2. Liberar a Harry
- Dudley, abre a ese impaciente, por Dios ¡qué falta de modales! ¡y a estas horas! – ordenó Petunia bastante malhumorada
- Buenas noches, chavalín... chavalón ¿Está tu madre?
- ¿De parte de quién?
- ¡Qué bien educadito estás! Se contesta "buenas noches"
- Yo contesto lo que me da la gana, señora
- ¡Ah! En ese caso le dices que soy su hermana
- ¿QUÉ? – Exclamó Dudley alucinado
- PETUNIA ¿ESTAS AHÍ?
- PERO QUE GRITOS SON ESTOS, se va a enterar todo el vecindario, quién da esos... ¡EMY!
Harry estaba en su cuarto sumergido en sus libros, evidentemente no habían celebrado su cumpleaños, así que no le había quedado más remedio que seguir repasando cuando le sobresaltó el timbrazo. Eran las nueve y media de la noche ¿Quién sería a esas horas? Se levantó y abrió la puerta para oír mejor lo que pasaba abajo. Sonrió cuando la señora le insinuó a Dudley lo mal educado que estaba, pero palideció cuando oyó la respuesta de la mujer. Fue corriendo al principio de la escalera y la vio. Era una mujer de unos treinta años, pero parecía más joven, de más menos uno con setenta de altura, cabello por el hombro, alborotado y rojizo tirando a rubio; tenía la tez morena y una expresión muy sonriente. Era muy guapa. Tía Petunia se acercó y casi se cae de culo cuando la vio. Tío Vernon salió del salón y la miraba como hipnotizado.
- Si antes te nombro, antes apareces – rompió el silencio tía Petunia
- Es encantador que te hayas acordado de mí, hermanita – ironizó Emy
- Fue forzado...
- Ya me parecía...
Dio dos pasos hacía la casa y levantó la mirada hacía las escaleras. Si la cara de tío Vernon era un poema, la de Harry no tenía descripción. Los ojos de los dos se encontraron y parecía que nunca más se volverían a separar. Ella tenía unos enormes e intensos ojos verdes esmeralda, él ya los había visto.
- No puedo creer que te tenga delante, Harry, estás muy mayor y eres muy guapo – dijo ella con emoción en su voz
- Yo... – musitó Harry
- He esperado mucho este momento, pero sé que puedo esperar cinco minutos más, voy a la cocina para hablar con tus tíos y ahora subo a tu cuarto ¿vale? – Emy le hablaba muy cordialmente
- Vale – contestó con toda confianza, como si se lo hubiese dicho a su propia madre
Desapareció en la cocina y desde arriba no pudo oír nada de lo que los mayores estaban hablando, ni siquiera Dudley, que había pegado la oreja a la puerta, oía nada y se quejaba de que allí pasaba algo muy raro. Harry entró en la habitación, se sentó en la cama y esperó. No podía reaccionar, estaba en estado de shock. Por un momento hubiera pensado que aquella mujer era su madre y casi baja las escaleras para darle un abrazo y no separarse de ella nunca. A los diez minutos se oyeron unos pasos en las escaleras y llamaron a la puerta.
- Pasa, yo estoy muy contento de...
- No te adelantes, no soy tu tía
- Tío Vernon ¿Qué pasa? ¿Dónde está ella? ¿Se ha ido?
- Si te callas te lo explico
- Dime
- Tu tía Emily ha aparecido después de quince años en paradero desconocido y viene con un documento de traspaso de tutela, el cual está aprobado por la consejería del menor. Si lo firmamos, tu tía Emy se hace cargo de ti y nosotros ya no tendremos más papel que el de una visita cada 150 años. Tu tía insiste en que te pregunte si a ti te gusta la idea o por el contrario prefieres estar con nosotros
- En realidad solamente vienes porque ella ha insistido, si por vosotros fuera, ni me lo preguntaríais, firmaríais sin mirar ¿verdad?
- Tú lo has dicho
Harry sonrió, por un momento pensó en quedarse con sus tíos para incordiar un rato y parece que a tío Vernon se lo pasó por la cabeza lo mismo, abrió mucho los ojos, como diciendo "¿no te atreverás?" pero ya estaba bastante harto de esa familia, él también se iba sin mirar atrás.
