DISCLAMER: Aunque está demás decirlo, nada de esto me pertenece, salvo algunos personajes y las locas cavilaciones que aquí se presenten. Todo lo demás pertenece a J.K Rowling, quién creó esta fantasía que algunos se nos hace tan real, que casi forma parte de nuestra vida.
Enjoy!
Capítulo 17
Juro que viviría siete vidas más así, con tal de vivir siete veces más ese momento.
Lily y James caminan por la nieve. Hablan de cosas simples y agradables, pero a pesar de eso, a la pelirroja le resulta imposible sentirse del todo cómoda. Y no logra dilucidar el porqué.
Poco a poco, y a medida que el frío les cala más profundo, sus cuerpos se buscan casi sin que ellos se den cuenta. Un roce por aquí, un suave empujón por allá, y todo parece normal. Todo parece extrañamente normal. Como si estuviesen en una realidad alterna e irreal en la que rozarse los dedos y mirarse a los ojos fuese lo correcto.
Pero no es lo correcto. Y Lily aún no logra dilucidar el porqué.
Es que no puede ser correcto. Sencillamente no puede serlo. No puede ser que seis años de conocer al "cretino de Potter" se hayan transformado en un error de interpretación y ahora, de golpe y porrazo, tenga frente a ella a un Potter amable, sincero, increíble y… y… fascinante.
Es que no puede ser. No puede estar pasando. No puede ser real. Es terrorífico y escalofriante.
Entonces Lily reacciona. Se cae del guindo. Abre los ojos. Espabila. Es decir, vamos… ¡que se da cuenta de que algo está tremendamente mal! Definitivamente ya no le parece correcto que sus dedos estén entre los de James, ya no le parece correcto estar pasando el día de navidad con él, ni compartir besos furtivos en la comisura de los labios. Esas actitudes tan…tan… tan de "novios". De todas formas no es correcto, no es normal y definitivamente no es aceptable.
Es que Lily no es chica de aventuras. No es chica de besos en los rincones ni toqueteos en aulas vacías. Definitivamente no es ese tipo de chica… ¡Y por Merlín como quisiera serlo! Todo sería mucho más fácil si tuviera al menos la mitad del arrojo y la pasión de Trinity, o tal vez un poco del descaro y la simpleza de Charlie. Pero no, no es así. Ella piensa las cosas ciento cincuenta y ocho mil veces antes de hacerlas, es reflexiva, es vulnerable emocionalmente, y en el fondo sabe, aunque jamás lo admita, que si ha llegado a ese punto con James Potter, es porque el chico no le desagrada tanto como debería. Y eso es inaceptable.
Se imagina cientos de ojos puestos en ella. Se imagina los rumores, los chismes. Todo lo que dirían de ella. "El capo de Potter lo consiguió de nuevo". "Potter metió a Evans en el saco, vaya campeón". "Tantos años de hacerse la difícil para terminar siendo igual de estúpida que todas las demás". No, no y no. Lily no puede aceptarlo. Tiene que tratar de conservar un poco de la dignidad que aún le queda. Aunque le cueste.
Entonces ella retira los dedos ante la atónita mirada de James. Deja de mirarle a los ojos. Deja de prestar atención a lo que dice y toma cierta distancia prudente entre sus cuerpos.
James parpadea sin comprender.
-¿Te pasa algo?- le pregunta con una sonrisa asombrada.
-No. No, no me pasa nada.- le contesta la pelirroja fingiendo una sonrisa.- Es solo que… ¡mira la hora! Hemos pasado toda la tarde y ya debo regresar con Trinity, no quiero que esté sola en navidad…
-¿Con Xavier? – Preguntó James soltando una carcajada.- ¿Y qué te hace pensar que Xavier preferiría pasar la noche contigo antes que con Remus?
Lily frunció el ceño y soltó un bufido. Ese era otro punto que estaba mal. Es que, de verdad, Remus le caía muy bien y le tenía un cariño muy especial, pero francamente, la mentira a la que le había arrastrado le estaba destrozando los nervios. En serio, ¿en qué momento se permitió a sí misma zambullirse en un mundo de fantasía loca y aleatoria en la que todo parecía estar tan bien, siendo que todo estaba tremendamente mal? ¿Qué estaba pasando con la sagaz y criteriosa Lily Evans?
Todo es culpa de Potter. De ese maldito Potter que la está engatusando y nublándole sus, generalmente certeros, sentidos. Pero no se lo seguiría permitiendo. Este jueguito tiene que acabar ¡pero ya!
-De veras, Potter. Ya debo irme.- Dijo Lily con voz firme.
-¿Cómo pasé de ser "James" a ser "Potter" en apenas cinco minutos?- le preguntó el chico con absoluta sorpresa.
-No es nada personal. Es solo que… ¡vamos, Potter! Sabes que esto no va a ninguna parte.- le contestó la pelirroja fingiendo una sonrisa.
-¿Qué es lo que no va a ninguna parte?- preguntó James frunciendo el ceño.
-Pues… nosotros. – respondió Lily con voz queda. Luego añadió con un poco más de firmeza.- Mira, es obvio, cambiaste de estrategia y dejaste de ser ese patético caprichoso inmaduro, pero en el fondo ¿dejaste de serlo? ¿Cómo puedo saber que esto es real? Sé que quizás no lo entiendas, pero…
-Tienes razón. No lo entiendo.- dijo James molesto. Y añadió en tono suplicante.- Por favor, Lily, ya aguanté seis años de bipolaridad, violencia física y maltrato psicológico… ¿vas a continuar con eso?
-¿Es que no lo ves, Potter? ¡Eso jamás debió cambiar! - le dijo la pelirroja comenzando a desesperarse y pasándose las manos por el cabello, exasperada.- Tú y yo no somos amigos, y no me mires así ¡tú sabes que no lo somos! Jamás lo hemos sido….
-¡Ya lo sé, pero creí que podríamos serlo ahora! Lo hemos pasado bien, me has conocido mejor, tú sabes que no tengo malas intenciones… generalmente.
-Potter…- Lily tomó aire para calmarse. El torrente de emociones, miedos e incertidumbres se le agolpaban en el corazón y le nublaban el juicio.- No quiero ser grosera. Podemos llevarnos bien, no tenemos porqué volver a llevarnos como el perro y el gato. Pero no seremos amigos… y menos, algo más que eso.
-Lily, ¿es qué no lo ves? Este es el verdadero James. No el tarado insistente y bromista… bueno, sí soy un poco ese también, ¡pero ese no es el punto!- balbuceó James tratando de convencerla.- Me conoces… me conoces en serio. Conoces mis secretos. Me conoces como ninguna otra chica jamás lo ha hecho, Lily… ¡Es insultante que sigas creyendo que solo soy el payaso de antes!
-Lo siento, Potter.- dijo Lily en voz baja.- Pero… es difícil.
Es demasiado difícil. Es enfrentar a la fuerza de la costumbre y a todo lo que siempre ha conocido. Lily niega con la cabeza ante la insistente mirada de James.
James disimuló una mueca de profunda decepción. Su desilusión dio paso rápidamente al enojo, frunció el ceño y no pudo contenerse más.
-¿Quien te crees que eres, pelirroja diabólica?- explotó James. Lily se cruzó de brazos y se preparó para uno de esos histriónicos sermones made in James Potter.- Te crees alguien muy especial, ¿y sabes qué? ¡Por seis años y hasta hace dos minutos, yo también creí que lo eras!
Lily se desarma. Se le cae un poquito el alma a los pies. Alza la barbilla para inspirar altanería, pero sabe, aunque jamás lo admita, que ese fue un golpe bajo, doloroso y extremadamente certero.
-Y adivina qué… ¡No lo eres!- continuó James, ofuscado, resignado y con un desasosiego en el alma que jamás había experimentado. Luego agregó, con voz queda y fría.- No lo eres. No tienes nada especial. No eres más que una caprichosa a la que le preocupa más lo que los demás puedan pensar que lo que verdaderamente siente. ¿Crees que no me doy cuenta de que ese es el problema? ¿Confesar ante todo el mundo que quizás no te desagrado tanto como te esmeras en mostrar?
-Potter, supéralo ¿quieres?- le pidió la pelirroja con crudeza.- Será más fácil de lo que crees.
-Por Merlín…- murmuró James sin poder creerlo.- Creo que tienes razón…
-Suelo tenerla, Potter.- le contestó Lily.
-Sí. – Corroboró James.- Especialmente en lo que dijiste. Nunca seremos amigos… y menos, algo más que eso.
El chico se ajusta las gafas, se anuda la bufanda y le lanza una última mirada. "Buen día, Evans", le espeta, antes de largarse rumbo al castillo. "Bien hecho, Lily", se dijo la pelirroja a sí misma. "Era lo que había que hacer", se repitió. Hizo lo correcto, lo adecuado, lo aceptable, el universo vuelve a su centro y la vida a su cauce. Está todo, como siempre debió estar. Así es.
