hicimos esto por diversión, Evans. No fue una ocurrencia loca. Fue un plan serio, controlado y premeditado.- Le explico Sirius con más tranquilidad. James asintió con la cabeza.- Y quizás te parezca insensato, y no niego que lo es, pero los motivos que tuvimos para hacerlo lo valen. Tú no sabes, Evans… no puedes si quiera imaginar, lo que es tratar de conciliar el sueño las noches de luna llena sabiendo que tu amigo está viviendo un infierno. No sabes lo que es verlo a la mañana siguiente, tirado en una camilla sin saber si está vivo o muerto. No sabes lo que es curarle las heridas…
Lily siente que toda su rabia se aplaca. Que toda esa incomprensión que sentía va cediendo y se convierte en una profunda admiración. Lo entiende, lo acepta, lo justifica. Porque ella, en su lugar, hubiese hecho lo mismo.
-Si me dices que guardarás silencio, te creeré.- Continuó Sirius aclarándose la garganta.- Y si quieres juzgarnos, lo aceptaré. Pero solo te pediré una cosa, no juzgues a Remus. Él no tiene la culpa de nada…
Lily siente la cara tiesa y ya no le quedan más lágrimas, solo por eso no puede seguir llorando. James la mira intensamente. Se acerca a ella, le seca el rostro y le murmura al oído.
-¿Querías conocer el secreto más grande de los merodeadores? Pues aquí lo tienes. Así que, quieras o no, ya estás adentro. Ahora dime, ¿Qué vas a hacer?
Lily sintió un escalofrío recorrerle la espalda y llegarle hasta lo más profundo. Está segura que ya no tiene nada que ver con el hecho de descubrir el más grande secreto de los merodeadores.
-Guardaré silencio.- sentencia Lily aclarándose la garganta e ignorando el nudo que siente en el estómago.- Hablaré mañana con Remus. Buenas noches.
Quisiera que sus palabras hubiesen sonado más amables, menos frías y menos cortantes, pero no puede. No puede si quiera pensar en otra manera de decirlo. Cuando sube las escaleras rumbo a la habitación, siente los ojos de los tres merodeadores aún clavados en su espalda. Cuando entra a la habitación, Trinity y Charlie ya están descansando.
Lily Evans se duerme llorando esa noche.
Cuando Remus abre los ojos, a la mañana siguiente, le duele todo. Cada centímetro de su cuerpo. No recordaba la última vez en que una transformación le había dejado en tal estado. No sabe porqué habrá sido tan violenta, porque no logra recordar nada.
Cuando logra despabilarse y es consciente de que está en la enfermería, nota que Sirius, James y Peter ya están ahí. Se preocupa, porque la única vez que sus amigos estuvieron ahí, antes que él despertara, fue cuando Snape les había descubierto.
-Díganme que no me veo tan mal como me siento.- dijo Remus con una media sonrisa, hizo un intento por incorporarse en la cama, pero el dolor no se lo permitió.
Peter no se ríe. Sirius no bromea. James sonríe por cortesía. Algo está tremendamente mal.
-¿Qué pasó anoche?- pregunta Remus con terror.
Nadie le contesta. Pero un perfume que conoce inunda la enfermería. Es Lily. Remus la mira aterrado.
-¿Cómo te sientes?- pregunta le pelirroja con vacilación.
Remus mira a sus amigos escandalizados. Ellos no le sostienen la mirada. Remus comprende, se tapa la cara con las manos.
-Mierda…- murmura con la cara aún oculta. Luego parece recordar algo y la mira aterrorizado- ¿Se lo dijiste a Trinity?
-¡No! ¡Remus yo no…- chilla Lily con los ojos muy abiertos. Suspira.- No, Remus. No se lo he dicho, ni se lo diré.
Remus asiente con la cabeza cubriéndose los ojos con una mano. Luego mira a sus amigos.
-¿Pueden dejarme a solas con Lily?- les pide. Ellos asienten con la cabeza y abandonan la estancia con pesar.
Cuando han salido, Lily se sienta a su lado, conteniendo las lágrimas. Le acaricia la mejilla con el dorso de la mano.
-Oh, Remus… ¿cómo no lo noté?- le pregunta ella con la voz quebrada.
-Era la idea, Lily. Que nadie lo notara.- Le contestó Remus sin mirarla. Luego levanta la vista con algo de miedo.- Imagino lo difícil que es para ti… imagino que te gustaría poder decírselo a Trinity.