- Por mí no hay ningún problema, me iré con ella
- Ahora subirá a ayudarte con tus cosas
Sin más se dio la vuelta y bajó por las escaleras. Harry comenzó por cerrar sus libros para guardarlos en el baúl. Una mano se posó en su hombro, dio media vuelta y, de repente, estaba abrazado a ella. No supo cuánto tiempo pero hasta quedarse satisfecho. Ella le miraba con los ojos llorosos y no era capaz de articular palabra.
- Te pareces mucho a mi madre
- Tú eres clavado a James, pero con los ojos de...
No aguantó más. Lloró como si no lo hubiera hecho en quince años y así era, ni una lágrima hasta ese momento. Harry la acarició el pelo hasta que se calmó.
- Tengo tantas cosas que decirte y no sé por dónde empezar
- ¿Qué tal con tu nombre?
- ¡Ja, ja! Sí, buen comienzo. Me Llamo Emily Evans, pero me gusta que me llamen Emy. Soy la hermana pequeña de tu madre, Lilian Evans, y he conseguido legalmente ser tu tutora, si así lo deseas - terminó mirando con duda a Harry
- Eso está hecho – sonrío por su presentación y se sintió feliz como hacía mucho que no se sentía
- Me niego a pensar que seas un confiado, aunque tu padre también lo era ¿Cómo sabes que no soy Voldemort con una poción multijugos?
Harry se quedó petrificado, ahora el que abría los ojos como platos era él ¿eso era posible? Dudaba, no sabía qué hacer y, de repente, se dio cuenta que estaba ante una desconocida, que ni su padrino, ni Dumbledore sabían lo que pasaba y que igual no estaba haciendo lo correcto ¿Y si ella lo estaba engañando? ¿Y si era un mortífago? Ella lo había llamado por su nombre... Voldemort, sin apenas un mínimo rasgo de miedo en sus ojos.
- Te he puesto en un apuro ¿verdad? No seas tonto ¿Crees que ese gilipollas se iba a poner a lloriquear como una mariquita delante de su peor enemigo? ¡Ni que fuera la mejor actriz!
- Me has hecho darme cuenta que no se le dicho a mi padrino y a Dumbledore
- Por ese viejo loco no te preocupes, toma, lee - Emy entregó una carta a Harry dirigida a la Señorita Emily Evans
Querida Señorita:
Debido a su insistencia por tener la custodia del alumno Harry Potter y habiendo conseguido la misma del departamento de protección del menor del ministerio muggle, le concedemos el premiso para acogerlo bajo su tutela. Debido al caso extraordinario del muchacho, rogamos nos tenga informados en todo momento de su paradero y estado para su mayor protección. Quisiera que su sobrino le mantenga al corriente de su padrino para que no se creen errores innecesarios.
Cordialmente,
Albus Dumbledore
P.D.: Eres igual de tozuda que tu hermana. Mis más cordiales felicitaciones.
Harry estaba feliz, más que nunca. No sabía a dónde se dirigía con ella pero siempre sería mejor que con los Dursley. Bajaron todas sus pertenencias al coche en el que había venido su tía. Harry observó que nada de lo que ella tenía era mágico, nada, ni adornos, ni ropa, ni el coche, nada... ella no era bruja, era una muggle. Una vez que todo estaba acomodado, llegaba el momento de las despedidas.
- Bueno, Harry, no voy a decirte que ha sido un placer, pero espero que no infravalores la educación y el sacrificio que hemos realizado criándote – Tío Vernon lo miraba como quién se deshace de una mascota mugrienta, pero alimentada
- No te preocupes, tío Vernon, jamás los olvidaré y estoy seguro que con el mismo cariño que me recuerden ustedes, les recordaré yo – Harry no había querido ser cruel, pero no iba a dejar escapar esa ocasión de poner los puntos sobre las "is"
- Harry, cuídate y no des problemas a tu tía Emily – se despidió tía Petunia
- Hasta nunca, enano – Dudley se le veía satisfecho, por fin todo para él
- Púdrete en tu pocilga – le contestó Harry mientras Emy se despedía
- No os preocupéis por Harry, Petunia, ni mucho menos por mí. Los dos estaremos en el más absoluto estado de felicidad. Nos lo pasaremos bomba el uno con el otro, vamos casi, casi totalmente al contrario que con ustedes. Adiós. - Sin más despedidas y dejando las cosas claras, Emy se dio la vuelta y se fueron hacia el coche, que salió de allí pitando - Se está haciendo tarde, esta noche nos quedaremos en el Caldero Chorreante, escribiremos a Albus y a tu padrino y nos marchamos en cuanto tengamos la contestación de tu director
- ¿Adónde iremos?