Y entonces, si es que verdaderamente hizo lo correcto, ¿por qué rayos siente un nudo en la garganta y las palabras de James le retumban en la cabeza? ¿Por qué le duele el hecho de que él le haya llamado por el apellido?
Lily se cubre la cara con las manos, frustrada. ¿Por qué mierda haber hecho lo correcto se siente tan mal? No lo entiende. Lily, mente brillante y divinamente privilegiada, no puede entenderlo.
Remus está sentado sobre la alfombra, mirando a Trinity de frente, desde luego, ella no le devuelve la mirada, porque está absorta leyendo el pequeño cuaderno que tiene entre las manos.
Mira disimuladamente su reloj de pulsera y se sorprende al descubrir que han pasado tres horas y cuarenta y dos minutos desde que la morena está leyendo en absoluto silencio. Se fija en las páginas que le restan… no deben ser más de cinco.
Siente que la sangre se le acelera en las venas y que el corazón se le sale por la boca. Siente los ojos dilatados y los sentidos más intensos que de costumbre. Siente que se le seca la boca, le zumban los oídos y se le pone la piel de gallina. Es como experimentar una segunda transformación, pero mucho, mucho más intenso, aunque hasta a él mismo le resulte difícil creerlo.
Tiene a la chica más hermosa que ha visto frente a él, con sus más oscuros secretos y sus más terribles confesiones en las manos. Leyendo todo aquello que no confesaría ni siquiera bajo tortura y de lo que jamás se sentirá orgulloso. Conociendo lo más profundo que tiene, la verdad al desnudo… como ni siquiera James, Sirius o Peter la conocen, porque es de su puño y letra, como la ha vivido y como realmente la siente, sin adornos, sin sutilezas.
Entonces Remus entra en pánico. Tiene que estar loco. Tiene que haber perdido la cordura, el juicio y la razón. Hubiese sido más sensato arrojarse al lago congelado desde la torre de astronomía. De veras, hubiese sido más cuerdo ir a tomar el té con Dumblendore en una noche de luna llena, incluso hubiese sido más aceptable volarse los sesos con cinco balas de plata. Cualquier cosa, ¡lo que fuese! Menos dejar que Trinity leyera su bitácora.
Pero es demasiado tarde y ya no hay vuelta atrás.
Y entonces, antes de que pueda salir corriendo, darse a la fuga y mudarse a Timbuctú, la morena cierra el cuaderno y levanta los ojos. Las orbes de acero están dilatadas de confesiones y enrojecidas ante tanta injusticia. Trinity Xavier no le mira, le atraviesa con los ojos y Remus no sabe si arrojarse a sus pies rogando clemencia o echarse a llorar como una niñita perdida.
Remus Lupin, por vez primera en su vida, no sabe que mierda hacer.
-Creí que solo leería secretos y confesiones horrorosas.- le dijo ella, con voz ronca.
-¿No te parecieron lo suficientemente horrorosas?- le preguntó Remus con sorna, disimulando la enorme sorpresa que le generaron sus palabras.
-Aquí también hablas de mí.- Dijo Trinity ignorando su pregunta y agregó.- ¿También yo soy una confesión terrible?
Remus no puede disimular más su asombro. Y entonces, cuando creyó que sus ojos ya no podían abrirse más, Trinity suelta una pequeña sonrisa o algo parecido.
Y Remus suspira. El corazón deja de latirle desbocado y la sangre vuelve a correrle por las venas a ritmo normal. Siente que los sentidos dejan de estar alerta y a la defensiva. Jamás se había sentido tan aliviado en toda su vida.
-En este cuaderno está escrito todo lo que me ha marcado en la vida.- le dijo Remus levantándose del suelo y sentándose a su lado.- Bueno o malo… es todo lo que jamás quiero olvidar.
Trinity asintió con la cabeza.
-¿Por qué me dejaste leerlo?- le preguntó con voz rota.
Remus le tomó la mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
-Porque una vez que lo leyeras, nunca más tendría que mentirte, Trinity.- le confesó.- Estoy tan cansado de mentir. Sobre todo a ti. Y quiero que sepas que si no te lo dije antes fue porque…
-Tranquilo…entiendo porqué no me lo dijiste.- Le cortó la morena alzando una mano para que se detuviera.
De verdad lo entiende. En serio. Le duele, pero lo entiende. No es una verdad fácil de escuchar, por lo tanto, se imagina que es aún más difícil tener que decirla.
-¿Quién más lo sabe?- preguntó la morena con suspicacia.- Lo de que eres un licántropo.
La pregunta del millón. La que Remus temía. La que no quería responder. "Estoy cansado de mentir", se recordó a sí mismo.
-Mis amigos, James, Sirius y Peter. Por supuesto, algunos profesores, la señora Pomfrey, Dumblendore, Mc Gonagall…- contestó Remus de corrido. Vaciló, tomó aire, y finalmente lo dijo.- Y también Lily.
Trinity abre los ojos desmesuradamente. Tiene que haber escuchado mal, no puedo ser cierto.
-¿Lily? ¿Lily, mi amiga?- preguntó sin dar crédito a sus palabras. Se puso de pie, se pasó una mano por el cabello, y le miró nuevamente, sorprendida.- ¿Hablas en serio? ¿Ella lo sabía y no me dijo nada?
-Triny, por favor, no te enfades con ella.- le rogó Remus, tomándola de los hombros.- Ella lo descubrió hace poco, y fue sin querer… Si Lily guardó silencio fue solo por respeto a mí, y te aseguro que a ella no le hacía gracia que yo te lo ocultara. Imagina lo difícil que fue, debe haberse torturado todos los días por no poder decírtelo.
Trinity se para del sillón con la rabia pintada en el rostro. Los ojos le chispean con furia y de su boca sale una verborrea de improperios enajenados que solo eran comparables con los insultos de Sirius al referirse a su madre. Remus dejó que Trinity gritara, pegara un par de patadas, volteara una mesa, lanzara un jarrón contra la pared, y finalmente, cuando se quedo parada en medio de la habitación, con los ojos humedecidos y un mohín de profunda amargura en los labios, Remus se acercó y la tomó por los hombros.
-Hay otro motivo por el que quise que lo supieras, Triny. Y es el mismo por el que debías enterarte a través de mí y no de Lily…- le confesó Remus en voz baja.-Es porque quiero que sepas que eres importante para mí. Que sí eres la primera chica en mi vida. La primera que conoce todo…
Trinity le besa. Con labios, lengua y dientes. Con mente, alma y corazón. Le besa, le lastima y le alivia al mismo tiempo. Como una fría cuchilla de plata, pero más profundo, más adentro. Más intenso y doloroso de lo que nadie jamás le ha besado.
Y entonces, cuando Remus siente que no puede más, que tiene que morirse ahí mismo o cometerá alguna locura, Trinity le desabrocha el primer botón de la camisa gris. Y el segundo. Y el tercero. Le desabrocha los botones y con eso, también le desabrocha el alma. Y cuando ha logrado abrirle la camisa por completo, le empuja hacia el sillón y se sienta a horcajadas sobre él. Y se separa. Se separa. Quince jodidos centímetros que Remus maldice con toda su alma.
-¿Por qué te detienes?- le cuestiona. No suena a pregunta, más bien suena a súplica.
Trinity sonríe, y recorre con los dedos la larga cicatriz que le surca el pecho. Desde la clavícula izquierda hasta más abajo del pectoral. Remus contiene el aliento.
-Ésta.- dice con voz suave.- ¿Cómo te hiciste ésta?
Remus no quiere decírselo. Quiere mentir. Quiere recurrir al único mecanismo de defensa que conoce, quiere aferrarse al único recurso que tiene y volver a colocarse esa coraza blindada que la morena, poco a poco y a punta de besos insistentes, ha logrado destrozar por completo.
-Tenía nueve años. Comenzaba a hacerme más fuerte y mis padres ya no podían lidiar conmigo.- le explicó, intentando no sonar tan crudo.- Tenían que meterme en el sótano, para que no me escapara. Era un lugar pequeño y encerrado. Yo mismo me la hice, en una de esas noches.
Trinity asiente con la cabeza. Su rostro es pétreo. No pone cara de lástima ni derrama lágrimas de compasión. Soporta la verdad, por terrible o cruda que esta sea. La soporta, la digiere y no siente pena por él. No es cómo James, que se desarma en lágrimas de frustración cada vez que le habla del tema. No es cómo Sirius, que patea puertas y destroza paredes ante tanta injusticia. No es cómo Peter, que le mira con tristeza.
Es una luchadora. Cómo él mismo. Es el jodido pilar que le falta y la confirmación de qué tomó la mejor decisión al revelarle sus secretos.
-¿Y ésta?- le recorre una fina pero profunda cicatriz que comienza a la altura del ombligo y desaparece en el borde de sus pantalones. Trinity quisiera saber dónde termina. Nunca ha deseado algo con tanta fuerza.
-Una maldición.- le explica Remus con simpleza.- A veces me salía de control y no había otra forma de mantenerme a raya.
