Se encontraban ante la puerta que los llevaría de vuelta a la Sociedad de Almas. En esta ocasión, habían instalado el Reishihenkanki para beneficio de Ichigo, de modo que su cuerpo humano pudiera acceder al mundo inmaterial.

Flashback

- ¿¡Cómo que yo también voy?!

- Así es. Kuchiki Byakuya-san ha pedido permiso para reunirse contigo. Descuida, no eres el único, esta vez haré el viaje con vosotros.

- ¿Por qué me suena a reprimenda? Yo no he hecho nada, pero Byakuya hallará la forma de culparme de algo, asegurará que te secuestré o algo, ¿verdad, Rukia?

Pero Rukia había permanecido muy callada en los días anteriores mientras se llevaban a cabo los preparativos para abrir la Senkaimon. Renji tampoco había sido él mismo, reservado y cabizbajo. Era una situación un poco incómoda, allí Ichigo, Rukia y Renji cada uno con sus pensamientos y Urahara Kisuke revoloteando y parloteando a su alrededor.

- Bien, si estamos todos listos, empezad a correr a la de tres: uno…dos…tres!

Ichigo pensaba que atravesar el Mundo del Precipicio le traería recuerdos de la primera vez que cruzó para salvar a Rukia, sin embargo, ella estaba de este lado ahora. En realidad, no sabía muy bien por qué se dirigía a la Sociedad de Almas, pero se alegraba de no haber sido dejado de lado, de estar en movimiento.

Urahara-san lideraba el grupo con Ichigo pisándole los talones –"¿¡cómo corre este tipo con las sandalias?!". Cuando la salida comenzaba a vislumbrarse, de repente se giró y pronunció un conjuro, lanzando una explosión de Kidoh hacia ambos lados. La corriente Kouryuu empezó a manar hacia el centro del pasadizo a gran velocidad, desestabilizada por la energía liberada y formando una pared que dejaría atrapados a Rukia y Renji tras ella. Urahara tiró de Ichigo hacia adelante, quien gritaba por sus compañeros, forcejeando por librarse inútilmente, hasta que ambos franquearon la puerta en el instante en que se cerraba, confinando a los dos shinigamis en la dimensión de paso.

- ¿¡Cómo has podido?! ¡¿Por qué has hecho algo así, Urahara!? ¡Hay que volver! Entraremos y los sacaremos, o morirán aplastados-

- ¡Shhh, qué impaciente! Ellos están bien, sólo creé una pared que sostendrá el resto de la corriente y les dará un tiempo a solas. Se lo merecen esos tortolitos, ¿no crees, Ichigo-san?

- ¡…!

- Deberías encaminarte hacia la mansión Kuchiki mientras yo voy a ver a Kurotsuchi Mayuri-san, seguro que le encanta la idea de entrar furtivamente en el Dangai y, colateralmente, salvar a esos pobres.

- ¿Lo has hecho a propósito? ¡¿Y no tienes un plan para sacarlos?! Arrrggg…

- Ve.

En la penumbra, Renji y Rukia se esforzaban por mantener la calma en el ahora muy estrecho pasillo. Habían intentado hacer estallar la pared de varias maneras y Renji estaba a punto de liberar su Bankai cuando se dieron cuenta que el aumento de reiatsu sólo empeoraba su situación. Debían pensar en cómo salir sin tener que usar la fuerza bruta. Sin embargo, la serenidad no es el estado natural de ninguno de ellos, y más cuando la temperatura ambiente parecía incrementarse a medida que el silencio se hacía más denso. Finalmente, Abarai se dio por vencido y comenzó a hablar.

- Rukia, siento no haber pedido tu opinión antes de dar mi respuesta.

- Renji. No estoy enfadada contigo. Aunque sí decepcionada porque no me dijeras nada en cuanto te lo propusieron…

- Lo sient-

- ¡No pasa nada! Se me ha pasado la sorpresa y ahora que estamos en peligro, la perspectiva cambia, ya no me asusta algo tan ingenuo! Tengo que admitir que no me lo esperaba, no tan pronto… no contigo! Por favor no te ofendas, pero me alegraría tener más tiempo por delante.

- Oh, eso! El Capitán me explicó cómo son estas cosas, esto es sólo una petición, el…mmm…"acontecimiento" no ocurrirá en años!

