Alma de Fuego

y lo que es el karma

Recuerda una época en que no lo hizo.

Pero Jadeite (cuyo nombre ya no es Jadeite porque Jadeite murió hace milenios en Terra, renació y volvió a morir años atrás en el Tokio contemporáneo) odia el fuego.

Odia el fuego y todo lo que significa: la guerra en el Milenio de Plata, la destrucción de la Luna, la traición a su Señor, Beryl y Metallia, la Princesa con su Señor y Mars

Mars que había hecho una promesa para su Princesa de permanecer pura, Mars que lo había enfrentado y caído derrotada durante la rebelión de Terra, Mars que le había sonreído antes de dirigir su fuego contra él, Mars que ahora ya no era Mars sino Hino Rei; Hino Rei, que lo había encantado en la forma de sacerdotisa y que lo había quemado y salvado en la forma de Mars otra vez en su segunda vida

— permitiéndole volver finalmente a su Señor (aunque fuera sólo en espíritu, atrapado en una piedra de jade) porque por primera vez desde el Milenio de Plata, Jadeite volvía a ser Jadeite, volvía a ser uno de los Shitennou de Endymion y no General de Metallia ni de Beryl, volvía a ser sí mismo, volvía a ver.

Y en esta nueva vida, en esta última oportunidad, Jadeite desprecia al fuego y todo lo que le trae a la mente, todo lo que le hace ver y sentir. Odia ver sus recuerdos, sus sueños, sus pesadillas, sus días y sus noches, su culpa, todos tan llenos de sangre y de gritos y de terror y de fuego,

donde Terra estaba en plena Rebelión, la Luna en llamas, el Palacio de la Luna derrumbándose, sus hermanos en armas liderando el Ejército de Beryl, Beryl matando a su señor Endymion, la Princesa Serenity suicidándose, Venus matando a Beryl, Kunzite asesinando a Venus,

donde Mars estaba de pie frente a él, con el rostro perfectamente neutral y la armadura blanca empapada en sangre que él no sabe ni le importa saber si es suya propia o de los soldados que ha derrotado,

donde él la ataca, entierra su espada en su abdomen y siente su sangre alienígena en sus manos y en su rostro y en su boca y le gusta y ríe, porque ha derrotado a una Senshi y quiere verla caer al suelo y perderlo todo (pero ella le sonríe, le sonríe y lo aferra por el cuello de su uniforme gris y comanda al fuego para quemarlos).

Porque es en esas veces, donde Jadeite sigue siendo ese Jadeite (ese Jadeite que es de Beryl y de Metallia y de Caos) que logra sentir todavía la vibración de los gritos y la batalla en sus oídos, huele el olor a humo y a fuego, a sudor, a sangre, siente las lágrimas en el rostro al recobrarse a sí mismo cuando Mars lo enciende en llamas y siente el dolor de la piel quemándose antes que perdiera la conciencia, ve el rostro de Mars, y él ve tanto y ve —

todo.

Jadeite odia el fuego, porque le recuerda todos sus errores, todos sus fallos, todo lo que traicionó, todo lo que perdió y perdieron todos por su causa, por ellos, los Shitennou, los que no pudieron interponerse entre Beryl y Terra.

Jadeite odia el fuego porque todos los recuerdos que trae le hacen pensar en sí mismo como Jadeite, traidor a todos sus valores y creencias; y entonces, a pesar de haber sido otorgado el perdón por su Señor y su Princesa, Jadeite mismo no logra, no puede, no quiere perdonarse. Ha fallado en su misión la primera vez que le fue otorgada y la segunda vez que le fue devuelta por la Reina del Milenio de Plata, que no hay más miedo en su mente de cuándo ocurrirá la próxima vez que fallará, que le dará la espalda a todo lo que conoce y a todo lo que es.

Jadeite teme que sea sólo una cuestión de tiempo. Porque Jadeite no es un genio de la clase a la que Zoisite pertenece, ni es un creyente como Nephrite, ni vive tan férreamente como Kunzite para su deber. Jadeite sólo sabe cómo pelear y cómo ser un soldado, y aunque Jadeite ya no es Jadeite porque su nombre no es ése ahora que sus recuerdos han regresado, toda(s) su(s) vida(s) corre(n) por delante de sus ojos y le persigue(n) durante la noche y no lo abandona(n) cuando duerme.

Jadeite es un hombre que aprendió a reaccionar, a aprender de sus errores, a ser flexible, a ir con la corriente, pero no sabe cómo poder huir de una Oscuridad que siempre estará en su interior, para empezar; no sabe cómo sabrá si está cayendo por Caos otra vez, cómo sabrá si está traicionando a su Señor antes que sea demasiado tarde.

Jadeite odia al fuego porque (aún si daría su vida por Endymion con tal de verlo a salvo) en esta vida, en esta última oportunidad, Jadeite finalmente ya no era Jadeite, sino su propio hombre, su propia mente, sus propios sueños pero —

el perdón otorgado, el nuevo Tokio, su Señor y su Princesa, sus hermanos en armas renacidos, las Senshi, Mars y el fuego

— el maldito fuego, con todos los recuerdos que le traía, día y noche, le había abierto los ojos, devuelto su misión y su culpa y de paso le había arrebatado todo.

Y Jadeite odia el fuego en los ojos serenos de Mars que ya no es sólo Mars sino Hino Rei y él ya no es más un simple estudiante universitario de Tokio sino un eco de Lord Jadeite y del traidor Jadeite y él recuerda haberla apreciado en Terra y no cree poder hacerlo en esta vida mientras odie al fuego y a todo lo que representa y sepa todo lo que le ha quitado al devolverle todo lo que Jadeite era.