A Trinity le brillan los ojos. Se le vuelven casi negros. Y Remus no entiende por qué.
-¿Y dónde acaba?- le pregunta con avidez.
-Averígualo.- le susurra Remus.
Trinity jadea. Es una insinuación. No, es una propuesta. Una de esas propuestas de Remus. Una cómo esa con la que comenzó todo. Cómo la que le quitó la cordura y le robó el corazón.
Trinity no besa. Golpea. Golpea con la mirada, golpea con el tacto, golpea con los labios. Golpea fuerte y duro, como una droga que se inyecta directo al torrente sanguíneo. Inevitable e inmediata. Adictiva. Insuperable.
Y cuando Remus siente que Trinity le besa el cuello, jura que todo ha valido la pena. Toda una vida de sufrimiento. Toda una vida de desgracias. Toda una vida de dolor e injusticias. Y jura que viviría siete vidas más así, con tal de vivir siete veces más ese momento. Y cuando Trinity le desabrocha el cinturón, jura que podría morir ahí mismo, así, medio desnudo y medio vestido, sobre el sillón, dominado y subordinado. Porque él jamás ha dejado que nadie le someta, en ningún sentido. Ni emocional ni físico. Siempre es él, es El Lobo, el que manda, el que muerde, el que arranca gemidos y solo busca un rápido alivio. Ahora no. No quiere aliviarse. Quiere seguir así, en ese letargo agónico y eterno. Por el resto de su vida.
Y cuando sus manos acarician los muslos de la morena, y cuando ella le jadea contra el cuello, y le susurra un sinfín de verborreas incoherentes, Remus no puede contenerse. Tiene que decirlo. Tiene que dejar escapar de sus labios la palabra que nunca ha dicho. El apelativo que jamás le ha dedicado a nadie. El adjetivo que creyó que nadie jamás se merecería.
-Trinity, cariño…
Cariño. Corto. Suave. Seis letras que abren la puerta de todo lo que tiene y que jamás quiso entregarle a nadie. Tres sílabas que esconden un universo que nunca creyó que sería para él.
Y Trinity (Cariño) le jadea en el oído, le susurra que va a borrar cada marca, cada dolor, cada lágrima derramada. Le susurra que lo acepta, que lo admira. Le susurra que es lo más jodidamente bueno que ha tenido en la vida. Y que no le importa que esté dañado, maldito, jodido. Porque ella lo curará, porque una noche al mes no va a arrebatarle el resto de los días que les esperan.
Trinity le dice que lo quiere, sin decirlo. Y cuando la morena deja escapar un susurrante "Cariño" de vuelta, él siente que podría transformarse. Podría transformarse en dos cosas. Inevitablemente, en un hombre-lobo, la primera noche de luna llena de cada mes. Y solo en un Hombre, el resto de las noches. Y el resto de las mañanas y las tardes. Y todos los días.
Podría transformarse en el hombre que nunca creyó que llegaría a ser.
Cuando Sirius regresa a la habitación, está vacía. No le sorprende. Remus y James deben estar ocupados. Bueno, quizás James "Virgen y Casto" Potter, no. El debe estar repartiéndole flores y diciéndole cursiladas al oído a cierta pelirroja temperamental. Remus sí que debe estar ocupado. Se hace el tonto, pero Sirius sabe, que de tonto, no tiene ni pelo y medio.
-Hola, Pete. ¿Robando los apuntes de Remus, otra vez?- le pregunta Sirius al descubrirlo in fraganti hurgando entre los pergaminos del susodicho.
-¡Él me lo permitió!- exclamó inmediatamente el chico, pero la mueca de terror que le surcaba el rostro, le indicó a Sirius que aquello no era tan cierto. Ante la expresión de incredulidad del moreno, Peter agregó.- Es decir, bueno… no es que me lo haya dicho expresamente pero… tú sabes, él nunca se molesta con estas cosas. De todas formas, no se lo digas y así nos ahorramos problemas, es decir, no estoy diciendo que vayamos a tenerlos, pero…
-¡Ay, Peter, por favor!- se quejó Sirius cubriéndose los oídos ante sus balbuceos.- ¡Me importan una teta de unicornio los apuntes de Remus! Deja de darme tantas explicaciones…
-Sí, sí… lo siento.- le contesta Peter con una sonrisa aliviada.
Peter sigue hurgando entre los cientos de pergaminos y de vez en cuando corre con uno de ellos y se esconde en su cama con doseles. Sirius le observa durante un rato, partiéndose de risa, pero rápidamente se aburre. Francamente ninguna actividad que Peter realice podría mantenerle entretenido por más de tres segundos.
Sonríe y piensa en cierta rubia loca que debe estar comiéndose la cabeza tratando de descubrir que rayos ocurrió. Suelta una carcajada y se registra los bolsillos para encontrar algo de tabaco.
Pero no encuentra tabaco. Encuentra algo mucho más interesante.
Una pequeña bolita de pergamino que no recuerda haber puesto ahí. La saca, y la abre con curiosidad. Es una caligrafía que conoce, que ha visto, pero que no logra recordar a quién pertenece. Es una nota escueta y directa.
Pasillo norte, ex – aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras. 17:00 hrs.
Nadie la firma. Ni jodida idea de quién es. Mira su reloj de pulsera, las cinco menos veinte. Pues bien, el cigarrillo tendrá que esperar porque Sirius Black tiene que averiguar quién rayos fue el que puso esa misteriosa nota en su bolsillo. Y encima sin que él se diera cuenta.
Se pone de pie de un salto, llamando la atención de Peter.
-¿Ya te vas?- le pregunta algo compungido. Y luego agrega en tono de reproche- ¿Tan desagradable es mi compañía?
-Ay, vamos Pete, no te victimices tanto.- Le contesta Sirius sin sentir una pizca de culpabilidad.- Tengo asuntos que atender. James y Remus deberían estar por volver.
-Sí, claro.- suelta Peter con sarcasmo.
Sirius ignora la batalla interna que se está desarrollando en Peter y se larga con la curiosidad saliéndole por los poros y una sonrisa en la cara.
Peter frunce el ceño una vez que Sirius ha desaparecido. No se le pasó por alto el detalle de la misteriosa nota que encontró el moreno en sus pantalones y su sexto sentido le indicaba que esa no era la carta de alguna admiradora. No. Había algo distinto ahí.
Peter generalmente es subestimado. Nadie le presta demasiada atención. Cuando alguien pregunta: "¿Eh, conoces al tal Pettigrew?", la respuesta que le darán probablemente sea: "¿Cuál? ¿El gordito que siempre va detrás de los merodeadores?". Y eso será todo. Solo eso. "El gordito que siempre va detrás de los merodeadores". Nunca será "uno de los merodeadores". Ni siquiera será "El gordito de los merodeadores". No. Peter Pettigrew socialmente no vale nada. Peter Pettigrew no vale nada, en ningún sentido.
Pero la gente se equivoca. Peter es más de lo que ven. Peter tiene aptitudes que la gente no podría ni siquiera imaginar. Y tiene una ventaja, una ventaja por sobre todos los demás: conocer a los merodeadores. Los conoce en serio, no como los conoce todo el mundo, no como los símbolos sexuales, no como los ídolos de la escuela, no, así no. Él los conoce desde adentro. Desde la médula. Como lo que realmente son.
Y ha aprendido a afinar el ojo. A identificar rarezas, a darse cuenta de cuando algo está escapando a la normalidad. Y definitivamente, la carta que le llegó a Sirius, su expresión al leerla y su presurosa salida, entra en esa categoría. Y él quiere saber qué está pasando.
No es que Peter quiera espiar a sus amigos, no, no, no es eso. Tampoco es que él quiera saber todo lo que les ocurre. Es algo que va más allá, algo más profundo, algo inherente e incontrolable. Es el deseo de conocer sus debilidades. De conocer los secretos más profundos.
Porque saber que las tres leyendas de Hogwarts, también tienen puntos débiles, le hace sentir menos débil. Porque saber que los merodeadores se ocultan secretos, a pesar de la amistad entrañable que poseen, le hace sentir más leal.
Porque Peter, aunque nadie lo note y él nunca lo admita, necesita de eso. Necesita ver a los demás en el suelo, para sentirse más alto. Y si Sirius oculta algo, él tiene que saber qué es.
Camina rápido, ágil. Más veloz que de costumbre. La curiosidad le mata y no tiene cómo acallarla. En menos de diez minutos, ya está ahí, frente a la puerta del aula señalada. Esta vacía.
Entra con precaución, mirando hacia todos lados. ¿Será alguna broma de James? No lo cree, es imposible que James le introdujera un papel en los bolsillos sin que él lo notara. ¿Alguna chica atrevida? Muy difícil, en esas fechas casi nadie se queda en el castillo. Espera un rato. Nada.
Y entonces, cuando Sirius comienza a mosquearse y decide largarse de ahí, el picaporte de la puerta gira. La puerta se abre. Imposible.
-Hola, Sirius.
