Por fin traigo este capítulo, después de dos semanas de vacaciones, espero que les guste la continuación ;) Quiero decirles que este capítulo es muy importante ya que al final de éste, se encuentra el significado del título del fic: Tacihila

Bueno, ya sabéis: One Piece no me pertenece, es de un tal Eiichiro Oda; un genio, el tío.

Os dejo la respuesta a la anterior adivinanza, aunque sé que era muy difícil:

EXTRAÑO FELINO:

¿Qué gato es el que

puede hacer seda y

caminar por el techo

sin caerse?

~El gato que además araña~

TACIHILA

CAPÍTULO 9. LA AYUDA DE LOS MUERTOS

Lince Veloz silbó para llamar a su caballo y Robin hizo lo mismo avisando a Minchaka. Pero nadie respondió. En la gran pradera el silencio era impresionante; ni siquiera se oía volar al águila.

Una cabecita curiosa se asomó del suelo.

-¿Dónde están los caballos? -le preguntó Robin.

Lince Veloz se había alejado para subirse a lo alto de los riscos y otear el horizonte.

-Al oír los disparos, el indio los llevó a la otra entrada de la mina; pensaba que ibais a salir por allí.

-Avísale, por favor.

El perrito de las praderas se metió en sus corredores subterráneos y en pocos instantes salía en el lugar indicado. Allí estaban Gusano Fofo y los caballos. Pero, como el perrito no podía hablar con el muchacho, avisó a Minchaka.

-Corred al otro lado, Robin os espera allí.

El perrito, ni corto ni perezoso, decidió unir la acción con la palabra y saltó sobre Minchaka cogiéndose de sus crines. El caballo se dejó llevar. El otro mustang y el poni con el muchacho del sombrero de paja encima le siguieron sorprendidos.

-¿Adónde vamos?

Regresaron al lugar donde los esperaban Lince Veloz y Robin, quienes montaron de un salto. Salieron al galope para alejarse cuanto antes del peligro. Robin aún tuvo tiempo de despedirse agradecida de su amigo el perrito, que le respondió con uno des inconfundibles ladridos.

Nada más llegar al poblado corrieron para ver a Búho Sabio.

Antes de entrar rascaron cuatro veces la puerta del tipi. El chamán seguía con sus hechizos y acababa de trazar un círculo alrededor del lecho del anciano. El círculo era un símbolo benéfico, le explicó Lince Veloz a Robin, porque las cosas más importantes del mundo tenían forma circular: el sol, la luna, el escudo...

-Acercaos -dijo Búho Sabio con voz débil-. Yo tener un sueño y en él vosotros correr peligro.

-No lo corremos solo nosotros, abuelo -explicó Lince Veloz, tomando entre las suyas las manos del anciano-. Lo corre todo nuestro pueblo.

-El río -comenzó a decir Robin-, el peligro está en el río.

-El río... -repitió Búho Sabio como meditando en voz alta-. Nosotros los sioux no tener miedo a nada; incluso mi antepasado Toro Sentado enfrentarse al general Custer y al Séptimo de Caballería... ¡y vencer a ambos! Pero el río...

Una cosa eran los hombres, otra a la naturaleza desbordada. Búho Sabio había visto muchas catástrofes en su larga vida: tormentas, tornados, derrumbamientos de las montañas... y sabía lo difícil que era enfrentarse a los elementos.

-Abuelo, ¿qué podemos hacer?

-Tú hablar con los guerreros, avisar del peligro que se avecina. Tal vez ellos, con su fuerza y sus brazos jóvenes, encontrar la solución -Búho Sabio iba a decir algo más (incluso se percibieron unas palabras confusas, algo así como agua e ingeniero), pero sufrió un ataque de tos y no pudo seguir hablando.

El chamán llevaba un saco de medicinas colgado del cuello y extrajo de él un diente de zorro, una uña de lince, pelos de cola de bisonte y plumón de águila.

Haría con ello la medicina con la que trataría de alargar la vida de Búho Sabio.

Lince Veloz corrió a dar la mala noticia a los guerreros de su tribu:

-¡El río, el río se desplazará de su curso, pasará por en medio del poblado! ¡Hay que hacer algo!

Al conocer lo que se les avecinaba, los hombres iban de un lado a otro, confusos, sin saber qué hacer, pero dispuestos a lo que fuera para salvar a los suyos.

-¡Qué alegría, qué felicidad, el río nos a va ahogar! -exclamó el contrario, corriendo hacia atrás y echándose tierra por la cabeza-. ¡Me encanta el agua desbordada!

Robin, apenada, acarició la cabeza de Minchaka.

-Me gustaría ayudarlos.

-No puedes -le explicó el caballo-. En realidad, nadie puede, ni ellos podrán evitarlo. A no ser que...

-¿A no ser qué? -preguntó la niña esperanzada.

-Pero no -respondió el caballo desanimándola-. Es imposible, tendrían que ser como el ingeniero de las aguas.

A Robin no le hizo falta explicarle quién era aquel personaje. A él se había referido, sin duda, Búho Sabio antes de que la tos le hubiera impedido hablar.

-Vamos a hablar con él -dijo Robin, montando de un salto a la grupo de Minchaka.

Corrieron hasta el recodo del río donde tenía su feudo el castor. Por el camino se cruzaron con el osito lavador llamado mapache, que tenía la costumbre de meter los alimentos en el agua antes de comerlos. Pero no tenían tiempo para entretenerse con él.

