DISCLAMER: Aunque está demás decirlo, nada de esto me pertenece, salvo algunos personajes y las locas cavilaciones que aquí se presenten. Todo lo demás pertenece a J.K Rowling, quién creó esta fantasía que algunos se nos hace tan real, que casi forma parte de nuestra vida.
Enjoy!
Capítulo 16
El amor es todo ¡Maldita sea!
Charlie entra en la habitación hecha un tifón. Abre la puerta de una patada y luego la azota para cerrarla. Lily y Trinity levantan la cabeza sorprendidas por su comportamiento. Pero entonces, antes de que alguna pudiese decir algo, Charlie se plantó a un palmo de distancia de Trinity y la encaró con furia.
-¿Porqué mierda le fuiste con el chisme a Sirius? ¡Dímelo!- le gritó con fuerza. Trinity abrió los ojos asombrada por su reacción.
-Charlie, por favor. Cálmate.- le pidió la morena con tono conciliador.- No es necesario discutir…
-¿No es necesario discutir? ¿Y qué mierda quieres entonces? ¿Una tarjetita de felicitaciones por ser tan traidora?- le espetó Charlie alterada.
-¿Traidora? ¿Yo?- Trinity comenzó a molestarse también. Está bien, la rubia tenía derecho a estar enojada, pero no le permitiría que le insultara por haber hecho lo correcto.- Traidora hubiese sido si me hubiese quedado de brazos cruzados mirando cómo te casas. ¿Es que no lo ves, Charlie? ¡Tienes apenas 17 años! ¡No puedes conformarte con una vida así!
-¡No me digas el tipo de vida con el que debo conformarme! ¿Qué puedes saber tú de vivir? La nieta perfecta de dos abuelitos tiernos y millonarios. ¡Por favor!- gritó Charlie con sarcástica exasperación.
-¡Basta! Ambas están demasiado exaltadas y lo único que conseguirán ahora es terminar matándose.- Les reprochó Lily poniéndose en el medio.- Hablen mañana. Cuando las dos tengan la cabeza fría.
-¿La cabeza fría, Lily? Más bien pareciera que Charlie tiene la cabeza hueca.- le soltó Trinity con dureza.- ¿Dónde está la Charlie que conocía, Mirage? ¿Dónde está la Charlie que no se dejaba humillar por nada ni por nadie? ¡La que quería ser libre antes que querida! ¿Dónde mierda está? ¡Dímelo!
-Basta, Trinity. Déjala tranquila.- le dijo Lily tomándola por el pecho y obligándola a alejarse.
-Déjala, Lily. No tengo problemas en contestarle.- Le interrumpió Charlie con una sonrisa sarcástica.- ¿Quieres saber qué pasó con esa Charlie, Xavier? Pues te lo diré. Esa Charlie maduró y se dio cuenta de que en la vida desgraciadamente esas cosas no sirven. Quizás deberías madurar tú también.
-Está bien, Charlie. Cree lo que quieras.- le espetó Trinity enojada.- Pero cuando todos te estamos diciendo que estás jodiéndote la vida, es por algo. No podemos estar todos equivocados y solo tú en lo correcto.
La rubia hizo un además de desinterés. Se fue a su cama y corrió los doseles. Lily miró a Trinity preocupada.
-Tenemos que cambiar la estrategia, Trinity. Peleando así no conseguirás ayudarla.
-¡Tiene que abrir los ojos, Lily!
-Lo sé.- admitió la pelirroja.- Pero increpándola así solo conseguirás alejarla y que deje de hablarnos.
-Muy bien. ¿Qué sugieres?- le pregunto Trinity cruzándose de brazos, molesta.
-Sinceramente… no lo sé.- dijo Lily soltando un suspiro de resignación.- Supongo que apoyarla, tratar de decirle las cosas de buena manera. Quizás en algún momento reaccione y vea en lo que se está metiendo…
-Pues ese me parece un plan de mierda.- exclamó la morena, exasperada.- Espero que Sirius tenga una idea mejor.
Ambas se miran preocupadas. Ya solo quedan tres días para que Charlie regrese a casa
Sirius está en la habitación comiéndose la cabeza. Comiéndosela de veras. Todo le parece tan irreal que aún cree que en algún momento despertará de golpe y se dará cuenta de que todo lo que ha vivido durante ese año ha sido un sueño. Una pesadilla, a ratos.
Sinceramente se pregunta porque le preocupa tanto lo que haga o deje de hacer Charlize Mirage. En primer lugar, y después de un exhaustivo y minucioso análisis a llegado a la conclusión de que ella no le gusta. Es que, en serio, no le gusta. Si le gustara tanto cómo dice James, entonces no habría podido resistirse a estar con ella. No habría resistido la tentación de besarla, o de abrazarla o de charlar sobre su color favorito o bueno, todas esas cursiladas que hacen las personas cuando se gustan. Así que no, no le gusta.
Ahora bien… pensándolo de otra forma, si la chica no le gustara, podría habérsela tirado sin miramientos algunos. O tal vez no llegar a tirársela, pero si a tener una buenas sesiones de besos y toqueteos. De verdad ¡podría haberlo hecho! Lo ha hecho tantas veces antes sin sentir culpa alguna, que no entiende por qué no lo hizo ahora. Sin embargo, lo cierto es, que tampoco pudo hacer eso con Charlie. Entonces, tampoco puede decir con total certeza, que no le gusta.
Sirius patea un zapato con frustración. ¡Esto sí que es complicado! Es tan extraño no tener explicación para algo, no es posible… ¡Sirius Black siempre tiene la explicación para todo! La única vez que sintió que le ocurría algo parecido, fue en primer año, cuando conoció a James. Al principio no comprendió porqué le preocupaba tanto ese escuincle miope y despeinado, ni tampoco entendía sus ganas de pasar las tardes, las mañanas y todos los jodidos días con él, pero entonces, súbitamente, un día se iluminó. Y comprendió que aquello que tanto le costó descifrar era lo que llamaban amistad. Él nunca había tenido amigos, por eso se le hacía tan complejo y…
Sirius parpadea perplejo. ¡Claro! ¿Cómo no lo vio antes? ¡Era tan obvio! ¡Charlie era su amiga! ¡Solo eso! ¡Su amiga! Por eso se preocupaba tanto por ella y no podía verla desde el aspecto sexual. Pero que descubrimiento más genial. Sirius suelta una carcajada estruendosa.
-¿Y a ti que te pasa?- le pregunta James, levantando la cabeza de los pergaminos que rodeaban su cama.
-¡Es mi amiga, Jimmy! ¿No lo ves? ¡Es genial!- exclamó Sirius pletórico de felicidad, imitando el baile de la victoria que varias veces le había visto hacer a James.- ¡Charlie es mi amiga!
-¿Amiga?- se metió Remus desde su cama.- No mientas, Paddy. Tú no podrías tener una amiga…
-¿Y por qué no?- preguntó el moreno ofendido, interrumpiendo su movimiento pélvico exagerado en el que había derivado el bailecito.- No, espera, no respondas. Sé que es increíble, pero te lo juro, Rem. Charlie de verdad es mi amiga.
La consistencia de su voz, la seriedad de su rostro y la honestidad de sus palabras hacen que por un segundo, Remus y James se miren sorprendidos, cómo cuestionándose si podría ser cierto lo que acaban de oír. Acto seguido, ambos estallan en sonoras carcajadas. Sirius parece más ofendido de lo que ha estado jamás.
-¿Se puede saber porqué rayos se están riendo descaradamente de mis sentimientos?- les preguntó cruzándose de brazos y con una mueca de disgusto indisimulable.- ¿Les abro mi corazón y así me pagan, desgraciados? Se supone que ustedes son los malditos sensibles del grupo.
Remus fue el primero en recuperarse de su ataque.
-Está bien, Sirius. Quizás puedas tener algo de razón…- asume aún sintiendo que la sonrisa se le extiende por el rostro.
-Sí, sí. Yo no me reía de tus sentimientos.- le explicó James limpiando las gafas que se le habían empañado por las lágrimas de risa. Una vez listas, se las puso y agregó con una sonrisa.- Me reía de tu baile de la victoria. Es verdaderamente terrible.
Peter sale del baño sobándose el estómago y alegando que no debería haber comido frijoles negros. Remus y James vuelven a reírse, y este último aprovecha la oportunidad para pedir que le muestre a Sirius como hacer un verdadero baile de la victoria.