- Quieres saber los planes ¿verdad?
- Estoy ansioso
- Vamos a viajar por todo el país hasta tu vuelta al colegio
- ¿Qué? – Harry estaba alucinando, él, que no había ido ni al kiosco de la esquina con sus tíos y que sólo conocía Privet Drive, la estación de tren de King Cross, Hogsmeade y Hogwarts, ahora iba a viajar por todo el país
- Si no te agrada la idea, hacemos lo que tú quieras
- Por supuesto que me agrada ¡será genial!
- Si, lo será. Pero lo haremos como todo el mundo, en un coche normal, con ropa normal e iremos a sitios... de los dos mundos
- ¿Conoceremos sitios muggles y sitios mágicos?
- Sí
- Esto es un sueño y me voy a despertar ¡ay!
- Es para que te des cuenta que no estás soñando
Emy le había pegado un buen pellizco en el brazo a Harry y se echaron a reír sin parar, felices de tenerse el uno al otro y con curiosidad de saber de sus vidas. Si alguien los veía no tenía ni la más mínima duda que eran madre e hijo y, por como se llevaban, estaba claro que bien avenidos. Acababan de conocerse y ya se terminaban las frases el uno al otro, adivinaban sin ningún esfuerzo los gustos del otro y se reían de las mismas gracias. Emy era una niña grande y Harry un niño maduro. Llevaban tres días en el Caldero Chorreante, se habían quedado a esperar noticias de Sirius y aprovecharon para visitar Londres, ya que Harry tampoco lo conocía del todo.
- ¿Qué te parece si nos vamos al cine esta noche?
- Estupendo ¿Qué quieres ir a ver? – Harry estaba encantado
- Lo que tú elijas, pero que no sea de miedo
- Vale – miraba el periódico para escoger la película – ¡Esta que es de risa! pero está en el otro lado de la ciudad y hoy no pasamos por allí para poder sacar las entradas
- Entonces haremos magia
- ¿Estás loca?
- Tu déjame a mí – Emy siempre parecía muy segura de sí misma
Se terminaron de vestir, desayunaron y marcharon a la zona turística de Londres que les quedaba por visitar, sólo entraban en los sitios más especiales y el resto los veían desde fuera, paseando por allí. Pasando por un café entraron a descansar.
- ¿Estás preparado para la magia?
- ¿Aquí? En serio, empiezo a pensar que estás loca
- Buenos días, nos sentaremos en aquella mesa ¿Nos puede acercar el café allí? – Dijo Emy con su mejor sonrisa
- Por supuesto, preciosa
- Gracias
- No hay día en que no te digan un piropo
- Sí, ya, todos menos tú
- Hoy estás guapísima, tía
- Gracias, cariño, los tuyos son los que me llegan al corazón. Bueno ¿Ves esto? ¿Qué es?
- Pues un ordenador
- Efectivamente, la gente normal que no tiene acceso a la magia se busca la vida para hacerla más fácil y eso los magos lo pasáis por alto. A vosotros no os cuesta lo mismo hacer un esfuerzo y por eso la mayoría de vosotros sois unos vagos que no se benefician de los avances de la tecnología ¡Por Dios! Si todavía lleváis túnicas
- Nunca lo había pensado, tienes razón
- Yo te enseñaré a que te desarrolles como un buen mago en el mundo muggle
- Podrías enseñar en Hogwarts, lo haces muy ameno y divertido, todos querían ir a tus clases
- Sólo puede haber profesores magos en Hogwarts
- Sí, es una pena, pero entonces...
- ¿Qué?
- ¿Cómo me enviaste la foto con tus ojos mirándome?
- Bueno, por algún motivo, yo puedo ver los dos mundos y eso me permitió mandarte una especie de telegrama y verte en esos momentos, aunque por poco tiempo, por cierto me costó un pastón. Las cosas mágicas son muy caras
- ¿Por qué querías verme?
