Atención:

-Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecen

-Este es mi primer fic UsUk y mi primer fic en fanfiction, solo espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo.

-Esto es un fic yaoi, por favor, si no te gusta este género, no lo leas.

Capítulo V: La mañana perfecta

Alfred salió de la universidad, casi corriendo, queriendo que la tierra le tragase, mientras recordaba constantemente la cara de Arthur sorprendido después de su confesión.

-Hermano, ¿Qué pasa? -pregunta Matthew, quien lo estaba esperando en la salida

-¿E-eh? N-nada...

-¿Seguro?

-Sí, tranquilo, no pasa nada

-De acuerdo...

Alfred volvió a casa junto a Matthew, quien se dio cuenta desde el principio que su hermano no estaba tranquilo, pero prefería no decir nada, porque no quería que se sintiera mal. Porque al parecer fuera cual fuera el motivo de su nerviosismo, no parecía tener muy buena pinta.

Mientras Alfred preparaba la cena se acordó de algo que se había olvidado comentarle a su hermano.

-Ah, Matt, se me olvidó decirte que me han expulsado

-¡¿Qué?! Pero eso es terrible... ¿Qué harás ahora?

-A estas alturas del curso ya nada, tendré que esperar al curso siguiente para conseguir plaza en otra universidad.

Ninguno de los dos dijo nada más, y cenaron en silencio.

Al día siguiente, Alfred decidió ir una hora antes de que la gente empezara a llegar para recoger sus cosas tranquilamente.

Entra en clase, y empieza a coger las cosas; después, cuando ya lo tiene todo en una mochila, se da la vuelta, y encuentra ni más ni menos que a Arthur al lado de la puerta, sonrojado levemente y con la mirada baja. Rápida e inconscientemente baja la mirada, se sonroja y su corazón empieza a palpitar más fuerte, aun con la mochila en la mano, cual se iba resbalando lentamente entre sus dedos, por su perdida instantánea de fuerza.

-H-hola -dice Arthur, intentando romper el silencio incomodo que se había creado.

-Hola. ¿Quieres algo?

-Mira Alfred, necesito que me oigas, necesito decirte algo

-Dime -dice Alfred, algo enfadado, pensando que sería alguna disculpa absurda de director por tener que expulsarlo, y que no sería lo que él deseaba escuchar, con todas sus fuerzas.

-Te seré sincero, lo que me dijiste ayer, me dejó pensativo todo desde que te fuiste. Al principio pensé que sería algún capricho de niño, pero después recordé tu mirada sincera, y enamorada, y eso me dejó aún más confuso. Empecé a sentir cosas extrañas dentro de mí, y a medida que pasaban las horas, me di cuenta que esa sensación la sentía desde que te conocí. Pensaba que estaba cansado, y por eso me sentía así, pero al estar 2 horas tumbado en la cama, mirando al techo y a la pared alternativamente, sin conseguir conciliar el sueño, me di cuenta que lo que sentía era amor, amor por ti. Igual que como me dijiste, yo tampoco sentí eso nunca antes por nadie.

Dicho esto, Arthur se acercó lentamente a Alfred, que estaba paralizado, al lado de su pupitre. Se acercó, apoyó las manos en el pecho ajeno y acercó sus labios al del menor. Alfred se apartó rápidamente, aun con cara desconcertada, porque no le había dado tiempo de pensar en todo lo que había pasado: que su sueño, su mayor deseo, se estaba cumpliendo. Pero tras un segundo de reflexión, agarro suavemente la barbilla del mayor, y poso los labios en los ajenos. La sensación era cálida, y tanto uno como otro, alargaron el beso todo lo posible, pues ninguno quería separarse del otro. Alfred se movió lentamente, para que el pupitre que había entre ellos desapareciera, y estuvieran uno frente al otro, unidos por los labios, que parecían haberse fundido lentamente entre ellos, dando la sensación que nunca se iban a separar.