La tarde deriva con los cuatro merodeadores practicando el extraño baile que James ha patentado y practicado durante siete años.
Por consenso merodeador y, de forma totalmente unánime, Remus Lupin es escogido como el peor bailarín de la habitación. Es que de verdad, el pobre tiene menos gracia que un palo de escoba cayéndose al suelo.
Esa noche, cuando ya todos han vuelto a sus asuntos, los cuatro tienen un pequeño fulgor en el corazón. Un calorcito que habían olvidado entre tanto ajetreo y responsabilidades. Un sentimiento de pertenencia que no recordaban que existía. Algo que es más grande y más importante que ellos mismos. Y los cuatro le llaman de formas distintas, de acuerdo a lo que sienten y conocen. Sirius le llama complicidad. Remus le llama amistad. Peter le llama admiración. James le llama amor. Y quizás, este último, es el único que acierta.
James sabe de amor. Sabe de él, porque le conoce. Siempre le ha conocido, desde su más tierna infancia hasta su más rebelde adolescencia. Siempre ha estado presente. Lo educaron con amor y para el amor. Sus padres le han repetido toda su vida que el amor es lo más grande a lo que puede aspirar y que debe buscarlo en cada cosa que haga y en cada persona que le rodee.
Y James ha cumplido. Le ha buscado y le ha encontrado en cada pequeña cosa que realiza en su vida. Lo encuentra en su materia favorita, en la varita que porta, en el ciervo en el que se transforma. Encuentra el amor en los ideales de Gryffindor, en las transformaciones de Remus, en los arrebatos de Sirius y en la compañía de Peter.
Encontró el amor en Lily, aunque ella aún no se haya dado cuenta.
James definitivamente sabe de amor. Y cree que por eso, es el líder innato e incuestionable en todo lo que dice y en todo lo que hace. En el Quidditch, en Gryffindor, en los merodeadores… por que ama todo eso. Y traspasa ese amor a todos los que le rodean.
Sirius no sabe de amor. Remus le teme al amor. Peter confunde el amor. Y en el fondo, a pesar de ser posturas diferentes, el factor en común es que ninguno de ellos conoce el amor. ¿Cómo podrían conocerlo, si nadie les ha enseñado? Por eso James es como es. Les saca del cascarón buscándoles para hablar de sus problemas, les consuela con palabras afectuosas y les abraza al menos cinco veces al día.
Porque el amor para James Potter es todo. Aunque Sirius le diga que es un cursi empedernido. Aunque Remus le trate de incrédulo incurable. Aunque Peter no comprenda ni pito. El amor es todo ¡Maldita sea!
Charlie está empacando sus cosas y guardándolas en su baúl. Le ha quitado la palabra a Trinity, ni siquiera la mira, a pesar de los esfuerzos que hace la morena por dejar la pelea atrás.
-¿Tú no arreglarás tus cosas, Lily?- le pregunta la rubia extrañada.
-No iré a casa.- dijo Lily con enorme tristeza.- Es la primera vez que pasaré las vacaciones lejos de mi familia.
-¿Por qué? -Charlie le miró sorprendida. Era sabido que Lily era muy apegada a sus padres, aunque solía quejarse constantemente de su hermana, Petunia.
-Porque debo preparar los E.X.T.A.S.I.S. – contestó la pelirroja aún apenada.- En casa, Petunia apenas me deja sacar los pergaminos, y si me ve escribiendo con plumas, le da ataque. Odia que vengan lechuzas, así que apenas puedo recibir correspondencia. Además tampoco puedo hacer magia allá, así que no podré practicar nada…
-No te preocupes, Lils. Pasaremos la navidad juntas.- dijo Trinity sentándose junto a la pelirroja y pasándole un brazo sobre los hombros. Luego miró a Charlie y le dijo en tono conciliador.- Yo me quedaré con ella.
-Que consuelo.- dijo la rubia sarcásticamente. Acto seguido siguió empacando.
Trinity intercambió una mirada de desasosiego con Lily. La pelirroja actúo.
-¿Sabes, Charlie? No nos veremos en dos semanas y creo que no está bien que te vayas así… ya sabes, tan enojada con nosotras.
-No estoy enojada con ustedes.- contestó rápidamente la rubia haciendo un claro énfasis en la palabra "ustedes".- El problema es con Xavier.
Trinity rodó los ojos y alzó las manos en señal de paz.
-Basta ¿Sí? Solo… basta.- pidió la morena cansada.- No diré nada más. No gritaré, ni chillaré ni te amarraré a tu cama mañana para que pierdas el tren, porque dicho sea de paso, pensaba hacerlo.
Lily reprimió una sonrisa y Charlie le miró con fingido desinterés.
-¿Quieres esto? Está bien.- prosiguió Trinity, mientras una sonrisa se comenzaba a extender por la cara de la rubia. La morena frunció el ceño y añadió.- Pero no tendrás mi apoyo, Charlie. Si te casas… jamás te lo perdonaré. Pasaré el resto de mi vida recriminándotelo.
La sonrisa de Charlie se congeló. Lily le miró asombrada. Estaba claro que esa pelirroja querendona jamás le daría un ultimátum a su amiga. Así que, para variar, Trinity Xavier tuvo que hacer el trabajo sucio.
-Que así sea, Xavier.- fue todo lo que contestó Charlie. Tomó su pijama y se encerró en el baño.
Lily la observó retirarse hasta que cerró la puerta estruendosamente. Luego se volteó y observó a Trinity. La consternación se le extendió por todo el cuerpo y cuando la morena soltó un sollozo ahogado cruzó la habitación y la estrechó entre sus brazos. Las lágrimas le caían por el rostro a medida que intentaba acallar los lamentos de su amiga.
-Solo tiene diecisiete años, Lily. ¿Qué pasará con su vida? ¿Qué pasará con sus sueños?
Lily no contesta, no sabe qué decir, no sabe como decirlo. No sabe lo que piensa, ni sabe lo que siente. Lo único que sí sabe, es que sea cual sea el destino que le aguarde a Charlie, se mantendrá a su lado. Si tiene que llevarle el puto velo en su puto matrimonio, lo hará. Si tiene que ayudarle a lavar los platos y plancharle las camisas a su puto marido, lo hará.
Si Charlie debe comenzar su vida de adulta mucho antes de lo planeado, pues entonces ella también se hará adulta, para estar a su lado. Porque en el fondo, Lily Evans es así. Controladora, algo histérica y generalmente sobreprotectora. Pero, sobre todo, es amiga de sus amigos y enemiga de todo lo que les haga daño. Y si la vida tiene que ser así, pues entonces ella le plantará cara. Sea lo que sea que venga.
Tocan la puerta suavemente. Apenas son unos golpes de nudillos. Peter, que es el que está más cerca de la puerta, se acerca a abrir con curiosidad. Ante él, y con la cara enrojecida y los ojos inflamados, Trinity Xavier le devuelve una mirada algo avergonzada.
-Hola, Xavier.- Le saluda Peter extrañado.- ¿Necesitas algo?
"Sí" piensa la morena. "Necesito a Remus". "Lo necesito ahora". Pero siente que sonaría demasiado obsesivo y desesperado, así que lo formula de otra manera.
-Hola, Pettigrew. Busco a Remus, en realidad.- le responde con suavidad.- ¿Está aquí?
Acto seguido Remus aparece en el alfeizar de la puerta, su expresión es de preocupación y al observar el rostro de Trinity, esta se acrecenta. Peter le hace un gesto con la mano, a modo de despedida.
-Triny. ¿Te pasó algo? ¿Estás bien?- le pregunta Remus. Ella niega con la cabeza.- Ven, bajemos a la sala común. Solo déjame coger la capa.
Remus le plata un beso en la mejilla y le susurra "no tardo". Por la puerta entreabierta, Trinity logra ver a Sirius, y este le devuelve la mirada. Ella aparta los ojos, no quiere verlo. No quiere que le pregunte nada. Remus vuelve aparecer y cierra.
Bajan la escalera con rapidez. Quedan muy pocas personas en la sala común, Remus rápidamente mira su reloj de pulsera, es casi el toque de queda. Antes de que Trinity baje las escaleras completamente, Remus le pide que se oculte tras el tapiz que cuelga de la pared.