- Yaaa…

Los dos estaban seriamente avergonzados, dando gracias a la oscuridad por mantener sus encendidas mejillas a cubierto.

- Aun así, ¿me dirás lo que piensas cuando lo decidas?

- De acuerdo. Y, Renji…

- ¿Sí?

Quería probar si su amistad seguiría intacta después de esta confesión. ¿Podría soportar esa carga en su pensamiento por los años venideros? No, no si su impulsivo amigo le tenía el más mínimo rencor.

- ¡Tus cejas dan mucho miedo en estas sombras!

- ¡Rukiaaaaaa!


- ¡Kurosaki Ichigo!

El chico iba tan sumergido en sus pensamientos, tan confundido, que no se había percatado de que alguien lo seguía, hasta que la Capitana Soi-Fong salió a su paso con una retorcida sonrisa.

- No me lo creía cuando Yoruichi-sama me dijo que vendrías de nuevo a la Sociedad de Almas, pero aquí estás. ¡Qué ganas tenía de pillarte desarmado, Kurosaki!

Lo último que éste se esperaba era ser atacado tan brutalmente, estaban en tiempos de paz, ¿no? Sabía que Kenpachi no le buscaría ahora que su reiatsu había desaparecido, así que no se había preocupado por los demás. ¿Tanta manía le tenía la Comandante de las Fuerzas Especiales para asaltarle por la espalda?

- ¡Me lo agradecerás cuando acabe contigo! Esta es una lección que no te has molestado en aprender, siempre dependiendo de ese enorme espadón tuyo… Cuando la cosa se reduce a luchar mano a mano, ¡sencillamente no estás a la altura, boy!

Y tenía razón. Aunque su resistencia y fuerza física aún eran considerables comparadas con cualquier adolescente de 17 años, no se sentía cómodo peleando con las manos desnudas y Soi-Fong le estaba dando una merecida paliza. Por momentos ella se paraba y le enseñaba un truco o dos: cómo detener este golpe, cómo aprovechar las aperturas del oponente, cómo proteger los puntos vitales… "¿Es mi imaginación o se parece al modus operandi de Tatsuki-chan?"

Cuando Urahara-san apareció al atardecer con un pequeño ejército de miembros del duodécimo escuadrón, Ichigo estaba cansado pero de mejor humor, entrenar siempre le hacía sentir útil, con un objetivo. Para no variar, la Capitana se excusó para evitar a Kisuke, la misión que le había prometido a la dama Shihoin cumplida satisfactoriamente.

- ¡Ah, Ichigo-kun! No tenemos tiempo que perder, tendrás que posponer tu visita al Capitán Kuchiki pues debemos rescatar a Rukia-chan y Renji-san antes de doce horas; no puedo asegurar que la barrera aguante más, en mis investigaciones después de ese periodo la estructura se debilita y…

- ¡Vamos entonces! No quiero escuchar qué pasa cuando la barrera desaparece, simplemente lo haremos antes de que pase y punto!

Ichigo observaba nervioso cómo el hombre de las sandalias daba órdenes a todos los shinigamis que se habían ofrecido voluntarios (a expensas de ganarse una bronca pues al Capitán Kurotsuchi no le hacía gracia que anduviesen ayudando a su "archi-enemigo"). Urahara los había dispuesto en doce coordenadas como las horas de un reloj, y estaban elaborando complejos movimientos de Kidoh, a la vez que explicaba a Kurosaki cómo era siempre más fácil provocar desorden, una explosión por ejemplo, que hacer caer la pared sin causar daño a los que estaban dentro, un trabajo mucho más delicado. Algo que ver con la entropía del universo o algo así…

Parecía estar funcionando por fin, la materia se tornaba transparente delante de sus narices y se distinguía ya la figura de sus dos amigos desmayados en el suelo… ligeritos de ropa, no pudo sino fijarse en este detalle.

- Ejem, parece que el aumento de temperatura experimentado en todos los casos reproducidos a escala de laboratorio es más veloz cuando dos sujetos se someten a la prueba. Curioso, tomaré nota- Murmuraba para sí Urahara-san mientras cogía a Rukia en brazos y la examinaba.