-Es cierto, no te mentiré.- le dijo ella en un murmullo.- Pero no me corresponde hacerlo. Sin embargo, me gustaría saber si pretendes decírselo… ya sabes, algún día.
Remus suspira con resignación.
-No puedo, Lily.- le contestó Remus con un deje de desesperación. Suspiró largamente.- Ahora entiendes todo. Entiendes porque soy como soy con ella, porqué intento alejarla de mi. Pero es tremendamente difícil… es tan difícil, Lily.
A Remus se le quiebra la voz.
-¿Y qué harás?- le pregunta la pelirroja tratando de no sonar muy entrometida.- Verás Remus, yo comprendo. De verdad que sí. Pero Trinity… ella es mi amiga ¿Entiendes? Lo último que quiero es verla sufrir y creo que es justo que le ahorres ese sufrimiento.
Remus le mira con consternación.
-Así que te pediré, a cambio de mi silencio, que tomes una decisión.- continuó Lily con seriedad.- O la alejas de veras, o la aceptas en tu vida con todo lo que eso implica. No puedes seguir ignorándola de día, y besándola por las noches. No es sano, ni para ella ni para ti.
-Me gusta de veras, Lily. Te juro que sí, y que si las cosas fuesen diferentes…
-¡Pero no lo son, Remus!- le interrumpió Lily con firmeza.- No lo son y no lo serán. Así que tienes dos opciones, seguir viviendo cómo lo habías hecho hasta antes de involucrarte con Triny o aceptarla hasta el punto en que decidas decirle la verdad.
-¡No están fácil, Lily! ¿Crees que si fuera así de simple yo me comportaría cómo un canalla?- le espetó Remus molesto.- No sé cómo manejar la situación, Trinity llego a derribar mis esquemas y poner mi puto mundo de cabeza, y ahora no sé qué hacer, Lily… Ahora no sé qué hacer.
Remus se cubre los ojos con las manos. No puede seguir hablando porque el nudo en la garganta no se lo permite.
-Tengo miedo de avanzar con ella. Y que cuando llegue el momento de contárselo, ella se decepcione y lo pase peor.- le confesó Remus en un susurro.- Yo… no hablo de esto con nadie porque… tu sabes, con los chicos no se puede hablar así. Pero tengo miedo de que ella sufra más cuando lo sepa…
-No temes eso, Remus. Podrás engañar a todos con ese discurso, quizás incluso a ti mismo. Pero a mí no.- Le contestó Lily con firmeza.- No temes que Triny sufra. Temes que las cosas avancen y que cuando se lo digas sea ella quien decida dejarte. Y seas tú quien sufra. Eso es lo que verdaderamente temes.
Remus no le contesta. Aparta la mirada y finge que debe limpiarse las heridas. Lily comprende que ha ido demasiado lejos.
-¿Puedo al menos decirle que estás en la enfermería?- le preguntó Lily.- No te preocupes, inventaré una buena excusa. Le diré que me enteré que estás aquí porque me lo notificó Mc Gonagall para cubrir tus labores de prefecto.
Remus asiente con la cabeza. De todas formas Trinity le había visto el día anterior supuestamente enfermo. No le sorprendería saber que seguía en la enfermería.
-Y, solo si es que sirve de algo mi opinión.- le dijo Lily levantándose de la cama y sonriendo.- Jamás había visto a Trinity así con alguien, ¡y vaya que sí ha tenido varios novios y rollos!
-Eso no ayuda. Me poner peor.- le dijo Remus con media sonrisa.- Quisiera que no me tomara tan en serio.
-¿De veras quisieras eso?- le preguntó Lily incrédula.
A Remus la pregunta le tomó por sorpresa. Lo pensó un segundo ¿De veras quería que Trinity no le tomara en serio? No lo sabe. Pero le sorprende saber que su respuesta no es un "sí" rotundo.
-Te dejo la pregunta planteada.- le dijo la pelirroja con una sonrisa. Se acercó y le besó con suavidad la mejilla.- Ya debo irme y bueno, puedes estar tranquilo Tu secreto está a salvo conmigo.
Cuando la Lily se va, Remus se queda sentado en la cama, con la cabeza más llena de cosas que nunca y el corazón latiéndole a cien por hora.
-¿Y tú?- Preguntó Trinity con sorna a Lily, en cuanto esta entró a la habitación.- Volviste anoche tardísimo, sales esta mañana antes de que nos levantemos, ¿Qué ocultas?