La morena no alcanza a preguntar nada. Remus desaparece y escucha su voz clara y ronca.
-Bueno chicos, son las once y media. Les pediré que se retiren a sus habitaciones y que terminen ahí lo que sea que estén haciendo, por favor.
Algunos se paran en silencio. Otros rechistan un poco mientras se retiran hacia las escaleras. Un grupito de chicas de sexto sueltan risitas nerviosas cuando el prefecto les dice "Buenas noches". Una de ellas dice con voz perfectamente audible: "Yo feliz terminaría los deberes en la habitación de nuestro prefecto". Trinity tiene que apretar los dientes para no salir de atrás del tapiz y pegarle un par de cachetadas a esa infeliz.
Remus corre el tapiz y le dice que ya puede salir. Ambos se instalan en los sillones que están frente a la chimenea.
-Te pedí que te escondieras porque sería sospechoso que mandara a todos a sus habitaciones menos a ti.- dijo el muchacho a modo de excusa. Luego añadió con una sonrisa.- No quiero que crean que abuso de mi condición de prefecto para quedarme a solas con la chica más guapa de la torre.
Trinity le mira de soslayo y suelta una sonrisa contra su voluntad. Había que admitir que Remus, para no tener nada de experiencia en eso de las relaciones, sí que sabía cómo ganarse puntos. Pasaron varios minutos de silencio antes de que Trinity se decidiera a hablar.
-Supongo que ya estás enterado de lo de Charlie.- le dijo con cadencia. Remus asintió con la cabeza y ella no pudo sostenerle la mirada. Los ojos comenzaron a escocerle nuevamente.- Yo… no sé qué hacer Remus. Cómo ayudarla… cómo reaccionar. No quiero que se case, y siento que mi resistencia nos está alejando. No quiero perderla Remus pero tampoco puedo verla cometer este error… no puedo…
Remus le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia él. Jamás había tenido a una chica acurrucada en su pecho. Nunca había tenido a una chica mojándole la camisa y el corazón con sus lágrimas. Y, en realidad, siempre intentó evitar las situaciones que implicaran chicas gimoteando, porque no había nada en el mundo que le pareciera más incomodo. Pero con Trinity es distinto. Tener a esa morena, dura, directa y con demasiado carácter desecha en sus brazos, era una sensación que jamás había experimentado. Que jamás pensó que pudiese existir. Es como ver un diamante deshaciéndose en tus manos. Raro y esquicito.
-Hay cosas que jamás quisiéramos que ocurriesen. Sobre todo a la gente que queremos.- comenzó a decirle Remus en un susurro.- Pero jamás podremos controlar esas cosas, Triny. Lo que sí podemos hacer, es procurar mantenernos a su lado, pase lo que pase.
-Es tan fácil decirlo, Remus.- suspiró Trinity con resignación. Se incorporó y le miró directamente.- Imagínate que fuese yo la que se casa. Y encima con alguien que ni conozco. ¿Tú qué harías? No sería tan fácil…
-Obviamente no sería tan fácil, Triny. No es lo mismo, es un pésimo ejemplo.- le dijo Remus con una sonrisa.- Si fueses tú la que se casara, tendría que secuestrarte, luego drogarte y hacer que te casaras conmigo. Y finalmente violarte para que el asunto estuviese consumado.
Trinity estalló en carcajadas que acalló rápidamente.
-En serio. Ese sería mi plan.- continuó Remus contagiándose la risa.- Es un poco macabro, lo sé, pero no se me ocurriría nada mejor.
Las risas comenzaron a ceder y dar paso al silencio.
-¿Así que casarte conmigo, eh?- le preguntó la morena con sorna.- Tú sí que estás loco por mí.
-¿Loco por ti? No sé qué es lo que te hace pensar eso…
Trinity negó con la cabeza y le dio un corto beso en los labios. Se acurrucó nuevamente en él.
-Es raro estar así. Después de todo lo que siempre pensé de ti.- le confesó en voz baja.
-¿De verdad me odiabas tanto?- le preguntó el sonriendo.
-Creo que en el fondo siempre me llamaste la atención.- reconoció la morena con cautela.- Pero… no sé. Es que siempre sentí que ocultabas demasiadas cosas, eso me hacía creer que eras cínico y bueno, tú sabes el resto. Ahora sé que efectivamente tienes secretos, pero ¿quién no los tiene?
Remus asintió con la cabeza. Se preguntó que secretos ocultaba esa chica. Trinity le puso la mano en el pecho y dejó que sus dedos le abriesen el primer botón de la camisa. Ahí, desde su posición, tuvo una vista privilegiada de un par de cicatrices que le surcaban la piel. Se preguntó si alguien alguna vez había acariciado esas cicatrices. Incluso, si es que alguien las había visto, como las estaba viendo ella ahora.
-¿Remus?- le pregunta Trinity vacilando. Remus suelta un suspiro para indicarle que le escucha.- Me dijiste una vez que nadie te había contado las cicatrices… ¿cierto?
-Cierto.- corroboró lacónicamente el chico.
-¿Cómo lo hacías para ocultarlas de todas las chicas con las que has estado?- le preguntó la morena a quemarropa.
Remus meditó un segundo la respuesta. Por un segundo, Trinity pensó que había ido demasiado lejos con su pregunta, pero el chico volvió a hablar con voz calmada.
-Tampoco han sido tantas chicas, ¿Sabes? Quiero aclararte eso.-le dijo Remus seriamente. Luego añadió.- Respecto a tu pregunta… bueno, hay maneras. La luz apagada, la camisa puesta…tú entiendes… ¿De veras quieres hablar de esto?
-Solo era una pregunta.- dijo rápidamente Trinity. Luego añadió con ternura.- Me gusta saber que prácticamente todo de ti… nadie más lo ha conocido.
Remus la miró intensamente. Ella le sostuvo la mirada.
-Y quizás…- añadió en un susurro al borde de sus labios.- Quizás pueda ser yo la primera.
Remus la besó profundamente. Se aferro a su rostro, a su pelo, a su cintura. Dejó que Trinity le metiera la mano entre la camisa y le acariciara una larga cicatriz del costado. Jamás había dejado que le tocaran así.
"Quizás seas la primera… y la última" pensó Remus entregándole todo lo que tenía en ese beso. Se repite mentalmente. "Sí, quizás seas la última".
El día sábado es amargo. Amanece intensamente nublado, la lluvia amenaza y los ánimos en la habitación de las chicas están peor aún. Charlie se miró en el espejo y se amarró el corto cabello en un tomado alto. Observó a la chica rubia que le devolvía la mirada desde el espejo. Pálida, ojerosa y más delgada de lo común. Irreconocible. Y no solo físicamente.
Se pone el abrigo negro y se voltea. Lily y Trinity la están mirando.
-Ya debo irme.- dice la rubia lacónicamente. Siente un peso en el fondo del estómago y un nudo en la garganta.
-Te acompañaremos hasta la sala común.- sentenció Lily con un tono de admitía dudas.
Las tres bajaron en profundo silencio, con el corazón apretado y sintiendo que dejaban el alma atrás.
Sirius, Remus, Peter y James estaban en la sala común. Los cuatro habían coincidido a quedarse en Hogwarts, cada uno por sus motivos personales, confesables o no. Además tenían una reunión de antología pendiente.
Remus fue el primero en adelantarse y despedirse de la rubia.
-Cuídate, Mirage.
-Gracias, Lupin.
Cordial y lacónico. No era necesario hacer la despedida más larga. James fue ligeramente más efusivo. Se adelantó y la abrazó fraternalmente.
-Espero que te vaya bien, Rubia. Digo, en tus vacaciones, claro.- le dijo con una sonrisa. Charlie solo le devolvió una sonrisa débil.
Peter le hizo un gesto con la mano y le dedicó una sonrisa cortés. Charlie devolvió el gesto. Ya iba quedando la parte difícil.
-Ay, cielo.- suspiró Lily estrechándola entre sus brazos.- Por favor, cuídate. Y piensa bien las cosas. Yo… solo quiero que sepas que sea lo que sea que hagas, estaré contigo.
Charlie le devolvió el abrazo y no fue capaz de responder nada. No podía formular ninguna palabra, tenía un nudo del porte de una quaffle en la garganta.