Tampoco era el momento de charlar con la nutria, siempre hambrienta de peces, siempre jugando a empujones en los toboganes de barro que hacía para entretenerse.

Solo el ingeniero de las aguas podía solucionar su problema.

-Por favor, por favor, amigo castor, ayúdanos.

-¿Y quién eres tú, que me pides algo y no me conoces?

-Claro que te conozco. Te vi mil veces en los libros de animales y en los cromos. Sé que mides casi un metro y que pesas unos veinte kilos.

-Yo peso veintidós.

-También sé que comes tallos y frutas y cortezas y ramas. Y que, en tus despensas, guardas provisiones para todo el invierno.

-Y para parte de la primavera, cuando aún nieva. Bien, ya veo que sabes algo de mí -dijo el castor moviendo los bigotes-. Pero también sé que eres una niña blanca y que los blancos siempre están disparando contra nosotros para quitarnos la piel.

-Ella no -exclamó Minchaka, sin demasiadas esperanzas de que el otro le comprendiera.

-Yo he venido a pedirle ayuda, amigo ingeniero. Tú eres el que más sabes de las aguas de los ríos. Me encanta cómo haces tus casas y cómo las proteges con diques y troncos.

-Bueno, la verdad es que eres muy amable y respetuosa. Nunca he conocido a nadie como tú. Bueno, dime, ¿qué puedo hacer?

Robin le explicó lo que habían descubierto en la mina, así como la amenaza que se cernía sobre el poblado sioux.

-Pero ¿qué piensan hacer exactamente? ¿Desviar las aguas del río, o acaso aumentar su caudal?

Robin no podía contestarle, ya que ignoraba la respuesta. El castor se quedó quieto y notó un casi imperceptible movimiento de las aguas.

-Están subiendo. Lo observé estos días, pero no le presté atención, creía que era la nieve que se derretía en las cumbres.

-Y si esos tiparracos quieren que las aguas suban, ¿cómo podemos evitarlo?

-Solo hay una solución; cambiar el curso del río. O mejor dicho, dividirlo en dos.

Para los tres hombres de la mina era bastante fácil aumentar el caudal del río: para ello bastaba con romper una presa. Pero ¿cómo hacer que un río se partiera en dos?, se preguntaba Robin sopesando la dificultad del proyecto.

-Veo que sabes mucho -dijo el castor que había notado su preocupación-, pero aún no lo sabes todo. Ven conmigo y fíjate bien -añadió mientras contemplaba preocupado como el caudal crecía.

Minchaka se quedó paciendo tranquilamente en la ribera y Robin prestó mucha atención a lo que el castor le iba explicando. Paso por paso, el inteligente animal fue instruyendo a su amiga blanca en los secretos del arte de la construcción. Robin tomaba buena nota de todo y miraba con gran interés los diques que el castor le enseñaba. Ahora, ella debía asimilar sus conocimientos para poder dirigir la construcción en el poblado, siguiendo los planos y empleando la técnica del ingeniero de las aguas.

Para ilustrar la teoría con los ejemplos, el roedor acuático mostraba a la niña cómo estaba edificada su casa, con sus despensas perfectamente organizadas, donde se preservaban los alimentos durante todo el invierno.

-¿Lo has entendido bien? Ha sido una lección muy rápida, pero hay que darse prisa.

Robin le besó en los bigotes y dijo:

-Gracias, amigo pastor, palamo de corazón -y añadió la palabra india de amor-. Tacihila (te quiero) -luego subió a Minchaka y salió al galope.

En el campamento sonaban los tambores avisando del peligro. A su ritmo, los guerreros acumulaban troncos de madera y los colocaban delante de sus tipis en un vano intento de protegerse de esta forma.

-¡No, no, así no! -exclamó Violeta de la Pradera desde lo alto de su caballo.

-¿Por qué no? -preguntó Lince Veloz, acercándosele nervioso.

-La solución es... -y Robin le explicó todo lo que le había enseñando el castor.

Lince Veloz comprendió enseguida que era la única manera de salvar el poblado. Lo malo era que el río seguía subiendo, no podían demorarse.

Lince Veloz comenzó a dar órdenes que incluso los demás mayores acataron sin rechistar. Uno que pidió explicaciones se calló sorprendido al oír el argumento que le dio Lince Veloz.

-Lo ha dicho el ingeniero de las aguas.

Los indios sienten una gran admiración por el hábil castorcillo, cuya forma de vida siempre es un misterio incluso para los más iniciados.

Ahora, la única pregunta que uno se podía hacer era: ¿les daría tiempo?

.

.

.

Continuará...

Bueno ya he acabado el cap, espero que les haya gustado como he puesto el significado la palabra Tacihila, sé que esperábais otra cosa, pero todo al tiempo, no se sabe si Zoro y Robin se dirán esa palabra india alguna vez... ¬¬

Este capítulo se lo dedico a Zu Robin Kato por apoyarme tanto en este fic que tanto le encanta. Espero que te guste este capítulo ya que va dedicado a ti, no tiene mucho ZoRo pero por lo menos por fin se sabe el significado del título del fic. Gracias por estar siempre ahí :)

Bueno, les dejo mi siguiente adivinanza, esta es fácil a simple vista. Espero que la acertéis:

EXTRAÑO CANINO:

¿Sabes cómo se puede

convertir un GLOBO

en un animal salvaje?

Sin más, espero les haya gustado este pequeño escrito, ya saben, los reviews son gratis, siempre bienvenidos, pero sobre todo, me alegran mucho el día.

Nos leemos ^^

Fatima-swan