- Jo, ¿por qué me toca a mí levantar al más pesado de los dos? No sé qué le darán de comer aquí a Renji, cada vez que le veo ha ganado una talla…

- ¿No será que prefieres cargarla a ella, Ichigo?- Yoruichi en su forma humana se había dignado a aparecer en ese momento, queriendo hacerle quedar como un pervertido.

- Si la tocas, ¡estás muerto!

- Aaah! ¡Renji! Así que estás suficientemente fuerte para escuchar eh?! Pero sólo oye lo que quiere, maldito…

Yoruichi había traído consigo a unos cuantos paramédicos del cuarto escuadrón, por lo que una vez instalados en sendas camillas, siguieron a Rukia y Renji a las dependencias de la sexta división. Ichigo había insistido fútilmente en que los cubrieran al menos con una sábana, pero por lo visto, el contacto con la ropa podía causar quemaduras hasta que no fueran tratados convenientemente, de modo que éste se resignó a entretenerse mirando los extensos tatuajes de Renji.

En verdad eran más complicados de lo que había visto con anterioridad, se mezclaban en sitios y algunos hasta parecían letras. "r por todos lados, desde luego no sabía que Renji fuera tan vanidoso, la próxima vez que me vacile con el número 15 le voy a-". Frenó este pensamiento en seco, pues algo llamó su atención por completo. "Eso son definitivamente letras". En el costado, en la zona baja del abdomen, normalmente oculto por el shihakusho, se leía:

rukia


No fue hasta tres días después de entrar en la Sociedad de Almas que me decidí a ver a Kuchiki Byakuya como se suponía era mi cometido. Dado que él estuvo aparentemente más preocupado visitando a Rukia que buscándome, tuve tiempo libre para campar a mis anchas. En parte se lo agradezco porque no me sentía cómodo esperando a que despertaran sentado sin ayudar en nada, tenía la impresión de estar en el sitio equivocado. "¡Qué ironía! Esta vez sí me siento como un intruso".

Sin rebajarme a llamar a la puerta principal, me apresuré a saltar el muro de la mansión Kuchiki. Conducido por la familiar presión espiritual, me dirigí a la estancia que Rukia había transformado en estudio, sus peculiares dibujos alternando entre documentos oficiales, y su placa de teniente encima de la mesa.

- Estás aquí, Kurosaki Ichigo.

- ¡Byakuya! – exclamé pegando un salto del susto – Perdona, no era mi intención allanar tu casa…

- Sígueme.

Tenía que reconocer que era el té más delicioso que había probado en la vida. Era la primera vez que accedía a esta ala del edificio, donde se reflejaba el carácter formal y austero de Kuchiki Byakuya. El fuego en la chimenea ardía bajo, olía a lavanda fresca y la porcelana era tan delicada que temía romperla en mis toscas manos.

Cada vez que intentaba abrir la boca, las palabras se me atragantaban. "Tengo la sensación de que me está poniendo a prueba". Aunque no había motivo para estar receloso de su actitud, el silencio de Byakuya le ponía los pelos de punta. Cuando los sirvientes al fin se retiraron, Ichigo supo que lo que venía no le iba a gustar ni una pizca.

- Kurosaki Ichigo, la Sociedad de Almas está en deuda contigo, y por ello has disfrutado de clemencia y se te han concedido privilegios. Mas en este mundo, ciertos valores permanecen inmutables por muchas estaciones.

- ¿Hablas de las mismas reglas que te impidieron pedir la liberación de Rukia? ¡¿A dónde quieres llegar, Byakuya?!

- Como siempre, qué impaciente. Está bien: debes dejar de involucrarte en los asuntos de este mundo. Vuelve a tu casa, tú no eres un shinigami y no perteneces aquí. Te habrás dado cuenta de que no tienes lugar en nuestra sociedad y te he hecho venir para que lo vieras con tus propios ojos.

- ¿Y qué pasa con la gente que conozco, eh? ¡Me da igual que sean shinigamis, humanos o híbridos gigantes! Me preocupo por ellos… y son mis amigos!

- La vida no gira a tu alrededor, Kurosaki. Todos avanzan y eres el único que añora sus días como shinigami sustituto. No me importa si no tienes un propósito en el mundo real, pero deja de interferir en los nuestros.