Lily se separó unos centímetros y le besó la mejilla con cariño. Ambas tenían los ojos vidriosos. Trinity tomó aire y dio un paso al frente. Se situó frente a Charlie. Hizo amago de abrazarla, pero la rubia solo le tendió la mano fríamente. Trinity le miró boquiabierta.
-¿De veras quieres despedirte de mí con un apretón de manos?- le preguntó sin poder creerlo. La rubia siguió con la mano estirada sin terciar palabra alguna. Trinity esbozó una sonrisa sarcástica y le estrechó la mano.- Muy bien, Mirage. Últimamente has tomado excelentes decisiones. Imagino que esta "calurosa" despedida es otro ejemplo de ello.
-Solo me despido con un abrazo de mis verdaderos amigos, Xavier.- le dijo la rubia fríamente.- No sé si tú entres en esa categoría.
Todos observaron la escena sin poder creerlo. Lily parecía querer contenerlas, pero no sabía cómo.
-Pues entonces ella es la primera a la que deberías abrazar, Charlize.- se metió Sirius con tono duro. Charlie le ignoró por completo.
-Bueno, ya me he despedido de todos los importantes. Nos vemos a mi regreso.- dijo la rubia con una fingida sonrisa y dirigiéndose hasta el retrato.
-Oye, Rubia. Te falto yo.- le llamo Sirius con una sonrisa demoledora.- Sé que no entro en la categoría de "importante". Yo más bien me catalogaría como "indispensable", ¿No te parece?
-Nadie es indispensable, Black.- le contesto Charlie fríamente.- Que pases unas buenas vacaciones.
-¿Ah, sí?
Sirius, ante la mirada atónita de los merodeadores, de Trinity, de Lily y del resto de la sala común, acorta los pocos pasos que le separan de la rubia, y antes de que ella pueda reaccionar, le coge la cara y le planta un beso. Unos cuantos segundos de forcejeo y luego, una Charlie que cede y se derrite en los labios de Sirius.
La sala común está en completo silencio. Sirius se separa de la rubia.
-¿Y ahora, Charlie? ¿Aún crees que no soy indispensable?
-Más que nunca, Black. Estás de mente.
Charlie sale de la sala común, en medio de cientos de cuchicheos y miradas recelosas. Poco a poco, todo comienza a volver a la normalidad y la estancia se llena de despedidas y lloriqueos.
-¡Pero Sirius! ¿Qué rayos hiciste? ¿No se suponía que era tu amiga?- le preguntó Remus descolocado.
-Es mi amiga.- le contestó Sirius con una sonrisa en los labios.
-¿Y entonces porqué la besaste?- preguntó James sin comprender nada.
-Justamente por eso.- respondió el moreno con una enigmática sonrisa.- Justamente por eso.
Peter, James y Remus intercambias miradas incrédulas con Trinity y Lily. Nadie tiene idea de qué planea Sirius. Pero no puedo ser nada bueno.
Dos noches después, el panorama en la habitación de los chicos de séptimo año es, por decir lo menos, de completo jolgorio. De juerga. De Jarana. De parranda. De joda absoluta e irrefrenable. Es un ambiente merodeador, cómo solo ellos saben crearlo.
-¡No pueden ser tan crueles! Es cierto, me di un par de besos con Cinthia…- se quejó Peter berreando, hablando más alto de lo común y con una modulación que dejaba bastante que desear.- Pero todos han tenido caídas. Todos alguna vez se han enrollado con una chica fea, hasta Padfoot… ¡No lo nieguen!
-¡Yo jamás me he enrollado con una chica fea! Yo solo como filete.- dijo Sirius moviendo las manos exageradamente.
-Sí, claro… ¿Y qué hay de Ronda McAdams?- se metió Remus.
-¿Te enrollaste con McAdams?- chilló James cayéndose de espaldas y estallando en carcajadas.
-¡Que traición más grande, Moony!- se quejó Sirius avergonzado.- ¡Te confesé eso en infidencia absoluta!
-Lo siento, estoy ebrio.- se disculpó Remus entre risas y empinando el vaso.- No respondo de mi en este estado.
-Le avisaremos a Xavier.- bromeó Peter.- Seguro que ella muere porque le hagas la maldad…
-¿"Le hagas la maldad"? ¡Por la próstata de Merlín!- James rodó por el piso riéndose y Sirius se le unió en breve.- ¡Que expresión más bizarra, por Circe!
Entre bromas, risas y confesiones, la madrugada les alcanza y se cierne sobre ellos. Y de esta forma, a medida que la noche avanza y la concentración de alcohol en la sangre aumenta los temas se vuelven más intensos.
-Se los digo de veras, chicos. Es que si ustedes supieran como es Lily en la intimidad…- suspira James borrachamente enamorado.- Les juro, ustedes también querrían conquistarla.
-¿De qué nivel de intimidad estamos hablado, Prongsy?- preguntó Sirius moviendo rápidamente las cejas de forma pícara.
-¡No la que piensas, Padfoot, por Merlín! ¿Es qué no sabes hablar de otra cosa?- se quejó James ofuscado.
-James no podría tener más intimidad con ella, porque sería la primera vez que lo haría.- dejó escapar Peter con una risa boba y entre hipos.
Sirius escupió el Whisky en la cara de Remus, el cual gritó un fuerte improperio puesto que el chorro le dio de lleno en el ojo. James por otro lado intentaba golpear a Peter, lo cual parecía una tarea extremadamente compleja puesto que su estado no le ayudaba precisamente con la coordinación motora. En medio de toda la trifulca, Sirius y Remus exclaman al mismo tiempo:
-¡¿Eres virgen?!
-¡Vamos grítenlo más! Creo que McGonagall aún no los escucha y quizás quiera venir a desvirgarme.- le gritó de vuelta James picado.- ¿no les jode?
-¿Pero cómo? Es decir, siempre que hablamos del tema parecías saber… tú sabes.- balbuceó Remus. El alcohol le nublaba gravemente la elocuencia.
-Claramente sé donde va todo, Rem, y sé que cosas son las que hay que encajar.- le contesto James con sorna. Sirius estalló en sonoras carcajadas.- ¡Nunca me lo preguntaron directamente! Además, es cierto, no he llegado a tener sexo, pero si he hecho todo lo demás. Digamos que solo me falta…
-¡Meterla!- chilló Peter trastabillando con un zapato.
Si Sirius estaba ahogado de risa antes de escucharlo, con el comentario de Peter estaba a punto del ataque epiléptico.
-¡No lo digas así, Peter! ¡Eres tarado con ganas!- se quejó James con el rubor extendiéndose por la cara.
-Es que no lo puedo creer… de veras ¡no lo puedo creer!- gritó Sirius desde el piso y aún sacudido por los espasmos de las carcajadas.- Me estás tratando de decir que… que… ¿Qué Peter anotó antes que tú? ¡Por la poronga de Merlín, creo que me voy a morir!
-¡Búrlense todo lo que quieran! Pero… pero les diré una cosa... – James se para sobre el escritorio de la esquina y por poco no se cae y se parte la cabeza. Alza las manos como si fuese a dar un discurso épico. Remus se ubica debajo de él en caso de que haya que atraparlo.- Yo siento que no me he perdido de nada... O sea bueno, un poco ¿No?... ¡Pero el asunto es que no estoy amargado, ni tampoco lo lamento! Y… ¿Saben una cosa? Quiero que sepan que si aún me conservo en mi estado más puro y virginal, es por decisión propia. Porque, estoy esperando a la mujer de mi vida.
-¡Que no existe!- le gritaron Sirius y Peter muertos de risa.
-¡Si que existe! Y cuando esa chica llegue, ella estará feliz de que yo… James Potter, me haya guardado para ella.
-No es cierto, Jimmy ¡Estará tremendamente decepcionada y me preferirá a mí!- volvió a chillar Sirius. Remus no se reía porque estaba verdaderamente preocupado por la integridad física de su amigo de lentes.
-Baja de ahí, Prongs. Si no lo haces te aseguro que no llegarás a conocer a la mujer de tu vida ni tampoco a tener tu primera vez con ella…- le recomendó Remus con cautela.
-¡Por Circe, deja de repetir eso, Moony!- dijo Sirius estallando en nuevas carcajadas.
Y entonces, en medio de las risotadas caninas de Sirius, las súplicas preocupadas de Remus y los discursos rebuscados y apasionados de James, Peter anuncia que quiere vomitar. Es un clásico de las noches merodeadoras. Es que el pobre apenas tiene resistencia al alcohol y aún así se esmera en beber cómo profesional.
