Las alianzas
- Soy John, si queréis venir conmigo, coged el cuchillo y daos prisa.
- Yo no pienso ir contigo- dijo Kagome-, ¿cómo se que no eres un traidor?
- Pues yo si voy –dijo Yewie. Eso pilló por sorpresa a Kagome, que abrió mucho los ojos–. Ven conmigo.
Kagome lo meditó unos instantes y dijo:
-Vale -recogió el cuchillo-. ¿Cuál es tu plan?
- Ir a por los otros.
-¿Los otros?
- El resto de mi alianza. Están bastante lejos de aquí. A medio día caminando.
- ¿De dónde has sacado las armas?
John ignoró la pregunta, y le dijo a Yewie:
- Tengo la sensación de que te conozco...
Kagome empezó a pensar que algo iba muy mal.
Peter y Miguel Anghelo se detuvieron. La lluvia les había empapado la ropa, y no podían encender un fuego.
- Tenemos que buscar un sitio para resguardarnos.
- ¿Tú ves alguno?
Miguel Anghelo miró a su alrededor.
- Mira- dijo señalando hacia delante- allí hay algo.
- Parece una Casa de Antes. Vayamos a ver.
La Casa de Antes tenía: cuatro paredes, una puerta, un techo, sillas, mesas y una barra. Detrás de la barra había muchas cosas oxidadas.
- Voy a ver que hay allí detrás – dijo Peter.
Miguel Anghelo asintió, juntó un par de mesas volcadas y se puso detrás de su barricada improvisada.
Peter saltó la barra, de una forma poco estilosa, y pasó a la habitación de las cosas oxidadas.
Isabelle miró fijamente a la niña. Tenía entre sus brazos una botella y no parecía querer soltarla por nada del mundo. No pasaría de los doce.
- Me llamo Isabelle, ¿y tú, peque?
- Eveline.
- Eres del once, ¿no?
- Sí.
Hubo un silencio incómodo y entonces Eveline dijo:
- ¿Cómo sé que no vas a matarme?
- No lo sabes.
Siguió andando. No podía pararse. Lo había visto. Irían a por ella mientras dormía, así que tenía que encontrarle antes. Varios metros después la encontró.
- Rachel -dijo.
La aludida se giró.
- ¿Quién eres? -preguntó-. Ah, la chica del ocho.
- Me ahorrare contarte lo que sé, porque no me creerás, pero...-murmuró.
- ¿Qué dices?
- ¿Quieres vivir? Pues ven conmigo.
Anthony miró a los lados. Le seguían la pista, estaba seguro. Tenía que esconderse y rápido. Delante de él había una edificación. Miró hacia atrás, pensativo. "¿Malo conocido o bueno por conocer...? Creo que prefiero el bueno por conocer." Aceleró le paso y se metió dentro. Había varias mesas volcadas. Avanzó, pasando las piernas por encima para poder pasar por esa barricada improvisada. Le pareció ver a alguien moviéndose al fondo, pero antes de que pudiera acercarse, sintió un fuerte dolor en la cabeza y todo se volvió negro.
Draco Malfoy avanzaba entre la maleza. Esperó que la lluvia hubiera borrado su olor. No era muy agradable ver a la chica profesional del doce olfateando en el aire y mirando en su dirección con una rabia asesina en sus ojos. Empezó a escuchar ruidos, y se asustó lo suficiente como para acelerar el paso. Cuando supuso que estaría a una distancia segura, empezó a caminar. Se fijo en un palo (Un palooo! Un paloooooo! Un paloooooooo!) que le resultaba extrañamente familiar… Lo cogió y siguió andando. Cuando llegó un claro, escuchó el grito y vio la escena que acontecía, agarró con fuerza el palo y deseó no haber nacido.
An, Christine y Jesus simplemente no se lo esperaban, pero ni ellos, ni cualquier ser vivo que se encontrara en aquel anfiteatro mortal. Un grito agonizante había resonado por toda la arena y, por puro instinto, cada cual había corrido hacia delante con todas las fuerzas que tenían. Sus pasos les habían llevado a un edificio abandonado. Jesus había sido el primero en llegar, luego Christine y por último An. Se miraron mutuamente, examinando sus posibilidades de salir victoriosos en el caso de que hubiera una pelea. Habían formado un triángulo, y pasaron lo que podrían ser minutos. En ese tiempo una idea pasó por los ojos marrones de Eveline cuando lo vio, y esta era de las buenas.
Marceline estaba comiéndose una fresa y no lo vio venir. Pero si lo oyó y perfectamente. Justo cuando Bianca iba a descargar el hacha sobre su cabeza, Marceline coincidió con su instinto en que sería bastante buena idea el esquivarla y salir de allí por patas. Pero, no había podido evitar fijarse, en la belleza de ese hacha, tan bien pulida, roja, un mango fuerte para sujetarla... Antes de que su instinto pudiera avisarle, sintió un dolor en el estómago y chilló. Olía la sangre brotar de la herida y se daba cuenta de que si no corría se desangraría lo suficiente como para ser una presa fácil. Así que se sacó la lanza como pudo, y presionó la herida y corrió.
*N/A: (^^ perdón por tardar tanto!) Sí, muchas referencias, me encantan :) Tengo que darle las gracias a IBT por ser mi "editora" y pedirme update cuando el tiempo se lo permitía, a CVR por "betearme" y a todos los que lo leyeron en general , ¿no?
¿Flores? ¿Piedras? Jajajaja