-Tiene una relación secreta con Dumblendore.- contestó Charlie desde el baño.- ¡No intentes negarlo, Lils, los rumores dicen que es un romance de antología.
-Los rumores también dicen que tú te tiras a Black, y yo no le veo nada de cierto.- Le contestó Lily irónicamente.
-Uf, ojalá esos rumores fuesen ciertos.- exclamó la rubia descaradamente desde el baño.
-Déjense de estupideces y contesta, Evans.- dijo la morena.- ¿en qué rayos estuviste ayer y ésta mañana?
Lily fingió desinterés.
-Anoche tuve que hacer la ronda de prefectos. Como Remus estaba en la enfermería tuve que hacer su ronda también.- Explicó Lily con simpleza. Trinity inmediatamente bajó la guardia al escuchar el nombre de Remus.- Por cierto, Triny, Remus aún está allá.
-¿Cómo sabes? ¿Lo viste?- preguntó Trinity con interés.
-Sí. Mc Gonagall me lo dijo esta mañana, así que aproveché de ir a verlo para decirle que no se preocupara por sus labores… Deberías ir a verle.- comentó Lily cómo quien no quiere la cosa.
Trinity asintió con la cabeza. Charlie salió del baño.
-¡Voy saliendo! ¡Nos vemos luego!- se despidió la rubia distraídamente.
-¿A dónde vas?- preguntó Lily con curiosidad.
-A buscar a Black.- le contestó Charlie descaradamente.- Quizás pueda hacer realidad algunos de los rumores que mencionaste ¿no te parece?
Trinity rodó los ojos y Lily miró asombrada cómo la rubia desaparecía por la puerta.
-¿Hablará en serio?- preguntó la pelirroja a Trinity.- ¿De veras querrá llegar a eso con Black?
-Alguna vez tenía que pasar…-contestó la morena distraídamente.
-Sí ¿Pero con Black?- le volvió a preguntar Lily atónita.- No creo que Black sea un hombre para perder la virginidad.
-¿Y qué hombre lo es? ¿Los prefectos empollones y tiernos con los niños?- le preguntó Trinity con sorna. Lily ladeó entendiendo su punto.- Las apariencias no son todo, Lils. Es bueno tenerlo en mente.
"Ni que lo digas, Triny", pensó Lily con pesar. Ni que lo digas…
Lily espera que Trinity tenga muy claras sus palabras y que verdaderamente las crea. Que las recuerde en el futuro. Porque vendrán tiempos difíciles y, aunque esté dispuesta a dar su brazo derecho para ahorrarle el sufrimiento a su amiga, no podrá hacerlo. Si Remus toma una decisión, sea cual sea, ni ella, ni nadie, podrán evitarle el sufrimiento. Y, por Merlín, como le duele.
-¡Hola!- exclamó Charlie sorprendida y feliz al toparse con Sirius en la sala común.- Justamente te estaba buscando…
-¿A mí?- preguntó Sirius distraído.
-No, a tu hermano. Le deseo con locura ¿Sabes?- le dijo irónicamente la rubia.- ¡Claro que a ti, tarado!
Sirius fingió una sonrisa. No es que le disgustara encontrarse a Charlie, pero tenía prisa por subir a la habitación y aplicarse un ungüento cicatrizante que se había robado de la enfermería. La rubia pareció notar que era tan bien recibida como esperaba.
-¿Pasa algo?- preguntó frunciendo el ceño.
-De hecho, Charlie, sí.- aceptó Sirius, y luego añadió encogiéndose de hombros.- Voy con prisa a la habitación…
Charlie disimuló una mueca de ofendido disgusto y asintió con la cabeza.
-De acuerdo. En ese caso, te veré luego.- dijo con total desinterés.
Para mala suerte de Sirius, Charlie pasó por su lado y le apartó con brusquedad, golpeándole en el brazo herido.
-¡Mierda, Charlie!- exclamó Sirius agarrándose el brazo y cerrando fuertemente los ojos en una, nada disimulada, mueca de dolor.
-¿Qué? ¡Ay pero que tipo más llorón!- se quejó la rubia rodando los ojos.- ¡Si apenas te empujé un poco! ¿Sabes qué? Comienzo a creer que eres una niñita…
La rubia se calló súbitamente cuando vio que Sirius contenía las lágrimas de dolor.
-Oye, ¿qué pasa? ¿Qué tienes en el brazo?- preguntó con preocupación. Sirius negó con la cabeza aún aguantándose el dolor.- ¡Déjame ver!