La noche termina como siempre. Con Peter en estado de inconsciencia tirado en su cama y la ropa puesta. Ronca como oso cuando se emborracha. Y con Sirius, Remus y James, sentados en el alfeizar de la ventana, compartiendo un cigarrillo.
James no fuma, porque dice que él es un deportista, y que los deportistas no hacen esas cosas. Remus sí fuma, porque expresa que él es un intelectual y que los intelectuales sí hacen esas cosas. Sirius por otro lado, no es capaz de apagar un cigarrillo sin encender el otro. Él asegura que es un rebelde empedernido y qué, como tal, debe consumir y hacer todo lo que sea pernicioso para su salud y así morir joven. Se niega a morir viejo.
-Es que de veras se los digo. ¿Se imaginan siendo viejos y acabados? ¿Teniendo que ser cuidados y asistidos todo el tiempo hasta para las cosas más simples?- preguntaba Sirius exhalando el humo.- Yo no. Definitivamente no es para mí. Yo debo morir joven, tan joven como sea posible. Debo morir joven y hermoso.
-¡Tienes que estar loco! ¿Morir joven? ¡Es un desperdicio de una vida increíble!- se quejó James apartando el humo que Sirius le tiraba en la cara.- Yo quiero morir viejo. Muy, muy viejo. Cuando ya haya visto crecer a mis hijos y haya conocido a mis nietos… Cuando de verdad sienta que no tengo nada más que hacer en este mundo y que no me quedan fuerzas para seguir de pie. Solo entonces me resignaré a morir.
Ambos se miran y asienten con la cabeza. Porque aunque no comparten esa opinión, ni muchas otras, saben que es la correcta. Que está bien y que no se imaginan el uno al otro pensando de otra manera. Luego, los dos posan sus ojos en Remus.
-¿Y qué hay de ti, Moony?- le pregunta Sirius con curiosidad.- ¿No opinarás sobre tu muerte?
Remus en otra ocasión hubiese soltado algún comentario distractor y hubiese cambiado el tema. Pero hoy no. El exceso del alcohol en el cuerpo genera reacciones distintas en cada uno de ellos. A James, le pone extremadamente filósofo. A Sirius, le desata la curiosidad. ¿Y a él? A él le baja toda la sinceridad. Le hace confesar lo que en otro momento jamás diría.
-La verdad, me da lo mismo cuando morir.- reconoció con tranquilidad, dándole una profunda calada al cigarrillo que se consumía entre sus dedos.- Muerto o vivo, de todas formas no tendré una vida. Cuando salga de Hogwarts la vida se habrá acabado, al menos para mí.
-¿Sabes qué, Remus? Siempre creí que James era la jodida reina del drama…- le dijo Sirius.- ¡Pero, por Merlín! ¡Tú eres peor!
Remus se ríe y el ambiente se distiende de inmediato.
-No puedes decir que tu vida se acabará cuando salgas de Hogwarts. Eso es una asquerosa mentira, Rem.- Opinó James con una sonrisa en los labios.- Siempre has querido ser profesor… ¿No? Pues bien, hazlo. ¿Es que no lo ves? ¡La vida comenzará cuando salgamos de la escuela!
-Además, ahora tienes a Xavier.- dijo Sirius sugerentemente.
-Y hablando de eso… cuéntanos por favor ¿Qué artimaña tan retorcida y oscura usó esa mujer para atraparte en sus redes?- preguntó James con curiosidad.
-Y no menciones el culo ni las piernas porque ya sabemos cómo las tiene.- se le escapó a Sirius.
-Pretenderé no haber escuchado eso.- contestó Remus.
Remus se queda en silencio. Sabe lo que verdaderamente quieren preguntarle sus amigos. Reconoce el mensaje implícito tras las palabras. Sabe que lo que James verdaderamente quiere saber es si que se decidió a contarle a Trinity sobre su licantropía. Sabe que lo que verdaderamente quiere saber Sirius es si lo suyo es solo sexo.
-Se lo voy a decir.- soltó de repente.
Sirius y James interrumpen de súbito su banal conversación y le miran atónitos. Fingen que no comprende lo que quiere decir, aunque lo tienen completamente claro.
-¿Decirle qué a quién?- preguntó Sirius con vacilación.
Remus suspiró.
-Le diré a Trinity que soy un licántropo.
James y Sirius están catatónicos. Sirius se enciende otro cigarro y hasta James le pide que le dé una calada. Por supuesto, estalla en sonoras toces y casi vomita por la ventana. Aún así la expresión de sorpresa no se borra de su cara. Remus recula:
-¿Tan mala decisión es? Es decir… creí que era lo correcto, pero quizás…- Remus está nublado y trata de excusarse, buscando apoyo en sus amigos.- ¿Debería esperar más tiempo?
-Eh… no lo sé. Creo que es algo apresurado- titubeó Sirius. Era extraño verle nervioso. Toma aire y habla con más seguridad.- No es que crea que debes seguir ocultándoselo, es solo qué… tal vez podrías ir pavimentando el camino antes de soltarle la verdad tan de golpe.
-¿Qué quieres decir?- pregunta James frunciendo el ceño. Él claramente no está de acuerdo con Sirius.
-Tú sabes. Confesarle otras cosas primero. Hablarle sobre tu familia, tu madre, sobre cómo te mantienes solo hace años… todas esas cosas. – Explica Sirius.- Todas esas cosas también forman parte de tu verdad, no todo se reduce a ser un licántropo.
-¡Todo se reduce a eso, Sirius!- le reprochó James. Luego miró a Remus y le puso una mano en el hombro.- Díselo, Remus. Hay más implicados en esto de los que quisiéramos. No vaya a ser que se entere por otro lado antes que por ti…
Remus asiente. Suspira con resignación. Sirius le palmea la espalda.
-Solo busca la mejor manera de decírselo. Haz que sea un gran momento para ambos. No una tortura.
James y Remus le miran sorprendidos. Una gran frase, con elocuencia y romanticismo. Muy extraño en Sirius Black…
-Y luego te la tiras a lo salvaje. Tú sabes, le demuestras que eres un verdadero hombre-lobo…- suelta Sirius con tono depravado.
James suelta una carcajada y se golpea la frente, "Eres muy tarado, Sirius". Remus no puede evitar sonreír.
Aunque debe reconocer que Sirius le da una gran idea.
Los tres merodeadores observan el amanecer. Brinda por última vez. Por el sol que sale, por un nuevo día, por estar juntos y por tener el resto de la vida por delante.
James es el último en brindar, alza el vaso y dice con parsimonia: "Brindo porque algún día seremos leyenda". Chocan los vasos, sin saber cuánta razón llevaban las palabras de James Potter.
Charlie está inmensamente intranquila esa tarde del veinticuatro de diciembre. Le tiemblan las manos, y tiene un ligero tic en la ceja derecha. Observa la túnica azul cielo que su madre le dejó colgada tras de la puerta y que debe usar esa noche.
Se mira en el espejo y se pone algo de rubor en las mejillas para disimular la mortal palidez que le cubre el rostro. Se recoge el cabello, como su madre se lo ha pedido y se calza, cómo puede, los mortales zapatos de tacón que ella también le ha obligado a ponerse.
Cuando está completamente lista, vuelve a mirarse en el espejo y se sobresalta con su reflejo. Por Circe, se ve por lo menos diez años más vieja. Cierra los ojos y trata de que eso no le perturbe. "Esta es la nueva tú", se dice. Toma aire y baja las escaleras.
En el salón todo es lujo y esplendor. Comida, bebida y un banquete maravilloso. Las velas flotan y Dalia Mirage, en el centro de todo, coordinando, ordenando, organizando. Ella levanta la cabeza y le ve al pie de la escalera.
-¡Charlize, por Merlín!- exclamó su madre al verla.- ¡Creí que nunca bajarías! Los Narrow llegarán en cualquier minuto…
Christian Mirage, besa a su esposa en la mejilla y le susurra que todo saldrá bien. Nicholas, el hermano mayor de Charlie, no desaprovecha minuto para molestarla.
-Cambia esa cara de culo, Charlize. Créeme que esto es más difícil para mí que para ti.- le dijo Nicholas con tono irreverente.- Casarse contigo es algo que no le desearía a nadie. Y menos a mi mejor amigo.