- Quería estar segura de que no me decepcionaría contigo, por eso los ojos, tú sólo me viste los ojos a mí y yo sólo te vi los ojos a ti
- Entiendo, pero si puedes ver los dos mundos, significa que algo de magia si tienes
- No tiene porque, crecí al lado de la magia, pero no la practico. Cuando nos vayamos de aquí, te contaré la historia de nuestra familia, en Londres parece que los muros escuchan
Emy enseñó a Harry a utilizar internet, cómo buscar información, entrar en un chat, mirar un portal y sacar las entradas para el cine, cosas básicas según ella, pero que servían para empezar. En la película se rieron de lo lindo y luego fueron a cenar a un sitio de moda. Emy se lo estaba pasando tan bien, que decidió llevar a su sobrino a una discoteca para bailar. A Harry no le entusiasmaba la idea, ya que no sabía moverse al ritmo de la música, pero nunca había estado en una discoteca y la curiosidad le pudo.
- Sólo hay un problema, tu edad. Así que me vas a permitir que te dé un aspecto más varonil – Emy observaba a Harry de arriba a bajo pensando qué podía hacer para que lo dejaran pasar
En el baño, le intentó despeinar más, y lo que le extrañó es que lo consiguió, nadie pudo dominar nunca aquel pelo, sin embargo ella lo puso como quería. Había comprado pendientes de pegar a un vendedor en la calle y se lo puso a Harry en la nariz y otro en la oreja, le sacó la camisa por los pantalones, le arrugó la ropa y le indicó que se bajara un poco la cinturilla del pantalón hasta la cadera, dejando ver un poco los calzoncillos. Harry se miraba en el espejo y no se lo creía, aquel era una versión de él pero en macarra. Después, para que se lo terminaran de creer, Harry tendría que agarrar a su tía por los hombros como si fuese su novio y sin más ni más, ya estaban dentro. El portero había dudado un poco, pero como la chica era un bombón, los dejo pasar.
- Esto es impresionante – chillaba para que su tía le oyese
- Lo sé, me encanta esta canción vamos a bailar a la pista
- ¿Tiene que ser allí?
- Sí
Emy se puso a bailar dejando anonadado a su sobrino se movía muy bien al ritmo y lo hacia de una manera muy sensual y a veces provocativa. A él, sin embargo, se le notaba patoso y con miedo.
- Yo te enseñaré, concéntrate en la música, ves que poco a poco puedes ir adivinando los siguientes acordes, es como ver la solución de un problema matemático, está ahí sólo que hay que buscarlo. Lo primero es encontrar el ritmo. Tómate tu tiempo, no tenemos prisa
Estaban en una esquina de la pista, para que nadie les molestara y pasar inadvertidos. Harry escuchaba la música, sentía cada nota y poco a poco fue sintiendo lo que Emy decía, era realmente fácil, por lo menos había superado la primera prueba. Él asintió de modo que vendría el siguiente paso.
- Bien, ahora es cuando a cada nota se le da un valor, en este caso un movimiento, el básico es apenas imperceptible, como si quisieras bailar en medio de la corte de ministros y ese tiene que ser tu propio movimiento, nadie más lo tiene, es tu marca, inténtalo
Harry sentía como se le iban los pies y los hombros, pero no le dejaba disfrutar su enorme sentido del ridículo. Emy lo miraba como adivinado sus pensamientos y le susurró al oído.
- El baile sirve para conquistar a la mujer de tu vida y derrotar a tu peor enemigo ¿vas a sentir remilgos y vergüenzas cuando estés enfrente de cada uno?
- De la mujer de mi vida sí
- Si te oye tu padre te deshereda
Para Harry había sido suficiente motivación, no iba a permitir que un poco de pudor le chafara la misión. Saldría de allí sabiendo bailar y así fue.
- Esta noche ha sido una de las mejores de mi vida, tía, muchas gracias
- Te dije que juntos lo íbamos a pasar bomba, pero esto a los mayores ni se les menciona. Si alguien se entera de que te he llevado de parranda por Londres de noche, se pensarán que te estoy perturbando
- ¿Y no es así?
- ¡Harry!
- Vale, vale, es que no puedo evitar tomarte el pelo cuando estoy de buen humor
- Anda entra sin hacer mucho ruido
Abrió la puerta del caldero Chorreante con cuidado, pasaban por entre las mesas, cuando una voz les preguntó.