- ¿Es acaso una amenaza?! – Sentía el ácido de la rabia corroyéndome el estómago, y el sabor metálico de la desesperación en la boca. "¿Dónde está la ira que creía albergar hacia este tipo, quien representa todo lo que no entiendo y me mira por encima del hombro?". – Byakuya – dije controlando mi voz- yo recuerdo porqué salvé a Rukia: para que pudiera decidir por ella misma! Y si vino a buscarme fue por… por lo que planeaste a sus espaldas!

Ichigo se dio cuenta de que estaba gritando de pie con la cara roja, antes de furia, ahora de vergüenza. Se echó de rodillas en el mullido cojín deseando estar en cualquier parte menos ahí. Lo que Byakuya decía era cierto, sin embargo, le dolía admitirlo. Haber perdido sus poderes, haber perdido contacto con sus amigos, no poder proteger a Rukia de su destino-

- Si te refieres a su compromiso, no deberías hablar sin saber los detalles. Ella ha pedido un aplazamiento para dar su respuesta definitiva. Está decidida a dedicarse a su posición de teniente y quiere hacerse más fuerte. Sólo se fijará una fecha cuando alcance el Bankai.

- ¡…! – El aire se me escapó de golpe pensando en las implicaciones… "Rukia! …más fuerte… tiempo, me está dando tiempo!"

- No debes preocuparte por su bienestar. No he olvidado mi promesa. Rukia estará a salvo. Eso era lo que quería decirte. Ahora vete, y asegúrate de no hacerle difícil la despedida.

Ya en la puerta, me giré y agarré a Byakuya del brazo en un impulso: - Sabes que algún día moriré y vendré a la Sociedad de Almas, y me convertiré en shinigami y os recordaré a todos! ¡Encontraré a Rukia de nuevo, Byakuya! – Y como no quería perder esa mano, salí corriendo mientras reía a carcajadas de alivio.

- Uff, espero que no se dé mucha prisa en morir – Ukitake Joushiro se acercó al Capitán del sexto escuadrón -Es de admirar su inquebrantable voluntad, no dudo de que nos ayudaría altruistamente si se lo pedimos.

- Entonces, lo volveremos a ver, ¿no es así?

- Más pronto de lo que piensas – murmuró Urahara Kisuke mientras se escabullía detrás de los muros de la gran mansión Kuchiki.


- ¡Good Mooorning, Ichigooooooooooo!

- ¡¿Pero qué manera es esa de despertar a tu hijo, viejo loco?!

- ¡Ay, ay, ay, ay, ay! ¡No tires a tu padre por la ventana, qué harán tus dulces hermanas sin mí!

- ¡Eres muy molesto, cáete ya! Por tu culpa, me desperté de un sueño…

- ¿Un sueño raro? ¿Qué te pasaba?

- No me acuerdo… Tratar de recordar sólo hace que lo olvide…

17 meses desde la derrota de Aizen. Y no he visto a Rukia ni los demás ni una sola vez. Pero no los echaré de menos. Algo me dice que están cerca, y tengo la certeza de que un reencuentro es inevitable. Miro hacia delante, otro día que pasaré soñando despierto.


Espero que hayáis disfrutado con estas ideas. He dejado varios cabos sin atar a propósito, y no dudéis en escribir alguna spin-off sobre ello si os inspira (¡por favor mandadme un mensaje si ése es el caso para leerlas!)

- En realidad, no se menciona en Bleach si el modificador de memoria funciona en shinigamis, sólo en humanos. Podría ser que, al estar Rukia en un gigai, borre sus memorias también, aunque me quedé con las ganas de saber qué pasaría si ella recordase el beso.

- Dejé en el aire la reacción mental de Ichigo al ver el tatuaje de Renji. Creo que en el universo de Bleach, sí es más natural la pareja que formarían Rukia y Renji, pero la atracción entre Ichigo y Rukia va más allá, son almas complementarias. Si alguien tiene otra visión sobre esto… ¡adelante!

- Y lo más importante: esto pudo pasar de verdad y le borraron la memoria a Ichigo, o bien todo fue un sueño. Yo me inclino por lo primero pero comentad qué creéis vosotros al leer el final.

Por último, estoy pensando en re-escribir este fic en inglés, aunque sólo si merece la pena. Ya veremos... Feliz historia a todos, y gracias.