-Pues entonces, si tantas son tus ganas de hacerle feliz ¿porqué no te casas tú con él, Nicholas?- le preguntó Charlie con una sonrisa sarcástica que logró callar a su hermano por unos minutos.
-¡Han llegado! ¡Han llegado!- chilla su madre arreglándose el cabello y alisándose la túnica. Y luego se dirige a los elfos domésticos.- Todos a sus puestos, quiero que todo salga perfecto. ¿Me oyeron? ¡Ven aquí, Charlize!
Dalia coge el brazo de Christian y ambos abren la puerta de su casa para dar la bienvenida a los Narrow.
-Buenas noches, Timothy, Nathaly.- Les saluda Christian con un apretón de manos y una sonrisa radiante. Luego ve a Alan.- Y este joven debe ser Alan. Nicholas me ha hablado cosas increíbles acerca de ti y tus habilidades para la Medimagia.
-Se lo agradezco, Señor.- le contestó Alan cortésmente.
-¡Oh! ¿Pero dónde están nuestros modales?- preguntó Dalia con tono jocoso.- Adelante, por favor. Pasen, pasen.
Timothy Narrow es un hombre alto y delgado. Tiene un aspecto frágil , débil y una voz nasal que a Charlie se le antoja extremadamente hipócrita. Parece nervioso.
Su esposa, Nathaly, es rolliza y rubia. Se ríe muy fuerte y parecería agradable, de no ser porque de lo único que habla es de las joyas que trae y de la carísima tela que viste.
Y finalmente, Alan. No hay forma de describirlo. Charlie solo puede decir que pareciera que le hubiesen metido un palo de escoba de tres metros por el culo. Estirado y arrogante. Insoportable.
Todos pasan al salón. Un elfo doméstico llega inmediatamente con una bandeja de plata con copas de cristal llenas de fina champagne. Christian alza la copa y habla con parsimonia:
-Bueno. Quisiera en primer lugar darles la bienvenida a nuestra casa y a nuestra familia, por supuesto…- Dalia y él sonríen radiantemente, sin embargo, los Narrow, no parecen tan felices.
-Eh, Christian. Disculpa que te interrumpa pero… bueno, ¿podríamos hablar en privado?- le dijo con voz baja Timothy.
-¿Ahora, Timothy? ¿Qué puede más importante que este momento?- le responde Christian con un tono fingidamente agradable.
Timothy traga saliva. Parece inmensamente nervioso.
-Créeme, es algo realmente importante.
-Pues bien, Timothy.- accedió Christian con mala cara. Luego agregó con voz seria.- Pero lo que sea que quieras decirme, puedes hacerlo delante de mi familia. No es necesario hablar en privado.
Timothy y Nathaly intercambian miradas nerviosas y preocupadas. Alan se mete en la conversación.
-Solo díselo, Padre.- dice Alan con desinterés.- Nosotros no tenemos nada de qué avergonzarnos.
Dalia comprende que algo no está bien.
-Disculpa, Timothy.- dice en con el mismo tono serio que utilizó antes su marido.- ¿De qué está hablando tu hijo?
Nathaly da un paso al frente y extrae una carta de su abrigo. Parece haberse sentido ofendida por la forma en la que los Mirage le hablaban.
-Mi hijo está hablando sobre el compromiso que tiene con tu hija. Vamos a romperlo.- declara con frialdad.- Alan no se casará con Charlize.
La cara de Christian y Dalia esta desfigurada completamente. Nicholas está impactado. Y Charlie no puede ni siquiera parpadear de la impresión. El salón entero se ha quedado en silencio.
-Verás, Christian. El asunto es, que hemos recibido una carta. Una carta de… una influyente familia.- le explicó con dureza Timothy.- Tú sabes que entre las nobles familias siempre nos protegemos.
"Que gran mentira", pensó Charlie aún sin salir de su asombro.
-¿Y podría yo saber que mierda es lo que te dijeron en esa carta para que tú hayas decidido humillar a mi hija y a mi familia de esta forma?- le espetó Christian amenazadoramente.
Nathaly soltó una carcajada sarcástica y saltó a defender a su marido.
-No tienes derecho a hablarnos así, Christian. Tu hija se humilló sola.- le contestó con sorna.- En esta carta nos han informado acerca del indebido comportamiento y la vida libidinosa que ella lleva en Hogwarts.
Las miradas encendidas de Christian y Dalia se posaron inmediatamente en Charlie. La rubia no tenía idea de qué mierda estaba pasando.
-De hecho, entre todo lo que menciona la carta, dice también que tu hija tiene una relación impetuosa con la manzana podrida de Sirius Black.- agregó Timothy con seriedad.
-¡Deben ser solo habladurías! ¡Chismes baratos que pretenden opacar la alta virtud que posee mi hija!- chilló Dalia ofendida.
-No nos dejaríamos llevar por habladurías. Menos aún, romperíamos el compromiso si solo se tratara de chismes baratos, Señora Mirage.- Dijo Alan con frialdad.- Me he tomado la licencia de corroborar si los dichos son ciertos, y debo decir, muy a mi pesar, que están en lo correcto. De hecho, la casa Gryffindor por completo fue testigo de cómo su hija besaba apasionadamente a Sirius Black, el día que abandonó Hogwarts.
Charlie se cubrió la boca con las manos. ¡Maldito asqueroso, sabandija estúpida, Black! ¡Todo era obra de él! ¡Incluso ese jodido beso! Recordó sus palabras… "No te dejaré hacerlo" y un escalofrío le recorrió la espalda.
Christian y Dalia están lívidos. Coléricos. Más de lo que Charlie jamás les ha visto. Su padre retoma la compostura.
-Muy bien, Timothy. En ese caso, no tienes nada más que hacer en mi casa.- le espetó con dureza.- Te recomiendo que tú y tu familia se larguen inmediatamente de aquí.
Nathaly suelta un bufido, ofendida. Toma su abrigo de visón, coge a su hijo por el brazo y se dirige rumbo a la puerta sin terciar ni media palabra. Timothy les sigue con resignación, pero antes de que salgan del salón, Dalia recupera el habla.
-Esperen. Exijo saber, y es lo mínimo que merezco, ¿quién les envió esa carta?- siseó con veneno en la voz.
Timothy suspira resignado.
-Fue Charlus Potter.- vaciló el hombre. – Siento que las cosas hayan resultado de esta manera. Buenas noches.
Acto seguido, los tres Narrow, salen de la habitación.
-Padre…- exclama Charlie inmediatamente al borde del llanto.- Padre te juro que no es cierto. ¡Todo lo que dice esa carta! ¡Todo es mentira!
Su padre voltea enfurecido.
-¿Es mentira que te has involucrado con Sirius Black?- le preguntó con rudeza.
-¡No de la forma que crees! ¡Somos compañeros de casa y de clase, nada más!- chilló Charlie.
-¿Es mentira que le besaste en plena sala común y ante toda la casa Gryffindor?- le pregunta su padre nuevamente.
Charlie siente cómo las lágrimas le corren por las mejillas. No puede creer que todo eso esté pasando. Sin embargo, no puede mentir. No puede negarle lo que le pregunta.
-¡Contesta, Charlize!- grita Christian enfurecido.
-Eso… sí ocurrió. Pero te juro que no es lo que crees…- susurró la rubia extremadamente consternada.
-Por Merlín…- Dalia se dejó caer en una silla, cubriéndose la cara con las manos. Cuando levantó el rostro, tenía los ojos llenos de lágrimas. –Ya no podemos seguir así, Charlize. Esta vez sí que la liaste. ¡Tu reputación está acabada, y con ella la de la familia completa!
-Madre… ¿es que no lo ves? ¡Yo estaba dispuesta a casarme con tal de hacerlos felices! – se quejó la rubia aún impactada por lo ocurrido. – Yo no tuve la culpa de nada de esto. No es justo que me traten así.
-¿Sabes lo que no es justo, Charlize? ¡Qué retribuyas así todo lo que hemos hecho por ti!- le gritó su padre perdiendo los estribos.- Pero esto se acabó ¿entiendes? ¡Se acabó! Has tenido una vida llena de privilegios, con todo lo que has podido desear, pero eso se acabó. Te valdrás por ti misma una vez que te gradúes. Si es que logras hacer eso, claro.
