Rikki seguía nadando, cuánto más tiempo pasaba dentro del agua más feliz era. Había nadado con los delfines e incluso con una ballena cuando se adentró más en el mar.
Se sentía completa y no le preocupaba lo demás, su padre podía seguir viviendo perfectamente sin ella, quizás le haría una visita para decirle que estaba bien y no tenía amigos en esa ciudad excepto Zane, que no era nada imprescindible.
También estaba esa chica compañera sirena, pero no la conocía de nada, que se las arreglara sola.
A la mañana siguiente, Cleo se despertó temprano. Después de asearse bajó ya vestida.
- Papá, por favor - escuchó a Kim hablar con su padre, se preguntó que querría ahora su molesta hermana.
- He dicho que no Kim - contestó él.
- Todas mis amigas llevan una, es la moda - replicó.
- No, no te la comprarás y si me desobedeces la quemaré -
- ¿Qué sucede? - preguntó confusa.
- Kim quiere una blusa provocativa - respondió.
- No es provocativa, eres un anticuado, papá - se quejó yendo a su habitación.
Cleo suspiró, Kim no aprendería nunca. A ella también le gustaba la ropa, pero sabía que discutir con su padre sería inútil.
- Por cierto, a ver si encuentran esa chica - comentó.
- ¿Qué chica? - preguntó con curiosidad acercándose a su padre, no había escuchado nada de alguna desaparición.
El señor Sertori le pasó el cartel, Cleo se sorprendió al ver la fotografía de la chica que la había salvado la noche anterior. Ofrecían poca recompensa, pero no le preocupaba eso. Se preguntaba qué había podido suceder, parecía no haber sido afectada por la luna llena… quizás después si que le afectó.
Tenía que hablar con Emma y Lewis inmediatamente.
Una hora después, las dos chicas estaban cerca del estanque de la luna. Habían acordado ir sin Lewis, ya que querían dar confianza a esa chica y algo les decía que estaría allí.
Pasaron el hueco nadando y fueron a la superficie lentamente, no les sorprendió verla al igual que la chica salvadora no parecía sorprendida.
- Estás aquí, hay carteles por todas partes. Te dan por desaparecida - comentó Emma.
- ¿Cómo me habéis reconocido? - preguntó Rikki sorprendida, se había teñido por el mismo motivo.
- Debe ser cosa de sirenas… - le restó importancia Cleo.
- Eso no importa. ¿Sabes lo preocupados que están por ti? - dijo Emma.
- Me da igual, no voy a volver - sentenció Rikki.
- ¿Por qué? dejas toda tu vida atrás… -
- Cleo tiene razón, tu familia estará preocupada por ti, tienes que volver -
- No quiero volver, ¿no lo entendéis? la gente nunca nos aceptaría, somos diferentes - expresó Rikki - somos sirenas, a la menor señal de que existimos querrán hacerlo público y nunca entenderán la conexión que tenemos con el mar, quiero que dure para siempre -
- Y durará, pero si sigues desaparecida te seguirán buscando y puede que alguna vez cometas un fallo y te atrapen, eso sería peor -
- Lo que dice Emma es cierto, además nosotras también tenemos conexión con el mar pero vivimos vidas normales -
Rikki pareció pensárselo unos segundos.
- Estoy harta de estar sola… quiero alguien que me entienda, no sólo Zane - comentó Rikki.
- ¿Zane sabe que existimos? - preguntó alterada Emma.
Rikki las miró confundida mientras que Cleo abría los ojos de par en par sorprendida.
- ¿Qué hay de malo? -
- Que es Zane, no parará hasta descubrirnos y ganar fama, no lo conoces - respondió Cleo.
- Parece que no le conocéis vosotras - contestó.
Emma movió sus manos en señal de rendición.
- Sólo espero que podamos confiar en él, no nos queda de otra - suspiró rendida.
- Tranquila, conozco a la gente y Zane es de fiar. Guardará el secreto - la tranquilizó - No me habéis dicho cómo os llamáis por cierto -
- Yo te lo pregunté pero no quisiste darme tu nombre - sonrió Cleo mientras Rikki se reía.
- Es cierto, perdona por eso - se disculpó con una sonrisa - me llamo Rikki y prometedme no descubrirme en mi forma humana.
Emma y Cleo estrecharon sus manos con ella en señal de promesa y sonrieron.
- Yo soy Cleo - se presentó.
- Emma -
Un sonido se oyó entonces. Las chicas se miraron y acordaron sin palabras irse nadando. No podían dejar que más personas supieran de su secreto, y más si no eran de fiar.