Sirius disimula una mueca de sorpresa. Su hermano menor, en gloria y majestad, entra rápidamente al aula y cierra la puerta, no sin antes mirar si alguien le ha seguido.
-¡Regulus!- exclama Sirius sin dar crédito a sus ojos.- ¿Qué mierda haces aquí?
-Bueno… te cité aquí ¿no?- le respondió el chico con sorna.- Lo lógico es que yo también viniera.
Sirius frunce el ceño. Son similares. No, demasiado parecidos. Los mismos rasgos, los mismos ojos, el mismo cabello y la misma sangre maldita corriéndoles por las venas. Sirius no puede evitar sentirse asqueado.
-¿Qué quieres?- le pregunta, tratando de no sonar demasiado desesperado.
-Solo charlar, Sirius. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos, ¿no crees?
-No lo sé. La verdad hace mucho tiempo que dejó de interesarme lo que cualquier familiar mío pudiese pensar o decir. A veces me pregunto por qué me alejé de ustedes ¿Sabes? Es que teniendo a una madre tan afectuosa, a un padre tan considerado y a un hermano tan encantador, no entiendo porqué renegué de la familia…
Regulus sonríe. Busca en sus bolsillos y extrae tabaco. Por Merlín, tienen hasta las mismas sucias adicciones, hay que joderse.
-¿Quieres uno?- le pregunta. Sirius no declina, y extiende la mano para recibir el cigarrillo. Regulus vuelve a sonreír.
-Y ahora… Supongo que debes hablar rápido.- le dijo Sirius exhalando el humo.- Tus asquerosas serpientes ya deben estar desesperándose sin tu presencia.
-Estás en lo correcto. Deben estar bastante desesperados. Sobre todo, porque nadie sabe que estoy aquí.- le confesó su hermano en voz baja. Luego agrega con vacilación.- Sirius, yo… yo no debería estar hablando contigo. Estoy poniéndome en más peligro del que puedas imaginar.
-Créeme que lo imagino bastante bien. Nuestra adorada Madre te azotaría hasta dejarte cuadripléjico solo por el hecho de pensar en hablarme.
-No, Sirius. Es más que eso.- le contesta Regulus con gravedad.- Créeme, los castigos de nuestra madre son un juego de niños comparado con lo que podría vivir si alguien se entera de que estoy aquí, contigo.
-Y si estás en tan grave peligro, ¿entonces porqué mierda me buscaste?- le interroga Sirius con agresividad.
Regulus le mira distante. Frío. A millones de años luz. Tan parecido, tan diferente. Es como mirarse al espejo y no reconocer a tu reflejo. Así de frustrante y fatídico es mirar a un hermano que amaste y que al que luego debiste ver vendiéndole su alma al demonio.
-Porque hemos escogido bandos, Sirius. Bandos distintos y contrapuestos. Y tarde o temprano, tendremos que enfrentarnos por eso.- le suelta Regulus con voz pausada.
-¿Esto es por alguna estúpida rencilla de Casas?- se burló Sirius.- Porque, de veras Regulus, no tengo tiempo para perder en tales imbecilidades.
Regulus le mira ofendido y se acerca a él con violencia.
-¿Crees que esto es por una idiota guerrilla escolar? Pues entonces eres más imbécil de lo que creí, hermanito.- le dice con irritación.-Hay cosas más graves, Sirius. Cosas que tú y tu pandilla de cretinos aún no pueden ni siquiera dimensionar…
-De acuerdo, eso quiere decir qué…
-Sirius, no tengo mucho tiempo, así que cállate y escúchame.- le interrumpe Regulus con agresividad.
Sirius le mira atónito.
-Hay dos bandos. Dos bandos que van más allá de las estúpidas ideologías de esta escuela.- Regulus habla rápido y con nerviosismo.- Estallará la guerra, Sirius. Más temprano que tarde. Una guerra sin cuartel, una que tú no podrías ni dimensionar.
-¿Por qué?- le preguntó Sirius, temiendo la respuesta.
-Tú sabes por qué. Tú lo sabes mejor que nadie, creciste sabiéndolo.
Directo, al hueso. Sin anestesia, doloroso y certero. Sirius no puede creerlo. No lo entiende, piensa lo peor y sabe que está en lo correcto. Es una guerra por la pureza. Por la jodida pureza, y lo que más quiere, lo que más valora en el mundo está en peligro.
-Los cazarán, Sirius. A todos. Y a ti, si es que estás con ellos.- continuó Regulus.
-¿Por qué me lo cuentas? ¿Por qué te arriesgas así?- le pregunta Sirius, volteándose, apartando la mirada y acercándose la ventana.
Escucha suspirar a Regulus. La única vez que Sirius recuerda haber visto esa expresión en el rostro de su hermano, fue en una ocasión cuando su madre le regañaba por haber hecho una travesura. Le iban a castigar. Le iban a azotar sobre las heridas que ya tenía. Y entonces, un Regulus, de en ese entonces ocho años, puso exactamente esa misma mueca, esa expresión entre miedo y duda, y finalmente le mintió a su progenitora, atribuyéndose la culpa del error de Sirius. Por supuesto, para él no hubo castigo ni golpes.
Tres días después de ese episodio, cuando él le preguntó porque lo había hecho, el menor se encogió de hombros y soltó un escueto "Porque somos hermanos antes que todo".
Sirius jamás había repudiado tanto una frase, y al mismo tiempo, había tenido tantas ganas de volver a oírla.
-Porque no quiero enfrentarme a ti, sin habértelo advertido, Sirius. Esta será la última vez que te hable, la última vez que te busque y que me acerque a ti. Creí que era justo que lo supieses.- le confiesa con una extraña mezcla de frialdad y nerviosismo. Y luego, agrega con una voz tan baja que Sirius tiene que esforzarse para oírle.- Porque al final…Somos hermanos antes que todo.
Sirius no sabe qué decir. No sabe que pensar. No sabe que creer.
-¿Qué te pasará si se enteran que me lo dijiste?- le cuestionó Sirius, volteándose y mirándole a los ojos.
-Eso no importa.- le contestó Regulus.
Quiere contestarle que sí importa. Qué si arriesgó el culo para hablarle, lo mínimo es que le diga lo que puede pasarle…
-Contesta lo que te pregunté.- le dijo en tono amenazante.
-¿Para qué, Sirius? ¿Para que puedas estar alerta y defenderme?- le pregunta Regulus con sorna. Sirius siente una pizca de vergüenza y su hermano agrega con una expresión indescifrable.- ¿Acaso eso nos haría volver a ser lo que fuimos?
"Sí". Sirius quiere decirle que sí. Que pueden volver a ser lo que fueron. Que todavía puede escapar de la vida que han planeado para él. Que todavía puede abandonar los ideales malditos y renunciar a la jodida sangre que lleva en las venas. Sirius quiere decirle que todavía puede hacer las cosas bien. Y que él aún puede ayudarle.
Pero no lo hace. No lo dice. Y maldice cada jodido centímetro del orgullo Black, que después de todo, tiene demasiado arraigado, en las venas, en la mente y en el corazón.
-Ambos escogimos de qué lado estar, Regulus. Y yo estoy totalmente satisfecho con mi decisión. – le dice Sirius con determinación.- Pero creo que tú no lo estás. Y el hecho de que estés hoy, aquí, rompiendo tus códigos y arriesgándote para advertirme, me lo comprueba.
Regulus le mira conmocionado.
-No vine a recibir un estúpido análisis psicológico, Sirius. No cambiaré de bando.- le espeta ofendido. Luego agrega con voz queda.- No tengo tu coraje, ni tus ideales, ni siquiera un poco de tu determinación… Tengo demasiado que perder, Sirius.
Y Sirius lo sabe. Es lo que le hace ser diferente a su hermano, y a sus padres y a toda su maldita familia. Es el miedo que tienen los Black. El mismo que ve en los ojos de Regulus, el mismo que veía en sus padres cuando hablaban de los "sangres sucias". Es el miedo a lo desconocido, el miedo a ser superados, el miedo a perder su posición, su riqueza, su relevancia.
Es el miedo a lo que no conocen. Y, sobre todo, el miedo a descubrir en eso algo mejor que lo que ven cuando se miran al espejo.
-Ya tengo que irme. Si descubren que estoy aquí…
-Lo sé.- le interrumpió Sirius.- No necesito más explicaciones.
Regulus asintió con la cabeza.
-Adiós, Sirius.
Le echa una última mirada. Y entonces, con un desborde de garbo que Sirius nunca tendrá, sale por la puerta, sin volver a mirar atrás. Se ha ido y su adiós es definitivo.
Y entonces Sirius comprende. Regulus no buscaba advertirle, no le dijo nada del otro mundo, después de todo. Al menos nada que él no supiese. Lo que su hermano verdaderamente buscaba era despedirse. Era cerrar la historia entre ellos y finiquitar sus asuntos pendientes. Lo que Regulus quería era cortar el delgado y frágil lazo que aún los unía. Destruir lo poco que quedaba y demostrarle que el recuerdo de aquel compañero de juegos, de aquel hermano menor que amó, nunca sería más que eso. Una lejana memoria que, más temprano que tarde, tendría que borrarse.