Nicholas intervino preocupado. Se puso junto a Charlie y le sobó la espalda.
-Padre. No puedes hablar en serio.- dijo el muchacho. Charlie le miró asombrado.- No puedes echarla de casa.
-Jamás dije que la echaría. Solo dije que tendría que hacerse cargo de sí misma.- Explico Christian aún molesto. Luego miró a su hija y le dijo con frialdad.- Has querido ser libre toda tu vida, Charlize. Pero lo que no sabes, es que la libertad conlleva responsabilidades y, muchas veces, sufrimiento. Tu madre y yo, solo quisimos ahorrarte eso. Pero pensándolo bien, tal vez eso es lo que necesitas. Darte cuenta de que la vida no es tan fácil cómo piensas.
Christian sale del salón dando grandes zancadas y azotando la puerta al salir. Charlie jamás se había sentido más desolada. Buscó consuelo en los ojos de su madre.
-Mamá… mamá, por favor…- Se le quiebra la voz. Cómo quisiera que ella le abrazara.
-Estoy de acuerdo con tu padre, Charlize.- le contestó su madre duramente.- Querías tu libertad, pues ahora la tendrás.
Se retira rápidamente en busca de su marido. Charlie no puede creerlo. Tiene que ser una pesadilla, una horrible pesadilla. Estalla en largos sollozos. Nicholas le abraza.
-Charlie.- le susurra su hermano. La rubia solloza más fuerte aún. Nadie en su familia jamás le había llamado "Charlie".- Solo están enojados…
La rubia se seca las lágrimas y se suelta de su hermano.
-Gracias, Nicholas. Estoy algo abrumada así que… solo quiero irme a la cama.
Charlie no duerme esa noche. No llora. No piensa. Charlie esa noche no siente nada. Solo una rubia profunda, una incomprensión total y un apellido que le late en las sienes y le atormenta la cordura: "Potter". Y necesita respuestas.
Lily resopla en la sala común. Le gusta estudiar, pero francamente se siente agobiada. Muy agobiada. Cansada, aburrida y preocupada. No puede dejar de pensar en Charlie. No responde sus cartas, y tiene la esperanza de que escriba ese día, para contarles que tal resultó la cena de compromiso.
Por eso, cuando James Potter se sienta frente a ella, con una sonrisa en la cara y las malas intenciones pintadas en sus ojos, ella no pone tantos obstáculos cómo comúnmente lo haría.
-Pelirroja, es navidad.- le dice el chico.- Francamente no puedo concebir que estés estudiando el día de navidad. Deberíamos estar paseando por los pasillos del castillo, parándonos debajo del muérdago… tú sabes.
-Pararme debajo del muérdago no es precisamente mi idea de diversión.- le contestó Lily ácidamente, pero con una sonrisa.- Y menos si es contigo, Potter.
-Ah, pelirroja pusilánime. – Se quejó James.- No tienes espíritu navideño.
Lily se rió sonoramente.
-¿Ahora te disgusto solo porque tu concepto de navidad no es el mismo que el mío?
-No. Me disgustas porque prefieres pasar tu día de navidad estudiando antes que conmigo.- admitió James reprimiendo una sonrisa. Luego añadió encogiéndose de hombros.- Pero no hay problema. En realidad… creí que preferirías pasar este día en compañía, ya que no te fuiste a tu casa.
James aguarda. Tiene la esperanza de escuchar una respuesta. Pero Lily solo sonríe y niega con la cabeza.
-Bien… en ese caso, te dejaré seguir con tus asuntos. Siento haberte molestado.- suelta una sonrisa avergonzada y se acomoda los lentes.- Por cierto… feliz navidad, Lily.
Lily asiente con la cabeza a modo de agradecimiento y observa como James se retira a la habitación de los chicos. Ella vuelve a sonreír y se concentra nuevamente en sus pergaminos.
Pero algo no está bien. Algo ha cambiado. Las runas antiguas le parecen indescifrables. Los mapas astrales no tienen sentido alguno, se le confunde las fechas de Historia de la magia y ni siquiera "Encantamientos" logra mantener su atención por más de un minuto.
Entonces simplemente cierra sus libros de un golpe y se pone de pie. Es oficial, no puede estudiar. Y está bien. Es navidad después de todo. Mira las escaleras por donde desapareció James, unos cuantos minutos atrás. El muérdago ya no le parecía tan mala idea.
Se asoma por las escaleras. Están desiertas. Así que solo toma una gran bocanada de aire y las sube de dos en dos. Llega a un amplio pasillo con puertas rotuladas. Se planta frente a la que señala ser la de los chicos de séptimo. Vuelve a inhalar profundamente y toca suavemente la puerta con los nudillos. Se oyen gritos adentro. "¡Sirius ve quien es!
-¡Siempre yo! ¡Siempre yo! Juro que el que quiera que esté jodiendo le voy a…-Escucha las quejas de Sirius del otro lado de la puerta, pero una vez que la abre, su silencio es rotundo.- Oh… Hola, Evans. ¿Qué tal?
Lily trata, de verdad trata de mantener la fija vista en su cara. Pero es difícil, inmensamente difícil. Sirius no lleva camisa. Y francamente, ahora la pelirroja comprende porque todas las chicas pierden las bragas por él.
-Por Merlín, Sirius, eres un exhibicionista, vete a vestir ¿Quieres?- le chilló James apareciendo por el marco de la puerta.- Hola, de nuevo, pelirroja. Que sorpresa.
-Lo pensé mejor.- le soltó de golpe Lily, ignorándole.- Tenías razón.
-¿Sobre lo de no estudiar en el día de navidad?- preguntó James, confundido.
-Sobre lo de pasar este día en compañía…
James disimuló la mueca de sorpresa que le generaron las palabras de la pelirroja. Se quedó en silencio, esperando que ella dijese algo más antes de ponerse a saltar de felicidad.
-¿Y bien?- preguntó la pelirroja impaciente. Luego le soltó una sonrisa que James jamás había visto en ella.- ¿Necesitas una invitación, moreno infame?
Lily estalla en carcajadas ante la expresión indescifrable que pone James. Largas, extensas, preciosas carcajadas cantarinas que a James le rebotan en los tímpanos, y se le meten en vía directa a las venas, llegándole al corazón. Es que después de esa frase, y de esa forma de reír, y de esa forma de agitarse el cabello, James Potter declara que tiene absoluta certeza acerca de dos cosas.
La primera, es que valió la pena cada noche, cada día, cada respiro y cada exhalación, para llegar a vivir ese instante glorioso y sublime en que esa pelirroja preciosa le termina por robar completamente el corazón.
La segunda, es que Lily Evans es la mujer de su vida. Y no se diga más.
-¿A dónde vamos? – pregunta Trinity agitada, sin soltar la mano de Remus.
-¡Deja de preguntar!- le respondió Remus entre carcajadas.- Te lo explicaré cuando lleguemos.
Remus de repente se detiene en un amplio pasillo. Solo hay una puerta frente a él. Se voltea y mira a Trinity. Ya no hay retorno. Le coge la cara con ambas manos y la besa profundamente.
-¿Y eso? – pregunta la morena sorprendida.
-Es porque estoy loco por ti.- le susurró Remus contra los labios. Más que una confesión, parece una plegaria.
Se separa un segundo y abre la puerta. Observa el lugar. Un enorme sillón en el medio de una habitación no muy grande, pero totalmente acogedora. Hay alfombras y tapices, por todos lados. Grandes candelabros cuelgan del techo y una chimenea en frente del sofá crepita.
-¿Dónde estamos?- le interrumpe Trinity con curiosidad.
-Es la Sala de los Menesteres…
-¿En serio?- preguntó Trinity incrédula y algo decepcionada.- ¿Y por qué se transformó en esto?
-Porque yo lo deseé.- le explicó lacónicamente Remus.- Ven, siéntate.
Ambos se sentaron el sillón. Remus fijó la mirada en las brasas de la chimenea. Suspiró. Esto era más difícil de lo que él se había imaginado. Por fin, cuando logra juntar un poco de coraje, habla.
-Te traje aquí, porque es hora de decirte un par de verdades.- admitió el chico con la voz más ronca de lo normal. Y agregó con vacilación.- Solo si aún quieres escucharlas…
Trinity contiene el aliento. Remus la mira intensamente.