- ¿No es muy tarde para andar por las calles de Londres?
De la esquina de la taberna salió una gigantesca sombra que se inclinaba hacia Harry. Emy soltó un grito mudo, y con la mano en el pecho y temblando de los pies a la cabeza le dijo:
- Si le tocas un pelo a Harry, date por muerto
- Solo le quiero abrazar, no quería asustarla señorita. Soy Hagrid, el guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts y profesor de Criatura Mágicas
- Hagrid, que susto nos has dado y que alegría verte – Harry sonreía a su amigo
- ¿No le ha dicho nadie que no tiene una buena presencia para aparecer de la nada, y a estas horas, delante de una mujer y un crío? – se quejó Emy con la respiración entrecortada
- No soy tan crío, acabo de demostrarlo
- Bien, delante de una mujer y un muchacho – rectificó ella
- Lo siento, señorita, pero estaba muy preocupado por ustedes y además entrabais como si vinierais de atracar un banco… Pensé que sería gracioso aparecer así
- Pues que sepa usted que, por lo menos, acaba de obstruirme una arteria de mi pobre corazón - Emy estaba sentada en un banco de la taberna con la mano en el pecho y sin recuperar la respiración normal – Aún así, encantada de conocerle, mi sobrino me ha hablado maravillas de usted y quería darle las gracias por cuidarle en mi ausencia
- En realidad no hay de que, Harry se hace querer
- Eso ya lo he visto ¿Se quedará un tiempo con nosotros?
- No, vengo a entregaros unas cartas, tenía que venir a comprar unos materiales para el colegio y me dieron de paso las cartas para Harry
- Bien, eso significa que mañana nos vamos y ahora si me disculpa voy a descansar, hacer turismo e ir de juerga con este muchacho es agotador
- ¿De juerga?
- No, no, nada sin importancia, un modo de hablar de mi tía ¿Puedo quedarme un rato a hablar con él?
- Si prometes que en un cuarto de hora estás durmiendo y si te acompaña a la puerta del dormitorio
- De eso me ocupo yo, no se preocupe ¿Me permite decirle una cosa señorita?
- Por supuesto y llámame Emy
- Bien, entonces llámame Hagrid. Es usted aun más bonita que su hermana Lily y ya es decir
- Muchas gracias, Hagrid, es todo un caballero. Buenas noches - Besó a Harry en la frente – Que descanses, cariño
- Hasta mañana – Harry veía como su tía se retiraba a su cuarto y sentía un gran orgullo de estar con ella y de que Hagrid la hubiese conocido
- Creo que eres muy afortunado ahora que la tienes a tu lado, se nota que te quiere mucho
- Y yo a ella, Hagrid, por fin siento que tengo una madre. Es divertida, inteligente, sencilla, simpática, le gustan las pequeñas cosas y además es muy guapa
- Ni que lo digas, toda una belleza ¿No está casada?
- Pues no
- Que raro que alguien como ella no tenga marido
- Sí, es verdad, pero dime ¿Cómo está el profesor Dumbledore? ¿Y las cosas en Hogwarts? ¿El ministro ya ha cedido? ¿Convencisteis a los gigantes?
- ¿Cómo sabes lo de los gigantes?
- Yo estaba allí cuando Dumbledore repartió las misiones, no sé todas pera la tuya sí ¿Cómo fue?
- Olympic y yo sólo pudimos convencer a la mitad del pueblo de los gigantes, el resto no quiere saber nada o ya se ha unido a quien-no-debe-ser-nombrado. Hogwarts se prepara para la vuelta de los alumnos, pero este año habrá mas restricciones y Dumbledore está preocupado, aunque no ha perdido del todo el humor ¡Ya sabes como es!
- Bueno, quizá los tiempos que nos esperan nos mantenga alerta, es normal que haya más restricciones ¿Ha habido más ataques?
- No aún, pero no sé si es bueno o malo. Bueno mejor te acompaño a tu habitación
- Bien - Caminaron hasta su cuarto y se despidieron, cuando Hagrid ya se iba, se acordó de las cartas.
- Harry, las cartas. Bueno, muchacho, adiós y pórtate bien, despídeme de tu tía
- Adiós, Hagrid, y gracias por todo