-Cuídate, Regulus…- susurra Sirius a un aula vacía y a una puerta cerrada qué jamás volverá a abrirse.
Y luego piensa en sus palabras. "Estallará la guerra" le dijo. "Tú sabes por qué. Tú creciste sabiéndolo". Una guerra. Habrá muerte, dolor, pérdidas y desasosiego. Una guerra, por Merlín, una guerra. "Los cazarán a todos, y a ti si estás con ellos". Sabe de quienes habla. Habla de los descendientes de muggles, como Lily. Habla de los mestizos, como Remus, habla de los traidores a la sangre, como él, como James, como Charlie, como Trinity. "Los cazarán a todos".
Sirius pega una patada a una silla que está junto a él. Voltea las mesas. Golpea la pared. Y jura, mientras se libera de su rabia, de su impotencia y de su frustración, que no importa la instancia a la que tenga que llegar. No le importa si debe destruirse los puños, perder las piernas, la cabeza. No le importa perder la dignidad, la cordura o la vida misma. Y cuando la voz de Regulus le vuelve a hacer eco en los oídos, y cuando la frasecita del demonio vuelve a atormentarle diciéndole "Los cazarán a todos", Sirius hace estallar el enorme ventanal. Los vidrios le salpican la cara y las manos, pero no le importa. Y cuando ve su asquerosa sangre mancharle las ropas, se hace a sí mismo una promesa. "Por sobre mi jodido y asqueroso cadáver".
Jura que los cazarán solo sobre su cadáver.
Lily está sentada sobre su cama. Está rodeada de pergaminos, de plumas, de libros. Parece concentradísima en su labor. Eso pareciera, pero si alguien la mirara con más determinación, se daría cuenta de que Lily Evans no está poniendo ni un mínimo de atención a su estudio. No es más que un farol. Un intento de engaño a su inconsciente para sentirse productiva y mantenerse ocupada. Un ardid para no admitir que se le arrancan los pensamientos y se le concentran en cierto chico despeinado y miope.
Sacude la cabeza cada dos minutos, cada vez que descubre que la cara del capitán del equipo de Quidditch se le aparece vívidamente. Cuando ya ha perdido más de una hora en esa dinámica nefasta, Lily se levanta, se dirige al baño y sumerge la cabeza bajo el chorro del lavamanos. El agua está helada y le causa escalofríos cuando le salpica el cuello, le moja el largo cabello rojo y probablemente le cause una gripe épica. ¡Pero a la mierda! ¡Lo que sea con tal de desligarse un minuto, al menos, de sus traidores pensamientos.
¡Es que de verdad no puede ser tan tarada!
Y entonces, cómo si el mismísimo Merlín hubiese conspirado y atendiese a sus súplicas, Trinity Xavier entra en la habitación con las mejillas arreboladas, la mirada nublada y una sonrisa tonta en los labios.
-¿Y tú? ¿Te dieron algún filtro de amor?- bromeó la pelirroja al ver el estado de su amiga.
-Ni que Remus necesitara darme eso para tenerme así.- le contestó Trinity sentándose junto a ella.
Lily soltó una sonrisa sincera que inmediatamente se le congeló en el rostro. Intuía que algo había pasado. Trinity retomó su compostura y la miró firmemente.
-Lily… tengo que hablar contigo.- le dice la morena con parsimonia.
A la pelirroja se le entumecen todos los músculos y teme lo peor.
-Claro… dime, ¿sucede algo?- le pregunta con vacilación.
-Remus me confesó todo.- le suelta Trinity a quemarropa.
Lily no sabe que decir. No sabe si fingir demencia o asumir su culpa y lanzarse a pedir clemencia y piedad. Y cómo no sabe qué hacer, pues no hace nada. Solo se queda ahí, mirándola cómo un pez fuera del agua.
-Remus me dijo que tú lo sabías, Lily.- continuó la morena al ver que no había respuesta de parte de ella.- Que lo sabías hace tiempo.
Entonces Lily estalla en disculpas.
-Triny, te juro que lo descubrí por accidente. Te juro que esto me torturaba día y noche y que yo nunca quise…
-Lily…- le interrumpe Trinity.- No estoy enfadada.
-¿Ah, no?
Lily no lo puede creer. Estaba lista para recibir una bofetada, cómo mínimo. Y cree que se la habría merecido.
-En un primer momento sí me molesté.- admitió la morena.- Pero entiendo porqué guardaste silencio. No era tu secreto y debías darle la oportunidad a Remus de decírmelo.
-Triny, sé que quizás pienses que actúe mal, pero yo…
-Creo que actuaste bien, Lils.- le interrumpió nuevamente Trinity con una sonrisa.- Y en realidad…quiero agradecerte la lealtad que tuviste con Remus. Debe haber sido tremendamente difícil para ti.
Lily apartó el sin número de pergaminos y la abrazó con fuerza.
-No sabes cuánto quería decírtelo. Todos los días quería hacerlo, Trinity.
-Lo sé… lo entiendo…
Y esa tarde pasa cómo aquellas de antaño. Cómo cuando eran unas niñas sin preocupaciones ni miedos. Sin dudas amorosas, sin relaciones con creaturas mágicas, sin secretos difíciles de digerir, sin matrimonios arreglados. Solo ellas, y las risas despreocupadas de dos amigas que habían olvidado lo fácil que es encerrarse en una habitación, pasar la tarde hablando sandeces y bajarse del mundo. Al menos por una tarde.
El resto de las vacaciones transcurrió en paz. James dedicó esos días a reventarse los músculos entrenando bajo la nieve. Remus dedicaba sus mañanas a estudiar con Lily y sus tardes a pasar el rato con Trinity. Sirius, para sorpresa de todos, comenzó a frecuentar la biblioteca, pero nadie logró obtener respuestas acerca de lo que hacía ahí. Peter se dividía entre las tareas y recuperar la atención de James, ahora que parecía haber abandonado su capricho por cierta pelirroja infame.
Y de pronto, antes de que todos pudiesen darse cuenta, las vacaciones llegaron a su fin.
La noche del domingo fue fría, pero la bomba que estalló, dio más fulgor que cincuenta chimeneas encendidas.
Lily y Trinity esperaron a Charlie en la sala común. No habían tenido absolutamente ninguna noticia de ella desde el día de su supuesto compromiso. Por lo tanto, cuando esta entró en la estancia, su angustia era latente. Lily se lanzó a sus brazos nada más verla entrar. Trinity aguardó con prudencia, para evaluar su reacción.
-Oh, Charlie, no sabes cuánto te extrañamos.- le dijo la pelirroja con felicidad.
La rubia sonrió. Pero Trinity, fiel a su estilo, no aguantó más.
-¿Dónde está tu anillo de compromiso? – le preguntó con acidez.- ¿No vas a enseñárnoslo?
-No hay anillo, Xavier.- le respondió Charlie con el mismo tono.- Gracias a ti y a tus nuevos amiguitos, se ha cancelado mi compromiso. ¿Estarás feliz no? Mi familia estaba extasiada.
Lily y Trinity se miraron asombradas.
-¿Estás hablando en serio?- le pregunto Lily con vacilación.- ¿Pero cómo? ¿Qué pasó?
-Es lo mismo que yo quisiera saber, Lily.- le respondió Charlie con enojo.- Pero no te preocupes, que vamos a averiguarlo ahora mismo.
-¿Charlie? ¿De qué hablas? ¿Charlie, a donde vas? ¡Charlie!
Charlie se lanza escaleras arriba y se dirige a la habitación de los hombres. Trinity y Lily se miran con consternación y corren tras ella.
-Bien, yo me voy a dar una ducha. ¿Nadie más necesita algo del baño?- preguntó James envuelto de la cintura para abajo con su toalla roja, una vez que Sirius salió de la ducha.- Digan ahora o callen para siempre.
-Nadie necesita nada, Jimmy, puedes sacudírtela tranquilo pensando en Evans.- le contestó Sirius poniéndose los pantalones y secándose el cabello con la toalla.
-Ni me hables de esa mujer. Lily Evans y su pelirrojo cabello, han quedado en el pasado para mí.- le contestó James encerrándose en el baño de una vez por todas.
Sirius y Remus intercambian miradas de curiosidad.
-¿Hablará en serio?- le pregunta el moreno sorprendido.- Es que vamos, tú y yo sabemos que no existe en el mundo alguien más jodidamente perseverante que Jimmy. No puede ser cierto que se haya rendido.
-Quizás no se ha rendido, quizás solo ha decidido cambiar de estrategia…- sugirió Remus encogiéndose de hombros.
-Pues yo creo que está mucho mejor así. –Opinó Peter con dureza.- Ahora tiene tiempo para enfocarse en entrenar y para pasarlo con nosotros. ¡Como antes!
