Distrito 3
En el tres predominaba la informática, la mayor parte de la gente eran unos nerds. La mayor parte. Marceline, por el contrario odiaba la informática, pero eso no quita el hecho de que le gustaran "un poco" (según ella) los videojuegos. Se pasaba el día componiendo con su bajo eléctrico, para fastidio de sus vecinos; y tenía el pelo negro y largo y unos ojos que denotaban astucia, inteligencia y podría decirse que un poco de hambre. Siempre vestía con vaqueros y una camisa de cuadros.
Antonhy, por el contrario adoraba los videojuegos, (y lo admitía abiertamente) pero, aunque se había viciado a uno, no descuidaba sus estudios de tecnología y creación de software. Su media en el colegio era de 8 y 9, con esa nota podría llegar a Técnico Superior, para administrar energía al Capitolio.
Era bastante alto, pelo negro y rizado, tenía 14 años y era hijo único. Todo el mundo decía, que en los juegos, podía tener alguna oportunidad. (Sobre todo si podía equiparse como un paladín de nivel 80 ,podía guardar la partida o comprar alguna poción que diera PV). Era un chico normal que vivía la vida a tope.
Distrito 11
Todo el distrito decía que Draco Malfoy, era demasiado bueno para ser verdad. En el 11 las clases se veían reducidas a 2 horas por la mañana, usadas para estudiar las propiedades de las verduras y clases prácticas sobre como plantar y recoger, para no estropear la cosecha. Draco tenía 14 años, a esa edad era casi un adulto, teniendo en cuenta la pésima calidad de su distrito. Aun así, era su casa, su hogar, allí había nacido y crecido, y ahora estaba ayudando a su gente a llevar una vida soportable. Todos los días trabajaba de sol a sol, mientras su cabellera rubia resplandecía bajo la luz. Y, según las encuestas de la revista "Capitole Yah!" era el soltero más codiciado de su ranking de edad de todo el distrito (y puede que también en algún otro...)
Eveline tenía 12 años, el pelo castaño y largo; unos ojos marrones muy grandes y la cabeza llena de sueños de príncipes y princesas, de amores imposibles, de canciones que nunca había escuchado pero cuya letra sabía, de rostros que conocía y que conocería, de risas, de recuerdos de su infancia y de su abuelo fallecido, y del sentimiento inconcebible de que lograría ser libre.
