Alma de Fuego

y la dureza de metal

No es que Minako no quiera encarar las cosas, y no es que Venus no sepa las ventajas y desventajas tácticas de la situación. No, Minako se toma en serio su rol de Líder de las Senshi Guardianas y no ha pasado una noche desde que volvieran los Shitennou en que Venus no se haya desvelado pensando en las tantas posibilidades que habían al tenerlos como aliados y en las tantas otras que hay de tenerlos como enemigos.

Pero, a veces, a veces, cuando duerme y sueña sobre el pasado, sobre el fuego y la Guerra en la Luna, Minako todavía cree sentir una punzada en la espalda, allí, justo allí donde Kunzite le clavó la espada a Venus y mató su orgullo, su risa y su – su mundo entero.

(Pero Usagi nunca lo sabría, no, nonono.

Ni siquiera Artemis.

Solo Minako.)

Sucede que cuando Minako era Venus y Venus se llamaba Eos, cuando los habitantes de su planeta la amaban, la llenaban de flores y halagos, y la Corte de la Luna le llamaba la Aurora de Venus, el amor había sido profanado.

Y en esas noches cuando duerme y no descansa, tratando de olvidar recuerdos que Venus en realidad no quiere olvidar, Minako recuerda cuánto había dolido; y había dolido tanto, tanto porque Venus era Amor y el Amor era Venus, y Kunzite y Beryl y Metallia-y-Jadeite-y-Nephrite-y-Zoisite-y-todalamalditaTerra le habían arrebatado todo.

Entonces ahora, ahora que Usagi confía en que sus amigas comprendan la necesidad de Mamoru de recibir con los brazos abiertos a aquellos que lo traicionaron no una, sino dos veces; ahora que Serenity espera que sus senshi puedan darles otra oportunidad… Minako esboza su mejor sonrisa y mentalmente se dice a sí misma, Venus es Amor. Y el amor, ah, el Amor lo perdona todo, incluso sin merecerlo.

Pero, incluso entonces, incluso cuando promete dar lo mejor de sí para recibir a los Shitennou, para darles otra oportunidad, Minako comparte una mirada de mutuo entendimiento con Rei y, sin decir ni una palabra, siente su careta descubierta.

Sucede que Venus es Amor, pero también es metal. Y el metal, en esta encarnación, la había endurecido hasta hacer de su piel una coraza de hierro y Minako, con sus risas estridentes, encaprichamientos y sueños rotos, no cree poder ser el avatar del Amor, no de esta forma.

Minako no odia, no es capaz, porque Minako es Venus es Amor—

Pero en esta vida, el corazón de Venus es pequeño, sí, pequeño y un poco roto, con los bordes afilados, y no cree ser capaz de encontrar suficiente amor en su interior para dar otra oportunidad, sabiendo qué tan fácil es para ellos traicionar a Endymion y volverse en su contra.

Porque a veces, solo a veces, cuando Minako duerme y sueña sobre el pasado, se despierta sudando frío y con un picor en la espalda, ahí, justo ahí donde Kunzite clavo su espada en la espalda de Venus y profanó su amor. Entonces, en esas noches, Minako se sabe el avatar de Venus y del Amor, pero en esas noches que duerme y no descansa, descubre qué tan poco amor tiene en su interior para dar.