Sostienen un encarnizado forcejeo en el cual la rubia intenta desesperadamente levantarle la manga de la chaqueta para ver qué rayos le pasa y Sirius intenta con todas sus fuerzas alejarla y contener el dolor de cada manotazo que le pega Charlie.
Finalmente la rubia se aburre y juega sucio. Le aprieta el brazo con todas su fuerzas y Sirius suelta un alarido tan fuerte que deja de forcejear y le permite a Charlie alzar la manga de la chaqueta por fin.
-¡Por Merlín!- exclama tapándose la boca con las manos. Luego mira a Sirius preocupada.- ¿Tienes con que curar eso?
Sirius asiente con la cabeza, atónito, sin poder creer que Charlie no le haya preguntado por qué está herido.
-¿Entonces qué mierda estás esperando?- le pregunta la rubia agresivamente.- Subamos de inmediato a sanarte eso.
Sirius deja que Charlie le coja del brazo bueno y lo arrastre hasta la habitación de los hombres de séptimo año. Afortunadamente, ninguno de los chicos se encuentra ahí, en realidad, no tiene idea dónde están los demás, exceptuando Remus, claro, quien está medio muerto en la enfermería.
Cuando entran, Sirius deja el ungüento sobre la mesita de noche y se deja caer con cuidado en la cama.
-Quítate la camisa.- le ordena Charlie.
-¡Rubia! ¿No crees que vas muy rápido?
-¿Y tú no crees que tu estupidez crónica sea un defecto patológico?- le espetó la rubia de mala leche.
-¿Sabes que creo?- le pregunto Sirius sin comprender el origen de su molestia.- Creo que esto de jugar a la enfermera provoca cositas en ti…
-¿A sí?- preguntó la rubia con sorna.- Puede ser. Ahora a mi me gustaría saber qué rayos es lo que te provoca cositas a ti, porque llevo meses intentando lograr que me hagas caso y comienzo a pensar que deberías salir del closet…
Se quedaron en silencio. Absoluto silencio. Pero dentro de sus mentes había más barullo que nunca. Charlie aplicó el ungüento con cuidado. La herida era extraña, muy extraña. ¿Cómo rayos se las habría hecho? Era un enorme tajo que dejaba la carne abierta, casi como un cuchillazo. Sí, definitivamente, era extraño. Charlie levantó la vista, Sirius la observaba intensamente.
-¿No vas a preguntarme cómo me hice esto?- le preguntó el moreno asombrado.
-No.- contestó escuetamente la rubia, mientras seguía aplicando el ungüento.
-¿Por qué?- preguntó Sirius sin poder salir de su asombro.-
Charlie dejó el frasco en la mesita. Se sacudió las manos y entonces, por fin, le miró a los ojos. Sirius le siguió interrogando con la mirada, y estaba preparado para cualquier respuesta. Para cualquiera. Menos esa.
-Porque me mentirás, Sirius.- Le contestó la rubia lacónicamente.- Y cómo no quiero que lo hagas, prefiero no preguntártelo.
A Sirius se le contrae el corazón. Y sabe, está totalmente seguro, de que ya no puede seguir resistiendo más. Sabe que ninguna frase que ella dijera, ni siquiera la más sucia, podría haberle excitado más que la que dijo. Sabe que ninguna otra cosa que ella dijese, le podría haber parecido más brillante, más atrayente, más increíble.
Porque Sirius ha tenido muchas chicas. Chicas que saben cómo seducirlo, chicas que saben cómo besarlo, incluso chicas que saben cómo tocarlo.
Pero nunca una que supiese cómo hablarle. Nunca una que supiese respetar su límite, su libertad, sus misterios.
Y cree que le gusta esa chica. Cree que quizás, solo quizás, podría besarla ahora mismo. Y al carajo lo demás.
Charlie no soporta más el silencio.
-Sin embargo… sí tengo otra pregunta.- admite la rubia.- Y tengo la esperanza de que tu respuesta sea sincera.
Sirius soltó un largo suspiro de resignación.
-Dispara.- le dijo escuetamente.
-¿Porqué me besaste en Hogsmeade…?- preguntó Charlie sin una pizca de vergüenza. Y luego rectificó.- Aunque más bien, la pregunta es ¿Porqué no me has vuelto a besar desde esa vez?
Sirius la miró unos segundos. Era justo corresponder a la honestidad de Charlie.
-Porque eres virgen, Charlie.- dijo sin anestesia. La rubia levantó una ceja.- Y eso me aterroriza.