Remus frunce el ceño y va a responderle que no puede ser tan egoísta, pero entonces, se escuchan gritos en el pasillo. Gritos de chicas. Y antes de ellos puedan preguntarse qué rayos está pasando, la puerta de su habitación se abre con agresividad, golpea contra la pared y una enfurecida Charlize Mirage entra echando fuego por los ojos.
Lily trae una cara de desconcierto que da paso rápidamente a la incomodidad por encontrarse en ese lugar. Trinity es la última en entrar y cierra la puerta rápidamente para no llamar la atención de los chicos de las otras habitaciones.
-¿Dónde está Potter?- preguntó Charlie respirando con dificultad.
Trinity y Lily le miran sorprendidas sin entender ni pito. Remus y Peter no parecen comprender más que ellas. ¿Porqué rayos Charlie busca a James Potter? Él único que parece tener luces de lo que está pasando es Sirius.
-¡Charlie, querida! ¡Al fin ha llegado mi rubia favorita!- exclamó Sirius con una sonrisa en la cara.- Pero vamos, no seas tímida, ¡ven y dale un abrazo al tío Sirius!
Sirius se planta en medio de la habitación con los brazos abiertos. Lily y Trinity miran absortas su abdomen. Charlie parece aún más enojada al ver que el objeto de su más profundo desprecio, está tan bien hecho.
-Oye, ¿esos son reales o tomas esteroides?- preguntó la morena con curiosidad apuntando a sus marcados abdominales. Remus carraspea sonoramente y Trinity agrega con una sonrisa culpable.- Es solo por curiosidad, no importa que tan bien hecho estés, Black, si no tienes cicatrices no me interesas.
Sirius suelta una carcajada y Remus disimula una sonrisa orgullosa.
-¿Pueden dejar sus calenturientas dudas sexuales para otro momento?- se exasperó Charlie.- Les hice una pregunta, ¿Dónde mierda está Potter?
Y como si Merlín hubiese querido responder a la pregunta de cierta rubia al borde de la psicosis, se escucha del baño una desafinada voz cantarina. James Potter está en plena performance destruyendo la letra de los grandes clásicos de la música.
Todo ocurre demasiado rápido. Charlie corre hacia el baño y Sirius intenta atraparla, entre patadas y forcejeos. Lily se mete a ayudar a la rubia, porque asegura que Black esta aprovechándose de su "apolíneo y tonificado cuerpo" para distraer a su amiga. Trinity vacila un segundo, pero acto seguido frunce el ceño y se lanza a la espalda de Sirius, torciéndole el cuello, para que Charlie pueda escapar.
-¡Contrólalas, Remus! – Gritó Sirius pidiéndole ayuda.- ¡Estas chicas son unas esquizofrénicas! ¡Sálvame!
Y en medio de tanto alboroto, Charlie logra escabullirse y abre de sopetón la puerta del baño. Se escucha un grito de James y la rubia rápidamente se tapa los ojos.
-¡Ay, por Merlín, lo siento! ¡No quise ver tu… tu… tú sabes!- se disculpó Charlie levemente sonrojada. De repente, parece recordar el motivo por el que había abierto esa puerta y su rabia regresa.- ¡Contigo quería hablar, troglodita inadaptado! ¡Así que tápate esa cosita que tienes y sal ahora mismo!
Acto seguido, Charlie azota la puerta y regresa con los demás que siguen con cara de póker. James sale totalmente desconcertado, con una bata de baño y los lentes empañados. Cuando ve la multitud que le está esperando, su cara se desencaja completamente.
-¿Pasó algo grave?- pregunta con preocupación.
Todos se encogen de hombros, menos Sirius y Charlie.
-De hecho sí, Potter. Pasó algo bastante grave. Y tú tienes que darme muchas explicaciones al respecto.- le espetó Charlie furiosa al ver que el maldito encima tenía la desfachatez de hacerse el tonto.
-Lo siento, Mirage, de veras no entiendo de qué hablas…
-¡Potter, por favor! Trata de dejar a un lado tu ineptitud y confiesa de una puta vez.- exclama la rubia tomándole por la solapa de la bata. Remus se acerca, la toma de los hombros y la aleja con suavidad. Charlie se suelta con agresividad y vuelve a encararle- ¿Por qué lo hiciste, Potter? ¿Por qué le pediste a tu padre que interfiriera?
-¿Mi papá? ¿En qué rayos se supone que interfirió mi papá?- gritó James comenzando a perder la paciencia.
Su cara de desconcierto era tal, que hasta Charlie comenzaba a creer que verdaderamente no tenía idea de qué estaba pasando. La rubia parpadeó confundida.
-Hablo de la carta. La carta que mandó tu padre a los Narrow diciéndoles que suspendieran el compromiso.- le explicó, algo confundida y mermando su enojo.
La cara de estupefacción de todos era tal, que Charlie comenzó a ponerse nerviosa.
-¿De verdad no sabes de qué estoy hablando?- le preguntó con vacilación.
-¡No tengo puta idea de que rayos pinta mi padre en todo esto, Mirage! ¡Te lo juro!- le contestó James completamente atónito.
-Pero… ¿pero cómo?- dijo la rubia pasándose la mano por el pelo, confundida. Luego le explicó con determinación.- El día del compromiso, los Narrow llegaron a mi casa y mostraron una supuesta carta que les había enviado Charlus Potter. En ella decía que no les convenía casar a Alan conmigo, puesto que yo tenía mala conducta y además, "una libidinosa relación con el renegado Sirius Black".
Todos los presentes miraron a Sirius, acusadoramente. Este solo se encogió de hombros.
-Puede haber sido una carta falsificada.- propuso Remus con el ceño fruncido.
-Imposible. Tenía el sello de los Potter. Con el escudo y todo. – le contestó Charlie abatida.- No puede haber sido falsa.
-¿El escudo de mi familia?- se sorprendió James. Luego agregó contrariado.- Pero no puede ser, de verdad… mi padre no se involucraría en este asunto. ¡Además yo ni siquiera se lo he mencionado!
-Insisto en mi teoría. Alguien falsificó esa carta.- volvió a decir Remus, mirando a Sirius suspicazmente.
La sospecha se contagió en todos los presentes y hasta James miró a Sirius, confundido.
-Sirius… ¿tú hablaste con el papá de James?- preguntó Peter sin captar nada.
Todos rodaron los ojos.
-¡Por el culo de Merlín! Eres tonto con ganas, Pettigrew.- le soltó Trinity con molestia.
-Sirius, ¿porqué no confiesas de una jodida vez?- le preguntó James con voz firme.
Sirius se estira con desenfado. Tiene una sonrisa en la cara y debe admitir que todo eso le divierte. Le divierte enormemente. Pero cuando los ojos de Charlie se posan en él, y ve en ellos una tristeza tan profunda, se da cuenta de que el juego verdaderamente ha terminado.
-Bien, de acuerdo, de acuerdo. Quizás haya recurrido a algunas técnicas poco ortodoxas para salvar a la doncella rubia.- admitió Sirius sin una pizca de arrepentimiento.
-¿Falsificaste una carta de mi padre? ¿Con su letra y su firma?- le interroga James sin dar crédito a lo que oye.
-Corrección…Falsifique una carta de tu padre con su letra, su firma y además, con el sello de su escudo familiar.- le contestó Sirius con arrogancia.- ¿soy increíble, no crees?
-¡Tienes una maldita mente criminal! ¡Acabarás en Azkaban, Sirius!- Exclama Peter con sorna.
-¿Cómo falsificaste el sello de la Familia Potter?- le preguntó Lily con el ceño fruncido y tono suspicaz.
-Ah, pues eso me fue un poco más complicado, pelirroja…- admitió Sirius con una sonrisa burlesca.
Charlie le mira de frente. Tiene las mejillas arreboladas de rabia contenida y la boca fruncida de frustración. Hasta parece temblar un poco. Le jode, por Circe, cómo le jode. Le jode que ese desgraciado haya creído tener el derecho para inmiscuirse en sus problemas. Le jode que haya sido capaz de llegar tan lejos y le jode, sobre todo, que ahora que lo han descubierto, tenga la desfachatez de jactarse y seguir creyendo que todo es un juego. Si al menos mostrara un poco de arrepentimiento… Si al menos la mirara de frente y le dijera que lo hizo por ella, por ayudarle… pero no. No lo hace. Un capricho más de Sirius Black, hacer las cosas porque puede. Porque quiere demostrarle al mundo que nadie puede con él y que se lleva por delante a cualquiera que se le cruce.
-¡Contesta, Sirius! ¿Cómo mierda falsificaste el sello?- le espeta James enfurecido.
-Bueno, pues… es una pregunta complicada, Jimmy…-Contestó Sirius con una sonrisa misteriosa.- ¿Estás seguro de que quieres saber la respuesta?
-¡Habla de una vez, Black!- le grita Trinity con frustración.
-Bueno, pues… tuve que ensayar un día completo la firma de mi querido Charlus…-confesó Sirius entre risas.- De veras, ¿no podía tener una firma más complicada? Y bueno, eso fue después de robar tu correspondencia familiar, por cierto, eres un mimado, ¿sabían que el papá de James aún le dice "Leoncito" a nuestro querido Jimmy?