-No importa lo que me digas.- musita la chica.- Te juro que cuando termines, seguiré estando aquí. Contigo.
Remus entierra la cabeza en su cuello y la siente sonreír. Siente el olor de su pelo, de su perfume. Siente el olor de su piel, el latir de su sangre, el sudor de su nuca. La siente Él y también la siente El Lobo. La siente con todo su ser y en todo su cuerpo. Definitivamente, ya no hay retorno. En ningún jodido sentido.
Trinity le mira expectante, y entonces, Remus busca en su bolso, y extrae un pequeño cuaderno de cuero negro.
-Esto es para ti.- dijo extendiéndole la libreta con delicadeza.
-¿Qué es esto?- preguntó ella sin comprender.- Una especie de… ¿diario?
-Vamos… un diario es algo muy cursi.- bromeó Remus. Aunque lo último que sentía eran ganas de bromear.- Llamémoslo…bitácora ¿Sí?
-Bien…- dijo Trinity rodando los ojos.- ¿para qué me lo das?
Remus cerró los ojos. Tomó aire y volvió a abrirlos.
-Porque es todo lo que soy, Trinity. Todo lo que he vivido, todo lo que he sentido y he pensado, está ahí.- le explicó Remus en voz baja. Le miró a los ojos.- Una vez que lo leas, ya no habrá más secretos entre nosotros. Sabrás todo de mí. Y se me habrán agotado las excusas.
Trinity miró el pequeño cuaderno. Lo observó con fascinación. Acarició con suavidad las tapas de cuero.
-¿Desde cuándo escribes en él?- preguntó Trinity con emoción.
-Tres años y dos meses.- contestó Remus obsesivamente. Luego sonrió algo avergonzado.- Por eso te traje aquí. A un lugar tranquilo en el que pudieses leerlo con calma.
-¿Puedo leerlo ahora?- preguntó ella con lágrimas en los ojos.
Remus asintió con la cabeza. Le temblaban las manos y estaba más pálido de lo común. Trinity lo notó.
-Escucha, Remus. No hay nada en el mundo que deseara más que leer esto.- le confesó ella acercándose. Le acarició la mejilla con suavidad.- Pero si necesitas más tiempo, podemos dejarlo. Y haremos cómo si nada hubiese ocurrido. ¿Qué dices?
Remus la besó. Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Las palabras que gatillaron su seguridad y le incitaron a pensar que estaba haciendo lo correcto.
-Léelo ahora. Yo me quedaré aquí hasta que termines.
Trinity asintió con la cabeza, y le miró con firmeza.
-Te repito, Remus, que nada de lo que tengas escrito aquí cambiará lo que siento por ti.
"Lo que siento por ti". Remus reparó en esa frase. Sintió que el pecho se le llenaba un poquito de un sentimiento que no llegaba a identificar. Observa como Trinity abre el cuaderno y comienza a leer la primera página. La segunda. La tercera. A medida que va pasando las páginas, sus ojos se llenan de lágrimas, y otras veces de indignación. Su rostro es indescifrable y otras veces, completamente angustiado. Una cosa sí es clara y no parece ser buena señal. Trinity Xavier no levanta la vista ni una sola vez.
¡Hola a todos! Hoy les actualizo rápido, por el gran retraso que me pegué la vez pasada.
La verdad es que es tardísimo y mañana debo madrugar pues tengo que viajar. A pesar de eso, decidí dejarles este capítulo, puesto que si no actualizaba hoy, ya no podría hacerlo en todo el fin de semana. Así que bueno, un regalito para todos los tiernos lectores que hoy, 16 capítulos después, aún siguen conmigo, alentándome a hacer lo que más me gusta.
Little Indulgence: ¿Has quedado con esa expresión? Genial, la verdad no lo tenía mucha fe al capítulo anterior. Espero que hayas disfrutado también de este. Bueno, James/Lily han quedado pendientes para el otro cap, pero esperemos que este nuevo interés de la pelirroja les lleve a dar el gran paso pronto. ¿Qué me dices de Sirius y Charlie? Sirius jura que es su amiga. Remus y Trinity sin duda son el masoquismo justificado, intento sacarlos un poco de eso, pero definitivamente, es algo inherente a ellos. Bueno, debo confesar que me siento algo apenada por tus uñas. Espero que te vuelvan a crecer pronto… tengo la idea de seguirte sorprendiendo Gracias por tus palabras, no sabes lo importante que son para mí. Un enorme abrazo.
Anita: Lo bueno es que la locura del matrimonio duró poco… La locura que nos queda pendiente ahora es ¿porqué rayos el papá de James envió esa carta? Anda tú a saber que habrá pasado. Quédate pendiente si quieres saberlo. Espero que hayas disfrutado este nuevo capítulo. Un abrazo!
RunaStorm: ¿Así que te identificas con los delirios obsesivos compulsivos de James antes de tus competencias? ¿Y competencias de qué? Admiro a la gente que hace deporte, yo nací completamente desgraciada en ese sentido. ¿De veras te ha gustado el relato del partido de quidditch? La verdad, fue un enorme desafío y tenía muchas inseguridades al respecto, así que muchas gracias por el ánimo que me das Bueno, respecto a lo del tercer ojo, vaya ¿qué conexión, no? Yo también extrañaba un poco de esa camaradería merodeadora, no me gustaría caer en un fic monotématico que solo trate de los chicos y sus parejitas.
Bueno, espero que te haga doblemente feliz el ver que ahora, junto al rótulo de "capítulo 15", también hay un next. Y descuida, me encantan los reviews largos. Un enorme abrazo, Runa. Nos leemos pronto.
Miss Larien: Tengo claro que amas James/Lily y siento que no haya habido tanto en este capítulo. Se vendrá una buena dosis en el próximo, te lo prometo. Bueno, Remus ha dado el gran paso, tendremos que ver cómo se lo corresponden. ¿Cómo reaccionará Trinity? Peor aún ¿Qué hará cuando descubra que su amiga ya conocía la verdad? Nos queda poco para saberlo. Muchas gracias por tus palabras y tu comentario, ya sabes que a mi jamás me molestaría que fuesen largos, todo lo contrario, lo disfruto mucho. Me encanta saber que se dan el tiempo de comentar, porque sé que muchas veces da flojera hacerlo. Lo valoro muchísimo. Nos estamos leyendo pronto, disfruta este nuevo capítulo, un abrazo
Jose de Black: ¿Lloraste dos veces? No lo puedo creer, ¿en serio? Merlín, cómo lo siento. ¿Así que no puedes decidirte por tu capítulo favorito? Pues bien, te cobraré la palabra. En cuanto termine el fic deberás decirme cual es el que más te gustó ¿te parece? Será interesante. Mil gracias, como siempre, por tus dulces palabras. Siempre escribes los comentarios más tiernos y eso me hace sentir genial. Tú también cuídate mucho. Respecto a tu pregunta (que te juro me dejó con una sonrisa boba) no soy literato ni tampoco estudié nada relacionado con eso. Lo mío es 10% técnica y 90% corazón. Y, solo por si te genera curiosidad, soy psicóloga Un gran abrazo, querida Jose.
AgusPotter: Tus reviews jamás me han parecido monótonos, los disfruto todos por igual. Sin embargo, valoro de sobremanera tu esfuerzo de hacer un comentario más largo y creativo. Gracias por creer que es un fic original, trato, dentro de lo posible, de no caer en lo rutinario o encasillarme demasiado con un tema o una pareja. Es cierto, he intentado modificar un poco lo que vemos de los personajes en otras historias, y agradezco enormemente que haya sido bien recibido. Te he quedado debiendo el James/Lily ¿Sí? Me pondré al día con una buena dosis de esos dos en el próximo capítulo. Con respecto a Sirius, es cierto, su forma de preocuparse es rara… creo que quizás es porque él no está acostumbrado a preocuparse demasiado por otra persona, excepto sus amigos, claro. ¿Así que parecida a Lily? Lily es genial. Es muy difícil captar su esencia entre chica perfecta y totalmente normal. Es una dicotomía que a ratos, me complica bastante transmitir. Me alegra saber que te gusta la forma en la que la estoy mostrando. Un gran abrazo, Agus. Gracias por tu comentario, te leo pronto.
¡Adiós a todos! Y nos vemos luego…¡ya en nuestro capítulo 17!