-¿Es en serio? ¡Por favor, Black!- le espetó ella alzando las manos.- ¡Ni que tuviera dientes en la…
-No se trata de eso… obviamente.- le interrumpió Sirius con una media sonrisa.- No tiene nada que ver con eso. Es por ti, Charlie. Es porque yo lo arruinaré, y podría haberle arruinado la vida a cualquier chica sin que me importara, pero no a ti.
-¿Tan poca fe te tienes, Black? Vamos no seas tan duro contigo mismo, no creo que tires tan mal…
-Hablo en serio, Rubia.- Le dijo Sirius con dulzura.
Sirius se acercó un poco más y le acomodó el pelo detrás de la oreja. Charlie inmediatamente se lo quitó de ahí y volvió a ponerlo en su sitio. Sirius sonrió. Pero luego recordó de lo que estaban hablando.
-Yo… no sé mucho sobre chicas vírgenes, ¿sabes?- comenzó a decir Sirius sin saber cómo explicarse.- En realidad no sé nada. Pero he escuchado cosas… tú sabes, cosas como que debe ser especial y con alguien importante y todas esas cursilerías romanticonas.
-¿Y cómo puedes saber si yo también tengo esas estúpidas expectativas?- preguntó la rubia con sorna, alzando una ceja.
-¡Ese no es el punto, Charlie!- le trató de explicar Sirius, viendo que la rubia desviaba todos sus lanzamientos.- Sea como sea, es algo que supuestamente recordarás el resto de tu vida y bueno…
No pudo continuar. Escucho un bufido exasperado por parte de Charlie y acto seguido la tuvo sentada a horcajadas sobre él, besándole con más arrojo del que él jamás había sentido. Entonces se sintió algo ridículo. Medio recostado en la cama, sin camisa, y con la rubia más hermosa del planeta sentada sobre él metiéndole la lengua hasta las amígdalas. Y él ahí, sin hacer nada, en shock y sin saber si aferrarse a la pizca de autocontrol y decencia que le quedaba o mandarlo todo a la mierda.
Charlie pareció notar que Sirius estaba vacilando y se detuvo. Le miró a un palmo de distancia y le susurró en los labios.
-Sirius, jamás seremos más jóvenes que hoy. Así que ahora bésame y déjale la moral y las buenas costumbres al ministro de magia ¿Quieres?
Ok. Todo se fue a la mierda. Porque una rubia explosiva, enérgica y decidida es más de lo que Sirius Black puede soportar.
James está sentado en las gradas del estadio mirando a la nada. El frío otoñal se nota cada vez más, tanto así que tuvo que enfundarse en un abrigo para poder salir del castillo. El cielo es gris intenso y amenaza con largarse a llover en cualquier momento, pero no le interesa. Ni el frío, ni la lluvia, ni la sensación de desasosiego que siente en el fondo del estomago. Tiene miedo, demasiado miedo. Porque de todas las estupideces que Lily le dijo la noche anterior, una era cierta y se empeñaba en taladrarle el cerebro y no dejarle en paz.
"No puedes pretender que nadie nunca te descubra" le había gritado la pelirroja. Cierto. Primero Snape. Ahora ella. Y quién sabe cuántos más podrían seguir…
Una ráfaga de pelo rojo se detiene al pie de las gradas y James suspira. Suspira porque nunca creyó que llegaría el día en que preferiría estar solo que con Lily Evans sentada a su lado. La pelirroja vacila un segundo, y luego sube hasta donde él se encuentra.
-¿Te molesta si me siento contigo?- le preguntó ella con cautela.
-Adelante. Es un país libre… se supone.- le contestó escuetamente James.
Una brisa helada le sopló el cabello a Lily e hizo que este le diera de lleno en la cara a James. Lily se disculpó rápidamente peinándose el cabello hacia atrás y James no pudo reprimir una sonrisa. Se rompió un poco la tensión del ambiente.
-Hablaba en serio anoche, James.- Le dijo Lily. "James" pensó el chico. Suena genial en sus labios.- De verdad no le diré a nadie lo que sé. Ni siquiera a mis amigas.
-Te lo agradezco. – murmuró James mirando el cielo. Ahora sí que era seguro, en cualquier momento se largaría a llover.- En realidad no es por mi ¿Sabes? Es por Remus. No me aterra tanto ir a Azkaban cómo me aterra la idea de que Remus sea estigmatizado y repudiado.
Lily no podía dejar de mirarlo. No podía dejar de admirar a ese James Potter que parecía haber envejecido diez años y que parecía más inteligente y más sabio de lo que ella jamás sería.