Nadie se ríe. Están todos demasiado desconcertados.
-¿Cómo imitaste el sello, Sirius? Y es la última vez que te lo preguntaré.- le dijo amenazadoramente James.
-Tranquilo, "Leoncito". ¿Recuerdas ese bonito anillo de oro que te envió tu padre como regalo cuando te nombraron premio anual? No entiendo porque nunca nos lo enseñaste, es reamente hermoso…- murmuró Sirius, sin dejar de sonreír.
-¿Te robaste mi anillo? ¡Sirius, pero…! ¡Por la poronga de Merlín, Sirius!… ¿Dónde está? ¡Dime dónde está!- dijo James agarrándose la cabeza.- ¡Si no se los enseñé fue justamente por eso! ¡Era especial para mí! Ha pertenecido a mi familia por generaciones…
James se dejó caer en su cama, abatido. Todos le miraron consternados, incluso Sirius pareció ablandarse un poco.
-Tranquilo. El anillo está bien. Está en tu cajón, donde tú mismo lo pusiste.- le consoló el moreno.- Eso fue lo que usé para falsificar el selló. Un poco de cera de vela roja, y el escudo del anillo encima. Quedó perfecto, ¿no crees, Mirage?
Charlie le sostiene la mirada, indescifrable. Lejana. Imposible.
-¿Qué has hecho, Sirius?- preguntó Remus con preocupación.- ¿Es que no eres capaz de tomarle el peso a lo que hiciste? ¡Falsificaste una carta de Charlus Potter!
James se para de la cama y pasea por la habitación con consternación.
-¿Cómo se lo diré a mi padre, por Merlín? ¡Cómo se lo diré a mi padre!- James no deja de repetirlo frenéticamente, mientras se desordena el cabello con frustración.
-¿Cómo pudiste, Black? ¿Cómo pudiste llevar esto tan lejos?- Charlie por fin habló. Y todos le miraron con atención.- Metiste a James en un problema, abusaste de su confianza. ¿Y para qué? ¿Para probar que nadie puede contra ti?
-Tú sabes que no lo hice por eso.- le contestó Sirius con dureza.
-Me das asco.- le espetó Charlie.
-Ya dejaré de dártelo cuando te des cuenta de que gracias a mi, al fin eres libre.- le contestó Sirius, comenzando a mosquearse.
-¿Y quién te dijo que yo quería eso? ¡Ese es tu problema, Black! Asumes cosas sin preguntar, sin detenerte a conversar. ¿No pensaste en algún momento que yo no quisiera ser una jodida renegada de mi familia?- le preguntó Charlie.- ¿No pensaste en que quizás no quiera pelearme con ellos para siempre y llevarme al mundo por delante? Si querías a una pobre estúpida para que te acompañara en tu vida de mierda, pues debiste buscarte a otra.
Sirius no responde. Charlie le lanza una última mirada encendida y mira a James con vergüenza.
-Siento haberte culpado, Potter. Debí imaginar que al imbécil de tu amigo no le importaría meterte en un problema con tu padre.- le suelta la rubia con dureza. James asiente con la cabeza, compungido.- Hay que entenderlo de todos modos. Quizás como él tiene un asco de familia, quiere que todos nos peleemos en la nuestra, para que no esté tan solo en el mundo. Buenas noches.
Charlie sale de la habitación con paso firme y decidido. Lily lanza una mirada preocupada a James, pero automáticamente sale detrás de su amiga. Trinity se debate entre seguirlas o quedarse a conversar con Sirius. Finalmente opta por lo segundo.
-Sirius… no comparto tu método. Pero te agradezco lo que hiciste.- susurra la morena, a pesar de las miradas de censura que le lanza Remus.- Y sé que Charlie también lo hará, cuando comprenda de lo que la salvaste.
El aludido de encoge de hombros.
-Ve a ver a tu amiga, Trinity.- le contesta Sirius acercándose al alfeizar de la ventana y lanzándole una última mirada.- No sé a cuál de los dos odia más en este minuto. Quizá tú aún puedas conseguir arreglar las cosas.
Se voltea y le da la espalda. James le hace una seña con la mano, a modo de despedida y vuelve a meterse en el baño, agarrándose la cabeza. Peter parte detrás de James y toca insistentemente la puerta cerrada, pidiéndole que le deje entrar para conversar. Remus la mira y la acompaña a la puerta.
-Remus… yo nunca creí que… es decir, jamás pensé que las cosas llegarían a complicarse tanto.- le confesó con la voz rota. Remus asiente con la cabeza.
-Sirius es experto en complicar las cosas, Trinity. Francamente, no creo que hayas hecho bien pidiéndole ayuda a él.- le contesta Remus con voz firme.
Trinity le mira, y los ojos se le llenan de lágrimas. No puede ser, primero Charlie la odia, luego Sirius la lía con ganas, y ahora Remus también se enoja con ella. ¿Cómo pudo ocurrir todo esto solo por querer ayudar a su amiga? ¿Debería haberse quedado callada y llevarle el velo el puto día de su matrimonio? No sabe que creer.
-Es mejor que te vayas. Acá arderá Troya cuando James salga del baño, y no sería bueno que siguieras aquí.- le recomienda Remus.
Le besa la frente y le susurra que trate de descansar. Trinity asiente con la cabeza y baja por las oscuras escaleras. Cuando llega a la sala común, esta se encuentra vacía y silenciosa.
Ahí, sin que nadie la vea, Trinity Xavier estalla en llanto. Un llanto descontrolado e intenso, que le sale desde el alma en gruesas lágrimas. Llora por Remus y sus tristes confesiones. Llora por James y el problema en que le metió. Llora por Sirius, por haberle arrastrado a esto. Llora por Lily, porque le gustaría que la pelirroja estuviese abrazándole en ese momento a ella y no a Charlie.
Llora por Charlie. Y por no poder hacerle entender que la quiere con el alma y que está dispuesta a vendérsela al demonio, con tal de salvarla de un destino que, más temprano que tarde, la hubiese acabado por destruir.
Queridos y queridas: reciban mis más sinceras disculpas por haber estado desaparecida por tanto tiempo… sé que les tenía acostumbrados a un ritmo de actualización bastante rápido, pero varias circunstancias en mi vida han cambiado desde la última vez que actualicé, y eso ha hecho todo más complicado. Solo quiero agradecer su paciencia, su apoyo, los mensajes que me enviaron por inbox, los reviews, y demás! Todo eso me hizo sentir muy apoyada, querida y comprendida, y me dio la fuerza para retomar este proyecto que, aunque no lo crean, es uno de los más importantes que tengo. Es increíble como uno se encariña con su historia, con los personajes y con quienes la leen, es algo hermoso e inexplicable y, por eso, quiero que sepan que no abandonaré esta historia. Que la llevaré hasta el final. Pero también quiero que sean, que las actualizaciones serán un poco más espaciadas, puesto que él único tiempo con el que cuento para escribir es el fin de semana, y como me gusta darles capítulos extensos, muchas veces no me es posible terminarlos en tan poco tiempo.
Quiero agradecer la paciencia que han tenido, su cariño y constancia. Espero no defraudarlos. Les mando un abrazo enorme a todos, los quiero, y me permito firmar con mi nombre.
Verónika
Sheresade Lupin: ¡Hola! La verdad es que no me habías comentado antes, pero me alegra que lo hagas ahora. ¿Así que lo sigues desde hace tiempo? En ese caso, te debo una gorda y enorme disculpa, me tardé un mundo en actualizar. Bueno, este capítulo fue para resolver asuntos pendientes, espero que la duda haya cesado un poco. Agradezco tus dulces palabras y tus elogios, espero que disfrutes este nuevo cap y volver a leerte pronto por aquí. Un beso, y espero que tus vacaciones hayan estado geniales.
Jose de Black: ¿Cruel yo? ¿CRUEL YO? Cariño, "Cruel" es mi segundo nombre. Espero que tu cabecita no haya resultado demasiado dañada a causa de tus golpes contra la pared. Respecto a tu pregunta, así es, escribo el fic en Word y actualmente escribo entre 20 y 23 páginas. Este capítulo, sin mis respuestas a vuestros comentarios, es de 22 páginas. Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior y espero que este te deje un poco más tranquila y te de las respuestas que tanto te torturaron. Por cierto, yo también quiero que Charlie vuelva a ser la que era, pero es difícil, los personajes se me escapan de las manos, van madurando y evolucionando ante mis propios ojos y siento que no puedo controlarlos. Me meto tanto en cada uno de ellos, que pareciera que son ellos los que me controlan a mí y al fic. Creo que necesito un tratamiento para la esquizofrenia xD Pero imagino que todos los que sean escritores (más de corazón que de técnica) me comprenderán. Una vez más, gracias por tu dulce comentario, ya sabes que me encantan. Un gran abrazo y un beso.