-¿Desde cuándo?- pregunta lacónicamente Lily. No necesita extender más la pregunta porque James le entiende a la perfección.
-Nos enteramos de lo de Remus en segundo año… Y aunque descubrimos ese mismo año que siendo animagos podríamos hacerle compañía, no lo logramos hasta quinto.- le contestó James en voz baja.
Lily no lo puede creer. ¿Lograron la transformación a los quince años? ¡Brillante! Pero no lo dice. Siente que no debe ensuciar el momento con reconocimientos estúpidos cuando ve que James le habla de lo que está dispuesto a hacer por amistad.
-Es increíble…- murmuró la pelirroja.
-Sí. Creo que no hay registros de gente que haya logrado ser animago siendo tan joven…
-No, James.- Le interrumpe Lily mirándole a los ojos.- Es increíble lo que has hecho por Remus. Es increíble lo buen amigo que eres. Lo diferente que eres a lo que yo creía…
-Sí, bueno… - dijo James soltando una sutil carcajada.- Prefiero más el papel de payaso que el de héroe, Lily.
-Tampoco se trata de hacer el papel de héroe.- le dijo la pelirroja alzando una ceja.- Es solo que no entiendo porque te empeñas en mostrar solo tu lado frívolo e inmaduro teniendo otro tan…tan genial.
-Es porque el lado genial lo reservo para la gente importante, pelirroja.- murmuró James con media sonrisa. Sintió una gota de lluvia en la mejilla.- Para la gente que quiero.
Una segunda gota en el abrigo negro de Lily. Una tercera su cabello. Y entonces todo se llena de pequeñas gotitas que no dejan de caer.
-¡Volvamos al castillo!- exclamó rápidamente Lily cubriéndose la cabeza con la bufanda.
James baja los escalones de las gradas de dos en dos y Lily, por un segundo, cree que seguirá corriendo a cobijarse al castillo. Pero grande es su sorpresa cuando descubre que no va hacia allá.
James se para en el centro de la cancha, se quita los lentes y los guarda en un bolsillo. Mira hacia el cielo y abre los brazos. Se mancha los zapatos con lodo, se cala hasta los huesos y el cabello estilando se le pega a la cara. Pero sonríe.
-¿Volver al castillo? ¿Para qué?- pregunta James entre risas.
-¡Deja de hacer el ridículo, James! – Chilló la pelirroja.- ¡Nos mojaremos! ¡Y luego tendremos una gripe de la puta madre!
James suelta una larga carcajada.
-¡Ese es tu problema, pelirroja infame!- le dijo sin dejar de reír.- ¡Que vives para preocuparte de no hacer el ridículo! ¿Qué importa que nos mojemos? ¿Qué importa que nos manchemos de lodo? ¡Ven conmigo y vive un poco!
James le agarra de la mano y la lleva hasta el centro del campo de Quidditch. Lily no deja de jadear, está mojada hasta la médula y tiene un frío del demonio. James le toma los hombros y la mira intensamente. Pálida, con el cabello color sangre por estar mojado, los ojos verdes entornados y su pequeña boca azulada y entreabierta.
Lily es la mujer más hermosa de todo el mundo, maldita sea.
-¿Nunca has pensado que la lluvia es una de las cosas geniales de la vida?- le preguntó James jadeando a solo centímetros de sus labios.
-Nada que me haga estar mojada y muriendo de frío puede ser lo más genial de la vida.- contestó Lily con sorna.
-¿Y entonces qué haces aquí? Eres libre de irte.- dijo James con media sonrisa.- ¿Entonces por qué te quedas?
-Porque me dijiste que viniera contigo y viviera un poco.- musitó la pelirroja sin siquiera pensar su respuesta.- Y quisiera hacerlo.
Se le entremezclan los alientos, respiran el mismo aire y jadean al unísono. Lily no sabe quien dio el primer paso, no sabe quien se abalanzó sobre la boca de quien, solo sabe que está besando a James como jamás ha besado a nadie en su vida. Calada hasta los huesos y con un escalofrío en la espalda que no sabe si tiene que ver con la lluvia. James rompe el beso y la mira a los ojos. Sonríe.
Caminan bajo la lluvia rumbo al castillo. Lentamente. Sin prisa. Y, como quien no quiere la cosa, dos manos frías se encuentran. Lily comienza a creer que en realidad la lluvia quizás si sea una de las cosas más geniales de la vida. James, por otro lado, tiene la completa certeza de que hay dos cosas que son absolutamente sublimes en la vida. Una es la lluvia. La otra, es Lily Evans.
Se demoran media hora en llegar al castillo, aunque el campo de Quidditch está a menos de diez minutos.
Peter está en la sala común. Sentado. Solo. ¿James? Quién sabe. ¿Sirius? En calidad de desaparecido. ¿Remus? Obviamente convaleciente. ¿Y él? Solo.
Es tremendamente injusto. Absurdamente injusto. ¿Cómo pudieron tres chicas poner el mundo de cabeza? ¿Qué paso con el discurso de "antes los amigos que las mujeres? ¿Qué mierda pasa con él? Lleva casi siete años con ellos, en las buenas, en las malas y en las pésimas. Siente que se merece más. No pide que estén a su lado todo el día, no pide seguir codo a codo haciendo travesuras y tonterías. Pero pide respeto, camaradería, complicidad. Pide no sentirse desplazado, poca cosa. Pide lo que entrega y cree que es justo recibirlo.
Peter exhala un suspiro preocupado. Peter recibió una nota anónima hace tres días.
Tú sabes, que en el fondo, también los odias.
Eso recita la carta. Nada más, nada menos. No hay firma, no hay ni siquiera un puto indicio que le de luces de quién pudo enviársela. Peter piensa que quizás si hubiese recibido la carta hace tres años atrás, no hubiese tenido idea de a qué rayos se refería. Piensa incluso, que si hubiese recibido esa carta tres meses atrás, tampoco hubiese tenido jodida idea.
Pero la recibió ahora. E, inevitablemente, tiene una pequeña idea de a qué se refiere. Se lo imagina. Porque es cierto. Está tan solo, tan dolido y tan enojado que, verdaderamente, en ese minuto y muy en el fondo, siente que los odia.
Y no se siente tan mal como debería, aunque le cueste aceptarlo.
¡Así es Damas y Caballeros! 103 reviews en mi cuenta. Impensado y asombroso, pero cierto. Y cómo todos han contribuido en mayor o menor medida, quiero agradecer el apoyo, las sugerencias, las críticas y sobre todo el cariño que me han brindado a través de sus comentarios. Sobre todo, a aquellos que capítulo a capítulo se dan el trabajo de comentar. Es inmensurablemente importante para mí.
Sin Antifaces: Gracias por la dulzura de tus comentarios. Me encanta que te guste este Remus hasta el punto de incluso querer adoptar la idea para tus fics, no tengo problemas en que lo hagas y si quisieras darme los créditos de la idea me harías sentir aún más genial jajaja. Espero que disfrutes este nuevo capítulo y que puedas respirar tranquila porque el suspenso acabó… por ahora. Un gran abrazo y muchas gracias.
Nat. B: ¡Absolutamente nada que ver con las huelgas! Me alegra leer que hayas disfrutado el capítulo anterior y espero que este también sea de tu agrado. Me alegra que te haya gustado la escena de los premios anuales, como recordarás, habíamos comentado eso durante los primeros capítulos, cuando fuiste la primera en notar que los premios anuales no estaban nombrados. Ya te había hablado acerca de mi idea de desprenderme un poco del canon para darle esa variación. Me tranquiliza y me encanta un millón que te haya gustado, sentía que estaba a prueba. También me alegra que te gustara la escena de Snape. Me alegra saber que aún te ríes con los diálogos, siento que últimamente ando falta de chistes xD así que me tranquiliza saber que aún conservo un poco de ello. Con respecto al infarto que te espera, no te preocupes, llegará más temprano que tarde.
Tienes razón en lo que me planteas acerca de los premios anuales, y otra lectora me platicó lo mismo. Y claro, al re-leer el capítulo caí en mi error, puse "hoy se elegían a los premios anuales de las casas" en vez de "hoy se elegía a los premios anuales de la escuela". Sin duda eso debe haberse prestado para confusiones y pido las correspondientes disculpas por ello. My mistake.
Gracias por no romper esa tradición. Un abrazo enorme, Nat. Éxito y buenas vibras para ti y saludos desde Chile.
Jose de Black: Hola de nuevo, Jose. Me alegra que disfrutaras del capítulo anterior y me pone feliz saber que podrás leer los fines de semana, así siempre te encontrarás con capítulos nuevos. Y bueno, se acabo el suspenso por ahora y espero que hayas quedado un poco más tranquila al ver que Lily se enteró de lo de Remus y pretende cubrirle las espaldas. ¿Podrá disimular eternamente ante Trinity? Yo también me lo pregunto. Besos y me cuidaré, no te preocupes. Tú también hazlo, para seguir sabiendo de ti. ¡Un abrazo!