PD: Ya veremos que sucede con Sirius… ese chico necesita tiempo, ni siquiera yo sé que es lo que hará con su vida xD
Anita: ¿O debería decir "Anito"? Esa confesión de ser el niño que tu padre nunca tuvo me pareció genial xD En fin, que a las familias no las elegimos, y nuestros personajes son claros reflejos de ello. Espero que la reacción de Trinity te dejé satisfecha… yo aún tengo mis dudas al respecto, ¿Debió haber sido más ruda? No lo sé, creo que Remus ya ha tenido suficiente, ¿Tú qué piensas? Estoy de acuerdo contigo, a veces no podemos interferir en las decisiones de nuestros amigos, pero al mismo tiempo nos rehusamos a ver como cometen un error. En fin, a todos alguna vez nos ha pasado y creo que son cosas que ayudan a determinar nuestras amistades. Esperemos que Charlie y Trinity puedan superarlo… aunque, nadie lo sabe. Un abrazo, gracias por tu review!
Runa Storm: Tus reviews siempre consiguen alegrarme y el que me enviaste por privado, más todavía. Estuve ausente por mucho tiempo y no expresaré mis motivos por ello, pero sí puedo anunciar efusivamente que pretendo que no vuelva a ocurrir tus palabras, sumadas a las de algunas personas más, me dieron la determinación para continuar con este hermoso proyecto del que ya todos somos parte. Bueno, respondiendo a tu review, espero que te haya quedado claro ahora el malévolo plan de Sirius, un plan algo inesperado e ilegal, como todo lo que Sirius hace. Espero que la reacción de Trinity haya cumplido con tus expectativas, como siempre, espero tus comentarios al respecto. Muchas gracias por tu preocupación, sé que no eres una persona de reviews, por lo tanto, tus palabras siempre me generan el doble de emoción. Un gran abrazo, te veo en el 18!
AnneHerondale: ¡Vaya, nuevo nickname! Adorable, igual que los mensajes de ánimo que me dejaste. No te imaginas lo valiosos que fueron para mí, y te agradezco infinitamente por eso Tu frase, tus buenos deseos y el Gran, mega, Hiper abrazo que me mandaste, fueron lo mejor del mundo. Ahora, respondiendo a tu review, espero que puedas realizar la fiesta que dices que harás cuando Sirius asuma que le gusta Charlie… solo déjame decirte que espero una invitación formal a tan magno evento… digo, en caso de que se realice ¿no? Tú sabes, Sirius es impredecible… Por otro lado, Lily definitivamente se fue por la tangente, le bajó la paranoia y ya no quiere saber nada de James, bueno, eso tampoco es tan novedoso, lo verdaderamente preocupante es que esta vez es James quien tampoco quiere saber de ella, y esto me tiene preocupada… ¡Es que no sé como reconciliar a estos chicos! Se me escapan de las manos, por Merlín… ¿Te ha parecido bien la reacción de Trinity? ¿Quizás fue demasiado idílica? No lo sé, es solo que creo que estos dos ya habían tenido suficiente drama… ¿no te parece? Un enorme abrazo, besotes, y gracias por tu cariño
Forever Potterhead Girl: Siento que hayas tenido que incorporarte al fic justo cuando atravesé un mal momento y no pude actualizar con rapidez… de veras lo lamento. Espero que aún te encuentres en el cyber-espacio y que le des una segunda oportunidad a esta humilde servidora. En caso de que así sea, espero que te haya gustado este nuevo capítulo Un abrazo!
Anna: ¡Mi querida Anna! Recuerda que yo también te amo y que, aún sin conocernos, lo que nos une es especial No es necesario decirte nada más, solo expresarte mis más sinceras disculpas por haber estado desaparecida tanto tiempo y desear con toda mi alma que este nuevo capítulo te guste. Un enorme abrazo Anna, desde el principio, THE ONE AND ONLY! besos!
Nat B: Hola Nat, probablemente ya ni te acuerdes del extenso review que me dejaste, por todo lo que me he tardado en actualizar, pero de todas formas, te responderé como siempre lo he hecho. Quisiera comenzar, como lo he hecho con los demás lectores, pidiéndote disculpas por mi retraso y completa desaparición del universo Fanfiction. A veces es muy difícil compensar las exigencias de la vida, y aunque desearía escribir todo el día y dedicarme al 1000% al fic, no puedo hacerlo. Ante eso, solo puedo disculparme y poner todo de mi para que los tiempos de actualización jamás vuelvan a ser tan extensos como el que acaba de pasar. Espero que la reacción de Trinity haya cumplido con tus expectativas, creo que ya era hora de que estos dos personajes tuvieran un momento rosa, alejados de todo el melodrama que generalmente les caracteriza. En los demás puntos que señalas, para variar te has adelantado y me has jodido la sorpresa. Creo que me estoy volviendo demasiado predecible para ti tendré que estrujarme la cabeza para lanzar una bomba que te deje al borde de la psicosis y alucinando en estéreo y a color. Tranquila, ya se me ocurrirá algo. Espero que te haya gustado el nuevo cap, y que, a pesar de todo lo que me he tardado, aún sigas queriendo a este fic. Un beso.
Crazy Logo BG: Por Merlín, esto es vergonzoso, te venías recién incorporando a la historia y, como nunca, me tarde una eternidad en actualizar. Bueno, espero que aún sigas por ahí y que tengas la oportunidad de seguir leyéndome para que las dudas se disipen poco a poco En casi de que así sea, espero también que este nuevo cap esté a la altura de tus expectativas. Un abrazo! PD: Pude sentir a Nagini… fue la principal presión que tuve para actualizar…
Little Indulgence: Hola…. (Más que tarde esta vez) jajaja espero que Trinity te haya sorprendido gratamente, de hecho, tal vez fue demasiado dulce ese momento… creo que pondré la advertencia de que esa parte no es apta para diabéticos. Anyway, espero, de todo corazón, que te guste y satisfaga tus expectativas, luego me cuentas ¿vale? Por cierto, me he tardado tanto en actualizar que quizás ni recuerdes lo que me escribiste en tu último review, pero de todas formas, yo te lo responderé de todos modos. Respecto al chicle o a las uñas postizas, creo que sería mejor comer chocolate mientras lees, ¿no crees? O Popcorn… o dulces… o lasaña… ¿se nota que tengo hambre? Creo que estoy proyectando mis anhelos en ti xD ¿Qué se vienen negras entre Sirius y Charlie? Cariño, se vienen negras azabaches, eso te lo puedo firmar. Esperemos que esas alborotadas hormonas y la debilidad que sienten el uno por el otro los ayude a darse una segunda oportunidad… aunque bueno, la verdad es que ni yo sé que ocurrirá. Respecto de Charlie y Trinity… francamente te digo que a mí me tienen peor. Estas chicas cobran vida ante mí y honestamente ya ni sé como aclararlas… Y ahora James y Lily se han sumado al torrente de malditos impulsivos insufribles… ¡Por Merlín! ¿En qué momento se me ocurrió liarla tanto? Ya veré como saldremos de esto. Gracias por tus dulces palabras, te reitero mis disculpas por la tardanza y espero, de todo corazón, que aún estés dispuesta a leer las locas cavilaciones de esta humilde servidora. Un gran abrazo, te leo en el 18, besos
Nairam: Mega discupas por la tardanza! Espero que aún te encuentres por ahí, dispuesta a continuar leyendo el fic. Un abrazo, ojalá te guste este nuevo cap!
Ri: A mí también me gustan los momentos Broadway de James, aunque el pobre fue algo discriminado por algunos lectores por ello Espero que la tensión lupina no te haya matado, para que puedas leer este nuevo cap y acabar con ella! Perdón por la tardanza, espero que te guste el nuevo cap. Un abrazo enorme, espero leerte pronto!
Miss Larien: Espero que la reacción de Trinity no te haya decepcionado. Con James y Lily ya te ha tocado algo de drama, iban demasiado parejos esos dos. Ni que decir con Charlie y Sirius. No abandoné la historia, como verás, pero si me tardé un mundo en actualizar. Se me ha complicado la vida un poco últimamente y bueno… nada que decir, solo pedirte disculpas y rogar que sigas interesada en la historia y que te guste el nuevo capítulo. Un gran abrazo, gracias por la paciencia, te leo luego. Besos
Niza Ezpinoza: Bienvenida al fic! ¿Así que te has dormido abrazando la computadora? Vaya, eso es genial! También me halaga que te hayas dado el tiempo de leer todos los comentarios que les respondo, esa es una de mis partes favoritas de escribir. Gracias por tus palabras, la verdad, es una buena hipótesis la que planteas, quizás si tenga que ver mi profesión con la manera que tengo de escribir. Es interesante. Espero que este nuevo cap haya terminado con la tensión que tenías y que ya puedas respirar tranquila. Gracias por tu review, tus palabras, tu apoyo y bueno, solo espero que te guste el desenlace de la historia. Un gran abrazo, espero leerte pronto!
Los veo el el 18! :)