Alissa-2012: Créeme cuando te digo que yo también espero con ansias el momento en que Remus ceda. Aunque ya lo tengo pensado, solo puedo adelantarte que será muy al estilo Remus. Como siempre, me encanta que te encante. ¡Besos y abrazos!
Anita: Siento haberte dejado tensionada, fui bastante cruel. Espero que ahora que sabes que pasó puedas respirar con tranquilidad. Ojalá el capitulo haya cumplido tus expectativas, sé que esperabas que fuera genial y espero habértelo dado. No te preocupes, yo te entiendo xD ¡Nos estamos leyendo! Un gran abrazo.
Buri: ¡Soy la más mala de las malas! Pero espero que ahora que leíste la continuación puedas volver a quererme. Gracias por los buenos deseos y espero que te haya gustado este nuevo capítulo. Un abrazo grande.
RunaStorm: No te preocupes, gracias a que tu computadora no funcionó, fuiste el review número 100 de mi primer fic, y eso no lo olvidaré con facilidad. Me alegro de que te haya gustado el capítulo anterior y espero continuar por el mismo camino con este. Con respecto a lo que me planteas sobre los premios anuales, efectivamente cometí ese desliz del canon, mitad sin querer y mitad a propósito. Nat. B, que ha sido una fiel lectora del fic de quien aprecio mucho la opinión, se dio cuenta, cuando llevaba escrito pocos capítulos, que no había declarado a los premios anuales. Ella podrá darte fe de que tuve la idea de salirme del canon en ese aspecto desde el principio, con el fin de poder conectar mejor a James y Lily. Ahora bien, mi error garrafal y por el que debo deshacerme en disculpas fue, como le comenté a Nat más arriba, en poner "premios anuales de las casas" en vez de "premios anuales de la escuela". Fue un patinazo neuronal en el que reparé cuando leí tu review y corrí a chequear el capítulo y claro, ahí me di cuenta del error. Te pido disculpas, y descuida, no creeré jamás que eres una fan loca, es justo que me hagas ver lo que te molesta. Me gustan los lectores críticos y con opinión Es completamente cierto lo que dices, Remus vive en la eterna disyuntiva entre ser políticamente correcto o bien, un mentiroso de categorías. Eso es lo que le vive atormentando y le hace enfrascarse en esas luchas consigo mismo, lo que provoca que su forma de ser sea voluble y cambiante. No sé por cuánto tiempo soportará Trinity. Espero que la nueva dosis de James y Lily te haya gustado. Tenían algo de retraso, pero ya verás cómo se ponen al día. ¿Así que los reviews que haces para este fic son más dulces de lo normal? WOW. Eso me ha llegado al corazón y me hace dedicarte un inmenso GRACIAS. ¡Un abrazo enorme!
Miss Larien: Me encanta que te haya encantado el capítulo anterior. Espero que este nuevo no sea la excepción. Me agrada la buena acogida que tuvo Trinity con su reacción, creí que sería más criticada, pero ahora veo que hay varias que reaccionaríamos así estando en su situación xD ¿Así que siempre has sabido que Lily tenía que ser la primera en descubrirlos y luego vivir el dilema de no saber si decírselo a sus amigas? ¿Especialmente a Trinity? Pues… ¿Qué comes que adivinas? Bien, supongo que tendré que idear algo grande para sorprenderte. Espero que te haya gustado este nuevo capítulo, te leo pronto. Un abrazo.
Leroa Malfoy Chang: ¡Bienvenida al fic! ¿Así que te encanto? ¡Genial! ¿Estás enganchada? ¡Doblemente genial! Descuida, ya vendrán cosas buenas para Trinity… ¿o tal vez no? ¡Quién sabe! ¡Disfruta este nuevo capítulo! Espero que te guste y leerte nuevamente por aquí. ¡Saludos!
Anna: Mi querida Anna. Mil gracias por tus felicitaciones y porque gran parte de esos reviews sin duda son tuyos y el hecho de que el fic haya llegado tan lejos es por los lectores que, como tú, me escriben capítulo a capítulo. Siento escuchar que andarás falta de tiempo, pero lo entiendo. ¿Solo no te desaparezcas, si? Espero leerte pronto. Ojalá el capítulo haya sido de tu agrado. Un gran, gran abrazo.
